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Es posible el cambio

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El papel de la Familia - J. Nicolosi

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Tuve una relación muy estrecha con mi madre

y otra algo distante con mi padre (...)

En mi adolescencia me peleaba con mi padre

y me ponía del lado de mi madre en las disputas familiares (...)

y en todo esto, supongo, seguí un modelo típico de desarrollo homosexual.

Andrew Sullivan, autor y activista gay

 

 

Danny acababa de cumplir 6 años cuando su madre, Jenny, le compró un delantal a juego y le dijo que iba a ser "mi pequeño cocinero" mientras ella preparaba la cena. Jenny vio durante años cómo su marido y sus dos hijos mayores se burlaban del chico pequeño porque no se le daban bien los deportes. De hecho, se burlaban de él por cualquier cosa que uno se pueda imaginar. Jenny se sentía fatal por los sentimientos heridos de Danny, y decidió que en vez de intentar hablar con su esposo, Steve, una vez más, iba a intervenir y ayudar ella misma al chico.

Un niño delgado y frágil, Danny luchaba tanto con la miopía como con su falta de coordinación. Para colmo era muy afectivo y, como lo expresa Jenny, "siente las cosas muy profundamente". Según su punto de vista, su padre macho y sus hermanos toscos eran lo esencial de su problema. ¿Por qué no podían ser simplemente amables en lugar de molestarle?

Además, a decir verdad, Jenny disfrutaba realmente en compañía de su hijo más pequeño. Ella misma a menudo se sentía todopoderosa por tener la casa llena de hombres, que siempre parecían lanzarse hacia la puerta para jugar juntos al balón o salir a algún sitio con sus amigos. Danny era un aliado tranquilo y dulce al que verdaderamente le gustaba quedarse en casa y estar con ella. Juntos compartían muchas horas hablando sobre sus sueños, sus heridas, sus esperanzas, o de los libros que habían leído. "Danny", dijo Jenny, "es el único miembro de la familia que me comprende".

En el tiempo en que Danny llegó a la adolescencia y se convirtió en mi cliente, estaba luchando contra atracciones hacia el mismo sexo en la escuela y se encontró a sí mismo completamente desinteresado por las chicas, excepto ocasionalmente como amigas. Me admitió que estaba fascinado por el mundo de los hombres, pero se sentía como un extraño en relación con él. En lugar de andar con los chicos, los miraba desde la distancia y fantaseaba sobre cómo sería ser el mejor compinche del atleta estrella del equipo júnior de béisbol de su instituto. Steve y Jenny habían tomado conciencia de la confusión de género de Danny (Steve estaba furioso por esto), pero no tenían ni idea de lo que podían hacer.

 

CÓMO REACCIONAN LOS PADRES

A pesar de los roles clave de los progenitores en la formación de la identidad de género de sus hijos e hijas, muchos de ellos son sorprendentemente inconscientes no sólo de su propia conducta con un hijo emocionalmente vulnerable sino también de los déficits que su hijo tiene como consecuencia de ello. Dicen: "Nuestro hijo a veces actúa como una niña. Los otros niños se burlan y lo excluyen. ¿Es sólo una fase?" O dicen: "Nuestra hija se viste como un niño y no tiene amigas íntimas. ¿Lo debemos ignorar? ¿Esta conducta significa que nuestra hija será gay? ¿Qué debemos hacer?"

Una vez confrontados con los signos de las tendencias pre-homosexuales de sus hijos, la mayoría de los padres se sienten sorprendidos y confusos. Una amplia mayoría de las madres y padres que me consultan son padres de hijos afeminados (hablaremos más de las chicas en el capítulo 7). Estos padres eran conscientes de que hacía algún tiempo que había un problema -a veces desde hacía años- antes de buscar ayuda profesional.

Como reacción al afeminamiento de sus hijos muchos de los padres muestran tres fases predecibles:

         1. Negación:

        "Es sólo una fase; probablemente se le pasará con la edad", dicen. O afirman: "No es muy grave. Se le ve tan gracioso: simplemente está tratando de llamar la atención cuando viste como una chiquilla".

Por supuesto, esta negación radica, en parte, en el hecho de que nuestra cultura ha hecho progresivamente duro para los padres el determinar qué desarrollo de género es normal y cuál anormal, de qué merece la pena preocuparse y de qué no. Para empeorar las cosas (como veremos pronto), algunos padres, en su falta de acción, refuerzan inadvertidamente la forma en que se comporta su hijo. Esto, por el contrario, crea incluso más negación.

La cuestión es: ¿Es normal que a veces un niño obre como una niña? La respuesta es que una cierta cantidad de juego propio del otro género es tolerable. Sin embargo, si su hijo no los deja rápidamente, deberá mirar no sólo a su conducta sino también a la de usted.

 

2. Confusión.

Los padres a menudo dicen: "Oh, esto es parte de la cultura; hay razones culturales para esta confusión".

Una madre con alto grado de formación vino a mi consulta por su hijo Shawn. El comportamiento afeminado del chico incluía envolverse en toallas rosa y pasarse horas intentando maquillarse. Preocupada, habló con el profesor del niño, que le aseguró: "No se preocupe; es perfectamente sano: está entrando en contacto con su lado femenino".

Pero Shawn continuó haciendo dibujos de princesas de cuentos, Blancanieves, y otros personajes femeninos. Parecía obsesionado con ellas y se pasaba horas solo, dibujando y vistiendo la colección de muñecas de su hermana.

Su madre habló entonces con el orientador de la escuela, que le advirtió: "No intervenga. Lo que está haciendo no es un problema en absoluto. Usted no querrá que su hijo sea un prototipo del hombre macho, ¿verdad?" Por supuesto que no, pensó . Pero sus intuiciones maternales básicas le decían que algo iba mal.

A continuación, fue al psicólogo de la escuela, que reiteró lo que le habían dicho el profesor y el orientador: "No se preocupe por esto", le dijeron. "No hay absolutamente nada malo".

Finalmente, supo de mi trabajo y vino a verme. Después de escuchar su historia, le dije: "Los indicadores son muy claros. Y si no hacemos intervenciones decisivas, su hijo no tendrá una identidad de género normal y probablemente será homosexual".

 

3. Evitación.

Muchos padres que consultan finalmente a un psicólogo llevaban meses preocupados por sus hijos, incluso muchos de ellos años, pero no hicieron nada sobre el tema. Simplemente posponen: "Nosotros pensábamos que era una forma de llamar la atención y que debíamos ignorarlo."

Por el contrario, el Dr. Richard Green ha encontrado que los padres notan generalmente el comportamiento pero ni interfieren ni lo desalientan, lo que implica que el niño tiene su aprobación[1]. Algunos padres, de hecho, se preguntan si, al intentar intervenir, no van a alterar algo que es normal para este chico en particular, lo que significaría que están infringiendo en la personalidad o individualidad de su hijo.

Un niño problemático o intimida a sus padres o les produce simpatía. Una madre estaba encantada viendo a su hijo tan feliz disfrazándose y haciendo imitaciones. "No quiero herir sus sentimientos", me explicó. "Parece tan abrumado cuando le pido que deje sus muñecas Barbie. Simplemente no puedo hacerlo".

 

ALGUNOS NIÑOS SON MÁS AFEMINADOS QUE LAS NIÑAS

El chico pre-homosexual típico muestra signos reveladores de inconformidad de género e incomodidad con los hombres, de no encajar. Pero la inconformidad de un chico DIG es incluso más extrema: de hecho está tan caricaturizada que es realmente más afeminado de lo que es una chica. Hay una cualidad intensa y obsesiva en la fascinación del chico por los caracteres femeninos que la marca como algo más que una afinidad natural o curiosidad guasona.

Una madre con un hijo DIG explicaba: "¡Esto es tan espantoso! Está como hipnotizado con las cosas de mujeres". Y es verdad. Algunos niños pueden quedarse encantados y entrar en un estado casi de alteración cuando ven personajes femeninos en televisión, o se sienten paralizados ante películas como Pocahontas o La Sirenita. Otra madre me decía: "Cuando me estoy vistiendo, mi hijo se sienta en la cama y me mira fascinado. ‘¡Oh, mamá!', me dice, ‘¡eres tan guapa!' Debo admitir que suena un poco espeluznante".

También he visto esta misma fascinación intensa con personajes de dibujos animados neutros o sin género. Un padre me contó un día que su hijo, que ahora está metido en la homosexualidad y rechaza considerar el cambio, tuvo una obsesión  con Bozo el Payaso cuando era niño. En ese momento los padres pensaban que era mono, a pesar de ser un poco raro. Pero mantuvo la obsesión hasta la edad de doce años. La verdad es que estos intereses obsesivos son intentos de los niños de perderse en un mundo de fantasía donde pueden imaginarse a sí mismos como algo más que varones y donde los cambios de género no existen.

 

EL GÉNERO NO ES SIMPLEMENTE UNA CREACIÓN

El primer paso en el tratamiento es para que los padres se eduquen a sí mismos. Esto a menudo significa corregir información errónea. El género -nuestro sentido de masculinidad y feminidad- no es meramente una creación social arbitraria. Es, más bien, un camino básico y esencial en el que los seres humanos participamos en la sociedad y nos expresamos dentro del mundo real.

Los terapeutas reparativos ven en la identidad de género segura una avenida primaria a través de la cual crecemos hacia la madurez. En contraste, una característica definitoria del movimiento gay es la ofensiva para desestabilizar las categorías de sexo y género. Un psiquiatra infantil de la Universidad de Emory aconsejaba  a los padres en un taller que debían ayudar a sus hijos a romper los estereotipos de género. Cuando sus hijos preguntan si una persona en particular es de género masculino o femenino, los padres deberían responder que "no hay forma de saberlo a menos que miren bajo la ropa de esa persona."[2]

Vemos que esta confusión de género se puede ver representada en la fascinación del mundo gay por los espectáculos que incluyen travestismo, en la idea de que un hombre que siente como una mujer debería estar obligado a vestirse como "ella", en la idea de que estos hombres gays pueden "cuidar como una madre" de sus hijos tan bien como una mujer, y en la ofensiva de purificar todo lenguaje de terminología específica de género.

