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La relación con las mujeres por parte de los hombres con ams - Joseph Nicolosi

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            El núcleo principal de la terapia reparativa para los hombres está siempre en la sanación de las relaciones con personas del mismo sexo. Un especialista de la terapia reparativa estimula fuertemente a que se establezcan amistades sanas y no eróticas con hombres.

            Sin embargo, llega un momento en el que algunos clientes evolucionan a un punto de disposición para establecer una relación íntima con una mujer. Esta disposición la puede expresar el mismo cliente y el terapeuta no puede estimularla de la misma forma en que urgiríamos a un cliente a buscar amistades masculinas.

            Además, el terapeuta debe tener en mente que cualquier éxito con las mujeres no perdurará sin la continuación del proceso del cliente, satisfaciendo las relaciones masculinas.

            Para comprender los desafíos particulares de los hombres con tendencias homosexuales en su relación con las mujeres, primero debemos comenzar comprendiendo la relación triádica clásica que se ve de forma tan predecible en la historia de nuestros clientes. Esta relación triádica coloca al chico al lado de la madre, con el padre aislado de su esposa e hijo. Este desalineación le proporciona al chico una perspectiva distorsionada de sí mismo en relación con lo masculino y lo femenino. El padre del chico sigue siendo un misterio y su madre es conocida demasiado bien.

            En una estructura familiar más equilibrada, el padre le ofrece al chico la perspectiva masculina. Enseña al chico cómo relacionarse con las mujeres y modela esa forma de relacionarse. Donde se encuentra una madre absorbente e intrusiva, el chico aprende del padre que la mejor forma de relacionarse con la madre algunas veces puede ser simplemente ignorarla. En la vida, los hombres y las mujeres son desafiados siempre a intentar comprenderse mutuamente. Los hombres heterosexuales son acusados con frecuencia de no satisfacer este desafío y se dice que generalmente son insensibles con las mujeres.

            Sin embargo, paradójicamente, es la misma insensibilidad lo que permite al hombre heterosexual desarrollar una relación íntima con la mujer. No está tan a tono con las mujeres que reacciona de forma exagerada y se pierde en respuesta a sus necesidades. Las mujeres son misterios pero este es el precio que debe pagar el hombre heterosexual para el desarrollo de su heterosexualidad.

            Si al hombre heterosexual se le puede acusar de insensibilidad, al hombre homosexual se le puede acusar de ser demasiado sensible con las mujeres y de estar implicado emocionalmente de forma exagerada con ellas. Un cliente homosexual decía mientras revisaba sus fracasos en relaciones con las mujeres: "He aprendido a ser muy abierto con las mujeres de una forma insana". Creciendo como la mayoría de los chicos pre-homosexuales, había estado unido con mucha intensidad a las emociones de su madre.

            Otro cliente dijo: "Siempre me sentí responsable de los sentimientos de mi madre. Sentía que tenía que hacerla feliz". Como no tuvo un padre que interviniese para romper esa sobre-intimidad insana, podemos decir que fue abandonado y traicionado por lo masculino.

            Consideremos el desarrollo masculino normal como una serie de balanceos de un péndulo. En la infancia, el chico balancea primero hacia lo femenino mientras se identifica con su madre. Luego alcanza el eje opuesto del péndulo cuando se identifica posteriormente con su padre. Cuando ha alcanzado la identificación masculina normal, permanece en esa polaridad masculina a lo largo de su estado de latencia y temprana adolescencia.

            Entonces el interés sexual por las mujeres inicia un balanceo de vuelta a lo femenino. Como tiene una posesión firme de su identificación masculina, es impulsado a una renovación de la intimidad con una mujer. Podríamos decir que está blindado con la masculinidad y puede arriesgarse a la intimidad emocional sin sentirse abrumado ni aniquilado por lo femenino. El que las mujeres lo devoren es un temor primario que tienen todos los hombres pero es particularmente amenazante para el hombre que no está suficientemente blindado en masculinidad.

