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Es posible el cambio

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El proceso de sanación - J. Nicolosi

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Padres, abrazad a vuestros hijos. Si no lo hacéis, algún día lo hará otro hombre.

 

A. Dean Byrd, PH. D., psicólogo

 

 

           "Si hay algo que he aprendido de ser padre", decía un paciente al que llamaré  Gordon, "es que cada hijo es diferente." Se sentó en la silla de mi consulta con una mirada de triste resignación.

            Analista financiero de éxito, Gordon tenía cuatro hijos. "Cuando Gloria y yo nos casamos, no quisimos esperar para tener familia", dijo. "No tuve una gran relación con mi propio padre, por lo que en verdad quería tener esa cercanía."

            La pareja tuvo tres hijos en una sucesión rápida y los tres idolatraban a su padre. Luego vino Jimmy.

            Gloria, sentada en la silla de al lado de su marido, me miró con ojos tristes y preocupados. "En el tiempo en que estaba embarazada de Jimmy", dijo tranquilamente", yo quería una niña desesperadamente. Jimmy iba a ser nuestro último hijo. Cuando nació, lloré de desilusión."

            Quizás Jimmy y su madre trabajaron juntos inconscientemente para remediar esa frustración, porque a la edad de ocho años, Jimmy era el amigo más íntimo de su madre. Cariñoso y amable, con una gran habilidad para tocar el piano, Jimmy era la clase de niño que se siente de forma natural en armonía con lo que las demás personas piensan y sienten. A esa edad, podía leer el estado de ánimo de su madre como si fuese un libro pero ni siquiera tenía un amigo varón de su edad. De hecho, ya mostraba muchos signos de conducta pre-homosexual. Gloria se había empezado a preocupar recientemente por el progresivo aislamiento social y la depresión del niño. Como contraste, sus hermanos mayores eran felices  y se encontraban bien adaptados.

            La confusión de género de Jimmy se había comenzado a notar años antes, cuando empezó a ponerse los pendientes de su abuela y a probar su maquillaje. Los pasadores de pelo de oro y plata de Gloria habían sido especialmente cautivadores para el pequeño y pronto desarrolló un sentido sagaz de qué le gustaba y qué no le gustaba de la ropa de las mujeres, todo esto antes de comenzar en el colegio. Sólo tenía cuatro años en ese momento.

            "Trataba a Jimmy como al resto de mis hijos", decía Gordon. "Y creo que no funcionó, porque siempre parecía tomar mi corrección de forma errónea. Se iba a su habitación y rechazaba hablar conmigo durante un par de días."

            Ahora, después de haber crecido, Jimmy presentaba otros muchos signos problemáticos: inmadurez, una imaginación sobre-activa que utilizaba como sustituta de las relaciones humanas y un despectivo rechazo hacia sus atléticos hermanos mayores y hacia los amigos que traían a casa. Gordon recordó que sus otros hijos siempre habían salido corriendo a recibirle cuando llegaba a casa del trabajo pero no así Jimmy, que siempre había actuado como si su padre no fuese importante.

            Ahora mismo, es el mundo de fantasía de Jimmy el que nos produce a todos la mayor preocupación. Tenía una vida de ficción en la que pasaba horas solo en su habitación dibujando personajes de animación. Y Gloria había observado otro patrón de desorden: cuando Jimmy se sentía frustrado como consecuencia de un hecho doloroso de su vida, se refugiaba en el mundo ficticio femenino. Cuando uno de los amigos de sus hermanos visitaba la casa y se burlaba de él o lo despreciaba, revertía en una versión exagerada de conducta femenina.

            Finalmente, Gloria y Gordon estuvieron de acuerdo en hacer algo para ayudar a su hijo. Y se tomaron muy en serio su decisión, tanto, que después del primer mes de la intervención familiar, uno de los otros hijos, Tony, comenzó a vengarse de que se estaba sintiendo dejado de lado. Para mí, eso significaba que los padres estaban trabajando horas extra para seguir mis indicaciones. Así que en este punto, sugerí que Gloria y Gordon le explicasen a Tony que "se necesitaba que toda la familia trabajase junta para ayudar a Jimmy con su problema de ‘olvidarse de ser un chico.'" Entonces, a pesar de ese duro comienzo, Tony comenzó a colaborar en la ayuda de su hermano.

            Gordon podía ver que su hijo menor, durante un tiempo, se había retirado de él. "Cuando Jimmy era pequeño, pasé por un momento muy duro. Nuestro matrimonio estaba dándose de sí hasta el máximo y yo tenía muchos problemas en el trabajo. Creo que simplemente no quería molestarme extendiendo la mano  a un niño pequeño temperamental que ponía mala cara y se iba a su habitación dando un portazo cuando le decía algo que se tomaba como una condena."

            Los demás hijos, como contraste, siempre habían estado impacientes por jugar con su padre y llamar su atención. "Por lo que simplemente le permití a Jimmy que eligiese no estar conmigo," admitió Gordon. "Tengo que admitir que mi forma de pensar era: "Bien, si Jimmy no quiere estar cerca de mí, ese es su problema."

            "Nuestra estrategia, entonces," expliqué, "es hacer simplemente lo contrario de lo que ustedes han estado haciendo. Esto significa, Gordon, que usted tiene que comprometerse activamente con Jimmy. Gloria, usted tendrá que aprender a pasar a un segundo plano con respecto a él. Y toda la familia tiene que seguir trabajando unida para recordarle a Jimmy que ser un chico es algo bueno."

            Mi estrategia con Jimmy incluía animar a Gordon a dar a su hijo especial atención, sacar al niño a pasear con él y comprometerse a realizar con él juegos que implicasen contacto físico. Intento sensibilizar a los padres de las muchas oportunidades mundanas, como salir a poner gasolina al coche y permitirle al chico que sea él el que sostenga la manguera de la gasolina. Todos estos pequeños esfuerzos forman parte de la edificación del vínculo varón-varón que coloca la base para una fuerte relación entre padre-hijo.

            A veces Gordon invitaba a Jimmy a ir con él al patio trasero para ayudarle a trabajar en el jardín o a preparar la barbacoa. Gordon se las arreglaba para estar en casa cuando Jimmy tenía sus clases semanales de piano y acudir a todos los recitales del chico. Otras veces incluía al chico en salidas deportivas con los hermanos mayores, esperando sacar a Jimmy de su hábito de aislamiento y del resentimiento hacia sus hermanos.

            Al principio, Jimmy reaccionó con un rechazo explícito a las invitaciones de su padre. Cuando le invitaba a que le acompañase a la oficina, por ejemplo, Jimmy rechazaba la invitación con términos inciertos. Pero cuando fue desarrollando una relación más cómoda con su padre, Jimmy comenzó a actuar más como un niño y en el colegio comenzó a sentir que se burlaban de él y lo tomaban como cabeza de turco con menos frecuencia.

            Con mi apoyo, los padres de Jimmy decidieron enviarle a un campamento de un día que estimulaba la participación en los deportes (sin ser competitivos) y donde había matriculados más niños que niñas. La madre de Jimmy, Gloria, hizo el esfuerzo especial de solicitar la ayuda del supervisor del campamento, un hombre de edad universitaria que tenía voluntad de darle a Jimmy la atención masculina especial que necesitaba.

            Los chicos como Jimmy deben comprender que sus padres les están apoyando, animando y estimulando, que no están siendo ni jueces ni críticos. Por ejemplo, cuando Jimmy tenía ocho años, un día se llevó un panda de juguete al colegio. Gloria fue al patio del colegio alrededor de la hora del almuerzo y vio a su hijo solo jugando con el panda, haciendo como que hablaba con él. Al día siguiente, persuadido por Gloria, Gordon habló con su hijo y le dijo: "Jimmy, los niños de tu edad no llevan sus animales de juguete al colegio. Pero te traje otra cosa que sí puedes llevar." Le dio a Jimmy una nueva consola Game Boy portátil , que el chico se llevó al día siguiente. Para su sorpresa, sus compañeros de clase lo rodearon, pidiéndole una oportunidad de jugar con él y por supuesto Jimmy estaba incluido en el juego porque el juguete era suyo.

            Como resultado de la intervención consistente de los padres, Jimmy mostró una disminución gradual de la conducta inapropiada de género. Esto incluía no sólo su afeminamiento sino también su aislamiento con respecto a sus compañeros, la inmadurez general y el miedo y disgusto de los chicos más masculinos.

            Gordon me dijo: "Cuando Jimmy me descarta y actúa como si yo no fuese importante, tengo que admitir que es como una palmada a mi ego y tengo la tentación de huir. Es mucho más fácil seguir y aceptar el status quo. Pero luego recuerdo que la actitud de Jimmy hacia mí es un mecanismo de defensa. Debajo de todo ese rechazo y desprecio, realmente quiere conectar conmigo. Así que dejo de lado mis sentimientos y simplemente sigo buscándole. Tiré la toalla con él cuando Jimmy era más pequeño, pero ahora no voy a permitir que mi hijo me expulse de su vida."

 

EL DESAFÍO DE AFIRMAR LA MASCULINIDAD

            Como hemos visto, la confusión de género del niño es realmente una huída de los desafíos de la masculinidad. Y muchos estudios indican que la confusión de género se asocia también con otros problemas, que -en el caso de Jimmy- suelen incluir un rechazo del niño hacia su padre, el aislamiento social y la compensación en un mundo de fantasía. El tratamiento con éxito ayuda al niño a encontrar su camino en un mundo que está dividido de forma natural en varones y hembras. Con la ayuda dedicada de los dos adultos más importantes de su vida, su madre y su padre, el niño con confusión de género puede comenzar a abandonar su fantasía andrógina secreta y a descubrir la enorme satisfacción de integrarse en el mundo del género.

