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Es posible el cambio

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Afrontar la adolescencia . J. Nicolosi

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El mundo gay es muy salvaje y tiene mucho de

escenario de fiestas.

Si pudiera mantenerme alejado del sexo y tener sólo los amigos íntimos

 que siempre he estado buscando... ¿Será posible?

 

Un chico de quince años

 

 

¿Qué padre, maestro, amigo o pastor animaría a un niño a dedicarse a una conducta amenazadora para la vida?

Bob Davies, Exodus International

 

 

La voz de la madre de Keith sonó entrecortada al otro lado del teléfono: "Estoy muy preocupada, Dr. Nicolosi. Mi hijo ha estado hablando por Internet con un chico mayor que él. Keith tiene ahora quince años y, después de leer algunas de las cosas que ha estado escribiendo a este joven, me temo que, bueno... puede que esté comenzando, hummm, algo parecido a una relación de tipo homosexual. No sé qué hacer. ¿Puede ayudarme?".

El muchacho con poca estima de género alberga expectativas secretas e irreales con respecto a la amistad masculina. Busca una intimidad emocional intensa y una dependencia mutua y profunda. Su necesidad o se separa del otro muchacho o toma el camino contrario, cruzando la línea del erotismo mutuo.

Keith no quería venir a verme. Se resistía a la idea de una terapia. Su madre, como tantas otras, había realizado una gran labor de investigación. Fue después de encontrar uno de mis libros en la biblioteca pública y de caer en la cuenta de que mi gabinete estaba cerca cuando decidió llamarme. Y, aunque ella y el padre de Keith estaban ansiosos por que recibiera ayuda, tenían dudas de que la terapia pudiera ayudarle.

Finalmente trajeron a Keith a la terapia. Éste llegó a mi gabinete enfadado, a la defensiva y suspicaz. Le indignaba que sus padres estuvieran "forzándole" a cambiar. Y estaba profundamente herido porque no respetaban sus sentimientos ni le aceptaban como él creía ser realmente.

Antes de encontrarnos por primera vez, Keith me envió el siguiente e-mail. Podemos ver aquí su ira por el control y la manipulación ejercidos por los adultos en el poder:

"No confío en usted, no le respeto, y maldita la gracia que me hace tener que entablar cualquier tipo de relación con usted. Usted personifica todo aquello que justo ahora NO NECESITO en mi vida. Mi forma de verle, buena o mala, es crucial y esencial para toda relación orientador-cliente. Estoy hastiado y cansado de que mis sentimientos, emociones y pensamientos no sean respetados por mi edad, mi supuesto nivel de madurez o mi orientación sexual. Si vamos a trabajar juntos, mis sentimientos y mi realidad DEBEN ser respetados.

Usted se sienta ahí analizándome a mí y a todo el que va a su gabinete. ¿QUIÉN ES USTED? ¿Qué le ha dado a usted ese derecho? ¿El título que cuelga de la pared? ¿Su "experiencia" pasada? ¿Esos hombres que supuestamente ha convertido a la heterosexualidad? Nada de eso me da la impresión de que yo esté seguro permitiéndole cualquier tipo de control sobre mi vida".

A pesar de su enfado y de sus sospechas, Keith decidió venir a verme sólo para una sesión. Me di cuenta de que Keith admiraba realmente a Luke, el chico mayor (de veinticuatro años) con el que había mantenido correspondencia. Luke era el solista de una banda de rock y Keith necesitaba que alguien escuchara y respetara sus sentimientos profundos de atracción por este admirado joven.

Me pasé nuestra segunda sesión demostrándole que podía darle lo que sus padres no podían: podía comprender y afirmar la validez de sus sentimientos por Luke. Estaba claro que esta falta de validación de sus sentimientos era la primera fuente de la herida de Keith y de su enfado hacia sus padres. De hecho, podía decir con honestidad que comprendía sus sentimientos de amor, admiración y atracción sentimental que experimentaba profundamente. Luke era la clase de muchacho que Keith admiraba y deseaba poder ser. Mi comprensión de los sentimientos de Keith por Luke sería el fundamento sobre el que construir una relación de confianza.

En nuestra segunda sesión, Keith expresó su enfado porque sus padres le habían prohibido ver a Luke. Intentando separar necesidades emocionales de sentimientos sexuales, le pregunté: "Así que dime, Keith, ¿qué te gustaría hacer con Luke si tuvieras completa libertad?"

Lo pensó por un momento con una sonrisa ansiosa en su rostro. Finalmente dijo: "Todo lo que me gustaría hacer es ir con él en coche por la autopista de la costa del Pacífico. Bajaría las ventanillas y escucharíamos juntos la radio a todo volumen". Pensándolo más, añadió: "Lo que realmente deseo es ir juntos y que yo sea el mejor amigo de Luke".

"¿Te imaginas," continué, "que Luke te dijera: ‘Keith, me gustas como amigo, de veras, eres mi mejor amigo, pero en realidad no deseo hacer nada sexual. Eso es lo único que no me interesa. Seamos buenos amigos; hagamos cosas juntos'? Keith, si Luke te propusiera eso, ¿sería suficiente para ti?"

Asintió rotundamente: "¡Por supuesto!".

Darse cuenta de esto fue crucial para Keith. Después pude proporcionarle una imagen del tipo de relación que, según creía yo, estaba buscando, algo que él veía equivocadamente como una prueba de que debía haber "nacido gay". De ello resultó que su ira hacia sus padres surgía del hecho de que no aceptasen sus sentimientos: sus sentimientos románticos, idealizados, de dependencia incluso, por Luke. Aunque el sexo también le parecía divertido y excitante, eran esas necesidades de vínculo profundamente imperiosas las que llevaban a Keith a creer que era gay.

Después le pedí a Keith que hiciese un dibujo de sí mismo. Podemos aprender bastante de su autorretrato. Keith se dibujó a sí mismo como una figura casi grotesca, reflejando su percepción de sí mismo como alguien que no podía ser tomado en serio (un varón débil, inútil; vemos una figura de una persona casi andrógina),un carácter unidimensional, lo cual es un típico auto-concepto de muchos adolescentes que tienen problemas de homosexualidad. Esto refleja su idea de sí mismo como carente de masculinidad, individualidad y madurez emocional.

Aunque Keith no tenía amigos íntimos varones, sí tenía algunas amigas íntimas, la más cercana de las cuales era Annette. "Siempre está ahí cuando la necesito", explicó. Yo sabía que Keith necesitaba algunos amigos varones heterosexuales, colegas en vez de confidentes femeninas como Annette. Como muchos otros muchachos en una situación similar, Keith era poco deportista y tenía recuerdos embarazosos de sus primeros intentos por competir.

Muchos de sus problemas de identidad sexual se confundían con problemas de identidad y competencia personal. "¿Quién soy yo?" era el tema que se repetía en nuestras primeras sesiones. Le preocupaba su apariencia y, en la búsqueda de auto imagen, Keith buscó aceptación en grupos de jóvenes que compartían su interés por la música heavy metal. Pronto se dio cuenta de que su preocupación por una imagen exterior perfecta era una defensa contra algunas experiencias dolorosas de su primera adolescencia, comenzando con su padre e incluyendo a otros chicos.

Con el paso de los meses, Keith empezó no sólo a comprender sino a experimentar de nuevo el miedo profundo al rechazo de otros varones. Llegó a ver cómo su herida emocional estaba conectada con la dependencia de su amigo. Luke, ahora era obvio, era una versión idealizada de Keith. Luke era físicamente y en personalidad lo que Keith deseaba poder ser. Bajo los sentimientos de admiración de Keith, sin embargo, la envidia se introducía inevitablemente en la relación.

Durante esos meses siguientes, después que hubieron pasado más tiempo juntos, Keith llegó al final a decepcionarse ─literalmente a "des-ilusionarse"─ de Luke. El joven, como Keith había descubierto por entonces, "tenía sus propias inseguridades".

Poco tiempo antes de hacer este descubrimiento, Keith entabló amistad con dos varones heterosexuales. Continuó creciendo en su habilidad para evaluar honestamente sus motivaciones y estaba claro que realizaba un significativo progreso. Entonces, pocos meses después, un breve encuentro sexual con otro chico le hizo ver a Keith con más claridad incluso que "lo que realmente deseaba no era sexo". Empezó a ver sus sentimientos homosexuales que le quedaban como "una señal de otras necesidades", y terminó finalmente la terapia con auto-comprensión y herramientas para encarar directamente esas necesidades, que le ayudarían a evitar erotizar futuras relaciones masculinas.

EL LARGO Y DURO CAMINO HACIA LA ADOLESCENCIA

La adolescencia es un tiempo de dinámica emocional, de crecimiento físico y de transformación de la identidad personal. Es un tiempo de discernimiento entre valores en conflicto y de deshacerse de algunas influencias de los padres. Es un tiempo de absorción e integración de los valores de los compañeros, sociales y culturales. Desarrollar un sentido de sí mismo como adulto en el mundo, como persona autónoma en la sociedad, es el desafío principal de la adolescencia.

Los adolescentes en conflicto con sus sentimientos sexuales deben afrontar ahora este problema directamente. Durante la adolescencia no pueden evitar por más tiempo los conflictos eróticos que han suprimido o negado. Pueden comenzar experimentando en los salones de chats gays de Internet, la pornografía on-line, el teléfono erótico y, finalmente, la conducta homosexual, en una búsqueda de afirmación masculina.

Durante esta etapa de transición crítica es cuando el joven puede perderse más fácilmente. En la cultura actual, los adolescentes son animados activamente a cuestionar a veces su sexualidad y experimentar con ella. Un psicólogo escolar de Virginia del Norte me dijo recientemente que el número de casos de adolescentes que informaban de crisis de identidad sexual se había duplicado en un año.[1] Otros muchos orientadores escolares dicen ver un creciente número de estudiantes que creen ser bisexuales u homosexuales.

Un reciente estudio en la Journal of Sex Research ha revelado un aumento sorprendente de la experimentación y actividad homosexuales. Según este estudio, el porcentaje de mujeres de los EE.UU. que dice haber tenido sexo recientemente con otra mujer ha crecido una quinceava parte en la década de 1988 a 1998. Los casos entre los varones americanos se duplicaron en la misma década. El número de varones que dijeron haber practicado recientemente sexo gay creció de un 2% en 1988 a un 4% en 1998, mientras que el porcentaje entre las mujeres se ha disparado de un 0'2% en 1988 hasta cerca de un 3% diez años después[2].

Las imágenes de la vida gay en la televisión han influido en estimular esta experimentación homosexual. Las imágenes positivas de gente gay en los medios, dice la autora del estudio, han hecho más fácil a la gente el reconocimiento de su interés sexual hacia el mismo sexo y el llevarlo a la práctica. Observa que parte de este incremento es debido probablemente a personas heterosexuales implicadas en la experimentación.

 

LA IDENTIDAD GAY SE PONE DE MODA

Mi propio trabajo clínico ha reflejado también una creciente proporción de jóvenes adolescentes que se cuestionan su orientación sexual. Chavales de 13, 14 y 15 años les confiesan cada vez más a sus padres que son gays. Una transición que solía tener lugar en los tardíos veinte, a veces más tarde, ahora tiene lugar en la temprana y mediana adolescencia. Cada vez más adolescentes salen del armario ante sus amigos y sus padres. Esto es sin duda debido a la presencia de la identidad gay como algo de moda y contracultural.

Hace pocos años apareció un provocativo artículo en el New York Times que describía una reunión de padres y profesores en el colegio Spence, un enclave privado con vistas a Central Park, donde un grupo de chicas de octavo curso se habían declarado bisexuales. El colegio contrató a un psiquiatra formado en Harvard, el doctor Justin Richardson (que era gay) para tranquilizar a los padres diciéndoles que la experimentación lesbiana es común en la adolescencia. [3]

Un número de adolescentes pequeño pero creciente "ha salido del armario" en estas escuelas o dicen al menos que la bisexualidad está de moda. Presentaron al doctor Richardson ─que es descrito como "selecto, prudente y decididamente inofensivo"─ como "orientador de elección" del colegio en temas gays dado que era "sano y claro", de acuerdo con el director del colegio.

