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Madurar la Masculinidad - Aquilino Polaino

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Madurar la masculinidad

 

Aquilino Polaino

Catedrático de Psicopatología. Facultad de Medicina. Universidad CEU- San Pablo

Texto publicado en Buenanueva, año 6, mayo 2012, nº34, pp. 22-25.

Veinte principios que debieran presidir la educación afectivo-sexual de los hijos varones por sus padres.

Algunos de ellos acaso puedan percibirse como algo lejano del propósito que nos ocupa, pero en modo alguno es así. Todos ellos se articulan y convergen en la consolidación de una masculinidad madura.

1. Sinceridad.

Cumplir con la palabra empeñada y dar ejemplo de coherencia. Cuando se dice algo, ese algo tiene que ser verdadero: nunca se puede engañar. Padres e hijos deben hablar de ello con cierta frecuencia para dar mayor autenticidad y consistencia al diálogo que entre ellos se establezca. La idea clara y distinta ha de ser que la verdad está por encima de todo, y que vale la pena morir por ella.

2. Aprovechar el tiempo y estrujar cada segundo invirtiéndolos en cosas que valgan la pena.

Hay que poner una especial atención al tiempo que se pierde en ordenadores, consolas, Internet, etc. No hay que olvidar que la vida es irreversible y que "matar el tiempo" es dejar de crecer, desperdiciar los dones que se tienen, y matar la vida personal.

3. No claudicar nunca en lo relativo a las propias convicciones.

Cuando tenemos una creencia ajustada a nuestra propia razón y el comportamiento, debemos respetarla y hacer que sea respetada por los demás, con independencia del contexto en que nos hallemos.

4. Tener un proyecto de vida.

Por lo menos a medio plazo (entre 5 y 10 años), con metas fijadas con prudencia, de manera que no sean inalcanzables por sus capacidades. Cuanto más ambicioso sea un proyecto y más esfuerzo exija, más altas han de ser también la motivación y las expectativas.

5. Superar el miedo al sufrimiento, el primer miedo que hay que eliminar.

Enseñarles que en la vida, al igual que hay alegrías, hay también sufrimientos, y cuando estos últimos llegan, es preciso no temerlos sino acogerlos, asumirlos y, si fuera posible, superarlos.

6. Enseñarle a soportar la soledad, en previsión de situaciones en que pueda fallar el grupo de referencia.

Esto es especialmente importante en una sociedad como la actual, cada vez más individualista, en la que puede resultar complicado establecer vínculos leales donde se acuna la amistad, con independencia de cuáles sean las convicciones propias y ajenas.

7. Ayudarles a crecer en fortaleza.

Virtud que hoy se conoce como "resiliencia" -un concepto psicológico de reciente adquisición-, y que no consiste tanto en atacar, como en resistir.

8. No tener miedo a los conflictos si no pueden evitarse, pero tampoco provocarlos.

Cuando una toma una decisión de acuerdo con sus valores, hay que sostenerla aunque pueda implicar la aparición de un conflicto. En ese caso, lo que hay que hacer es aprender a gestionar ese conflicto hasta resolverlo.

9.  No quejarse.

La susceptibilidad, la blandura y la escasa tolerancia a la frustración son malos compañeros de viaje en el camino de la masculinidad. El varón puede llorar, pero no debe quejarse, o al menos no hacerlo frecuentemente o por naderías sin importancia.

10.  Desarrollar la capacidad de proteger a los más débiles.

Compadecerse de los más débiles es tanto como manifestar que los demás le importan; que sus problemas le interpelan porque también a él le atañen. La fortaleza de la masculinidad no reside en la agresividad sino en la capacidad de proteger a los más desvalidos.  

11. Fomentar la rebeldía de saltar ante la injusticia.

Venga de donde viniere y tanto si se comete contra uno mismo como contra los otros. Lo propio de la masculinidad ante las injusticias es evitar mirar para otro lado.

12. Escoger lo peor.

Se trata de usurpar al yo el protagonismo que no debería tener. Escoger lo mejor, hacerse servir, "pasar" de los demás, y buscar la auto-exaltación están más vinculados al narcisismo que a la masculinidad.   

13.  Ser fuerte con los fuertes y débil con los débiles.

El hecho de que haya gente que sea muy fuerte con el débil y muy débil con el fuerte suele generar muchas y graves injusticias. Resistir al fuerte y proteger al débil le hará transformar su debilidad en fortaleza, lo que es muy propio de la masculinidad.

14. No auto-compadecerse.

La autocompasión nos convierte en víctimas, e implica un amor anómalo a uno mismo y muy poco eficaz. No parece que contribuya a la madurez afectiva la búsqueda de un consuelo en sí mismo, por sí mismo y para sí mismo.

