Ruta: Home SUPERAR AMS Recursos Artículos 21. Autores: Gerard van den Aardweg Conversión religiosa y Psicoterapia - Gerard J.M. van den Aardweg

Es posible el cambio

JA slide show

Conversión religiosa y Psicoterapia - Gerard J.M. van den Aardweg

E-mail Imprimir PDF

           Algunas personas afirman haber sufrido un cambio profundo en su inclinación homosexual a raíz de una conversión religiosa. En general, es bueno ser escépticos ante estas historias, por la posibilidad de un autoengaño en la personalidad neurótica que puede hacer creer a la persona en lo que ardientemente desea creer; hasta que, naturalmente, una investigación crítica haya anulado nuestras dudas. He examinado a varias personas que afirmaban haber sido "curadas" por una conversión religiosa, pero en realidad no lo estaban. De hecho, rechazaban y desaprobaban vehementemente sus intereses homosexuales, o jugaban de forma inconsciente el papel de "homosexual cambiado", aferrándose a su nuevo descubrimiento religioso, lo que hace parecer que sus neurosis simplemente se han trasladado de un tipo de obsesión a otro.

           Normalmente estas personas no responderán a cuestiones sobre su actual vida erótica o sobre la naturaleza exacta de sus sentimientos sexuales y en vez de eso comenzarán a incoar un sermón, como si intentaran persuadir a otros, -y a ellos mismos-, de que realmente han cambiado. Este tipo de autoengaño, en realidad, no es dudoso privilegio de aquellos que intentan el camino religioso como meta del cambio. Uno debe tener en cuenta esta posibilidad en el curso de cada proceso psicoterapéutico; la voluntad del paciente a veces, desea vehementemente ser normal y, por esto, intenta persuadirse a sí mismo de que ya ha cambiado. El homosexual religioso puede, además, disfrutar egoístamente de pertenecer a un grupo religioso o incluso de ser un miembro destacado en éste (como el "converso" o el "predicador").

            Sin embargo, conozco a varias personas que se curaron por una activa vida religiosa, y podría asegurarlo después de repetidas conversaciones en las que he analizado cuidadosamente sus actitudes y sentimientos. Hablaron tranquilamente y sin inhibiciones sobre sus emociones y actitudes; no evitaban las preguntas directas y contestaban también directamente; no manifestaron ningún deseo exagerado de persuadirme de nada. Creo que estos casos son quizá más numerosos de lo que podemos pensar, porque muchos de ellos prefieren permanecer en el anonimato y no ser ejemplos públicos de "homosexual converso y curado".

          En algunos de estos casos estaba bastante seguro de que cada impulso homosexual, aunque fuera pequeño, había desaparecido muchos años atrás y que sus sentimientos estaban heterosexualizados. Además, habían sido liberados de un desorden emocional, muchas depresiones y preocupaciones, y habían llegado a ser considerablemente menos egocéntricos en sus pensamientos y sentimientos. Curiosamente, podían hablar sobre su pasado con sentido del humor. Todos resaltaron la importancia de la voluntad: "como homosexual, puedes quejarte, desear cambiar, etc.", decía uno de ellos, "pero en realidad es demasiado bonito para ti querer realmente deshacerte de ello. Tu voluntad está medio endurecida, lo que supone un gran problema". Al ser preguntados años después del cambio de su inclinación sexual, todos dijeron que el cambio emocional general en ellos había sido gradual y todavía podían experimentar algunos sentimientos de inferioridad en algunas situaciones hoy en día, aunque sin verse seriamente afectados por ellas, tan sólo experimentándolas como intromisiones menores en su estado normal de salud psíquica.

            De mis conversaciones con homosexuales en cuyo cambio influyeron motivos religiosos puedo generalizar que ha sido muy importante para ellos encontrar la fe, la seguridad en la vida, un profundo sentido a su vida personal, y que tal descubrimiento les hizo sentirse felices, le proporcionó un gran consuelo y una fuente de gozosas emociones. Les hizo ver su problema homosexual como algo secundario, despojándolo de la importancia capital que antiguamente tenía en sus conciencias psíquicas: dejaron de estar ansiosos y de quejarse por ello. Desde entonces, se dieron cuenta de que era importante buscar y cumplir la voluntad de Dios y no la suya propia: así empezó el proceso de rescisión del egocentrismo. "No servía a Dios con mis quejas", me contó una ex-lesbiana. "Intenté hacer lo que pensaba que Él quería de mí, y esto fue todo un programa. Ha sido esto lo que, poco a poco pero de modo radical, cambió mi vida". Podemos entender el efecto saludable de este cambio de actitud.

