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Es posible el cambio

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La Plasticidad del cerebro corrobora el cambio de orientación - Dr. Neil y Briar Whitehead

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            Durante la mayor parte del siglo XX los investigadores del cerebro creían que el cerebro era un órgano organizado rígidamente con estructuras fijas: cada parte tenía una función distinta que cambiaba muy poco con el tiempo, excepto en la atrofia. Pero ahora hay una clara evidencia de que el cerebro es plástico: el tejido vivo y sensible, sujeto a cambios considerables a micro-nivel en respuesta a las cosas que hacemos, imaginamos o pensamos repetidamente.

            Los investigadores del sexo y del género que trabajan en la idea de que el cerebro y sus funciones eran más o menos fijos, creían que podrían encontrar evidencia de que la homosexualidad estaba integrada en el cerebro. Buscaban señales de que las partes del cerebro utilizadas en la actividad sexual eran diferentes en los homosexuales y heterosexuales, que, por ejemplo, las partes del cerebro de un hombre homosexual podrían ser más como el de una mujer.

            Casi sin excepción estos numerosos estudios produjeron conclusiones contradictorias y no fueron replicables. Aunque el activismo gay quería utilizar algunos de estos datos para argumentar que la homosexualidad estaba incrustada biológicamente, lo que se puede decir de la mayor parte de ellos es que SI existe cualquier diferencia probablemente sea consecuencia de la conducta homosexual más que la causa de ella. Pero ahora está claro que nadie está pegado al tipo de cerebro con el que nace. Nuestra asunción ahora debe ser que el cambio es posible en muchas conductas -sin excluir la orientación sexual- y el esfuerzo extraordinario producirá un cambio extraordinario.

            Durante las décadas en las que los científicos creían que las estructuras del cerebro gobernaban la mayoría de las conductas, era responsabilidad de los críticos (a los que podríamos llamar del desarrollo) mostrar que era de otra forma. Los descubrimientos de la última década o dos lo invierten. Las conductas (incluso los reflejos, por ejemplo la respuesta del iris a la luz son tan mutables con el ejercicio que ahora es responsabilidad de los esencialistas demostrar que alguna conducta particular es gobernada de forma permanente por la estructura del cerebro.  La misma estructura del cerebro la cambian de forma definitiva la experiencia y el ejercicio. Los esencialistas deben demostrar ahora que no sólo hay diferencias cerebrales sino que estas estaban presentes en el nacimiento, que no son consecuencia del ejercicio o la experiencia y que inevitablemente producen sus consecuencias posteriormente en la vida. Aparte de las graves dificultades logísticas de los experimentos, tenemos dudas de que esta investigación tenga éxito alguna vez. Existe mucha evidencia de lo contrario.

 

            El cerebro joven

            Es justo decir que el cerebro pero particularmente el cerebro inmaduro, es como un ordenador que está reprogramándose constantemente pero que incluye genuinamente acciones aleatorias también. Particularmente en los niños, las neuronas se encienden al azar y ese camino neural se refuerza a través de las experiencias, el camino se hace bastante permanente, aunque no fijo en concreto. Si no se refuerza, es difícil que el camino se excite y sus neuronas se recortan. Se necesita estimulación extensiva o los caminos no se desarrollan y algunos periodos son más importantes para ciertos tipos de estimulación que otros. Por ejemplo, si a un niño no se le da luz a los ojos en un periodo temprano crítico, desarrolla cataratas infantiles y se queda ciego. Si a un adulto se le priva de la luz durante unas semanas, ese daño no tiene lugar.[1]

            De forma similar, si un niño no oye los sonidos diferentes "l" y "r" en un discurso adulto (por ejemplo, en Japón), le será difícil cuando sea adulto oír cualquier diferencia, mucho menos pronunciarlas, pero incluso así, con bastante práctica concentrada lo conseguirá muy lentamente.

            La maduración del cerebro sucede en muchos ciclos de maduración y corte neuronal. El último de estos ciclos sucede empezando los veinte años y los ciclos pueden variar de pocos meses a varios años.[2] Para cada ciclo de crecimiento, las experiencias refuerzan alguno de los caminos neuronales y el resto se recorta. Una consecuencia de esto es la lección importante "No tomes demasiado en cuenta las afirmaciones sobre la orientación sexual en la adolescencia. El cambio está teniendo lugar todavía. Para cualquier adolescente que lea esto -No te etiquetes prematuramente, ¡puedes cambiar!"

