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Es posible el cambio

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La ayuda a mujeres con atracción hacia el mismo sexo - Janelle Hallman

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 Todas las mujeres que sienten o han sentido atracción y dependencias emocionales hacia personas del mismo sexo son absoluta y maravillosamente únicas y especiales. Tienen circunstancias distintas, familias de origen, experiencias, personalidades, rasgos de carácter, estilos de relacionales, profesiones, aspectos, estados civiles, necesidades de desarrollo, historias de abuso, educación religiosa y talentos y dones. Eran niñas pequeñas en un punto. Inocentemente miraban a los ojos de su madre y su padre, como tú y como yo, buscando amor, consuelo, atención, abrazos, paciencia y comprensión. Muchas de sus historias no son tan diferentes de la tuya y la mía.

 Betty, la mayor de cuatro hermanos, fue educada esencialmente por una madre solitaria los cuatro primeros años de su vida. Su padre, un militar, se encontraba a medio camino por todo el mundo. Sólo podía visitar a su familia una o dos veces al año. Cuando era una niña pequeña, por alguna razón Betty no podía dejar de llorar. La madre de Betty, como muchas madres de su generación, seguían las sugerencias de la mayoría de los pediatras con renombre del momento. Según el “Spock,” las madres no deben coger a un bebé cada vez que llora. Podría consentir al niño. Así que al mismo tiempo que a la madre de Betty le dolía el alma por consolar a su hija, intentaba seguir las normas aceptadas socialmente sobre cómo llegar a ser una “buena” madre. Dejaba que Betty llorase hasta que no pudiese llorar más.

 Una vez que el padre de Betty regresó de su servicio militar, ella y sus padres se mudaron a una casa pequeña. Sus hermanos nacían casi con la misma frecuencia con que la familia se mudaba. La mudanza continuó a lo largo de los años en que Betty iba al colegio, además de los continuos viajes de su padre debido a su nuevo trabajo. Durante esos años Betty sentía la necesidad de saber que su madre  (y lo más probable también su padre) estaba bien. Si su madre estaba bien, entonces Betty sabía que ella estaría bien también. Hacía todo lo que podía para ayudar a su madre. En cierto sentido se convirtió en la protectora y cuidadora de su madre. En efecto, Betty era como una pequeña madre y un pequeño esposo.

 Mientras Betty crecía, también lo hacían los resentimientos hacia su padre. Su padre no sabía cómo respetar a las mujeres, mucho menos a su hija. Con frecuencia bebía demasiado. Y cuando se emborrachaba, con frecuencia tocaba mucho a Betty. El deseo de Betty de su amor y respeto se convirtieron en confusión y desencanto. Betty comenzó a evitarle todo lo que podía.

 Cuando Betty maduró y se fue a vivir sola, todavía sus ojos buscaban la atención, el cariño y la afirmación que simplemente no tuvo cuando era niña. Miraba con deseo a otros ojos, ya fuesen de hombre o de mujer, y preguntaba: “¿Me ves? ¿Soy importante para ti?” Hasta que un día, vio la mirada de reconocimiento en la cara de otra mujer. La mirada decía: “Te veo. Eres absolutamente bella y me encantaría conocerte. El corazón de Betty se derretía. Y poco tiempo después ya eran amantes.

 Betty no “eligió” ser lesbiana ni desafió conscientemente a Dios ya que su corazón seguía simplemente lo que parecía el curso más normal y natural, para apoyarse en una relación tierna y cariñosa que finalmente estaba tocando alguna de las partes más necesitadas de su alma. Simplemente estaba sobreviviendo lo mejor que podía en aquel momento. La última relación lésbica de Betty terminó hace 15 años. Ahora tiene una vida llena de amistad, masculina y femenina, de sentido y objetivo, de servicio a los demás y de riqueza en la comunidad y de soledad. Betty ha regresado a su inocencia y sabe, más allá de una sombra de duda, que la aman de corazón.

