Ruta: Home SUPERAR AMS Recursos Artículos 20. Autores: Joseph Nicolosi El chico con AMS necesita de la ayuda de sus padres - J. Nicolosi

Es posible el cambio

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El chico con AMS necesita de la ayuda de sus padres - J. Nicolosi

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El camino hacia la masculinidad es largo. 

Es un camino de aprender, de intentar, de fracasar, de volver a intentar (...)

Algunos chicos, sin embargo, no alcanzan este destino.

En algún punto el esfuerzo llegó a ser demasiado, las derrotas y fracasos demasiado

dolorosos, por lo que se salieron de él (...) Tomaron un atajo (...)Yo fui uno de esos chicos.

Mi atajo me condujo al mundo de la homosexualidad.

ALAN MEDINGER

 

 

 

            ¿Cuáles son las probabilidades? Esa es la pregunta que los padres tienen en mente cuando comienzan a preocuparse por las implicaciones de la confusión de género de sus hijos. Y las probabilidades no son buenas. Como les dije a los padres de Stevie, los niños pequeños que tienen una fascinación y una preocupación por las actividades femeninas tienen al menos un 75 por ciento de posibilidades de crecer siendo homosexuales, bisexuales o transexuales. [1]

            Por supuesto, la historia de Stevie representa un ejemplo extremo. La mayoría de los chicos con confusión de género muestran de alguna manera signos menos evidentes de pre-homosexualidad que Stevie: están alienados de papá, no tienen amigos varones y reservan secretamente una "herida masculina" enterrada profundamente en su psique; como sus síntomas son más sutiles, no se les hizo el diagnóstico de desorden de identidad de género en la infancia. Pero estos chicos también corren el riesgo de ser homosexuales.

            La mayoría de investigadores está de acuerdo en que la inconformidad de género en la infancia es el factor simple más común relacionado con la homosexualidad. Esta inconformidad es acompañada por el sentimiento, cuando estos hombres miran atrás, de haber sido diferentes de los demás niños. Desafortunadamente, muchos miembros de la profesión de la salud mental (psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales) creen que no es necesario informar a los padres de la posibilidad de que su hijo pueda llegar a ser homosexual.

            Durante mucho tiempo, muchos profesionales han mantenido una frecuente indiferencia por los padres que expresan preocupación por la orientación sexual de sus hijos. Estos profesionales parece que prefieren ignorar los síntomas del niño y centrarse en el problema de los padres con la "homofobia retrógrada" o el "heterosexismo." Pero cuando los médicos asumen este enfoque están sustituyendo la ayuda genuina por una agenda social que entra en conflicto con los valores e inquietudes de la mayoría de las familias. Esto se debe a que hay un hecho que sigue siendo innegable: la mayoría de los padres no quiere que sus hijos sean homosexuales.

            Vino recientemente a mi consulta una pareja a hablarme de su hijo, Aaron, un niño de cuatro años muy afeminado. Ambos padres se identificaban a sí mismos con orgullo como progresistas y bastante tolerantes con la conducta de cruce de género. Pero cuando les hablé de las probabilidades estadísticas de que su hijo llegase a implicarse en la conducta homosexual si no interveníamos, se sobresaltaron.

            A pesar de que se habían autoproclamado progresistas, estos padres decidieron deshacerse de las muñecas de su hijo. Y, bajo mi dirección, decidieron hacer su propia "terapia reparativa." Esto significaba que comenzaron a dirigir algunas de las "necesidades de chico" naturales de su hijo, que anteriormente habían permanecido insatisfechas. Como es siempre el caso, su hijo necesitaba  sentirse más cercano al padre. Necesitaba experimentar algo de separación de su madre. Y tanto su padre como su madre tenían que aprender a trabajar juntos como un equipo parental para comprender formas de educar la masculinidad natural y apropiada de género del chico (en los siguientes capítulos se habla más acerca de cómo se hace esto).

            "Si empezamos ahora", les dije a los padres, "suficientemente pronto en su desarrollo, Aaron aprenderá a sentirse cómodo con su propia masculinidad. Y eso significa que es más probable que sea heterosexual."

            Muchos clientes describen su problema de homosexualidad como un "vacío de género" o "carencia de estima de género." Y sin esta estima, como avisa Richard Wyler, la vida estará llena de problemas:

Normalmente el dolor tenía que ver con el no sentirnos amados o queridos, o al menos no lo suficientemente amados o queridos. El dolor a menudo incluía "ansia de padre," "enredo de madre", rechazo de los compañeros, pobre "estima de género" y, con una frecuencia desproporcionada (en comparación con la población en general), abuso sexual en la infancia o exposición prematura a la experiencia sexual. Cuando esto tenía lugar, estaba inevitablemente en las manos de otros varones, produciendo una confusión indecible entre el amor y el abuso, y lo masculino y lo femenino. El tiempo por sí solo en verdad no podía curar nunca estos tipos de heridas profundas sin que volviésemos a afrontarlas, reconocerlas, lamentarlas, liberar nuestra ira legítima sobre ellas, dar pasos para reparar el daño que nos habían producido (hasta donde nos fuera posible) y, finalmente, perdonar y seguir adelante. (www.peoplecanchange.com)

            Los doctores  Kenneth Zucker y Susan Bradley, expertos en problemas de identidad de género en niños, creen que el tratamiento de los niños con desórdenes de género debería comenzar tan pronto como fuese posible:

       En general coincidimos con aquellos que creen que cuanto más pronto comience el tratamiento, mejor. (...)

        Nuestra experiencia ha sido que un número considerable de niños y sus familias pueden lograr un cambio enorme. En estos casos, el desorden de identidad de género se resuelve totalmente y nada en la conducta o fantasía del niño sugiere que los asuntos de identidad de género sigan siendo problemáticos. (...)

       Consideradas todas las cosas, (...) tomamos la posición de que en esos casos clínicos deberíamos ser optimistas, no nihilistas, sobre la posibilidad de ayudar a los niños a estar más seguros de su identidad de género.[2]

 

¿ES EL HOMOSEXUAL "LO QUE SON ALGUNAS PERSONAS"?

            "Pero ¿puede ser que mi hijo haya nacido gay?", me preguntan algunos padres. "¿Es posible que homosexual lo sea ‘el que lo es'?"

            La ciencia dice con frecuencia haber "demostrado" que una orientación homosexual es una parte natural e innata de quien es realmente una persona.[3] (En el siguiente capítulo entraremos en las teorías biológicas de la homosexualidad en profundidad). Según el argumento de que "nací así", una orientación sexual es una parte de la identidad esencial de una persona, por lo que una persona con orientación homosexual debe ser aceptada por expresar su propia naturaleza creada y verdadera.

            Pero existen problemas que minan este argumento incluso si mañana se descubriese un "gen gay." La ciencia -a pesar de lo que asume mucha gente- está limitada inherentemente en lo que puede decirnos. La ciencia describe el mundo y nos dice "lo que es", pero no nos puede decir "lo que debería ser." Permítame ilustrarlo con un ejemplo:                     

            Su hijo Jack nace con un gen que le hace que probablemente gane peso. A usted realmente le encanta cocinar para él, por lo que este crece amando los postres y los fritos. En el colegio se burlan de él, es excluido y le ponen apodos, por lo que va a casa y se consuela de la mejor forma que sabe: comiendo (Puede que tengan razón, decide Jack. Puede que este sea quien soy.) Muy pronto Jack está tan obeso que su doctor le da una nota excluyéndole de la clase de educación física.

            ¿Es gordo "lo que es realmente"? Llegó a ser así por medio de una combinación de factores biológicos, influencia parental, influencia social de sus compañeros y elección de conducta (igual que con la homosexualidad.)           

            Sin embargo, así como la acción de comer demasiado puede ser comprensible para Jack (y de hecho él siente que para él es perfectamente normal), todavía reconocemos que la obesidad no es normal ni sana, ni para Jack ni para nadie. Esto se debe simplemente a que los seres humanos  no fuimos diseñados para cargar nuestros cuerpos con la obesidad.

            La profesora de su hijo ve la infelicidad de Jack, las burlas y la exclusión que sufre. Se le rompe el corazón. Naturalmente, quiere protegerle. Como parte de nuestro programa de "hacer los colegios seguros" para los niños que son objeto de burlas y condenados al ostracismo, ¿deberíamos -incitados por sentimientos comprensibles de compasión- enseñar que "la obesidad es normal para algunas personas"? Además, ¿debería decir la profesora que el único problema que tiene la obesidad es la discriminación de la sociedad contra ella?        

