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Es posible el cambio

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¿Cuándo uno es homosexual? - Gerard J.M. van den Aardweg

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            Expresiones del tipo "es un homosexual", "es una lesbiana", sugieren que las personas a las que hacen referencia pertenecen a una variedad de la especie humana diferente de la heterosexual. La homosexualidad, cada vez más, está considerada una "variante", una "preferencia", una "condición constitutiva". Estos términos sugieren que uno nació así. Es, sin embargo, una concepción errónea. El conocimiento que tenemos a nuestra disposición indica que las personas inclinadas a la homosexualidad nacen con las mismas características físicas y psíquicas que cualquier otra.

       No hay pruebas de que exista una naturaleza innata "diferente" que haga que, por ejemplo, un porcentaje de hombres con tendencias homosexuales aparezcan poco viriles o incluso afeminados, en su conducta e intereses. Esto es un efecto de la educación o de una visión sobre sí mismos que no es innata, sino aprendida. Las mujeres "hombrunas" con tendencias lésbicas, no lo son por disposición natural, sino por hábito y por un específico complejo de inferioridad. Existen, por otro lado, lesbianas "femeninas" de quienes, a primera vista, poca gente sospecharía estas inclinaciones.

            Al decir "complejo de inferioridad" ESTOY ANTICIPANDO MI EXPLICACIÓN. Intentaré Demostrar que las tendencias homosexuales nacen de un tipo especial de complejo de inferioridad, puesto que por constitución una persona no es homosexual, sino heterosexual. Esto es así, prescindiendo de las conductas personales; un hombre o una mujer podrán no tener, o sólo muy débilmente, inclinaciones heterosexuales, pero aún son, en esencia, heterosexuales. Estrictamente, los "homosexuales" u "hómofilos" no existen, como tampoco en el reino animal; sí que existen personas con inclinaciones homosexuales. En realidad, debería evitarse el término "homosexual" y usar designaciones como "personas con inclinaciones homosexuales".

SENTIMIENTOS HOMOSEXUALES

            Por sentimiento homosexual se entiende cualquier sensación de enamoramiento o atracción erótica hacia personas del mismo sexo. Esto viene acompañado de un débil o nulo interés erótico por el sexo opuesto. Aquí debemos hacer una excepción: sentimientos homosexuales que puedan aparecer durante la adolescencia (pubertad) y hasta los 17 años, por lo normal, son transitorios y deben ser contemplados como una etapa más del desarrollo psicosexual. Desaparecen sin dejar huella cuando, en la siguiente fase, despiertan los sentimientos heterosexuales. Como describiré más adelante, la prepubertad y pubertad son los períodos más importantes en lo que respecta al desarrollo de la "genuina" homosexualidad: los sentimientos homosexuales que perduran durante toda la vida.

            Además, debemos recordar que la palabra "homosexualidad" engloba una gran variedad de tipos y formas. Por ejemplo: hay hombres que se sienten atraídos sexualmente por cualquier hombre, y otros que tan sólo están interesados en tipos específicos de varones. En algunos, el sentimiento homosexual está continuamente presente en su imaginación, como si fuera una obsesión, mientras que en otros aparece a rachas. Algunos se inclinan por compañeros de su misma edad; otros, por mayores, y otros, por jóvenes, adolescentes o niños. Algunos cambian en sus preferencias.

            Hay diferencias también en los papeles que asumen en las relaciones con sus compañeros. Unos desempeñan predominantemente un papel activo; otros pasivo, mientras que muchos -la mayoría- no tienen un papel fijo. Algunos con tendencias homosexuales pueden ser conscientes de sus sentimientos heterosexuales, que son de escasa intensidad: son los llamados bisexuales. En el otro extremo, están quienes sólo de forma esporádica tienen impulsos heterosexuales, y quienes apenas tienen ninguno: son los llamados homosexuales exclusivos (digo "apenas ninguno" porque Freud afirmó acertadamente que, en un análisis cuidadoso de las fantasías a lo largo de la vida de una persona con fuertes tendencias homosexuales, se encuentran siempre trazos de una disposición heterosexual normal, aunque profundamente oculta).

            Otra distinción más: algunos desean un compañero para una relación más duradera; otros no. De cualquier forma entre el deseo y la realización, los primeros encuentran una gran distancia; una relación leal y duradera es extremadamente rara, si es posible en algún caso. Así, en un estudio realizado a setenta hombres y mujeres con inclinaciones homosexuales, más del 70% que afirmaba haber aceptado sus sentimientos como normales y estar viviendo homosexualmente, deseaba unas relaciones duraderas: pero, tan sólo cuatro hombres y siete mujeres reconocían haber tenido un solo compañero durante los dos últimos años1. No importa en qué país o con qué muestra de personas inclinadas a la homosexualidad se hagan estas encuestas: el resultado es invariablemente el mismo. Es posible, sin embargo, distinguir entre los que buscan contactos transitorios (los tipo "crucero") y los otros que tratan de hallar una relación más o menos duradera.