También vemos esta actitud en la teología gay: el reverendo Mel White -pastor de una amplia iglesia gay y líder de Soulforce, un grupo que hace congresos de denominación religiosa para establecer matrimonios gays- se ha referido repetidamente al Dios cristiano como "Ella".

La preocupación popular de los medios de comunicación por la flexibilidad de los géneros ha producido que muchos padres cuestionen su propia percepción intuitiva de lo que constituye un rol de género sano. Por supuesto, no hay nada malo en pedirle a un chico que ayude a mamá en casa, pero debemos ser conscientes de que para él, actuar y pretender ser mamá o ser una niña pequeña que ayuda es absolutamente otro tema y debe verse como claramente sugerente de un problema de identidad de género.

Para servir de ayuda a los padres preocupados, el terapeuta debe no sólo ser informado sobre indicadores en la infancia de una futura homosexualidad sino también debe ser sensible y respetuoso con aquellos padres que desean maximizar la posibilidad de que su hijo crezca como heterosexual. Si los padres comparten los puntos de vista del terapeuta sobre lo que es sano y normal, estos pueden establecer una alianza terapéutica confiada y exitosa. Pero cuando los padres piensan que el género es sólo una creación social, yo les digo que les ayudaría más si buscasen una consulta con un terapeuta diferente: uno que apoyase su perspectiva.

 

PROBLEMAS MARITALES Y EL NIÑO PREHOMOSEXUAL

Con bastante frecuencia, las parejas que van a un terapeuta buscando ayuda para su hijo están experimentando desarmonía en sus relaciones maritales.

La esposa se quejará: "Es tan difícil llegar a mi marido. Simplemente no conecta emocionalmente ni conmigo ni con los chicos."

El marido responderá: "¡La verdad es que ella es una fanática de controlarlo todo! Si simplemente se retirase un poco, yo me implicaría más."

"¿Y cómo se supone que no tengo que implicarme si tú no haces nada?", replicará ella. "Tú no haces nada, y eso me obliga a tener que tomar la iniciativa."

Con demasiada frecuencia, un mal matrimonio contribuye a la confusión del niño. Un concepto de masculinidad del chico sufre cuando la madre expresa una percepción negativa del mundo masculino ("los hombres no valen nada. ¿Quién los necesita? No se puede confiar en ellos"). En familias donde hay un niño con confusión de género, puede que la madre no haya dejado claro que valora la masculinidad, particularmente la masculinidad de su marido.

El último Irving Bieber, reconocido investigador, observó que algunos chicos son víctimas de la relación matrimonial infeliz de sus padres. En un escenario en el que la madre y el padre se pelean, una forma en la que el padre puede tomarse la revancha con la madre es por medio del abandono emocional de su hijo.[3]

Leyendo literatura escrita por gays y lesbianas, vemos con frecuencia una desilusión explícita por el matrimonio como institución, además del cinismo sobre la posibilidad de que un varón benévolo actúe como cabeza de familia. Los hombres gays son a menudo como animadoras del movimiento feminista radical, con su tema de que uno no se puede fiar de los hombres en el poder. Esto es comprensible: el sistema familiar y el padre, en muchos casos, les ha decepcionado personalmente.

 

LA FAMILIA TRADICIONAL ¿"NO ES UN BIEN PARA LA SOCIEDAD"?

Un líder gay prominente describe el cinismo con respecto a la vida familiar, que es un tema común en la literatura gay. Sus palabras revelan su propio cinismo sobre los progenitores varones y su desilusión con la familia nuclear:   

         De forma nada sorprendente, las estadísticas sobre el estado de la familia nuclear muestran que a los niños les va mejor en guarderías que en casa (...)

        Cuando Dan Quayle proclamó a los cuatro vientos la necesidad de papás en cada hogar, ignoró los hallazgos del Comité Nacional para la Prevención del Abuso Infantil, según el cual la mayoría de los abusos sexuales en el hogar son obra de padres o padrastros (...)

        Ha llegado la hora de rechazar la nostalgia por la agrupación familiar tradicional  y de buscar nuevos caminos para lograr la satisfacción que trajeron una vez (...) [Debemos crear] nuevos tipos de relaciones frescos, que no se parezcan a rituales pasados, sino que abran puertas a medidas mayores de felicidad individual.

        Este escritor, como muchos otros activistas gays, reclama el fin de las expectativas represivas de lo que los activistas gays llaman "el sistema de género".

 

Desea con ansia un nuevo mundo valiente donde habría una maximización de "contacto físico consensual" fuera del matrimonio y la gente encontraría alegría en unas vidas que no estarían centradas alrededor de la paternidad y la "reproducción de la herencia genética de uno". Desprecia el ideal judeocristiano de la familia nuclear a favor de un erotismo sin restricciones. Dice: "Sólo el enfoque más estrecho del amor insistiría, como hacen los fundamentalistas y los de su índole, que la monogamia es la única expresión virtuosa, satisfactoria, y amorosa [de una relación]."[4]

Sin embargo, más allá de esta insistencia de los activistas gays en que los progenitores varones y las familias tradicionales no importan, oímos las sabias palabras del psiquiatra Richard Fitzgibbons:

          Cuando los chicos huérfanos de padre crecen, sienten con frecuencia un tremendo anhelo de que los abrace un hombre porque no lo tuvieron en casa. El teléfono de información gay recibe un montón de llamadas de hombres que simplemente tienen necesidad de que otro hombre los sostenga.

        Algunos de ellos están casados, y no son todos necesariamente homosexuales. Pienso que vamos a ver cada vez más experiencias homosexuales por parte de gente joven, gay y heterosexual, que todavía están buscando el amor paterno que no tuvieron cuando estaban creciendo.[5]

 

UNA MIRADA MÁS CERCANA A MAMÁ

         De vuelta a 1960, cuando mi cliente "Dan" tenía 13 años, este había sido un inadaptado en la escuela tanto tiempo como podía recordar, y por lo tanto quería desesperadamente ser guay. Un sábado, cuando fue a cortarse el pelo, le dijo al barbero: "Rápemelo por detrás y déjemelo un poco largo en la frente."

En su imaginación, Dan debía haberse visto a sí mismo como James Dean o Elvis Presley. Sin embargo, cuando llegó a casa, su madre se quedó un poco menos que impresionada. Le miró y murmuró: "¡Oh Dios mío!", y entonces dijo: "¡Danny, eso es repugnante! ¡ Eres repugnante! ¿Quién te crees que eres?"

Con esto, llevó a Dan de vuelta al barbero, y empujándole al centro de una multitud de hombres, exigió: "¡Córtele por detrás, y arréglele la frente! ¡No quiero que mi hijo parezca una especie de matón!"

El barbero hizo un gesto a los hombres de su barbería y cambió el corte de pelo de Danny haciendo un guiño. Las reacciones de los otros hombres variaban desde sonrisas afectadas hasta risas abiertas. Dan se sintió mortificado y rehusó volver otra vez más a esa barbería en concreto. Este incidente de vergüenza ante otros hombres permaneció en su memoria y me la volvió a contar a mí, su terapeuta, como una de las experiencias más humillantes de su vida. Esto profundizó su sospecha de que en el mundo de los hombres, era un extraño.

Sin darse cuenta de esto, las madres pueden llegar a implicarse demasiado en las vidas de sus hijos. En algunos casos, este comportamiento puede haber surgido a causa de la necesidad de la madre de atender enfermedades en la infancia de su hijo. En efecto, cierto número de estudios ha mostrado una correlación por encima de la media entre homosexualidad adulta y problemas médicos en la primera infancia. Muchos de mis clientes me han hablado de luchas infantiles con el asma, un problema coronario, obesidad o poca visión, que no les permitió sumarse a los otros chicos en los deportes. Todas estas condiciones hicieron que el chico se viese a sí mismo como diferente  -e inferior- a los demás chicos.

Las madres de los hombres homosexuales tienden, según nuestra experiencia, a ser expresivas, extrovertidas, accesibles emocionalmente, comprometidas, y altamente involucradas en la vida de su hijo. El problema de la madre podría ser que invierte demasiado. Los límites entre ella y su hijo no están claros.

A veces las madres invierten demasiado en sus hijos por sus propias necesidades, porque no han encontrado intimidad emocional en su matrimonio. A diferencia de los padres de los chicos, que raramente se dan cuenta, estas madres sí ven la feminidad del chico pero posponen su intervención porque no quieren trastornar a sus hijos. Sin embargo, muchos de los padres varones que buscan ayuda profesional están mucho más sanos y más equilibrados psicológicamente que los que no.

 

LA RELACIÓN TRIÁDICA CLÁSICA

Para los padres puede resultar doloroso que su terapeuta les diga que puede que uno de ellos sea "una madre que se implica demasiado" o un "padre distante." Mientras usted lea las siguientes descripciones de personalidades de progenitores, debe recordar, primero, que todos cometemos errores como padres. Segundo, las limitaciones de nuestra propia personalidad puede que hayan influido poco en el camino de los efectos enfermizos en un niño de la familia y, sin embargo, para nuestro asombro y espanto, pueden resultar seriamente perjudiciales para el siguiente hijo. Tercero, la forma en que nos relacionamos con nuestros hijos refleja generalmente los tipos de relaciones que tuvimos con nuestros propios padres. Así que esperamos que no se sienta acusado sino que en vez de eso se centre en abrir su corazón y su mente para considerar cómo podría (o quizás no) encajar en algún punto en este modelo paternal. Recuerde que reconocemos que la amplia mayoría de los padres tienen buenas intenciones, son cariñosos y quieren lo mejor para sus hijos.

Repetidamente, los investigadores han encontrado la relación triádica (a tres bandas) clásica en la base familiar de los hombres homosexuales.[6]  En esta situación, la madre tiene con frecuencia una relación pobre o limitada con su esposo, por lo que busca satisfacer sus necesidades emocionales en su hijo. El padre suele ser inexpresivo y ausente y con frecuencia es también crítico. Por lo tanto, en el modelo de la familia triádica tenemos al padre ausente, a la madre que se implica demasiado y al chico, sensible de temperamento, con armonía emocional que sustituye al padre donde el padre no llega.