            La respuesta verdaderamente compasiva es no. Puede que sea un enfoque doloroso tomarlo a corto plazo, pero la respuesta clarividente (teniendo en cuenta las vidas futuras de estos chicos) requerirá una comprensión exacta de la obesidad. No estamos diseñados para tener mucho sobrepeso. Los administradores del colegio deberían afirmar a ese niño como persona y deberían tener una enorme compasión por su lucha, pero no deberían afirmar su problema como una parte integral de su identidad.

            Lo mismo sucede para un adolescente con confusión sexual.

            Alan Medinger, que ha asesorado a cientos de hombres que están saliendo de la homosexualidad, y que fue él mismo homosexual activo durante diecisiete años, explica que la verdadera libertad no se encuentra en declararse gay sino en elegir vivir de acuerdo con la propia naturaleza verdadera; como dice, "volviendo a tomar el camino" hacia una masculinidad de la que "algunos hombres HAN CARECIDO SIN HABERLA ABANDONADO": [4]           

        El camino hacia la masculinidad es largo. Es un camino de aprender, de intentar, de fracasar, de volver a intentar, un viaje de victorias y derrotas. La mayoría de los chicos no son siquiera conscientes de que están en el camino, y pocos se dan cuenta de cuando han alcanzado su destino principal, pero la gran mayoría la alcanza (...)

            Algunos chicos, sin embargo, no alcanzan este destino. En algún punto el esfuerzo llegó a ser demasiado, las derrotas y fracasos demasiado dolorosos, por lo que se salieron de él. Se salieron del camino principal; tomaron un atajo (...) Yo fui uno de esos chicos (...) Como les sucedió a tantos chicos, mi atajo me condujo al mundo de la homosexualidad. (...) Llegué a ver que mi problema homosexual era en gran parte un problema de masculinidad no desarrollada. 

                       

¿CUÁLES SON LAS DESVENTAJAS DE UN CHICO CON PROBLEMAS DE GÉNERO?

 

            Mirando este asunto desde un punto de vista estrictamente práctico, existen muchas serias desventajas en el modo de vida gay. El psiquiatra Richard Fitzgibbons advierte a los padres que no descarten la conducta de cruce de género en la infancia y los problemas que lleva consigo "simplemente como una fase pasajera."

            Los problemas de identidad de género, incluyendo el travestismo, la realización de juegos exclusivos del otro género y una carencia de amigos del mismo sexo deberían tratarse como un síntoma de que algo puede ir mal. Los chicos que exhiben esos síntomas antes de entrar en el colegio tienen mayor probabilidad de ser infelices, solitarios y aislados en la escuela primaria; de padecer la ansiedad de la separación, depresión y problemas de conducta; de ser víctimas de acosos y objetivos de pedófilos; y de experimentar la atracción hacia el mismo sexo en la adolescencia.

Si practican la actividad homosexual en la adolescencia, tienen más  probabilidad que el resto de los chicos de verse envueltos en las drogas, el abuso del alcohol o la prostitución; de intentar el suicidio, de contraer enfermedades de transmisión sexual, tales como el VIH o de desarrollar un problema psicológico serio cuando sea adulto. Un pequeño número de estos chicos llegarán a ser travestis o transexuales. [5]

            A pesar de los asuntos políticamente sensibles implicados, quedan especialistas que son conscientes de que el tratamiento de la confusión de género es importante y necesario. Zucker y Bradley creen que el tratamiento del desorden en la identidad de género (DIG, GID en sus siglas inglesas) en la infancia puede ser "terapéutico y ético." Dicen que el tratamiento del DIG ofrece al niño diversos beneficios clave, incluyendo:

  • La oportunidad para que el niño supere la conducta del sexo opuesto y los factores intrapsíquicos negativos relacionados con ella.
  • Una reducción mayor del rechazo social de los compañeros
  • Menos probabilidad de transexualismo (la creencia de que se es del sexo opuesto, con frecuencia con la convicción de que uno se debe operar para cambiar de sexo para sentirse normal)
  • Menos probabilidad de homosexualidad en la edad adulta [6]

 

QUIZÁ MI HIJO HAYA NACIDO CON UN PROBLEMA DE GÉNERO

 

            Un número de estudios intrigantes sugieren que para algunos hombres y  mujeres, el desarrollo de la identidad de género se puede haber distorsionado antes del nacimiento por un "accidente biológico."  

            Hace pocos años, se encontró que una prescripción de drogas tomada por madres embarazadas para reducir las probabilidades de aborto tuvo el efecto secundario de masculinizar los cerebros de los fetos femeninos. Una proporción de esas chicas más alta que el promedio fue finalmente lesbiana. 

            Posteriormente, en el año 2000, tres científicos canadienses encontraron una conexión entre ser zurdo y la homosexualidad.[7]  Su documento llega a la conclusión de que los homosexuales masculinos tienen alrededor de un tercio más de probabilidades que los hombres heterosexuales de ser zurdos, mientras que las lesbianas tienen casi el doble de probabilidades de ser zurdas que las mujeres heterosexuales. 

            Los cerebros de algunas personas pueden haber sufrido un hecho disruptivo en la matriz. Eso fue lo que les sucedió a las chicas cuyas madres tomaron la droga por prescripción; un flujo anormal de hormonas distorsionó el desarrollo de género de los fetos. Los investigadores canadienses creen que tanto el ser zurdo como la homosexualidad (en los casos en que la homosexualidad es influenciada biológicamente) puede resultar de un "error de desarrollo biológico." 

            Pero como explica el científico Neil Whitehead: "Es posible que exista algún nexo entre ser zurdo y la homosexualidad pero no es muy significativo. El hecho es que la mayoría de las personas zurdas no es homosexual y la mayoría de los homosexuales no son zurdos."[8]

          

LOS NIÑOS CON DIG PUEDEN CAMBIAR

 

            De hecho, los expertos han afirmado que los niños con DIG de los que se asumió que tenían problemas biológicos pueden responder sorprendentemente bien a la intervención terapéutica. Los investigadores Rekers, Lovaas y Low describen a uno de sus jóvenes clientes:          

Cuando lo vimos por primera vez, el grado de su identificación femenina era tan profundo (sus amaneramientos, gestos, fantasías, flirteos, etc., como mostraba en su "correteo" por toda la casa y la clínica, totalmente vestido de mujer con un vestido largo, peluca, uñas limadas, voz altamente aguda, desaseado, ojos seductores) que sugería irreversibilidad neurológica irreversible y determinantes bioquímicos. 

Después de 26 meses de seguimiento, parecía y actuaba como cualquier otro chico.  La gente que lo vio en las cintas de vídeo grabadas antes y después del tratamiento hablaba de él  como de "dos chicos diferentes."[9]   

           Por supuesto, no se debería forzar a los chicos con DIG a entrar en un molde predeterminado que pueda producirle la negación de su naturaleza fundamental: sus dones naturales de creatividad, sensibilidad, amabilidad, gentileza, sociabilidad, intuición o intelecto alto. El Dr. Lawrence Newman clarifica esta distinción importante:         

            El tratamiento no se debería dirigir a convertir al chico afeminado en un atleta o  a suprimir sus anhelos estéticos sino a desarrollar su orgullo de ser hombre...

            Estos chicos responden de forma remarcable al tratamiento dado entre las edades de 5 a 12 años, volviéndose más masculinos en su conducta y estando más cómodos con su identidad como varones. [10]

 

          El investigador Kenneth Zucker coincide en que el tratamiento puede ser eficaz de muchas formas: "Basándome en mi experiencia asesorando a más de 300 niños con problemas de identidad de género, (...) muchos de estos jóvenes (y sus familias) se benefician de la terapia. Estos jóvenes se sienten mejor consigo mismos como chicos o chicas, desarrollan amistades íntimas con niños de su propio género y experimentan interacciones dentro de la matriz familiar." [11]         

 

¿LA GENTE CON SOBREPESO HA "NACIDO ASÍ"?

