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La homosexualidad y su relacion con los " problemas mentales " - N.E. Whitehead

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(Autor de "Mis genes me hicieron hacerlo")


Resumen: Recientes estudios muestran que los homosexuales tienen sustancialmente mayor riesgo de sufrir problemas psiquiátricos que los heterosexuales. Podemos ver altos índices de suicidios, depresión, bulimia, personalidad antisocial, y sustancial abuso. Este artículo enfatiza algunas nuevas consideraciones significativas que se desprenden del estudio de estas dolencias mentales y sus posibles causas.


La Asociación Americana de Psiquiatría (A.A.P.) removió en 1973 a la homosexualidad de su lista de diagnóstico de desórdenes mentales. Más allá de las importantes protestas que esa decisión generó (ver Socarides, 1995), la A.A.P. tomó esta decisión fuertemente motivada por su deseo de reducir los efectos de la opresión y estigma sociales en contra de la población homosexual. Sin embargo, uno de los efectos de esta decisión de la A.A.P. ha sido brindar una autoridad psiquiátrica a los activistas progay quienes sostienen que los homosexuales constituyen un grupo tan saludable como los heterosexuales. Esta situación ha sido determinante para desalentar la publicación de estudios que sugieren que en realidad pueden existir problemas psiquiátricos asociados con la homosexualidad.


En una revisión de la literatura, Gonosiorek (1982) sostiene que no ha encontrado información relevante que respalde la existencia de diferencias mentales entre los gays y los heterosexuales; es más, sostiene, “si existe alguna diferencia, ésta deberá ser atribuida al estigma social”. De manera similar, Ross (1988) en un estudio cultural-cruzado, ha encontrado que la mayoría de gays se hallan en un rango psicológico normal. Sin embargo, algunos estudios, en efecto, sí han encontrado diferencias psiquiátricas entre los homosexuales y los heterosexuales. Uno de estos estudios (Riess, 1980) usando el MMPI —una respetada y bien validada escala psicológica— encontró que los homosexuales presentan una “definidamente exacerbada sensitividad personal y emocional”.


En 1991 la igualdad absoluta de homosexuales y heterosexuales fue fuertemente defendida en un estudio denominado “La base empírica para el deceso del modelo de enfermedades mentales” (Gonsiorek, 1991). Pero no fue sino hasta 1992 que la homosexualidad fue borrada del manual de psiquiatría usado por el resto de naciones del mundo —la Clasificación Internacional de Enfermedades (King y Bartlett, 1999)—, lo que nos lleva a la conclusión que el resto del mundo dudó por más de dos décadas de la decisión de la A.A.P. tomada en 1973.


Pero la pregunta es: ¿Es la homosexualidad tan saludable como la heterosexualidad? Para responder a esta pregunta lo que se requiere son muestras representativas de personas homosexuales que estudien su propia salud mental, a diferencia de las muestras de voluntarios que en el pasado descartaron a los sujetos que presentaban algún disturbio o no se correspondían con los requerimientos típicos (recuérdese el bien conocido estudio de Evelyn Hooker). Afortunadamente, tales estudios representativos últimamente están a disposición.

Los nuevos estudios sugieren un alto grado de patología

Uno de estos importantes y muy cuidadosamente llevados estudios ha encontrado que los intentos de suicidios entre los homosexuales fueron seis veces más grandes que el promedio (Remafedi et. al. 1998).


Así, más recientemente, en los Archivos de la Psiquiatría General —una muy respetada y bien establecida publicación— han aparecido tres estudios acompañados de comentarios de gran envergadura (Fergusson et. al. 1999, Herrel et. al. 1999, Sandfort et. al. 2001, y Bailey 1999). J. Michael Bailey ha incluido un comentario en estos estudios; Bailey, consideramos advertir, ha conducido muchos de los muy bien publicitados estudios sobre los “gemelos gays”, los mismos que fueron usados por los defensores progay como soporte de su teoría de “los nacidos de esa manera”. Neil Whitehead, Ph.D.
Bailey ha dicho: “Estos estudios contienen indiscutiblemente la mejor información publicada en torno a la asociación entre la homosexualidad y la psicopatología, y convergen en la misma infeliz conclusión: las personas homosexuales están sustancialmente en mayor riesgo de desarrollar algunas formas de problemas emocionales, incluyendo el suicidio, la depresión mayor, desórdenes de ansiedad, desórdenes de conducta y dependencia de la nicotina… La fuerza de estos nuevos estudios es su grado de control.”