            Como progenitores, necesitarán estar seguros de realizar sus intervenciones -con o sin terapeuta- de forma amable y afirmativa pero clara. A la vez que desalientan la conducta del otro género no deseada, los padres deben estar seguros de que el niño se siente afirmado como individuo único. Esto quiere decir que no se debe esperar que su hijo llegue a ser un niño o una niña estilizados, con nada más que intereses estereotípicos de género. Puede existir cierta cantidad de rol del género opuesto. Pero al mismo tiempo, la androginia sana debe edificarse primero sobre una base sólida de seguridad en el propio género original.

            Es esencial que escuche siempre con respeto a su hijo. No le fuerce a hacer actividades que odie. No intente que se conforme con roles que le dan miedo. No le avergüence tapando maneras afeminadas. El proceso de cambio debe proceder de forma gradual, por medio de una serie de pasos que van acompañados de un estímulo cariñoso.

            La vergüenza puede tener, en efecto, un efecto negativo. "Alex," un hombre homosexual en tratamiento conmigo, recuerda:

            Una vez, cuando tenía alrededor de cinco años, me dieron una caja de perfumes. Recuerdo muchas botellas pequeñas de perfumes diferentes en una caja tal que tenía diferentes compartimentos para guardarlos. Pensaba que en verdad eran algo y las llevaba conmigo a donde quiera que fuese.

            Recuerdo que las llevaba conmigo cuando mi padre y yo íbamos a visitar a algunos familiares. Creo que estaba muy ilusionado con ellas porque recuerdo habérselas enseñado con orgullo a mi tía Margaret. Cuando lo hice, ella me miró y me dijo algo así como: "¿Qué estás haciendo con esos perfumes? ¿Es que eres mariquita?" Empecé a llorar. Ella debió sentirse mal porque enseguida intentó consolarme (...)

            No me acuerdo de mucho más de este incidente pero todavía lo recuerdo. Lo del perfume no duró mucho tiempo pero fue algo que me hizo sentir bien y mal al mismo tiempo.

            Puede servir de ayuda enfatizarle a su hijo, si todavía es muy joven, las realidades de su propio diseño biológico, particularmente que posee un pene y que es un aspecto sano y normal de quién es él. El padre debe implicarse activamente en este proceso educacional. Muchos padres encuentran que ducharse con sus hijos abre la puerta a estas conversaciones. Los padres deben acentuar que esta realidad anatómica hace al jovenzuelo "simplemente un chico como los demás." Más importante todavía: inculcarle que tiene genitales masculinos (que el niño pre-homosexual probablemente tendrá un deseo inconsciente de negar) disipará poderosamente cualquier fantasía que tenga que ver con sus imágenes femeninas o andróginas. El cuerpo masculino del niño es la única realidad, la única parte incontestada de sí mismo que demuestra su masculinidad e inevitablemente le distingue de su madre. Es un símbolo de que de hecho es como papá.

 

DUCHARSE CON PAPÁ

            La experiencia de ducharse juntos tiene el potencial de fortalecer la identificación del niño con el padre y con la masculinidad de su padre, además de con su propia anatomía masculina.

            El Dr. George Rekers, prominente experto en niños con molestias de género, proporciona unas guías detalladas para la ducha padre-hijo para que la experiencia sea positiva. El Dr. Rekers dice: "Los padres no deben reaccionar de forma áspera o negativa si su hijo hace preguntas sobre sexo o anatomía sexual mientras están juntos en la ducha. Cualquier pregunta de esas debe responderse de forma positiva, con interés natural, con información adaptada al nivel de desarrollo del niño y con estímulo y afirmación positivos para mantener abierta la conversación sobre temas tan importantes."[1]

            Al padre se le debe decir también que es normal si su hijo mira la anatomía sexual de su padre o si el niño llega a tocarle. Si pasa esto, el padre debe tener cuidado en no reaccionar con sobresalto ni preocupado ni de forma negativa ni áspera ni de ninguna forma que castigue al niño. En vez de eso, el padre debe hacer alguna afirmación que dé seguridad para decirle al niño que tendrá una anatomía genital similar cuando sea adolescente.

            Si ocurre que el niño toca repetidamente las partes íntimas de su padre cada vez que se duchan juntos, el Dr. Rekers aconseja al padre que diga: "No me importa que me mires el pene porque soy tu padre y ver cómo es mi pene puede ayudarte a aprender cómo crecerá tu cuerpo y que será como el mío. Pero ahora que ya lo has tocado para ver cómo es, tengo que decirte que los hombres no nos tocamos el pene los unos a los otros, a no ser que seamos médicos que debamos examinar a un paciente o que un padre bañe a su hijo pequeño o compruebe si un niño necesita ayuda médica si se queja de dolor o picor en sus partes íntimas." Además, el padre debería explicar que cuando un niño se toca el pene, debe hacerlo en privado.

            El Dr. Rekers describe un suceso trágico que traumatizó a un niño pequeño y le indujo a vivir una conducta de cruce de género. El padre salía de la ducha y su hijo pequeño se le acercó por curiosidad y fascinación y le tocó el pene. El padre inmediatamente le dio un bofetón al niño y le gritó ásperamente y le llamó "pervertido." Desde ese momento, el niño pequeño comenzó a mostrar una conducta de cruce de género. Cuando el niño se bañaba, replegaba el pene entre las piernas para parecer una niña y le dijo a su madre que habría querido no tener pene. Sin embargo, si la experiencia padre-hijo se maneja con tacto, dice el Dr. Rekers, "el niño estará mejor preparado para ducharse en público junto a otros hombres en el futuro en el vestuario del colegio o en un dormitorio de la residencia universitaria."

            Además de sugerir que los papás se bañen con sus hijos pequeños, también les pido a los papás que tengan contacto físico agresivo regular con los chicos. Los papás pueden ayudar también a estimular una conducta asertiva y las expresiones físicas de agresión. Esto ayuda a contrarrestar el rol tímido del "buen chico" que el chico con molestias de género exhibe con frecuencia. Luchar, zarandear, "hacer como que da una paliza a papá" son formas en las que un niño puede descubrir su poder físico, sentir su fuerza física y tener contacto con esta figura masculina amenazante y misteriosa.

 

LA IMPORTANCIA DEL CONTACTO FÍSICO

            Sin excepción, mis pacientes homosexuales adultos describen una ausencia dolorosa -generalmente un vacío doloroso- de contacto físico con sus progenitores masculinos. Richard Wyler nos cuenta cómo esta falta de contacto puede conducir a un sentido duradero de privación:

            El mensaje cultural es claro: los hombres de verdad no tocan. Desafortunadamente, este tabú se transfiere frecuentemente a padres e hijos, incluso cuando los niños son todavía muy pequeños, y a hermanos y amigos. Los hombres de nuestra cultura parecen temer ser percibidos como homosexuales o incluso "hacerse" o hacer a alguien más homosexual al abrazarlo, agarrarlo o tocarlo.

Pero lo más que temen es lo que están creando: una sociedad de hombres privados de contacto que crecen deseando ser agarrados por un hombre. Si la necesidad de ser agarrados y tocados no se satisface en la infancia, no va a desaparecer simplemente porque un niño se convierta en hombre. Para nosotros, el deseo era tan importante y fue negado durante tanto tiempo que algunos de nosotros a veces buscábamos sexo con un hombre cuando lo que realmente queríamos era ser agarrados. Simplemente no sabíamos qué más hacer para recibir el contacto no sexual que tanto ansiábamos.

            Sin este contacto normal, un hombre joven es más vulnerable a establecer relaciones que se muestren inapropiadas o incluso abusivas. Wyler dice de nuevo:

            No es sorprendente que muchos de nosotros fuésemos arrastrados a relaciones disfuncionales o insanas, incluso desde la temprana infancia. Si encontrábamos algo que sentíamos como amor y afirmación, con frecuencia nos adheríamos a ello, sin importar las consecuencias.

            Esto a veces incluso incluía a otros hombres que nos usaban para obtener placer sexual o a los que utilizábamos sexualmente para sentirnos amados de forma íntima (www.peoplecanchange.com).

            ¿Recuerda la historia del nadador olímpico Greg Louganis, que describimos en el capítulo tres? Era un niño solitario que era incomprendido y objeto de burlas por parte de sus compañeros del colegio y que estaba alienado de su padre. De forma nada sorprendente, Louganis era emocionalmente vulnerable a las atenciones del hombre mayor que conoció en una playa. "Iba buscando afecto, apoyo, abrazos más que sexo. Me moría por recibir afecto."

            Una tarea importante de los progenitores es estimular que el niño exprese lo que realmente piensa y siente. Como ya sabemos que probablemente tiene miedo a crecer y encontrarse con el desafío de un rol masculino, al chico se le debe animar a verbalizar esas ansiedades y a comunicar sus ideas sobre el género, que inevitablemente estarán distorsionadas. "Sean," por ejemplo, era un niño afeminado de siete años y su padre tomó la decisión de que "no hablaremos del problema de Sean; simplemente lo afirmaremos y lo amaremos." Ese enfoque es un inicio pero no es suficientemente bueno. Los progenitores necesitan encontrar ocasiones para clarificar las distinciones entre varón y hembra. Preguntar: "¿Qué quieres ser cuando seas mayor?, ¿cómo quién quieres ser?" abrirá un abanico de ocasiones de corregir las distorsiones de fantasía, además de ofrecer estímulos.

            También será necesario que ustedes, como progenitores, reemplacen los juguetes, juegos y prendas de ropa que sustenten la fantasía del cruce de género de su hijo. Algunas madres me dicen que han tirado en secreto ciertos objetos. Al mismo tiempo que comprendo su frustración y la necesidad de actuar rápidamente, sugiero un enfoque más abierto. Pueden animar al niño a participar en la transferencia de esos ítems haciéndole decidir cuáles dar a las niñas pequeñas que conoce. Algunos padres han hecho incluso un ritual del deshacerse de los juguetes femeninos, del empaquetamiento y supresión ceremoniosos de las cosas de niñas para darlas a una niña necesitada del vecindario o a una prima.