El vínculo emocional íntimo está entre la madre y el hijo. Ella se siente mal por su hijo: "Soy su único refugio seguro y todos los demás se mofan de él. Sus compañeros lo rechazan; su padre parece haberle olvidado. Por lo tanto, soy la única que le comprende y le acepta exactamente como es." Esta última es la frase asesina: "como es." Es como si decir "lo que el chico es" pudiese incluir sus fantasías andróginas, el miedo a los demás varones, el rechazo de su propio cuerpo y la incomodidad con su naturaleza masculina.

En este punto, es necesaria la formación. Las madres deben comprender que pueden desalentar activamente las distorsiones sobre el género sin rechazar al chico. De hecho, este no es en absoluto un asunto de rechazo sino más bien de guía adulta para preparar al chico para la vida en un mundo de géneros -el mundo al que su anatomía lo ha destinado- y de rechazar participar en sus distorsiones acerca de los hombres y la masculinidad.

Por otra parte, muchas de las madres que vienen a nuestra consulta están muy preocupadas por la baja autoestima de género o el afeminamiento de sus hijos y quieren ayudarles a que alcancen la madurez de género normal, sin que importen los desafíos que el trabajo pueda suponer. Comprenden de forma intuitiva el problema que sus hijos están teniendo y no saben cómo ayudar a su hijo y alistar a su esposo en el proceso. Están agradecidas por toda dirección y ayuda que yo pueda proporcionarles.

Pocas madres (particularmente, las madres narcisistas) establecen una relación con una confusión tan profunda de límites que el chico no pueda clarificar su propia identidad individual. Las madres que crean una relación tan íntima y simbiótica no permitirán nada que interrumpa el vínculo entre madre e hijo. Cuanto más tiempo dure la relación simbiótica profunda, más femenino será el chico. Por supuesto, una madre trastornada por la conducta normal y camorrista de un chico -y que reacciona animándole a que sea más pasivo y dependiente (aunque la necesidad real del chico es la independencia) está anteponiendo sus necesidades a las de su hijo.

Los autores de Someone I love is Gay describen este modelo maternal:

        A veces la relación es tan íntima que llega a convertirse en enfermiza, incluso bordeando un estado de "adulterio emocional." Generalmente, el hijo es el confidente de la madre. Ella habla de sus problemas matrimoniales con él en vez de solucionarlos con su esposo. Busca apoyo emocional y el consuelo de su hijo cuando las cosas van mal.

        En algunos casos, la conducta de la madre cruza la línea hacia la sensualidad. (...) Las madres solteras y las mujeres con maridos abusivos o distantes emocionalmente son particularmente proclives a ser abiertamente dependientes de su hijo."  [7]

 

En algunos extraños casos, las madres de chicos homosexuales habrían querido ser ellas mismas hombres y sabotearon la masculinidad de sus hijos poniéndose en una situación de competencia con ellos. [8]

En general, existe una investigación considerable que muestra que las familias con desórdenes de género tienden a tener trastornos. Un estudio sobre seiscientos diez chicos con DIG encontró un alto nivel de conflictos familiares.[9] Muchos especialistas han observado un índice más elevado de divorcio de los padres, separaciones e infelicidad marital en las familias de sus clientes homosexuales[10] y muchos padres de chicos con DIG habían tenido asesoramiento antes de acudir a atención clínica por el desorden de identidad de género de su hijo. [11]

El psicólogo Gregory Dickson señala una paradoja en referencia a la relación intensa entre madre e hijo. El chico con problemas de género suele sentir una necesidad progresiva de cuidado maternal pero como la relación madre-hijo representa una barrera entre sí mismo y el mundo masculino, el chico siente ira y aprecio hacia ella. Además, se siente incomprendido y la mayor parte de las veces comprendido por ella. Su madre lo conoce muy bien a un nivel pero existe otro adonde ella nunca puede llegar y que no ha reconocido completamente como parte integral de quien él es como varón.[12] Por lo tanto, se da un conflicto paradójico de amor-odio, de acercamiento-evitación.

 

ESTA INVESTIGACIÓN SOBRE LA INFLUENCIA DE LOS PROGENITORES, ¿NO HA SIDO REFUTADA?

A pesar de lo que se oye de los activistas gays, ninguna literatura refuta las teorías clásicas que describen la forma en que se desarrolla la homosexualidad. De hecho, un libro de 1996, Freud Scientifically Reappraised: Testing the Theories and Therapy, evaluaba las teorías psicoanalíticas prominentes a la luz de los datos disponibles ahora por medio de investigaciones modernas. Los autores encontraron resultados conflictivos en la relación con la madre pero el estudio sobre los padres era claro:

        Los datos que tienen que ver con la idea que el varón homosexual tiene  de su padre son de apoyo aplastante de la hipótesis de Freud. Con sólo pocas excepciones, el varón homosexual declara que el padre ha sido una influencia negativa en su vida. (...)

        No existe siquiera un solo estudio bien-controlado que hayamos podido  localizar en el que los varones homosexuales se refieran al padre de forma positiva o afectiva. Por el contrario, consistentemente le consideran un antagonista. Fácilmente encaja el rol de Edipo inusualmente intenso y competitivo que Freud le atribuyó. [13]

 

Es importante poner énfasis aquí en la idea de que la madre que se involucra demasiado es utilizada de forma repetida por nosotros aquí en este libro como el ejemplo de la madre de un chico con confusión de género. Porque la madre que se implica profundamente es casi siempre el tipo de madre que trae a su hijo a la consulta -y que trabaja activamente por el cambio-: este es el tipo de madre que hemos utilizado para ilustrar ciertos casos. De hecho, la madre que se implica íntimamente es más probable que estimule de forma inconsciente la inconformidad de género de su hijo. Pero no todas las madres son de las que se implican demasiado. En efecto, entre los clientes homosexuales adultos, un porcentaje más pequeño de sus madres se retiraba.

Esta observación encaja con las averiguaciones de Freud Scientifically Reappraised: Testing the Theories and Therapy, en el que los investigadores analizaron los estudios disponibles y encontraron que existe cierta inconsistencia en los hallazgos sobre las madres. Pero -mientras esos investigadores están de acuerdo- la variable virtualmente invariable es la pobre relación con los padres [varones].

¡Una llamada a un verdadero despertar, diríamos, para los padres que tienen esperanza en la heterosexualidad para sus hijos!

 

¿OTRAS CAUSAS DE  LA HOMOSEXUALIDAD?

Por supuesto, el síndrome común de la familia triádica, combinado con la inconformidad de género de la infancia temperamental, no debe considerarse el único camino hacia la homosexualidad. Hay otros caminos que sin duda implican de alguna forma estilos de paternidad diferentes, el problema de una temprana seducción sexual y el hábito sexual que puede resultar de esta y la influencia de los mensajes culturales.

Otro tipo de homosexualidad menos común (realmente debería ser descrito como bisexualidad) implicaría la elección de buscar gratificaciones sexuales y del ego de cualquier forma. Este tipo de persona es descrito raramente en la literatura clínica porque él o ella con toda probabilidad no buscarían terapia para cambiar.

Y recuerde, las apariencias externas de los géneros puede ser engañosas. Se dice a menudo: "Tal y tal posiblemente no debe tener un problema con la estima de género: es tan masculino". Pero entonces miramos bajo la superficie y vemos las mismas dinámicas familiares. Un ejemplo es la estrella de cine Rock Hudson, que murió de SIDA en los años ochenta.

Hudson era un hombre alto y atractivo que siempre interpretaba papeles protagonistas que eran la quintaesencia de lo romántico. Durante la cumbre de su carrera, el público no sabía nada de su homosexualidad. Pero la autobiografía de Hudson revela que odiaba a su padre, quien abandonó a la familia, y no se entendía mejor con su padrastro, que le pegaba. Cuando su madre trabajaba de ama de llaves que vivía en la casa donde servía, Rock y su madre compartían una cama en el alojamiento de los sirvientes. Entonces, a los 9 años de edad, Hudson sufrió abusos sexuales por un hombre mayor (él dice que él mismo animó y disfrutó el encuentro). A lo largo de su vida, Hudson se hizo cercano y muy cómodo con muchas de las mujeres con las que trabajó, pero con casi ninguno de los hombres, mientras idealizaba y se enamoraba de alguno de sus directores.

Este ídolo de la pantalla de apariencia masculina una vez dijo a su amante: "Hay una niña pequeña en mí a la que simplemente pisoteo a muerte. (...) ‘¡No saldrás!'"[14]

 

UNA FIGURA PÚBLICA GAY DESCRIBE SU NIÑEZ

El notorio escritor y activista gay Andrew Sullivan habla también de un modelo infantil que encaja en el modelo triádico. Sus amigos más íntimos de la escuela eran chicas, que eran "a veces amigas del alma" con las que tenía un "sinnúmero de conversaciones inacabables." Y como muchos hombres gays, se interesó por la interpretación y el teatro.

Sullivan describe a la clásica madre demasiado implicada y al padre indiferente: "Yo tenía una relación muy cercana con mi madre y una algo distante con mi padre." Su padre era reservado mientras que era su madre la que, como él dice, "llenaba mi cabeza con las posibilidades del mundo, la que conversaba conmigo como con un adulto, la que me ayudaba a creer en mi habilidad para hacer cosas en el mundo más amplio. Eran sus valores los que me formaban y me animaban. (...) En mi adolescencia yo tenía cuidado con mi padre y me ponía de parte de mi madre en las peleas familiares. (...) Y en todo esto, supongo, seguí un modelo típico de desarrollo homosexual"[15]

Judy Shepard, la madre de Matthew Shepard (el chico gay víctima de un infame crimen de odio), cuenta la misma historia clásica. Describía a su hijo Matthew como "mi amigo, mi compañero del alma, mi confidente".[16]

 

CONSEJO PARA MADRES SOLAS

En el complejo mundo de hoy, el problema creciente de las madres solas (realmente, el problema de los padres ausentes) plantea un desafío único para el desarrollo de la identidad de género de un chico. Siempre que hablo a una audiencia de progenitores a lo ancho y largo del país, una madre preguntará inevitablemente cómo ella, como progenitora en solitario, puede criar a un chico sano. La madre sola puede proceder de tres maneras:

 

         1. Puede monitorizar la relación madre-hijo.

Las madres que viven solas deben estar atentas para no desarrollar una relación excesivamente íntima con sus hijos. Si una madre sola no tiene una relación emocionalmente segura con un hombre, puede buscar inconscientemente satisfacer sus necesidades emocionales con su hijo, manteniendo una conexión insana demasiado íntima que puede satisfacer aparentemente sus propias necesidades pero que no será lo mejor para los intereses de su hijo.