El doctor Richardson dijo a los padres que advirtiesen a sus hijas ya desde los nueve años que ellas también podrían tener sexo en el futuro con otras chicas. "Es una buena idea", dijo, "mencionar que la gente puede tener en ocasiones sexo con miembros del mismo sexo, y que cuando crezcan pueden tener amigas que hagan eso. Y que puede ser algo que ellas mismas hagan".

La madre de una niña de séptimo expresó algunas revelaciones sagaces tras la reunión con el doctor Richardson. "Parece como si presentase la homosexualidad como la cosa casi más guay que podrían hacer. (...) Los colegios de chicas (...) se enorgullecen de eso de que ‘las chicas pueden hacerlo todo', casi hasta el punto de ‘¿quién necesita a los hombres?'".

El doctor Richardson asiente en que los estudiantes le dicen con frecuencia que "la bisexualidad está de moda". De hecho, los problemas gays y bisexuales proporcionan a los estudiantes una llamada contracultural para su rebelión adolescente.

 

¿ES LA HOMOSEXUALIDAD UNA VARIANTE NORMAL DE LA NATURALEZA HUMANA?

Pero, ¿la homosexualidad es algo que se es, como ser asiático o anciano o negro, o es algo que se hace, como abusar de la comida o del alcohol?

Los activistas hablan del movimiento de los derechos gays como un movimiento de derechos civiles, lo cual llama en gran medida a la rebelión a los adolescentes. Los activistas igualan la homosexualidad, que es una condición psicológica, con la raza y la etnia, que son cualidades innatas y moralmente neutras. Pero, en realidad, "homosexual" no describe en absoluto "lo que una persona es" más de lo que lo haría cualquier otra tendencia de conducta. ¿No sería absurdo decir "lo que en realidad soy es vergonzoso, o bullicioso, o alcohólico"? No identificamos a una "persona" mediante sus rasgos psicológicos o de conducta para insistir después en que nadie critique esos rasgos o conductas.

El movimiento gay ha modificado el debate pasando de la conducta a la identidad, colocando a los oponentes en una posición en que parecen atacar los derechos civiles de los homosexuales. Los activistas tienen éxito al hacer esta identificación mediante una cuidadosa elección de las palabras, refiriéndose a los que tienen atracciones homosexuales como a "una minoría sexual", "un colectivo" y "una comunidad".

Muchos progenitores se sienten confundidos también por las reivindicaciones del activismo gay. Se les hace sentir culpables y atrasados por intentar animar a sus hijos a la heterosexualidad. Los esfuerzos por promover la heterosexualidad en sus hijos pueden parecer indirectamente opuestos a los derechos civiles gays, ya que la homosexualidad, se dice, define a la persona.

 

ADOLESCENTES GAYS, SUICIDIO Y PROBLEMAS DE SALUD MENTAL

Los adolescentes disfrutan poniendo de relieve la rigidez de la generación anterior, especialmente cuando pueden relacionar su rebelión con una lucha por la libertad, la autodeterminación y la justicia con una minoría en desventaja. Pero la verdadera lucha a la que tienen que hacer frente los adolescentes gays es mucho menos romántica.

Numerosos estudios muestran que los jóvenes involucrados en la homosexualidad padecen un mayor grado de problemas psiquiátricos y de conducta que los jóvenes heterosexuales. Estos problemas incluyen el consumo del alcohol y las drogas, intentos de suicidio, problemas con la ley y mayor índice de huidas de casa.[4] Un estudio reciente encontró una "evidencia convincente" de que los jóvenes gays y bisexuales tienen índices altos de trastorno de ansiedad generalizada, depresión mayor, pensamientos suicidas e, incluso, dependencia de la nicotina.[5] Los chicos afeminados, en particular, sufren un alto nivel de problemas psiquiátricos, incluido un profundo sentido de inferioridad.

Cuando los estudios se consideran globalmente, queda claro que un adolescente que se auto-identifica como gay tiene un alto riesgo de infección por VIH o por otras enfermedades de transmisión sexual; de problemas psiquiátricos, incluyendo las ideas suicidas; y las conductas autodestructivas, tales como el consumo del alcohol o las drogas y la prostitución. Aunque la opresión social puede ser considerada como un factor contribuyente, ninguna investigación ha probado que estos alarmantes problemas se deban sólo a la opresión social. El hecho de que estos problemas no disminuyan en ciudades favorables a los gays, como San Francisco, ni en países tolerantes con los gays, como Holanda, apoya el punto de vista de que se trata de factores que operan intrínsecamente a la condición homosexual.

Los activistas que llevan "programas de colegios seguros" a los colegios públicos con frecuencia obtienen apoyo utilizando cifras que muestran que una tercera parte de los adolescentes gays intentan acabar con sus vidas.[6] Los que proponen estos programas afirman que el problema de los intentos de suicidio sólo se remediará cuando la sociedad dé su visto bueno a la homosexualidad. A pesar de las estadísticas infladas e imprecisas que usan estos programas, es cierto de hecho, como hemos dicho, que los adolescentes que se identifican como gays tienen un mayor riesgo de padecer muchos problemas psiquiátricos. Por tanto, es importante examinar los factores contribuyentes.

Un equipo de investigación dirigido por Gary Remafedi comparó a un grupo de adolescentes gays y bisexuales que habían intentado el suicidio con un grupo de adolescentes gays y bisexuales que no lo habían hecho. En el 44% de los casos, los sujetos atribuyeron su intento de suicidio a "‘problemas familiares', incluyendo conflictos con miembros de la familia, discordias matrimoniales entre los padres, divorcio o alcoholismo".[7] De hecho, se sabe desde hace tiempo que la homosexualidad está relacionada con estructuras disfuncionales en la familia de origen. [8]

La afirmación de que los intentos de suicidio se deben sólo (o principalmente) a la opresión de la sociedad parece ser una explicación simplista para un problema mucho más complicado. El estudio de Ramafedi descubrió que los adolescentes gays que intentan suicidarse con más probabilidad son aquellos que también han sufrido gran cantidad de otros problemas complicados, incluyendo los siguientes:

* Hogares rotos. Sólo el 27% de los que intentaron suicidarse tenía padres casados (en comparación con el 50% de los que no lo intentaron).

* Abuso sexual. El 61% de los que lo intentaron había sufrido abuso sexual (en comparación con el 29% de los que no lo intentaron).

* Auto identificación temprana como gay. Aquellos que se manifestaron como homosexuales o bisexuales a una edad más temprana tenían un riesgo más alto de suicidio.

* Actividad sexual precoz. Los adolescentes que intentaron suicidarse se hicieron sexualmente activos siendo inusualmente jóvenes.

* Consumo de drogas ilegales. El 85% de los que lo intentaron habían consumido drogas ilegales (aunque el 63% de los que no lo intentaron también había consumido esas drogas).

* Actividades ilegales. El 51% de los que lo intentaron habían sido arrestados (en comparación con  sólo el 28% de los que no lo habían intentado).

* Prostitución. El 29% de los que lo intentaron había estado involucrado en la prostitución (en comparación con  el 17% de los que no lo intentaron).

* Conflictos de género. Más de un tercio (36'6%) de los varones que intentaron suicidarse fueron clasificados como afeminados, mientras que sólo el 17'7% de los que no lo intentaron fueron clasificados así.

 

EL CHICO AFEMINADO CORRE MÁS RIESGO.

Estas estadísticas sugieren que los adolescentes que se identifican como gays, en general están relacionados en un grado alarmante con el consumo de drogas y la actividad sexual precoz. Los adolescentes con orientaciones homosexuales clasificados como "afeminados" corren un riesgo más alto de intento de suicidio, consumo de drogas, prostitución, arrestos y, como consecuencia, problemas de salud letales relacionados con el sexo anal sin protección.

"La tragedia", como explica acertadamente la autora de The Gender Agenda, "es que los chicos que aprenden a sentirse bien con su condición de muchachos tienen mucha menos probabilidad de ser chivos expiatorios y de sufrir un rechazo por los compañeros que les aislaría del contacto con su propio género y les privaría de experiencias de vínculo masculino normal". Dice ella:

"Es posible el tratamiento para estos chicos, pero en cambio los psicoterapeutas ofrecen con frecuencia el planteamiento políticamente correcto de ‘aceptarse a uno mismo como gay' en vez de abordar el problema de fondo de la alienación de género.

A los padres preocupados por la pre-homosexualidad de sus hijos se les dice que no se preocupen, que no hay tratamiento posible y que el niño está destinado genéticamente a ser gay (a pesar de que los investigadores científicos saben que la homosexualidad es debida probablemente a una combinación de rasgos temperamentales, tales como la sensibilidad o la evitación de riesgos, influencias ambientales, modelos aprendidos de conducta, y que no es simplemente ‘innata' ni está predeterminada como el color de los ojos. (...)

La estadística revela que el 61% de los adolescentes que se auto-identifican como gays y han intentado suicidarse tenían una historia de abuso sexual. A veces un chico puede que no reconozca una experiencia sexual precoz como abuso sino que la vea como una confirmación de que es homosexual. Incluso los adultos pueden no ver el incidente como abuso cuando el abusador es un niño o adolescente de la misma edad. Una experiencia sexual con alguien del mismo sexo establece un patrón duradero de hábito sexual en un chico privado de atención, afecto y afirmación por parte de los de su mismo sexo.

Hoy las escuelas realizan graves advertencias sobre los peligros (comparativamente minúsculos) del tabaco, y las compañías tabacaleras han tenido que responder por daños en algunos casos. Algún día, quizá, los padres que han visto a su hijo morir de SIDA decidan demandar a su pediatra porque cuando llevaron al chico para tratar su DIG, se les dijo que no se preocuparan o que no podía hacerse nada. O quizá los padres de otro chico demandarán al sistema escolar que etiquetó a su hijo como homosexual irreversible y lo envió a un grupo gay de apoyo, donde contrajo el SIDA. En ambos casos, un diagnóstico y tratamiento apropiados podría haber evitado el resultado negativo". [9]

 

"MIRA A VER SI ESTA IDENTIDAD TE VA A LA MEDIDA": ABRIR LA PUERTA A LA CONFUSIÓN DEL ADOLESCENTE

Nuestros hijos están expuestos a un sistema de valores que dice que la homosexualidad es perfectamente normal, simplemente un complemento a la heterosexualidad. Pero como advierte el psiquiatra Jeffrey Satinover:

Las implicaciones de esta serie de valores en un chico impresionable, posiblemente confundido y, desde luego, lleno de curiosidad, son que no hay ninguna razón para salir e intentar comprobar si le va bien o no. Simplemente se ha abierto una puerta y un cierto número de personas atravesará esa puerta y se expondrá así a riesgos terribles a una edad en la que no se es realmente capaz de valorar los riesgos. (...) Un artículo reciente de una publicación psiquiátrica nos informaba de que el 30% de los varones homosexuales de 20 años será seropositivo o habrá muerto a los 30 años". [10]

La experimentación homosexual puede provenir de sentimientos normales de encaprichamiento por un compañero, dependencia emocional, necesidad de pertenencia, búsqueda de placer o simple curiosidad. Puede ser una expresión de la ansiedad producida por el hacerse adulto y un medio de evitar los desafíos de las relaciones sociales heterosexuales. Un chico que se siente socialmente inadecuado, abrumado por la presión de las citas con chicas, o en conflicto con sus impulsos heterosexuales, puede también recurrir a la conducta homosexual por defecto.