 La historia de Betty, al mismo tiempo que es única, tiene también aspectos que son comunes a muchas de las historias de otras mujeres con atracción y relaciones con personas del mismo sexo. Debe advertirse aquí que al mismo tiempo que las mujeres comparten con frecuencia temas comunes en sus historias, fortalezas similares y por tanto estrategias de supervivencia, las mujeres con atracción y dependencias de personas del mismo sexo no deben nunca ser estereotipadas o encorsetadas en una “caja.” Como las demás personas, ellas quieren que se les conozca por quienes son realmente, aparte de su sexualidad o confusiones y conflictos. Afortunadamente, estas mujeres suelen ser muy inteligentes e intuitivas y pueden decirte si las estás “viendo” o si simplemente las ves a distancia a través del cristal de una etiqueta, una noción preconcebida o modelo teorético. Incluso, pueden hacerte saber, no de forma incierta, que no “llegas” o que no tienes ni idea de quiénes son en verdad.

 Al mismo tiempo que ciertamente tengo teorías sobre la atracción y dependencias de mujeres hacia personas del mismo sexo, cuando estoy con una mujer en mi consulta, opto por dejar mis modelos y teorías para poder tener un encuentro real y conocer a la persona especial que se encuentra delante de mí. No quiero “perderla.”

• Como psicóloga y como mujer, quiero conocerla, no sólo su orientación o lucha por la atracción hacia el mismo sexo. Quiero que ella sepa que es importante y que yo no estoy sentada con ella simplemente porque ella piense que su atracción u orientación sexual necesite ser “reparada.” Me siento con ella porque ella importa. Ella tiene valor.

• Como psicóloga comprometida con la ética de mi campo, quiero estimular la maduración y el desarrollo en todos los aspectos de su vida, promoviendo su bienestar y honrando su historia particular y su experiencia de vida.

• Como psicóloga y como ser humano, quiero respetar su dignidad humana. Puede que ella no esté segura de lo que quiera “hacer” con sus sentimientos hacia las personas del mismo sexo. El impulso emocional hacia otras mujeres baja hasta el núcleo de su ser y, por lo tanto, parece ser una parte integral de quien es. Quiero que ella sepa que me comprometo a trabajar con su carencia de conciencia de donde se encuentra en su proceso de tomar una decisión o decisión final con respecto a sus sentimientos y relaciones con personas de su mismo sexo.

• Además, como psicóloga, quiero comprometerme con ella como  persona y como paciente, no con un resultado terapéutico particular. Le reaseguro que no colocaré mis valores ni ninguna petición ni expectativas sobre ella con respecto a su orientación o lucha con la orientación sexual o emocional con personas del mismo sexo que, de alguna forma, violarían su dignidad o condición o impedirían nuestro trabajo continuo juntos. Una vez más, me comprometo con ella por el largo proceso, no con un resultado.


UNA HISTORIA DE ESPERANZA


 El hecho de que el trabajo con una mujer con AMS es potencialmente único y diferente de la terapia “estándar,” del cuidado pastoral o apoyo de otros hombres y mujeres, es puesto a prueba cuando nos enfrentamos con nuestro entorno cultural actual sobre la homosexualidad. Existe una voz alta en ciertos círculos académicos y profesionales que es amenazante, especialmente para los nuevos profesionales de la salud mental, que afirma que las terapias de apoyo o “reparativas” para los hombres y mujeres que se encuentran en conflicto con los sentimientos y conductas homosexuales no sólo son nocivas sino que además violan las normas y la ética profesional.

 Los grupos que censuran la “terapia reparativa,” de “conversión” o “reorientación” como nocivas y dañinas dependen de la afirmación de que la orientación sexual es un aspecto innato y por lo tanto inmutable de la identidad de una persona. También afirman que “hay una ausencia de evidencia empírica convincente que apoye la práctica de la terapia de conversión. No existe evidencia convincente que sugiera que es posible reorientar a una persona.”  También ofrecen informes de primera mano de hombres y mujeres homosexuales que afirman que el cambio no sólo no es posible sino que intentarlo es dañar su autoestima y auto-respeto.