          Como decíamos anteriormente, vemos una buena analogía con la homosexualidad en el problema de la obesidad. Los investigadores saben que un gen predispone a algunas personas a tener sobrepeso. Pero no tendría sentido decir que tener sobrepeso es normal y saludable sólo "porque la gente gorda nace (a veces) así." Nuestros genes proporcionan sólo una influencia, una predisposición, en algunas personas, a ganar peso. Existe también una influencia familiar ("¿te puso mamá Coca-Cola en vez de leche en el biberón?"), influencia cultural ("¿Celebró tu enorme familia que estaban juntos con maratones de salchicha frita y pasta?"), factores de estrés ("¿Te encuentras bajo mucha presión en el trabajo, y esto hace que bebas cerveza y piques delante de la tele toda la noche?"), y, por supuesto, tu propia elección de tener auto-control ("¿Eliges seguir una dieta o simplemente te entregas al bienestar y al placer de la comida?").   

            Mucha gente que tiene sobrepeso indudablemente tiene poca o nula tendencia genética a ser gorda. Su obesidad se debe a alguna combinación de los factores ambientales arriba mencionados.

            La situación con la homosexualidad es con mucho la misma. Como ha dicho el Dr Whitehead, los factores biológicos no nos fuerzan a tener conductas particulares; sólo hacen esas reacciones más probables.          

EL "GEN GAY"

            Ya hemos hablado de la posibilidad de un problema hormonal prenatal en algunos niños atípicos de género debido a un accidente prenatal que produjo que una corriente de hormonas alterase el desarrollo de un niño no nacido en la matriz de su madre. Ahora bien, ¿qué pasa con la posibilidad de que exista un "gen gay" que haya pasado de generación en generación y que su hijo haya heredado? (los genes no hacen homosexual a la gente, como ya hemos explicado, sino que ponen la base para que reaccionemos a nuestro ambiente de ciertas formas.) ¿Qué podría ser esa contribución genética?

            Un estudio reciente sobre los factores biológicos sugiere que el componente genético que contribuye a la homosexualidad podría hacer que se heredase la tendencia a la inconformidad de género.[12] Muchos especialistas, durante años, han sugerido el mismo escenario. El chico con inconformidad de género se siente menos masculino con respecto a sus semejantes, por lo que idealiza la masculinidad que ve en ellos, de la que él mismo carece. El chico con inconformidad de género vuelve a la seguridad de mamá y rechaza el desafío de lo masculino representado en sus compañeros masculinos duros y más agresivos (más acerca de esto en el siguiente capítulo).

 

APOYAR UNA IDENTIDAD DE GÉNERO MASCULINO: RITOS DE PASO

           Las culturas primitivas muestran una comprensión intuitiva de que los chicos necesitan ayuda y estímulo especial para crecer hacia su identidad masculina. Dichas culturas no permiten que sus jóvenes crezcan sin que pasen por un elaborado juego de ritos de iniciación masculina. Sobreentienden que para llegar a ser un hombre se requiere una lucha; la verdadera masculinidad no surge automáticamente. 

            Los jóvenes de las tribus pasan con frecuencia por una serie de pruebas que les ayudan a "demostrar" o a "descubrir" su masculinidad. Cazan y matan presas y enemigos de la tribu. Pasan por regímenes físicos dolorosos y agotadores. Son sometidos a rituales, en compañía de varones mayores, que les rechazan su infancia y les declaran hombres adultos. Y cuando superan el desafío al que se ven expuestos, la tribu está allí para celebrar su victoria. Ahora son hombres. Ahora ya no jugarán más alrededor de las hogueras de las madres en compañía de sus abuelas y hermanas. Ahora, en vez de eso, saldrán a cazar y pescar con los demás hombres. [13]

            Hoy en nuestra sociedad no es fácil ayudar a los jóvenes a solidificar su identidad masculina. Generalmente no se espera que los chicos jóvenes pasen por ritos de iniciación. En vez de eso, con el enfoque confuso actual de los asuntos de género, sus profesores pueden decirles que abracen su "lado femenino" o "naturaleza andrógina", o, peor, sus orientadores escolares pueden animarles a identificarse como "gays."  Los estudiantes de todos los niveles pueden ser animados por los educadores de la escuela pública a acercarse a varias identidades sexuales.  Algunos programas escolares de afirmación gay incluso les animan a experimentar con relaciones del mismo sexo o a considerar la bisexualidad como una opción.

            En efecto, algunos psicólogos creen ahora que limitarnos a la heterosexualidad supone una constricción innecesaria al potencial humano: cuando superemos nuestro miedo a la bisexualidad, dicen, descubriremos nuevas posibilidades ricas y creativas.[14] Cuando una psicóloga hizo esta afirmación de hecho científico (que la gente era capaz de una amplia gama de respuestas sexuales) en un diario científico recientemente, se introdujo directamente en un campo que está dentro del ámbito de la ética (e implicando que la diversidad sexual es buena). La ciencia, por supuesto, no puede decirnos si limitarnos a la heterosexualidad -o celebrar todas las formas de diversidad sexual- está bien o mal.

            Irónicamente, si en lugar de esto esta psicóloga hubiese apelado a celebrar una ética monógama y heterosexual, habría sido descartada como una "heterosexista" cuyas opiniones deberían limitarse a los sermones de los domingos. ¡Pero cuando la prescripción moral de una psicóloga apela a la celebración de la diversidad sexual, su trabajo es considerado sin controversia y se asume como un pronunciamiento de la ciencia! Uno no puede evitar dejarse llevar por la ironía.

 

LO PEOR DE LOS PROGRAMAS ESCOLARES

            Un activista de los derechos de los padres, Brian Camenker, describe programas escolares de Massachussets que exigen que los niños hagan juegos de rol como si fuesen miembros de parejas homosexuales. A los estudiantes de institutos se les exige que asistan a talleres durante la "Semana de la Homofobia" que condenan los valores tradicionales, alaban la normalidad del transexualismo, y se avergüenzan efectivamente de cualquier niño que no esté de acuerdo. Carmenker describe un programa en el que a los niños se les pedía llevar triángulos rosas al colegio para mostrar su solidaridad con el movimiento gay,  y muy pocos niños, naturalmente, tuvieron el coraje de rechazar llevar los símbolos gay.

            En uno de esos institutos, dice, el libro de texto del noveno curso enseña que "la sexualidad es un asunto de prueba y error y de opción personal." Entre sus lecciones está esta afirmación provocativa que anima a la experimentación sexual precoz: "Probar tu capacidad de obrar sexualmente y dar placer a otra persona puede ser menos amenazante en la temprana adolescencia con personas de tu propio sexo." El libro de texto también aconseja a los niños que puedan, de hecho, "llegar a la conclusión de que madurar significa rechazar los valores de tus padres." [15]

 

LAS OPERACIONES DE CAMBIO DE SEXO: DOS PUNTOS DE VISTA

            De muy diferentes direcciones proceden mensajes mezclados sobre sexualidad. Conozco un psicoterapeuta cuyo consejo a un chico afeminado fue la afirmación: "Cuando crezcas, podrás hacerte una operación de cambio de sexo. Pero mientras tanto, estarás mejor si simplemente intentas comportarte como un chico." Este tipo de consejo sólo reforzará las fantasías femeninas del chico. ¿Por qué debería buscar desarrollar su masculinidad cuando, en pocos años, su fantasía de ser realmente una chica puede llegar a ser verdadera por medio de la cirugía? No importa que muchos transexuales, después de la cirugía, encuentren que nada ha cambiado en su interior. Muchos permanecen en conflicto y siguen siendo infelices. [16]

           Los tradicionalistas (incluyendo la mayoría de la gente creyente) creen que un orden natural inscrito en nuestros cuerpos nos dice quienes somos. Por esta razón, los tradicionalistas no pueden aceptar la idea de que un hombre que "se siente en su interior como una mujer" sea justificado amputándosele sus genitales, insertándosele implantes de pechos y hormonas femeninas que son  bombeadas en su corriente sanguínea para que pueda conformar su cuerpo con lo que siente en su interior sobre quién es. Los tradicionalistas tiemblan con horror ante la vista de una persona nacida hombre que gesticula de una forma femenina caricaturizada, con pechos artificiales que contrastan con la sombra más desmayada de barba y la angulosidad reveladora de la mandíbula de un hombre. Lo que la persona hizo para forzar su cuerpo a conformarse con el sexo biológico que desea no parece de hecho noble; parece una cruda carnicería. Reflexionando sobre el mismo escenario, los partidarios de la liberación sexual aplauden: esta persona llevó a cabo la opción (¡el mayor bien humano!) y se hizo conforme a quien creía que podía ser, con la ayuda de la medicina moderna.

