Ruta: Home SUPERAR AMS Recursos Artículos 21. Autores: Gerard van den Aardweg El camino para el cambio - G. J.M. van den Aardweg

Es posible el cambio

JA slide show

El camino para el cambio - G. J.M. van den Aardweg

E-mail Imprimir PDF

            ¿Debe una persona con tendencias homosexuales obligarse a tener intereses o comportamientos heterosexuales?. Este enfoque del asunto sería erróneo. Como he comprobado, cierto grado de autoobligación es positivo, en la medida en que suponga un esfuerzo honrado por conocerse, sin reprimir descubrimientos no deseados o sin distorsionar aquellas realidades de las que uno puede darse cuenta, si quiere. Por consiguiente, habiendo adquirido conocimiento de los hábitos y motivaciones neuróticas (egocentrismo, por ejemplo), el que tiene tendencias homosexuales debe tomar la decisión de combatirlas o, en cualquier caso, refrenarlas.

            El proceso de cambio, ayudado por algún tipo de psicoterapia, puede conducir a resultados bastante satisfactorios; sin embargo, el resultado final depende de muchos factores. Entre los factores condicionantes se incluyen: la motivación del paciente para cambiar, su constancia, su sinceridad consigo mismo, el alcance de su neurosis y las influencias sociales, tales como el ánimo que le infunden los demás (como antídoto a sentirse solo, sin formar parte de un grupo social). El cambio real y profundo es, en principio, posible.

            De acuerdo con los artículos que he leído de otros investigadores y con las historias que he examinado personalmente de algunos antiguos homosexuales, a veces se obtiene un cambio radical con la ayuda de un "método" religioso. En cada caso de cambio real, sin embargo, éste es consecuencia de un largo trabajo, y sólo en casos excepcionales, de modo imprevisto, se da un milagro psicológico. Creo que el proceso sigue aproximadamente en todos estos casos el mismo modelo, tanto si se aplica la psicoterapia como cualquier otra ayuda. En el siguiente capítulo se presentarán algunos casos de curación sin una psicoterapia formal.

            El proceso de cambio es comparable al ascenso de una escalera cuyo final no se ve claramente: no sabes exactamente cuado acaba, pero cada escalón subido significa mejora, progreso. Ante todo, no hay que preocuparse demasiado de cual será el resultado final. No es realista fijar como meta el matrimonio para cualquier persona con este complejo que acuda a la terapia. Teóricamente, la meta más perfecta es ser emocionalmente maduro para el matrimonio (incluyendo las emociones sexuales). Eso puede lograrse a menudo, pero quizá a veces no, al menos durante un período largo de tiempo. Debemos recordar que, normalmente, los que tienen tendencias homosexuales desean casarse debido a complejos infantiles (el ser diferente a los demás, por ejemplo); por tanto, el matrimonio es deseado no por sí mismo, sino por ser una manera infantil de querer parecerse a los "demás". La queja infantil de estar solo puede ser otro de los motivos para desear casarse. Primero debe ser superado el apego neurótico a la queja del "no estoy casado". La persona debe aceptar completamente su situación, tanto interior como social.

            El primer paso en el camino del cambio consiste en salir de la inclinación homosexual. Esto normalmente lleva unos cuantos años. De lo ya dicho sobre la homosexualidad habrá quedado claro que el impulso del comportamiento homosexual es sólo parte de una estructura compleja de tendencias infantiles de conducta. De aquí que la supresión paulatina de los intereses homosexuales proceda paralelamente al decrecimiento gradual de sentimientos de inferioridad y de autocompasión egocéntrica. 

            Un psicoterapeuta que trate una neurosis homosexual debería comenzar por explorar el pasado del paciente, el modo de verse a sí mismo, sus padres, sus hermanos y compañeros de juego, en la infancia y en la adolescencia, así como su historia homosexual. Estas entrevistas proporcionarán al psicoterapeuta una idea global de la neurosis del paciente y, casi siempre, le dan una buena cantidad de pistas sobre sus sentimientos infantiles de dolor e inferioridad. Después, el psicoterapeuta debería explicar la teoría del "niño autocompasivo", en una o dos "lecciones". Naturalmente, debe ajustar su lenguaje y sus ejemplos al nivel cultural del paciente. Esto es siempre posible porque las ideas básicas se prestan excelentemente a ser comunicadas en un lenguaje sencillo, directo y comprensible.