INCIDENCIA

            Fueron los homosexuales militantes los que dieron a conocer el eslogan "una persona de cada veinte es homosexual". Esto es pura propaganda. Algunos creen que demostrando que hay una alta incidencia en la población, se conseguiría normalizar la condición, pero no hay ninguna lógica en ello. Sólo porque un alto porcentaje de la población sufra alguna clase de reúma, no significa que el reúma deje de ser una enfermedad. Si el argumento aducido fuera cierto, millones de americanos serían homosexuales. Estos cálculos no están avalados por ninguna investigación. Los pocos estudios válidos -que se han llevado a cabo con grupos selectos- apuntan, como mucho, a un 2 ó 3% de la población; otro estudio ni siquiera alcana el 1%2.

         Estadísticas recientes, más amplias y fiables, han confirmado que el porcentaje para Estados Unidos es del 1%3 y para el Reino Unido de cerca del 1,5%4. Hay que tener en cuenta, además, que probablemente las mujeres con tendencias homosexuales son menos que los hombres (y la mayoría de las estimaciones son extrapolaciones de muestras de varones); el 30 ó el 40% de los que tienen tendencias homosexuales son bisexuales y pueden ser contabilizados correctamente con la población no homosexual; los niños y adolescentes deben ser excluidos del número total de los homosexuales de una población, pues su desarrollo sexual aún no está completo. De esta forma, los porcentajes y los números se reducen considerablemente.

            Nos hacen creer que la homosexualidad ha crecido mucho en los últimos años. Dudo mucho de este aumento drástico; puede ser, en todo caso, que haya aumentado el número de los que actualmente convierten sus sentimientos en comportamiento homosexual. La desmesurada atención que se presta al tema (apenas se puede ver un periódico popular sin encontrarse con algún comentario sobre los homosexuales y sus problemas) contribuye de forma considerable a la impresión de omnipresencia de la homosexualidad. Esto es lo que buscan quienes abogan a favor de la normalidad del fenómeno "gay". Estar a favor de la homosexualidad se ha convertido en un signo de visión progresista.

AUTOIDENTIFICACIÓN

            Los jóvenes que perciben en sí mismos tendencias homosexuales, con frecuencia lo pasan bastante mal. Se sienten cada vez más separados de los compañeros de su edad porque son incapaces de compartir sus intereses por el sexo opuesto, y se sienten obligados a comportarse como si los tuvieran. Están avergonzados; cuando se alude al tópico de la homosexualidad, quieren esconderse para que el resto no lo asocie con ellos. Sufren en silencio; puede que intenten negar o quitarle importancia a sus sentimientos, incluso delante de sí mismos. El momento crucial llega en torno a los 18 años, cuando el joven tiene que afrontar su situación. Entonces, es fácil que acabe diciendo: "soy un homosexual".

            Esto puede producir un gran alivio. La tensión extrema disminuye, pero hay que pagar un precio. Los más jóvenes apenas se dan cuenta de que se han fijado una etiqueta casi definitiva con su "autoidentificación", con la que se incluyen en una "segunda clase", en un status marginado de hecho. Algunos podrán adoptar una actitud orgullosa y se sentirán incluso superiores a las personas normales, pero a pesar de sus esfuerzos para parecer contentos con su inclinación, se darán cuenta interiormente de que su "ser diferentes" es considerado como una forma inferior de sexualidad.

          Querrán pertenecer a una minoría bien definida y sentirse cómodos entre gente de inclinaciones similares, libres de las dificultades que supone vivir en el mundo heterosexual. El precio, sin embargo, es un fatalismo depresivo que está implícito en la nueva identidad adquirida: "soy así". El joven no piensa: "es cierto que tengo sentimientos homosexuales ocasionales o regulares, pero sustancialmente soy igual a los demás". No, él siente que es una criatura diferente e inferior, que carga con una predestinación: se ve a sí mismo como un ser trágico.

            Esta desgraciada autoetiqueta encaja con un sentimiento de inferioridad que ya lleva alimentándose desde hace tiempo; es el llamado sentimiento de desplazamiento. La idea de "no soy como los demás" está definitivamente grabada en su mente gracias a la autoidentificación: "soy un homosexual". Volveremos sobre esto más tarde. El sentimiento de no ser como los demás, de no pertenecer al grupo, junto a la necesidad de ocultar sus sentimientos frente a los demás, de mantenerse apartado, es algo propio de la mayor de las personas con esta tendencia.

            ¿No es esto más bien efecto de la discriminación social? No. Es verdad que las personas con tendencias homosexuales no están consideradas como normales por el resto: pero ésta no es la causa principal del sentimiento de tragedia. Estas personas conservan dicho sentimiento incluso cuando viven en un ambiente en el que es aceptado. Es parte de su neurosis.

            Desde la visión actual, por la que uno nace con una preferencia homosexual, que es mejor que sea aceptada, la autoetiquetación fatalista está más promovida por el mundo exterior de los adolescentes. Frecuentemente, los jóvenes que expresan sus sentimientos fantasías homoeróticas, que con toda probabilidad no son fijas todavía, son informados por los "expertos", de su condición de homosexual, lo que puede suponer un duro golpe y destrozar cualquier esperanza de cambio. Sugiero, como respuesta preferible ante los jóvenes que descubren sus sentimientos secretos, la siguiente: Tú sientes un interés real por tu propio sexo, pero es un asunto de inmadurez. No eres así por naturaleza. Tu naturaleza heterosexual aún no ha despertado. Lo que tenemos que arreglar es tu problema de personalidad, el complejo de inferioridad.