            Existe una diferencia amplia y posiblemente irreconciliable entre los partidarios de la liberación sexual y los tradicionalistas. Mientras que los primeros aplauden al hombre casado que deja a su esposa y se declara gay (llaman a este hombre valiente, honesto y noble), los tradicionalistas se estremecen. A pesar de sí mismos, los tradicionalistas tiemblan con las imágenes mentales evocadas con el pensamiento de lo que los homosexuales hacen en el acto sexual. Casi sintiéndose culpables por su reacción visceral, no pueden evitar ver tales actos como perversos y, de hecho, innaturales.

           

TOMAR LA DECISIÓN: ¿QUIÉN SOY YO?

            Junto con muchos de mis colegas, estoy preocupado por el hecho de que los jóvenes que se impliquen en la experimentación con el mismo sexo puedan ser etiquetados como gays demasiado pronto. Tal decisión gravemente significativa debería hacerse sólo en la adultez. No todos estos jóvenes necesariamente continuarán deseando relaciones homosexuales. Pero con un orientador escolar que los aliente, podrían llegar a habituarse a las experiencias con el mismo sexo y a enredarse desesperadamente en la vida gay. Junto con muchos de mis colegas, estoy preocupado por el hecho de que los jóvenes que se impliquen en la experimentación con el mismo sexo puedan ser etiquetados como gays demasiado pronto. Tal decisión gravemente significativa debería hacerse sólo en la adultez. No todos estos jóvenes necesariamente continuarán deseando relaciones homosexuales. Pero con un orientador escolar que los aliente, podrían llegar a habituarse a las experiencias con el mismo sexo y a enredarse desesperadamente en la vida gay.           

            Para un joven que experimenta el doloroso rechazo del grupo de sus compañeros, el abrazo inmediato por parte de un grupo contracultural es intoxicante. Una nueva cara (joven) iniciará la acogida y la celebración dentro de la comunidad gay y junto con la aprobación aduladora vendrá el sexo inmediato. El sexo se puede encontrar de forma anónima con muy poco esfuerzo en los bares gay, saunas y librerías, y por medio de contactos realizados en salas de chat gay en Internet. 

          Esas experiencias pueden convertirse rápidamente en adictivas, tal y como explica Richard Wyler:

            La idolatría de los hombres cambió rápidamente en erotismo. Incapaces de sentirnos lo "bastante hombres" en el interior, anhelábamos otro hombre para que nos "completase" desde el exterior. Mirando o tocando el cuerpo de otro hombre nos permitía "sentir" literalmente la masculinidad de una forma que nunca parecía que pudiésemos sentir nosotros solos, dentro de nosotros. 

            Pero consentir la lujuria por medio de la pornografía, la fantasía o el voyeurismo sólo lo intensificaba. Más aún, deshumanizaba a los hombres que deseábamos lujuriosamente  y nos aislaba de ellos, ampliando el abismo creciente entre nosotros y los "hombres reales" de tal forma que los hacía parecer del sexo "opuesto". La lujuria también nos abría las puertas a las arenas movedizas de la adicción sexual. (www.peoplecanchange.com )

            Por supuesto, existe la posibilidad de un resultado mejor. Con asesoramiento, tanto la confusión de identidad de género como las fantasías del mismo sexo    que la acompañan pueden disminuir cuando el adolescente con confusión sexual reconoce la importancia de madurar totalmente en su propio género.

           La doctora Elaine Siegel descubrió que las chicas con confusión de género en terapia con ella "sabían que eran chicas, pero no estaban en absoluto seguras de que ser una chica fuese deseable, posible o útil para ellas." Cuando eran tratadas con éxito, no se resolvían solamente estos problemas de identidad de género de las chicas sino que se superaban los bloques educacionales previos del colegio y podían hacer una adaptación general más sana. [17]

           

¿"INDIFERENCIA" O "DEFICIENCIA?

            Algunos activistas gays han dicho que la persona con orientación homosexual nace con una "indiferencia de género," y que la causa de su sufrimiento es que vivimos en un mundo polarizado por el género, un mundo que debe cambiar.[18] Pero si los gays consideran en verdad que el género carece de importancia, entonces ¿por qué los gays no son bisexuales? ¿Por qué se valora tanto la masculinidad en el mundo gay? ¿Por qué los anuncios de contactos gays buscan generalmente un compañero que sea "activo"? ¿Y por qué vemos esta conducta sexual tan compulsiva y peligrosa en la búsqueda de lo masculino?

            Creemos que esto se debe a que la homosexualidad representa no una indiferencia hacia el género sino un déficit de género. La conducta basada en el déficit procede del aumento de la sensibilidad hacia lo que uno siente que carece, y se caracteriza por la compulsión y conducción: donde la persona persistirá en la conducta a pesar de la desventaja social y el grave riesgo para la salud. Las conductas basadas en el déficit tienen también una cualidad de caricatura, que se aprecia muy bien en los bares leather, donde los hombres se visten como soldados y policías, y llevan cinturones con clavos e instrumentos de tortura. Esa conducta exagerada representa realmente un aumento de la consciencia y una búsqueda de la deficiencia de género interna -es decir, la masculinidad- pero de forma caricaturizada.

 

IDENTIFICACIÓN DEL DESORDEN DE IDENTIDAD DE GÉNERO (DIG)

            Creo en un enfoque reparativo para el conflicto de identidad de género. Tanto en el DIG como en el sentido de sí mismo del niño vacío de género, se carece de algo como verdaderamente masculino (o el sentido de ella de ser femenina). Junto con otros psicoterapeutas de la misma opinión, espero ofrecer una opción que pueda cambiar el curso de sus vidas antes de que estos jóvenes se enreden tan profundamente en la conducta homosexual no deseada que les sea casi imposible averiguar su camino.

            ¿Está usted preocupado por la conducta de su hijo? ¿Está preguntándose si él o ella puede estar mostrando síntomas de confusión de género?

            Primero, recuerde que la mayoría de los chicos que llegan a ser homosexuales no fueron nunca afeminados de forma evidente. El chico afeminado es un caso exagerado del síndrome general de inconformidad de género que conduce a la homosexualidad. Sin embargo, tanto el chico con DIG (afeminado) como el que tiene inconformidad de género (cuando los problemas con los compañeros del mismo sexo están también presentes) están en conflicto en cuanto a la reivindicación de su género apropiado. Y ambas condiciones ponen la base para un resultado homosexual.

           Ciertas señales de pre-homosexualidad son fáciles de reconocer y suelen aparecer pronto en la vida del niño. Los indicadores de DIG en la infancia, descritos por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), se enumeran abajo. Se les dice a los clínicos que utilicen los cinco siguientes marcadores para ayudarles a determinar si un niño tiene este desorden:

  • 1. Deseo afirmado repetidamente de ser, o insistencia en que él o ella son del otro sexo.
  • 2. En los chicos, preferencia por el travestismo o simular ropas femeninas. En las chicas, insistencia en vestir únicamente la ropa estereotípica masculina.
  • 3. Preferencia fuerte y persistente por los roles del mismo sexo en juegos inventados o fantasías persistentes de ser del otro sexo.
  • 4. Deseo intenso de participar en los juegos y pasatiempos estereotípicos del otro sexo.
  • 5. Fuerte preferencia por compañeros de juego del otro sexo. [19]El inicio de la mayor parte de las conductas del género opuesto tiene lugar durante los años preescolares, entre los dos y los cuatro años de edad. El travestismo, como indica la investigación del Dr. Richard Green, es una de las primeras señales. [20]

           Por supuesto, para la mayoría de los chicos con conflicto de género, las señales de un desarrollo homosexual precoz serán más sutiles: una renuencia a jugar con los demás chicos, miedo de los juegos de peleas, vergüenza al estar desnudo en presencia de otros varones (pero no cuando está en presencia de chicas), falta de comodidad y de vínculo con el padre y quizás una sobre- vinculación con la madre.

