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Origen y Mecanismos del complejo homosexual en la mujer - G. J.M. van den Aardweg

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            Algunas personas desarrollan un complejo de menosprecio, incomprensión; otras de ser un fracasado, incompetente, no querido, etc. La autoimagen de inferioridad "yo soy sólo..." va acompañada, invariable y estrictamente, de la autocompasión, del sentimiento de "¡pobre de mí!". Esto es típico del complejo homosexual, que se refiere al sentimiento de inferioridad en su identidad sexual. ¿Por qué algunas personas desarrollan un complejo homosexual en su juventud y otras un complejo de inferioridad no referido al sexo?

ORÍGENES EN LA MUJER

            La situación de la chica que se siente homosexualmente atraída por otras mujeres es, en más de un aspecto, exactamente igual a la del chico. Sin embargo, hay ciertas diferencias, pues los factores causantes en la mujer son a menudo más variados que en el hombre1.

            Muchas mujeres con tendencias lésbicas sintieron durante su infancia una falta de comprensión por parte de su madre. Esta sensación de distanciamiento de la madre tiene muchas variantes. Por ejemplo, tal como lo resume una mujer: "Mi madre hacía cualquier cosa por mí, pero yo apenas podía hablar con ella sobre mis asuntos personales y emocionales". Otras quejas son las siguientes: "Mi madre nunca tenía más contacto con mi hermana que conmigo", "Ella no me dejaba hacer nada y me ha seguido tratando como un niña pequeña", "estaba siempre enferma", "estuvo internada varias veces en una institución mental", "abandonó la familia cuando yo era todavía niña", etc.

            Algunas veces, la chica asume el papel de la madre para el resto de la familia, siendo la hija mayor; o en casos en que la madre no funciona como tal debe hacer de madre y esto hace que se sienta privada del calor de una madre que la comprenda.

            La madre puede haber sido inhibida en sus funciones como mujer, y, por tanto, no sentir su papel femenino en el hogar. Esto inspira en ella una actitud crítica hacia todo lo que vea como papel femenino, y transmite esa actitud a su hija. La hija tiende entonces a rechazar su lado femenino. Algunas lesbianas creen que su madre hubiera preferido un chico, así que estimulan un comportamiento masculino en vez del propio de una chica.

            En la autoconfianza de una chica en cuanto mujer contribuye en primer lugar su madre. Cuando una madre consigue que su hija se sienta apreciada como mujer, la chica se sentirá como en casa en el mundo de las mujeres y entre sus amigas de la misma edad. En mujeres con tendencias homosexuales, a menudo la relación con su madre no fue personal y confidencia; no existía una participación en los intereses femeninos, no hacían juntas actividades propiamente femeninas. Como consecuencia, la chica no se siente valorada como chica (lo que quiere decir: distinta de un chico, pero igualmente apreciada).

            Existen considerables variaciones también en los modelos de relaciones padre-hija. Algunas mujeres con tendencias lésbicas están demasiado apegadas a la figura del padre, "su amigo especial". Algunas veces, dicho apego es más o menos forzado, pues el padre les tiene asignado un papel específico: la relación entonces no es espontánea ni natural. En algunos cosos, el padre hubiera preferido que su hija fuese un chico, un camarada, y así estimula en ella ciertos intereses, papeles y metas masculinos. El padre, por ejemplo, da excesiva importancia a su rendimiento escolar, a sus logros deportivos y a que obtenga un efectivo reconocimiento social. Como consecuencia, la chica no se siente ni comprendida ni aceptada como realmente es.

            En otros casos, el padre ve en su hija una figura maternal de ayuda y consuelo. Tiene una actitud alabadora hacia ella, la coloca en una posición de privilegio. Con este comportamiento, lo que hace es comprar la dedicación de la hija hacia sí mismo. Hay otros padres, con personalidades débiles, que se apoyan demasiado en sus esposas. En todos estos casos, los lazos emocionales con el padre se mantienen fijos en "la entrañable niña del pasado" de toda lesbiana adulta.

            Otras mujeres con este problema no son tanto la "niña de papá", sino más bien la niña no deseada y desaprobada. El padre la critica, y ella siente su desprecio o su falta de interés. Comportamientos o intereses masculinos excesivamente compensatorios son el resultado de esta actitud paternal de no aceptación. En consecuencia, la chica aprende a ver el papel masculino como algo superior e intenta alcanzarlo. De nuevo, la existencia de sentimientos negativos hacia el padre, junto con esfuerzos demasiado compensatorios por adaptarse a su estándar masculino y conseguir así su aprecio, confluyen en el complejo neurótico.

            En conclusión, una relación padre-hija positiva y normal es menos frecuente en las mujeres con tendencias homosexuales que en las que tienen tendencias heterosexuales.

