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Es posible el cambio

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Lo que sí ha funcionado con nosotros

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Necesidad de realización


Comenzamos por descubrir nuestras verdaderas necesidades subyaciendo en nuestros pensamientos y deseos homosexuales y encontramos formas de acercarnos a ellas a través de métodos sanos y constructivos. Dejamos de lado nuestras tradicionales formas de resistirnos o de ejercer autocontrol sobre nuestras conductas y patrones de pensamiento autodestructivos, y en su lugar nos decidimos por reemplazarlos y apropiarnos de esos deseos no queridos por medio de la realización de nuestras más profundas necesidades.

Comenzamos por avisorar un propósito mucho más grande para nuestras vidas, por lo que decidimos poner en marcha nuestras energías para correr en dirección de la consecución de lo bueno antes que correr huyendo del mal.


Nosotros comenzamos a experimentar el cambio real cuando paramos de intentar controlar nuestros deseos sexuales y en vez de ello comenzamos a llenar las profundas necesidades que subyacen en ellos: la necesidad que tiene cualquier niño de sentirse afirmado, guiado y amado tanto por sus padres y hermanos como por los adultos y por los niños de su mismo género. Aprendimos que el cambio real se produce por la realización de nuestras verdaderas necesidades mas no por resistirnos a nuestras no deseadas urgencias.

Descubrimos que para nosotros la lujuria hacia un hombre tenía sus raíces en la codicia por aquellos rasgos y características que nosotros, percibíamos, carecíamos en nuestras vidas. Descubrimos también que a menudo esta conducta no era sino una “expresión colateral” de una legítima necesidad de conectarnos platónicamente con otro hombre. Por ello, esa incapacidad para llenar esas necesidades en forma directa y de un modo auténtico, fue determinante para que se intensifiquen en el mismo modo como el hambre y la sed se intensifican cuando no son saciados. Ante esa impotencia, aquellos sentimientos se expresaban “colateralmente”, a través de falsas emociones —la lujuria— cada vez más urgentes e intensas, a tal punto que era imposible ignorarlos.

Pensemos en un niño pequeño que no obtiene lo que desea cuando dice “por favor”, de modo que su último recurso es un berrinche. El “niño-interior” de cualquier hombre también responde de la misma manera. Imagínense al “niño-interior” de un hombre que calladamente suplica: “¡Por favor, necesito compañeros! ¡Necesito toques no sexuales y sanos de otro amigo! ¡Necesito el amor de mi padre! ¡Necesito tiempo para jugar, especialmente con mis amigos, en vez de trabajar tan duramente! ¿Podría usted cuidarme? Y a su vez el hombre-adulto a sí mismo se responde: “No seas chiquillo. Yo soy un hombre adulto. Cómo voy a pedir esas cosas a otros hombres. Por otro lado, nadie quiere ser mi amigo. Por favor, quédate quieto y apártate.”

Entonces, ¿qué creen que el “niño-interior” de aquel hombre hará? ¡Hará un berrinche! Y se aliará con la lujuria para hacer su voluntad. Por lo que insiste: “YO ME VOY a conectar con hombres y con mi masculinidad de una forma o de otra, lo quieras tú o no”. Y así, la lujuria comienza a patear, y aquel hombre se introduce dentro del berrinche de su “niño-interior”. El niño tirano hace su voluntad simplemente porque el hombre-adulto rechaza nutrirlo.

Esto es lo que ocurre en nuestras vidas. De allí que hemos aprendido a asumir una nueva actitud frente a este problema. En vez de intentar parar o detener las conductas y los sentimientos no deseados, aprendimos que lo que teníamos que hacer era apropiarnos de ellos y reemplazarlos por algo que sea nutritivo y satisfactorio. Tuvimos que comenzar a poner atención a las legítimas necesidades del “niño-interior”.

Para nosotros, algunas de las más comunes y auténticas necesidades subyacentes en nuestros deseos homosexuales, eran necesidades:

1.- de afirmación masculina, atención y aceptación
2.- de asociación masculina; de una comunidad masculina
3. - de sentirnos como “uno de los chicos”
4. - de toques sanos y platónicos
5. - de ejercicio físico y de conexión con nuestro propio cuerpo
6. - de jugar, especialmente en la compañía de personas de nuestro propio género
7. - de conectarnos auténticamente con nuestro sentimientos, especialmente con la rabia y el dolor
8. - de conectarnos auténticamente con otras personas, especialmente con las de nuestro mismo género; de ser “reales” dentro de su mundo; de ser completamente apreciados y escuchados
9.- de conectarnos con Dios
10- de encontrar un propósito mayor para nuestras vidas más allá de servir a nuestros propios intereses.