 

            Cambios en el cerebro adulto

            Pero los cambios tienen lugar también en el cerebro adulto, particularmente con el ejercicio y estos cambios se pueden observar en escáneres cerebrales en minutos mientras la circulación de la sangre comienza a moverse hacia el área que es ejercitada. Los experimentos con monos han demostrado que el ejercicio artificial de tres dedos de la mano incrementa el área del cerebro relacionada con esos dedos y disminuye las otras regiones de forma proporcionada.[3] Los violinistas tienen un área el cerebro sumamente aumentado dedicado a los dedos de su mano izquierda. Los que aprenden una rutina de hacer malabarismo durante tres meses producen pequeños cambios observables en la estructura de pequeña escala del cerebro y esos cambios revierten cuando lo dejan.[4]

            Los taxistas de Londres tienen aumentada un área del cerebro relacionado con el conducir. ¿Es eso innato? No. Los conductores de autobuses de Londres de rutas fijas no tenían aumentada esa área y cuando los taxistas se jubilan, el área del cerebro implicada disminuye.[5] Los taxistas no nacieron con eso sino que desarrollaron el área del cerebro a través de la gran cantidad de conducción y de aprendizaje, y sólo lo mantenían a través del uso constante. Nosotros cambiamos nuestro cerebro a micro-nivel a través de la forma en que lo ejercitamos y cualquier cosa que hagamos repetidamente, especialmente si está relacionada con el placer, como la actividad sexual. Por tanto, si los científicos del cerebro encontraron diferencias reales entre los cerebros de los homosexuales y los heterosexuales, eso fue probablemente la consecuencia de diferentes conductas sexuales, no la causa de ellos.

            Tampoco hay nada permanente sobre los cambios en la micro-estructura cerebral como consecuencia del aprendizaje y de la actividad. Las medidas de carbono 14 (radiactivo) en los cerebros humanos demuestran que el átomo de carbón permanece sobre siete años de promedio en los tejidos cerebrales. Esto significa que el material completo del cerebro se cambia durante la vida por sustituciones de diferentes átomos y células cerebrales -incluso en el tejido nervioso "permanente".[6] Nada es integrado más allá de la posibilidad de cambio. Cualquier persona determinada a cambiar cualquier conducta debe ser capaz de hacer una diferencia sustancial en el pensamiento y en los patrones de hábito en una década pero suele ser mucho más pronto.

            La evidencia es que el ejercicio y la experiencia postnatal suelen ser la mayor parte de las veces de la micro-estructura de los cerebros. Nosotros pronosticamos que alguna investigación pueda demostrar eventualmente diferencias reales y replicables, entre cerebros homosexuales y heterosexuales, pero eso será principalmente la consecuencia de una conducta -ejercicio, si quieres.

 

            Las neuronas que se encienden juntas se fusionan

            Recomendamos fuertemente el libro de Doidge: The Brain that Changes Itself.[7] Este trabajo extraordinario pero muy accesible describe el derrocamiento de las ideas del siglo XX sobre la naturaleza inmutable del cerebro. El cerebro puede cambiar mucho, una noticia muy alentadora para cualquier persona que esté adherida a cualquier hábito o patrón de conducta.

            Doidge da un principio neurológico: Las neuronas que se encienden juntas, se fusionan. En la sexualidad humana esto significa que si algo extraño suele estar relacionado con la excitación sexual tenderá a convertirse en parte de ello. Por tanto, es muy razonable suponer que (por ejemplo) el foco emocional intenso sobre alguien del mismo sexo podría desencadenarse junto con la excitación sexual, y repetido con frecuencia puede parecer ser al final una homosexualidad muy arraigada. Debido a la plasticidad del cerebro es bastante posible que los homosexuales puedan llegar a ser más heterosexuales y los heterosexuales puedan llegar a ser más homosexuales, aunque se podría necesitar trabajo persistente, como el equivalente a aprender un nuevo instrumento musical.

 

            No lo utilices y lo perderás

            Doidge demuestra que varias habilidades y conductas se organizan en distintas regiones cerebrales pero que los micro-detalles (o "mapa cerebral") son dinámicos y cambian en una base diaria. Si una parte del cerebro de repente no se utiliza, las áreas de su alrededor inmediatamente comienzan a reclutar esas células cerebrales no utilizadas para otros propósitos, las reprograman y las utilizan. Por ejemplo, las partes del cerebro implicadas en el funcionamiento de un miembro perdido pueden tener un nuevo objetivo; las partes del cerebro utilizadas en una habilidad ahora desechada pueden ser reclutadas para otra habilidad muy diferente. Doidge resume la extraordinaria plasticidad del cerebro con las palabras ‘Úsalo o piérdelo'. (O, para los que están intentando dejar una conducta no deseada, ‘No lo uses y lo perderás').

