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La Agenda de Género - Dale O´Leary

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PRIMERA PARTE

Capítulo 1. Feminismo y Género

Capítulo 2. Establecer la Agenda de Género como Corriente Principal

Capítulo 3. Comprendiendo el Proceso

Capítulo 4. El Cairo.

Capítulo 5. Conspiración en Glen Cove

Capítulo 6. El mundo según Bella

Capítulo 7. Re-imagen del Género

SEGUNDA PARTE

Capítulo 8. Feminismo Radical.

Capítulo 9. El Feminismo Verdaderamente Radical

Capítulo 10. La División del Trabajo.

Capítulo 11. La Re-definición de la Igualdad

Capítulo 12. La Guerra contra la Maternidad.

Capítulo 13. El Consejo de Europa.

TERCERA PARTE

Capítulo14. La Indefinición del Género.

Capítulo 15. Las Preparaciones.

Capítulo 16. China.

Capítulo 17. La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer.

Capítulo 18. Los derechos de los padres.

Capítulo 19. Conclusiones.

RESEÑA DEL LIBRO:

Dale O'Leary, La Agenda de Género, Redefiniendo la Igualdad,

Lafayette, Louisiana: Vital Issues Press, 1997. 213 pp.

Reseña del libro por David Dooley.

Este libro surgió de una serie de artículos publicados en Catholic World Report sobre las conferencias de El Cairo y Beijing. Como sabemos muchos de nosotros, la serie de conferencias de la ONU se supone que para favorecer los derechos de las mujeres se han convertido en campos de batalla entre las feministas radicales que quieren reestructurar la sociedad y los que quieren proteger los valores de la familia tradicional. Dale O´Leary describe estas confrontaciones y sus consecuencias, con detalles considerables.

En 1990 se organizó WEDO, Organización para el Ambiente y Desarrollo de la Mujer, con una veterana paladín anti-vida, Bella Abzug, como líder. Su primer objetivo fue la Conferencia de Río y logró cambiar el núcleo de los problemas del medio ambiente a sus propios asuntos -el aborto y la potenciación del poder de la mujer. "El trabajo verdadero de WEDO", escribe la autora, "sigue entre bastidores". WEDO se ha convertido en una ONU en la sombra. En El Cairo, se oyó a Bella afirmar que ella había escrito la Plataforma para la Acción. Insistió en que Beijing sería su conferencia".

En el Cairo WEDO montó una campaña masiva sobre los derechos sexuales y reproductivos "el respeto a la integridad física de la mujer y a su toma de decisiones además de su derecho a expresar su sexualidad con placer y sin miedo de abuso, enfermedad o discriminación". Todo suena bastante inofensivo. ¿No significa la expresión "derechos reproductivos" el derecho a reproducirse? Probablemente la mayoría de los delegados de las conferencias de la ONU no se dieron cuenta de que estas palabras eran códigos con connotaciones diferentes de las que se esperaban.

"Los que estábamos familiarizados con la literatura feminista", señala O'Leary, "sabíamos que esto incluía no sólo el derecho a la anticoncepción de todo tipo y el derecho al aborto sino también el reconocimiento del lesbianismo, bancos de esperma para lesbianas y mujeres solteras, la prostitución voluntaria y la prohibición de las manifestaciones pro-vida".

El encuentro preparatorio para Beijing provocó el punto de desacuerdo que es el tema de este libro. Bella alegaba que definir género como sinónimo de sexo era un intento de reducir a la mujer a sus características sexuales físicas. La definición feminista de género se comprendía y aceptaba ordinariamente. Afirmaba:

El concepto de género está incrustado en el discurso social, político y legal contemporáneo. Se ha integrado en el discurso social, político y legal contemporáneo... El significado de la palabra género se ha desarrollado como diferenciado de la palabra sexo para expresar la realidad de que los roles y el estatus de la mujer y el hombre son construcciones sociales y pueden cambiarse. Aquí la lógica es desconcertante. ¿Cómo pueden los roles del hombre y de la mujer ser construcciones sociales? Los hombres no pueden ser madres. Una mujer no puede concebir a un hijo. Mi diccionario dice que género en muchos idiomas describe la agrupación de palabras en clases, como masculino, femenino o neutro, o que es igual a sexo, como en "sexo femenino". Pero Bella decía firmemente que su definición de género era innegociable:

El intento actual de varios estados miembros de eliminar la palabra género de la Plataforma para la Acción y sustituirla por la palabra sexo es un intento insultante y degradante de revocar los logros conseguidos por las mujeres, de intimidarnos y de bloquear el progreso. Urgimos al pequeño número de delegados y delegadas que buscan desviar y sabotear la potenciación del papel de la mujer que detengan esa táctica de despiste.

Por lo que el abuso de Bella del lenguaje y de la lógica iba en ayuda de conseguir el objetivo de las feministas radicales, la potenciación del papel de la mujer. En el capítulo de "Re-imagen del Género", Dale O'Leary muestra lo persuasiva que es la idea ridícula de que el género es una construcción social. Por ejemplo, Lucy Gilbert y Paula Webster escriben: "A cada niño se le asigna una u otra categoría por la forma y tamaño de los genitales. Una vez que se hace esa asignación nos convertimos en lo que la cultura cree que es cada uno de nosotros -femenino o masculino... El género es un producto del pensamiento y de la cultura humana, una construcción social que produce la "verdadera naturaleza" de todas las personas.