Al principio comenzamos por resistirnos a enfrentar nuestros temores. Nuestro aislamiento sólo era uno de los muchos mecanismos de defensa que nos protegía para no ser heridos. Pero estos mecanismos no habrían de servirnos ya más. Los muros que levantamos alrededor nuestro para mantenernos seguros llegaron a convertirse en una prisión más que en un refugio. De este modo es que comenzamos a derribar aquellos muros defensivos y a tomar acciones orientadas a satisfacer nuestras más profundas y auténticas necesidades. Aquella vida de autonegación —de intentos fallidos con las nímeas armas del poder de la voluntad y del autocontrol— comenzó a transformarse en una vida de autorrealización.


El poder del corazón

En su poderosa obra “El poder de la voluntad no es suficiente: por qué no tenemos éxito en nuestra decisión de cambio”, los autores Dean Byrd y Mark Chamberlain escriben que los esfuerzos basados exclusivamente en el poder de la voluntad para cambiar cualquier conducta humana no deseada sólo funcionan por un período limitado de tiempo. Esto es porque el poder de la voluntad es el poder de la mente (“la mente sobre la materia”), mientras que es el corazón la fuente de las emociones y de las verdaderas motivaciones. Los autores sostienen:

“Necesitamos confiar en el poder de la voluntad (o poder de la mente) sólo en la magnitud en que nuestros corazones no están comprometidos en lo que estamos haciendo. Por ello, los problemas relacionados con el auto-control pueden ser conceptualizados como batallas entre la mente y el corazón. El corazón siente lo está haciendo; mientras que la mente sólo lo piensa.” (págs. 23, 24)

Lo que los autores pretenden hacernos entender es que, en los hechos, continuar poniendo nuestra confianza solamente en el poder de voluntad lo único que vamos a conseguir es reforzar el círculo resistencia/indulgencia/resolución que nos puede ayudar a sobrevivir pero que en realidad lo único que hace en el fondo es reforzar nuestros deseos no queridos (págs. 5,6). Por el contrario, todos aquellos que han tenido éxito en su decisión de cambiar conductas no queridas, adicciones o ciclos de autodestrucción de cualquier tipo, testifican que sólo lo han conseguido cuando han aprendido a acceder al vigoroso y motivador poder del corazón:

“Una manera de propiciar que la mente y el corazón se pongan de acuerdo es encontrar una profunda motivación, algo que enganche su corazón de una manera tan pero tan poderosa al extremo de superponerse sobre ese mal hábito o actitud que usted está intentando controlar. Como consejeros, hemos tenido la oportunidad de ver cómo muchas personas han pasado de una estéril vida de lucha incesante contra sus problemas, a una vida de profundo y aun apasionado compromiso con sus nuevos ideales y motivaciones.” (pág. 27)

Los autores citan el testimonio de Victor Frankl, sobreviviente de un campo de concentración nazi, quien escribió en su conmovedor libro La búsqueda del hombre por algo significativo en su vida, que quienes sobrevivieron a los campos de concentración lo llegaron a conseguir porque alcanzaron a tener la visión de un gran significado para sus vidas o de un propósito superior de sus sufrimientos. Así, Frankl, en el seno de horrores inimaginables, tuvo la siguiente visión de su futuro:

De pronto me vi parado frente a una nutrida audiencia cómodamente sentada en sillones tapizados. Yo estaba leyéndoles sobre la psicología de los campos de concentración. Desde ese momento, todo aquello que se constituía en una opresión para mi vida comenzó a ser objetivamente visto, analizado y descrito por el agudo análisis de la ciencia. Así, a través de esta técnica aprendí de algún modo a sobreponerme a la terrible situación por la que atravesaba.

Byrd y Chamberlain continúan:

“Increíblemente, esta clase de claridad de propósitos proveyó a Frankl y a otros prisioneros del combustible para seguir viviendo.” (págs. 35,36)

“Hasta los propósitos positivos más simples son suficientes para desplazar aquello que tenemos de destructivo en nuestras vidas… Nos reencontramos a nosotros mismos cuando nos hallamos en el mundo del bien antes que en el del mal. En esencia, el proceso de ganar mayor autocontrol y capacidad bienhechora no es tratando de cambiar lo que somos sino cambiando en dirección a lo que queremos llegar a ser.” (pág. 34)

“Por eso, podemos encontrar el poder para cambiar cuando encontramos un propósito fuera de nosotros mismos… (y) que desplaza el mal en nuestras vidas con el bien (pág. 29). Encontrar aquello a lo cual nos vamos a entregar devotamente con todo nuestro corazón es descubrir aquello que trasciende nuestra propia existencia: algo fuera de nosotros (pág. 30). Cada uno de nosotros tenemos muchos anhelos en esta vida. La clave no es tanto suprimir lo malo de nosotros sino alimentar lo bueno.”