            La historia que Richard Wyler  nos cuenta en su página web es la típica de un chico pre-homosexual con inconformidad de género. Describe los sentimientos comunes y precoces de "carencia de género." Ninguno de los hombres cuyas historias narra se había vestido o actuado nunca como una chica pero tenían un profundo sentido de inadecuación masculina:

Al principio, por lo menos, no nos sentíamos tanto homosexuales como carentes de género y, careciendo de la suficiente masculinidad dentro de nosotros, nos sentíamos atraídos hacia lo que pensábamos que nos haría sentir más masculinos y completos. 

Durante mucho tiempo sentimos que los hombres eran lo contrario de nosotros, y mientras nos identificábamos con mujeres como nuestras hermanas, seguíamos sintiéndonos atraídos a nuestro opuesto: la misteriosa y desconocida masculinidad. Para nosotros, con frecuencia nos parecía que los hombres eran el sexo opuesto, por lo que sentir que nos atraían nos parecía natural (www.peoplecanchange.com).

           Diferencie entre juegos y obsesiones si su hijo muestra interés por la ropa y las actividades del sexo opuesto. Usted no tiene por qué preocuparse si el travestismo se produce en contadas ocasiones. Sin embargo, debe preocuparse cuando su niño pequeño continúe haciéndolo y, al mismo tiempo, comience a adquirir algunos otros hábitos alarmantes. Puede que empiece a utilizar el maquillaje de su madre. Puede que evite a los demás chicos del vecindario y sus juegos y en vez de ello prefiera estar con sus hermanas, uniéndoseles regularmente en sus juegos de muñecas y de casas de muñecas.        

            Posteriormente, puede que empiece a hablar con una voz aguda. Puede que afecte los gestos exagerados e incluso la forma de caminar de una chica o llegar a fascinarse por el pelo largo, los pendientes y los echarpes. Las cosas femeninas pueden adquirir un interés especial para él, incluso hasta el punto de la obsesión. De hecho, puede actuar realmente de forma más femenina que su propia hermana y su madre.

           Cuando se le pide que dibuje una persona, el chico con confusión de género dibujará casi siempre primero a una mujer, y sólo después, quizás, dibujará a un hombre. Sus dibujos de una chica o una mujer se representarán generalmente con colores brillantes, particularmente rosa y rojo, con gran detalle y en gran tamaño. En sus dibujos de hombres, los sujetos son pequeños, monótonos, delgados y con frecuencia figuras de palo. Estos dibujos representan la percepción del chico de la realidad. Las mujeres son emocionantes, poderosas y atractivas, mientras que los hombres (esto suele incluir al padre) son débiles, carentes de interés e incluso figuras negativas.        

           El niño pre-homosexual puede mostrar una curiosidad precoz por la genitalidad femenina. Algunos clínicos han descubierto que los niños con DIG tienen un interés particular por la vagina, a diferencia de los niños normales menores de doce años de edad. Al mismo tiempo, puede que el niño niegue su propia masculinidad y que sienta una desconexión (o incluso revulsión) hacia sus propios genitales masculinos, empujando su pene hacia dentro de su cuerpo y quizás se siente para orinar imitando a su hermana. Estas conductas sugieren que el chico considera esa parte de su cuerpo como que "no soy yo."Algunos chicos con DIG insisten realmente en que son chicas.

            La madre de un chico con DIG le trajo a su hijo muñecas Barbie porque, como madre autodeclarada de ideas liberales, rehusaba aceptar los estereotipos de género de la sociedad. Dice que su hijo se "obsesionaba" con La Sirenita y Cenicienta e imitaba sus gestos y canciones mientras ignoraba de forma significativa el muñeco Ken que le compró. La madre describe ese duro momento de la verdad en el que se dio cuenta de que su hijo de cuatro años no estaba simplemente pasando una etapa. Ocurrió cuando el chico se puso de pie en un carrito de la compra que él mismo empujaba y comenzó a gritar cuando ella le dijo que él nunca podría ser madre. [21]

            En un estudio de sesenta y seis chicos afeminados de cuatro a doce años de edad, el 98 por ciento de ellos estaba implicado en el travestismo y el 85% decía que habría preferido haber nacido chica.[22] Yo he hallado que normalmente es el niño más pequeño quien confiará el deseo, y casi siempre a su madre. Una madre me contaba que su hijo de tres años le decía de forma repetida que quería cortarse su pene. Cuando estos chicos crecen, su sensibilidad progresiva hacia la desaprobación de los padres probablemente les hace verbalizar de forma explícita el deseo de ser una chica. 

PROBLEMAS SOCIALES Y PSICOLÓGICOS EN EL CHICO CON CONFUSIÓN DE GÉNERO

            A pesar de la afirmación de algunos psicólogos y de la mayoría de los gays que defiende que esta distorsión ostensible de la realidad es "normal para algunas personas", la conducta del sexo opuesto es síntoma de un problema más profundo: un problema de identidad distorsionada y de "no pertenencia." Los chicos que padecen la confusión de identidad de género padecerán muchos problemas psicológicos y sociales relacionados. Probablemente sean más ansiosos, depresivos y solitarios.[23] Muchos padres reconocen que sus hijos con DIG no son felices. Estos hijos tienen mal humor, se trastornan fácilmente y con frecuencia se lamentan de que no encajan.

            Eventualmente el niño pre-homosexual suele convertirse en el "chico de la ventana de la cocina" que mira hacia afuera con anhelo a los demás chicos del vecindario, deseando poder jugar con los chicos que le rechazan y se burlan de él. En vez de ello, termina quedándose dentro con mamá limpiando la casa con ella y horneando galletas.[24] Los padres de estos niños hacen bastante bien al preocuparse porque este modelo, si se ve en una época tan temprana como la preescolar y el primer grado, presagia otros muchos problemas posteriores de ajuste en la vida.          

            Algunos chicos con DIG desafían el estereotipo usual de la timidez y la pasividad y, en vez de ello, actúan con superioridad o son extremadamente egocéntricos. Estos chicos "insisten en sus propias reglas en los juegos (...) y cuando no consiguen su propósito, o se retiran o tienen rabietas de carácter." [25]

           Otros están excesivamente preocupados por si resultan heridos o magullados debido a una sensación de fragilidad de sus cuerpos. Algunos de estos chicos tienen una reacción casi fóbica al lenguaje agresivo. Con frecuencia se quejan del lenguaje rudo de otros chicos y parecen asustarse genuinamente de la conducta agresiva. [26]

            Como advierte el Dr. Richard Fitzgibbons, el miedo a los deportes y a la agresión de los demás chicos prepara el camino a una identidad masculina débil:

La identidad masculina débil se identifica fácilmente y, en mi experiencia clínica, es la mayor causa de [homosexualidad] en los hombres. Sorprendentemente, puede ser una consecuencia de una coordinación débil mano-ojo, que tiene como resultado una incapacidad de hacer deporte bien. Esta condición suele ir acompañada por el severo rechazo de sus semejantes. En una cultura orientada al deporte como la nuestra, si un joven es incapaz de lanzar, coger o darle patadas a un balón, probablemente va a ser excluido, aislado y ridiculizado.

El rechazo continuo puede ser una fuente mayor de conflicto para un niño y un adolescente. En un intento de superar los sentimientos de soledad e inadecuación, puede pasar más tiempo con estudios académicos o adoptando amistades cómodas con las chicas. La "herida de los deportes" afectará negativamente la imagen de sí mismo del chico, sus relaciones con sus compañeros, su identidad de género y la imagen de su cuerpo. La visión negativa de su masculinidad y su soledad pueden conducirle a anhelar la masculinidad de sus compañeros masculinos. [27]

 

            Otros estudios encontraron que la pobre coordinación y las dificultades en jugar a deportes de contacto son comunes entre los chicos pre-homosexuales.[28] De forma similar, un número de estudios muestran que tales chicos parecen tener problemas en distinguir entre los juegos normales de peleas y el intento deliberado de otros chicos de hacerles daño. [29]

            El psicólogo holandés Dr. Gerard van der Aardweg está de acuerdo con las observaciones del Dr. Fitzgibbons con respecto al miedo al juego agresivo. La tendencia de los chicos a ser cautos y carentes de agresividad y a no participar en deportes de equipo es un hallazgo universal recogido en muestras de homosexuales clínicos y no clínicos y está presente también en otras culturas. [30]