            Una "ceremonia del adiós" podría servir de ayuda en el caso de un niño. Cojan una caja, pongan las muñecas dentro, séllenla y digan "adiós", reconociendo en todo momento lo duro que debe ser para el niño desprenderse de esos juguetes. Explíquenle: "Ahora papá va a llevárselos a una niña pequeña del vecindario que no tiene Barbies con las que jugar."

            Es importante para su hijo sentir y expresar su tristeza y la pérdida. Más difícil quizá sea la escucha "comprensiva" de ustedes de su dolor mientras está pasando por este deshacerse de los ítems. La "ceremonia del adiós" puede ser difícil pero no debe ser traumática. Y la decisión de ustedes de hacer esto no debe ser impulsiva sino bien pensada. ¿Está el niño preparado para desprenderse de ello? ¿Quizás todo lo que necesita es un empujón? ¿O la ceremonia hará que se sienta traicionado y enfadado? Si va a ser así, entonces es demasiado pronto para esta acción tan dramática.

            El grado de agresividad de estas intervenciones correctivas dependerá de la reacción de su hijo. Si se queda aislado, deprimido, enfadado, frustrado o se pone nervioso, entonces sabrán que están yendo demasiado rápido. Una pareja entusiasta esperaba "fijar" a su hijo en una semana. El resultado fue un niño ansioso y alarmado. El cambio dramático y negativo en el estado de ánimo del niño indicaba que no se le dio tiempo a ajustarse a las expectativas de cambio de sus padres.

            Algunos padres toman el enfoque contrario: tienen dudas sobre hacer los cambios más obvios y de sentido común. Gran parte de su duda se debe al mensaje mezclado de nuestra cultura y, como ya hemos dicho, al conflictivo consejo dado por muchos profesionales del desarrollo de los niños. Estos padres buscan  permiso explícito de un profesional para decirle al niño amable pero claramente: "Bobby, ya está bien de afeminamientos. Ya eres mayor para esta conducta afeminada." Dicen que tienen miedo a discutir el problema con su hijo, no sea que hieran sus sentimientos.

            Sin embargo, la intervención más efectiva para el equipo de padres es expresar juntos, por medio de un mensaje amable pero unificado y consistente que "esto no es lo que eres; tú eres un niño." Esta forma de tratarlo es agradable, cariñosa, amable y no debería suceder todo a la vez porque es explícito y carente de ambigüedad. Lo más importante es que debe comprometer la unidad y la consistencia de los padres porque ese es el tipo de enfoque que es más efectivo a largo plazo.

            Una madre lo resumía muy bien: "Ayudar a mi hijo a superar la conducta afeminada es como cultivar rosas. No requiere mucho trabajo pero lleva mucha atención consecuente."

            El primer paso para la curación comienza cuando los padres reconocen que existe un problema y entonces deciden trabajar juntos para corregir la dificultad de su hijo. El segundo paso es expresarle al niño que, como padres, están comprometidos a ayudarle y que el cambio es necesario. Una vez que el niño se da cuenta de que sus dos padres, como equipo, ya no ignorarán su conducta inapropiada de cruce de género, comenzará a ajustarse. Este mensaje claro (y con frecuencia inesperado) predeciblemente creará, sin embargo, alguna incomodidad.

 

ETAPAS DEL PROCESO DE MADURACIÓN

            Basándome en mi trabajo clínico con niños con problemas de género y con sus padres, creo que hay cuatro etapas en el proceso de maduración: (1) resistencia, (2) conformidad aparente, (3) resistencia secreta y (4) la alianza de trabajo padre-hijo. Si su hijo vive una conducta evidente del género opuesto, estas etapas deben servir como marco general para que ustedes tracen un camino para el progreso de su hijo. Por supuesto, como con todos los constructos utilizados para explicar un fenómeno completo, estas etapas se comunican recíprocamente de alguna manera; puede que un niño retroceda una etapa antes de comenzar la siguiente. Estos pasos, sin embargo, pueden servir como guías generales.

            Etapa 1: Resistencia.  

            Confrontado con las nuevas limitaciones que han sido colocadas sobre él, puede que su hijo exprese ira, herida y rebeldía. Está dándose cuenta de que mamá y papá ya no le permitirán empeñarse en las conductas de fantasía femenina que una vez le dieron placer y confort. Una vez que tiene la idea de que no podrá gratificar su auto-imagen ficticia, puede que les retire su afecto y que se retire emocionalmente de ustedes. Los niños con inconformidad de género son especialmente sensibles a las críticas y a ser desafiados. Tengan cuidado de no ser demasiado críticos o de imponer correcciones severas.

            Pueden mostrarle a su hijo aprecio especial, diciéndole cosas como "ya sabes, realmente tienes suerte de ser un niño." Subrayen -incluso exageren- las diferencias entre niño y niña. Refuercen la identidad masculina emergente haciéndole preguntas como: "¿Con qué tipo de chica te quieres casar cuando seas mayor?", "¿qué tipo de papá quieres ser cuando seas mayor?" Como padres, necesitarán ser creativos para buscar y utilizar ocasiones y enfatizar las diferencias de género.

 

            Etapa 2: Conformidad aparente.

            Con consistencia suficientemente amable, la mayoría de los padres se da cuenta pronto -al menos de forma superficial- de la colaboración de su hijo con sus nuevas expectativas. Con frecuencia el cambio es tan dramático que puede que los padres se pregunten: "¿Está cambiando realmente o sólo está intentando agradarnos?" Como está motivado para hacerles felices, puede que su hijo simplemente represente la transformación para satisfacer sus deseos. De hecho, estos primeros cambios representan con frecuencia una conformidad conductual aparente sin auténtica transformación interior.

            Pero con el tiempo, si tiene suficiente vínculo emocional con ustedes, su hijo incorporará estas conductas a su sentido de identidad. Debido a que ustedes, al ser sus padres, son las personas más importantes de su mundo, debería deshacerse de mala gana pero escalonadamente de su fantasía de género opuesto.

 

            Etapa 3: Resistencia secreta.

            Puede que ustedes estén encantados con la rápida reacción de su hijo a sus intervenciones aplicadas recientemente. Sin embargo, probablemente se dará una regresión hacia alguna conducta afeminada secreta que les desilusionará rápidamente y les hará pensar que sus esfuerzos serán en vano. Para intentar evitar la frustración y el desaliento, les aconsejo a ambos padres que esperen reveses. En otras palabras, no se sorprendan de ellos.

            Este es el patrón de la ambivalencia: su hijo de cinco años parece estar colaborando. Luego, un día, vuelve a pasearse con esa muñeca y quizás ha vuelto a chuparse el dedo. Ustedes dicen: "Cariño, ¿no hablamos de eso?"

            Él dice: "¿Eh?"

            "Hijo," responden ustedes con amabilidad pero con firmeza, "ya sabes de lo que hablamos: de que eres un niño y de que los niños no juegan con muñecas. Ahora guarda esa muñeca y luego encontraremos otro juguete para ti."

            Deben esperar que el niño dé dos pasos adelante y un paso hacia atrás. En esos momentos, los padres necesitan ser reasegurados de que nada en el universo se mueve de forma lineal, incluido el progreso de su hijo.

            Probablemente notarán que lo más probable es que su hijo vuelva a la conducta femenina en momentos de presión sobre su autoestima. Como observaba un padre: "Cuando mi hijo se siente mal, se mete en su conducta afeminada." Cuando se siente feliz y boyante y afirmado por los demás, probablemente evite la regresión femenina. Realmente, podemos anticipar algo de la conducta regresiva cuando el niño esté fatigado, enfermo, estresado o ha experimentado un desaliento o rechazo particular. El afeminamiento es una reacción de auto-alivio al estrés.

            Tras una regresión así, los padres expresan preocupación por el hecho de que su hijo pueda estar "simplemente agradándonos" o "haciéndonos felices porque sabe que es importante para nosotros." Ellos quieren saber si su hijo está cambiando verdaderamente en el interior. De hecho, la madurez en el propio género incluye mucho más que actuar de forma diferente: requiere un cambio interno de percepción.

            La familia debería echar una ojeada a los modelos de rol masculino del niño. Si el padre sigue siendo un modelo negativo (particularmente si está implicado en una negación en curso o en una relación de abuso con la madre del chico) puede que el chaval abrigue la percepción inconsciente de que no está bien identificarse con lo masculino. En este caso, el niño necesita su armadura femenina como defensa, y cualquier cambio de conducta realizado probablemente no se interiorizará.

            De hecho, deberíamos apreciar enérgicamente la dificultad de la lucha del niño pequeño. Hay un conflicto interno. Como explicaba un chico: "Hay dos partes de mí en mi interior que están peleando la una contra la otra."

 

            Etapa 4. Una alianza de trabajo.

            Nada es más gratificante para los padres que comenzar a ver la cooperación voluntaria de su hijo en el proceso de maduración. Mientras "Aaron", un chico muy joven con problemas de género  veía un programa de televisión del que destacaba un personaje de animación femenino atractivo, su madre tenía una oportunidad única de observar su conflicto interno:

            Podía ver que Aaron realmente quería perderse en el personaje femenino. Antes había bailado alrededor de la habitación como una bailarina, como veía.

            A su lado había algunas figuras de chicos de un juego de una granja junto con un par de coches. También podía ver que estaba intentando quitar los ojos de la tele y coger una de las figuras de chicos. Intentaba evitar la tentación de fantasear sobre ser ese personaje femenino. Mi corazón se rompía por él porque sabía exactamente lo que estaba sintiendo.