            El psicoterapeuta debe aclarar que el proceso es de profundización y lucha por parte del paciente; que él tiene que hacer el trabajo duro por sí mismo, y que el papel del psicoterapeuta es proveerle de una guía, como el entrenador en una actividad deportiva o como un profesor.

            El psicoterapeuta aconseja al paciente que suprima sus contactos homosexuales, o que rompa su relación con su compañero homosexual. Algunos buscan una componenda; quieren cambiar pero, al mismo tiempo, continuar con las compensaciones emocionales que les proporcionan sus contactos. Tenemos que hacerles ver que con esta postura están satisfaciendo los deseos de su "niño interior", alimentando su neurosis, y obstaculizando la posibilidad de cambio. A veces, un consejo tan duro puede posponerse por razones tácticas, pero normalmente es preferible mostrar que ser radical es la forma más rápida de cambiar. Por otra parte, el psicoterapeuta debe esmerarse en desdramatizar muchas de las lamentaciones del paciente: "Soy un homosexual, un inadaptado. ¡Tengo que cambiar! No puedo vivir más tiempo de esta manera: tengo que casarme como los demás", etc. Podemos explicar que el "niño interior" toma posesión de la conciencia de ser diferente en lo que respecta a los sexual, haciendo un gran drama de ello para proporcionarse a sí mismo una gran cantidad de autocompasión.

AUTOPROFUNDIZACION Y LUCHA

            Me parece muy difícil superar un complejo homosexual sin adquirir una profundización adecuada de las propias motivaciones y una opinión más objetiva sobre la propia conducta. Es más, la persona debe profundizar en su ego infantil, en su autocompasión y en las tendencias interiores de queja, en sus búsquedas de simpatía y apreciación. Incrementar el autoconocimiento en estos campos genera una mayor libertad interior especto de la obsesión, de ese complejo que vive una vida propia, aunque esto no es suficiente en sí mismo para superarlo por completo.

            La observación y el análisis de uno mismo en busca de la detección de quejas infantiles es progresiva. Cada paciente descubre sus propias claves que le dicen: "en este momento, o con este sentimiento, la tendencia a las quejas está funcionando".

            Se reconoce la actividad de ese "ego autocompasivo" por los sentimientos de inquietud, irritación, inferioridad, apatía, emociones y pensamientos negativos, depresiones en general. Estos impulsos se experimentan como más o menos compulsivos, como procedentes del exterior del propio ego ("Se adueñó de mí...", "Me vi asaltado por...", etc). Cada cliente aprende a reconocer su "niño autocompasivo" por sus peculiaridades individuales. El asunto principal de la queja es específico en cada caso, y son siempre variantes individuales del tema principal. Estas quejas se repiten en la mente del adulto.

            Mucha gente tragada por una neurosis homosexual tendrá que constatar que un impulso de queja crónico está influyendo en sus emociones. Esto no es difícil, pueden verlo como un acompañamiento emocional negativo que, a menudo, deteriora sentimientos y experiencias positivas. Estos individuos poco a poco llegan a ser conscientes de que sus sentimientos de infelicidad no vienen causados por problemas de su vida, por situaciones externas, o por otras personas, sino por la fuerza negativa que llevan dentro de sí mismos.

            El paciente debe ser honrado consigo mismo si quiere beneficiarse de nuestro método de autoobservación y autoanálisis. No es agradable para el ego infantil tener que admitir una y otra vez que uno estuvo sintiendo, pensando o actuando como un niño, e incluso más: que buscó una satisfacción en la autocompasión. Admitir esto totalmente significa que no hay que ampararse en las excusas, las explicaciones, ningún "sí, pero...", y que tampoco se puede culpar a las demás personas o a las "circunstancias". Para superar este paso de reconocimiento pleno de los sentimientos de víctima, el paciente debe dar una sacudida oportuna a su autoimportancia infantil. De esta forma, paso a paso, la actitud infantil y egocéntrica de queja llega a ser más evidente y menos una construcción teórica.

