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Es posible el cambio

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Para los padres: Palabras para una correcta información - J. Nicolosi

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Jacob, un cliente de veinticinco años de edad, llevaba varios meses en tratamiento por la depresión que le producía su homosexualidad no deseada. Un día -conducido tanto por sentimientos de tristeza como de ira- se enfrentó a su madre:

Le dije: "Mamá, tú me veías jugar con muñecas Barbie. Me permitías utilizar maquillaje y arreglarme el pelo delante del espejo durante horas. Mis hermanos nunca hicieron nada de eso. ¿Por qué no me detuviste? ¿En qué estabas pensando?"

No tengo dudas de que mamá quería lo mejor para mí. Pero ella no tenía nada que decir. Sólo se sentaba allí y me miraba, atontada  y llorosa.

Durante muchos años, he trabajado[1] con hombres con AMS que se encuentran profundamente insatisfechos por sus atracciones hacia personas del mismo sexo. El mundo gay no les va y todos sospechaban, a algún nivel, que algún suceso de su temprana infancia había servido de base para sus sentimientos homosexuales.

Este texto procede directamente de lo que he aprendido de mis dos décadas de trabajo con estos hombres, de cómo intentaban comprender las causas de su atracción hacia el mismo sexo y alcanzar la libertad de forma progresiva. Una y otra vez, estos hombres me han enseñado lo que perdieron en su infancia.

            Las historias de vidas que oigo todos los días, contadas por hombres como Jacob, que están luchando para curar su homosexualidad, generalmente incluyen recuerdos dolorosos de confusión de género. El hecho es que existe una gran correlación entre la inconformidad de género en la infancia y la homosexualidad adulta. La mayoría de los hombres a los que trato no fueron tan femeninos como Jacob: no jugaban con muñecas ni se vestían de niña. Pero de igual forma, existían signos reveladores de conflictos y dudas sobre la afirmación de su género. Particularmente, tenían un miedo enorme a no encajar de alguna forma con los demás chicos.

            Y, sin embargo, sus padres -la amplia mayoría de los cuales amaba mucho a sus hijos y buscaba lo mejor para ellos - la mayoría de las veces no hicieron caso a las prontas señales de aviso y esperaron demasiado para buscar ayuda para sus hijos. Una causa de esto es que la profesión de la salud mental no les está diciendo la verdad sobre la confusión de identidad de género de sus hijos. Los padres no saben qué hacer, si es que pueden hacer algo.

 

¿PERPETUAR LOS ESTEREOTIPOS DE GÉNERO?

             No podemos estar de acuerdo con la gente -muchos de ellos dentro de la profesión de la salud mental- que dice que cada uno de nosotros puede "ser lo que queramos ser" en términos de identidad de género u orientación sexual. Hablan como si ser gay o lesbiana no tuviese las más profundas consecuencias para nosotros como individuos, para nuestra cultura y para la raza humana. Hablan como si nuestra anatomía no fuese en ningún sentido nuestro destino.  Insinúan que cuando ayudamos a nuestros hijos a madurar más plenamente en su masculinidad o feminidad, lo cual es su destino por creación, simplemente estamos perpetuando estereotipos anticuados de género.

            Pero la raza humana fue creada varón y mujer. No existe un tercer género. Además, la civilización nos ha mostrado que la familia humana natural (padre, madre e hijos), con todos sus defectos, es el mejor ambiente posible para la educación de generaciones futuras. ¿En verdad nos hemos equivocado durante tantos cientos de años? ¿Vamos a dejar de lado toda la historia en favor de los últimos shows de televisión sobre las maravillas de la flexibilidad de género?

            Como dice el Dr. Socarides, prominente psicoanalista: "En ninguna parte dicen los padres: ‘No me importa si mi hijo es homosexual o heterosexual.' "[2] Si se les da a elegir, la mayoría de los padres preferiría que sus hijos no se viesen implicados en la conducta homosexual.

            En ciertos círculos intelectuales está de moda creer que los seres humanos no tenemos "ley natural" innata y que la esencia del ser humano es la libertad para redefinirnos a nosotros mismos como queramos. Pero, ¿qué bien puede traernos la libertad si es utilizada como desafío de quienes somos?

            Algunas cosas, argumentaríamos nosotros, no son redefinibles. Si de hecho la normalidad es "que esta actúe según su diseño" -y creemos que es verdad- entonces la naturaleza nos apela a realizar nuestros destinos como varón y mujer.

