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Es posible el cambio

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La primacía del afecto - Joseph Nicolosi

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Los momentos de curación tienen lugar cuando el cliente siente afecto aparentemente “insoportable” mientras que al mismo tiempo experimenta el apoyo del terapeuta.


 Avances recientes en la psicoterapia se han centrado en la importancia nuclear del afecto en el proceso terapéutico.

 Está aumentando la evidencia de nuestra comprensión de la alianza terapéutica como una “experiencia de corrección afectiva” (Schore, 1991). Los afectos –los neurotransmisores de las relaciones humanas- conectan a la persona con su ambiente emocional. La Terapia centrada en el Afecto (AFT) trata de la forma en que nos vinculamos, nos desvinculamos y nos volvemos a vincular. El tratamiento se centra en la supresión de los bloques que desconectan al cliente de sus sentimientos nucleares.

 El particular lugar de encuentro de la terapia reparativa y la Terapia centrada en los Afectos reside en nuestra visión de que la homosexualidad es fundamentalmente un problema de vínculo. Para muchos de nuestros clientes, la conducta homosexual parece ser un intento de reparar un vínculo inseguro con el padre. La mala regulación emocional, la mayoría de las veces bajo la forma de vergüenza que bloquea la aserción masculina, conduce a muchos de nuestros clientes con atracción hacia personas del mismo sexo (AMS) hacia la conducta homosexual no deseada. La actividad, la fantasía y la ideación homosexual sirven como una compensación temporal por el fracaso del vínculo.

 Pero nosotros no reducimos la AMS exclusivamente al fracaso del vínculo entre padre e hijo. En efecto, creemos que algún desarrollo homosexual pudo haber comenzado con problemas de adaptación de madre e hijo. De hecho, la efectividad de la terapia reparativa aumenta con la utilización de técnicas que exploran también los problemas precoces de vínculo entre madre e hijo. Como el vínculo entre madre e hijo forma y refina nuestro sentido más temprano del yo, la terapia debe volver a ver ese vínculo.

 La relación interpersonal es, en el análisis final, lo que caracteriza a nuestra humanidad más profunda y lo que determina nuestro equilibrio interno. Así, nuestro proceso de tratamiento se ha salido de los intentos más tradicionales para resolver conflictos intra-psíquicos y más en la dirección de la regulación del afecto, con el terapeuta como facilitador de la regulación del afecto. El modelo arquetípico del contacto afectivo es el Doble Lazo, un logro terapéutico poderoso entre cliente y terapeuta.

UNA RESONANCIA TERAPÉUTICA RADICAL


 La fluidez del afecto es determinada por el vínculo. Los conceptos psicodinámicos tradicionales como “los objetos interiorizados” son metáforas de este fenómeno de base biológica de la transmisión neurológica. Lo que llamamos “interiorización del objeto,” por ejemplo, es realmente un recuerdo mantenido en el cuerpo –una reacción afectiva condicionada.

 La AFT requiere que el terapeuta ejerza un nivel de compromiso y empatía emocional que va mucho más allá, incluso en contradicción al enfoque psicoterapéutico tradicional. La AFT se concentra en los detalles finos del intercambio terapéutico intersubjetivo efectivo. El terapeuta debe estar totalmente “presente” emocionalmente para provocar y compartir profundamente la experiencia visceral del cliente.

 La expansión afectiva se ha demostrado que tiene lugar cuando existe un nivel radical de resonancia de cliente-terapeuta. Utilizando las técnicas de AFT, el terapeuta reparativo intenta evocar la expresión del cliente de los afectos esenciales y expandir su conciencia somática. Mientras se crea la confianza y confidencia en su intercambio, el cliente comienza a sentir la confianza suficiente como para experimentar un intercambio auténtico con los demás hombres. Posteriormente, puede comenzar a comprometerse con las mujeres de forma más auténtica.