El chico de género frágil, en particular, es generalmente brillante y muy verbal. Ese chico parece ser capaz de leer bien a su madre, y si siente la co-dependencia de su madre por él, puede aprender a manipular las emociones de ésta y consecuentemente crecer como un joven indisciplinado, demasiado indulgente y en última instancia inmaduro y auto-absorbente, que está preparado de forma enfermiza para afrontar las demandas del mundo.

 

2. Puede estimular la identificación masculina.

La madre sola tiene que hacer cosas extra para la afirmación de la masculinidad de su hijo. Desde el primer día, le tiene que hacer sentir que su masculinidad es diferente de la feminidad de ella y que esta diferencia es buena, sana, y una parte de lo que él es.

La afirmación masculina es especialmente importante en casos donde el padre está permanentemente ausente. Una madre sola puede respetar y mantener la memoria del padre de una forma positiva aunque puede que el padre no vuelva nunca, promoviendo así la imagen positiva del "buen padre". Por otra parte, cuando se habla en casa de los hombres de forma negativa, puede que un chaval joven adopte inconscientemente una identidad femenina y maneras afeminadas para asegurarse de que se queda a salvo del rechazo de su madre.

Esos esfuerzos son admirables y ayudan, pero al mismo tiempo, en mi opinión, una madre no puede hacerlo por sí sola. A pesar de sus mejores esfuerzos, no puede ser modelo de ser hombre, aunque haga lo mejor de lo mejor. Y esto nos lleva a la tercera acción que puede hacer una madre sola:

 

        3. Puede encontrar una figura paterna.

Los chicos pueden encontrar un sustituto del padre ausente en un hermano mayor, un abuelo u otro varón. Es importante que la madre sola apoye los intereses masculinos del niño y que los estimule y los apruebe. Es perjudicial si la madre expresa el mensaje de que ella y su hijo pueden arreglárselas solos porque los hombres son elementos innecesarios en la vida familiar.

Encontrar una figura paterna (como estoy seguro de que sabe una amplia mayoría de madres) no significa volver de vez en cuando a casa con un nuevo amigo después de haber estado bebiendo en un antro para solteros, permitir al hombre que pase la noche y entonces intentar conseguir que conecte con el chico. Esto sería más perjudicial que beneficioso. Es la relación consistente y de confianza -y por tanto de mucho tiempo- con una figura paterna estable la que marca la diferencia.

Por esta razón, sugiero un miembro de la familia: un hermano mayor, un tío, un abuelo. No se avergüence de expresar sus preocupaciones y pida ayuda. Si no hay a disposición ningún miembro de la familia, considere grupos y organizaciones que puedan ayudar. Big Brothers of America ofrece este tipo de oportunidades. Las Iglesias suelen tener grupos de jóvenes con líderes que se toman su tiempo con chicos que tienen retos en casa. YMCA, los Boy Scouts, equipos de atletismo con entrenadores varones y orientadores escolares, todos ellos proporcionan posibilidades para buenas relaciones masculinas. Un profesor piadoso de la escuela de los domingos podría marcar una poderosa diferencia como modelo de rol en la vida de tu hijo. Siempre que sea posible, es sensato que las madres solas soliciten maestros varones y  tutores varones maduros y masculinos para sus hijos.  

Como recordaba un cliente adulto que estaba trabajando para superar su homosexualidad:

 

        Siempre que me sentía rechazado por mis amigos, mi madre intentaba consolarme. Pero eso no me ayudaba. Ella no fue nunca un chico joven, por lo que nada de lo que me decía podía hacerme sentir mejor. Ella decía: "Oh, de todas formas, no quieras jugar más con esos niños malos." Habría sido fantástico si mi padre hubiera podido hablar conmigo.

 

En vez de que sea la madre la fuente de solaz y consuelo cuando el chico experimenta rechazo por parte de sus compañeros, sería mejor que fuesen otros hombres los que le proporcionasen el consuelo necesario.

 

LOS PADRES VARONES, CLAVES EN EL JUEGO DEL GÉNERO

"Danny," uno de mis clientes adultos con orientación homosexual, se sintió rechazado por su padre tan pronto como empezó a entrar en la virilidad juvenil. Su madre lo mimó continuamente, preocupándose de su salud, de su apariencia, de su comportamiento apropiado y de su seguridad. Pero cuando su padre no ignoraba a Danny, abusaba verbalmente de él. Dan me contó un incidente que ilustra claramente el tipo de dinámica familiar en la que creció. Me describió la escena:

"Asegúrate de que llevas camiseta y un par de calcetines de muda en tu   mochila, Danny," le dijo su madre una mañana de un día de escuela. "Hoy hace frío y está lluvioso, y ya sabes cómo me preocupo por ti."

"¡Deja en paz al niño, Mary, por el amor de Dios!" Gritó el padre de Danny desde el dormitorio. "¡Si no tiene suficiente cabeza como para permanecer seco y caliente, el niño no merece que nos preocupemos por él!"

"Papá", replicó Danny, "no le grites a mamá."

El padre de Danny salió rugiendo de la alcoba. "No creas que puedes mantenerte firme ante mí, jovencito. ¡Tú no eres nada!"

 

Danny me dijo que las palabras de su padre hicieron que comenzase a temblar y cuando el hombre mayor vio que Dan estaba asustado, volvió a bramar otra vez, "¡No eres nadie!"

Haciendo un gesto a su hijo con el dedo meñique apuntándole a la cara, continuó: "Tú eres así de grande. ¡No pienses nunca que puedes pelear conmigo!"

El padre de Danny pertenece a esa minoría de padres que son punitivos explícitamente, incluso crueles. Necesita un niño pequeño alrededor que sea una figura masculina más débil: alguien a quien pueda intimidar para realzar su propio sentido de poder. Los chicos como Danny lo pasan mal al hacerse con lo que significa ser un hombre porque sus madres -las progenitoras benévolas - les protegen pero sus progenitores varones los rechazan, los derriban y no les permitirán entrar en el mundo masculino. Danny fue mantenido acorralado como si estuviera creciendo para ser un competidor de su padre. Pero esta triste situación no es, afortunadamente, típica. La mayoría de los padres de los chicos pre-homosexuales que he conocido simplemente no se implican demasiado, son emocionalmente distantes y desconectados, especialmente de sus hijos varones. [17]

Los psicoanalistas han reconocido la importancia del padre en el desarrollo del niño y en su separación de la madre. Algunos analistas se han referido al padre como una "ráfaga de aire fresco" para la demasiada implicación con la madre. El padre puede ser el caballero de armadura brillante con el que el niño puede jugar mientras sea distintivamente diferente de la madre. 

 

EL AMOR Y LA DEVOCIÓN DE UN PADRE

Cuando toman conciencia de los conflictos de sus hijos, muchos padres maravillosos trasladan el dolor de su corazón a un esfuerzo sin límites para hacer todo lo que pueden. Escuche esta confesión de un padre que me expresaba en una carta escrita a NARTH:

        Mi hijo Ben me confió su sexualidad hace sólo unas pocas semanas. Ambos hablamos inmediatamente con su madre. Este ha sido claramente el acontecimiento más doloroso de mi vida. Domina mi pensamiento en casi cada momento en que estoy despierto. Ben dejó claro que había resuelto por sí mismo la situación y me dijo que no tenía ningún deseo de cambiar. Mi vida estaba en total desorden y simplemente no podía creerlo. Gracias a Dios, no perdí mi compostura y no lo rechacé. Mi estado mental era de shock total, ya que antes de esa fecha no tenía idea ni sospechas de ningún tipo. Su madre tampoco tenía ninguna.

Estaba intensamente motivado en investigar el tema de la homosexualidad y fui a la biblioteca universitaria con este propósito. Encontré poco del tema que no fuese una defensa de la condición. Por fortuna, a través de Internet descubrí NARTH y los buenos libros y artículos de su organización.

Un breve perfil de mi hijo: blanco, 27 años; con un hermano de 16. Ben no fue deportista ni en la escuela ni en el instituto. Siempre ha estado más cercano a su madre y los amigos de la escuela eran mayoritariamente chicas. Era meticuloso, artístico y un buen estudiante. Era, y es, especialmente cuidadoso y considerado: el "niño perfecto".

Para recordar la niñez y la adolescencia de mi hijo, puedo volver la vista atrás y ver el vacío que siempre existió. Nunca me di cuenta de ello, ni siquiera pensé en ello antes. Mi hijo no tenía los mismos intereses que yo y después de que cumplió los diez años, aborté los esfuerzos por encauzarle en las áreas de mi interés. Me doy cuenta ahora del gran error que cometí. Aquel era el momento en el que debí haber hecho lo que fuese necesario para que creciera mi relación con él. Abdiqué de su educación a favor de su madre, mientras yo pasaba más tiempo y gastaba más energías con su hermano menor.

        Tenemos una familia unida. Sé que mi hijo me quiere y siento que me mira con envidia. Mi sensación es que tiene un sentimiento de inadecuación. Desde que estudio el material que trata de la homosexualidad, he dedicado mi tiempo con él a mejorar nuestra relación.

