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Es posible el cambio

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El cambio sin psicoterapia - Gerard J.M. van den Aardweg

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            Antes de mostrar los resultados de la terapia "antiqueja" que hemos esquematizado, me gustaría describir algunos casos de personas que se han curado con otros medios. En este capítulo presentamos dos casos que han aparecido en informes científicos publicados. Ambos señalan cómo las mismas dinámicas psicológicas usadas en la terapia "antiqueja" funcionan en otras situaciones.

            El primer caso es el de una mujer ex-lesbiana que contó su historia a un psiquiatra holandés homosexual partidario de la "aceptación" como solución, y que ha tratado de su caso en un artículo1. El psiquiatra publicó su conversación con ella, resaltando que "ella daba la impresión de estar completamente normal. Normal emocionalmente, una risa relajada y una seriedad adecuada. Era totalmente creíble". El caso debe impresionar más en la medida en que es una curación real relatada por un hombre totalmente escéptico acerca de la posibilidad de remediar la homosexualidad. La mujer dijo: "Aunque su artículo no ofrece mucha esperanza, yo me he curado a los 37 años. ¿Puede Ud. Imaginar mi felicidad? No es comparable a nada. 37 años de dolor, miseria, búsqueda de ayuda, rezos, esperanzas, etc., sin ver nada más en el mundo que mi propia miseria que me irritaba del modo más profundo. Con la firme convicción de que lo vas a arrastrar hasta la muerte". Junto a su llamada a la fe y a la esperanza, este fragmento contiene una frase muy instructiva que no debemos omitir: "sin ver nada más en el mundo que mi propia miseria que me irritaba de modo profundo". Es un epitafio muy bonito para su vida neurótica anterior, que resume sus elementos esenciales: el excesivo egocentrismo de los sentimientos de autocompasión. La mujer ve con ironía su comportamiento anterior, sonriendo a los dramáticos "¡pobre de mí!" de su pasado.

            ¿Cómo se desarrolló todo? Ella era enfermera y se enamoraba frecuentemente de mujeres mayores que ella ("me preocupaba por completo, era como una nube que me rodeaba") y una vez intentó suicidarse después de un fracaso amoroso (nunca practicó contactos homosexuales). La mujer se sentía completamente perdida y deseaba librarse por completo de sus obsesiones. Quizá esa depresión dolorosa le prepara a uno para el cambio, ya que no puede ir a peor. En este estado mental, ella encontró a un sacerdote comprensivo y realista, que escuchaba atentamente sus quejas, pero que también le hacía observaciones punzantes. "Después de hablar con él, volvía confundida, como si me hubiera lavado el cerebro. Pero una vez me dijo algo que jamás olvidaré: "Niña, no ha madurado, es como si tuvieras dieciséis años". Esa mismo noche en mi habitación, a las 21:30, de improviso lo entendí todo". Ella identifica claramente el momento del "cambio", las 21:30: se ve como una niña, y como tal ha sentido y se ha comportado. El sacerdote le abrió los ojos haciéndole ver su "niña interior" y así reconoció su inmadurez. En ese mismo instante empezó su proceso de curación.

            Habiendo observado su personalidad infantil, la mujer empezó a superar, con vigor, sus antiguas facetas. Es lo que ella llamó su "adaptación", el "cambio" hacia "la sociedad tal como es, y no como yo la veía". Tuvo que descubrir la realidad, puesto que había vivido en un mundo demasiado subjetivo y de carácter emocional. "Antes, yo era vivida". Esto expresa claramente su obsesión neurótica dominada por una emotividad que confundía la realidad. El neurótico vive en una atmósfera de emociones que por regla general son quejas y, por tanto en una realidad distorsionada. "La gente debe haber pensado de mí: ¡qué persona tan ingenua!". Era realmente una niña, juzgando su entorno desde el punto de vista y con los sentimientos de una niña. La "adaptación", que ha ocurrido después del reconocimiento de ser una niña "quizá durante al menos un año", me parece muy rápida.