La preocupación del adolescente por temas gays puede producirles a los padres una seria inquietud y requiere una intervención profesional adecuada. A veces, esta preocupación viene acompañada también por una aplastante culpabilidad, la auto-condena e incluso los deseos de suicidio, particularmente si vosotros, como padres, sois duramente críticos con las luchas de identidad de vuestros adolescentes. Debéis tomaros absolutamente en serio los pensamientos depresivos y suicidas de vuestros hijos o hijas. Pero creo que la respuesta apropiada es afirmar a vuestro hijo o hija como persona y reconocer la necesidad profunda del niño de apego emocional con el mismo sexo, al tiempo que nos abstenemos de decirle que sus atracciones sexuales son normales y deseables.

Cuando nos damos cuenta de cómo la experimentación con la conducta homosexual sirve para reforzar y profundizar la identidad gay, vemos la absoluta importancia de una intervención a tiempo. Hay un momento altamente favorable para emprender la reorientación de esas necesidades emocionales que subyacen a la conducta homosexual. Si no es tratada, la confusión sexual del adolescente se hace cada vez menos receptiva al tratamiento.

 

CÓMO SE DESARROLLA EL PROCESO DE IDENTIDAD SEXUAL DEL ADOLESCENTE.

A diferencia del tratamiento del niño pequeño, que se concentra en la identidad de género, el tratamiento en los años de la adolescencia se encuentra con dos problemas adicionales. El primero es tratar la conducta homosexual; el segundo es la cuestión de si el adolescente reivindicará o no la identidad gay.

Conducta homosexual.

La fase crítica del desarrollo que coloca el fundamento para la conducta homosexual se llama "fase de transición erótica".[11] Durante los primeros años de la pre-pubertad, las necesidades emocionales del mismo sexo y de identificación de género permanecen insatisfechas en el niño pre-homosexual. Con la llegada de la pubertad, las hormonas estimulan los intereses eróticos, y los sentimientos sexuales se dirigen entonces directamente a la satisfacción de las necesidades insatisfechas de amor.

Son precisamente esas necesidades emocionales y de identificación las que crean el carácter de impetuosidad que caracteriza al deseo homosexual. Mientras nada satisfaga esas necesidades infantiles, la conducta homosexual se desarrollará rápidamente como un modelo de hábito absorbente. La pornografía gay (a la que fácilmente se accede hoy en Internet) y el acceso a compañeros (encontrados fácilmente mediante el ligue) refuerzan esta dimensión adictiva de la conducta homosexual.

Identidad gay.

La cultura popular retrata la vida gay de modo favorable, incluso glamuroso. Muchos colegios tienen clubes y organizaciones gays y lesbianas, y programas de asesoramiento pro-gay que animan a todos los adolescentes que "dudan de su sexualidad" a probar una identidad gay o bisexual.

La experiencia eufórica de "salir del armario" ─de identificarse con una minoría oprimida que reclama justicia social─ apela a la sensibilidad romántica del adolescente. Especialmente para los jóvenes, que se sienten típicamente incomprendidos e inapreciados por los padres y figuras de autoridad, la noción de una subcultura en la que hay jóvenes igualmente oprimidos, "donde puedo ser aceptado por lo que realmente soy", es de un atractivo indescriptible.

Además, puesto que la subcultura gay otorga gran valor a la juventud, un joven que ansía pertenecer a ese mundo y que entra en él recibirá rápidamente una atención aduladora, especialmente por parte de los hombres gays de más edad.

Tradicionalmente, los profesionales de la salud mental han pensado que gran parte de la conducta homosexual adolescente era más bien una experimentación que un compromiso con una forma permanente de auto-identidad. Reconocieron que, para la mayoría de los adolescentes, las experiencias homosexuales representaban sólo un período de curiosidad en el desarrollo que finalmente sería descartada cuando los intereses heterosexuales empezasen a predominar. Y reconocían que, con una guía adecuada, el joven aclararía el significado real de sus deseos sexualizados.

Pero hoy, el deseo natural del adolescente de pertenecer a una comunidad que le acepte ─junto con la extraordinaria facilidad para conseguir sexo gay─ puede conducir rápidamente a cualquier joven confuso hacia una identidad profundamente gay. De hecho, bastantes clientes adultos homosexuales me han dicho que siempre asumieron que eran heterosexuales antes de su primera experiencia homosexual. Después creyeron que el placer experimentado en esa experiencia les había demostrado que eran gays.

Una encuesta nacional llamada Sex in America indica que mientras que sólo un 2 o 3% de los varones adultos es homosexual, entre un 10 y un 16% de todos los varones pasa por una fase homosexual al comienzo de sus vidas.[12] ¿Qué ocurriría si estos jóvenes hubiesen sido confirmados como "gays" por un orientador escolar o un programa gay durante su fase de transición?

Otro estudio más amplio halló que más de una cuarta parte de los jóvenes de doce años están inseguros acerca de si son heterosexuales u homosexuales. Este estudio, de 1992, entrevistó a 34.707 adolescentes de Minesota y fue publicado en la prestigiosa revista Pediatrics. [13]

Esto significa que un programa de asesoramiento escolar gay, que anima a la identificación y al apoyo de los adolescentes atraídos por el mismo sexo, se encontrará con que una cuarta parte de todos los preadolescentes sufren de hecho confusión de identidad sexual. Pero lo más alarmante de todo es que estos pre-adolescentes podrían ser identificados erróneamente como homosexuales si son afirmados como gays por un orientador a la edad de doce años.

Una razón para esta gran incidencia de la confusión de género, antes mencionada, es la exposición de los niños por parte de los medios de comunicación a imágenes gays sofisticadas. Las páginas web de Internet, la televisión, las películas, la música rock, las revistas para adolescentes e, incluso, las bibliotecas públicas ofrecen mensajes pro-gay llamativos. Para algunos jóvenes confundidos estos mensajes son muy seductores.

Un adolescente llamó recientemente al presentador de un programa de entrevistas de la radio, psicólogo, diciendo que sentía atracción por los hombres pero que esto le creaba un conflicto porque era un bautista sureño. El psicólogo le aconsejó que se aceptara a sí mismo como "joven gay" y le dijo que si no podía reconciliar su identidad gay "natural" con su religión debería pensar entonces en deshacerse de sus creencias religiosas y apuntarse a la Metropolitan Church, una secta gay. Este tipo de consejo ─la suposición acrítica de que la experiencia de un joven significa que es "naturalmente" homosexual (y que los sentimientos homosexuales tienen preferencia sobre sus creencias religiosas profundamente arraigadas)─ representa la influencia penetrante y la desinformación que invade nuestra cultura.

ADOLESCENTES Y CONDUCTAS DE RIESGO.

Hay otra razón más que debemos considerar.

Los neurocientíficos han llegado recientemente a una comprensión mayor de los hábitos de alto riesgo de los adolescentes.[14] La experimentación temeraria característica de los varones adolescentes en particular ha sido explicada tradicionalmente como una forma de rebelión pero los investigadores han descubierto recientemente que esa conducta de alto riesgo tiene realmente su raíz en cambios del desarrollo que se dan en el cerebro.

Durante la adolescencia, el cerebro sufre una profunda remodelación. El córtex neurológico prefrontal, que funciona como centro de operaciones del cerebro, pierde cerca de la mitad de sus conexiones neurológicas. Como consecuencia de ello, la decisión se desplaza hacia las regiones del cerebro que están gobernadas por la sensibilidad emocional.

Estos cambios masivos, explica un psicobiólogo, predisponen al adolescente a correr más riesgos. Al mismo tiempo, hay un descenso en el nivel de dopamina del cerebro durante los años de la adolescencia que disminuye la habilidad de la persona para experimentar placer. Como resultado, los adolescentes se ven arrastrados hacia conductas excitantes y placenteras pero destructivas, tales como beber, tomar drogas y experimentar con el sexo arriesgado.

 

TENGAN CUIDADO CON LOS PROGRAMAS DE ASESORAMIENTO GAY EN EL COLEGIO.

Por tanto, el cerebro de su hijo adolescente le lleva a entregarse a una conducta insensata. ¿Es éste el período del desarrollo adecuado para un programa de asesoramiento que le dé a conocer la comunidad gay, precisamente cuando sus hormonas están embravecidas y su cerebro le predispone a correr riesgos? Uno apenas puede evitar hacer notar la ironía: mientras se borra un cigarrillo de la foto de una figura pública para que no sirva de modelo para el hábito de fumar, nuestros adolescentes están siendo introducidos en sus propios colegios en un estilo de vida que se ha demostrado más letal que el hábito de fumar.

Mientras escribo esto, las nuevas infecciones del VIH en San Francisco han más que duplicado el índice de hace tres años porque las prácticas de sexo seguro se están abandonando. "En Los Ángeles y otras cinco ciudades", informa Los Angeles Times, "uno de cada diez jóvenes gays o bisexuales está infectado" con el VIH.[15] Según otro informe, entre los jóvenes afro-americanos que viven en grandes ciudades, el índice de infección es mucho más alarmante: uno de cada tres hombres es seropositivo.[16]

El Departamento de Salud del Distrito de Los Ángeles entrevistó a cincuenta y tres hombres gays y bisexuales seropositivos, informa el Los Angeles Times, y halló que la mitad de ellos, a pesar de su condición de seropositivos, "tenía sexo en lugares públicos, tales como saunas o clubes, con muchas parejas sin informarles de su condición. Algunos no usaban condones". Un sondeo de un  Proyecto SIDA de Los Ángeles encontró igualmente que el 31% de ciento trece hombres bisexuales continuó practicando conductas de riesgo "después incluso de haber sido informados de su condición de seropositivo".[17]

En otro artículo, Los Angeles Times informaba de que el índice de gonorrea rectal entre los hombres gays y bisexuales de San Francisco alcanzó el 44% durante un período reciente de tres años, mientras que en Los Ángeles, nuevos casos de sífilis entre los hombres gays y bisexuales alcanzaban más del 1'680%.[18] San Francisco es considerada en el país como el "líder de la actividad sexual entre hombres gays", según el Times.

Tomados en conjunto, estos nuevos elementos tienen una particular importancia. Ahora tenemos evidencia de que el cerebro del adolescente los conduce a conductas de alto riesgo y de que los jóvenes gays practican cada vez más el sexo inseguro. Por tanto, al parecer, los educadores deberían considerar si es prudente introducir a los adolescentes con dudas sobre el sexo en la comunidad gay mediante programas escolares.

Los colegios se esfuerzan por evitar que los estudiantes consigan drogas y alcohol. Deberían comprender que es prudente posponer la exposición de los adolescentes a un estilo de vida de un altísimo riesgo.

LA RELACIÓN ENTRE ABUSO SEXUAL E IDENTIDAD SEXUAL.

Como nos advierten Bob Davies y Anita Worthen, habituarse pronto a la homosexualidad puede tener consecuencias duraderas. Bob Davies y Worthen tienen una posición de liderazgo en Exodus International, una pastoral para exgays. Anita Worthen dice que su propio hijo, que ahora practica un estilo de vida gay, fue introducido en ese estilo de vida a los 16 años cuando un orientador escolar abusó de él. Davies y Worthen explican:

El abuso sexual es uno de los factores configuradores más importantes que ocasionan el lesbianismo adulto. (...) Es también sorprendentemente común en los varones gays. Un líder pastoral decía que la mitad de los hombres que venían buscando ayuda habían sido víctimas de abuso en el pasado, normalmente por parte de otro varón.

En la gran mayoría de los casos, el abusador es un miembro de la familia o un amigo de confianza, no un extraño que acecha en una esquina de una oscura calle. En pocos casos el abusador es una mujer mayor. Sean cuales fueren los detalles, el haber violado la confianza propia a un nivel tan profundo causa una devastación generalizada que tiene efectos duraderos. (...)