            En este texto utilizaremos los siguientes términos de manera intercambiable: pre-homosexual, con conflicto de género, con confusión de género y con desorden de género. Todas estas condiciones tienen el potencial de conducir a la homosexualidad. El desorden de identidad de género (DIG) se refiere a una condición psiquiátrica que es un ejemplo extremo de este mismo problema de conflicto interior de género. El niño con DIG es infeliz con su sexo biológico. Muchos de los niños que describimos -en el transcurso de su desarrollo hacia la homosexualidad- no alcanzaron los criterios estrictos para un diagnóstico clínico de DIG pero, sin embargo, las señales de aviso del conflicto de género y de la homosexualidad estaban allí.

EN DESACUERDO CON LA PROFESIÓN DE SALUD MENTAL

             Los medios de comunicación de masas de hoy transmiten el mensaje de que se debería estimular a los hombres a descubrir una identidad homosexual o bisexual. Preguntan: "¿No es maravillosa la diversidad sexual?" Un número de productores de cine y de televisión (algunos de los cuales son gays) intentan persuadirnos con historias idealizadas de salida del armario. Creemos que sus esfuerzos son intentos erróneos de estimular lo que en verdad no es sino la situación desafortunada en la que se encuentran demasiados de nuestros jóvenes.

            Por supuesto, al tomar este punto de vista, yo (Joseph) estoy con frecuencia en desacuerdo con miembros de mi propia profesión. Los que se me oponen dicen que la decisión tomada en 1973 por la Asociación Psiquiátrica Americana (APA) de suprimir la homosexualidad del Manual de Diagnóstico y Estadística (DSM en sus siglas en inglés) ha establecido la conclusión de que la homosexualidad es normal. Pero esa decisión de 1973 se tomó (como han afirmado algunos activistas gays) bajo fuertes presiones políticas por parte del activismo gay. [3]

            La supresión de la homosexualidad del DSM tuvo el efecto de desalentar el tratamiento y la investigación. Cuando llegó a ser de "conocimiento común" que la homosexualidad "no era un problema," los especialistas se desanimaron -y en muchos casos, fueron prevenidos- de expresar opiniones contrarias o de presentar documentos en encuentros profesionales. Muy pronto, algunos diarios científicos hicieron un gran silencio en torno a la homosexualidad como problema del desarrollo.

            De hecho, como con este escrito, la Asociación Psicológica Americana rehúsa colaborar de la forma que sea con la Asociación Nacional de Investigación y Terapia de la Homosexualidad (NARTH en sus siglas en inglés) porque no está de acuerdo con el punto de vista de NARTH de que la condición homosexual es un desorden del desarrollo. Además, creen que una "posición científica de este tipo" contribuye al clima de prejuicio y discriminación al que son sometidos los gays, lesbianas y bisexuales."[4] En efecto, la APA ha dado una moratoria a un debate sobre este tema.

            Este silencio entre los investigadores no lo produjo una prueba de nuevos científicos que mostrara que la homosexualidad es una variante sana de la sexualidad humana.  Más aún, llegó a ponerse de moda simplemente no discutir más la condición homosexual como problema. Se informó y se discutió sobre la homosexualidad de la forma en que se dicen las noticias de la tarde: como algo que "está," como el tiempo del día siguiente.

            Ronald Bayer, investigador del Centro Hasting para la Ética de Nueva York, resumía así todo el proceso: "La Asociación Psiquiátrica Americana," escribía Bayer, "había caído víctima del desorden de una era tumultuosa, en la que los elementos disruptivos amenazaban con politizar todos los aspectos de la vida social americana. Un furioso igualitarismo... obligó a  expertos en psiquiatría a negociar el estatus patológico de la homosexualidad con los mismos homosexuales."

            El resultado -la supresión de la homosexualidad del manual psiquiátrico de desórdenes- tuvo lugar no por medio de un proceso racional de razonamiento científico "sino que en vez de eso fue una acción demandada por el carácter ideológico de los tiempos." [5]

PREVENCIÓN: UNA CRECIENTE NECESIDAD

            Antes de la decisión de la APA de 1973, se aceptaba la consulta para intentar prevenir la homosexualidad. La condición homosexual era un desorden y el desarrollo de la identidad sexual desordenada se debía evitar cuando fuese posible. Hoy creemos que es hora de que se vuelva a retomar esta idea de prevención. Es con ese propósito por lo que hemos escrito este libro.

            Se han escrito pocos libros anteriores para padres aparte del clásico de 1968 Growing Up Straight, de Peter y Barbara Wyden. Desde la supresión de la homosexualidad del manual de diagnósticos, el único libro escrito por un especialista sobre la prevención ha sido Growing Up Straight: What Every Family Should Know About Homosexuality (Chicago: Moody Press, 1982), del Dr. George Reker. Después ha habido un libro reciente dirigido a familias cristianas, An Ounce of Prevention, de Don Schmierer (Nashville: Word, 1998), que ofrece palabras fundamentadas científicamente de sabiduría práctica por parte de un asesor pastoral con experiencia.