El primer estudio recayó sobre gemelos masculinos que sirvieron en Vietnam (Herrell et. al. 1999). Concluyó que en promedio, los homosexuales varones fueron 5.1 veces más propensos al suicidio (sea conductas relacionados con el suicidio o pensamientos suicidas) que sus camaradas heterosexuales. Parte de este factor de 5.1 estuvo asociado con la depresión y el consumo de sustancias narcóticas, lo que no necesariamente debe estar relacionado con la homosexualidad. (Cuando estos dos problemas no fueron considerados, el factor de 5 descendió a 2.5; considerado todavía significativo). Los autores creen que ha habido un factor independiente relacionado con el suicidio el cual era probablemente muy cercanamente asociado con algunos caracteres de la homosexualidad en sí misma.


El segundo estudio (Fergusson et. al. 1999) hizo un seguimiento a un grupo grande de Nueva Zelanda desde su nacimiento hasta que llegaron a la edad de los veinte años. La “cohorte del nacimiento” fue el método empleado para seleccionar a los sujetos, el cual tiene la particularidad de ser especialmente confiable y exento de la mayor parte de sesgos que vician cualquier investigación. Este estudio mostró un significativo alto grado de ocurrencia de depresión, ansiedad, desórdenes de conducta, abuso de sustancias y pensamientos suicidas entre aquellos que eran homosexualmente activos.


El tercer estudio fue realizado en Holanda (Sandfort et. al. 2001), el cual nuevamente mostró un elevado nivel de problemas de salud mental entre los homosexuales; sin embargo, extrañamente, los individuos que padecían la infección del VIH no estaban más comprometidos con estos problema de salud mental que aquellos que no lo padecían. ¡Lo lógico era que las personas seropositivas debían estar más ansiosas y deprimidas!


El estudio por lo tanto concluyó que la infección con VIH no era la causa de los problemas de salud mental sino la estigmatización de la sociedad; incluso en Holanda, donde los estilos de vida alternativos son más ampliamente aceptados que en otras partes del mundo. La interpretación de la información es bastante no convincente.


Los comentarios en torno a estos estudios plantea tres temas muy interesantes:


Primero, contamos ahora con clara evidencia de que los problemas de salud mental están asociados con la homosexualidad. Esto apoya a aquellos que se opusieron a la decisión de la A.A.P. de 1973. Sin embargo, estos estudios no responden a la pregunta: ¿es la homosexualidad en sí misma patológica?


Los estudios muestran que, puesto que sólo una minoría de la muestra no clínica de homosexuales tiene algún problema mental diagnosticable (por lo menos por el presente criterio de diagnóstico), entonces la mayor parte de los homosexuales no estarían mentalmente enfermos. Esto último se entiende mejor con el caso de Nueva Zelanda. En este país, por ejemplo, las lesbianas son en una proporción de dos a uno más propensas a solicitar ayuda para sus problemas de salud mental que las mujeres heterosexuales; sin embargo sólo el 35% de aquéllas a lo largo de toda su vida alguna vez lo llega a solicitar, mientras que más del 50% nunca lo solicita (Anon 1995, Saphira y Glover, 2000, Welch et. al. 2000). Este hallazgo se corresponde con otros similares encontrados en Estados Unidos.


La ruptura de relaciones motiva la mayor parte de los intentos de suicidio


Segundo, nos preguntamos: ¿los estudios muestran que es el estilo de vida gay o la estigmatización de la sociedad el factor que motiva a una persona a intentar suicidarse? Ninguna de estas conclusiones es ineludible. No obstante esto, Saghir y Robins (1978) examinaron las razones de los intentos de suicidio entre homosexuales y encontraron que si las razones para estos intentos estuvieran conectadas con la homosexualidad, cerca de los 2/3 se debería a las rupturas de las relaciones, y no a presiones externas de la sociedad.
Similarmente, Bell y Winberg (1981) también encontraron que la razón más prevalente para explicar los intentos de suicidio era la ruptura de relaciones. En segundo lugar, afirmaron, estaba la incapacidad para aceptarse a sí mismos. Debido a que los homosexuales tienen un gran número de parejas y rupturas, en comparación con los heterosexuales, y debido a que las relaciones de largo plazo de los gays varones era raramente monógama, no llamaba entonces la atención que los intentos de suicidio fueran proporcionalmente grandes. El promedio de parejas de los homosexuales es cuatro veces más alto que el de los heterosexuales (Whitehead y Whitehead 1999, calculado de Laumann et. al. 1994).