En los hombres, el abuso sexual (por un adulto de más edad) provoca comúnmente una gran confusión en la identidad sexual del chico. ¿Por qué él me encontró atractivo de esa manera?, se pregunta la víctima. ¿Hay algo malo en mí? Generalmente, los chicos que han sufrido repetidos abusos experimentan cierto placer físico, y puede que busquen repetir los actos con otros chicos para reproducir los sentimientos de placer sexual y cercanía física".[19]

De hecho, un amplio estudio halló que el abuso sexual de niños triplica la probabilidad de que se identifiquen a sí mismos como gays o lesbianas.[20] Otro estudio halló que los chicos que se identifican como homosexuales tienden con más probabilidad que los heterosexuales a practicar sexo con otros varones antes de la pubertad.[21] Y en un estudio sobre el que se informaba en una reciente discusión de los Archives of Sexual Behavior, investigados 942 adultos que no estaban en psicoterapia, se encontró que el 46% de los varones homosexuales y el 22% de las mujeres lesbianas afirmaban que habían sufrido abusos sexuales, en comparación con el 7% de los varones heterosexuales y el 1% de las mujeres heterosexuales.[22] Tomados en conjunto, estos estudios nos dicen que existe una relación probable entre el trauma sexual temprano y la orientación homosexual tardía.

El abuso sexual por parte de un adulto estimula en el niño las emociones mezcladas de miedo, excitación, placer erótico e ira. Estos sentimientos se presentan juntos y hacen que el niño abusado se sienta llevado, en un desproporcionado número de casos, a recrear más tarde la relación sexual en su vida adulta con otro niño o adolescente. Esta maraña de emociones mezcladas, junto con sexo relacionado con temas de control y dominación, estimula también el interés por el sadomasoquismo, la dominación y los temas leather  que vemos normalmente en la cultura gay.

 

LO QUE PASAN POR ALTO LOS ESTUDIOS SOBRE LA PEDOFILIA

En los últimos años hemos estado viendo algunos estudios científicos que plantean con descaro que los chicos que han practicado el sexo con hombres mayores no parecen haber sido vulnerados por la experiencia. Un estudio reciente es el de Bruce Rind, autor principal de un artículo publicado por la Asociación Americana de Psicología (APA). Dicho artículo provocó un escándalo público como resultado de su amplia propagación por una presentadora de radio, la doctora Laura Schlessinger. La indignación de la doctora Laura hizo que la APA recibiera una reprimenda por parte del Congreso.

Entonces, en un segundo estudio de Rind, se halló que la autoestima y la identidad sexual eran iguales en varones de 12 a 17 años que habían practicado sexo con varones mayores considerados como grupo de control. Los más jóvenes del grupo, dice Rind, "estaban tan dispuestos y reaccionaron por lo menos tan positivamente como los adolescentes mayores". Las reacciones de los chicos (hoy universitarios) que habían estado involucrados en relaciones sexuales entre chicos y hombres mayores fueron "ante todo positivas".[23]

Rind no usa el término "agresión" o "abuso sexual" por sus connotaciones morales, empleando en su lugar el término valorativamente neutro ADSR ("relaciones sexuales entre edades diferentes" en sus siglas en inglés). Su segundo estudio añadió fuego a la discusión entre algunos psicólogos acerca de que la pedofilia homosexual "consensuada" podría no ser de hecho psicológicamente perjudicial.

Aparte del hecho de que tales estudios son incapaces de encontrar "perjuicio" porque buscan indicadores equivocados, apuntan a una cuestión más importante: ¿cómo debe usarse la investigación?

Obviamente, dichos estudios serán utilizados para las leyes que bajan la edad de consentimiento y para argumentar a favor de las sentencias reducidas para los que abusan de niños. Después de todo, si no hay un daño psicológico medible debido al sexo entre hombres y muchachos, al menos si el acto fue "consentido", entonces ¿por qué los actos de pedofilia deberían ser ilegales? Investigaciones como la de Rind se utilizarán, sin duda, como "prueba concluyente" en los juzgados para promover la normalización de la pedofilia.

En 1994 la pedofilia fue redefinida por el manual de diagnóstico de la APA (DSM-IV), caracterizándola como una enfermedad mental sólo si el pedófilo se siente a disgusto con sus acciones o se ve afectado en su trabajo o relaciones sociales. Redefiniendo la condición de esta manera, la APA preparaba el camino, aunque inadvertidamente, para la normalización del sexo entre adultos y niños, dando lugar en el manual de diagnóstico a la posibilidad de una pedofilia psicológicamente normal. En la revisión del texto del DSM-IV, la APA, posiblemente como respuesta a una publicidad embarazosa, devolvió pacíficamente a la pedofilia su anterior definición, según la cual, cualquier persona que obre con intenciones pedófilas sería diagnosticado como aquejado de una enfermedad mental.

La psicología, deben recordarlo los padres, es una empresa cargada inevitablemente de valores. Cómo interpretamos los datos depende de nuestra visión del mundo y de lo que el investigador está esperando (o deseando) sacar de esos datos. Pero incluso más importante en cualquier concepto de salud mental, no debemos olvidar que los asuntos psicológicos, caracterológicos y espirituales se yuxtaponen inevitablemente, es decir, la psicología no tiene un medio de valorar la salud psicológica sin hacer juicios de valor.

¿Qué ocurre si otro investigador encuentra que, incluso a pesar de que los niños y adolescentes que sufren abusos tienen "una autoestima exactamente tan alta" como los que no han sufrido abusos, se siguen dando entre los dos grupos otras diferencias espirituales y de carácter? Por ejemplo, podríamos preguntarnos si los niños que han sufrido abusos crecen con un juicio moral más pobre. O podríamos preguntarnos si han abandonado las creencias religiosas de su infancia, llegando a un punto muerto en su crecimiento espiritual. ¿Se considera eso una "herida"? ¿Pueden tener también más dificultades para comprender y respetar las diferencias generacionales y de género? ¿Viven sus vidas centrándose en el sexo, involucrados en prácticas sexuales extrañas y poco seguras, repitiendo el abuso sexual que sufrieron con otro joven muchacho? Ninguno de estos factores ha sido medido por los estudios que encontraron "poca o ninguna herida" en la pedofilia. Si se dejan de este modo, dichos estudios pueden transmitir fácilmente la falsa impresión de que no hay diferencia entre los varones que han sufrido abusos y aquellos que no y, por tanto, la pedofilia es inofensiva.

 

"VALORAR" VERSUS "TOLERAR" LA DIVERSIDAD SEXUAL.

El adolescente se siente a menudo embelesado por los aspectos sociopolíticos de la identidad gay y el pensamiento atractivo de participar en la lucha contra "la política de opresión". Conociendo el papel del sentimentalismo adolescente, los programas pro-gay plantean generalmente un "llamamiento a las armas" para que el estudiante tome parte en una amplia agenda política relacionada con los problemas personales a los que se está enfrentando el joven. Lo que debería ser una atención a la experiencia personal del joven se convierte, en cambio, en la expectativa de que el joven se enrole en el movimiento político gay. El adolescente llega así a creer que la opresión social es lo que está entre la posibilidad de ser feliz y yo.

Muchos programas de la escuela pública, como el Project 10 de California, están pensados para enseñar a los alumnos a valorar, y no sólo tolerar, la diversidad sexual. Por un lado, estos programas están dirigidos a tratar cuestiones legítimas (las necesidades de los alumnos con confusión sexual). Pero, por otro lado, van más allá del apoyo emocional y realizan una promoción activa del estilo de vida gay, valorando la homosexualidad como una variante sexual normal y oponiéndose directamente a los sistemas de valores de muchas familias.

La red de referencia utilizada por el Project 10 son organizaciones tales como Gay and Lesbian Community Services Center, Children of the Night, L.A. Sex Information Helpline, todos ellos servicios sociales de afirmación gay. Pero nos preguntamos cómo pueden ayudar esas organizaciones a los niños que eligen resistirse a ser homosexuales. Estos grupos dirán al adolescente que gay es "quien lo es" y que su condición no se puede cambiar. ¿Por qué no proporciona el manual del Project 10 una lista de servicios pastorales de apoyo y centros de asesoramiento ex-gay?

El manual afirma que su meta es "proporcionar formación para ayudar a concienciar a todo alumno y personal de las facultades o escuelas sobre la presencia, necesidades especiales y problemas de esta joven minoría"[24]. Pero, en realidad, la meta del Project 10 es adoctrinar  a alumnos, facultades, consejos escolares y padres frente a los valores morales tradicionales cambiando el modo de pensar sobre la homosexualidad y minusvalorando la autoridad paterna y religiosa. Una cosa está clara: los padres que no comparten la filosofía de afirmación gay del Project 10 se enfrentarán a una fuerte discriminación y a una dura batalla en contra.

Los líderes de la pastoral ex-gay han hablado contra esos programas. Llevar a un adolescente al mundo gay es una auténtica locura, dice Bob Davies, de Exodus International. "¿Qué padre, maestro, amigo o pastor animaría a un niño a dedicarse a una conducta amenazadora para su vida?". Alan Medinger, de Regeneration Ministries, añade: "Es absolutamente criminal tomar a un niño confundido y conducirlo a un modo de vida que podría matarle".[25]

Si tienen problemas relacionados con la orientación sexual de sus adolescentes no tengan miedo de dialogarlos con ellos o ellas. Deben intentar sacar el tema a colación. Podría muy bien darse cuenta de que su hijo adolescente había estado enviando una llamada de auxilio.

Un progenitor me dijo: "Encontré unas revistas pornográficas gays escondidas bajo la cama de mi hijo, y él sabía que yo pasaba la aspiradora por ahí". Aparentemente, se trataba del modo por el cual el joven decía indirectamente a sus padres lo que no podía decir abiertamente. Casi sin excepción, los adolescentes admiten que ha sido un alivio para ellos el que sus padres se enterasen finalmente de sus luchas.

 

LA HISTORIA DE DAVE.

"Dave" tiene 16 años. Su padre es gay y vive en un vecindario gay de la ciudad de Nueva York. Dave sufrió abusos sexuales por parte de su tío entre los 8 y 11 años. Los padres del muchacho se divorciaron cuando él tenía 12 años y él se fue a vivir con su madre y su padrastro. Aunque la madre de Dave era muy afectuosa, tendía a ser algo intrusiva y dominante, y su segundo marido estaba normalmente fuera de casa, dedicado a sus aficiones al golf y a los bolos. Gran parte de la terapia con Dave estuvo dedicada a pararle los pies un poco a su madre para que él pudiese encontrar su propia identidad.

En cierto momento, Dave estaba tan enfadado con su controladora madre y su padrastro crítico, y por el continuo abuso e intimidación de su hermano mayor, que se escapó de casa. Se fue a Nueva York a vivir con su padre y los amigos de su padre durante dos semanas. Afortunadamente, Dave estaba al tanto de algunos de los hechos comunes de la vida en un enclave gay urbano. Estaba totalmente disgustado con lo que veía. Las saunas, la pornografía y las citas de una noche le repugnaban. Regresó convencido de que, aunque creía que experimentaba atracciones por el propio sexo, no deseaba en absoluto el modo de vida gay. Por el contrario, Dave vio muy claro que deseaba cambiar.

 [David] era un cristiano entregado y fuerte, de modo que trabajaba estrechamente unido al pastor de su iglesia, el cual había comprendido su problema y su necesidad especial de amistad masculina. El pastor puso a Dave en contacto con el pastor más joven de la iglesia, posibilitándole la asistencia a un campamento de verano, consiguiendo su participación en un equipo de baloncesto y animándole a tomar parte en las actividades de grupo con otros chicos de la iglesia.

Dave no era un chico atlético pero se le animó a deshacerse de sus impedimentos. Su iglesia ofrecía actividades recreativas y pudo pasar tiempo allí, lo que le mantuvo alejado de las tensiones del hogar. En las sesiones de asesoramiento pudo ver cómo su padrastro era realmente capaz de darle la afirmación masculina que anhelaba.

Dave dibujó un retrato cuando le pedí que me mostrase el tipo de hombre que le atraía. Cuando miro el dibujo de Dave, veo una caricatura de un super hombre hipermasculino. La figura es muy fuerte y musculada. Hay virilidad en el cuerpo del hombre. Al describir al hombre del dibujo, Dave escribió: "Tiene unos 20 años, está musculado, es guapo, atlético, espiritual, divertido, extrovertido. Es interesante, tiene mundo (...); es amable, gentil, agresivo si es necesario. Flirtea con las chicas por diversión, es bromista, popular. No lleva camisa pero no sé si va desnudo. Es hetero, exclusivamente heterosexual".