            Ahora esperamos que La prevención de la homosexualidad continuará respondiendo a esta necesidad creciente. La mayoría de los padres de los niños pre-homosexuales que vienen a nosotros en busca de ayuda son de fe religiosa -católicos, protestantes, mormones, judíos- pero unos pocos, también, son seculares que sienten por intuición que la humanidad está diseñada para ser heterosexual. Podemos sentir empatía con la preocupación de esos padres porque compartimos su punto de vista.

            Sin embargo, algunos activistas gays (la mayoría dentro de círculos académicos) nos condenarán por tomar esta posición. ¿Quiénes somos nosotros para poner en cuestión la identidad sexual de alguien, y mucho menos para ayudar a un niño a evitarla o a un adulto homosexual a cambiarla? Pero tomamos nuestra posición con la historia y con la mayoría de la población que piensa que el sexo con el mismo género es algo que hace daño a la gente.

            Hemos incluido testimonios de muchos pacientes para ilustrar los capítulos de este libro. Naturalmente, nombres, lugares y demás detalles de identificación han sido cambiados para proteger su privacidad. Pero se puede tener plena seguridad de que sus historias son reales.

            El énfasis que el libro le da al papel de los padres no es para culpar sino para educar. Ninguno de los padres con los que he trabajado había deseado influir en su hijo -o incluso no  intervenir donde la intervención era necesaria- de una forma que pudiese poner la base para la futura homosexualidad. Pero a pesar de la mejor de las intenciones, muchos se quedaron atrapados en modelos nocivos de familia. Y de hecho a muchos, tristemente, se les informó mal, creyendo que no se podía hacer nada para influir en el desarrollo de la identidad sexual de un niño. Las razones de esta realmente vergonzosa falta de información exacta por parte de los profesionales de la salud mental se discuten en el capítulo ocho: "La política del tratamiento."

            Llenos de agradecimiento, nos hemos encontrado con que una vez que a los padres se les proporciona asesoramiento exacto, estos hacen cambios rápidamente y proceden con entusiasmo a ayudar a su hijo para que desarrolle una identidad de género sana. Un padre reconocía que su "intuición" le decía que algo iba mal, y de hecho sintió que tenía que hacer algo pero no oyó sino consejos de profesores y asesores para que "no traumatizara a su hijo" sino que era mejor  aceptarle "como es."

            Pero cuando los padres consultan con un psicoterapeuta que valida su  deseo de heterosexualidad para su hijo y que les ofrece una guía específica hacia lo que saben por intuición que deberían hacer en respuesta a su confusión de género, hay esperanza de que se produzca un resultado en la heterosexualidad. Una vez que han encontrado apoyo profesional para su intuición parental, estos padres y madres comprenden inmediatamente el plan de tratamiento de su terapeuta. Tienen mucha voluntad para comenzar a aplicar las estrategias positivas y afirmativas que han sido subrayadas para ellos. Este libro contiene muchas de esas mismas estrategias de intervención.

            El Dr. George Rekers, un experto en desórdenes sexuales reconocido a nivel nacional, escribe que "la inconformidad de género en la infancia puede ser el factor simple observable más común relacionado con la homosexualidad." Y existe evidencia considerable, asegura, de que el niño con problemas de identidad de género puede solucionar la dificultad, con o sin intervención psiquiátrica. Afirma Rekers: "En un considerable número de casos... el desorden de identidad de género se resuelve totalmente."

            Aunque los factores biológicos tienen un efecto que predispone en algunos niños, el Dr. Rekers cree que el cambio es posible porque la familia y las influencias sociales parecen tener la influencia más poderosa en el desarrollo de la homosexualidad. La mayoría de los padres espera la heterosexualidad para sus hijos, advierte, y el terapeuta no debería dirigir el curso del tratamiento trabajando en contra de los valores de los padres. [6]

            Además, el Dr. Reker cree que cuando el terapeuta está trabajando con un adolescente, debería clarificar algunos puntos importantes:

  • Existen riesgos contra la salud que amenazan la vida relacionados con el estilo de vida gay.
  • Una adaptación al estilo de vida gay será difícil y socialmente polémico.
  • La actividad sexual prematura es psicológicamente arriesgada.
  • El cliente será mucho más capaz de elegir en la edad adulta sobre su sexualidad.

            El grueso de la investigación sobre la identidad de género se ha llevado a cabo con chicos. La homosexualidad masculina es, de hecho, mi propia especialidad clínica. Por lo tanto, la mayoría de los consejos de este libro es sobre los chicos. Esperamos que nuestro trabajo pueda servir a otro escritor para investigar de forma más plena el lesbianismo y su prevención.