LA SINTONÍA CAMBIA LA ESTRUCTURA CEREBRAL


 La estructura neurológica de cada persona está diseñada para estar sincronizada con otras estructuras neurológicas. Como nos recuerda Stern, “Nuestros cerebros fueron diseñados para fundirse con otros cerebros” (2002). Pero los vínculos humanos pueden romperse (como el Punto Muerto) y luego volver a conectarse (por medio del Doble Lazo). Las interrupciones de afecto –por medio de la ansiedad, vergüenza y otros inhibidores –desconectan a la persona de su ambiente emocional, produciendo un corte.

 El desarrollo de la identidad personal es el resultado acumulativo de años de sintonía con los demás. Nuestro nivel de sintonía con los demás determina nuestra relación interior con nosotros mismos. La mala sintonía traumática –la consecuencia inevitable de la comunicación en Punto Muerto- produce vergüenza y la vergüenza produce la desvinculación intrapsíquica. Como contraste, la sintonía con el terapeuta en la Alianza de trabajo (consecuencia de la experiencia del Doble Lazo) soluciona esta barrera de vergüenza y fomenta la vuelta a la auto-vinculación.

 Así, un “encenderse” o una apertura afectiva es el objetivo de la terapia reparativa. En la AFT, el terapeuta mantiene una sintonía empática en la Alianza de Trabajo para facilitar la unificación de los hemisferios cerebrales izquierdo y derecho. Haciendo eso, metafóricamente “ se encarna” entre el hemisferio cerebral derecho y el izquierdo del cliente.

 Es por medio de esta conexión con el terapeuta cómo el cliente se permite sentir las sensaciones corporales que están relacionadas con sus experiencias dolorosas precoces. Los momentos de curación tienen lugar cuando el cliente puede sentir lo que parecen ser sentimientos esenciales insoportables, mientras que al mismo tiempo, experimenta el cuidado y el apoyo del terapeuta. Así, en un proceso de reparación interactiva, su relación de sintonía cambia realmente la estructura neurológica del cerebro.

 Para el cliente que creció en la familia narcisista, el trauma temprano del Punto Muerto paternal ha producido una grieta en la sintonía. Renovando la sintonía, el Doble Lazo unifica al cliente consigo mismo y luego lo unifica con los demás. La sintonía con el otro lo conduce a una mayor sintonía consigo mismo.


DE LA ANSIEDAD A LA ESPONTANEIDAD


 La Terapia Centrada en el Afecto acelera rápidamente el encuentro del cliente con su vida afectiva llena de miedo. El terapeuta le anima a sentir y expresar sus sentimientos y sensaciones corporales que le producen la ansiedad, mientras que al mismo tiempo le apoya manteniendo su contacto interpersonal. La tolerancia de este afecto previamente insoportable es posible debido a su relación emocional mutua.

 Por medio de la experiencia del Doble Lazo, el cliente aprende que las emociones dolorosas no son intolerables en sí mismas –sino que más bien, fue el sentido precoz del abandono paterno relacionado con esas emociones lo que las hizo intolerables.

 Por tanto, el objetivo de la terapia es la integración de los afectos conflictivos. Cuando el cliente experimenta la reintegración de esos afectos que una vez parecían negativos, experimenta una erupción sorprendente de espontaneidad, autenticidad, vitalidad y un sentimiento de auto-integridad –que es producida por la reestructuración del Verdadero Yo. Esta reestructuración se expresa como una fuga enorme de energía para relacionarse con los demás y menos preocupación por sí mismo.

 Con la aparición del Verdadero Yo, vemos gradualmente el establecimiento de nuevas amistades y el fortalecimiento de los vínculos familiares antiguos y rechazados durante mucho tiempo.

 UNA SINCRONÍA SUTIL


 Cuando la Terapia Centrada en los Afectos funciona bien, vemos una experiencia correctora de sintonía sublime con comunicación humana sutil y muy rica en matices. El terapeuta y el cliente comparten un conocimiento implícito –esa experiencia no verbal y pre-explícita que puede tener lugar entre dos personas en el reconocimiento de que “Sé que sabes que lo sé.”