15. Saber utilizar los aparentes fracasos para aprender de ellos, crecer y madurar.

Los fracasos son siempre relativos y, bien aprovechados, se transforman en  apenas un obstáculo, una nueva oportunidad para hacer que la persona se estire en toda su estatura.

16. No auto-engañarse.

Engañarse a uno mismo es antinatural. Hay siempre un resto, un rescoldo de conciencia que le hace sentirse culpable del mal que se ha hecho. A quien se auto-engaña hay que ayudarle a reconocerlo, y animarle a buscar soluciones y estrategias para salir airoso de la absurda situación en que se hallaba.

17.  Renunciar a los caprichos y al "carpe diem".

La impulsividad para satisfacer un deseo ("aquí te cojo y aquí te mato") es una peculiaridad más propia de la infancia que de la masculinidad.

18.  Sentido de coherencia e identidad.

La coherencia adensa y da una mayor consistencia a la propia identidad. Se es tanto más coherente cuanto mayor sea la identidad entre lo que se piensa y lo que se dice, lo que se dice y lo que se hace, y lo que se piensa y se hace.

19.  Aprender a decir "no".

Especialmente a lo que tiene que ver con la afectividad y la sexualidad.

En ocasiones, puede ser muy conveniente decir no a la comodidad, al emotivismo, la curiosidad, la dispersión de los sentidos, al mal uso de Internet, a hablar de todo como si de todo se supiera, a hablar sólo de uno mismo y de los propios éxitos, a dejarse corromper.

20.  Alegrarse de ser la persona que se es.

Del proyecto que se ha elegido, del grupo de referencia y pertenencia identitaria de los que se forma parte. Por último, afirmar el propio yo a través de la mejora de la necesaria formación doctrinal-religiosa que ayuda a vertebrar una afectividad más madura, más fuerte, más estable y más consistente.

 

 

La educación afectivo-sexual preventiva en el aula

 

Enumero a continuación algunas de las pautas de lo que al niño puede ayudarle para el correcto desarrollo afectivo-sexual.  Aunque estas pautas pueden aplicarse por el profesor en el aula, éste nunca debería adoptar un papel vicario o sustitutivo de la función que han de desempeñar los padres.  

1. La aprobación del niño por el profesor.

Hay que afirmar al niño en lo que vale, pues él carece de la fortaleza necesaria para hacer pie en su propia vida: se trata de reforzarle, de aprobarle, y no de humillarle. El niño tiene derecho a ser reconocido en aquello en lo que realmente vale. Su auténtica valía ha de ser reconocida por las personas a las que más admira y a las que más valora. Sin duda alguna, son muchos los profesores que satisfacen estas condiciones. Si el reconocimiento es en público, su efecto se magnifica.

2.  Complicidad viril entre profesor y alumno,  con lealtad y transparencia, y sin "secreteos".

Conviene hacer ver al niño que "lo suyo es mío" y "lo mío es suyo", con el fin de potenciar una afectividad masculina equilibrada y naturalizar así la amistad viril y la aceptación por parte de otras personas del mismo sexo. Si la afectividad es equilibrada y armónica con la propia identidad, no habrá nada que temer. Si, por el contrario, esa afectividad se erotiza, el resultado será un híbrido que nunca llegará a satisfacer plenamente a la persona, pues suele originar sentimientos de soledad, insinceridad y, lo que es más importante, el falseamiento y desdoblamiento de la propia identidad.

3.- Infundir al niño seguridad en sí mismo mediante pautas como las siguientes:

  • a.      La exigencia:

                             Ha de aprender a ponerse límites y objetivos a sí mismo, y a sacarlos adelante con su propio esfuerzo.

  • b.      Las justas alabanzas,

                             tanto en privado como en público, y las muestras de confianza y afecto.

  • c.       Delegar en ellos la autoridad,

                             y confiarles encargos y responsabilidades, reforzándolos con expresiones como "no me puedes fallar en esto", "sé que puedo confiar en ti", etc.

  • d.      Afirmarlos en su masculinidad:

                            "estás hecho un tiarrón", "eres un tío de los que nunca te falla", etc.

  • e.      Facilitar que sea aceptado

                             e incluido en grupos de referencia de adultos del mismo sexo, para afianzar así la afectividad masculina en la amistad. Hay que tratarle con la misma confianza que a un igual, pidiéndole que dé su opinión sobre las cuestiones de las que hable.

  • f.        Enseñarle a auto-controlarse,

                             a ser dueño de sí mismo, a hacer uso de su propia libertad, a manejar las circunstancias en lugar de depender de ellas.

 

 

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Actualizado ( Viernes, 28 de Septiembre de 2012 17:41 )  

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