“Es posible mantenernos motivados, mantener nuestros corazones enganchados a nuestros intentos de cambio. Pero para mantenernos siempre así debemos contar con una motivación que sea significativa para nosotros; pero significativa no sólo en un sentido intelectual sino también en un sentido profundamente espiritual! Permítale a esa motivación ser más clara y poderosa en su vida que la tentación de volver a su antigua manera de vivir; cuando lo logre entonces recién podrá sentirse cómodo en su viaje hacia el cambio total. ¡Recuerde que usted puede lograr lo que sea si su corazón está allí!” (pág. 37)


Lo que hemos hecho para efectuar el cambio

Presentamos a continuación algunos cambios que muchos de nosotros hemos realizado:

1. Comenzamos por descubrir nuestras verdaderas necesidades que subyacían en nuestros pensamientos e inclinaciones homosexuales:

Cuando teníamos pensamientos o sentíamos deseos homosexuales comenzábamos a desandar (retroceder) sobre esos pensamientos y emociones a fin de descubrir qué es lo que los estaba desencadenando. A menudo encontrábamos que la causa estaba conformada por sentimientos tales como sentirnos débiles respecto de otros hombres (la necesidad revelada era entonces sentirnos fuertes e iguales a los otros hombres), o sentirnos abandonados a amenazados (las necesidades reveladas eran entonces sentirnos amados y aceptados por las personas de nuestro propio género). Estos sentimientos a menudo retrocedían hasta los tiempos más remotos de nuestras vidas en los cuales no experimentamos suficiente amor, aceptación o afirmación de nuestros padres, de la figura paternal o de otras personas de nuestro mismo género en nuestras vidas.

Comenzamos a poner suma atención tanto a las características particulares de nuestra lujuria como a las de nuestras ansias homosexuales. ¿Existían determinados días de la semana, horas del día o situaciones específicas que nos alertarían de su aparición?

Comenzamos a buscar el lado bueno en la esencia y profundidad de nuestros más indeseables anhelos. A veces a esta posibilidad se le ha dado en llamar “el oro dentro de la oscuridad”, encontrando que ese deseo esencial no era sino el simple y universal deseo de amar y ser amados, de ser aceptados incondicionalmente y de experimentar protección y seguridad. Descubrimos, por tanto, que el problema a menudo no lo constituían esas legítimas aspiraciones sino la forma colateral de expresarse en nuestras vidas.

Debilitamos buena parte del poder de esos deseos sexuales no queridos cuando los expusimos sacándolos del secreto y la vergüenza. Comenzamos a discutir nuestras necesidades más profundas a medida que los íbamos descubriendo con mentores o con otras personas voluntarias integrantes de nuestra red de apoyo, quienes en algunos casos podían ver patrones o situaciones que estaban tan encostrados que éramos incapaces de ver por nosotros mismos.

2. Sobre la base de nuestro cada vez más creciente conocimiento de nosotros mismos y de nuestras más profundas necesidades, elaboramos un inventario de esas necesidades, proveyendo caminos alternativos para satisfacerlos de manera sana y proactiva.

Nuestros métodos lógicamente no eran iguales para todos, pero por lo general incluían: i) el contacto con mentores y el fomento de relaciones amicales con personas de nuestro propio género, ii) contactos emocionales significativos con otros hombres, iii) ser parte de grupos pequeños conformados por personas de nuestro mismo género, y, iv) el desarrollo de aptitudes deportivas, ejercitándonos nosotros mismos físicamente especialmente en la compañía de amigos hombres que nos apoyaban. Descubrimos que las acciones que ahora realizábamos para desarrollar nuestra conexión con la masculinidad y con otras personas de nuestro mismo género eran las mismas acciones que iban al encuentro de nuestras más profundas necesidades.

También descubrimos que orar pidiendo fuerza para resistir nuestros deseos no queridos, u orar para que éstos sean eliminados, no era una acción efectiva. Descubrimos que era más efectivo orar para que Dios nos dé la sabiduría para entender nuestras verdaderas y profundas necesidades así como la valentía y la habilidad para derribar nuestras antiguas barreras que nos impedían acceder al reconocimiento de aquellas necesidades.

3. Dejamos de poner nuestras energías en la resistencia de nuestras conductas autodestructivas y no queridas y de nuestros patrones de pensamiento. En vez de ello nos decidimos a orientar nuestras energías para reemplazar y apropiarnos de esos deseos no queridos a través del encuentro y la satisfacción de nuestras verdaderas y profundas necesidades.