Luego Dave dejó estar el dibujo. Me explicó que no sabía qué hacer con la zona genital, en la que había dejado un espacio vacío; ponerle simplemente pantalones cortos a la figura "parecería feo". Esta afirmación, pensé, era una buena ilustración de sus conflictos con su propia sexualidad. Era intensamente ambivalente respecto a la sexualidad masculina y no sabía cómo representarla adecuadamente.

 

IMAGEN CORPORAL NEGATIVA Y ATRACCIÓN HOMOSEXUAL.

Otro retrato de un joven lo dibujó un delicado varón de quince años, al que llamaremos "Matthew". El dibujo describe el tipo de tío del que más probablemente se enamoraría. El artista adolescente describía esta excelente figura esbozada como un hombre entre veinte y veinticinco años y "en pelotas". "Es fuerte, verdaderamente masculino; de apariencia perfecta. Es como realmente profundo e intuitivo. Lo vi en la calle y pensé: es perfecto. Pero realmente no lo conozco. Es misterioso, es todo lo que yo no soy, tiene lo que busco en un tío, lo que busco como modelo". Por supuesto, el esbozo era el de un yo idealizado.

Una imagen corporal pobre es muy común entre los homosexuales. Los doctores Richard Friedman y Lenore Stern estudiaron a diecisiete varones homosexuales que no estaban en psicoterapia y, de ellos, trece habían experimentado siendo más jóvenes sentimientos marcadamente negativos sobre sus cuerpos. Diez de los sujetos se describían a sí mismos como flojos y fofos, y todos identificaban sus físicos como "parecidos al de una chica". En todos los casos, percibían sus cuerpos como fácilmente vulnerables. Todos los sujetos tenían mucho miedo al daño físico en caso de participar en deportes de contacto.[26]

En el mismo estudio, trece de los diecisiete varones afirmaron haber padecido un terror crónico y persistente a luchar con otros chicos ya en las épocas de la pubertad y de la juventud, un miedo realmente próximo al pánico. Los investigadores elaboraron la teoría de que "una cierta cantidad de agresión entre iguales disminuye la probabilidad de acabar siendo un homosexual exclusivo y duradero".[27] De hecho, el muchacho que no idealiza románticamente la fuerza de otros varones sino que se esfuerza por desarrollarla en sí mismo tiene menos probabilidades de desarrollar la homosexualidad.

 

¿SALIR DEL ARMARIO O BUSCAR EL CAMBIO?

Para chicos como Keith, David y Matthew, "salir o no del armario" es la cuestión más importante a la que deben enfrentarse en sus vidas. No pocos jóvenes de los que he orientado han abandonado de hecho la terapia y han decidido abrazar una identidad gay. Sin embargo, Keith, David y Matthew consiguieron una comprensión importante de la naturaleza de sus atracciones hacia el propio sexo durante aproximadamente un año de terapia reparativa individual y en grupo. En la medida en que profundizaron su propio sentido de masculinidad y desarrollaron amistades con varones heterosexuales, experimentaron una disminución de su homosexualidad. Con el tiempo, adoptar un modo de vida gay les parecía cada vez menos una opción para ellos.

Como me decía Keith, "solía envidiar a aquellos tíos que estaban ‘fuera'. Pensaba que eran valientes, honestos, que eran ellos mismos. Ahora, no estoy seguro de querer eso para mí".

Las intervenciones en la homosexualidad adolescente deben ser amplias, diversas e individualizadas, ya que las atracciones del joven hacia el propio sexo tienen su origen probablemente en fuentes muy diferentes. Puede tener sentimientos encontrados acerca de las mujeres, y puede sentir miedo y envidia de los compañeros varones. La burla cruel y la etiqueta puesta por los compañeros pueden haber convencido al muchacho de que "lo que dicen sobre mí debe ser cierto, de modo que tendría que decidirme y llamarme gay a mí mismo". Entretanto, el proceso de decisión se ha hecho más difícil debido a la facilidad de encontrar sexo gay. En contraste, los deseos heterosexuales (si el muchacho los tiene) implicarían un ritual social más complejo de citas y el riesgo a ser rechazado.

Como el falso concepto de que "es innato" ha influido también en los psicoterapeutas, éstos pueden considerar que su trabajo consiste simplemente en conducir al cliente a la aceptación de su orientación homosexual o heterosexual "natural". Desde esta perspectiva simplista, el terapeuta apoya al adolescente en su gradual "descubrimiento de quién es" mientras el chico llega a conocer y a aceptar su orientación sexual, supuestamente innata y predeterminada. Se parte del supuesto de que si la orientación sexual se establece en el nacimiento, entonces el cambio es imposible. Este mito popular, no basado en un hecho científico, ha llevado a muchos individuos al estilo de vida gay, tras haber oído decir a su terapeuta que no hay esperanza de cambio.

En realidad, el cambio es totalmente posible. Un estudio reciente en Psychological reports, del cual soy coautor, describe a 882 varones y mujeres que informan haber conseguido algún grado de cambio a mejor en su orientación sexual.[28] Además, otro estudio reciente (del cual también soy coautor), publicado en la misma revista especializada, muestra que, de hecho, hay profesionales de la salud mental que creen que la reorientación homosexual es posible a través de la terapia.[29]

 

CONQUISTAR  LA CONFIANZA DE LOS ADOLESCENTES.

La ira, la rebelión y la herida se alimentan normalmente bajo la superficie cuando el adolescente lucha con su identidad sexual. Aunque puede presentar una apariencia dócil, el adolescente preocupado por la homosexualidad será muy ambivalente con cualquier adulto que sondee en las capas profundas de su vida privada. El secretismo ha sido siempre la mejor defensa contra la intrusión. Por tanto, podemos esperar encontrar suspicacia y hostilidad dirigida tanto a padres como a terapeutas.

Afortunadamente, más profundo incluso que el deseo de esconderse del adolescente está el deseo sano de ser mirado y comprendido por otro varón. He encontrado que esto es verdad en todos los casos: lo que más desea el hombre con orientación homosexual es también lo que más teme, esto es, ser "mirado" verdaderamente por otro hombre. Por tanto, el primer paso en cualquier tipo de curación es ofrecer una aceptación incondicional, de modo que el joven no tenga que esconder su sentido de la vergüenza o sus sentimientos y atracciones conflictivos.

El joven necesita también escuchar este mensaje de sus padres: "Te queremos, y nada de lo que hagas en tu vida cambiará este hecho. Lo haremos lo mejor que podamos para respetar tus sentimientos y comprender tu perspectiva, independientemente de las elecciones que hagas. Pero, porque deseamos lo mejor para ti, queremos considerar seriamente la posibilidad del cambio. No creemos que el estilo de vida gay sea una elección prudente".

 

SEPARAR NECESIDADES EMOCIONALES DE SENTIMIENTOS SEXUALES.

Un muchacho de dieciséis años me fue traído por sus padres poco después de que les hubiese confesado que era gay. Vino con ellos a una sesión de asesoramiento, pero sólo de mala gana. Aunque el joven se resistía a hacer la terapia, se dio un giro en nuestra tercera sesión, cuando le pregunté: "Dime, ¿cuándo no sientes atracciones homosexuales?"

Su respuesta fue inmediata: "Cuando juego al fútbol".

Desde ese momento, fue capaz de darse cuenta de que cuando se sentía aceptado por otros compañeros y conectado a ellos, especialmente a nivel físico, sus intereses y preocupaciones homosexuales desaparecían. Era en épocas de aislamiento social, soledad y rechazo cuando las fantasías sobre el propio sexo volvían a preocuparle. Reflexionando sobre este modelo reiterado, el joven pudo darse cuenta de que lo que él creía una parte intrínseca, innata de "quién era él realmente", era en realidad una reacción contextual frente a sentimientos de inadecuación de género.

Sorprendentemente, a menudo el adolescente con confusión de género tiene una limitación o desventaja física (como el asma) que, en su mente, le bloquea en su consecución de la aceptación por parte de sus compañeros. Son los padres y el terapeuta los que deben ayudar al adolescente a la aceptación realista de esa limitación y mostrarle que frecuentemente se trata de una excusa para quedarse anclado en una postura de inferioridad. Su atención obsesiva a estas limitaciones hace que se descalifique a sí mismo como igual frente a otros chicos.

Conforme avanza el proceso de curación, el chico empieza a comprender que sus atracciones hacia el propio sexo son, de hecho, intentos de reparar un déficit emocional, esto es, su necesidad auténtica y perfectamente normal (pero insatisfecha) de aprobación, afecto y atención masculinas. Las fantasías homoeróticas y los enamoramientos vienen a ser para muchos adolescentes una tendencia reparativa (aunque mal orientada cuando se erotiza) hacia la plenitud de género.

A través de los años, los activistas gays se han enfadado por el termino terapia reparativa. "Estás intentando repararnos", me dicen, "como si se tratara de un coche o de la transmisión". De hecho, "reparar" no se aplica a algo que se le da hecho al cliente, sino que se refiere a la naturaleza de la tendencia erótica hacia el mismo sexo, que es en sí misma un intento reparativo de la salud. Esas necesidades emocionales auténticas respecto al propio sexo están buscando satisfacción (y, por tanto, son de naturaleza "reparativa"), pero la persona afronta la tarea de la reparación del déficit de un modo contraproducente y, al final, insatisfactorio: a través del sexo.

Muchos clientes descubren realmente el concepto de homosexualidad como una tendencia reparativa a ser consolado. Comprenden por primera vez que no son "raros", "extraños" o "pervertidos" sino que, más bien, están buscando sólo una plenitud en su identidad natural, pero de modo mal orientado.

Tanto padres como orientadores deben transmitir al adolescente que es libre para hablar de sus sentimientos hacia el propio sexo. Tiene un deseo normal y saludable de amistad profunda y cercanía con otros varones. Las conversaciones sobre tales sentimientos son aceptables e importantes. No deberían avergonzarle. Pero deberíamos hablar más de lo que intentan esos sentimientos al cambiar y convertirse en sexuales. ¿Qué significado tienen para ti, adolescente, esos deseos? ¿Qué es lo que realmente estás buscando en otros hombres? ¿Cómo puede el sexo desviar esa búsqueda de amistad y cambiar tu sentido de quién eres?

Con frecuencia pregunto a los adolescentes: "¿Qué significa para ti la homosexualidad?" o "¿qué esperas obtener de esa conducta?". Con mucha frecuencia, lo que dicen es que lo que están buscando tiene poco que ver con la intimidad física sino, más bien, con una necesidad de pertenencia, de sentirse una parte íntima de la vida de un amigo especial masculino.

El terapeuta o padre debería también valorar los puntos de vista de los profesores, medios de comunicación o sitios web que han introducido al chico en la homosexualidad. ¿Esos profesores o asesores tacharían el desacuerdo con la homosexualidad de "homofobia"? ¿Presentan a los individuos con orientaciones homosexuales como "un pueblo", tachando cualquier crítica al estilo de vida gay de intolerancia racial?

Pero ¿no nos dicen nuestros cuerpos algo profundo sobre el designio y propósito de la sexualidad humana? ¿Sería normal que alguien escogiera beber, pongamos por caso, utilizando una pajita colocada en la nariz? ¿O hay una sabiduría natural evidente en la construcción sexuada de nuestros cuerpos y la "perfecta complementariedad" provista por la naturaleza para el apareamiento heterosexual? Todas estas ideas proporcionan una útil discusión.

 

CORREGIR INFORMACIÓN POPULAR FALSA.