 Los grupos que ofrecen y promocionan la “terapia reparativa” lo hacen basándose en historias de éxito clínico en el tratamiento de la homosexualidad y en estudios científicos que apoyan la afirmación de que la orientación sexual no es un activo determinado de la identidad sino que surge de una combinación de influencias inherentes (biológicas), de desarrollo y ambientales y, por lo tanto, puede evolucionar, desarrollarse y cambiar.

 Muchos libros y artículos recientes han detallado minuciosamente el debate científico actual sobre las causas de la homosexualidad (tanto biológicas como ambientales) además de la investigación que se ha hecho sobre si el cambio es posible o no. Otros libros y artículos revisan la historia del tratamiento de la Asociación Americana de Psiquiatría de política interna, decisiones y resoluciones con respecto a la homosexualidad.


SEXUALIDAD FEMENINA Y LIBERTAD DE ELECCIÓN


 La orientación sexual ha sido definida por algunos psicólogos como una variable “continua más que de una dicotomía.” En otras palabras, aunque algunas personas puedan sentir atracción en principio hacia un sexo en particular, con frecuencia experimentan atracción sexual o viven una conducta sexual con ambos sexos. Estos practicantes afirman que “se forma un mejor concepto de la atracción sexual como que está en un continuo.”  Realmente, “los teóricos e investigadores desde Freud en adelante han demostrado que los límites entre sexualidades son bastante fluidos y que muchas más personas de las que se consideran bisexuales experimentan múltiples formas de expresión sexual con parejas de ambos sexos a pesar de los dictados culturales y acuerdos institucionales.”  Dejando de lado las implicaciones morales de esas realidades, la sexualidad, la atracción sexual y las conductas sexuales son con frecuencia flexibles o fluidas, o en otras palabras, pueden cambiar para mucha gente con el tiempo. Esto parece especialmente cierto para las mujeres.

 Al mismo tiempo que tanto los hombres como las mujeres han sido creados a imagen de Dios y por tanto poseen la misma dignidad, valor e incluso fin dentro de Su Reino, los hombres y las mujeres son únicos y diferentes, de muchas formas. Una de estas formas es cómo ven y expresan su sexualidad los hombres y las mujeres. Hablando en general, los hombres tienden a enfatizar el componente conductual de la sexualidad mucho más que las mujeres. Esto se puede ver en las estadísticas de hombres versus mujeres que luchan con los desórdenes sexuales compulsivos o adictivos. Las mujeres, en general, tienden a enfatizar el componente afectivo o emocional de la sexualidad, concentrándose en la cualidad y naturaleza de la conexión relacional como la base para la actividad o el encuentro sexual. Este es el énfasis que tiene en cuenta un grado incluso más alto de flexibilidad o fluidez en sus relaciones eróticas.

 Jan Claussen, antigua lesbiana, habla de esta fluidez como “un ejemplo de auto-realización humana.” “...existe una lógica a mis opciones eróticas que se relaciona muy de cerca con lo que está sucediendo en otras áreas de mi vida.”  Ella cree que las mujeres tienen más de una opción con respecto no sólo a la persona sino además al género de la persona con la que tendrán relaciones sexuales. Admitido esto, alguno de vosotros puede objetar a la facilidad liberal de entrar y salir de atracciones y relaciones homosexuales o heterosexuales; sin embargo, en la experiencia de muchas mujeres, religiosas o no, está al menos la capacidad de comprender la facilidad con la que establecer una relación de mujer con mujer además de su poder inherente en términos de satisfacción y sentido incluso aparte de los sentimientos sexuales o afecto.