            Cuando la persona ha ganado en conocimiento propio, comienza un período de esfuerzo y trabajo. La parte adulta de la persona, su voluntad, intenta frenar las tendencias infantiles reconocidas con los métodos que parezcan apropiados. La fuerza del complejo disminuye porque los hábitos egocéntricos de pensamiento ya actuación no se "fomentan" más, y, en particular, porque se combate la autocompasión infantil.

            Inevitablemente, la persona bien intencionada con tendencias homófilas, encontrará el obstáculo de la dependencia del placer en su camino. La inclinación homosexual ha sido fuertemente reforzada en muchos de ellos por buscar su satisfacción, ya sea con otras personas o en su imaginación (masturbación). Romper con el hábito de ceder requiere no sólo conocimiento de su carácter pueril -aunque es necesario- sino también fuerza de voluntad y paciencia. Ceder a este hábito infantil de autoconsuelo puede ser especialmente tentador en ocasiones o momentos de estrés, humillación, sentimientos de inferioridad o de soledad.

            Como hemos visto, la fantasía homosexual fue creada como una solución ilusoria a un drama interno, y el placer de satisfacerlo a menudo implica más que una simple gratificación sexual. De forma bastante comprensible, la resistencia a abandonar estas gratificaciones pueriles sexuales (en la fantasía o en la práctica homosexual) es considerable.

            Si uno quiere cambiar en profundidad, salir del infantilismo, se requiere un esfuerzo continuo de la voluntad. En ciertas ocasiones, esto significa simplemente decir no a tendencias que se han reconocido como pueriles. Otras veces, significa que deben hacerse cosas aunque cuesten mucho esfuerzo y exijan mucho coraje. Como psicoterapeuta que intenta especialmente detectar expresiones de autocompasión infantil, a menudo enseño a mis clientes a aplicar métodos y técnicas de humor dirigidas a neutralizar las múltiples manifestaciones de esta emoción neurótica básica. Sonreír y reírse del victimismo infantil propio, y de sus quejas pueriles, puede ser muy efectivo. La efectividad de estas técnicas, sin embargo, depende de la voluntad del paciente de usarlas en su vida cotidiana.

            La lucha interior debe emprenderse en la parte neurótica de la mente e implica varias cosas al mismo tiempo. Por ejemplo: hay que intentar no buscar llamar la atención; atajar el hábito temeroso de huir de situaciones desconocidas: evitar una actitud de excesiva auto-indulgencia y mimo; luchar contra opiniones distorsionadas sobre uno mismo o sobre los demás (desde las infantiles a las más maduras); eliminar la dependencia de la autocompasión. Las lamentaciones de menor intensidad pueden ser controladas por las técnicas que buscan frenarlas una vez que se han reconocido conscientemente como quejas infantiles. Estas técnicas son adecuadas para gran cantidad de situaciones en las que la persona es consciente de una actitud interior negativa, sentimental o lastimera. Otras quejas requieren técnicas más complicadas. El interés por los demás debe ser aprendido o fortalecerse; la capacidad de amar y de dar deben desarrollarse. Reírse de uno mismo facilita todo esto. Quien aprenda a tratar su ego infantil con sana ironía, disminuye sus sentimientos de autoimportancia. Cuanto menos importante se sienta el ego, tanto más podrá prevalecer la personalidad adulta, y el descontento infantil dará paso a sentimientos más esperanzadores y felices. La persona crece menos débil ante sus propios ojos, más estable, más optimista, más tranquila.