            Las tensiones sexuales pueden ser tan intensas que, con facilidad, los jóvenes con tendencias homosexuales creen que comprometerse en una relación homosexual será la solución a todos sus problemas, incluido el de la soledad. Acabarán, tarde o temprano, en un modo de vida completamente desordenado, neurótico de hecho. Su estado profundo se parece en diversos aspectos a una toxicomanía.

            El estilo de vida homosexual se describe por los medios de comunicación social de "color rosa". Lo que resulta comprensible como propaganda, pero si se oyen las historias de la realidad vivida por homosexuales practicantes durante muchos años, queda claro que la felicidad no se encuentra en este estilo de vida. Desasosiego en sus contactos, soledad, celos, depresiones neuróticas y, proporcionalmente, muchos suicidios (dejando de lado enfermedades venéreas y otras enfermedades físicas): es la otra cara de la moneda no mostrada en los medios de comunicación. Un ejemplo es el caso de un famoso sexólogo alemán que cantaba públicamente alabanzas sobre las relaciones homosexuales duraderas y fieles, pero que puso fin a su vida después de una relación no tan duradera, la última de muchas. Su trágica muerte apenas fue mencionada en la prensa: podría haber creado en algunas mentes confusión y dudas no deseadas.

            W. Aarón, un antiguo homosexual, resume así sus muchas observaciones y experiencias del comportamiento homosexual: a pesar de la apariencia exterior, todo acaba en desesperación.5

            La periodista americana Doris Hanson entrevistó a homosexuales:

            "Es un mundo duro y no se lo desearía ni a mi peor enemigo", afirmó uno de ellos. "Durante años viví con una serie de compañeros de habitación, a algunos de los cuales prometí amar. Ellos juraron que me querían. Pero los vínculos homosexuales empiezan y acaban con el sexo. No hay nada más que eso. Después de un encuentro apasionado, el sexo es cada vez menos frecuente. Los compañeros se ponen nerviosos. Quieren nuevas emociones, nuevas experiencias. Empiezan a engañarse el uno al otro, en secreto al principio, más claramente luego.... hay peleas por celos. De pronto huyes y empiezas la búsqueda de un nuevo amante".6

            La madre de una joven lesbiana que se suicidó, comentó acerca de su hija:

            "Elena buscó amor toda su vida. En cierto momento (con su última compañera) parecía que lo había encontrado, pero era un amor basado en una mentira y nunca hubiera podido funcionar".

            Doris Hanson cree que la madre había sintetizado perfectamente lo que ella misma aprendió en sus entrevistas.

            "Es", escribe, "un mundo en el que las emociones se construyen con mentiras. Para alcanzar una satisfacción momentánea del sexo, los homosexuales repiten "te quiero" tan a menudo como se dice "buenos días". Una vez que la experiencia ha finalizado, sólo están preparados para decir "adiós". La caza empieza otra vez"

            Puedo asegurar que no son exageraciones oscuras o moralistas. Una persona con inclinación homosexual está empujada a una existencia neurótica y conflictiva. Tenaz e insensiblemente, contra todo consejo, y a pesar de la pena que infligen a sus padres, los jóvenes que sufren este problema se abrazan a su "elección", que, en su ignorancia, confunden con la "felicidad". No quieren nada más. Puede resultar duro, pero es verdad: muchos degeneran; la alegría y la frescura de juventud se desvanecen; se rinden, son, en muchos aspectos, como los drogadictos.

            Afortunadamente, hay hombres y mujeres con tendencias homosexuales que quieren tomar otro camino bien distinto.

Notas:

  1. SBARDELLINI, E.-SBARDELLINI, E.T., Homosexualismo masculino e homosexualismo feminino: Neuroticísmo e fatóres psicológicos na infancia, inédito, Universidade Católica, Department of Psychology, Campinas, Sao Paulo 1977.
  2. SIGMUND, G., Die Natur der menschlichen Sexualität, J.w. Naumann, Würzburg 1972
  3. ALAN GUTTMACHER INSTITUTE, The Sexual Behavior of Men in the U.S., en "Family Planning Perspectives", 25 (1933), pp. 52-62.
  4. WELLINGS, K. Y OTROS, Sexual Behavior in Britain, Penguin, Hardmonsworth 1994.
  5. La historia de su penosa -pero al final victoriosa- fatiga por liberarse de sus sentimientos homosexuales y relatada por AARÓN, W., Straight: A Heterosexual Talks about His Homosexual Past, Doubelday, New York 1972.
  6. HANSON, D., Homosexuality: The International Disease, L.S. Publications, New York 1965

 

Este artículo es el Capítulo 2 del libro: Homosexualidad y Esperanza. Si quieres leerlo, pincha aquí.

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