También pueden ayudar a su hijo adolescente desenmascarando cierta mitología gay. Hace poco, un joven de diecinueve años que se identificaba como gay me informaba con orgullo que Abraham Lincoln había sido gay. Lo había leído en una revista gay. Por fortuna, como yo mismo había oído el rumor, pude formar al chico sobre la realidad histórica. En los tiempos de Lincoln, los posaderos daban por sentado que los viajeros compartían las camas, pero el hecho de que Lincoln hiciera eso no significaba que fuera homosexual. Pude utilizar esta distorsión sobre Lincoln para impartir una lección acerca de la politización de la historia.[30]

La formación de los adolescentes supone corregir, con compasión pero con claridad, información popular falsa, que incluye mitos como éstos:

* "La orientación sexual está determinada biológicamente; si eres gay una vez, lo eres siempre". De hecho, la vida de muchos exgays testifica lo contrario.

* "Los varones gays pueden mantener relaciones duraderas monógamas". En realidad, la perspectiva de la fidelidad sexual, como admiten ahora los investigadores gays, se dirige más probablemente a destruir las relaciones entre varones que a mantenerlos unidos.[31]

* "Todas las culturas y sociedades a través de la historia han aceptado la homosexualidad. La nuestra es la única sociedad homófoba". En realidad, ninguna cultura ha elevado la homosexualidad al mismo estatus que la heterosexualidad.

* "Los animales son también homosexuales". Las conductas entre animales del mismo sexo las atribuyen los biólogos al estrés de la cautividad, contaminantes biológicos, domesticación, inaccesibilidad al sexo contrario, manipulación hormonal, interpretación errónea de llamadas y olores sexuales, expresiones de dominación y juegos sexuales inmaduros. Pero esto no significa que la conducta pudiera considerarse normal.[32]

* "Los intentos de cambiar la orientación sexual son peligrosos; sólo crean una gran infelicidad, depresión y a veces suicidio". Una seria depresión debida al fracaso en el cambio es, de hecho, una posibilidad, como ocurre con el fracaso en el tratamiento de otros problemas, tales como la obesidad, la anorexia, el alcoholismo y el consumo de drogas. Pero para situar este riesgo en su contexto adecuado, recuérdese que los intentos de suicidio se precipitan cuando a uno se le dice que no puede cambiar.[33]

* "Las personas con orientaciones sexuales son idénticas a las heterosexuales en todos los aspectos psicológicos y emocionales, exceptuando el detalle incidental de su preferencia sexual. Como grupo son tan sanos como los heterosexuales". En realidad, se ha mostrado que los varones y mujeres homosexuales padecen un nivel mayor de intentos de suicidio, consumo de sustancias y desórdenes mentales[34].

Éstos y otros muchos mitos reclaman formación y una correcta información. Cualquier joven que se enfrente con una elección fundamental de estilo de vida merece una información precisa para poder realizar una decisión informada sobre su futuro.

 

LA DIFERENCIA ENTRE GAY Y HOMOSEXUAL.

Es esencial para la curación de la homosexualidad clarificar distinciones en cuestión de etiquetas. El solo hecho de que alguien experimente sentimientos homosexuales no significa que esté obligado a asumir la etiqueta de gay. A diferencia de la homosexualidad, que describe una orientación sexual, gay es una identidad sociopolítica que expresa, en esencia, lo siguiente: "Esto es lo que soy; este es mi ‘yo' real; y puedo vivir mis atracciones hacia el propio sexo sin un conflicto interno".

No todas las personas que tienen sentimientos hacia el propio sexo escogen una identidad gay. La confusión entre homosexual y gay es el resultado de una ideología popular promovida en nuestra cultura y, de manera creciente, en nuestras escuelas. El chico confuso sexualmente es animado a identificarse con su sentido de inferioridad masculina y su confusión de género y a unir sus fuerzas con las otras personas que padecen el mismo déficit. Pero, al hacer eso, se separa a sí mismo de la mayoría de la sociedad convencional y se identifica con el aproximadamente 2 a 4% de la población, excluyéndose a sí mismo del 96 a 98% restante.

Por ciertas razones prácticas, nos oponemos a los términos "niño gay" y "joven gay". Los niños, los adolescentes y los quinceañeros son demasiado jóvenes para comprender del todo no sólo su identidad personal, sino particularmente su identidad sexual. Y ciertamente no pueden comprender todavía las implicaciones duraderas, sociales y sanitarias, de asumir una identidad gay.

Y hay otro tema, éste de carácter filosófico: ¿Es alguien "realmente" homosexual o estamos todos diseñados para ser heterosexuales, aunque algunas personas padezcan un problema de homosexualidad? ¿Se puede construir verdaderamente una identidad en torno a un déficit psicológico? Esta es una cuestión más filosófica que científica.

Es un error reforzar a un adolescente en su auto identificación prematura como gay o lesbiana. Teniendo esto en cuenta, espero que ayuden a sus jóvenes a comprender bien las cuestiones antes de etiquetarse a sí mismos como gays o lesbianas. No importa lo que afirmen en sus consultorios periodísticos Dear Abby o Ann Landers: se debería animar a los adolescentes a dejar abiertas sus opciones.

 

UNA MIRADA AL INTERIOR DEL CORAZÓN DEL ADOLESCENTE.

"Brian", que tenía quince años cuando empezó el diario de seis meses que figura a continuación, nos permite mirar de cerca a un chico joven que se siente muy solo. Utiliza las ensoñaciones, fantasías y la huída de la realidad como un medio para afrontar su soledad, su tristeza y su sentimiento de no haber sido amado. El hombre con el que sueña es en realidad una versión idealizada de sí mismo. En otras palabras, un hombre fuerte y destacado.

La depresión es un problema continuo para Brian, unido a una dolorosa soledad, una baja autoestima y a sentimientos de no ser querido y de abandono. Su deseo de compartir su diario con los lectores de este libro expresa su natural generosidad. Su contenido revela su profunda necesidad de sentirse valorado y querido por un joven especial, tras años de aislamiento de sus iguales del mismo sexo.

A medida que Brian avanza en la terapia individual y de grupo, describe muy bien su intensa lucha entre el deseo de tender la mano a los demás y su tendencia a la exclusión defensiva.

6 de abril. He soñado con volver a tener un grupo de amigos. Si sólo tuviera a alguien al que amar y cuidar y que me correspondiera. Alguien más alto que yo, atlético y guapo. Alguien que me hiciera sentir seguro y realmente querido.

9 de abril. Me pregunto qué se sentirá al besar a otro chico y ser abrazado y agarrado por alguien que realmente me quisiera. Me gusta todo tipo de chicos, blancos, morenos y negros. Pero me temo que no tengo más elección que admirar la belleza masculina de lejos, lleno de deseo y de fantasías no realizadas.

20 de abril. No sé por qué pero últimamente he estado un poco deprimido. Parece como si en el colegio todos se dedicasen juntos a sus asuntos y yo siempre me quedase atrás. Necesito a alguien, a cualquiera. Deseo a alguien real que me levante y me tome entre sus brazos para sentirme seguro, a salvo, cuidado y amado.

Cada día me siento más y más solo. Desearía que todos mis sueños pudieran verdaderamente hacerse realidad, que tuviera todos esos amigos, y que alguien, cuando yo le dijera "te quiero", me respondiera a su vez: "yo también te quiero". Si sólo, sólo, sólo...

19 de mayo. Hoy estoy muy aburrido. Todo lo que he hecho ha sido ver la tele y no se me ocurría nada que hacer. He estado soñando con mi nuevo profesor, el Sr. Jackson, y lo guapo que es. En realidad, no estoy seguro de sentirme atraído por él. Imagino que es porque es exactamente la clase de hombre que necesito. Es guapo, dulce, hace que sienta que existo. No he sentido que nadie supiera que existo durante mucho tiempo.

5 de julio. Acabo de tener mi primera sesión de terapia de grupo. Estaba muy nervioso. Pero cuando cualquiera de ellos comenzaba a hablar, yo sintonizaba con lo que estaban diciendo. Me sentía bien entre personas que sabían lo que yo estaba experimentando y podían comprenderme completamente.

Uno de los chicos del grupo, llamado Tom, dijo algo que sonaba muy cierto. Dijo que un hombre gay tiene dos opciones para llenarse cuando se siente vacío. Por un lado, puede comer comida basura, que representa el sexo y, por otro lado, comida sana, que representa la intimidad emocional. Podía tener un plan rápido y comer comida basura, sintiéndose enfermo después, o comer comida sana, que a la larga sería más satisfactoria y realmente le beneficiaría. Creo que Tom tiene razón.

21 de julio. Acaba de terminar la terapia de grupo. He hablado mucho en esta sesión. He planteado un montón de cuestiones y en verdad todos me han ayudado. Me gusta porque todos comprenden lo que estás diciendo y tratan de ayudarte tanto como pueden.

Necesito también un verdadero apoyo por parte de tipos heterosexuales. Pero temo que no quieran apoyarme si les digo que estoy en una terapia tratando de cambiar.

25 de julio. Bueno, he estado fantaseando acerca de un tío que ni siquiera existe. Se llama Adam. No sé qué apariencia tiene, excepto en mis sueños, pero pensando en él me siento feliz. Imagino que no hay diferencia entre éste y mis otros sueños. Odio estar solo y sentado frente a la tele conmigo mismo.

29 de julio. Ahora no sé si quiero cambiar o no. Me pregunto: Si alguna vez he querido cambiar, ¿podía hacerlo? Imagino que sólo deseo tener una relación con un tío y ver cómo sería. Quizá podía funcionar.

Me siento bastante confuso. Por una parte, pienso sobre la clase de vida que me enseñaron que era correcta, con una esposa e hijos algún día, y sobre lo mucho que eso realmente me gusta. Pero entonces pienso en lo estupendo que sería enamorarme de un hombre. De modo que no sé.

Fue mi madre la que me forzó a ir a la terapia. Me gusta ese tipo de terapia, pero ahora estoy muy confuso. No sé qué hacer ahora.

2 de agosto. El grupo de terapia es realmente agradable. Jack y Mark estaban allí, y me he quedado realmente impresionado por Jack y por las cosas que ha dicho.

Mark ha dicho que todos necesitamos intimidad con tíos y que eso es perfectamente correcto, pero que el problema viene cuando doy el siguiente paso: el sexo. Ha dicho que hay una fina línea entre el amor y el sexo, pero sin duda una línea. Sería maravilloso poder satisfacer las necesidades emocionales sin ir más allá. Es cierto, en lo profundo sé que no deseo sexo. Deseo amor e intimidad, mantenerme y sentirme seguro y a salvo. Eso es lo que necesito y lo que deseo.

3 de agosto. Papá volverá de Europa mañana. No me hace demasiada gracia. Es estupendo que sólo estemos mamá, mi hermana y yo en casa. Apenas discutimos. He sido tan feliz. Lo siento, pero esto es lo que siento.

He estado últimamente solo y fantaseando sobre Adam.

6 de agosto. He estado pensando acerca de ese tío legal que es Jack y lo que dijo en la sesión de terapia de grupo de la semana pasada. ¿Por qué me engaño de ese modo? Él tiene razón. Como eso de que encontraré alguna vez el tío con el que sueño y entonces seré feliz. El mundo gay es muy insensato y tiene mucho de ambiente divertido, lo sé. Si pudiera mantenerme alejado del sexo y tener sólo los amigos íntimos que siempre he estado buscando. (...) ¿Será posible? Bueno, sólo tengo quince años ahora, así que ¿quién sabe?

 

Está claro que Brian se encuentra frente a una encrucijada en su vida. Su soledad y desapego le llevarán a aceptar una conexión emocional cuando pueda encontrarla. Tras haber escuchado expresar a otro joven con orientaciones homosexuales profundamente deprimido sus sentimientos de desesperación y odio hacia sí mismo, Richard Fitzgibbons se lamenta: "No sé qué podrá llenar el vacío de la falta de aceptación por parte de los compañeros, o del amor paterno o materno. ¿Qué podrá llenarlo?"[35] El terapeuta solo no puede satisfacer esas necesidades emocionales profundas; aquí es donde son necesarios la iglesia, la familia y unos amigos comprensivos para que el joven solo y desposeído no se sienta decepcionado y tenga que buscar respuestas en la comunidad gay.