 Por lo que, si la atracción y el encuentro sexual pueden ser fluidos debido al propio impulso y deseo interior, lógicamente pueden ser ciertamente fluidos debido a la propia opción o intencionalidad. Esta faceta de la sexualidad femenina es una base o respaldo más de nuestro trabajo con mujeres que se encuentran realmente en conflicto con un patrón de atracción o conducta sexual. “Si las oscilaciones considerables en la orientación sexual pueden suceder sin intervención terapéutica, tiene sentido que serían incluso más considerables si se les estimula terapéuticamente en una persona motivada.”

 Claussen, que cree que es perfectamente bueno ser heterosexual o gay, reconoce que como “las parejas sexuales de una persona no parecerían un indicador más relevante de su naturaleza básica que un sin fin de otros hábitos, preferencias y gustos,” la gente que se mueve dentro de la fluidez de la sexualidad y cambia su tracción sexual no debería ser acosada como “que traspasan el límite.” “Lo que tiene que parar es el amaño de la historia para hacer que parezca permanente y universal.” De hecho es desafortunado que al mismo tiempo que la comunidad secular esté de acuerdo con que la sexualidad es fluida y por tanto está sujeta al cambio, sólo se tenga en cuenta el “cambio” en una dirección.

 Cada vez más investigadores están comenzando a explorar y escribir sobre la tendencia de las mujeres heterosexuales que han estado casadas durante mucho tiempo y que, sin embargo, con frecuencia posteriormente en la vida, se dan cuenta de que se sienten más confortadas y queridas en relaciones con mujeres. Los investigadores afirman que estas mujeres “también están sufriendo o han sufrido una transición de un patrón de vida heterosexual a uno lésbico.”

 Transición es generalmente sinónimo de la palabra “cambio.” Los terapeutas de afirmación gay, por supuesto,  acogen y animan a estas mujeres a explorar sus inclinaciones hacia el mismo sexo aunque cuestionarían con escepticismo a una mujer que ha tenido cinco amantes lésbicas pero que ahora se encuentra en una etapa de su vida en que le gustaría “experimentar una transición de un patrón de vida lésbico a uno heterosexual.” Su escepticismo en este sentido es de hecho una inconsistencia fatal en la base teorética de la comunidad terapéutica pro-gay. Mientras las mujeres heterosexuales son acogidas en la comunidad de la bisexualidad y homosexualidad, las lesbianas que experimentan o se mueven intencionadamente hacia la heterosexualidad son advertidas por los terapeutas de afirmación gay, dudando de si en efecto encuentran satisfactorias y con sentido las relaciones heterosexuales. Además, estas mujeres son rechazadas con frecuencia por sus amistades lesbianas y gays.

 En el mejor de los casos, sólo se le concede servicio de boquilla a la libertad del cliente para buscar cualquier tendencia sexual que determine que le interese más. Por ejemplo, un autor afirma: “Los clientes tienen derecho a tener cualquier opinión sobre el tema con el que más se identifiquen. Sin embargo, atañe a los profesionales de la salud mental informarnos para que no inculquemos o reforcemos inintencionadamente puntos de vista nocivos que no estén respaldados empíricamente.”  (Énfasis añadido) El autor hace alusión al punto de vista nocivo de que el “cambio es posible.” Aunque ella misma es la única que se refiere a la fluidez o la mutabilidad de los límites sexuales. Este prejuicio e inconsistencia no sólo se está tolerando sino que se utiliza como parte del “adoctrinamiento” de los nuevos profesionales de la salud mental. Al analizar su trabajo de “lesbianas que estuvieron una vez casadas,” Bridges y Croteau (1994) advierten que nosotros, como psicólogos, debemos ayudar a nuestras pacientes “ a darse cuenta de que la orientación sexual, puede pero no necesariamente, caer en una o dos categorías netas que permanezcan estables con el tiempo. ...El psicólogo debe ayudar a la paciente a ver que existen muchas opciones posibles para definir y comprender la propia sexualidad. La paciente puede sentirse así libre para descubrir y formar una identidad que encaje en ella en ese punto a tiempo.” 