          El neurótico, persona egocéntrica que piensa primero en sí mismo, sometiendo su propia voluntad a la voluntad de Dios, esto es, a metas más allá de sí, acaba liberado de sí mismo. En el proceso, descubrirá sin duda cómo su orientación había estado dirigida hacia sí mismo (hacia su ego infantil). La reorientación de este "ego" será a menudo difícil y dolorosa, porque presupone el sacrificio de un número de cosas que eran muy queridas por su "ego" infantil. Además, implica meditación, oración, estudio de la Biblia y doctrina para conocer "la voluntad de Dios", que va a ser su nueva meta vital1.

            Las obsesiones o anhelos homosexuales desaparecen de la conciencia psíquica de la persona, en el curso del proceso, y surgen los intereses heterosexuales, sin que la persona misma tenga que concentrarse mucho en este tema. El cambio real se siente como algo muy central en la personalidad y el nuevo rumbo de los intereses sexuales como la consecuencia más o menos natural de esta mutación básica. En consecuencia, no se puede hablar en tales casos de "sublimación de la homosexualidad", la cual esencialmente no sería más que una confusión de la atención; explicación que parece más adecuada para los casos de "neurosis con fondo religioso" de la cual hemos hablado anteriormente.

JOHN V.

            Como un ejemplo de la influencia curativa de la conversión religiosa en la homosexualidad, citaré el folleto Ik ben niet meer "zo" (Ya no soy "así"), que se refiere a la historia del cambio de la homosexualidad a la heterosexualidad de un joven holandés, John V.2 Más de diez años después de que su cambio fundamental se hubiera consolidado razonablemente y tras varios años de casado, pude convencerme de la autenticidad de su cambio por su sinceridad, ya que no quiso ocultarme que se había visto alterado ocasionalmente por impulsos neuróticos menores, durante un largo tiempo después de su cambio principal.

            John V. es muy abierto y honrado sobre sus sentimientos. Admitió que podía, en principio, imaginarse la posibilidad de volver a tener un contacto homosexual, en circunstancias excepcionales, pero que piensa también que es muy improbable que esto suceda. "Quiero decir", aclaró, "que a su pregunta ¿no puedes imaginar la posibilidad de un nuevo sentimiento homosexual, ni siquiera en circunstancias extraordinarias? No puedo responder con un "no" firme, ni que la imaginación de un contacto homosexual me produce una desazón física". Así que, de acuerdo con los criterios más exigentes, su cambio no puede ser reconocido como perfecto; pero en vista de la casi completa ausencia de cualquier impulso homosexual en su fantasía o en su consciencia durante muchos años, así como la presencia de intereses heterosexuales normales, los resultados totales no pueda sino impresionar al estudioso de la homosexualidad que se halle libre de prejuicios. Citaré las notas autobiográficas de John V., no porque su cambio sea el más radical que yo haya visto, sino porque su narración contiene observaciones sobre algunos fenómenos que ocurren con frecuencia en el curso del cambio de un homosexual, como la rendición salvaje, desesperada e infantil por lo que creyó que era su salvación -en este caso, el movimiento pentecostal-3, sus períodos de desesperación profunda como los de gran júbilo; y después de todo, el hecho es que el cambio se produjo poco a poco y consistió en un crecimiento normal, u proceso de aprendizaje que fácilmente puede traducirse en términos psicológicos.

            Habiendo sido diagnosticado como homosexual "primario" o "nuclear" y como irremediablemente tal por un conocido sexólogo, y después de haber vivido como un homosexual comprometido, este hombre de cerca de treinta años no podía sentirse emocionalmente satisfecho con sus amistades homosexuales, experimentándolas interiormente como algo contrario a sus creencias religiosas. De cualquier modo, sentimientos religiosos aparte, descubrió que su modo de vivir homosexual era incapaz de hacerle feliz.

      "Lo aprendí de forma tormentosa. Pero no me ha dado una profunda felicidad... "el amor, sin embargo, no es pecado", afirmaba. Pero en mi interior llegué a sentirme vacío. No leía casi nunca la Biblia y estaba totalmente neurótico... Estaba muy cansado... y no me arriesgaba a tener compañía".

            Una conversación con un cristiano que reconocía haber sido homosexual durante muchos años, pero que se sentía liberado de sus obsesiones, le hizo darse cuenta de que su estilo de vida, la relación con su amigo, era un todo pecaminoso. "Parecía como si en ese instante hubiera una gran luz en la habitación, una luz capaz de hacer desaparecer la oscuridad de mi vida"; pero esa misma noche se sintió incapacitado para cambiar y enamorarse de una chica; incluso le parecía una cosa desagradable sólo pensarlo. Sí y no: la lucha interna de tantos homosexuales encadenados a impulsos que creen naturales. A pesar de eso, de algún modo sabía que debía romper su relación "pecaminosa" con el amigo. Muchos homosexuales se reconocen en lo que él recuerda:

      "Las últimas noches antes de abandonar definitivamente a mi amigo, las pasé con él en Bergen Op Zoom (una ciudad holandesa) y fue horrible. Hasta el último momento pensé que sería incapaz de soportar la ruptura entre nosotros. Durante tres años vivimos juntos y nos quisimos. Yo estaba muy nervioso y lloré mucho. Pero fue como si un poder sobrehumano me capacitara para apartarme de él. Cuando llegué a Rótterdam, por primera vez en muchos años, me sentía relajado, como si me hubiera quitado de encima una carga pesadísima".