 

HIPERDRAMATIZACIÓN

            Hemos tenido éxito al aplicar varias técnicas de autohumorismo para superar tendencias infantiles, especialmente las manifestaciones de autocompasión infantil. La meta del autohumorismo es reemplazar una queja por su contrario, es decir, una sonrisa o una carcajada. En general, la meta es neutralizar la importancia del "niño interior". El reírse de uno mismo tiene un gran poder curativo: ayuda a la persona a reconocer -emocionalmente, y no sólo de forma racional- ciertas distorsiones e inadecuaciones en su manera de pensar y de actuar. Es un antídoto excelente contra gran variedad de impulsos neuróticos. El humor dirigido sobre uno mismo, como el humor en general, desarma a cualquiera. Una comprensión meramente racional e incluso una clara observación de las luchas y las emociones infantiles -meta de la autoobservación y del autoanálisis- falla al privar al enfermo de modelos neuróticos. Necesitamos el apoyo de fuerzas emotivas que puedan contrarrestar las fuertes emociones infantiles de queja: buscar llamar la atención, deseo de ser importante, etc. La emoción que emiten una sonrisa y una carcajada tiene la capacidad de alcanzar el ego infantil.

            El cliente que es capaz de reconocer el funcionamiento de su "niño" en la vida cotidiana puede beneficiarse de las técnicas de autohumorismo. Intentará aplicarlas en el punto exacto, después de haber reconocido una expresión de queja infantil. Luego imagina a su "pequeño niño" en persona ante él, o se visualiza a sí mismo en su imaginación como el niño que fue en su pasado. Comienza a hablar con ese "niño", como alguien que se queja exageradamente a otro. Le cuenta al "niño" lo apenado que está; acumulando una serie de razones imaginadas para sus quejas, pinta ante los ojos de este "niño" un drama magnificado (hiperdrama) alrededor de la queja. Con un ejemplo quedará mejor explicada esta técnica.

            Un cliente homosexual se sintió menospreciado por su jefe, que había preferido a otra persona para que le representara en una reunión de negocios. El sentimiento de autocompasión expresado fue: "Mi jefe me encuentra carente de valor y no me considera nada". Esta queja tenía otra parte: la envidia hacia su colega. Después de darse cuenta de que tras esto era su "niño pequeño" en acción, el hombre hiperdramatizó así: "Pobrecito, estás condenado a llorar a lágrima viva por esta injusticia. Era realmente un  aso de violencia despiadada contra un niño inocente. Tú, que siempre trabajas tan duro sin que nadie te salve, fuiste requerido por tu jefe con un aullido, como si estuviera llamando a su perro. Temblando, permaneciste delante de él y de tus colegas, que estaban sentando en confortables sillones. Uno, el Colega Preferido, estaba sentado en una silla especialmente decorada, un gran y costoso cigarro (regalo del jefe) en su boca, sonriendo condescendientemente mientras te acercabas. Luego el jefe sacó solemnemente un pergamino, rompió sus sellos y comenzó a leer en voz alta: "Por la presente, yo, Sr. X, declaro a este incapacitado miserable (¡tú!) completamente incapaz de representarme. Manifiesto los sentimientos del más profundo hastío en sus acciones. No obstante, por fortuna está aquí un Hombre de impresionante superioridad que compensará este montón de harapos: ¡el colega Y!... "Luego, todo el mundo felicita al Colega Y, le arrojan flores y abren botellas de cava en su honor, mientras se ríen de ti y te tiran huevos podridos. Tú estabas ahí, con la camisa empapada de lágrimas. Finalmente caíste de rodillas y te arrastraste fuera de la habitación, al frío exterior, donde tus gemidos y tus lágrimas se mezclaron con la lluvia torrencial..." El hombre podría continuar, si era necesario, con la visión dramática del triunfo de su colega. Por ejemplo: podría dibujarlo pasando junto a él en un Rolls Royce con chófer. La víctima, con su vestimenta andrajosa, tenía que sufrir la humillación de sentir la ceniza del cigarro sobre su cabeza, que el Colega dejaba caer por la ventanilla abierta del coche.