       La semana pasada tuvimos una conversación de hombre a hombre. Durante esa conversación intenté recordar mis muchos errores y defectos con él. Le pedí sincera y humildemente que me perdonase. Le conté que quería pasar con él el tiempo que quisiera concederme y le dije que quería compensar mis errores pasados. Tenía la esperanza y recé para que me permitiera hacerlo así. Después de la conversación, mi sentimiento era de alivio, como si creyera que mi petición tuviera sentido para él. Mi objetivo era llenar el vacío que yo creé.

A su tiempo, tendré otra conversación con él, le daré algún material para leer, y le pediré que intente la terapia como un medio para conseguir el cambio. Rezo cada día para que sea receptivo. Personalmente he aprendido mucho sobre la condición homosexual. Es más fácil para mí tratar con la situación devastadora con el conocimiento que tengo ahora de esta condición. Mi misión en la vida nunca cambiará: la libertad de  mi hijo.

 

EL PADRE RELEVANTE

Cuando el padre y el hijo se presentan juntos en la consulta, veo consistentemente incomprensión, distancia, evitación, daño: las actitudes de dos extraños que de alguna forma nunca se comprendieron mutuamente.

Para que el chico pueda des-identificarse con su madre e identificarse con su padre, debe percibir al padre como digno de emulación. Necesita ver a su padre como sobresaliente (que lo es, recuerde, siendo benévolo y fuerte). De hecho, en mi trabajo con adultos homosexuales, el tipo de figuras masculinas con las que mis clientes se encaprichan y de los que se hacen dependientes emocionalmente representan  normalmente ese ideal de "buen padre": hombres benévolos, fuertes, confidenciales.

El vacío creado por la pasividad de un padre que no es visto por el hijo como relevante predispondrá al chico temperamentalmente sensible, relacional y tímido a caer en una relación madre-hijo de vínculo estrecho para llenar el vacío. Como consecuencia, puede que el padre observe algo extraño en su hijo, pero no da ningún paso para interferir en la excesiva identificación de su hijo con la madre.

 

PAPÁS, NO PERMITAN QUE SUS HIJOS LES RECHACEN

Algunos padres de niños con confusión de género simplemente abandonan y le dejan el niño a su madre. Esto es un gran error. Padre, no permita que su hijo le rechace y le aparte. La tarea que usted tiene que realizar es seguir a su hijo, empujar a través de su exclusión defensiva y, con esfuerzos constantes y consistentes, llegar a convertirse en una persona importante en su vida. Haga de esto su objetivo para sanar la herida que él puede haber recibido de usted en un momento u otro sin que usted sepa cómo ni comprenda por qué. Reconstruya la confianza que se rompió, incluso aunque no esté seguro de cuándo, cómo o por qué falló la relación.

La medida principal para la curación de su hijo será el nivel de reacción hacia usted. Cuando los padres afirman que su hijo ahora corre hacia papá cuando vuelve a casa del trabajo, entonces sé que se ha conseguido el objetivo fundamental del tratamiento. Ahora simplemente necesitamos reforzar y construir sobre esta buena relación.

 

REACCIONES DE LOS PROGENITORES A LA INCONFORMIDAD DE GÉNERO

La primera reacción los progenitores a la conducta de cruce de género de  su hijo pequeño es generalmente neutral, llegando algunos incluso a afirmarla.[18] En efecto, algunos investigadores han encontrado que es improbable que los progenitores desalienten la conducta afeminada de sus hijos.[19] Como la reacción de los progenitores fue o neutral o positiva, puede que algunos de ellos estén en colaboración tácita con la conducta de cruce de género del niño.[20] En efecto, algunos escritores sospechan que, en algún nivel consciente o inconsciente, puede que algunas madres de niños pequeños expresen una expectativa de conducta afeminada. [21]

Los papás de estos chicos generalmente han mezclado sentimientos sobre la terapia. Mi impresión ha sido que suelen venir a la terapia simplemente porque la esposa lo ha traído con ella. De hecho, se ha encontrado repetidamente, y la mayoría ciertamente en mi propia consulta, que hay más probabilidades de que sean las madres las que traigan a sus hijos para la terapia. [22] Los papás, mientras dan una expresión verbal  de preocupación sobre el chico, suelen quedarse en segundo plano con respecto a la implicación de la esposa.

El Dr. Richard Green ha notado una falta de preocupación de los padres -que llamó "neutralidad" parental- como la actitud inicial hacia el afeminamiento en alrededor del 80 por ciento de los casos diagnosticados con un problema abierto de desorden de identidad de género (DIG). Y cuando se desarrolló la preocupación de los padres, las madres se preocupaban más que los padres en alrededor del 80 por ciento de los casos.[23] Frecuentemente, los padres no saben cómo llevar su preocupación y la trasladan a intentos sistemáticos de estimular la conducta apropiada de género.

Muchos padres están perplejos por lo que sucede en el interior de sus hijos más sensibles. Generalmente, un padre así tiende a no armonizar bien con las emociones de los demás, y cuando está en armonía, es con otro hijo de conducta más masculina, con el que es más fácil relacionarse y con el tiene más en común. El hijo que es amable, pasivo y relacional, -características todas de la pre-homosexualidad- es un misterio para muchos papás.

Aquí tenemos un ejemplo del psiquiatra de un hombre joven homosexual con serios problemas. Sus padres tenían buenas intenciones y eran cariñosos pero no tenían conocimiento de sus luchas y no eran conscientes del ridículo que había padecido en la infancia. No sospechaban de la homosexualidad secreta de su hijo. El psiquiatra relata:

Hoy me ha venido un nuevo paciente, un estudiante universitario, que tenía una relación bastante buena aunque no íntima con su padre. Pero nunca ha hablado con sus padres del ridículo que había experimentado. La mayoría de los chicos que son ridiculizados por sus compañeros no se lo dicen a sus padres porque se sienten terriblemente avergonzados. Los padres de este paciente estaban esperando fuera para unirse a la sesión pero el muchacho ni siquiera me ha dejado mencionar el grado de ridículo y de aislamiento que había experimentado o el miedo que siente ahora por los hombres heterosexuales.

Es la identidad masculina débil y una tristeza tremenda, además de un horrible miedo al rechazo, lo que hace que estos individuos estén desanimados y desesperados y lo que los hace muy vulnerables a una conducta altamente auto-destructiva.

Como lo que me dijo este joven -porque le acababa de preguntar sobre el sexo sin protección-: "Sí, lo practico, no me importa." [24]

 

Encontramos papás que son perfectamente capaces de estar en armonía con sus hijos -una vez que reconocen que hay un problema- y tienen voluntad de participar y tomar un rol activo en el proceso de curación. Esto requiere un padre que reconozca el problema, que reevalúe honestamente su rol de padre y que participe de forma activa y consistente en el futuro desarrollo saludable de su hijo. No es necesario decir que para los chicos con papás preocupados y colaboradores, es mucho más probable el cambio. 

 

LOS PAPÁS DEBEN PERMANECER COMPROMETIDOS

Mantener a los padres como un equipo es muy importante pero generalmente el problema más importante es mantener la implicación del padre en una base consistente. En efecto, la dificultad de mantener la participación activa y diaria de papá es el obstáculo más común para el éxito de la terapia.

Recuerde: la conducta afeminada de su hijo es una defensa contra la  identificación con el rol masculino. No puede quitarle la seguridad al chico (su afeminamiento) a menos que le proporcione algo que la sustituya. Por lo tanto, la estrategia del tratamiento es dirigir al chico hacia lo masculino por medio de una cálida relación con el padre o figura paterna, más que quitarle simplemente los rasgos externos de afeminamiento.

 

ESCUCHE LOS SENTIMIENTOS DE SU HIJO

Mientras colocamos gran parte del foco de la intervención en el cambio de conducta apropiado de género, no debemos olvidar la verdadera tarea, que es el vínculo emocional con el progenitor de su propio sexo. Y en este foco en conseguir el cambio de conducta, los sentimientos del niño se pueden llegar a pasar fácilmente por alto.

Este es un momento difícil y no sólo para la madre y el padre. El niño está bajo la presión de los esfuerzos de sus padres por modificar los hábitos y la conducta que hasta ahora siente probablemente como parte de quien es. Comprensiblemente, expresará sentimientos negativos. Puede que incluso se sienta no amado o incomprendido. Y puede, si la intervención de sus padres es demasiado áspera, que se cierre en retirada y en el aislamiento, excluyéndose emocionalmente del resto de la familia.

Así es de vital importancia que la madre y el padre expresen su preocupación y respeto por sus reacciones emocionales a esta nueva expectativa desafiante de "ser un chico." La madre y el padre deben estimular la expresión de cualquier cosa que el niño pueda sentir, incluso cuando esos sentimientos sean negativos o de culpa. El estímulo para expresar el dolor, la ira, la tristeza y el desacuerdo es esencial para mantenerle conectado con usted durante este momento difícil de transición.

Algunos papás creen que pueden quitarle de encima el afeminamiento a su hijo haciendo de supervisor de las batallas de conductas externas pero ese no es el enfoque correcto. Es por medio del vínculo con el padre y encontrando seguridad emocional en la relación padre-hijo como el chico se sentirá capaz de dejar su fantasía de cruce de género.

Una relación padre-hijo débil es generalmente el obstáculo más serio para el éxito de la intervención. Aquí tiene un ejemplo:

Un niño de seis años, le llamaremos "Joey", fue traído por sus padres. El padre parecía muy preocupado y me decía que no quería que su hijo fuera gay pero que no sabía qué hacer para ello.

Al comienzo de nuestra segunda sesión, les pregunté a los padres: "¿Qué tal la semana?"

La madre estaba en el borde de su asiento y comenzó a hablar. La interrumpí y dije: "Oigamos primero al padre. ¿Qué tal la semana con Joey?"

        "Bien... creo," fue su respuesta.

        La madre apuntó: "¡No, no lo fue! Cariño, dile lo que pasó."

        Él dijo: "¿El qué?"

        "¿No te acuerdas?," dijo ella.

        "Oh, sí... claro," respondió finalmente. "No sé... Estoy viendo la televisión y mi hijo viene hacia mí y me mira como diciendo: ‘¿Quién te crees que eres?'"