Esta es una representación arquetípica de la fluidez de la sexualidad femenina y el respeto del derecho de la paciente a elegir. El Dr. Douglas Haldeman, escritor y conferenciante popular sobre el tratamiento competente y ético de lesbianas, gays y bisexuales en psicoterapia, advierte que, de hecho, puede existir un conflicto real entre la identidad religiosa de un hombre o una mujer y su orientación sexual aparte del sentimiento cultural anti-gay. Afirma que “los derechos de las personas a sus diversas experiencias de religión y espiritualidad merecen el mismo respeto que se concede a la orientación sexual.”

 Al mismo tiempo que no es partidario personalmente de las terapias de conversión, advierte que puede ser “menos disruptivo emocionalmente para una persona contemplar el cambio de orientación sexual que desconectar de una forma de vida religiosa que se ve como completamente central para el sentido y objetivo de la vida de la persona.” Finalmente, concluye: “Por mucho que se pueda ver esta distinción entre identidad religiosa y orientación sexual, la psicología no tiene derecho a interferir con los derechos de las personas de buscar el tratamiento que elija... El papel de la psicología es informar a la profesión y al público, no legislar contra los derechos de las personas a la auto-determinación.” 


TERAPIA POR TERAPIA


 Toda mujer que entre a mi consulta merece mi respeto y la libertad de elegir la vida que desee. Lo último que necesita una nueva paciente con problemas es que yo me centre obsesivamente en su atracción hacia el mismo sexo en un esfuerzo por afirmarla o no afirmarla, aparte del primer reconocimiento y comprensión de todos los demás aspectos de su vida y especialmente de las necesidades o razones más profundas que le hicieron venir a mi consulta en primer lugar. Recuerda, lo más probable es que sienta si te diriges a ella con energía para cambiarla, convencerla o sanarla. Por supuesto, este tipo de energía puede privarle de su dignidad humana y su derecho a elegir. Tu amor incondicional, tu aceptación y deseo genuino de comprender sus opciones le proporcionarán la seguridad de que puede explorar, aceptar o desafiar sus opciones.

 Para comenzar el trabajo de la terapia, primero hago un esfuerzo genuino para conocerla, crear confianza y establecer una relación real, auténtica y cariñosa con la única mujer que está sentada en mi presencia. Segundo, intentaré ayudarla a identificar y resolver sus heridas, poner claridad a confusiones inocentes o conflictos internos, confrontar ideas falsas, determinar sus ideas verdaderas, desentrañar los patrones relacionales insanos y exponer bloqueos para la intimidad con sentido. Así es cómo procedería en la terapia con cualquier paciente.

 El objetivo de la terapia con una mujer que lucha con la atracción y dependencias hacia personas del mismo sexo no es hacer que un hombre le produzca el despertar sexual sino la comprensión de su verdadera identidad y de su núcleo profundo, la fortaleza y estabilidad nuclear para pasar por medio de las subidas y bajadas o los altibajos de la vida en términos de intimidad y cercanía dentro de las relaciones con personas de su mismo sexo y del opuesto. Es ayudarla a conseguir un lugar de seguridad dentro de una comunidad de curación más amplia y dentro de su propio sentido de sí misma para que no estalle y viva fuera de un aferramiento desesperado o una búsqueda de seguridad fuera de sí misma. Es invitarla a una autoestima y auto-aceptación radical que la libere para vivir una vida centrada en los demás versus ser consumida en conseguir satisfacer sus propias necesidades. Si tú y ella obráis desde una perspectiva espiritual, se trata de dirigirla al Amante más Real de su alma y apoyarla mientras determina el último objetivo y sentido de su vida. Es bendecirla con la existencia, el vínculo, el amor, la amistad, el compañerismo y una creencia duradera de que “está bien” y de que “es una bendición,” como realmente lo es.

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