De forma similar, Kate Bornestein escribe que "No se puede oprimir a la mujer si no existe la ‘mujer'. Acabar con el género es clave para acabar con el patriarcado". Y Anne Falso-Sterling tiene un artículo titulado "Los Cinco Sexos. Por qué Masculino y Femenino No Es Suficiente". La aceptación de la existencia de más de dos sexos avanza la agenda feminista y homosexual.

Esos análisis son extraños pero O'Leary comenta que los delegados pro-familia de la conferencia de Beijing no pudieron advertir que muchos de los temas que se contenían en ellos estaban reflejados en la Plataforma para la Acción propuesta. En la conferencia preliminar de Nueva York, WEDO y sus aliados estaban totalmente preparados para promover su agenda. Pero los delegados pro-familia se organizaron en una Coalición por la Mujer y la Familia, y los miembros de este grupo se dieron cuenta rápidamente de las referencias repetidas al género en las propuestas del borrador y emitieron un aviso de que la perspectiva de género "quiere decir ver todo como una lucha de poder entre el hombre y la mujer, considerando culpables a todos los hombres".

Después de la reunión de Nueva York, escribe O'Leary, ella y otras muchas defensoras de la familia recibieron un curso intensivo sobre la teoría feminista y siguiendo la sugerencia de una amiga, se quedó sorprendida al encontrar que una gran parte de ella estaba basada en el marxismo, especialmente con su idea de la lucha de clases.

Un libro de Shulamith Firestone, The Dialectic of Sex, mostraba cómo el marxismo podía ser transformado en feminismo radical. Las feministas radicales estaban de acuerdo con los marxistas en que el objetivo era una sociedad sin clases pero la revolución feminista acabaría con las clases de sexo, por medio del "control de población".

En verdad, los pensadores radicales, como Peter Beckman y Francine D'Amico consideran que las etiquetas de hombre y mujer producen seres ficticios y perpetúan la desigualdad.

El marxismo debió haber acabado con la caída del muro de Berlín pero O'Leary se encontró con que todavía estaba vivo en algunos campus universitarios. ¿Por qué? Un profesor le respondió a esta pregunta diciendo que los ateos necesitan algo en lo que creer. En Beijing, las feministas radicales que controlaban las reuniones lograron hacer que se aprobase la mayor parte de su agenda y proclamaron que habían obtenido una gran victoria. Pero O'Leary muestra que el Congresista Republicano Chris Smith de los Estados Unidos podía asegurar que su país ofrecería solamente un respaldo leve a la agenda y que los esfuerzos heroicos de la Dra. Margaret Ogala de Kenia, Mercedes Wilson de Guatemala y nuestra propia Gwen Landolt, ayudaron a las delegadas del Tercer Mundo a darse cuenta de que la ONU estaba intentando embaucarles. Cuando los representantes de Estados Unidos ya no estaban a la vanguardia de la promoción de la plataforma feminista, las delegadas de la Unión Europea y de Canadá se alegraron mucho de ocupar su lugar. La conducta de la delegación canadiense fue indignante en todo momento. Todo esto lo describe O'Leary con detalles fascinantes.

También tiene un capítulo que ilustra cómo las disposiciones específicas de la Plataforma de Beijing están vigentes en la vida americana. Por ejemplo, en San Francisco la policía está obligada a tratar a personas cuya identidad sexual "elegida" no es la misma que su identidad biológica. Fueron instruidos para alojar a "las personas transexuales en celdas de la cárcel adecuadas a la identidad de género de la persona". No lo harán en celdas de hombres y mujeres aparentemente. El compromiso con la igualdad en ciertos estados significa presión para que se gaste el mismo dinero en el deporte de las mujeres que en el de los hombres y para terminar con la discriminación vergonzosa de las mujeres como entrenadoras de fútbol. Ruth Ginsburg, ahora juez del Tribunal Supremo, fue coautora de un reportaje sobre el prejuicio sexual que existe en el código legal americano, en el que se dice "esposos" en vez de "esposos y esposas", "padres" en vez de "padres y madres" y "hermanos" en vez de "hermanos y hermanas".

Pero el hecho más curioso de todos fue el de la decisión de un profesor de la Universidad de Howard de asegurarse de que su hijo no tendría barreras de género. Cuando le preguntan si es un niño o una niña, responde: "Pregúntenle al bebé", y con la ayuda de un tubo atado con una correa se asegura de que el niño recibe sustento de ambos padres.

En la primera página de su breve conclusión, Dale O'Leary dice que los representantes de la ONU creen que el mundo necesita que se empiece con la anticoncepción libre y el aborto legal; cursos de educación sexual para estimular la experimentación entre los niños y enseñarles que la homosexualidad es normal y que los dos sexos son iguales; y la desacreditación de todas las religiones que se oponen a su agenda. La Agenda de Género le recuerda a un globo gigante, que puede inflarse hasta ahogar a todas las personas que hay en una habitación. Pero todo lo que se necesita es un alfiler afilado y este libro tiene la intención de ser ese alfiler. Es un instrumento útil para exponer los objetivos y maquinaciones de una nueva extraña raza de personas -personas que creen en cinco géneros, masculino, femenino, homosexual masculino, homosexual femenino y bisexual. ¿Los canadienses saben que su propio gobierno envía delegaciones de esa gente a las conferencias internacionales? Es hora de que despertemos y exigir a nuestro gobierno que recobre el sentido.

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Actualizado ( Viernes, 02 de Enero de 2009 10:51 )  

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