            En la fase de alianza de trabajo, no sólo observarán la nueva actitud de cooperación de su hijo sino que también comenzará a verbalizar su lucha interior. Una pareja decía que su hijo les había confiado: "Crecer es duro." Recuerden que, para esos niños, crecer crea un conflicto porque significa encontrar el desafío de ser un niño. Y no crecer les es atractivo porque les proporciona el confort de permanecer en un rol femenino o andrógino, y con frecuencia se quedan en una relación demasiado estrecha madre-hijo porque les proporciona el lugar para esconderse de los desafíos del mundo masculino.

Otro niño decía, con aparente frustración: "Estoy intentando olvidarlas", refiriéndose a la colección de muñecas Barbie de las que se había desprendido. Su madre me dijo: "Parece tener voluntad de cambiar ahora aunque puedo ver que le estresa."

 

EL ROL DEL PSICOTERAPEUTA

            Debido a que los padres naturalmente se enredan de forma emocional con su hijo, con frecuencia encuentran difícil quedarse con un programa de cambio efectivo por su cuenta. Cuando sea posible, les animo encarecidamente a buscar el psicoterapeuta correcto que les ayude.

            Un psicoterapeuta profesional que comparta sus valores y objetivos les asistirá, primero de todo, proporcionando una formación más amplia y, en segundo lugar, corrigiendo puntos oscuros que puedan tener como individuos y como equipo parental. El psicoterapeuta puede observar, por ejemplo, que ustedes no están comunicándose efectivamente con el niño. Puede que vea que su hijo nunca verbaliza su estrés ni sus conflictos y que sólo parece ser condescendiente con lo que le piden que haga. Puede que señale cómo la madre y el padre expresan mensajes diferentes (quizás incluso contradictorios y que crean confusión) sobre el género.

            Para corregir la confusión de género en la infancia, es muy importante un fuerte equipo entre los padres. Su  mayor seguridad de cambio viene cuando hay compromiso por ambos padres. El hecho es que, con el compromiso de un solo progenitor, es mucho menos probable un resultado positivo. Recuerden: no existe un miembro neutro del equipo parental. El padre que no se implica es percibido por el niño como alguien que implícitamente le da permiso para seguir siendo afeminado y esto de alguna forma niega el mensaje del padre comprometido.

            El tratamiento psicoanalítico tradicional para la pre-homosexualidad se centraba en que el niño fuera visto solo por el psicoterapeuta. Los padres eran excluidos de las sesiones, siendo visto el niño de dos a cinco veces a la semana durante muchos años. Este tratamiento era muy caro y su índice de éxito era decepcionante. En cambio, lo que parece que es más efectivo es que el terapeuta trabaje de forma regular con los padres y no con el niño. Después de pocas sesiones semanales, el terapeuta debería soler ver a los padres sólo lo que fuese necesario (quizá mensualmente) para entrenarles y supervisar el progreso del niño. El psicoterapeuta suele necesitar ver al niño sólo para una evaluación inicial y luego más tarde de vez en cuando.

            Con frecuencia he encontrado que mi apoyo y asesoramiento profesional sólo confirman lo que los padres ya sabían por intuición. En sus corazones, sienten fuertemente que algo no va bien con el niño pero necesitan permiso para intervenir. La mayoría de las madres son muy conscientes de que el padre del niño debería implicarse más y que su distancia incrementa las dificultades de su hijo.

            Pero -como hemos expuesto en el capítulo anterior- los progenitores con frecuencia se encuentran confundidos por mensajes contradictorios de los medios y de muchos profesionales del desarrollo del niño. Estos padres necesitan un terapeuta informado que apoye sus objetivos, no la idea del terapeuta de que la idea del género es irrelevante. El terapeuta debería preparar al niño para un mundo de género, al mismo tiempo que ayuda a reducir la posibilidad de su homosexualidad posterior.

 

AMOR INCONDICIONAL

            Una de las responsabilidades más importantes del terapeuta es ayudar a los padres a expresar la desaprobación de la conducta afeminada sin expresar desaprobación por el niño. El terapeuta ayuda a los padres a aprender a expresarle las expectativas explícitas al niño de que su conducta afeminada es inaceptable y a desalentar con amabilidad pero con firmeza estas conductas. Pero, al mismo tiempo, el niño no debe experimentar las expectativas de sus padres como una crítica o un rechazo profundamente personal.

            Mientras ustedes trabajan estos asuntos con su hijo (o hija), alguien les dirá que una persona sana no está limitada a una versión estrecha de la identidad de género. Esta persona dirá que nuestras personalidades deben incluir aspectos masculinos y femeninos.

            Esta visión popular deriva, en alguna de sus extensiones, del trabajo del psicoanalista Carl Jung, que vivió durante la época de Freud. Jung creía que el desarrollo adulto maduro requiere la integración de las características del sexo opuesto. Existe, por supuesto, algo de verdad en la noción de que maduramos integrando características emocionales del sexo opuesto, pero esto se puede lograr sólo después de que el individuo se haya identificado con seguridad con su sexo biológico. Esta integración no debe comprometer nunca el cumplimiento de la identidad de género apropiada.

            Una mala interpretación popular de este principio se ve cuando los padres promueven un desdoblamiento de género en sus hijos. Algunas madres "liberales" dicen que están absolutamente encantadas de ver a sus hijos llevando vestidos o muñecas bebé y no tienen ningún problema en que sus hijas rechacen con firmeza llevar vestido. Pero esto es un grave error. Es una estupidez animar a su hijo a integrar cualidades femeninas antes de que haya asumido su identidad masculina. Y ciertamente no es sensato apoyar el rechazo de su hija a todo lo femenino.

 

MEDICIÓN DEL PROGRESO

            El tratamiento con éxito de la confusión de género debe disminuir la conducta e identidad de cruce de género, mejorar las relaciones con sus compañeros y disminuir al final el nivel de estrés en la vida del niño. El objetivo del tratamiento es disminuir el sentido del niño de que es diferente y, de alguna forma, inferior a los demás chicos. Esto maximizará la posibilidad de que su hijo desarrolle una orientación heterosexual normal.

            Para comprobar su progreso, tome nota de los siguientes marcadores de éxito en el tratamiento de los niños con desorden de género:

1. Disminución del afeminamiento.

Los padres observan una disminución de las conductas que al principio produjeron preocupación. Debemos observar menor indulgencia en las actividades y amaneramientos afeminados.

2. Incremento de la auto-estima.

Los padres comienzan a ver que su hijo expresa un sentimiento positivo sobre sí mismo en general. Encuentran que su hijo se siente orgulloso de haber logrado un desafío personal difícil. Los padres se dan cuenta de que su hijo tiene un sentido más seguro de quién es.

3. Incremento de madurez.

Los padres describen a un niño más feliz y con más seguridad de sí mismo que tiene naturalidad sobre sí mismo. Una madre, buscando las palabras, explicaba: "Parece más... real." El niño se ha vuelto menos tímido, menos auto-consciente y menos auto-preocupado. Evidencia más conexión emocional y una reacción apropiada hacia los demás.

4. Disminución de la ansiedad o la depresión.

Los investigadores han encontrado una conexión entre el afeminamiento del niño y un nivel más alto de ansiedad o depresión.[2] Mientras su hijo resuelve su conflicto de identidad de género, los padres señalan que parece menos nervioso e incómodo y generalmente parece preocuparse menos por cosas pequeñas. La experiencia de encajar con otros niños hace que disminuyan los síntomas asociados de ansiedad y depresión.

5. Popularidad con los demás niños.

Se ha observado generalmente que los niños que muestran conductas características del "niño real" son  más populares y que los que muestran conductas menos masculinas son menos populares (este escenario no es así para las chicas.). Los niños masculinos tienen más probabilidad de tener mejores amigos heterosexuales que los afeminados. Los niños que padecen problemas de identidad de género son con frecuencia las víctimas de la crueldad extrema de sus compañeros del mismo sexo. Los niños afeminados, sugiere mi experiencia clínica, tienen también más probabilidad de sufrir abusos de depredadores sexuales, que parecen ser conscientes de que el chico rechazado por sus compañeros está privado de atención y, por lo tanto, será un objetivo fácil.

6. Disminución de los problemas de conducta.

Al mismo tiempo que los niños pre-homosexuales son dóciles "buenos chicos", un porcentaje más pequeño es abiertamente disruptivo. Sea cual sea la forma, cuando se incorpora la conducta de género apropiada, los padres del niño, los maestros y otros adultos supervisores observan una conducta más colaboradora socialmente. Se dan cuenta de que hay menos rabietas de carácter, menos arrebatos emocionales y menos conducta de evasión.

7. Mejor relación con papá.

Los padres afirman que el hijo busca a su padre de forma espontánea, quiere estar con él, y disfruta de su compañía.

8. "Feliz de ser niño."

Los padres perciben que sus hijos parecen orgullosos de ser un niño, de estar haciendo cosas que hacen los demás niños y esto les hace bien. Ello les dará al final un sentido de satisfacción por ser un niño más.

              El Dr. Reckers, prominente investigador de los desórdenes de identidad de género en la infancia, describe los resultados del tratamiento de más de cincuenta niños con DIG y sugiere que se consiguieron cambios permanentes en la identidad de género. Rekers está convencido de que un tratamiento preventivo para el "travestismo, transexualismo y algunas formas de homosexualidad han sido, de hecho, marginadas."[3]

            Los Dres Zucker y Bradley creen también que el tratamimento del conflicto de identidad de género puede tener éxito:

            Nuestra experiencia es que un número importante de niños y sus familias logran un gran cambio. En estos casos, el desorden de identidad de género se soluciona totalmente y nada en la conducta o fantasía de los niños sugiere que los asuntos de identidad de género sigan siendo problemáticos (...)