            El cliente podría darse cuenta que era comprensible que a su sentimiento de ser menospreciado seguía un deseo homosexual como reacción de autoconsuelo. Una posible hiperdramatización para este deseo secundario, motivado por la autocompasión, podría ser: "Sí, realmente necesitas una cosa: que alguien te muestre con hechos un amor verdadero y cálido. Un brazo apasionado sobre tus espaldas, dos ojos viriles animados por sentimientos profundos buscándote con honda conmiseración; un amigo que te diga al oído que puedes sentarte en sus rodillas para siempre, tener tu delicado bracito alrededor de su cuello mientras su gran mano, peludo y musculosa, acaricia tu cara de chiquitín enfermito, etc.". El paciente aprende a construir su propio repertorio de historias y escenas hiperdramáticas y a usarlas cuando nota una queja infantil.

            En la imaginación, todo está permitido: puede inventar las situaciones más absurdas según su sentido humorístico, con tal de que sirvan para influir directamente sobre su sentimiento de queja. También aprende a aplicar variante s y fórmulas breves de esta técnica. Trata a su "niño interior", por ejemplo, como ¡"mi pobre muchachito"!, diciendo: "¡esta observación crítica que te han hecho era horrible! ¡Ahora el Presidente declarará un día de Duelo Nacional en tu nombre!". O, simplemente: "¡Pobre muchacho! ¡Esto será tu muerte!". Cuanto más vívida vea la escena imaginada ante sus ojos, cuanto más caricaturescamente dolido vea a su "niño" en el momento de quejarse, mayor será la huella que deje todo esto. Las hiperdramatizaciones con éxito hacen que una queja se evapore rápida o gradualmente. Es aconsejable cualquier procedimiento que obtenga una sonrisa o una carcajada sobre una queja. El método es aplicable también a manifestaciones de orgullo infantil sobre-remunerador. Por ejemplo: "¡Eres maravilloso! Tu actuación (observación, presentación, etc.) fue de quitar el hipo. Puedo ver ya la estatua que se levantará aquí en honor a tu intervención; tú, sobre un gran caballo, como Napoleón, con la mano descansando, indiferente, tras tu chaleco...". Aunque puede parecer fácil, practicar el humor sobre uno mismo requiere una gran determinación. Reírse del propio ego dolido es la última cosa que le gusta hacer a uno cuando está acosado por un quejido infantil.

 

CURACIÓN

            La salida del complejo sigue una línea. Al principio, disminuye el carácter obsesivo de las emociones y comportamiento infantiles. Depresiones, ansiedades, miedos, preocupaciones, sentimientos de inferioridad y deseos homosexuales llegan a ser más controlables. La autoconfianza, incluida la confianza en su peculiar sexualidad, va despertando: lo que significa que el "¡pobre de mí!" infantil llega a ser cada vez menos importante, que la persona ya no se toma en serio a su ego. Los intereses homosexuales fluctúan durante largo tiempo, pero sentidos cada vez con menos intensidad hasta que son vencidos. Se desvanecen sin drama, en función del crecimiento de una emotividad más positiva y madura.

            El cambio sexual debe ser considerado como parte de la reorientación emocional total. Los homosexuales que quieren "curarse", tienen a menudo una opinión estrecha de lo que supone el cambio y tienden a prestar atención casi exclusiva a los cambios de sus sentimientos sexuales. Es cierto que un cambio sexual real y profundo refleja cambios en otras áreas mentales, pero los efectos de una terapia o de una autoterapia (que es en gran parte nuestro procedimiento) no deberían ser medidos en términos estrictamente eróticos. Los cambios en sentimientos sexuales son más o menos "subproductos" y aparecen seguramente cuando -y a medida que- el "niño quejoso" del paciente vaya muriendo de hambre. Por tanto, no es aconsejable, para el psicoterapeuta y para el cliente, orientarse excesivamente hacia lo sexual ni en su atención ni en sus conversaciones. Las medidas decisivas del cambio están al nivel de la queja y del infantilismo emocional general del paciente. Naturalmente, cualquier cambio en estos factores ejerce una influencia en el campo erótico, pero la relación es jerárquica: cuanto más profundo sea el cambio en las dimensiones fundamentales de infantilismo y autocompasión, más radical será su reorientación sexual.