 Tras muchas horas de análisis de cintas de casete y de vídeo de sesiones reales de psicoterapia de mi consulta, he visto cómo aparece esta sincronía sutil con cada persona en el dúo terapéutico que eventualmente tiene el sentido de lo que el otro está intentando expresar. Stern ofrece el ejemplo de dos personas besándose: la velocidad, la dirección, el ángulo del acercamiento –todo está coordinado perfectamente para un “aterrizaje suave” (sin que choquen los dientes)- es un milagro de intimidad psicológica con la “complejidad máxima” del pensamiento, la intención y luego el actuar. Stern lo dice de forma muy simple:

 “Nuestras mentes no fueron creadas solas, son co-creadas. Nuestro sistema nervioso está preparado para ser enseñado por los sistemas nerviosos de otras personas, que nos transforma.”

 La Psicoterapia es la segunda oportunidad para integrar la propia vida emocional. Al intentar explicar cómo esta segunda oportunidad terapéutica funciona por medio del modelo de la sintonía sublime, Stern habla de la importancia de establecer el tiempo correcto para “echarse a un lado” –la regulación no dicha del ritmo y la intensidad del adelante y hacia atrás entre dos personas.

 También advierte de la importancia de la “regulación del campo,” que es la valoración de la receptividad del otro con preguntas como “¿Realmente te gusto?” y “Realmente, ¿qué está sucediendo entre nosotros ahora mismo?” Está interesado particularmente en lo que llama “momentos de ‘ahora’, ” en los que todo el marco del cuadro cambia para zumbar sobre dos personas mientras son arrastradas hacia el momento presente, al mismo tiempo que experimentan un intenso “presente existencial.”

 Estos “momentos de ahora” contienen una ansiedad acentuada y el sentido de que de alguna forma, “este momento es importante,” tanto para bien como para mal en la relación. La exposición y la vulnerabilidad personal son una parte básica de estos momentos. Vemos una emoción, un reconocimiento mutuo en un nivel más profundo y quizás una sonrisa ligera y de rubor que reconoce esta vulnerabilidad y exposición personal a veces embarazosa.

 Esos momentos, que Martin Buber llama “momentos de encuentro,” no pueden ser forzados. Pero como terapeutas, ciertamente podemos, como dice Stern, “estar preparados para persuadir a esas oportunidades en la existencia.” La descripción de Stern de los aspectos texturizados de estos momentos centrales constituye nuestro Doble Lazo.


DOS AFECTOS BINARIOS: ASERCIÓN VERSUS VERGÜENZA


 La AFT nos ayuda a distinguir los afectos básicos “on” (vinculantes) de los afectos “off” (desvinculantes). Los afectos desvinculantes comunes incluyen ansiedad, miedo y vergüenza. Los afectos vinculantes son la confianza, la empatía y el amor. Esta distinción fundamental entre “abierto /cerrado”, descrita por Fosha como la “señal verde” frente a la “señal roja,” es equivalente a la reacción neurológica simpática frente a la antipática.

 Haciendo la misma distinción pero con palabras diferentes, Schore identifica la apertura afectiva con la sintonía, como contraste a una reacción “congelada.” Esta reacción congelada es como la reacción de “vergüenza” de la terapia reparativa –la consecuencia del sentimiento de humillación del chico por sus gestos masculinos.

 Los clientes han expresado esta experiencia del cambio afectivo como la diferencia entre:

 Estallar – Sufrir una implosión
 Apertura de corazón- Cerrazón de corazón
 Inflado-  Desinflado.
 Expansivo – Constrictivo.