            Al carecer de este blindaje masculino contra la madre absorbente, el chico pre-homosexual no tiene más defensa que retirarse al falso yo al que la madre le estimula que se refugie. El falso yo es creación de la madre -ella quiere un niño bueno, dócil, de buena conducta. Al someterse, el chico da esta imagen atractiva para consumo de su madre, detrás de la que esconde su verdadero yo como auto-protección.

            El término "consumo" recoge la experiencia de un muchacho. Es como si la madre necesitase consumir algo de él. Su necesidad de consumir generalmente deriva de una relación emocional insatisfactoria con su esposo, que ha frustrado su necesidad femenina natural de tener intimidad con lo masculino. Al carecer de una relación satisfactoria con su esposo, se dirige a su hijo pequeño (a quien puede controlar y moldear, además de no tener ninguno de los aspectos que rechaza de su esposo) y con su amor posesivo, lo "devora".

            Más que rendirse a la esencia de su ser -que incluye su potencia masculina natural- el chico le ofrece a su madre una imagen exterior falsa. Se convierte en el niño bueno cara al exterior pero en el interior permanece confundido intensamente sobre sus necesidades y su identidad.

            Cuando el cliente alcanza ahora el desafío de una relación adulta íntima con una mujer, reaparecerá este drama de la relación temprana con la madre.

DOS FASES EN LA RELACIÓN CON LAS MUJERES

            Consideremos las dos fases por medio de las cuales procede el cliente en una relación heterosexual.

            Primera: "Relación Causal" -caracterizada por la familiaridad y la amistad.

            Segunda: "Relación seria" -caracterizada por sentimientos románticos y sexuales.

            Para el hombre con tendencias homosexuales, la fase de familiaridad/ amistad causal es muy fácil. Se encontrará a sí mismo hablando cómodamente con una mujer con la misma facilidad con la que hablaba con su madre o una hermana mayor. En efecto, una continuación de una relación con una mujer de esta forma suele servir como una maniobra de evitación para retrasar el desafío más serio de una relación romántica/sexual. Para él, el paso de casual/amistad a romántico/sexual es traicionero y puede estar condenado al fracaso.

            Impaciente con la superficialidad de la relación, generalmente la mujer inicia el paso a lo romántico/sexual. Desea mayor intimidad con este nuevo tipo de hombre que -a diferencia de los demás hombres que ha conocido- es paciente, gentil, sensible, de buenas formas y que engancha en la conversación. Es muy comprensivo y está muy interesado en las experiencias de ella. Ella se sentirá encantada. Dice: "Este hombre está interesado por mí -no busca simplemente mi cuerpo". "Más que rendirse a la esencia de su ser -lo que incluye su potencia masculina- el chico le ofrece a su madre una imagen externa falsa". ¡Ella sabe poco y eso es parte del problema!).

            Un ejemplo de la dificultad del paso de lo casual a lo serio se ve en la situación de un estudiante de medicina de 28 años que estuvo una vez en terapia conmigo. El cliente se puso bajo mucha presión. Como un triunfador, espera conseguir una esposa de la misma forma en que consiguió su licenciatura de medicina- simplemente empujándose a hacerlo. Durante la fase casual de la relación, es encantador, ingenioso y en armonía con la mujer. Establece con facilidad una relación cómoda con ella en las primeras citas y ella llega a adorarle. Él se llama a sí mismo el "Rey de las Primeras Citas". Luego comienza a sentir las expectativas de la mujer: Evidentemente, ella quiere algo más. De repente, él siente el paso que tiene lugar en su interior y "algo muere dentro de mí".

            En la tercera cita con una mujer, se sentó en frente de ella en un restaurante. Al mismo tiempo que ella hablaba, de repente parecía que ante sus ojos, se había vuelto fea. Se enfadó con ella. Su voz comenzó a irritarle. La dejó y tuvo relaciones homosexuales con el primer extraño que consiguió en un bar. Era un caso clásico de exclusión defensiva. Necesitaba "recargarse" después de ser consumido por lo femenino.

            A diferencia del homosexual, el camino del hombre heterosexual hacia la mujer comienza por medio de una atracción sexual. Sólo después llega a conocer a la mujer como persona o como amiga. El problema con el joven estudiante de medicina fue que intentó imitar la ruta del hombre heterosexual hacia la mujer. Intentó quedar con ella enseguida, algo que para el hombre homosexual es mortal.