            En la escuela primaria, otros niños comenzarán a llamar a estos niños con confusión de género "mariquitas", "sarasas", "invertidos" o "gays". De la forma más errónea y trágica, incluso puede que sus maestros los identifiquen como "niños gays" y así, etiquetados por sus propios maestros, puede que los chicos lleguen incluso a pensar que "nacieron gay." Puede que no estén seguros de lo que significa ser "gay" pero comienzan a sospechar que de hecho son muy diferentes. Antes de tiempo, su distanciamiento emocional de su propio sexo comenzará a salir a la superficie en los deseos románticos con personas de su mismo sexo. Mi cliente anterior, "Alex", escribe de su secreto deseo temprano, pero desde lejos, de atención masculina. También vemos en sus escritos su fracaso al vincularse con miembros del mismo sexo y el desarrollo precoz de la exclusión defensiva de los varones (que se manifiesta en el miedo y en la excitación):

Los primeros sentimientos gays que puedo recordar tuvieron lugar en el cuarto curso, cuando tenía nueve años de edad. Empecé a darme cuenta de un niño de pelo marrón oscuro, que llevaba una chaqueta azul oscura. Recuerdo que me gustaba su sonrisa al principio. Mientras seguía mirándole, empezaba a sentirme atraído por él y a pensar lo guapo que era. Cuando yo estaba en el patio de recreo, comenzaba a buscarle por el alrededor inmediatamente. Una vez que lo tenía a la vista, era difícil no mirarle.

Estando sólo en el cuarto curso, no sabía lo que me pasaba. Todo lo que sabía era que me gustaba mucho este nuevo chico. Me acuerdo de tenerle tanto miedo -no porque fuese un acosador o algo así- sino porque me gustaba mucho.

           Pero no se equivoque con esto: un niño con inconformidad de género puede ser sensible, amable, social, artístico, gentil  y heterosexual. Puede ser artista, actor, bailarín, cocinero, músico y heterosexual. Estas habilidades artísticas innatas son "quien es él", parte de la maravillosa gama de habilidades humanas. Nadie debería desestimar esas habilidades y rasgos. Con una afirmación masculina adecuada y apoyo, sin embargo, pueden desarrollarse dentro del contexto de la masculinidad heterosexual normal.

 

REACCIONES DE LOS PROGENITORES

Las madres de los chicos con problemas de confusión de género pueden llegar a ser sobre-protectoras y, a veces, en una situación de patio, pueden incluso interferir en la agresión y competición normal de peleas que es tan normal en los niños. A los ojos de los demás niños, los hijos de las madres que interfieren son marcados como mariquitas y existe una tendencia natural en los niños a ser especialmente duros con los mariquitas.

"Oh, venga, cariño," puede decir mamá. "Tú no tienes por qué jugar con esos alborotadores. Eres demasiado bueno para estar con esos toros." De hecho, muchos clientes homosexuales adultos me han contado de sus bienintencionadas madres intentando consolarles de esta forma.

            Muchos de los que trabajamos con homosexuales adultos hemos encontrado que, cuando eran jóvenes, a estos hombres no les gustaba zarandear con los demás niños y la mayoría evitaba su compañía. Preferían más la compañía de las niñas, más amables y más sociales, como ellos. Pero más tarde, en la adolescencia media, los chicos sin identidad de género de repente hicieron un cambio; para entonces, los chicos se habían convertido en mucho más importantes -incluso fascinantes y misteriosos - a sus ojos, mientras que las chicas iban teniendo menos importancia.

 

RIGIDEZ DE GÉNERO EN LOS NIÑOS:

UN ESTADO DE DESARROLLO NORMAL Y SANO

 

           Exactamente el proceso opuesto tiene lugar en sus compañeros de clase heterosexuales: mientras solidifican su identidad de género masculino, el niño que se desarrolla con normalidad desprecia la compañía de las niñas. De los seis a los once años, los niños, especialmente, dejan a sus amigas íntimas del sexo opuesto. "Odio a las niñas," dirán los niños. "Son mudas. No las queremos en nuestro club." ¡Los niños nos ponen enfermas!" insisten las niñas. Esos niños llegarán a ser, durante un tiempo, muy rígidos y estereotípicos en sus roles de género. La idea de que una chica se una a la pandilla de Boy Scouts de los chavales es vergonzosa. De las casas de los árboles de los chicos cuelgan carteles que dicen: "No se admiten chicas". Esto no es sexismo; de hecho, ¡es parte del proceso sano y normal de identificación de género!            

            Lo que sucede es que estos niños y niñas sanos están solidificando su identidad de género y para hacerlo necesitan rodearse de amigos íntimos del mismo sexo. Así, establecerán con firmeza su nuevo sentido adquirido de "ser niño" o "ser niña." Este es un requisito previo importante antes de que puedan acercarse después, en la adolescencia, al sexo opuesto.

            Durante este importante periodo de desarrollo, el sexo opuesto llega a ser un misterio, y esto sienta la base del futuro atractivo erótico y romántico por el sexo opuesto (nos sentimos atraídos románticamente por quien es "diferente a mí"). Por lo tanto, un periodo de asociaciones exageradas con el mismo sexo parece ser una fase necesaria en el proceso de desarrollo de profundizar y clarificar nuestra identidad de género normal. 

            Recuerde, como decía Richard Wyler, que el aislamiento del mundo del mismo sexo está en la raíz de la homosexualidad:

            Nuestro miedo y dolor de sentirnos rechazados por el mundo masculino nos condujo con frecuencia a separarnos de lo masculino, lo que más deseábamos (...)

            Pero ¿dónde nos dejó eso a nosotros como varones? Nos dejó en un País de Nunca Jamás de confusión de género, ni completamente masculinos pero tampoco realmente femeninos. Nos habíamos excluido no sólo de los individuos que temíamos que nos hicieran daño, sino de todo el mundo heterosexual masculino. (www.peoplecanchange.com)

 

            El sentido de un niño de ser un niño o una niña, especialmente para los niños pequeños, es algo más que simplemente una idea vaga. El género mantiene un significado emocional profundo. Cuando a los niños se les pregunta si son niñas, y cuando a las niñas se les pregunta si son niños, los investigadores se encuentran con que muchos niños tienen "una reacción bastante fuerte, algunos bastante divertidos, mientras que otros parecían ofendidos e irritados. Los chicos que no hacen esto son mucho menos normales y sanos que los que sí lo hacen."[31]

            Entonces, en los años de la adolescencia, se cambian las tornas. Ahora, el chico con desarrollo normal ha comenzado a sentirse atraído por las chicas. Ahora las chicas no les parecen tan carentes de importancia: de repente son mucho más interesantes, difíciles de comprender e incluso misteriosas románticamente.

            Un psicólogo gay dice que "los individuos se sienten atraídos erótica o románticamente por aquellos que no les eran similares o familiares en la infancia." Así, dice, "lo exótico se convierte en erótico."[32]  Es decir, el niño o la niña pre-homosexual experimentan la atracción como respuesta a la extrañeza percibida con su mismo sexo. Sin embargo, ¡este sentimiento de extrañeza con respecto a los compañeros de la infancia del mismo sexo parece ser, para este psicólogo, perfectamente normal!

 

LA CAÍDA: DESPUÉS DE QUE EL CHICO SE HA DISTANCIADO DEL PADRE

            Los chicos afeminados, incluso más que los chicos normales en el género, necesitan de sus padres, lo que los terapeutas reparativos llaman "las tres Aes": Afecto, atención y aprobación. Cuando no consiguen lo que necesitan, interpretan la conducta de su padre como desinterés personal o rechazo hacia ellos. Sienten una afrenta profunda y poderosamente nociva para su sentido del yo. Como defensa a una herida posterior, disminuyen al padre en sus mentes, considerándole sin importancia o incluso inexistente.  Sus acciones dicen: "Si no me quiere, entonces yo tampoco lo quiero a él."