 Estos afectos de vitalidad frente a los afectos inhibidores son ilustrados por el Fenómeno del Lucio (Wolverton, 2005). En un experimento, un pez lucio es colocado en una pecera con alevines vivos. El lucio comienza a comerse inmediatamente a todos los alevines que ve. Luego se coloca un cilindro de cristal invisible encima del lucio, aislándolo de los alevines. Los intentos de comerse los alevines terminan en los golpes de la nariz del lucio sobre el cilindro de cristal, produciéndole dolor. Entonces, se suprime el cilindro pero el lucio, anticipando el dolor, ya no intenta más comerse a los alevines. La reacción de vitalidad se ha perdido y es sustituida por una reacción inhibidora.

 El Fenómeno del Lucio ilustra una reacción condicionada que inhibe la aserción sana. Para nuestros clientes, existe una anticipación de vergüenza para su aserción de género.

 La anticipación de la vergüenza representa un “flashback” somático que traslada al cuerpo a una forma defensiva y apagada.


BLOQUEO EMOCIONAL A NIVEL BIOLÓGICO


 A veces sirve de ayuda explicarle al cliente que su bloqueo es una reacción fisiológica y física. Esta explicación le ayuda a observar sus propios cambios físicos mientras sucede en el momento. Desarrollar una mirada de auto-observación puede incrementar la fortaleza del ego del cliente mientras observa cómo su cuerpo (no a “él” sino “su cuerpo”) pasa a la forma de bloqueo. La facilitación de la observación del cliente de su propia reacción física es similar a la  instrucción repetida al cliente de la Terapia de Insensibilidad de Movimiento del Ojo de “regresar” y luego “dejar ir” la imagen traumática.

 Otro término para el Momento de la Vergüenza es la “reacción congelada,” en la que la persona pierde su vitalidad somática y el cuerpo se vuelve rígido y tieso. Esto es parecido al concepto freudiano de disociación, el fenómeno más temprano de estudio en la historia del psicoanálisis, que se desencadena cuando la persona anticipa una reaparición en el presente de algún trauma del pasado. En la disociación se da una “segmentación de mentes,” poseyendo cada una de las cuales su propio “conjunto de ideas, sentimientos y recuerdos” (Jung), que se tienen en el cuerpo. Cuando alguien está “en una mente” (un conjunto de recuerdos encarnados), es duro para él recordar la otra “mente,” y si se recuerda la otra mente –por ejemplo, se siente en el cuerpo- entonces ya ha dejado la primera mente.

 Por ejemplo, cuando una persona entra caminando en un restaurante sintiendo hambre y huele buena comida, está en una “mente.” Dos horas más tarde, cuando ya ha cenado y sale, está en una “mente” muy diferente y le es virtualmente imposible revivir la totalidad de esa mentalidad anterior de hambre y anticipación.

 Un cliente contó que fue a un viaje de fin de semana en el que acampó y fue de cacería con sus amigos. Esta experiencia lo puso en estado de Aserción, en el que no podía recordar la otra “mente” de tentación homosexual. Una semana después, cuando regresó a la zona de vergüenza, sucedería lo contrario: No podía recordar la mentalidad de Aserción.


POSTURA DE VERGÜENZA VERSUS EL ESTADO ASERTIVO


 La terapia reparativa examina cuidadosamente los estados del yo, especialmente el escenario que precede a la conducta homosexual. La experiencia simultánea de sentir vergüenza en el cuerpo y al mismo tiempo experimentar la aceptación y comprensión del terapeuta con el que se tiene sintonía, funciona para disminuir el “coste” psicológico de la vergüenza.

 Cuando los clientes están en la Postura Asertiva, pueden recordar vagamente pero no pueden sentir intensamente sus atracciones homoeróticas. Cuando pasan a la Postura de la Vergüenza, no pueden recordar cómo era el no tener sentimientos homoeróticos absorbentes.