            Esta mujer no sólo describe su cambio como un abandono de su infancia, sino también como la desaparición de un complejo de inferioridad. "Tenía un gran complejo de inferioridad", dice. "Antes, cualquier cosa o persona era siempre superior a mí". Además, relata el cambio en sus sentimientos de vergüenza: se avergonzaba de cosas de las que no tenía por qué hacerlo: eran sentimientos de inferioridad, que se manifestaban como una sumisión exagerada. "Anteriormente hacía de todo para todos. Aún hago cosas para la gente, pero hay siempre un "pero". Tal vez es insensato que antes no pensara en mí misma". Sus sentimientos de inferioridad habían tomado esta forma: "No soy buena para nada. Debo servir a todo el mundo porque soy la última".

            Refiriéndose a su pasado, menciona sus celos, su falta de sentimientos reales de simpatía hacia la gente que sufría, a pesar de su comportamiento servicial (egocentrismo), su cambio de actitud hacia Dios (antes, le inspiraba miedo, y que ahora le llenaba de gratitud y respeto); sus tics nerviosos en la boca, su caminar ansioso pegado a las paredes de las casas en vez de ir por el centro de la acera. "Nada es igual". Aquí vemos la experiencia común de que en un homosexual curado nace una "nueva y flamante personalidad"; la curación de la homosexualidad es, en primer lugar, un cambio emocional y un cambio en la personalidad.

            ¿Y acerca del cambio erótico en esta ex-lesbiana? "Antes los hombres no me excitaban, no me decían nada. No pensaba en casarme. Cuando crecí, las relaciones sexuales entre hombre y mujer me resultaban extrañas; no podía entenderlo ni sentir nada. Un hombre me excitaba de la misma manera que lo haría un gato". De esta cita uno concluye que, en su desarrollo erótico, esta mujer permaneció como una niña, ni siguiera como una adolescente. El primer shock de reconocimiento de su fijación en la infancia provocó en ella gran gozo y alivio. "El mundo entero era mío, así que era muy feliz. No tenía deseos hacia mujeres ni hacia hombres". El curso de los acontecimientos es el típico de muchos casos de curación: el gozo borra los intereses homoeróticos (mostrados en forma de queja, lo opuesto al gozo y a la felicidad). El paciente atraviesa una etapa en la que parece ausente cualquier componente erótico en las dos direcciones. "Sólo en los años posteriores ha ido apareciendo gradualmente el interés por los hombres". Sin desaparecer la sexualidad neurótica basada en la queja, no pueden liberarse las emociones heterosexuales adultas; como dice esta mujer, puede ser un proceso largo: se parece a un proceso de crecimiento. Cuando despertó en ella, la heterosexualidad tenía las características propias de la de una adolescente, enamorada apasionadamente de varios hombres a la vez: "quería casarme con todos al mismo tiempo". Al fin, abandonó esta etapa, se calmó y se casó con quien actualmente es su marido. Por lo que concierne a sus obsesivas preocupaciones sexuales del pasado, siente que las ha superado. Esto, teniendo en cuenta que la mujer tenía 44 años en el momento de la investigación, se puede interpretar como un signo de madurez. Acerca de sus anteriores intereses lésbicos, dice: "Es como una pierna que ha sido amputada y que no puede volver. Yo ahora no puedo entender cómo pude ser de aquella manera durante tantos años; ni lo entenderé jamás". Este cambio real -sus antiguos sentimientos lésbicos son ahora difícilmente imaginables para ella- dura ya siete años desde que hizo estas declaraciones, un período más que aceptable para confirmar los resultados.

            Sumando los factores de curación que pueden ser identificados en su historia, los terapeutas antiqueja reconocen un número de elementos que son familiares: el rechazo de todo corazón a identificarse irremediablemente a sí misma como homosexual, lo que conduce a una apertura mental óptima hacia cualquier cosa que pudiera conllevar un cambio; el reconocimiento de su "ego infantil" o autoanálisis; la lucha por superar inclinaciones infantiles en el pensamiento y en los hábitos; la honradez consigo misma; y la confianza en su "psicoterapeuta", que fue el hombre adecuado para ella, que observó su infantilismo y le dio el conocimiento y el apoyo correctos.

Notas:

  1. SENGERS, W.J., Homoseksualiteit als klacht: Een psychiatrische studie. Paul Brand, Bussum 1969.

 

Este Artículo es parte del Capítulo IX del libro: "Homosexualidad y Esperanza. Terapia y curación en la experiencia de un psicólogo". Si quieres ir al libro, pincha aquí.

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Actualizado ( Viernes, 13 de Marzo de 2009 22:00 )  

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