            Desde esa posición, quieren tener poco o nada que ver con su padre. La  mayoría no quiere ser como él. En efecto, están apagando sus esfuerzos naturales masculinos. Entonces, cuando los demás chicos le dan la espalda al niño con problemas de confusión de género, se llegan a atascar profundamente en la soledad, y esta soledad y rechazo sólo confirman su idea de no ser "suficientemente buenos." Esto les conduce a idolatrar la masculinidad de los demás chicos. Como explica Richard Wyler:

            Al sentirnos deficientes como hombres, nos consumíamos por ser aceptados y afirmados por los demás, especialmente por aquellos cuya masculinidad admirábamos más. Comenzamos a idolatrar las cualidades de otros hombres que juzgábamos que faltaban en nosotros. Idolatrarles ampliaba el abismo que imaginábamos entre nosotros y los así llamados "hombres reales," los dioses Adonis de nuestras fantasías. 

            Al idolatrarles, aumentábamos nuestro sentido de nuestra propia deficiencia masculina. Esto, además, deshumanizaba a los hombres que idolatrábamos, colocándolos en un pedestal que los divinizaba y los hacía inalcanzables. (www.peoplecanchange.com)

            Los chicos normales juegan activa y agresivamente unos con otros, mientras que los chicos pre-homosexuales se sienten intimidados, por lo que se sientan en el bordillo y los miran. Les gustaría unirse a ellos pero se resisten porque sienten que son diferentes e incluso "menos que" los demás chicos. Se sienten inadecuados y mal dotados para unirse a ellos.

            Para todos, con demasiada frecuencia, el siguiente paso es una reacción depresiva. Como consecuencia, se vuelven con frecuencia solitarios y soñadores y huyen a un mundo de fantasía. Bastantes se sienten cautivados por el teatro y la oportunidad de hacer el papel de otra persona. Algunos compensan esto  sobresaliendo en los estudios universitarios; otros encuentran difícil prestar atención en clase y  lo hacen pobremente a pesar de tener aptitudes por encima de la media. [33]

            Comprensiblemente, los progenitores de estos niños están preocupados cuando ven estas señales. Simplemente utilizando su sentido común, saben que algo va mal. Como he dicho antes, estos padres esos días, si tienen la mala fortuna de caer en manos de psicólogos que han aceptado las premisas del activismo gay, pueden encontrase con que los expertos les digan que lo que estos niños están experimentando es inevitable y deriva estrictamente de sus "genes gay" o de su "cerebro gay."            

             La mala noticia es que mucha gente bien formada que está en puestos de influencia no comprende los hechos de la confusión de identidad de género de los niños. La buena noticia es que usted, padre de un niño o niña, puede influir en la orientación sexual futura de su hijo.

            ¿Que no importa si su hijo es heterosexual o gay? No hay duda de que otros miles de especialistas de salud mental le animarán a afirmar la pre-homosexualidad de su hijo si usted elige ese camino.

            Un especialista de esos es el psiquiatra Justin Richardson. "No hay nada malo ni problemático en que un niño sea afeminado", dice Richardson, "y es únicamente la desaprobación de la sociedad la que produce los problemas del niño."

           El doctor Richardson es un hombre abiertamente gay. Cree que un temperamento sensible y artístico es un eje alrededor del que poner la base de la homosexualidad masculina pero también reconoce (como la Asociación Americana de Psicología) que existen influencias psicológicas y sociales que en última instancia solidificarán tal identidad de género y la orientación sexual futura. El cómo se convierte este chico en "mariquita" y en homosexual, reconoce Richardson, se remonta también a las personalidades de los padres y a cómo estas personalidades encajan o contrastan con la propia del chico, influyendo así la profundidad y cualidad (o su carencia) del vínculo emocional progenitores-hijo. Otro factor que Richardson identifica es cómo el chico y sus padres reaccionan al desarrollo de su cuerpo masculino. Otro factor más es la influencia en curso de los amigos del niño. Todos estos son factores que el Dr. Richardson identifica -como hacemos nosotros- como influyentes para confirmar o debilitar el sentido de desarrollo de identificación de género masculino. Pero de forma significativa, Richardson no considera patológicas ninguna de estas influencias porque no ve al homosexual como resultado de patologías. En esencia, cree que la homosexualidad "simplemente está."

           ¿Es problemático el sentimiento de no ser masculino y la exclusión del progenitor del mismo sexo y de los compañeros? No para el señor Richardson, porque el género en sí, cree él, es un asunto indiferente. Sugiere que los padres deberían considerar que deberían no sólo no desalentar el afeminamiento de su hijo sino además transmitir que admiran el afeminamiento del niño como una señal de no conformidad sana. De hecho, Richardson va más allá y dice que una indiferencia de distinciones de género ¡es una señal de superioridad intelectual! [34]

           Nosotros, por otra parte, somos bastante conservadores. Nos quedamos en nociones "concretas" de género: creemos que un niño al que le guste llevar un vestido tiene realmente un problema. 

            Hay otros terapeutas, en contraste con el Dr. Richardson, que creen que el desarrollo sano requiere que el sentido interior de identidad de género de una persona y su biología deben corresponderse. La mente, el cuerpo y el espíritu deben trabajar juntos en armonía. El niño con inconformidad de género puede ser artístico, creativo y relacional pero para madurar en su potencial también debe tener la confianza de que pertenece al mundo de los hombres.

           Una vez que las madres y los padres reconocen los problemas reales que afrontan sus hijos con problemas de confusión de género, están de acuerdo en trabajar juntos para ayudar a superarlos y buscan la guía y experiencia de un psicoterapeuta que cree que el cambio es posible, hay esperanza. El crecimiento hacia una identidad heterosexual es realmente posible. 

 

 Este artículo es el Capítulo 2 del libro de Nicolosi: "Guía de padres para prevenir la homosexualidad", en: pincha aquí.



 

.[1] Daryl Bem cita un estudio de Bell et al. (Sexual Preferente: It's Development in Men and Women (Bloomington: Indiana University Press, 1981) que describe el análisis del camino que muestra que "la inconformidad de género en la infancia fue un antecedente causal de la orientación sexual posterior tanto para hombres como mujeres", con la advertencia usual de que ni siquiera el análisis del camino puede "demostrar" la causalidad. Bem escribe que "los estudios prospectivos han llegado a la misma conclusión. El mayor de estos (Green Richard, 1987 The Sissy Boy Syndrome) implicaba una muestra de 66 chicos con inconformidad de género y 56 con conformidad de género con una edad media de 7,1 años. Los investigadores pudieron valorar alrededor de dos tercios de cada grupo en la adolescencia tardía o al comienzo de la adultez, encontrando que sobre el 75% de los chicos que previamente habían tenido inconformidad de género o eran bisexuales u homosexuales, en comparación con sólo un 4% de los chicos con conformidad de género. Este cuerpo de datos puede que sea el más consistente, el mejor documentado y la averiguación más significativa de todo el campo de la investigación de la orientación sexual y quizás de toda la psicología humana... Es difícil pensar en otras diferencias individuales (además de IQ o del sexo en sí) que predigan tan fuertemente resultados socialmente significativos a través de un lapso de vida." Daryl J. Bem, "Exotic Becomes Erotic: A Developmental Theory of Sexual Orientation," Psychological Review 103, nº 2 (1995): 322-323.

[2] K. Zucker y S. Bradley, Gender Identity Disorder and Psychosexual Problems in Children and Adolescents  (Nueva York: Guilford, 1995), p. 282

[3] Véase "Gay Scenes Revisited: Doubts Arise over Research on the Biology of Homosexuality," Scientific American, noviembre 1995, p. 25, un tipo de apología de los editores por haber anunciado "descubrimientos" de genes gay y cerebros gay en temas previos. En este pequeño trabajo los editores de Scientific American dicen que, hasta ahora, no existe evidencia científica de un gen ni de un cerebro gay. Ruth Hubbard, miembro del Consejo para Genética Responsable, profesora emérita de biología en Harvard y autora de Exploding the Gene Myth, le dijo a un escritor de Boston, Matthew Brelis, que buscar un gen gay no merece la pena. "Permítame ser muy clara: no creo que ningún gen singular gobierne ninguna conducta humana compleja. Existen componentes genéticos en todo lo que hacemos, y es estúpido decir que los genes no están implicados, pero no creo que sean decisivos" (Matthew Brelis, "The Fading Gay Gene," Boston Globe, 7 febrero 1999)

[4] Alan Medinger, Growth into Manhood: Resuming the Journey (Colorado Springs, Colo.: WaterBrook, 2000), pp. 1-9.

[5] Richard Fitzgibbons y Joseph Nicolosi, "When Boys Won't Be Boys: Gender Identity Disorder in Children," Lay Witness, junio 2001, p. 21.