 

EL HISTÓRICO ESTUDIO DE SPITZER: EL CAMBIO ES POSIBLE.

En mayo de 2001 se presentó en Nueva Orleans, en la conferencia anual de la Asociación Psiquiátrica Americana, lo que un escritor de la Asociación de prensa científica llamó "un nuevo estudio explosivo". El estudio llamó la atención de los medios de comunicación mundiales. El Dr. Robert Spitzer, prominente psiquiatra que dirigió el equipo que suprimió la homosexualidad del Manual de Desórdenes Mentales en 1973, concluía que una orientación homosexual (y no sólo la conducta homosexual) parece que puede cambiarse en algunas personas. "Como muchos psiquiatras", decía, "creía que la conducta homosexual podía ser reprimida, pero que nadie podía en realidad cambiar su orientación sexual. Ahora creo que eso no es cierto: algunas personas pueden cambiar y de hecho lo hacen".

El cambio de punto de vista por parte del Dr. Spitzer empezó a darse el día de la apertura de la conferencia anual de la Asociación Psiquiátrica Americana, en 1999, cuando Spitzer se vio envuelto en una manifestación de ex -gays a la entrada del edificio. El piquete protestaba contra la reciente resolución de la APA desaconsejando la terapia para cambiar la homosexualidad en heterosexualidad. Llevaban pancartas que decían: "¡Los homosexuales pueden cambiar; nosotros lo hicimos; pregúntanos!". Otras decían: "No me obligues a un estilo de vida que puede matarme física y espiritualmente" y "La APA ha engañado a América con su ciencia políticamente correcta". Algunos psiquiatras rompieron los panfletos que les entregaban los manifestantes, pero otros les ofrecieron disimuladas palabras de ánimo.

El Dr. Spitzer era escéptico, pero decidió comprobar por sí mismo si la orientación sexual era modificable. Así que buscó sujetos que pretendían haber experimentado un cambio significativo de una orientación homosexual a la heterosexual, y cuyo cambio se había mantenido al menos durante cinco años. Se sirvió de sujetos localizados por la Asociación Nacional para la Terapia de la Homosexualidad, ministerios pastorales para exgays y varios clínicos que ejercían en la práctica privada.

Spitzer entrevistó a 200 sujetos (143 varones y 57 mujeres), a los que se pidió que describieran sus historias emocionales y sexuales, incluyendo su testimonio acerca del cambio desde el ser gay a la heterosexualidad. Muchos de los sujetos entrevistados dijeron que su fe religiosa era muy importante en sus vidas, y cerca de tres cuartos de los varones y la mitad de las mujeres se casaron durante el tiempo en que se realizó el estudio. Muchos habían buscado cambiar porque el estilo de vida gay había sido emocionalmente insatisfactorio. Muchos habían sufrido a causa de la promiscuidad, las relaciones tormentosas gays, el conflicto con sus valores religiosos y el deseo de casarse (o continuar estándolo).

En general, el esfuerzo por cambiar no había producido resultados significativos durante los dos primeros años. Ellos dijeron que les había ayudado analizar sus relaciones familiares y de la infancia y comprender cómo los problemas en esas relaciones habían contribuido a sus problemas de identidad de género y de orientación sexual. Mencionaban también la relación con un mentor del mismo sexo, las técnicas de terapia de conducta y los grupos de terapia como cosas particularmente útiles.

Para sorpresa de Spitzer, del 67% de los varones se obtuvo información contrastada acerca de su buen funcionamiento como heterosexuales, varones que no habían experimentado (o lo habían hecho raramente) atracción por el sexo opuesto antes del proceso de cambio. Casi todos los sujetos dijeron sentirse ahora más masculinos (en el caso de los varones) o femeninos (las mujeres).

"Contra la creencia tradicional," concluyó Spitzer, "algunos individuos altamente motivados, utilizando varios medios de cambio, pueden realizar un cambio sustancial en múltiples indicadores de la orientación sexual y alcanzar un buen funcionamiento como heterosexuales".

 

EL CAMBIO DE ORIENTACIÓN ES GRADUAL Y CONSTANTE

Spitzer añadió una importante observación: que el cambio de la homosexualidad a la heterosexualidad no es normalmente un asunto de "todo o nada", sino que existe un continuo, esto es, una progresiva disminución de la homosexualidad y una expansión potencial de la heterosexualidad que aparece en una amplia variedad de grados. El Dr. Spitzer destacó que el cambio completo de orientación sexual, el cese de todas las fantasías y atracciones homosexuales (lo que normalmente es una meta nada realista en muchas terapias) es probablemente poco común. Sin embargo, cuando los sujetos todavía no han cambiado su orientación sexual (por ejemplo, cuando su cambio ha consistido en un control de la conducta y de la auto-identidad, pero no en un cambio significativo en las atracciones), a pesar de todo se aprecia una mejoría general en la salud y el funcionamiento emocional.

Se considera el estudio de Spitzer como la investigación más detallada hasta la fecha sobre el cambio de orientación sexual. "Los pacientes deberían tener derecho", concluye, "a explorar su potencial heterosexual".

Significativamente, si el propio hijo de Spitzer fuese gay y estuviese interesado en cambiar, decía él, apoyaría a su hijo a buscar terapia para intentar cambiar su orientación de la homosexualidad hacia la heterosexualidad.[36]

 

PERO ¿LOS ADOLESCENTES PERSEVERAN EN LA TERAPIA?

Los jóvenes que, como Brian (el adolescente que ha compartido con nosotros su diario), perseveran en la terapia reparativa, son los que reconocen que sus deseos homosexuales representan, de hecho, una necesidad profunda de varones, una búsqueda de las tres Aes: atención, afirmación y afecto. Mediante la continuidad en el asesoramiento y el trabajo interior, muchos tomarán un sendero que les llevará más allá de sus atracciones por el propio sexo. Pero, siendo realistas, debemos reconocer que muchos otros adolescentes abandonarán la terapia y tomarán la decisión de identificarse como gays.

El camino hacia la transformación es largo y sinuoso, y se presentará continuamente la tentación de abandonar el esfuerzo por cambiar cuando "un tío especial" parezca cruzarse en el camino. Sin embargo, a pesar de los contratiempos (a veces, un contratiempo que puede durar meses e, incluso, años) hay esperanza. Lo que pueden hacer todos los padres o terapeutas es ofrecer opciones al adolescente; la elección final le corresponderá a él. La culpa, la manipulación, forzar o usar la coerción no librarán al cliente de sus atracciones sino que causarán una mayor alienación.

Es importante recordar que el cambio consiste en disminuir los sentimientos homosexuales e incrementar las atracciones heterosexuales. El cambio se produce lentamente, dentro de un continuo gradual e, indudablemente, pueden darse regresiones. No se trata de aquello de "una vez que se ha sido homosexual, siempre se es". Y, como ocurre con todo cambio psicológico, la transformación probablemente nunca será total. Siendo realistas, habrá algunas atracciones y tentaciones persistentes a lo largo de la vida.

El cambio se desdobla gradualmente en tres áreas:

* Auto identidad (darse cuenta de que "realmente soy un hombre heterosexual, aunque tengo un problema homosexual").

* Conducta sexual ("no pasaré a la acción en lo que respecta a estas tentaciones").

* Atracciones (no desear más a otro hombre).

La primera de las dos categorías es la más fácil de cambiar. Conseguir el cambio en las tres áreas es más difícil; la última categoría en particular cambiará en una variedad de grados y progresará gradualmente con el tiempo.

Como progenitor, usted siempre puede (eso espero sinceramente) amar y permanecer cercano a su hijo en el caso de que no busque o consiga el cambio. Seguirá siendo su hijo o hija a pesar de todo. Reconocer que hay áreas rebeldes en su propia vida de usted que se resisten al cambio (o que, de hecho, ha decidido no intentar cambiar) le hará más fácil aceptar un profundo desengaño en la vida de su hijo. Sin embargo, no debería nunca abandonar la esperanza de que su hijo o hija puede llevar a cabo la transición hacia la heterosexualidad.

 

TODOS LUCHAMOS EN ESTA VIDA.

Nadie sabe tanto de altos y bajos en la lucha como John Paulk, autor de la autobiografía Love Won Out (El Amor venció). John abandonó su anterior vida como gay, drag queen y prostituto para casarse con una exlesbiana y formar una familia. Creía que había resuelto todos sus problemas con su propio sexo pero, siendo un conocido portavoz del movimiento exgay cristiano, sufrió un contratiempo al sentirse tentado a volver a visitar un bar gay "sólo por una vez", donde los activistas le vieron y "revelaron su homosexualidad" a los medios.

Contemplando su experiencia vital en los contextos psicológico y religioso, John explicó los antecedentes de su pública "caída desde la gracia". Cometemos un error al pensar que cualquiera de nuestras luchas profundamente arraigadas ‘finaliza' en un punto determinado de nuestra vida; lo cierto es que seguimos siendo humanos y vulnerables en nuestra lucha, ya sea contra la homosexualidad, el alcohol, la comida, las drogas o, incluso, el orgullo. Su relato revela también el conocimiento hallado a través de sus convicciones religiosas:

"Empecé un proceso para salir de la homosexualidad hace algo más de catorce años y, por varias razones, acabé siendo un individuo destacado de este movimiento. Creo que era debido al hecho de que mi esposa había sido lesbiana. Se trataba de algo extraordinario. Ambos teníamos historias sensacionales. De modo que, durante nueve años, habíamos estado casados, habíamos estado en la vanguardia, habíamos hablado mucho y estábamos contentos de que Dios nos usara para difundir este mensaje.

Pero eso tiene un lado negativo, ya que alimenta tu ego, tu carne y tu orgullo y todo lo que está roto en tu interior. Cuando fui a trabajar con Focus on the Family (una pastoral), hace tres años, se incrementó mi publicidad más todavía. La gente quería hablarme en todas partes. Me sentía como un muñeco al que alguien da cuerda para que hable: ven a dar tu testimonio, ven a hablar aquí, coge un avión y ven aquí o allí. Entretanto, me sentía genial con mi ministerio (...)

Empecé a decir: ‘Soy estupendo. Todo el mundo parece pensarlo'. (...) De modo que desde hacía un año yo quería huir, huir de mi vida, de todo (...) Mi reputación (...) Quería salir de la rutina y se me ocurrió que quería volver a un bar gay. Por supuesto, puesto que Dios me ama no iba a permitir que me muriera de impaciencia, y allí me vi (...)

Creo que cuando das un titular a los medios que te preguntan: ‘¿Ha cambiado y superado su homosexualidad?', es difícil responder con un sí o un no, porque la sexualidad no es una cuestión de blanco o negro. Se mueve en un continuo, independientemente de lo que seas, hay un continuo en la sexualidad, la lucha sexual, la tentación sexual, la conducta (...)

Creo que la homosexualidad tiene componentes idolátricos. Pero no creo que empiece por ahí; más bien es ahí donde termina. Sabemos que el problema real de la homosexualidad para muchas personas se remonta a la infancia. Los deseos son el resultado final de un montón de disfunciones: a veces, violación, abuso, rechazo por parte del grupo de los iguales, no haberse vinculado correctamente con la figura del progenitor de tu sexo, abandono. Esto es lo que hay en el fondo. Comienza con el sentimiento de alienación individual, no sentirse querido, sentirse solo. Cuando llega la idolatría, se trata de la adoración de otras personas para conseguir satisfacer esas necesidades.

Creo que lo que hacemos en nuestro movimiento es responder del modo en que los medios quieren que respondamos diciendo: ‘Sí, he cambiado. Todo está limpio, he acabado con ello, ahora está todo ordenado y en su sitio. Aquí está mi esposa y dos maravillosos hijos'.

Creo que nos hemos dado cuenta de la insuficiencia de este tipo de respuesta. Los líderes, yo incluido, tenemos que decir que en esta vida hay que luchar, pero que Dios puede darnos la victoria en el combate. Esta es la paradoja: que podemos vivir una vida victoriosa en medio del combate.