 

OTRAS INFLUENCIAS

            En algunas mujeres, el complejo de fealdad (sentirse menos femenina o atractiva), tiene un importante papel como factor precipitante. En otros casos es la comparación con una hermana, considerada (por la misma chica o por su entorno) la más atractiva por su físico o por otros aspectos. Otras veces, la chica se siente inferior entre sus hermanos -"soy sólo una chica"-, y trata de emularles en su comportamiento. Durante la adolescencia, la atención que el sexo opuesto le preste puede ser su punto sensible: "los chicos me encuentran menos atractiva que a las demás chicas", "no quieren citarse conmigo", etc. Una chica que se sienta menospreciada por los chicos admirará la feminidad de otras chicas. Factores como los descritos anteriormente operan de modo conjunto y se refuerzan mutuamente, tanto en chicos como en chicas.

            Parte de las chicas que han desarrollado un complejo lésbico, de algún modo han tenido un comportamiento menos femenino que las niñas de su edad. Eso provoca en ellas un sentimiento de inseguridad en los femenino, posiblemente compensado por actitudes de descuido, indiferencia, mando o dominación, tratando de superar a los chicos en su masculinidad atreviéndose con todo, comportándose agresiva, grosera y duramente. Desarrollan, posiblemente, una manifiesta aversión a las costumbres, al modo de vestir y a las actividades domésticas femeninas. Sin embargo, esta autoafirmación hombruna compensatoria está marcada por una falta de natural dulzura. Es exagerada y se percibe bajo ella la tensión emocional.

            Esto no quiere decir que todas las mujeres con este complejo tiendan a comportarse "masculinamente", ni que las mujeres que tienden a afirmarse de tal manera tengan necesariamente inclinaciones lésbicas; pero existe una correlación entre ambos rasgos. No obstante, el comportamiento excesivamente masculino en mujeres es casi siempre signo de un complejo de inferioridad.

            El factor principal en el desarrollo de una orientación lésbica es la comparación que la hija hace con chicas de su misma edad o con ciertas mujeres adultas "ideales". Al igual que en el caso de los niños, el factor crucial es subjetivo: la percepción de la chica sobre sí misma. Por esta razón, algunas veces, aunque no a menudo, puede desarrollar tal complejo una chica cuyo comportamiento es objetivamente femenino del todo.

            Durante la adolescencia, la chica quiere tener amigas y ser una de ellas. Su soledad y su sentimiento de separación excitan su deseo de ser como las amigas admiradas o como algunas mujeres ideales. Si la chica se siente sin el afecto y compresión de la madre, puede idealizar a alguien que posea las características de la madre; por ejemplo: una profesora cariñosa o una chica mayor con actitudes maternales. La chica autocompasiva busca la atención exclusiva de su mujer idolatrada: "¡si tan sólo pudiera darme su amor...!"

            "El lamento de muchas lesbianas es que no tuvieron amigas verdaderas en su adolescencia", escriben los psicólogos estadounidenses Gundlach y Riess en su informe sobre 200 mujeres con este complejo, pero adaptadas normalmente2. Lo interior de la "chica quejumbrosa" sigue alimentándose de los mismos sentimientos que tuvieron en su juventud: inferioridad, soledad, autocompasión y un deseo insaciable.

 

 Notas:

  1. Algunos estudios sobre este tema: BENE, E., On the Genesis of Female Homosexuality, en "British Journal of Psychiatry", 111 (1965), pp. 815-821; KAYE, E. et al., Homosexuality in Women, en "Archives of General Psychiatry", 17 (1967), pp. 626-634; KENYON, F.E., Studies in Female Homosexuality: Psychological Test Results, en "Journal of Consulting and Clinical Psychology", 32 (1968), pp. 510-513; KREMER, M. W. Y RIFKIN, A.H., Early Development of Homosexuality: A Study of Adolescent Lesbians, en "American Journal of Psychiatry", 126 (1969), pp. 91-96; GUNDLACH, R.H. Y RIESS, B.F., Self and Sexual Identity in the Female: A Study of Female Homosexuals, en "New Directions in Mental Health", editado por B.F. RIESS, Grune&Stratton, Nueva York 1968; y SWANSON, D.W. et al., Clinical Features of the Female Homosexual Patient: A Comparison with the Heterosexual Patient, en "Journal of Nervous and Mental Disease" 155 (1972), pp. 119-124.
  2. GUNDLACH Y RIESS, Self and Sexual Identity.

 

 Este artículo es el Capítulo 6 del libro: "Homosexualidad y Esperanza. Terapia y Curación en la experiencia de un psicólogo". Si quieres leerlo, pincha aquí.

 

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Actualizado ( Sábado, 07 de Marzo de 2009 18:09 )  

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