Otro factor de los intentos de suicidio podría estar relacionado con los elementos adictivos y compulsivos presentes en la homosexualidad (Pincu, 1989), los que podrían conducir a sentimientos de depresión cuando el estilo de vida está fuera de control (Seligman 1975). Incluso hay algunos homosexuales (los estimados varían, aunque hay quienes hablan de un 50% de los homosexuales jóvenes) que no toman ninguna precaución contra el VIH (Valleroy et. al. 2001), y otros que tienen terribles problemas con la adicción sexual y el abuso de sustancias adictivas; lo que obviamente es un caldo de cultivo para los intentos de suicidio.


El efecto del estima social


Tercero, ¿será la presión de la sociedad la que propicia el desarrollo de problemas de salud mental? Mi opinión es que es menos de lo que uno pueda imaginar. Los autores del estudio realizado en Holanda se sorprendieron al encontrar tal cantidad de enfermedades mentales entre la población homosexual en un país donde la tolerancia a la homosexualidad es mayor que en casi todas las naciones de la Tierra.


Otra buen país comparativo es Nueva Zelanda; país que es mucho más tolerante con la homosexualidad que los Estados Unidos. La legislación —que ha brindado a los movimientos progay derechos legales especiales— es poderosa, consistentemente obedecida a lo largo de todo el país, y casi nunca modificada. Sin embargo, más allá de este amplio nivel de tolerancia social, los intentos de suicidio fueron de lo más común en el estudio sobre Nueva Zelanda y ocurrieron casi en la misma proporción que en los Estados Unidos.
En un estudio comparativo, culturalmente cruzado, sobre la salud mental en Holanda, Dinamarca y en Estados Unidos, Ross (1988) encontró que no había significativas diferencias entre estos países —v.gr. la amplia hostilidad social en los Estados Unidos no resultaba en un alto nivel de problemas psiquiátricos.


Promiscuidad y personalidad antisocial


La persona promiscua —sea ésta heterosexual u homosexual— puede de hecho ser más probablemente antisocial. Resulta aquí valioso referirnos al comentario de Rotello (1997), quien se declara abiertamente gay: “… el aspecto contestatario de la cultura sexual gay, su transgresividad, son vistos por muchos como uno de sus más grandes atributos.”

Ellis et. al. (1995) quien examinó a pacientes afectados por enfermedades urinarias y genitales, encontró que el 38% de los pacientes homosexuales* varones evidenciaban una personalidad antisocial, en comparación con el 28% de los pacientes varones heterosexuales. Ambos niveles eran enormemente altos si los comparamos con el 2% para la población en general (mientras que en la población penal este nivel alcanzaba el 50%) (Matthews 1997).


Quizás el hallazgo de un nivel más alto de desorden de la conducta en el estudio de Nueva Zelanda prefiguró este hallazgo de personalidad antisocial. No es muy probable que los terapeutas vean un número grande de individuos que son antisociales debido a que éstos probablemente son menos propensos a pedir ayuda.


La ideología de la liberación sexual


Traemos a colación una situación que puede condicionar a asumir que el estilo de vida homosexual en sí mismo, en su forma más extrema, es mentalmente patológico. Recordemos lo dicho por Rotello, un activista progay, en el sentido de que “… el aspecto contestatario de la cultura sexual gay, su transgresividad, son vistos por muchos como uno de sus más grandes atributos.” El erotismo, la lujuria, es para muchos, el valor central de su existencia, y nada —ni aún la vida ni la salud— se permite que interfiera con la esencia de este estilo de vida. La promiscuidad homosexual es el combustible de la crisis del SIDA en occidente, y no obstante esta tragedia no se permite que interfiera con la libertad sexual.


Por lo que, de acuerdo con Rotello, la idea de asumir responsabilidad para evitar infectar a otros con el VIH es completamente extraña a muchos grupos que intentan detener el avance del SIDA. Se promueve la idea de protegerse uno mismo, pero proteger a otros no se menciona en la mayor parte de la promoción oficial del condón (Francia en la década de los ’80 fue una interesante excepción). Descarnadamente, entonces, la esencia de la conducta gay es tan potencialmente fatal para otros como suicida.
Ciertamente que podría ser considerado “mentalmente patológico” correr el riesgo de perder uno la propia vida en pro de la liberación sexual. Esto es cierto entre los más extremos riesgos practicados por cualquier fracción significativa de la sociedad.


En conclusión, entonces, si nos hacemos la pregunta: ¿Es la patología mental inherente a la condición homosexual?, la respuesta debería ser: “nuevos estudios —libres de todo compromiso político— deberán ser realizados para evaluar con toda honestidad este tema”.