        Con eso, el padre miró al suelo y se mantuvo en silencio. Yo pinché: "¿Y qué hizo usted?"

         "Nada. ¿Qué podía hacer?" Se encogió de hombros.       

La esposa clavó la mirada, esperando mi respuesta. "Si Joey fuera mi hijo," comencé, "y pasase por mi lado y me echase una mirada de esa forma, le animaría. Le diría: ‘¡Ven aquí! ¿Qué quieres decirme con esa mirada?' Iría a donde estuviera, lo agarraba y lo tiraba, quizás de forma un poco dura pero también afectuosa y le haría saber que esa mirada es inaceptable. Y le insistiría para hablar con él. ‘Eh, chico,' le diría. ‘¿Qué es lo que va mal? ¿Estás enfadado conmigo? ¿Qué he hecho? Venga, Joey, dime qué te pasa' "

En eso, exclamó la madre: "Eso es exactamente lo que le dije que hiciese."

Como tantas madres de chicos pre-homosexuales, la madre de Joey sabía por intuición lo que se necesitaba, pero ella no era la que lo debía hacer. Tenía que ser el padre. Como he escrito en otro sitio describiendo a los papás que he visto en la terapia:

        En general, estos papás podrían ser definidos como que evitan emocionalmente. La exploración de sus historias revelaba que generalmente tuvieron relaciones pobres con sus propios padres. Tendían a diferir de sus esposas en asuntos emocionales y parecían particularmente dependientes de que ellas fueran sus guías, intérpretes y portavoces.

        A pesar de que estos hombres expresaban sincera esperanza de que sus hijos hicieran la transición a la heterosexualidad, sin embargo fallaban en cumplir un compromiso a largo plazo para ayudarles a conseguir ese objetivo.

        En su primera sesión conjunta, un padre lloró abiertamente cuando su hijo de quince años expresó su profundo desacuerdo con él. Sin embargo, durante meses después, llevaría en coche a su hijo a su sesión sin decirle una palabra durante el trayecto.

        Más aún, mientras estos padres parecían con frecuencia ser gregarios y populares, tendían a no tener amigos significativos. El grado en que carecían de capacidad de encuentro emocional masculino era demasiado consistente y pronunciado como para ser descartado como simplemente "típico del varón americano." Más bien, mi impresión clínica de esos papás como grupo era que existía alguna limitación significativa en su capacidad de unirse emocionalmente a los hombres.

El rasgo común de los padres de homosexuales parecía ser una incapacidad de convocar la habilidad de corregir problemas de relación con sus hijos. Más que extenderse activamente, parecían inclinados como característica a retirarse, evitar y sentirse heridos. [25]

 

EL DOLOR DE LAS OPORTUNIDADES PERDIDAS

En "Not Crying for Dad," una historia autobiográfica publicada en una antología gay, oímos la tristeza de un hijo gay que sabe que en algún nivel es responsable por rechazar a su propio padre: un hombre que quería cercanía con su hijo  pero que, tristemente, nunca la encontró.

El autor Philip Gambone describe la extraña experiencia de ser incapaz de llorar en el funeral de su padre. "No tuve una relación íntima con mi padre," dice. "Mis amigos gays me dicen que esto es simplemente lo que les pasa a los gays con sus papás." 

Gambone sigue describiendo la explicación de un popular psiquiatra gay de este alejamiento que se ve comúnmente, que confía en el postulado "nacido gay": "Un padre siente intuitivamente que su hijo es homosexual y se distancia de él en vez de afrontar la incomodidad y la vergüenza que siente por esta presencia rara en la familia."

Gambone admite que su padre fue un buen hombre. Parece perplejo de no haber sentido nunca amor por su padre, además de no haber llorado en su funeral. "En su propia forma tácita," dice Gambone, "nunca me dejó por imposible. Durante todos los años que mantuve callado lo de mi homosexualidad, él nunca se movía de la afabilidad voluntariosa con la que saludaba a los chicos -‘mis compañeros de cama'- que traía a casa."

"He rastreado los recuerdos de nuestra relación, buscando pistas sobre el por qué nunca me sentí a gusto con mi padre," dice. A veces Gambone se pregunta si el problema fue la homofobia inconsciente de su padre (refiriéndose a la teoría del "nacido así", en la que se piensa que el padre rechaza al hijo con inconformidad de género, produciendo así el alejamiento), mientras que otras veces Gambone culpa a los esfuerzos deliberados de su madre y de su abuela por producir un distanciamiento padre-hijo: "Me decían que me alejase de él."

No obstante, Gambone admite que "ninguna de estas generalizaciones parece adecuada." Mirando atrás, se da cuenta de que su padre era realmente un hombre amable y cariñoso que le echaba una mano y que quería lo mejor para él, desafiando a su hijo a asumir más riesgos y a abordar los problemas de la vida de forma más agresiva. "Retrospectivamente," lamenta Gambone, "me pregunto si simplemente no estaba preparado para la clase de intimidad que mi padre siempre quiso tener conmigo." [26]

Como en la historia escrita por el autor de arriba, muchos padres se sienten rechazados por sus hijos. Sin embargo, se podría decir que en un momento o en otro todos los padres se han sentido rechazados por sus hijos. La diferencia está en que el padre del chico pre-homosexual es probablemente el tipo de hombre que acepta el rechazo, que extiende las manos y fracasa en el intento de comprender y abrirse camino ante la resistencia del chico (o, como en el caso de Gambone, las parientes maternales sabotean activamente la conexión padre-hijo). Por cualquier razón, el padre no puede pasar ese bloque y en vez de ello conforma la alienación, el silencio y el rechazo.

En los años que siguen, esa inacción podría costarles caro tanto al padre como al hijo. "Dan", un cliente de treinta y dos años, describe la tristeza por una oportunidad perdida:

         Mi padre es como el Monumento a Lincoln: sentado ahí, rígido y a distancia. No quiero darme a él. Existe un miedo pero también una aversión a lo que representa. Parezco un niño cuando digo que tengo miedo de este "Lobo Feroz."  Pero realmente él no me conoce y yo no lo conozco.

        Todo lo que yo realmente quería era a mi padre. Aparte de esto, nada y sin embargo con qué tristeza me doy cuenta de los años que he perdido; no puedo volver a la infancia otra vez.

        Ni él será tampoco un hombre diferente. A los setenta años, nunca cambiará. Es como decir: "¿Por qué debo molestarme en intentar tener una relación con él?" No lo conozco; no me conoce.

 

TRES TIPOS DE PAPÁS

En mi trabajo con los hombres de orientación homosexual, he observado que la mayoría de los papás parecen estar -en su mayor parte- dentro del espectro de lo psicológicamente normal. Dicho esto, es necesario repetir que, como grupo, estos padres se caracterizan por una seria limitación: su incapacidad o falta de voluntad para contrarrestar la exclusión defensiva de sus hijos e introducirlos de nuevo en el mundo masculino.

Más allá de esa categorización, los papás parecen entrar dentro de tres amplias categorías:

 

Inmaduros.

Estos hombres son básicamente normales y sanos. Sin embargo, durante el periodo crítico de desarrollo (fase de identidad de género) de las vidas de sus hijos, les exigieron demasiado y fallaron en ver las consecuencias. Con frecuencia, eran jóvenes que se habían convertido en padres demasiado pronto y se encontraron abrumados por el matrimonio, la familia o las cargas económicas. Como consecuencia, sus hijos vulnerables de temperamento, si es que tuvieron hijos así, pagaron un precio.

Narcisistas.

Incluso un hombre básicamente sano puede tener rasgos de personalidad narcisista. Pero en el caso más extremo del narcisismo, un hombre ve a su hijo como una extensión de sí mismo (como un "auto-objeto narcisista") y utiliza al chico para satisfacer sus propias necesidades. El padre reconoce al chico sólo cuando exhibe un rasgo, apariencia, habilidad o tipo de personalidad atractiva que el padre evalúa personalmente. Si el chico tiene esos rasgos, el padre lo pondrá en un pedestal y tratará al chico como si no pudiera hacer nada incorrecto. Si carece de estos rasgos, el chico, de hecho, no existe en la familia. Un padre así generalmente niega cualquier responsabilidad sobre los problemas de su hijo. Este es el tipo más resistente de padre cuando se confronta y probablemente no cooperará en ningún tipo de terapia.

       

Inadecuados.

Puede que estos padres sean grandes abastecedores y enormemente competentes en el mundo del trabajo, pero generalmente son limitados emocionalmente en un nivel social íntimo, y tienen  poco que ofrecer a otra persona. No tienen los recursos emocionales para salir de sí mismos. A diferencia de los padres narcisistas, que niegan la responsabilidad, estos hombres pueden admitir fácilmente sus errores y expresar remordimientos pero luego no tiene lugar ninguna mejoría en la relación padre-hijo que tenga una base consistente. Después de un esfuerzo breve y bien intencionado por parte del padre para obedecer, la relación permanece esencialmente sin cambios. 

Un cliente me decía: "Mi padre no era nada, era un cero a la izquierda. Mi madre tomaba todas las decisiones. Ella tenía la personalidad y mi padre tenía muy poco que decir. Ni siquiera recuerdo a mi padre en casa. Si estaba en casa, estaba allí físicamente, pero eso era todo."

Los padres con limitaciones emocionales generalmente son dependientes de los demás, particularmente de sus esposas, para interpretar situaciones sociales y para que les digan la forma correcta de reaccionar. Por sí mismos son incapaces de mantener un compromiso a largo plazo de permanecer implicados y ayudar a sus hijos en el cambio.

 

LA HISTORIA DE ALEX

Lo siguiente es un extracto del diario de "Alex", un hombre de cuarenta y dos años que está en terapia conmigo por homosexualidad. Su padre era una figura fuerte y poderosa pero negativa, mientras que su madre era aparentemente un individuo co-dependiente y frágil con la que Alex llegó a aliarse para defenderse.