            Más bien, parece haber una ruta diferente para el hombre con tendencias homosexuales y esto me lo han dicho muchos hombres que se han casado y han superado sus antecedentes homosexuales. Las tres etapas deben seguir un orden diferente: Primero amistad, luego afecto y finalmente la expresión sexual de ese afecto. Con mucha frecuencia el hombre con una base homosexual mantendrá una amistad con una mujer durante un número de años antes de pasar a algo más serio.

            Estos clientes hablarán eventualmente de satisfacción emocional y sexual con sus esposas pero, y esto es interesante, dirán que no se sienten atraídos por otras mujeres. Esto puede ser difícil de comprender cuando se es un hombre heterosexual pero ¡es una buena noticia para las esposas!

            Existen dos tipos de ansiedades que experimenta el hombre con tendencias homosexuales: un tipo de ansiedad alrededor de los hombres y otra alrededor de las mujeres. Con los hombres, siempre tiene ansiedad por si es rechazado y no obtendrá lo bastante de su masculinidad. Con las mujeres, tiene ansiedad por si conseguirá mucho de ellas. Las mujeres se filtrarán en su vida emocional y le agobiarán, como sucedió probablemente en su relación temprana con su madre. Mientras consigue más intimidad con una mujer, esta ansiedad se manifiesta como un miedo al acto sexual. Realmente, este miedo no es tanto del acto sexual como de la confianza. Si aprende que puede establecer y mantener una relación de confianza con una mujer particular, sin tener que temer que lo absorba emocionalmente, entonces la expresión sexual de su afecto fluirá de forma natural.

EL DESAFÍO

            Para el hombre con una base homosexual, el desafío es introducirse en una relación con una mujer al mismo tiempo que mantiene un sentido de auto-posesión. El trabajo del terapeuta es controlar el sentido interno de la identidad del cliente mientras se acerca a la mujer. El terapeuta mantiene que el cliente sea honesto consigo mismo y le previene de caer en el falso yo, cosa que hará rápidamente como hizo en la relación con su madre. Al mismo tiempo que puede haber numerosas versiones, las falsas identidades típicas que emergen en una relación con una mujer son:

  • 1. El pasivo-dócil.
  • 2. El artista del teatro.
  • 3. El orientador con empatía.

El terapeuta debe vigilar la tendencia del cliente de abandonarse y

deslizarse en una de esas falsas identidades cuando se encuentra con la mujer. Haciéndose demasiado sensible a las expectativas que la mujer ha puesto en él, abandona todas sus necesidades y quiere y desea las necesidades de ella, perdiendo así su auto-referencia.

CONFIANZA

            El éxito del paso al matrimonio heterosexual depende de la confianza: "¿Puedo confiarle a esta mujer mis sentimientos? ¿Me hará lo que me hizo mi madre? ¿No me manipulará o confundirá? ¿Me verá por ser quien soy y me calmará con sus expectativas? ¿No actuará como que me ama pero no me utilizará o intentará controlarme? ¿Podré ser yo mismo?"

            La tarea esencial es sustituir la confianza por la anticipación de la traición. El rol del terapeuta es escuchar los auto-compromisos. En particular, el terapeuta escucha cómo piensa el cliente que oye las expectativas de la mujer sobre él. Estas son proyecciones o exageraciones frecuentes. El terapeuta puede sugerir que el cliente vuelva a la mujer y compruebe lo que él imagina que son las expectativas de ella. Una vez más, vemos en la relación terapéutica el rol del mentor, con el terapeuta que proporciona la perspectiva masculina. El terapeuta es el padre, la estructura masculina de referencia de la que el chico aprende cómo ser un hombre en la relación con las mujeres.