            Se puede decir que, tal vez en la mayoría de los casos, la persona pasa por una fase intermedia en la cual la inclinación homosexual está casi extinguida, pero la heterosexualidad aún no ha despertado. Esta etapa puede durar varios años en algunos casos. La persona "descubre" el sexo opuesto gradual o repentinamente, después del proceso de maduración. Algunos se enamoran una o dos veces y acaban casándose; para otros, hace falta un largo período de tiempo antes de que sean capaces de mantener una relación amorosa heterosexual duradera. El proceso en su totalidad es un tipo de autoreeducación. Alzas y bajas, recaídas ocasionales, son normales durante el proceso. Puede haber momentos -incluso largos periodos- en los que se pierda la esperanza. El curso del proceso varía mucho en cada caso particular.

            Las personas con tendencia homosexual, aún cuando están dispuestas a cambiar, inicialmente tienen serias dudas sobres si hay oportunidades reales de una mejora profunda. Estas dudas vuelven una y otra vez, a pesar de que los progresos sean claramente perceptibles y sólo desaparecen cuando el cambio en los sentimientos ha llegado a ser más obvio. Las dudas afloran cada vez que esta gente oye o lee los tópicos sobre la homosexualidad: "si lo has sido una vez, lo será siempre". Mirándolo más de cerca, veremos que estas dudas son sólo otra variante de la queja neurótica: "Nunca seré normal; es mi destino; ¡pobre de mí!". Por tanto, la esperanza y la fe son excelentes barreras para estos pensamientos dañinos, que conllevan una pérdida de entusiasmo y de energía. Una posición realista es también un buen remedio para estas dudas paralizantes: "En cualquier caso, veo que tengo que luchar contra lo que hoy he reconocido como infantil y erróneo, y si persisto en hacerlo, estoy seguro de que progresaré, incluso si lo que consigo no es más que un cambio moderado".

            Podemos repetir una y otra vez que quien se esfuerza llega s ser más feliz. NO se obsesione con la duda de si alcanzará o no un ciento por ciento de mejora, alégrese con cada avance y disfrútelo. Esta es, después de todo, la mentalidad que más atrae al paciente hacia su meta.

            Superarse a sí mismo, luchar contra lo indeseable, atacar hábitos egocéntricos, no son puntos populares en una era permisiva e indulgente. Ciertamente, se ha escrito mucho sobre terapia psicológica, y se han desarrollado una gran variedad de teorías y técnicas terapéuticas. Pero sólo una pequeña parte de todo esto anima a luchar contra los fallos y las flaquezas personales para superarlas. Raramente la psicoterapia es poco más que una invitación al paciente para que se abandone a su egoísmo pueril e incluso a la inmoralidad. La exhortación "acéptate a ti mismo" ha llegado a ser una invitación a rendirse a la inmadurez, por una parte, ya la represión de lo "mejor de sí mismo" por otra. (Esta "mejor parte de sí mismo", o su yo adulto, puede ser un anhelo saludable para lograr una existencia más madura, y puede ocasionar fastidio en el ego infantil, y hasta sentimientos de culpa). Guste o no, la realidad psicológica humana es que debemos elegir entre tendencias opuestas. La defensa del "acéptate a ti mismo" es, con frecuencia, un alegato del infantilismo. La alternativa, "supérate a ti mismo" es más difícil, pero es la única forma de lograr la felicidad interior y la paz del espíritu.

            La poca gente que intenta salir de su tendencia homosexual no conoce mucha comprensión ni aprobación del público en general. Al contrario, encuentran desaliento por todas partes. Espero que este pequeño trabajo les ayude a refutar el falso eslogan "no puedes hacer nada".

 Este es el Capítulo 8 del libro: "Homosexualidad y esperanza. Terapia y curación en la experiencia de un psicólogo". Si quieres leerlo, pincha aquí.

 

AddThis Social Bookmark Button
 

TESTIMONIOS

ICONO - TESTIMONIOS EPE

| Quiénes somos |Mapa del sitio |Recomiéndanos | Quiero Colaborar |Contáctanos |Boletín |