 

        Mi padre nos enseñó a tenerle mucho respeto. No permitía ninguna falta de respeto. Y si decía que hiciéramos algo, debíamos hacerlo por nuestro propio bien. Nos castigaba y hacía que le tuviésemos miedo si no hacíamos lo se suponía que teníamos que hacer.  A veces nos pegaba y, aunque no era con mucha frecuencia, era algo que me aterrorizaba. También nos castigaba quitándonos privilegios y mandándonos a la cama sin cenar. Sabía hacernos sentir a todos que no éramos buenos.

        Mi padre estaba muy lejos de ser perfecto, y mientras crecía veía sus imperfecciones. No obstante, mostraba una imagen de sí mismo tan orgullosa y honrada que nos hacía sentir sin valor ante sus ojos.

        Mi madre prácticamente adoraba el suelo que pisaba mi padre y le quería mucho. Y aunque nos amaba mucho a nosotros, los niños, amaba a mi padre mucho más. Y como era muy afectiva, mi madre no podía soportar estar mal con mi padre.  Mi madre no se afirmaba delante de mi padre por nosotros directamente. Intentaba que hiciéramos lo correcto para que él no saliera detrás de nosotros. Pero cuando mi padre se enfadaba, mi madre no hacía nada que pueda recordar para protegernos de él.  Le tenía tanto miedo como nosotros.

 

En resumen, la persona más importante en el éxito del tratamiento del chico con problemas de confusión de género es el padre. Los tempranos psicoanalistas miraron la influencia de las madres sofocantes sobre sus hijos homosexuales; la cercanía emocional excesiva de la madre con su hijo parecía ser la causa de la homosexualidad del niño. Hoy, sin embargo, la terapia reparativa cree que la figura más significativa en la formación de la homosexualidad masculina es el padre. ¿Por qué? Porque la intimidad madre-hijo no es un problema dependiendo de cómo estén los modelos de padre en relación con una mujer. El padre apoya la identificación masculina del niño para que este pueda acercarse pero no perderse en lo femenino. Le muestra al niño cómo estar cerca de una mujer sin sacrificar su independencia masculina.  

 

LO QUE DICEN OTROS INVESTIGADORES

Existe una evidencia clínica de que, tanto en los niños como en las niñas, surgen claros casos de desorden de identidad de género (DIG) como consecuencia de frustraciones intensas y estrés dentro de la familia -o de algún suceso externo o de interacciones que producen frustración entre el niño y sus padres- que tuvieron lugar durante el periodo temprano de desarrollo en el que el niño debería haber estado desarrollando un sentido coherente del yo como masculino o femenino. La evidencia es ofrecida por los autores de Gender Identity Disorder and Psychosexual Problems in Children and Adolescents.

Los autores, Kenneth Zucker y Susan Bradley, describen las características más comunes de chicos con DIG: evitan los juegos de peleas, tienen progenitores que fracasaron en desalentar las conductas de cruce de género y un padre aislado. Temperamentalmente, dicen estos autores, el niño con problemas de género  probablemente es particularmente sensible a los estados de ánimo de sus progenitores porque nació con una naturaleza reactiva y sensible que no maneja bien las situaciones estresantes y desafiantes. Este es probablemente el mismo factor del temperamento que hace que los chicos con problemas de género eviten los juegos de peleas. Estos niños se sienten generalmente inadecuados como hombres, tienen problemas para interactuar con sus compañeros varones y tienden a interpretar cualquier crítica como rechazo. Otros factores específicos dentro de este grupo de niños pueden ser que no suelen ser atractivos, dicen Zucker y Bradley, y que tienen sensibilidades sensoriales altamente desarrolladas. [27]

Las madres de estos chicos, dicen los autores, se sienten a veces particularmente amenazadas por la agresión masculina, por lo que desalientan la conducta bulliciosa y la agresión normal. Fuera de su propia necesidad intensa de cuidar y de ser cuidadas, muchas de las madres estimularon en sus hijos el tipo afeminado y las conductas recíprocas de cuidarse.

Los padres, dicen los autores, tienden a ir a la par con la tolerancia de sus esposas con respecto a la conducta de cruce de género, a pesar de su propia inquietud interna sobre lo que ven que está sucediendo. Dicen que este tipo de padre tiene dificultad para expresar sus sentimientos y se siente inadecuado emocionalmente.  Estas inadecuaciones hacen que le resulte difícil conectar y ayudar activamente a un hijo con problemas. Un padre así trata los problemas familiares retirándose, trabajando largas horas y distanciándose.

En esos casos, los autores creen que "la valoración que los progenitores hacen de su hijo como varón y el desaliento de las conductas de cruce de género permiten un abandono gradual de la exclusión defensiva y que se solidifique cierta confianza en una identidad del mismo sexo." [28]

 

PADRE E HIJO: UNA RELACIÓN SOBRE EL TERRENO

Recomiendo cuatro ejemplos de actividades para padres que quieren desarrollar relaciones más estrechas con sus hijos.

1.- La agresión física con el padre es una buena forma de superar la timidez relacionada con los chicos con problemas de género. Más importante, es un medio efectivo por el que el padre puede unirse a sus hijos. Esto se puede hacer en una alfombra del salón o en una habitación de la familia. El objetivo es estimular un poco del "chico salvaje" para que se abra camino. "Haciéndose el débil" el padre permite que el hijo se sienta duro, fuerte y agresivo.

2. Ducharse con el padre es bueno para los niños pequeños y a veces puede incluir a los hermanos. Se comienza mejor cuando el niño es pequeño porque cuando los chicos llegan a la pubertad tendrán vergüenza de estar desnudos con el padre por primera vez (algunos padres también pueden sentirse incómodos con esta actividad, dependiendo de la actitud hacia el nudismo que tengan en su casa.). Ducharse con el padre y otros hombres de la casa alienta una identidad común, relajada y basada en la anatomía, y destruye la fascinación y sentido del misterio sobre la anatomía masculina que producirá erotismo masculino cuando llegue la pubertad.   

3. Las salidas fuera de casa el padre y el hijo solos son de gran ayuda; incluso los paseos rutinarios a la tienda o a poner gasolina al coche (dejando que el chico sea quien la ponga). Estas salidas rápidas pueden transmitir un sentimiento de comunión especial. Comprarle un helado al hijo y establecer con él un debate sobre algo que disfrute hace que el paseo sea divertido.

4. A la hora de acostarse, el padre debería ser la última persona en hablar con el  hijo en la cama. Mientras que la madre puede participar, el padre debería ser la última persona que le dé las buenas noches y que apague las luces. Especialmente para los niños más pequeños, el momento de irse a dormir puede traer sentimientos de vulnerabilidad y ansiedad que les muestra en dependencia e incluso pegajosos. El padre debe ser el que proporcione confort emocional y seguridad tras un momento de oración al lado de la cama, lectura de la Biblia o conversación.

Algunos niños con problemas de género puede que al principio tengan dudas de si tomar parte en esas actividades de padre-hijo pero son importantes. Mis clientes homosexuales adultos pocas veces afirman que han compartido estas actividades con sus padres.

        Se debería estimular a los padres a tener contacto físico y a comprometerse en alguna actividad física con sus hijos. Pongo mucho énfasis en zarandear, porque la conexión normal en la infancia con los hombres es la que usualmente les ha faltado a mis clientes homosexuales adultos. Los hombres y los chicos conectan mejor haciendo cualquier clase de competición física o compartiendo actividades, por lo que si la experiencia es divertida, facilitará el vínculo padre-hijo. Juegos de peleas, como puede ser luchar, es muy importante entre padre e hijo.

Si existe una incapacidad física que afecte al padre, no debería ser en detrimento del desarrollo del hijo. Si el padre puede demostrar afecto físico pero no puede participar en juegos de peleas, quizás esa clase de actividades pueda llevarlas a cabo con un hermano  o con algún otro.

        Muchos de los hombres a los que oriento, cuando entran en la terapia ya adultos, describen sentirse atraídos sexualmente por las luchas. Son incapaces de participar en ese deporte normal masculino sin la intrusión del erotismo. En efecto, muchos anuncios de contactos de los periódicos gays buscan un "hombre con el que luchar." Lo que debería ser una actividad competitiva normal, saludable y carente de erotismo,  es convertida por los gays en una conducta erotizada. Y el origen de esta distorsión es la necesidad insatisfecha de contacto masculino sano. Como nos dice Richard Wyler:

        El mensaje cultural es claro: los hombres auténticos no se tocan. Desafortunadamente, este tabú es transferido con frecuencia a padres e hijos, incluso cuando los niños son todavía muy pequeños, y a hermanos y amigos íntimos. Los hombres de nuestra cultura parecen tener miedo de ser percibidos como homosexuales o incluso de "hacerse" o de "hacer" a alguien más homosexual abrazándole, sosteniéndole o tocándole. Pero a lo que más le tienen miedo es a lo que están creando: una sociedad de niños privados de contacto físico que crecen deseando sentirse abrazados por un hombre.

Si la necesidad de ser tocado y sostenido no se satisface en la infancia, no va a desaparecer simplemente porque un niño se haga hombre. Para nosotros, el deseo era tan primario, y fue negado durante tanto tiempo, que algunos de nosotros buscamos sexo con un hombre cuando todo lo que de verdad necesitábamos era alguien que nos sostuviese. Simplemente no sabíamos qué más hacer para recibir el trato no sexual que deseábamos. (www.peoplecanchange.com)

       

La necesidad que tiene un chico de contacto físico con su padre nunca se puede exagerar. Uno de mis pacientes homosexuales compartió conmigo un recuerdo de la infancia del deseo del contacto amoroso con su padre:

Visitábamos a mi padre durante las vacaciones de verano en Appalachia. En esas noches calurosas y de bochorno, él se tumbaba en el sofá sin la camisa, leyendo esas novelas de aventuras rústicas. Recuerdo estar tumbado a su lado, tocando su estómago peludo. Recuerdo intentar llamar su atención sin hacerle enfadar pero estaba muy metido en su lectura. Ahora me doy cuenta de que mis actividades homosexuales han sido todas por el deseo de conseguir ese tipo de contacto con mi padre.