            Consideradas todas las cosas, nuestra posición es que en estos casos un especialista debe ser optimista, no nihilista, sobre la posibilidad de ayudar a los niños a estar más seguros con su identidad de género.[4]

            Otros investigadores que afirman el éxito al trabajar con niños afeminados dicen que el tratamiento efectivo los ayuda a comprender los motivos de su conducta de cruce de género y refuerza los signos de su masculinidad en desarrollo. Su enfoque, como el nuestro, requiere un terapeuta del mismo sexo del niño que solicitará la ayuda del padre del niño. Ellos también traen a la familia del niño a la terapia y construyen sobre el refuerzo en el grupo de compañeros.

 

ACOMPAÑADO EN EL PROCESO DE CAMBIO

Queremos compartir los resultados de tratar a niños con confusión de género revelando las transcripciones de varios estudios de casos reales. Estos casos no fueron recogidos como historias de éxito. En verdad, son más bien casos típicos de familias que han experimentado algo de éxito tangible junto con algunas decepciones. Todos los ejemplos que se recogen aquí son de chicos, cuya confusión de género es mucho más probable que llame la atención de los padres.       

Nuestra esperanza es que al mismo tiempo que ustedes lo lean, tengan un punto de comparación por el que rastrear la condición y progreso de su propio hijo. Todos estos chicos fueron llevados primeramente a mi consulta debido a la confusión de género. Sus padres volvieron para continuar la evaluación varios años después del fin del tratamiento de sus hijos.

Recuerden que el objetivo del tratamiento es disminuir la idea del niño de que es diferente y, en cierta forma inferior a los demás niños. Esto maximizará la posibilidad de que el niño desarrolle una orientación heterosexual normal, aunque probablemente será una o dos décadas después del tratamiento cuando pueda saberse la orientación sexual del niño.

 

LA CONTINUA NECESIDAD DE AUTO-AFIRMACIÓN: "TOMMY"

A continuación transcribimos una entrevista con la madre de un chico con confusión de género realizada varios años después del fin del tratamiento. Este chico había mejorado marcadamente con respecto a su afeminamiento y está progresando mucho. Sin embargo, en su progreso continúan interfiriendo algunas dificultades de relación y de auto-estima debido a que Tom todavía se permite caer en un rol pasivo tanto en las relaciones masculinas como femeninas.

Dr. N.: Hace cuatro años que usted vino por última vez a mi consulta. ¿Cómo le

 va a su hijo ahora?

Madre: En general, a Tommy le va mucho mejor. Está menos malhumorado y ya no se le podría llamar  afeminado.

Dr. N.: Ahora, ¿qué tal va la popularidad de su hijo con los demás niños?

Madre: Desafortunadamente, realmente no ha cambiado.

Dr. N.: ¿No ha crecido?

Madre: No. El problema está en que ha dejado algunos niños con los que

había intentado que fueran sus amigos cuando no le respondieron. Ha dejado de llamarles y de hablarles en el colegio. Tiende a hacer esto: dejarlo estar cuando las cosas le desaniman.

Dr. N.: ¿Tiene amigos íntimos?

Madre: Bien, está Marianne, la niña más abajo de la calle. Todavía son buenos amigos. Gracias a Dios, no están tan unidos como lo estaban antes, cuando tenían que verse a cada momento.

Dr. N.: Bien. Recuerdo que cuando actuaba de forma muy afeminada, Tommy solía pasar mucho tiempo con ella.

Madre: Sí. Solía dejar que Marianne actuase como si fuera su "madre" y que le fuera una especie de jefe. Y solía tomar esa conducta de ella y a pesar de la forma en que le trataba, él estaba allí para ella siempre que lo necesitaba. Entonces no me daba cuenta de que una relación así no era buena para él.

Dr. N.: ¿Qué hay de sus relaciones masculinas?

Madre: Tiene un mejor amigo pero yo no veo realmente la intimidad que me gustaría ver, aunque este niño considera a mi hijo su mejor amigo. Pero cuando están juntos, Tommy realmente no habla mucho. Puedo ver que es muy callado. El otro niño es como el líder y siempre está diciendo: "Soy el más grande, soy el mejor."

            Claramente, aunque el afeminamiento ya ha desaparecido, Tommy necesita ayuda con su tendencia a caer en relaciones donde está sin poder. Le sugerí a su madre que lo apuntase a un club o a un trabajo voluntario donde pudiese estar en una posición de líder ayudando a niños menores, para que crezca en confianza y auto-afirmación. Podría beneficiarse también de la terapia con un orientador masculino.

 

PAPÁ ES ACEPTADO COMO UN ORIENTADOR AMOROSO: "TIM"

El padre de Tim ha aprendido que su hijo frágil de género requiere una atención especial y debido a que papá le ha proporcionado esa atención, el chico ha experimentado un progreso notable.

Padre: Durante los últimos años, me he convertido en un observador; intento poner atención real y cercana a cómo actúa Tim con sus compañeros, tanto niños como niñas, y en todos los aspectos sociales. Su escuela sólo tenía una obra de teatro de quinto y ayudé a montar el decorado. Me aseguré de llevar a Tim conmigo para que hiciera mucho del trabajo de montaje y haciendo que se implicase con alguno de los demás hombres, además de con alguno de sus hijos. Era un trato para ambos. Había intentado hacer esto en el pasado pero Tim no tenía interés. Creo que fue una cuestión de confianza con él, confianza que no pudo mantener firme hasta el fin.

Madre: Sólo quiero decir algo, Jack. Creo que era más que eso para nuestro hijo. Creo que Tim te rechazaba activamente a ti y a todo lo que tenía que ver contigo.

Dr. N.: Pero eso es una defensa contra su sentimiento inferior. Su actitud de superioridad, básicamente, era una tapadera para su sentido de inferioridad.

Padre: Creo que realmente usted tiene razón. Él pensaba: Si acepto a mi padre por lo que es, entonces tengo que aceptar el hecho de que yo no seré capaz de cumplir con lo que él es. Pero ahora puedo esforzarme por ser como él; realmente puedo lograrlo. Ahora esto lo veo cada vez más en todos los aspectos al tratar a nuestro hijo. Ahora le hablo de cosas de las que, si le hubiese hablado de ellas hace un año, se habría puesto muy a la defensiva y se habría cerrado en banda.

Dr. N.: Esa es una actitud que le hace desistir de la vida adulta. Muchos hombres gays (como podemos leer en la literatura gay) dicen que la homosexualidad los coloca por encima del hombre normal. Ellos son los artistas; son las personas sensibles y el hombre medio es simplemente un trabajador. Pero paradójicamente, al mismo tiempo se sienten atraídos sexualmente por el mismo tipo de hombre al que desprecian. Es una actitud defensiva que les hace volver a esos tipos de experiencias dolorosas contra las que su hijo ha estado luchando en medio de sus compañeros. Por lo tanto, usted ha intentado dejar claro que él es uno de los hombres, que él es el que realmente toma medidas.

Padre: Eso es. Es de ese sentido de inferioridad, de ese no tomar medidas en el mundo masculino, del que queremos protegerle. Pero antes, Tim no quería abrirse a mí. Creo que sentía que si se confiaba en mí y me abría su corazón desde su perspectiva, o se llevaría este sentimiento de que le rechazamos, algo así como: Ya están otra vez: realmente no están interesados en mí, o pensaría: "Realmente no comprenden lo que estoy intentando decirles.

Y he aprendido que cuando Tim se abre y quiere hablar, yo habría sacado más poniendo atención a lo que está diciendo. Ese no es el momento de leer revistas y si hay algo especial en la televisión que quiera ver, pues malo. Mejor dejar lo que estás haciendo y escuchar, eso lo he aprendido. Porque, si no, se recoge inmediatamente y una vez que se cierra, se ha cerrado.

Realmente ahora viene a mí y me dice: "¿Está bien si hago esto?" En otras palabras, de hecho me está preguntando cómo actuar como un hombre más. Me tomo tiempo en explicarle por qué, si hace eso con sus amigos, probablemente no debería seguir por ese camino si quiere que sus amigos lo acepten en el colegio. "Deja esas cosas de chicas de una vez". Y cuando le hablo de esta forma, puedo sentir la conexión. Puedo sentirle mirándome y diciéndome: "Está bien, papá. Lo intentaré."

En verdad, nunca antes me había sentado a hablar abiertamente con él ni le había dicho por qué tenía tantos problemas con los niños del colegio. Ahora me acerco a él de una forma amorosa como instructor y padre y le digo: "Si quieres ir por la vida sin todo esos batacazos y ese dolor, hay ciertas cosas que son apropiadas y ciertas cosas que son inapropiadas. Cierta conducta no te va a producir sino dolor en tu corazón."

Ya no veo los ligeros movimientos de mano ni el vértigo. Veo cada vez más del hombre joven maduro que he estado esperando en este espacio de tiempo. Es como coger un libro y pasar una página tras otra y decir: "¡Guau!" Todo le va yendo mejor.

Por supuesto, el cambio real para Tim no es simplemente un asunto de cambiar amaneramientos afeminados sino que cuando proyecte una imagen al mundo, sus compañeros masculinos actuarán de forma diferente con él y también Tim comenzará gradualmente a sentirse verdaderamente diferente sobre sí mismo.

 

EL ESFUERZO DE UN PADRE POR SANAR LA RELACIÓN: "EVAN"

            Este padre tiene un hijo (Evan) que estuvo enredado en un encuentro sexual con un monitor de campamento hace tres años, cuando el chico tenía trece años.

Dr. N.: Cuando Evan era niño, ¿parecía diferente a sus otros hijos?

Padre: Sí. Desde muy pronto ya vi el tipo de juguetes que elegía Evan. Y era un niño muy expresivo, muy social y emotivo. Le veíamos como nuestro hijo creativo y sensible. Luego, cuando creció un poco, empezamos a darnos cuenta de la gravitación hacia las cosas que nuestra cultura no considera como masculinas.

Dr. N.: ¿Eso les preocupó?