            Luego, pasó por un período de alternancia entre esperanza y desesperación, rezando a Dios cuando sentía surgir las tendencias homosexuales que le hacían sesear a su amigo, y buscando apoyo de predicadores del movimiento pentecostal. A pesar de cierto espíritu crítico que tenía hacia esa gente, aceptó la imposición de las manos, creyendo que recibiría al Espíritu Santo. Al mismo tiempo, un matrimonio cristiano le apoyó y animó, reforzando su fe en que, con la ayuda de Dios, podría superar su homosexualidad. Todo esto le dio la fuerza necesaria para destruir radicalmente cualquier recuerdo de su pasado homófilo (objetos, libros, fotografías, etc.) y persistir en su rechazo completo a cualquier pensamiento o impulso homosexual.

      "Unos dos meses después de liberarme, empecé a mirar a las chicas con otros ojos. Descubrí que en ningún modo son inferiores. Cada vez fui más consciente de mi masculinidad. Dios me hizo descubrir la belleza de las mujeres. Empecé a sentirme atraído por ellas. Pensé: "Estoy progresando poco a poco en la buena dirección". Así empecé a ver las relaciones normales entre hombre y mujer de la manera correcta".

            Aquí, John V. repite lo que puede observarse en muchos homosexuales en su camino hacia la normalidad: al principio, los intereses homosexuales disminuyen, acompañados por un cambio emocional general hacia emociones más positivas. Luego, después de un lapso de tiempo, surgen los primeros sentimientos heterosexuales. Hay que subrayar que el hombre dice esto en conexión con su sentimiento cada vez más fuerte de ser un hombre, es decir, en correlación con el atenuamiento de su queja por sentirse inferior como hombre. Su opinión de las chicas se vuelve más madura que cuando las veía a través de los ojos de un niño pequeño: traviesas criaturas de un mundo diferente, no del mundo de los "chicos que están juntos"

            John V. tuvo recaídas periódicas, como la mayoría de los neuróticos en proceso de curación, a veces muy vehementes. Pero persistió en su estrategia: intentar vivir según pensaba que Dios le pedía, rezando en los momentos de "tentación" y usando la fuerza de su voluntad. Algunos años después, se casó con la chica de la que se enamoró, y hoy es un hombre tranquilo, razonable y feliz. Las últimas veces que reaparecieron sus impulsos homosexuales, me contó, fueron pequeñas irrupciones en las que despertaba alguna frustración infantil, como cuando su prometida era visitada por una amiga y él se sentía privado de su atención.

            Ahora él no se queja, ni está inclinado hacia sentimientos patéticos, mientras que su autobiografía deja muy claro que una vez fue una persona altamente dramática y propensa a la queja. Como señalé antes, no quería explicar el proceso de desneurotización de John V. como algo sobrenatural. Las emociones religiosas, como todo psicólogo familiarizado con los trabajos de William James o Maslow sabe, pertenecen a las experiencias más fuertes que pueden afectar la vida emocional de una persona.

          En el caso de John V., estas experiencias son descritas como momentos que abren paso a esperanza y alegría; por sí mismas no neutralizaron la neurosis homosexual, pero le dieron una base emocional positiva sobre la que comenzar: el optimismo, un sentimiento de felicidad y una visión clara sobre el significado de su vida. Además, creía por la fe que su homosexualidad era reversible, que no estaba de acuerdo con su naturaleza tal como hombre creado por Dios. Finalmente, su convicción religiosa le ayudó a rechazar todos los sentimientos homofílicos y todo lo relacionado con ellos, en cuanto sentidos como pecaminosos, negativos y miserables. No deberíamos subestimar el último factor, porque el neurótico homosexual está muy unido a sus anhelos como algo precioso, grande, maravilloso que le conduce a la felicidad. En consecuencia, debemos establecer que una conversión religiosa puede aportar a un homosexual la esperanza y la energía que requiere el esfuerzo del cambio.