[6] Kenneth Zucker y Susan Bradley, Gender Identity Disorder and Psychosexual Problems in Children and Adolescents (Nueva York: Guilford, 1995). Mientras no se considere la homosexualidad un problema en sí mismo, Zucker cree que el tratamiento del niño con DIG está justificado.

[7] M. L. Lalumière, R. Blanchard y K.L. Zucker, "Sexual Orientation and Handedness in Men and Women: A Meta-Analysis", Psychological Bulletin 126, nº 4 (2000): 575-592.

[8] N. E. Whitehead, "Is There a Link Between Left-Handedness and Homosexuality?" NARTH Bulletin, diciembre 2000, p. 10.

[9] G. Rekers, O.Lovaas y B. Low, "Behavioral Treatment of Deviant Sex Role Behaviors in a Male Child," Journal of Applied Behavioral Analysis 7 (1974): 134-151.

[10] Lawrence E. Newman, "Treatment for the Parents of Effeminate Boys", American Journal of Psyquiatry 133, nº 6 (1966): 687.

[11] K. Zucker, "Gender Identity Disorder in the DSM-IV," Journal of Sex and Marital Therapy 25 (1999): 5-9.

[12] J. Bailey, M. Dunne y N. Martin, "Genetic and Enviromental Influences on Sexual Orientation and Its Correlates in an Australian Twin Sample," Journal of Personality and Social Psychology 78, nº 3 (1997): 524-536.

[13] Esta iniciación es llevada a su fin más que dramáticamente en culturas como la de la Tribu de Sambia de Nueva Guinea. Esta tribu le da mucho valor a la masculinidad. Sus hombres creen que la masculinidad de sus jóvenes es amenazada por una demasiada intimidad con sus madres. Durante sus ritos de paso a la hombría, son separados de sus madres y hermanas e iniciados en ritos que a veces son brutales y alarmantes para los extraños, hasta que logran su objetivo: que los jóvenes aprendan a ser valientes y viriles y, por último, buenos esposos y padres. El rito de Sambia de iniciación ilustra estos puntos: (1) la identificación prolongada con su madre es una amenaza para la masculinidad de los chicos; (2) la masculinidad sólo puede ser transmitida por otros hombres; (3) la masculinidad es un artículo estimado que puede conseguirse sólo con esfuerzo, y no algo de lo que simplemente están dotados los jóvenes cuando llegan a la pubertad. Robert Stoller y George Herdt, "Development of masculinity: A Cross-Cultural Contribution," Journal of the American Psychology Association 30 (1981): 29-59.

[14] Linda Ames Nicolosi, "Some Psychologists Say Bisexuality Opens Up New Possibilities for Creative Expression," NARTH Bulletin, agosto 2001, p. 8.

[15]  Brian Camenker, The Homosexual Agenda in Massachussets Schools (Newton, Mass.: Parents' Rights Coalition), casete de audio. Se puede encargar por teléfono al número:  (781) 433-7106.

[16] Charles W. Socarides, Homosexuality: A Freedom Too Far (Phoenix: Adam Margrave, 1995), pp. 34-35, afirma que "existió una auténtica fiebre de operaciones transexuales en los años 60 y 70. Pero esas operaciones han venido bajo una nube. No muchos de los asociados del Dr. John Money (en la Universidad John Hopkins) las están defendiendo ya (...) porque no pueden haberse equivocado al darse cuenta de que muchas de estas operaciones no ayudaron a la gente."

[17] Elaine Siegel, Middle Class Waifs: The Psycodynamics Treatment of Affectively Disturbed Children (Hillsdale, N. J.: Analytic, 1991), p. 69.

.[18] Daryl Bem, "Exotic Becomes Erotic: A Developmental Theory of Sexual Orientation," Psychological Review 103, nº 2 (1996): 320-335.

[19]American Psychiatric Association, Diagnostic and Statistical Manual4,(Washington, D.C.; American Psychiatric Association, 1994), p. 532; véase también Newman, "Treatment for the Parents of Effeminate Boys", American Journal of Psychiatry 133, nº 6 (1976): 683.

Por cierto, a usted puede parecerle irónico (a nosotros nos lo parece) que la APA reconozca todavía el desorden de identidad de género de la infancia como un problema pero que luego considere sus manifestaciones adultas (la homosexualidad) como perfectamente normales. Los activistas gay también reconocen esa inconsistencia lógica. Por ello, han hecho esfuerzos vocales progresivos en los años recientes para forzar la supresión de DIG del manual psiquiátrico.

[20] Richard Green, The"Sissy Boy Syndrome" and the Development of Homosexuality (New Haven, Conn.: Yale University Press, 1987).

[21] Melissa Healy, "Pieces of the Puzzle," Los Angeles Times, mayo 21, 2001, p. S1.

[22] Green, "Sissy Boy Syndrome," pp. 15-16.

[23] I. Bieber y T. B. Bieber, "Male Homosexuality", Canadian Journal of Psychiatry 24 (1979): 409-421. También, S. Hadden habla de inadecuación social y física y de miedo a heridas físicas en "Group Therapy of Male Homosexuals", Current Psychiatric Theories 6 (1966): 177-186. I. Sipova y A. Brzek escriben sobre los gays como "extraños perpetuos" en "Parental and Interpersonal Relationship of Transexual and Masculine and Feminine Homosexual Men", Journal of Homosexuality 9 (1983): 75-84. N. Thompson et al. escribe sobre el rechazo masculino en "Parent-Child Relationships and Sexual Identity in Male and Female Homosexuals and Heterosexuals," Journal of Consulting and Clinical Psychology 4 (1973): 120-127. De forma similar, G. van der Aardweg escribe sobre la pobre autoestima y el sentimiento común entre los chicos con DIG, de no ser viriles como los demás chicos en Homosexuality and Hope: A Psychologist Talks About Treatment and Change (Ann Arbor, Mich.: Servant, 1985) [edición en español: Homosexualidad y esperanza. Terapia y curación en la experiencia de un psicólogo (1997), Eunsa].

[24] Joseph Nicolosi, Reparative Therapy of Male Homosexuality: A New Clinical Approach (Northvale, N.J.: Jason Aronson, 1991), pp.58, 63.

[25] S. Coates, R. C. Friedman y S. Wolfe, "The Etiology of Boyhood Gender Identity Disorder. A Model for Integrating Temperament, Development, and Psychodynamics," Psychoanalytic Dialogues I (1991): 483.

[26] K. Zucker y S. Bradley, Gender Identity Disorder and Psychosexual Problems in Children and Adolescents (Nueva York: Guilford, 1995), p. 22.

[27] Richard Fitzgibbons, "The Origins and Therapy of Same-Sex Attraction Disorder," Homosexuality and American Public Life ed. Christopher Wolfe, (Dallas: Spence, 1999)

[28]Zucker y Bradley, Gender Identity Disorder, p. 22, afirman que aunque un número de estudios encuentran una coordinación pobre, ellos observan con más consistencia un miedo y aversión hacia los juegos rudos pero no necesariamente una pobre coordinación, pues estos chicos hacen bastante bien deportes sin contacto, como la natación. 

[29] A. D. Pellegrini, "What Is a Category? The Case of Rough-and Tumble Play, Agression, and Dominance: Perception and Behaviour in Children's Encounters," Human Development 33 (1990): 271-282; A. Costabile et al., "Cross-national Comparison of How Children Distinguish Serious and Playful Fighting," Developmental Psychology 27 (1991): 881-887.

[30] G. van der Aardweg, "On the Origins and Treatment of Homosexuality: A Psychoanalytic Reinterpretation (Nueva York: Praeger, 1986).

[31] R. G. Slaby y K. S. Frey, "Development of Gender Constancy and Selective Attention to Same-Sex Models," Child Development 46 (1975): 849-856.

[32] Daryl Bem, "Exotic Becomes Erotic: A Developmental Theory of Sexual Orientation," Psychological Review 103, nº 2 (1996): 320-335.

[33] G. van der Aardweg, "Parents of Homosexuals - Not Guilty? Interpretation of Childhood Psychological Data," American Journal of Psychotherapy 38 (1984): 180-189.

[34] Justin Richardson, "Setting Limits on Gender Health," Harvard Review of Psychiatry 4 (1996): 49-53.

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