LAS MUJERES CON LAS QUE SE CASA

            Aproximadamente el 80 por ciento de los hombres con tendencias homosexuales casados con los que he trabajado tenían esposas que eran conscientes de su lucha con la homosexualidad. Definitivamente, es una ventaja para el hombre si su esposa sabe de su lucha. Sorprendentemente, la esposa puede aceptar y tolerar la dificultades de él. Me asombro continuamente de la capacidad de la mujer de aceptar y respaldar a su esposo. La mayoría de las mujeres puede armarse de grandes recursos emocionales para comprender y respaldar a sus esposos si son honestos y las incluyen en su lucha. La esposa suele ser una aliada muy fuerte y leal si su esposo la toma como compañera. Pero si siente que está siendo excluida del proceso -si él es reservado y no recurre a ella como aliada- puede cambiar radicalmente, retirar el apoyo y hacerse muy crítica.

LA NECESIDAD CONTINUA DE AMISTADES MASCULINA

            No importa el éxito que tenga su relación con su esposa, el hombre con una base homosexual necesitará siempre tener buenos amigos varones. Muchas esposas -incluso aquellas esposas que no sabían que sus esposos tenían problemas de homosexualidad- me han dicho que cuando sus esposos pasan tiempo con sus amigos, son más felices, más atentos en casa y más disponibles emocionalmente para ellas y los hijos. Por el contrario, las esposas dicen que cuando sus esposos se retiran de los hombres y no mantienen amistades masculinas, se aíslan y se vuelven malhumorados e indisponibles emocionalmente para ellas y los niños.

LA INTENSIDAD DE LA EXPERIENCIA SEXUAL

            La terapia reparativa ha sido criticada por los terapeutas de afirmación gay de ser simplemente un medio de modificación de la conducta. Dicen que no tiene más resultado que la supresión de los sentimientos homosexuales. Para respaldar esta crítica, estos críticos afirman que los hombres con tendencias homosexuales que están casados dicen que sus tempranas experiencias homosexuales eran más intensas que las experiencias sexuales que tienen ahora con sus esposas. Esta diferencia de intensidad es utilizada por los apologetas gays como prueba de que la terapia reparativa es represora.

            Sin embargo, esta consideración unidimensional de "intensidad" es una medida falsa. El sexo gay es impulsado de forma neurótica y por lo tanto posee una energía neurótica. La dimensión absorbente y adictiva característica del sexo gay no es sobre el sexo en sí sino es una función que estabiliza la estructura de la personalidad que se encuentra fragmentada.

            El homosexual utiliza el sexo por muchos motivos secundarios, como darle un sentido de orden al caos interior y contener sentimientos de fragmentación interior. El orgasmo homosexual proporciona una conexión que alivia la tensión temporalmente con el sexo masculino, del que el hombre gay se ha excluido de forma defensiva de sí mismo. La heroína proporciona también un colocón intenso y excitante pero merma a la persona, dejándola exhausta y depresiva y necesitada de otro "chute".  Esta misma dinámica emocional es descrita por muchos homosexuales en referencia al sexo. El miedo que está relacionado frecuentemente con contactos sexuales anónimos añade una carga más excitante de intensidad.

            Un cliente que ha tenido más de 2.000 contactos anónimos admite que el sexo gay es "increíblemente intenso -sin duda lo más placentero de mi vida". Sin embargo, este hombre confiesa que después está "molido, deprimido, triste y desanimado". Estos sentimientos, que duran de uno a tres días después, no pueden ser atribuidos simplemente a la homofobia sino que más bien indican un patrón adictivo de auto-rechazo.

            Una buena medida de lo que está "bien" son los sentimientos con los que uno se queda después del sexo. Los hombres con una base homosexual que se han casado describen una diferencia cualitativa en sus experiencias sexuales con sus esposas. Al mismo tiempo que estas experiencias son de menor intensidad, son más ricas, más plenas y más satisfactorias emocionalmente. Estos hombres describen un sentimiento de "lo correcto" y una compatibilidad natural. Como decía un hombre casado: "Cuando comparo mis experiencias sexuales con mi esposa con mis experiencias homosexuales, parece que éramos niños pequeños jugando en el recinto de arena".

            En contraste, el hombre casado con una base homosexual puede encontrar que las relaciones conyugales sean menos intensas pero se queda con un sentido de lo correcto, de satisfacción y de bienestar. Más que sentirse mermado, es renovado, se siente satisfecho y bien consigo mismo y se experimenta a sí mismo como una parte del mundo heterosexual.

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