 La vergüenza, como hemos dicho, tiene, como todos los demás estados del yo, una función de supervivencia evolutiva. Es una poderosa herramienta de control utilizada por el “grupo” para la socialización que ayuda a la supervivencia del grupo –y con él de la persona. (La vergüenza, debe advertirse, no es lo mismo que la culpa – la culpa es consecuencia de un juicio negativo de la propia conducta mientras que la vergüenza es una reacción fisiológica básica.) Un niño sentirá vergüenza –es decir, será amenazado con la expulsión del grupo –por conductas que pongan en riesgo la estabilidad y supervivencia del grupo. (Algunos investigadores postulan que esta reacción autónoma de la vergüenza pueda ser la base biológica de la conciencia.)

 El estado del yo de la vergüenza trae a la mente el trabajo del mentor de Freud, Pierre Janet, conocido como el padre de la disociación. Janet sentó las bases para el trabajo posterior de Freud sobre la histeria –en el que los acontecimientos pasados, cuando se mantienen fuera de la conciencia, siguen teniendo todavía influencia sobre la conducta presente. La disociación representa el intento de la mente de enterrar los recuerdos traumáticos de la infancia que todavía, a un nivel inconsciente, se sienten amenazadores de forma abrumadora.

 EL CAMBIO SOMÁTICO CONDUCE A UN NUEVO SENTIDO


 La terapia reparativa se centran en el Trabajo Corporal porque comprendemos que la mente inconsciente mantiene un “un recuerdo del cuerpo” enterrado que opera sin conciencia cognitiva. El cuerpo no nos engaña pero la mente sí puede hacerlo. Freud decía que el objetivo del psicoanálisis era que “Donde estuve, allí estaré” (1933). Quería decir que el psicoanálisis vuelve a colocar a los impulsos inconscientes e irracionales en la conciencia y la racionalidad. Podemos revisar ese dicho para proponer que “Donde esté el cambio somático, habrá un nuevo significado,” porque la mente puede dar una nueva comprensión a los recuerdos del cuerpo mientras se vuelven a experimentar.

 Por ejemplo, el hombre de identidad gay ve a un hombre atractivo y experimenta excitación sexual. Su auto-comprensión es “Me atrae sexualmente porque soy gay. Esa atracción es normal y natural para mí.” Para este hombre, un hombre atractivo está relacionado con gratificación sexual y llega a creer que esos sentimientos lo definen de forma auténtica.

 Sin embargo, el homosexual no gay tiene la misma reacción somática al mismo hombre atractivo pero su narrativa interna es bastante diferente. Dice: “Me siento atraído por ese hombre porque posee cualidades de masculinidad que siento que yo no tengo. ¿Y qué puedo hacer para cambiar eso?”

 Esta es la diferencia esencial entre el hombre de identidad gay y el homosexual no gay –la forma en que interpretan sus reacciones físicas.

 Lo que el hombre de identidad gay toma a valor nominal, el hombre de orientación homosexual no gay se lo cuestiona. El hombre gay cree que su atracción está “fuera”, que refleja su auténtica identidad.

 Pero el hombre homosexual no gay ve el mismo sentimiento como un catalizador para preguntarse: “No se trata del atractivo del otro hombre. ¿Qué está sucediendo ‘aquí’ ahora mismo que genera estos sentimientos que contradicen al diseño de mi verdadera naturaleza?”

REFERENCIAS

 Fosha, Diana (2000). The Transforming Power of Affect: A Model for Accelerated Change. N.Y.: Basic Books.

 Freud, S. (1933). New introductory lectures on psychoanalysis. S.E., volume 22, p. 80.

 Schore, A. (1991) "Early Superego development: The emergence of shame and narcissistic affect regulation in the practicing period," Psychoanalysis and Contemporary Thought, 14, 187-205.

 Stern, D. (2002). "Why Do People Change in Psychotherapy?" Presentation. University of California at Los Angeles, March 9, 2002; Continuing Education Seminars, 1023 Westholme Ave., Los Angeles, CA 90024.

 Wolverton Mountain Enterprises, 2005, www.wolverton-mountain.com/articles/pike.htm.

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