            Aunque parte del cerebro está relacionada fuertemente con una sexualidad particular, debe ser posible cambiarla. Dejar una actividad sexual y evitar la estimulación de esa región cerebral, y caer en alguna otra intensa actividad cerebral durante meses conduciría a una disminución de la intensidad de esa respuesta sexual. Alrededor de meses es el plazo de tiempo del primer cambio significativo. ¡Eso puede ser cierto también para aprender un instrumento musical!

            La conclusión de Doidge sobre la sexualidad es que "la libido humana no es un impulso biológico invariable integrado sino que puede ser curiosamente inestable, alterada fácilmente por nuestra psicología y la historia de nuestros encuentros sexuales". Y "Es un úsalo-o-pierde" el cerebro, incluso donde el deseo sexual y el amor están relacionados". Esto se aplica tanto a la atracción hacia el mismo sexo como hacia el sexo opuesto.

            Si nos ejercitamos con dureza, una actividad puede llegar a ser automática y le ponemos menos atención consciente. Esto sucede tocando un instrumento musical. Muchas de las técnicas básicas como los acordes, escalas y arpegios, se aprenden tan profundamente que no pensamos en los detalles y de hecho no podemos si la música es rápida. Los detalles de conducir, tirar una pelota, leer, incluso atarse los cordones no necesita y con frecuencia no se puede ponerle toda la atención. Cualquier cosa que hagamos con frecuencia, terminamos haciéndolo de forma automática. Del mismo modo, puede parecer que la reorientación sexual esté incrustada tan profundamente que sea innata. Pero, en realidad, no es más innata que cualquier habilidad compleja en la que hayamos trabajado hasta el punto en que podemos hacerla sin pensar. Por ejemplo, el lugar aparentemente automático de los dedos de la mano izquierda en las cuerdas de la guitarra para producir un acorde C.

 

            Resumen

            Los científicos no han podido encontrar claras diferencias estructurales relacionadas con el género entre los cerebros de los chicos y las chicas en el nacimiento. En esa etapa de la vida sus propiedades y funciones se superponen casi totalmente. Lo mismo sucede con las conductas. La conducta masculina y femenina -mucho menos la homosexualidad y la heterosexualidad- no está aparentemente integrada en el cerebro en el nacimiento. En efecto, sólo una cuarta parte del cerebro está formado en un niño recién nacido. El resto se desarrolla a través del aprendizaje y de la experiencia (aportación ambiental). Podemos tener confianza en que cualquier diferencia masculina/femenina existe en las células cerebrales (y, sin duda, se encontrarán más en la misma etapa), se formarán en gran medida por el aprendizaje y la conducta. Pero lo que el aprendizaje y las experiencias hacen al cerebro no está fija en concreto. Las células cerebrales son sustituidas en ciclos de aproximadamente de siete años, queriendo decir que esos nuevos caminos neuronales se pueden formar y los viejos reformar. El ejercicio o la imaginación intensiva cambia la micro-estructura cerebral. Nosotros no somos víctimas de nuestra biología o de las experiencias que forman los detalles de nuestro cerebro. La anatomía no es el destino. El cambio siempre es posible. El cerebro es plástico y se encuentra en un estado constante de cambio. De hecho, la pregunta es más bien. ¿Qué cambio no es posible?

            No queremos decir que la estructura del cerebro con la que naciste no tenga efecto. Lo tiene. Puede ser profundo. Pero esa estructura también se puede cambiar profundamente y todavía no conocemos los límites. Probablemente están por las nubes.

 



[1] Kandel, E.R., Hawkins, R.D., (March 1992) The biological basis of learning and individuality, Scientific American 267:53-60.

[2] Barry, R.J., Clarke, A.R., McCarthy, R., Selikowitz, M., Johnstone, S.J. and Rushby, J.A. (2004) Age and gender effects in EEG coherence: I. Developmental trends in normal children.  Clinical  Neurophysiology  115, 2252-2258.

[3] Kandel, E.R., Hawkins, R.D., (March 1992) The biological basis of learning and individuality, Scientific American 267:53-60.

[4] Draganski, B. Gaser, C., Busch, V., Schuierer, G., Bogadahn, U., May, A. (2004) Neuroplasticity: changes in grey matter induced by training. Nature 427, 311-312.

[5] Maguire, E.A., Woollett, K. and Spiers, H.J. (2006)  London taxi drivers and bus drivers: a structural MRI and neuropsychological analysis.  Hippocampus  16, 1091-1101.

[6] Stenhouse, M.J., Baxter, M.S., (1977) Bomb 14C as a bio­logical tracer, Nature 267:828-832.

[7] Doidge, N. (2007) The Brain that Changes Itself: Penguin, New York

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