            Quizás usted esté preocupado por su hijo y su desarrollo sexual. Puede que su hijo o hija esté diciendo cosas como "Debo de ser gay" o "Soy bisexual." Usted ha encontrado pornografía del mismo sexo en su habitación. Ha encontrado anotaciones íntimas sobre otra chica en el diario de su hija. El mensaje más importante que podemos ofrecerle es que no existe  el "niño gay" o "el adolescente gay." Todos hemos sido diseñados para ser heterosexuales.  La confusión de género es principalmente una condición psicológica y en cierta medida, puede modificarse.

            Creemos que la información que encuentre en las páginas que siguen le darán ánimos y afirmación. Al leer estas historias, puede que vea algo de su propio hijo o hija y le motive a afirmar con más fuerza ese desarrollo de género del sexo del niño apropiado y sano.

            Para concluir, deseamos reiterar que tenemos fuertes diferencias filosóficas con la Asociación Psicológica Americana, de la que soy miembro. Ellos han tomado una postura de afirmación gay en los años recientes, apoyando una filosofía política que promueve activamente el matrimonio gay, la adopción gay y la normalización de la homosexualidad mientras que estigmatizan los valores tradicionales y erosionan el modelo familiar nuclear.  Las posiciones de la APA no son posturas puramente científicas debido a que ninguna de estas son estrictamente materias científicas: representan las opiniones político-filosóficas de la APA y sus propios valores de liberación sexual.

            El control político de la APA de la libre circulación de ideas se ha vuelto de hecho tan opresivo en los recientes años que lo llamaríamos menos propio de un grupo científico que de un comercio de gremio profesional, cuyo objetivo es avanzar una agenda política liberal dentro de nuestra sociedad. De hecho, en un extraño artículo de reproche publicado en un importante diario profesional, un valiente psicólogo crítico acusó que la falta de respeto de la APA por la diversidad de puntos de vista realmente "inmiscuye la investigación en asuntos sociales, daña la credibilidad de la psicología en los responsables políticos y el público, impide servir a los clientes conservadores, tiene como consecuencia de facto una discriminación contra los estudiantes conservadores y tiene un efecto escalofriante sobre la educación liberal." [7]

            Para escribir este libro hemos hecho todos los esfuerzos posibles para representar todos los datos científicos de forma justa y exacta. No deseamos insinuar que el modelo de pre-homosexualidad descrito aquí sea el único camino hacia la homosexualidad.  Sin embargo, creemos que este modelo es el más común. Ni queremos dar a entender que existe una respuesta fácil que prevenga el desarrollo homosexual. Lo que usted, como progenitor, puede hacer es proporcionar el mejor ambiente que esté dentro de sus posibilidades.

            Si usted está de acuerdo con nosotros en que la normalidad es "lo que actúa según su designio," y que la naturaleza nos apela a realizar nuestros designios de género como varones y mujeres, entonces le invitamos a seguir leyendo. Como padres que también somos, nuestro objetivo es ofrecerle esperanza, apoyo, formación y ánimo.

 

            Nota: Como probablemente haya observado, este libro a veces utiliza "yo" y a veces "nosotros" al expresar la autoría. Esta alternancia no es tan arbitraria como podría parecer. El "yo" representa a Joseph Nicolosi hablando; todas las demás secciones se refieren a las contribuciones de ambos autores.

  



 

[1] A no ser que se especifique de otra forma, "Yo" y "A mí" se refieren a Joseph Nicolosi.

[2] Charles W. Socarides, Homosexuality: A Freedom Too Far (Phoenix: Adam Margrave, 1995).

[3] Simon LeVay, Queer Science (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1996), p. 224.

[4] Clinton Anderson, Office of Lesbian, Gay and Bisexual Concerns, Association Psychological Americana, carta a NARTH, 8 de agosto de  2001.

[5] Ronald V. Bayer, Homosexuality and American Psychiatry: The Politics of Diagnosis (Nueva York: BasicBooks, 1981), pp. 3-4.

[6] G. Rekers y M. Kilgus, "Differential Diagnosis and Rationale for Treatment of Gender Identity Disorders and Transvestism," en Handbook of Child and Adolescent Sexual Problems, ed. G. Rekers (Nueva York: Lexington, 1995), pp. 267-268.  

[7] Robert Redding, "Socio-Political Diversity in Psychology: A Case for Pluralism," American Psychologist, marzo 2001, pp. 205-215.

 

Este artículo es la Introducción del libro de Nicolosi: "Guía de padres para prevenir la homosexualidad", en: pincha aquí.

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