Debo decir que el pasado año fue la época más difícil de mi vida, pero también la mejor, y la recomiendo encarecidamente (se ríe). Quiero decir que recomiendo a la gente que permitan a Dios que los tome a través de los fracasos".[37]

 

LA DECISIÓN DE ABANDONAR LA TERAPIA.

Normalmente, cuando los adolescentes acuden a mí para el tratamiento es porque sus padres los han traído. O bien el adolescente "ha salido del armario" o los padres han descubierto su conducta e intereses homosexuales. Encontrar pornografía gay en la habitación del adolescente o descubrir cartas o e-mails que indican un enamoramiento por el propio sexo es lo que a menudo alerta a los progenitores del problema. Al mismo tiempo, las madres tienen la extraña sospecha de que hay otro lado en este adolescente obediente, dócil y solitario.

Este trabajo detectivesco de los suspicaces padres se les presenta junto a un conflicto ético potencial. Quieren respetar la privacidad de su hijo pero tienen miedo de pasar por alto un problema serio. "Soy una chivata", confesaba una madre, "lo admito. Pero algo tenía que hacer algo para salvar a mi hijo". Muchos progenitores comprenderán fácilmente estos sentimientos. Sin embargo, la decisión de hacer "lo que haga falta" puede provocar finalmente un airado rechazo por parte del adolescente.

Cuando los adolescentes asumen una identidad gay, algunos padres los envían al terapeuta con la esperanza de que éste los "arregle" o los "cambie". Si el adolescente se resiste a participar en un programa de tratamiento reparativo y su cooperación consiste simplemente en no comunicarse, entonces no se le debería forzar a participar. Richard Wyler explica esto muy bien:

Algunos padres en particular están profundamente tentados a intentar sacar adelante el proceso de curación de su hijo en lugar de este. Eso no funciona. Debe decidir por sí mismo cambiar y, una vez decidido, debe tomar los mandos. Usted debe estar junto al camino, ofreciendo apoyo y ánimo, pero sin tratar de vivir su vida.

Ahora bien, decir que usted no puede arreglarlo no significa que no pueda apoyarle. Puede servir inmensamente de apoyo proporcionando un ambiente educativo y amoroso que lleve a la curación tanto como sea posible. (...) A veces, muchos de nosotros nos hemos sentido "desencantados" de la homosexualidad, o bien por Dios o por el amor de la familia y los amigos o por todos (www.peoplecanchange.com)".

 

Si el adolescente no quiere la terapia, todo lo que podemos hacer es proporcionarle información. Sólo podemos ofrecerle la oportunidad de tomar una opción con cierta base, esto es, tomar una decisión vital basada en una información precisa.

Incluso si el adolescente decide seguir la terapia, debería darse una política de puerta abierta, esto es, que él pueda abandonar en cualquier momento lo que ha elegido y volver también a ello en el futuro. Un cierto número de quinceañeros han venido a nuestra clínica por asesoramiento, se han dado a sí mismos la oportunidad de escuchar la oferta de la terapia reparativa y han declinado la invitación. Las razones de este rechazo son varias.

Un joven estaba profundamente involucrado en una relación con otro hombre gay mayor y temía perder la seguridad de esta relación de mentorazgo. Otros han sido cautivados por la auto etiqueta gay o la subcultura gay. Muchos jóvenes se han identificado tan profundamente con su orientación homosexual que la posibilidad de abandonar dicha identidad es demasiado alarmante ("si no soy gay, entonces ¿quién soy?"). En todos estos casos, si la terapia continúa, la relación terapéutica procederá muy, muy lentamente, con mucho apoyo y poco enfrentamiento directo.

Muchos padres, como usted, rehúsan simplemente abandonar a sus hijos a un estilo de vida que conllevará adaptaciones dolorosas, la probabilidad de relaciones desleales a largo plazo, un alto riesgo de enfermedades graves o letales, una cultura gay excesivamente centrada en el sexo y una responsabilidad social importante. Lo mejor para su hijo es que usted trabaje al máximo la probabilidad de que sea heterosexual.

Alan Medinger, líder de la pastoral exgay, habla del cambio en su vida que "le hizo libre para amar", una vez desexualizadas sus necesidades emocionales insatisfechas, roto el poder de su adicción y cubiertas las necesidades profundas de su corazón. Un cambio real y perdurable puede darse, afirma, "porque lo he visto cientos de veces".[38]

Y, como dijo el investigador Dr. Robert Spitzer, si su propio hijo tuviese tendencias homosexuales, albergaría la esperanza de que explorase la posibilidad de cambiar.

Como otro padre me dijo con énfasis: "¡Vivir la vida como hombre heterosexual ya es bastante duro!".

   Este artículo es el Capítulo 6 del libro de Nicolosi: "Guía de padres para prevenir la homosexualidad", en: pincha aquí.

 



 

[1] Estas observaciones de un psicólogo son corroboradas por informaciones similares por parte de asesores escolares en "Teens Ponder: Gay, Bi, Straight?" Washington Post, 15 julio 1993.

[2] Amy C. Butler, "Trends in Same-Gender Sexual Partnering, 1988-1989", Journal of Sex Research 37 (2000): 333-334.

[3] "Psychiatrist ‘Reassures' Parents About Lesbian Experimentation", NARTH Bulletin, diciembre 1997, p. 12, tomado de "Elite Schools Face the Gay Issue", New York Times, 13 junio 1997, p. B7-B8.

[4] R.F.C. Kourany, "Suicide Among Homosexual Adolescents", Journal of Homosexuality 13 (1987); 111-117; K. Erwin, "Interpreting the Evidence: Competing Paradigms and the Emergence of Lesbian and Gay Suicide as a ‘Social Fact'", International Journal of Health Services 23 (1993): 437-453; S. Prenzlauer, J. Drescher y R.Winchel, "Suicide Among Homosexual Youth", carta al editor, American Journal of Psychiatry 149 (1992): 1416; G. Remafedi, "Adolescent Homosexuality: Psychosocial and Medical Implications", Pediatrics 79 (1987): 331-337; C. Remafedi et al., "Demography of Sexual Orientation in Adolescents", Pediatrics 89 (1992): 714-721; S. G. Schneider, N. L. Farberow y G. Kruks, "Suicidal Behavior in Adolescent and Adult Gay Men", Suicide and Life-Threatening Behavior 19 (1989): 381-394; C. L. Rich et al., "San Diego Suicide Study: Comparison of Gay to Straight Males", Suicide and Life-Threatening Behavior Suicide 16 (1986): 448-457.

[5] D. Fergusson et al., "Is Sexual Orientation Related to Mental Health Problems and Suicidality in Young People?", Archives of General Psychiatry 56, no. 10 (1999): 875-880.

[6] Peter LaBarbera, "Gay Youth Suicide: Myth Is Used to Promote Homosexual Agenda" (Washington, D.C.: Family Research Council, folleto).

[7] G. Remafedi, J. Farrow y R. Deisher, "Risk Factors for Attempted Suicide in Gay and Bisexual Youth", Pediatrics 87 (1991): 869-875.

[8] A. Bell, M. Weinberg y S. Hammersmith, Sexual Preference (Bloomington: Indiana University Press, 1981).

[9] Dale O'Leary, "Gay Teens and Attempted Suicide" NARTH Bulletin, diciembre 1999, p. 11.

[10] J. Satinover, "Reflections from Jeffrey Satinover", NARTH Bulletin, abril 1995, p.3.

[11] J. Nicolosi, Reparative Therapy of Male Homosexuality (Northvale, N.J.: Jason Aronson, 1991), pp. 68-70.

[12] E. O. Laumann et al., The Social Organization of Sexuality: Sexual Practices in the U.S. (Chicago: University of Chicago Press, 1994).

[13] G. Remafedi et al., "Demography of Sexual Orientation", pp.714-721.

[14] "The Adolescent Brain: A Perilous Renovation", Family Therapy Networker, enero-febrero 2001, p. 15

[15] "L.A. Studies Show Increase in Risky Sex by Gay Men", Los Angeles Times, 17 febrero 2001, p. 11.D.

[16] D. Haney, "Young Gay Black Men Suffer High HIV Rates", Associated Press, 6 febrero 2001.

[17] Ibid.

[18] "HIV Rate Rising Among Gay Men in San Francisco" Los Angeles Times, 25 enero 2001, p. A3.

[19] Anita Worthen y Bob Davies, Someone I Love Is Gay (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1996), cap. 6.

[20] Laumann et al., Social Organization of Sexuality, p. 344.

[21] Martin Mansovitz, "Early Sexual Behavior in Adult Homosexual and Heterosexual Males" Journal of Abnormal Psychology 76 (1970): 396-402.

[22] M. Tomeo, "Comparative Data of Childhood and Adolescence Molestation in Heterosexual and Homosexual Persons", Archives of Sexual Behavior 30, no 5 (2001): 535-541.

[23] Bruce Rind, "Gay and Bisexual Adolescent Boys' Sexual Experiences with Men: An Empirical Examination of Psychological Correlates in a Nonclinical Sample", Archives of Sexual Behavior 30, no. 4 (2001): 345-367.

[24] Los Angeles Unified School District, Project 10 Manual, 1987.

[25] Linda Nicolosi, "Pamphlet to Schools Discourages Reorientation Therapy", NARTH Bulletin, abril l999,p. 1.

[26] Richard Friedman y Lenore Stern, "Juvenile Aggressivity and Sissiness in Homosexual and Heterosexual Males", Journal of the American Academy of Psychoanalysis 8,no.3 (1980): 433.

[27] Ibid., p. 437.

[28] Joseph Nicolosi, A. Dean Byrd y Richard W. Potts, "Retrospective Self-Reports of Changes in Homosexual Orientation: A Consumer Survey of Conversion Therapy Clients", Psychological Reports 86 (junio 2000): 1071-88.

[29] Joseph Nicolosi, A. Dean Byrd y Richard W. Potts, "Beliefs and Practices of Therapists Who Practice Sexual Reorientation Psychotherapy," Psychological Reports (abril 2000): 689-702.

 

[30] Otras personalidades famosas descritas como gays sin pruebas concluyentes serían Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, James Dean, Georg Friedrich Händel, Marlon Brando, Henry James, William Shakespeare, Sigmund Freud, Marilyn Monroe, Gustav Mahler, Greta Garbo, Henry David Thoreau, León Tolstoy, Napoleón Bonaparte, Johann Wolfgang von Goethe, Amelia Earhart, Claude Debussy y Robert Louis Stevenson.

[31] C. McWhirter y A. Mattison, The Male Couple: How Relationships Develop (Englewood Cliffs, N.J.: Prentice-Hall, 1984).

[32] Para una crítica del libro Biological Exuberance: A Study of Diversity, que utiliza la conducta animal hacia el mismo sexo como modelo para la normalidad de la homosexualidad humana, véase James Phelan. "Is Homosexuality Normal for Some Animals?" NARTH Bulletin, agosto 1999, p. 19.

[33] John y Anne Paulk, Love Won Out (Wheaton. Ill.: Tyndale House, 1999).

[34] C. McWhirter y A. Mattison, The Male Couple: How Relationships Develop (Englewood Cliffs, N.J.: Prentice-Hall, 1984).

[35] Para una crítica del libro Biological Exuberance: A Study of Diversity, que utiliza la conducta animal hacia el mismo sexo como modelo para la normalidad de la homosexualidad humana, véase James Phelan. "Is Homosexuality Normal for Some Animals?" NARTH Bulletin, agosto 1999, p. 19.

[36] Dr. Robert Spitzer, entrevista de Reichenberg Fellowship, cinta de video, New York City, 29 febrero  2000.

[37] John y Anne Paulk, Love Won Out (Wheaton. Ill.: Tyndale House, 1999). 

[38] Alan Medinger, Growth into Manhood: Resuming the Journey (Colorado Springs, Colo.: WaterBrook, 2000). p. 240.

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