Sólo cuando dejamos de satanizar nuestros deseos no queridos estuvimos en la capacidad de reconocer y de respetar nuestras legítimas necesidades de contacto físico y emocional con personas de nuestro mismo género, por lo que comenzamos a trabajar proactivamente para llenar estas necesidades subyacentes antes que resistirlas.

Comenzamos a desarrollar un deliberado y proactivo programa para asegurarnos que este hambre por contacto masculino sea “saciado” de forma regular con “alimento” sano, en vez de reprimirnos al extremo de quedar tan famélicos que nos pusiéramos en la condición de satisfacer nuestra hambruna a cualquier costo.

Tuvimos que hacer un programa diario y semanal con estas actividades de sanación. La mayoría de nosotros descubrió que no podíamos esperar a que los deseos homosexuales aparezcan y se desarrollen para recién ponernos a reparar en las necesidades reales que estaban detrás de ellos y, a última hora, intentar satisfacerlos de modos no-sexuales; lo cual no sólo era inútil sino ingenuo pues las expresiones colaterales de dichos deseos ya habían tomado cuerpo y sometido nuestras vidas. Un deliberado programa orientado a prever situaciones resultó más efectivo que una resistencia indolente y confiada.

4. Cuando descubrimos que comenzábamos a sufrir de la carencia de contacto físico masculino, aprendimos a satisfacer esta necesidad por medio actividades físicas con otros hombres, masaje terapéutico o, simplemente, solicitando a nuestros mentores, amigos de nuestro propio género o a nuestros familiares nos permitan abrazarlos y ser abrazados.

5. Comenzamos a tener la visión de un propósito superior para nuestras vidas. Decidimos poner en marcha nuestras energías para correr en dirección de la consecución de lo bueno antes que correr huyendo del mal.

Ponderamos las siguientes interrogantes: Ahora que ya no estamos invirtiendo nuestras energías en sobreponernos a nuestros deseos homosexuales, ¿qué vamos a hacer con esas energías? ¿Qué es aquello que ahora nos resulta más motivador y poderoso que actuar resistiéndonos como lo hacíamos antes? ¿Qué es aquello tan grande que hasta nos ha llevado a la convicción de ser liberados de la homosexualidad? ¿Cuál es el objetivo o el bien que estamos buscando que nos ha capacitado para actuar de manera tan eficaz? (Ver El poder de la voluntad no es suficiente)

Cambios de forma radical nuestro enfoque: de la persona que no queríamos llegar a ser a la persona que anhelábamos ser.

6. Desarrollamos e incluso repasábamos un “plan de contingencia” para hacer frente a los momentos en que los deseos sexuales u otras urgencias se manifestaban de manera arrolladora:

Identificamos a personas de nuestro mismo género conformantes de nuestra red de apoyo a las que pudiéramos recurrir por apoyo en tiempos de crisis (o mejor aún en momentos que anticipábamos se iba a producir una crisis); e incluso les telefoneábamos —como si fuera un simulacro— cuando no estábamos atravesando por una crisis.

Identificamos: i) actividades específicas que podríamos hacer, ii) personas “seguras” con las cuales podíamos pasar el tiempo y conversar, y, iii) otros pasos que pudiéramos dar que alimentaran a nuestras almas en formas sanas y constructivas, en momentos que experimentábamos necesidades particularmente intensas.

7. Por un tiempo (que duró tanto como era necesario), hicimos tanto de la realización y satisfacción de nuestras más auténticas y profundas necesidades como de la sanidad de nuestras indeseadas atracciones homosexuales, la prioridad absoluta de nuestras vidas.

Hasta ahora nuestros intentos de cambio se hallaban ahogados por los afanes de la vida, por nuestra adicción al trabajo como forma de escape, y consecuentemente, no tenían el mínimo efecto de cambio que anhelábamos. Por eso, dejamos de poner otras cosas —como el mantenimiento de nuestros secretos, el mantenimiento de nuestras defensas, nuestro rechazo a asumir riesgos, o el cultivo de creencias y prejuicios que nos servían para nada— por encima de nuestra sanación y recuperación definitivas.

8. Así, al tiempo que nos comprometimos en crear patrones consistentes de reconocimiento y satisfacción de nuestras reales necesidades de manera constructiva, comenzamos a descubrir espacio en nuestros corazones también para las necesidades y deseos de los demás —incluyendo la posibilidad de una pareja del sexo opuesto. Sólo así descubrimos la clave y el secreto de amar románticamente a una mujer.

( www.peoplecanchange.com)

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