            El homosexual que quiere curase tiene extrema necesidad de esos ingredientes, porque la desesperación que vive es grande; la dependencia, muy fuerte; su voluntad de lucha es poca y está endurecida y minada por el negativismo inherente a su autocompasión. Las experiencias religiosas pueden temporalmente colocarle en un nuevo mundo interior; pero después tendrá que luchar de modo constante, porque ellas no arrastran de modo definitivo su neurosis. Sirven como fuentes de energía y motivación, mientras que el proceso psicológico del mismo cambio es una constante y radical "inanición" de las emociones neuróticas: un proceso de descongestión, podríamos decir. Por tanto, no es sorprendente que todo esto se prolongue durante un tiempo, y que las recaídas (grandes o pequeñas) formen parte del mismo proceso. Como el mismo John V. observa respecto a su despertar a la heterosexualidad: "Se crece lentamente". La experiencia religiosa parece desencadenar los "recursos interiores": fuerza de voluntad, introspección y emociones positivas; hacen que la persona realmente luche y permite fortalecer los motivos necesarios para continuar. Sería poco científico negar estos hechos empíricos, aunque puedo imaginar que algunos psicólogos pueden resistirse a tomarlos con seriedad.

            Una curación como la de John V. no es un milagro religioso, que tiene lugar en un santiamén. Hay homosexuales que confunden sus experiencias religiosas con una curación psicológica o que predican curaciones repentinas por conversiones religiosas ("fe terapéutica"). En mi opinión, se desilusionarán. Rezan, rezan y rezan, pero "nada les sucede" como ellos esperaban de modo equivocado. O en otros casos, se hacen creer a sí mismos que han "ahuyentado su demonio". La prueba más simple de curación es un análisis profundo d toda la vida emocional de una persona, incluida su parte sexual. Un homosexual realmente curado es cualquier cosa menos una persona histérica, fanática o limitada: se siente relajado, es realista en las introspecciones y no tiene nada que esconder a sí mismo.

            Los casos de homosexuales curados sin psicoterapia nos recuerdan que "todos los caminos conducen a Roma". Es más, estos homosexuales parecen haber seguido a grandes rasgos el mismo recorrido psicológico; de algún modo "aniquilan" su tendencia infantil de autocompasión y todo lo que le rodea, como el egocentrismo infantil, los sentimientos de inferioridad y la ansiedad. Todas estas historias confirman, además, la afirmación de Hatterer según la cual la "voluntad de cambio" es una condición indispensable para mejorar y el mismo proceso de cambio implica una lucha, que es un proceso de crecimiento guiado por la voluntad4.

           Los fenómenos encontrados en el curso de este proceso son: recaídas casi generales; períodos de desesperación, aumento de la introspección; aparición de intereses heterosexuales sólo después de que haya sido superada la tendencia homosexual, al menos en su mayor parte; un período de consolación, que puede durar varios años después del cambio básico. Sin embargo, animaríamos a un enfoque de tratamiento más sistemático, que unifique los elementos saludables citados arriba y que haga uso de nuestro conocimiento teórico sobre la homosexualidad como una patología de autocompasión infantil. Incluso el homosexual con motivaciones religiosas puede beneficiarse de estas introspecciones, ya que le proporcionan una estructura intelectual clara para reconocer su neurosis y, tras esto, le dota de armas concretas con las que luchar, para que pueda recorrer con más eficacia el camino que se ha marcado que si lo hiciera sin un mapa y una brújula psicológicos. La terapia antiqueja es un tratamiento sistemático y ahora es el momento de ver cómo deberíamos leer el mapa que ofrece y cómo funciona su brújula.

 

 Notas:

  1. La reorientación religiosa de la vida se usa, a veces, como método, por ejemplo, por el método jesuita de "discernimiento de espíritus" (qué "espíritu" o actitud mental es la correcta, la deseada por Dios, y cuál es la equivocada, la que debemos evitar). La aplicación de este método puede llegar a curar a un homosexual como "efecto lateral", según me ha comunicado el sacerdote católico y publicista holandés Dr. Penning de Vries. Sin embargo, la meta primaria de este método no es curar una neurosis, sino reorientar la vida de una persona de acuerdo con los principios cristianos.
  2. BOS, J.T., Ik ben niet meer "zo". Gideon, Hoornaar 1969.
  3. Aun permaneciendo profundamente religioso, la exaltación de este hombre se ha calmado mucho desde entonces. Él mismo se inclina ahora a ver su cambio como un esfuerzo psíquico, motivado yen gran parte animado por su conversión religiosa, la oración y, sobre todo, por un cambio total en la forma de vida.
  4. . HATTERER, L.J., Changing Homosexuality in the Male. McGraw-Hill, Nueva York 1970

Este Artículo es parte del Capítulo IX del libro: "Homosexualidad y Esperanza. Terapia y curación en la experiencia de un psicólogo". Si quieres ir al libro, pincha aquí.

AddThis Social Bookmark Button
 

TESTIMONIOS

ICONO - TESTIMONIOS EPE

| Quiénes somos |Mapa del sitio |Recomiéndanos | Quiero Colaborar |Contáctanos |Boletín |