Padre: Realmente no, porque tenemos muchas personas creativas en nuestra familia y pensamos simplemente que así sería él. Nunca tuve en mente que mi hijo tuviera que ser macho, ni siquiera especialmente atlético. Mucho después, sin embargo, cuando vimos el interés por lo gay que estaba desarrollando mientras se acercaba a la pubertad, me di cuenta de que se tiene que tratar a este chico de forma diferente.

Dr. N.: ¿Qué habría hecho usted de forma diferente?

Padre: Habría sido menos crítico y exigente con pequeñeces. Intentar forzarle a hacer cosas de cierta forma no funcionaba con mi hijo, aunque sí cuando todavía estaba en preescolar. Evan realmente se estresó con las críticas. Mis otros hijos no pero él trató el estrés mental de esa forma. Y esto desembocó en una desavenencia entre nosotros que fue la forma de nuestra relación durante muchos años.

            Lo que me avergüenza es que me llevó muchos años darme cuenta de que a mi hijo no le iba bien esa actitud mía de "agárrate, niño, y resiste." Evan, probablemente más que la mayoría de los niños, necesitaba ver que su padre era un hombre con un corazón que podía llorar, que quería escuchar y que diría: "Hablemos de cómo te hace sentir esto", en vez de: "Hijo, deberías hablar, ¡pero ya!"

Dr. N.: ¿Qué espera de la vida de su hijo?

Padre: Más que nada, espero que mi hijo encuentre paz y espero que aprenda a ser feliz como es. Cualquiera que sea la confusión y la incomodidad que está sintiendo hoy, espero que pueda estar sano de forma que él mismo se vea como sano. Y como nuestra familia es cristiana, espero también que pueda encontrar la voluntad de Dios en su vida.

Dr. N.: Pero y si un día va y le dice: "Mamá y papá, lo he intentado. No puedo cambiar: soy gay." ¿Qué haría?

Padre: Oh... Bueno, sería muy doloroso para mí oír eso pero por supuesto, sin lugar a dudas, le seguiría queriendo.

Dr. N.: ¿Seguiría manteniendo la relación?

Padre: Absolutamente. ¿Cómo iba a romperla? Es nuestro hijo.

Dr. N.: Exactamente. Siempre son nuestros hijos...

Padre: Recientemente ha habido muchas veces en las que hemos llorado juntos y Evan me ha abierto su corazón sobre lo que está sucediendo en su vida. Escuchándole, me di cuenta de que había muchas cosas que yo había hecho creyendo que lo hacía de una manera amorosa pero en ese momento él no lo veía. Evan lo estaba interpretando como una crítica.

Dr. N.: ¿Qué le convenció de que algo iba mal?

Padre: Cuando llegó a los años de la adolescencia, pude ver que Evan tenía un dolor. Se veía a sí mismo como dañado, indigno de ser amado. No estaba a gusto consigo mismo. Luego sucedió lo del incidente sexual con el monitor del campamento, que fue la auténtica llamada a despertar. Al acercarme a mi hijo, pude ver que era muy difícil convencerle de que realmente le quería y de que me interesaba su vida. Simplemente, él no podía creerlo.

Dr. N.: ¿Así que él no pudo aceptar lo que usted le decía?

Padre: No, y hemos llorado juntos por esto bastantes veces.

Dr. N.: Debe haber sido muy duro.

Padre: Es tan doloroso oír lo que ha estado sufriendo tu hijo. Sólo deseas poder quitarle todo el dolor, los malos recuerdos, los errores que ahora te han sido revelados; simplemente borrarlos.

Dr. N.: Hay tantas cosas que todos los padres desearíamos no haber hecho, ¿verdad?

Padre: Pero ahora, Evan y yo podemos hablar de todo esto juntos, especialmente cuando está deprimido y siente dolor. Ahora, la mayoría de las veces, ya no le doy consejos ni intento arreglar el problema. Simplemente escucho e intento dejarle que me golpee con todos sus sentimientos, su ira y sólo recibir esa ira pero no defenderme de ella.

Dr. N.: ¿Qué les aconsejaría a otros padres de adolescentes?

Padre: Bueno, fuimos bastante afortunados de tener un hijo que no quería ser gay. Eso marcó una diferencia muy grande. Pero ahora que hace unos pocos años de ese incidente sexual, nos damos cuenta de que no existe una  reparación rápida.

Dr. N.: Nada cambia de la noche a la mañana.

Padre: Así es y va a haber días en los que digas: "Esto no sirve de nada; no está cambiando"; y otros días en los que estés seguro de que el problema ha desaparecido completamente. En esos días, te dices: "¡Esto va a funcionar, gracias a Dios! Voy a tener un hijo heterosexual. Así que les diría a los padres: "Sabed que va a ir para largo y posiblemente va a ser más doloroso antes de que mejore."

Dr. N: Por supuesto. Se trata de mucho más que simplemente la forma en que tu hijo se presenta al mundo.

Padre: En su corazón, se trata de ayudar a Evan a ser feliz y, en última instancia, a que se sienta cómodo y en paz consigo mismo. Él reconoce las opciones que se le han puesto delante y no quiere ser gay. Mi relación con él es mucho mejor ahora. Creo que ahora podemos ser muy confidentes ya que hemos hecho todo lo que hemos podido para sentar los cimientos correctos.

UN PADRE QUE NO SE IMPLICA: "SIMON"

Simon, cinco años después de que sus padres comenzasen la intervención, había dejado también su afeminamiento. Su madre relata que le va bien en el colegio y que ha madurado. Ya no está tan malhumorado y sus problemas de género parecen haberse resuelto. Sin embargo, el padre de Simon ha tirado la toalla y (como Tommy) este chico tiene una lucha con la auto-confianza.

Dr. N.: Señora Martin, ¿cuántos años tiene su hijo ahora?

Madre: Simon ahora tiene doce años.

Dr. N.: ¿Usted cree que ha habido una disminución de su afeminamiento?

Madre: Sin lugar a dudas. No veo afeminamiento. No lo veo en absoluto. Cuando era más pequeño, veía sus ropas y los intentos de afeminamiento, el baile. Estoy intentando recordar, hace tanto tiempo.

Dr. N.: Bien. ¿Qué hay de su auto-afirmación?

Madre: No es exactamente agresivo porque no es su naturaleza pero ha tenido entrenadores que son muy positivos y le edifican, le hacen más confidente. He intentado escogerle yo los entrenadores y he solicitado sus equipos en concreto.

Dr. N.: ¿Cree que ha habido un decrecimiento en la ansiedad y la depresión de Simon?

Madre: Absolutamente. Eso ya no se lo veo.

Dr. N.: ¿Qué veía antes?

Madre: Recuerdo ver ciertamente ansiedad hace años. Lo vi especialmente cuando iba a clase tanto con niños como con niñas. Ahí fue cuando me di cuenta por primera vez de que tenía problemas cuando tenía que plantar cara a otros niños. Lloraba. No tenía confianza. Quería quedarse en casa conmigo.

Dr. N.: ¿Simon se siente mejor consigo mismo que antes?

Madre: Sé que mi hijo tiene confianza en ciertas áreas. Por ejemplo, cuando va al colegio, está ciertamente por encima de los demás niños. Le dieron las notas y tiene un promedio de sobresaliente. El colegio le resulta fácil. Y no veo ya infantilismo real, aunque de vez en cuando todavía oigo un poco de esa voz de bebé y tengo que recordárselo. Y con respecto a su nivel de madurez, le veo muy responsable y considerado conmigo y siempre es puntual cuando vamos a algún lugar.

Dr. N.: No recuerdo ningún problema conductual en Simon en el pasado. ¿Ha surgido algo desde entonces?

Madre: No, siempre ha sido bueno. Considero que es altamente inteligente porque siempre ha tenido esa forma calmada en sí y la inteligencia está también ahí. Donde otros chicos podrían acabar haciendo  pequeñas tonterías, lo que hace Simon es absorber el conocimiento.

Dr. N.: ¿Qué pasa con esos amigos varones?

Madre: Ahora tiene muchos chicos que le llaman y le piden su opinión sobre los deberes, por lo que sé que está relacionándose y sé que es querido. Pero personalmente creo que, como su postura no es buena, yo vería esto como una indicación de que no tiene auto-estima alta. Pero aunque es querido, todavía lo considero algo solitario, aunque almuerza con los chicos y practica todos los deportes. No es un súper atleta pero lo está haciendo bien. Su entrenador dice que ya lo tiene todo mentalmente, que todo se le pondrá en un momento dado en su sitio.

Dr. N.: ¿Cómo es la relación de Simon con su padre?

Madre: No tan buena. Mi marido no ha aprendido nada. Grita a Simon, y puedo ver que esto hiere los sentimientos de Simon. Después, mi hijo se retira a su habitación y no ve a su padre durante días. Ahora, mi marido debería darse cuenta de esto y verlo como un problema pero no lo hace. No tiene resquemores ni compasión o lo que quiera que sea.

Dr. N.: ¿Lo observa? ¿Sabe que hay un problema?

Madre: No, no lo creo.

Dr. N.: Así que ni siquiera se da cuenta. Así que déjeme ver esto claramente: a veces su padre le riñe y la reacción de Simon es retirarse y a veces evita a su padre durante días. Y su padre se da o no cuenta, pero por la razón que sea,  ¿no quiere salir y conectar con el chico?

Madre: No. Y veo que es una falta de compasión. Como madre, mi primer instinto sería proteger a mi hijo. Y por eso hemos tenido problemas en el matrimonio. Y ahora ha llegado a un punto en el que simplemente ya no molesto a mi marido haciéndole recordatorios. Me duele ver a mi hijo de esa forma y simplemente no quiero negociar más con él sobre Simon. Hemos discutido por esto y daña nuestro matrimonio.

Dr. N.: Así que, si no le insistiera...

Madre: Estaríamos en casa para el resto de nuestras vidas sin hacer nada. Lo único que haría mi marido con ellos sería ver la televisión y ver lo que él quiere. Mi marido es en verdad muy infantil.