Referencias:
•Anon. (1995): Lesbians use more mental health care. The Dominion (NZ) Nov 1, 14.
•Bailey, J.M. (1999): Commentary: Homosexuality and mental illness. Arch. Gen. Psychiatry. 56, 876-880.
•Bell, A.P.; Weinberg, M.S. (1978): Homosexualities. A Study Of Diversity Among Men And Women. Simon and
Schuster, New York.
•Carlat, D.J.; Camargo, C.A.; Herzog, D.B. (1997): Eating disorders in males: a report on 135 patients. Am. J. Psychiatry 154, 1127-1132.
•Ellis, D; Collis, I; King, M (1995): Personality disorder and sexual risk taking among homosexually active and heterosexually active men attending a genito-urinary medicine clinic. J. Psychosom. Res. 39, 901-910.
•Fergusson, D.M.; Horwood, L.J.; Beautrais, A.L. (1999): Is sexual orientation related to mental health problems and suicidality in young people? Arch. Gen. Psychiat. 56, 876- 880.
•Gonsiorek, J.C. (1982): Results of psychological testing on homosexual populations. In: Homosexuality. Social, Psychological and Biological Issues. (Eds: Paul, W.; Weinrich, J.D.; Gonsiorek, J.C.; Hotvedt, M.E.) Sage, Beverly Hills, California, 71-80.
•Gonsiorek, J.C. (1991): The empirical basis for the demise of the illness model of homosexuality. In: Homosexuality: Research Implications for Public Policy. (Eds: Gonsiorek,J.; Weinrich, J.D.) Sage, 115-136.
•Herrell, R.; Goldberg, J.; True,W.R.; Ramakrishnan, V.; Lyons, M.; Eisen,S.; Tsuang, M.T. (1999): Sexual orientation and suicidality: a co-twin control study in adult men. Arch. Gen. Psychiatry 56, 867-874.
•Kalichman, S.C.; Dwyer, M.; Henderson, M.C.; Hoffman, L. (1992): Psychological and sexual functioning among outpatient sexual offenders against children: A Minnesota Multiphasic Personality Inventory (MMPI) cluster analytic study. J. Psychopath. Behav. Assess. 14, 259-276.
•King, M.; Bartlett, A. (1999): British psychiatry and homosexuality. Brit. J. Psychiatry. 175, 106-113.
•Laumann, E.O.; Gagnon, J.H.; Michael, R.T.; Michaels, S. (1994). The Social Organization of Sexuality. University of Chicago Press, Chicago.
•Matthews, R. (1997): Game theory backs crackdown on petty crime. New Scientist 156(2078), 18.
•Pincu, L. (1989): Sexual compulsivity in gay men: controversy and treatment. J. Couns. Dev. 68(1), 63-66.
•Remafedi, G.; French, S.; Story, M.; Resnick, M.D.; Blum, R. (1998): The relationship between suicide risk and sexual orientation: Results of a population-based study. Am. J. Publ. Health 88, 57-60.
•Riess, B. (1980): Psychological tests in homosexuality. In: Homosexual Behavior: A Modern Appraisal. (Ed: Macmor,J.) Basic Books, New York, 298-311.
•Ross, M.W. (1988): Homosexuality and mental health: a cross-cultural review. J. Homosex. 15(1/2), 131-152.
•Rotello, G. (1997): Sexual Ecology. AIDS and the Destiny of Gay Men. Dutton, Harmondsworth, Middlesex, UK.
•Saghir, M.T.; Robins, E. (1973): Male and Female Homosexuality, A Comprehensive Investigation. Williams and Wilkins, Baltimore Maryland. 335 pages.
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•Saphira, M.; Glover, M. (2000):New Zealand, lesbian health survey. J. Gay Lesb. Med. Assn. 4, 49-56.
•Seligman, M.E.P. (1975): Helplessness - On Depression, Development And Death. Freeman, London.
•Socarides, C.W. (1995): Homosexuality: A Freedom Too Far. Adam Margrave Books, Phoenix, Arizona.
•Valleroy, L. A.; Secura, G.; Mackellor, D.; Behel,S. (2001): High HIV and risk behavior prevalence among 23- to 29- year-old men who have sex with men in 6 Cities. Poster 211 at 8th Conference on Retroviruses and Opportunistic
•Infections, Chicago, Feb. 2001.

 

http://64.58.70.224/2001/posters/211.pdf.
•Welch, S.; Collings,S.C.D.; Howden-Chapman,P. (2000): Lesbians in New Zealand: Their mental health and satisfaction with mental health services. Aust. N.Z.J. Psychiatry 34, 256-263.
Whitehead, N.E.; Whitehead, B.K. (1999): My Genes Made Me Do It! ,Huntington, House, Lafayette, Louisiana.
(Artículo recogido en:*
www.narth.com*)

 

 

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Actualizado ( Sábado, 27 de Diciembre de 2008 11:56 )  

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