 

A veces, al intentar establecer mayor intimidad física, estos chicos intentan tener contacto físico con sus padres, pero sus padres dicen: "No me parece bien." Un padre puede decirme que cuando su hijo afeminado le abraza se siente un poco incómodo, casi romántico o seductor. "Parece la forma en que una hija abrazaría a su padre." Le aconsejo crear una clase diferente de abrazos y conexión que sea cálida y real pero también masculina y respetuosa de género y límites generacionales.

Una reacción de un niño fuertemente negativa a los intentos de usted de afirmar su verdadero género es una indicación de que debe buscar asesoramiento profesional. Los síntomas por los que debería buscar guía y asistencia profesional incluyen tristeza prolongada, ira, daño, resentimiento, ansiedad y preocupación con miedo.

 

MÁS ALLÁ DE MAMÁ Y PAPÁ

Los progenitores necesitan no sentirse solos y desamparados en sus esfuerzos de asistir a su hijo con problemas de género. Con demasiada frecuencia, la vergüenza les impedirá pedir ayuda a otras personas significativas para que se impliquen en la vida de su hijo. Tomemos un momento para considerar quién, además de la madre y del padre, pueden ayudar al chico.

Los hermanos menores suelen no tener mucha influencia pero los mayores sí. Generalmente, un chico con DIG es muy cercano a su hermana mayor; puede que incluso la idolatre. Si la hermana es bastante madura, se le puede animar a que apoye los esfuerzos de los padres. La fuerte influencia de la chica mayor en el niño puede ser de gran ayuda para su confianza masculina.

Los hermanos mayores son también muy importantes. En el transcurso de su carrera, Freud trabajó con sólo un pequeño grupo de homosexuales. Pero dijo que si un homosexual tiene un hermano mayor, con frecuencia le tendrá miedo y su relación será hostil. He visto esto confirmado una y otra vez. El homosexual suele percibir a su hermano mayor, al igual que a su padre, con resentimiento y temor. El miedo a los demás hombres, puede, de hecho, convertirse en una fuerte preocupación.

Muchos de mis clientes recuerdan: "Yo era el hijo de mamá pero mi hermano era el hijo de papá." Es una división tácita: "Mi padre y mi hermano estaban juntos por allí, y mi madre, mi hermana y yo estábamos por aquí." Por tanto, es importante conseguir que se implique el hermano mayor. Me ha sorprendido la colaboración de hermanos de trece años de edad. Sin explicar todas sus preocupaciones, usted puede buscar la implicación de un hermano mayor, que puede ser un apoyo poderoso en la construcción de la confianza masculina del niño con problemas de confusión de género. "Tu hermano no te facilitará que conectes con él," puede decirle, "porque es tímido y tiene problemas en sentirse cómodo con los demás chavales. Necesitamos que le ayudes a superarlo."

Traer parientes, amigos y vecinos al tratamiento para un chico con débil estima de género ampliará el campo de jugadores y descargará a los padres de intentar hacerlo todo ellos. Unas pocas pero discretas palabras sobre la situación (el niño "está teniendo problemas en sentirse como un chico más"), junto con una petición de modelar el rol masculino y de ayuda en la implicación en los deportes, pueden hacer que se produzca una gran diferencia.

Un entrenador atlético puede jugar un rol importante, incluso central en el proceso de curación. Los padres deberán explicar sus preocupaciones particulares al entrenador. Un entrenador colaborador y comprensivo, ya sea de kárate, natación, fútbol, de la Pequeña Liga o de cualquier otro tipo de deporte, puede añadir una dimensión extra positiva al esfuerzo de equipo que los padres están intentando crear. Los chicos necesitan figuras masculinas en sus vidas que sean fuertes pero amables,  pacientes y estimulantes.

Los maestros también juegan papeles clave en el esfuerzo. Generalmente, cuando el colegio envía un niño a un psicólogo para un tratamiento es porque la conducta del niño ha creado una disrupción en la clase. Sin embargo, la mayoría de los niños con problemas de género son los "buenos chicos" que nunca llaman la atención negativamente. Desafortunadamente, no se les enseña a los maestros a identificar los signos sutiles de confusión de género. Sin embargo, creo que es importante que usted les cuente sus preocupaciones a los maestros. No es necesario que utilice la palabra "homosexual". El sintagma "asuntos de género" o incluso "baja estima de género" es suficiente.

Aunque el maestro tenga ideas políticamente correctas, los mejores instintos y el sentido común suelen anularlas y colaborará con usted. Es sorprendente ver cuántos maestros cooperan con padres preocupados. 

Comience explicando: "Queremos que nuestro hijo tenga mejores relaciones con los niños. Estamos en consulta con un orientador ahora mismo y nuestro plan de tratamiento necesita de su ayuda. ¿Puede ayudar a nuestro hijo a que juegue con los niños y a que disminuya sus actividades afeminadas?

Esta red de apoyo es la clave para la prevención de la homosexualidad. De hecho, a la necesidad de amistades con los demás niños nunca se la enfatizará demasiado. Aparte de la evidente importancia del padre, seguida de la madre y de la familia, puede que otros niños demuestren ser la gente más indispensable para su proceso de curación.

En el siguiente capítulo, veremos la importancia de los amigos varones en la vida del niño con problemas de género.

Este artículo es el Capítulo 4 del libro de J. Nicolosi: "Guía de padres para prevenir la homosexualidad", en: Pincha aquí

 



 

[1] Richard Green, The "Sissy Boy Syndrome" and the Development of Homosexuality (New Haven, Conn.: Yale University Press, 1987).

[2] "Child Psychiatrist Encourages Gender Blending," NARTH Bulletin, agosto 1998, p. 11.

[3] I. Bieber et al., Homosexuality: A Psychoanalytic Study of Male Homosexuals (Nueva York: BasicBooks, 1962). Véase el capítulo 6, "The Triangular System."

[4] Jack Nichols, The Gay Agenda: Talking Back to the Fundamentalist (Nueva York: Prometheus, 1996), p. 112.

[5] Richard Fitzgibbons, "The Power of Peer Rejection," NARTH Bulletin, agosto 1997, p. 3.)  

[6] Bieber et al., Homosexuality; R. Evans, "Childhood  Parental Relationships of Homosexual Men," Journal of Consulting and Clinical Psychology 33 (1969): 129-135; Judd Marmor, "Overview: The Multiple Roots of Homosexual Behavior" in Homosexual Behavior: A Modern Reappraisal, ed. J. Marmor (Nueva York: BasicBooks, 1980), p. 20-21; C. Socarides, The Overt Homosexual (Nueva York: Grun & Stratton, 1968)

[7] Anita Worthen y Bob Davies, Someone I Love Is Gay (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1996), p. 119.

[8] R. Stoller, "Healthy Parental Influences on the Earliest Development of Masculinity in Baby Boys," Psychoanalytic Forum 5 (1975): 232-262.

[9] J.E. BATES et al., « Gender Abnormalities in Boys: An Analysis of Clinical Ratings, » Journal of Abnormal Child Psychology 2 (1974): 1-16.

[10] S. Coates and E. S. Person, "Extreme Boyhood Feminity: Isolated Behavior or Pervarsive Disorder?" Journal of the American Academy of Child Psyquiatry 24, nº 6 (1985): 702-709; G.A. Rekers y J.J. Swihart, "The Association of Identity Disorder with Parental Separation," Psychological Reports 65 (1989): 1272-1274; Bieber et al., Homosexuality; M. Saghir y E. Robins, Male and Female Homosexuality (Baltimore: Williams & Wilkins, 1973).

[11] G.A. Rekers et al., "Family Correlates of Male Childhood Gender Disturbance", Journal of Genetic Psychology 142 (1983): 31-42.

[12] Gregory Dickson, "Enviromental Factors and the Development of Male Homosexuality" (tesis doctoral, Fuller Theological Seminary, 1977).

[13] S. Fisher y G. Greenberg, Freud Scientifically Reappraised: Testing the Theories and Therapy (Nueva York: Wiley, 1996), p. 135; véanse las páginas 135-139 para discusión de madres y padres.

[14] Rock Hudson y Sara Davidson, Rock Hudson: His Story (Nueva York: William Morrow, 1986), p. 130.

[15] Andrew Sullivan, Virtually Normal (Nueva York: Alfred A. Knopf, 1995), p. 9.

[16] Judy Shepard en una carta fund-raising sent out on behalf of P-FLAG, 2000.

[17] Bieber et. al., Homosexuality, corrobora esta observación.

[18] Kenneth Zucker y Susan Bradley, Gender Identity Disorder and Psychosexual Problems in Children and Adolescents (Nueva York. Guilford, 1995).

[19] R. Green, Sexual Identity Conflict in Children and Adults (Nueva York: BasicBooks, 1974); Green, "Sissy Boy Syndrome"; C. W. Roberts et al., "Boyhood Gender Identity Development: A Statistical Contrast of Two Family Groups," Psycology 23 (1987): 544-557.

 [20] J. Money y A. Russo, "Homosexual Outcome of Discordant Gender Identity / Role in Childhood: Longitudinal Follow-up," Journal of Pediatric Psycology 4 (1979): 29-41.

[21] P. R. Miller, "The Effeminate, Passive, Obligatory Homosexual" AMA Archives of Neurology and Psychiatry 80 (1958). 612-618.

[22] Green, Sissy Boy Syndrome; Zucker y Bradley, Gender Identity Disorder.

[23] Green, Sexual Identity Conflict.

[24] Fitzgibbons, "Power of Peer Rejection," p. 3.

[25] Joseph Nicolosi, "Fathers of Male Homosexuality: A Collective Clinical Profile," NARTH Bulletin, abril 1997, p. 7.

[26] Philip Gambone, "Not Crying for Dad," James White Review, primavera 2000, p. 5

[27] Kenneth Zucker y Susan Bradley, Gender Identity Disorder and Psychosexual Problems in Children and Adolescents (Nueva York: Guilford, 1995).

[28] Ibid., p. 263. 

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