La madre de Simon ha trabajado duro con su hijo pero el chico todavía necesita un modelo de rol estimulante, ojalá un familiar varón que asuma el lugar del padre del chico, que ha abdicado.

 

LA ATENCIÓN AMOROSA DEL PADRE OBTIENE RESULTADOS: "BRIAN"

Los padres de Brian se dan cuenta de que éste revive cuando su padre se acuerda de buscarle. La clave es la consistencia.

Dr. N.: Señora Jones, ¿cuántos años tiene Brian ahora? Han pasado cuatro años desde que estuvo aquí.

Madre: Ahora tiene diez años.

Dr. N.: ¿Cómo evaluaría usted la disminución de su afeminamiento? ¿Ha cambiado del todo?

Madre: Sí, mucho. Todavía tiene algunos gestos femeninos. De mis cuatro hijos, es el más femenino; sin embargo, ya no hace lo que llamamos "elecciones de chica." Lo llamamos "ser sano" o "actuar como un niño." Creo que todavía lucha un poco con eso: a veces sus gestos o el lenguaje de su cuerpo. Todavía tenemos que recordárselo ocasionalmente. Pero me doy cuenta de que sus elecciones son mucho más adecuadas y esto es verdad  desde hace un par de años.

Dr. N.: ¿Cree que está cambiando porque sabe que será desaprobado si no lo hace o porque verdaderamente está perdiendo interés en actuar de esa forma?

Madre: No he visto nada inapropiado. Las elecciones que hace ahora incluso cuando no estamos cerca son las correctas, las apropiadas. Lo llevo comprobando desde hace un par de años.

Dr. N.: ¿Así que cree que existe una disminución significativa de sus elecciones femeninas?

Madre: Sí, muy grande.

Dr. N.: ¿Cómo evaluaría su auto-estima? Recuerdo que tenía un problema con baja auto-estima.

Madre: Creo que va a ser una batalla que le durará toda la vida. Lo veo mejorando poco a poco pero para él es una batalla real dura. A veces vendrá y me dirá: "Creo que me estoy haciendo popular" o "creo que puedo estar haciendo más amigos." Esto lo oigo mucho. Es amable cuando se hace una afirmación positiva, considerando que mis otros tres hijos nunca se han cuestionado su popularidad.

Dr. N.: ¿Qué hay de su ansiedad y su depresión? Era un gran problema para Brian, especialmente su depresión.

Madre: Casi ha desaparecido.

Dr. N.: ¿De verdad?

Madre: Sí, diría que el año pasado me di cuenta de ello. Todavía tiene mal humor. Pero me he dado cuenta de que simplemente mi hijo es malhumorado. Es introspectivo y mira dentro de sí mismo y le gusta discutir sus sentimientos conmigo, no con su padre. Pero no, no está deprimido. No lo veo. Diría que es un chico feliz.

Dr. N.: Eso es bueno. Hablemos de los amigos varones de Brian. ¿Cómo va eso?

Madre: Todavía se preocupa por los amigos y las relaciones. Desde que vinimos a verle a usted, para ayudar a Brian empecé a ser líder de un grupo de "lobeznos" [de la asociación juvenil] para poder tener al menos un grupo de diez chavales en mi casa una vez a la semana.

Dr. N.: ¿De verdad?

Madre: Sí, y todavía lo hago, por lo que tengo chavales en casa todo el tiempo.

Dr. N.: ¿Conecta con ellos?

Madre: No conectaba con ellos cuando empecé los "lobeznos" pero ahora sí. Empecé el grupo cuando él tenía ocho años y podría decir que era un poco torpe: no cómodo. Ahora realmente está fuera de mi grupo de "lobeznos", pero es mi ayudante con los diez chavales que vienen aquí y se siente muy cómodo.

Pero todavía le veo como que tiene un poco de auto-imagen negativa con respecto a ser popular. En los últimos dos años yo diría que está intentando realmente hacer amigos en el colegio que pueda conservar. Y vendrá a casa tan emocionado y dirá: "Tengo un nuevo mejor amigo." Los demás chicos parece que siempre le llaman. El maestro dice que es bastante popular en el colegio. Pero eso no parece haberle hundido.

El curso pasado, lo apuntamos al fútbol pero lo odiaba. Así que le permitimos que lo dejase. Pero recientemente nos preguntó si podía jugar al tenis y unirse al equipo de tenis. Le dijimos: "Claro que sí." Esa es la primera vez que ha pedido practicar un deporte. Pero no es que no sea atlético. No es afeminado en la forma en que conduce su cuerpo.

Dr. N.: Bien, entonces yo diría que está haciendo algún progreso. ¿Qué hay de esas terribles rabietas de carácter y de esas explosiones dramáticas que Brian solía tener?

Madre: ¿Los ataques de histeria? Han desaparecido por completo.

Dr. N.: Desaparecido por completo...

Madre: Fue una época de mi vida terrible, terrible, durante casi cuatro años. Miro las notas que escribí durante ese tiempo y no puedo creer lo lejos que hemos llegado. Nuestra casa era un lío. Y ahora todo se ha acabado.

Dr. N.: Creo que es muy bueno para los padres llevar un diario, para poder tener una perspectiva del cambio. Porque vivimos tanto en el día a día que perdemos de vista la totalidad. Llevar el diario les da a los padres un sentido del progreso en sus esfuerzos.

Madre: Eso es verdad. Honestamente, cuando pienso en mi vida con Brian desde que tenía dos años hasta al menos seis, era una auténtica pesadilla. Nunca habría soñado que sería tan normal como lo es ahora. Nunca. Honestamente, nunca pensé que sería capaz de adaptarse ni en la sociedad ni en nada.

Dr. N.: ¿Sigue implicado el padre?

Madre: Sí, lo sigue mientras yo continúe  empujándole cuando se olvida. Bill se olvida de que debe seguir implicado pero cuando se lo recuerdo, no se enfada porque sabe que es importante.

Dr. N.: ¿Corrige su padre a Brian con amabilidad?

Madre: No con tanta frecuencia como creo que debería, y Bill y yo hemos tenido discusiones por ello.

Dr. N.: ¿Bill no nota el mismo afeminamiento que usted? ¿O se da cuenta pero simplemente no hace la conexión entre su grado de implicación con Brian y el afeminamiento de éste?

Madre: Tiene que ponerse en las narices de Bill y que sea bastante obvio para que se dé cuenta.

Dr. N.: ¿Brian echa una mano a su padre?

Madre: Sí. Pero me doy cuenta de que es mucho más amistoso con su padre después de haber pasado tiempo juntos. En otras palabras, si Bill y Brian pasan tiempo juntos, entonces Brian le echará una mano a su padre más espontáneamente. Los dos lo vemos.

Dr. N.: Eso es típico. Brian ha retenido impresiones negativas de su padre y de la masculinidad que su padre representa, guardándolas en su mente inconsciente. Pero cuando pasa tiempo disfrutando con su padre, su imagen interior de "papá malo" o "simple y llanamente papá sin importancia" es sustituida por "papá bueno." La experiencia inmediata de su padre está en conflicto con esa imagen retenida e inconsciente.

Madre: Solía decirle a Bill que él es como una "inyección" para Brian. Esa es la mejor forma de describirlo. Bill le da a Brian un "toque" de atención e inmediatamente, durante los siguientes dos o tres días, Brian resalta a su padre. Pero entonces si Bill no mantiene la atención la inyección desaparece. Sin embargo, veo que Brian no necesita ahora tanto esa inyección. Simplemente necesita una palmada sólida en el hombro o un brazo alrededor del cuello todos los días. Este tipo de cosas.

Dr. N.: Exactamente. Eso es correcto. Así es como funciona. ¿Y ve alguna conexión entre la disminución de su conducta afeminada y la "inyección" de atención y afecto por parte de su padre?

Madre: Sí, mucho. Es casi mágico. Uno no puede explicárselo a nadie hasta que lo vives en tu casa.

 

MÁS CÓMODO CON SU MASCULINIDAD: "RICKY"

Ricky, de nueve años, parece haber hecho un progreso significativo en los últimos años. Su padre ha permanecido implicado, el niño tiene una relación bastante buena con su hermano y una comprensión clara de las diferencias de género.

Dr. N.: Señora Smith, ¿cree que el afeminamiento de Ricky ha disminuido de como era antes?

Madre: Por supuesto. Diría que puede que sólo tengamos el 1 o 2 por ciento del problema que teníamos.

Dr. N.: ¿El padre ha estado implicado activamente en la vida de Ricky?

Madre: Oh, sí.

Dr. N.: ¿No ha aflojado en su implicación?

Madre: No. Es mucho más consciente de ello. Cuando se olvida, se acuerda muy rápido. O le meto una indirecta inmediatamente consciente y cambia al momento su conducta. Solía pasar que a la hora de dar una respuesta divagara aquí y allá. Pero ahora mi marido se hace una indicación él mismo cuando se olvida de Ricky o acepta mis indicaciones sin problema.

Dr. N.: Eso es muy importante. Como usted sabe, de todos los padres con los que trabajo, son siempre las madres las que se implican con más entusiasmo. La mayoría de los papás tiene que ser empujados. Y los hijos que progresan más son siempre aquellos cuyos papás realmente se implican.

            ¿Cómo es su auto-estima? ¿Ricky parece sentirse mejor consigo mismo?

Madre: Es difícil decirlo porque no nos hemos encontrado con problemas. Sólo puedo decirle que su testarudez con los amaneramientos del afeminamiento es algo del pasado. Hemos introducido actividades masculinas y ahora le estamos llevando a natación. Está muy metido en eso y su hermano mayor ahora también va a nadar. Esto es interesante, porque a mí no me gusta nadar ni me gusta el béisbol. En realidad, ¡odio el béisbol! Pero lo ve con su hermano en la tele y a los dos les entusiasma.

Dr. N.: ¿Y a su padre le interesa el béisbol?

Madre: No mucho.

Dr. N.: Así que tiene a los dos hermanos viendo el béisbol juntos.

Madre: Los chicos ven el béisbol y de alguna forma se las arreglan para hacer sus deberes de matemáticas entre videojuegos en la tele. No sé cómo lo hacen. Leen juntos; se sientan en la mesa de la cocina y mi marido lee sus cosas y Ricky lee también las suyas.

Dr. N.: ¿Diría que se le ha desarrollado la madurez general?

Madre: Creo que sí. Antes era más infantil. Ha cambiado mucho en eso. Esta mañana he estado en el colegio observando porque hoy era el día de puertas abiertas. No me ha llamado la atención nada como diferente a lo de cualquier otro chico de allí. No actuaba de forma inmadura como alguno de los niños y tiene una curiosidad que no tenía antes. Quiere saber, quiere comprender. Así que creo que sí, ha madurado. Pero me gustaría que tuviera más amigos varones.

Dr. N.: ¿Qué hay de la ansiedad y la depresión? ¿Ha visto algo de eso?

Madre: Yo diría que todavía alguna vez se pone de mal humor. Pero no tiene esa actitud de dejarlo todo, tumbarse en la cama y sollozar como hacía antes. Ese tipo de exageración, no. Ya no se lo toleramos.

Dr. N.: ¿Se deprime como antes? ¿Se pone triste o se retira?

Madre: No, no como antes. Pero si lo hace, suele tener que ver con algo. Se debe más a algo específico. Pero ahora tiene la voluntad de hablar de ello.

Dr. N.: ¿Así que se lleva bastante bien con su hermano mayor?

Madre: Su relación ha mejorado. Están juntos en natación y pasan más tiempo juntos. Cada día practican juntos en nuestra piscina. John puede ser un poco ruin y a veces se mete con Ricky. Pero John es ahora bastante maduro como para decirle exactamente lo que está haciendo y comprende que tiene que tratar a Ricky de forma diferente.

Dr. N.: ¿Habla Ricky alguna vez de ser un chico?¿Hace referencias a la diferencia entre chicos y chicas?

Madre: Sí; de hecho lo hace. Tomaré como ejemplo la natación. Ayer en el club se me acercó una persona y me preguntó si iba a llevar también a mi hija Sue a entrenar en el equipo de natación. Ricky empezó a hablar y dijo: "No, la natación no es para ella." Le pregunté: "¿Por qué, Ricky?" Dijo: "Bien, es una niña. No la quiero en el club de natación nadando con nosotros."

 

CRECER EN AUTO-COMPRENSIÓN: EL PADRE PERMANECE IMPLICADO: "FELIPE"

El padre de Felipe, Julio, es un popular entrenador de fútbol del instituto de una pequeña ciudad. La familia tiene cuatro hijos y tiene fuertes valores tradicionales católicos. Felipe fue siempre el niño amable y cuando era bastante pequeño se callaba y se aislaba de sus hermanos. Cuando tenía once años, no tenía amigos varones en el colegio y había desarrollado un fuerte interés por el teatro y por actuar.

            Cuando Felipe entró en el instituto, se deprimió y no era comunicativo. Luego su madre lo descubrió bajándose pornografía gay de Internet, por lo que pidió hora para verme.

            Julio era un padre cariñoso con todos sus hijos pero su trabajo, que implicaba competiciones y entrenamientos de fútbol muchas tardes y los fines de semana, lo había mantenido lejos de casa con frecuencia. Los otros tres hijos de Julio compartían la habilidad atlética de su padre, por lo que lo veían mucho, pero debido a los intereses diferentes de Felipe, se perdía en las evasivas. El éxito local del padre como entrenador del instituto también creó un alto nivel dentro de la gran familia (compuesta por muchos tíos y primos) al que se esperaba que llegaran los hijos, incluido Felipe.

            Después de tres años de terapia ocasional pero de una gran cantidad de intervenciones de su padre entonces preocupado y consciente, Felipe progresó enormemente. A los dieciocho años, estaba en la universidad. Habló conmigo en la entrevista que sigue:

Dr. N.: Felipe, ¿cómo están tus amistades con chicos ahora?

Felipe: Mucho mejor.

Dr. N.: ¿Por qué ese cambio?

Felipe: Creo que se puede decir que llegué a darme cuenta de que tenía amigos varones pero estaba bloqueado para creerlo.

Dr. N.: ¿Bloqueado?

Felipe: Volviendo a entonces, no comprendía realmente cómo funcionan las amistades en un nivel masculino. Creía que serían más emocionales. Y sé que tenía realmente una baja auto-estima. Ahora veo que siempre tuve amigos pero que no me permitía creerlo.

Debido a su necesidad y aislamiento, Felipe había desarrollado unas expectativas irreales de la amistad masculina. Quería una intimidad a todo o nada que compensase sus sentimientos de no llegar a las expectativas que el mundo parecía tener de él cuando fuese un joven. Desde que se dio cuenta de los buenos amigos que, de hecho, han estado ahí, disponibles para él, pero que la amistad masculina sana no se caracteriza por la dependencia emocional profunda y el romanticismo y sobre todo no por el erotismo.         

Felipe: Mirando atrás, veo que ha habido hombres en mi vida que estaban allí para mí pero yo me bloqueaba y no podía sacar provecho de lo que tenían para ofrecerme. Pero en esa época, nunca vi el potencial. Realmente no tenía una edad para ver esas cosas con claridad.

Dr. N.: Estabas solo porque siempre estabas pensando: "Ese tío nunca sería amigo mío."

El miedo al rechazo y los sentimientos de no valer hicieron que desarrollase una exclusión defensiva.  

Felipe: Me sentía diferente. No sé... La forma de hablar, mi humor; tantas cosas mías me parecían diferentes.

Dr. N.: ¿Te sientes ahora un hombre más?

Felipe: De todas todas.

Dr. N.: ¿Dónde te ves dentro de diez años? ¿Te ves formando parte del mundo gay?

Felipe: Nunca me sentí identificado con la comunidad gay. Sé que no nací así. Los veo como individuos heridos que en verdad creen que no tienen otra opción. Y eso hace que me den pena.

Dr. N.: ¿Estás diciendo que has decidido que eso no es para ti?

Felipe: Definitivamente. Mi moral me lo impediría, de todas formas.

Dr. N.: ¿Cómo describirías tu perspectiva de vida?

Felipe: Mucho mejor. Sé que tengo un objetivo que alcanzar, un desafío delante de mí. Hay mucho más optimismo, aunque sé que será un camino largo.

Dr. N.: ¿Qué tal tú y tu padre?

Felipe: Mi padre y yo hemos alcanzado mucha más intimidad en estos últimos cinco años.

DIRECTRICES PARA PADRES

Hasta ahora, quizá ustedes han comenzado a ver la necesidad de su hijo y han tomado algunas decisiones de intervenir y redirigir la conducta del niño de una forma más apropiada a su género. Para resumir nuestra visión del proceso de curación, aquí tienen cuatro directrices básicas que pueden serles de gran ayuda:

  • 1. Para avanzar y fortalecer la conducta de género apropiada de su hijo, recuerden siempre que el estímulo positivo es más eficaz que el castigo. Cuando quieran eliminar una conducta exageradamente femenina (o en una niña, la exageradamente varonil), para ser más eficaces utilicen desaprobación clara, consistente y no castigadora. En otras palabras, redirijan amablemente al niño pero no le castiguen. Por otra parte, ignorar o simplemente sólo desaprobar la conducta inapropiada de género de su hijo le dará a este el mensaje erróneo: que está bien.

  • 2. Si ustedes sienten que pueden estar presionando demasiado al niño para iniciar el cambio, disminuyan sus exigencias. Tengan paciencia. Denle afirmación positiva por medio de esfuerzos menores. Es mucho mejor aplicar menos estrés más consistente que aplicar más estrés de vez en cuando.

 

  • 3. Si es posible, trabajen con un psicoterapeuta en el que confíen. Este profesional debe compartir su filosofía sobre el género además de sus objetivos del tratamiento y debe ofrecer evaluación objetiva y consejo específico con respecto a sus esfuerzos de intervención.

 

  • 4. Recuerden que su hijo o hija no se sentirá seguro dejando la conducta del género opuesto si no tiene modelos de rol cercanos del mismo sexo que le lleven a una identificación apropiada de género. El niño (o la niña) necesita ver que ser un hombre (o una mujer) es atractivo y deseable.

 

            Creo que estarán de acuerdo con que ha habido un progreso significativo en las vidas de cada uno de los niños con la típica confusión de género descritas en las trascripciones anteriores. Al mismo tiempo que se necesita mejorar todavía en algunas áreas, los progenitores a los que he seguido desde su término [de las visitas] continúan implicados en afirmar el desarrollo masculino de sus hijos.

            En el siguiente capítulo, leerán sobre otros niños cuyos padres han perseverado para edificar la estima de género de sus hijos. Verán por ustedes mismos lo que ellos han experimentado, cómo han confrontado los desafíos y cómo les ha ayudado el proceso.

 

   Este artículo es el Capítulo 9 del libro de Nicolosi: "Guía de padres para prevenir la homosexualidad", en: pincha aquí.



 

[1] Dr. Rekers, Carta al Dr. Nicolosi, 26 de octubre de 2001.

[2] G. Remafedi, J. Farrow y R. Deisher, "Risk Factors for Attempted Suicide in Gay and Bisexual Youth," Pediatrics 87, nº 6 (1991): 869-875.

[3] George Rekers, ed., Handbook of Child and Adolescent Sexual Problems (Nueva York: Lexington, 1995).

[4] Kenneth Zucker y Susan Bradley, Gender Identity Disorder and Psychosexual Problems in Children and Adolescents (Nueva York: Guilford, 1995), p. 282.

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