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Embarazado sí está, pero no es un hombre - Jeff Jacoby

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"No hay ningún "hombre embarazado". Sólo una mujer muy confusa e inestable que proclama que la cirugía, las hormonas y la ropa la convierten en un hombre, y que se aferra a esa ficción con decisión."

Tracy LaGondino está embarazada, noticia que ha generado una enorme expectación. Ha aparecido en la revista People, en el programa de Oprahyportodala red. El bebé de Tracy, que sale de cuentas en julio, no tiene ningún problema. Pero Tracy tiene un problema grave, y el resto de nosotros también.

Tracy, de 34 años de edad, creció en Hawai y solía competir en concursos de belleza; una vez fue finalista en la edición Miss Hawai Adolescente USA. Ahora se llama Thomas Beatie y al parecer sufre de Desorden de la Identidad Sexual, síndrome 302.85 del Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM-IV) de la Asociación Americana de Psiquiatría.

Según estas noticias, desde la adolescencia se ha venido sintiendo incómoda con su identidad femenina. Cuando tenía veintitantos, informa el Telegraph of London, "se volvió más masculina", inició una relación lésbica, "e investigó lo que significaba ser un varón transexual". Después vinieron la mastectomía y las inyecciones de testosterona. Tracy/Thomas se dejó barba, cambió su identidad legal a la de un varón y se casó con su pareja, Nancy.

Pero se necesita más que una mastectomía y tratamientos de hormonas para dar un vuelco a la biología. Thomas puede ser un hombre a los ojos de la ley, pero físicamente sigue siendo una mujer, con los órganos reproductivos de una mujer, los genitales de una mujer y los cromosomas de una mujer.

De modo que cuando Nancy y ella decidieron tener un bebé, no tuvo ningún problema en concebir a través de la inseminación artificial. El resultado es el espectáculo que ha atraído tanta atención: una mujer con barba embarazada llamada Thomas, que viste y se identifica como un hombre, y tiene una esposa con la que legalmente contrajo matrimonio.

Lo que usted piense de todo esto depende sobre todo de su orientación política. Los activistas transexuales, las feministas radicales y otros movimientos marginales que insisten en que las diferencias sexuales entre hombres y mujeres son artificios patriarcales, no hechos cotidianos insalvables, aplaudirán a Thomas y Nancy como pioneras del cambio de sexo que desafían una opresora dicotomía varón-hembra.

Quienes consideramos que el sexo no es un amplio abanico de posibilidades sino una cuestión de dos opciones es más probable que califiquemos toda la situación de profundamente aberrante y perjudicial, especialmente para el bebé que está a punto de venir al mundo.

Pero esta historia del "hombre" embarazado no ha surgido por las buenas.

La semana pasada, la policía desarticuló en Texas una secta polígama que obligaba a chicas menores de edad a casarse con ancianos que abusaban de ellas.

Desde Australia llegaron noticias de John y Jennifer Deaves, padre de 61 años y su hija de 39, que han tenido dos niños juntos y se declaraban culpables de incesto, pero afirmaban desear solamente "un poco de respeto y comprensión" por su relación ilícita.

Estos son sólo los ejemplos más recientes de una interminable serie de recordatorios de que los apetitos y los impulsos sexuales pueden ser poderosos y retorcidos y conducirnos a consecuencias perjudiciales, sobre todo, para los jóvenes y los más vulnerables. Ese es el motivo de que las sociedades humanas siempre hayan puesto límites al comportamiento sexual mediante tabúes y códigos morales igualmente poderosos.

Cada vez es más frecuente, sin embargo, que quien respeta esos tabúes y códigos sea acusado de ser un fanático de mentalidad estrecha, mientras que quienes los desafían sean aplaudidos por su tolerancia y ausencia de prejuicios.

(Ahora que lo pienso, ¿por qué las personas que insisten en que el sexo es algo cambiante y subjetivo argumentan con tanta frecuencia lo contrario en lo que respecta a la raza? Si es progresista no clasificar a los seres humanos solamente en dos sexos, debería serlo igualmente insistir en que nadie sea clasificado en función de la raza o el color.)

Fue Tracy/Thomas la que dio a conocer la historia de su embarazo, narrándola para The Advocate, una revista online gay.

- ¿Cómo me siento siendo un hombre embarazado? Fabuloso - afirmaba exultante -. A pesar del hecho de que mi pecho está creciendo con una nueva vida dentro de mí, me encuentro tranquilo y con confianza siendo el hombre que soy. En un sentido técnico me veo como mi propio vientre de alquiler, aunque mi identidad sexual como varón es constante.

¿Hay algo más incoherente o triste? El Desorden de la Identidad Sexual no es "fabuloso", aunque lo políticamente correcto sea afirmar lo contrario. No es simplemente otra elección de estilo de vida, o una mera tonalidad del arcoíris de la diversidad. Es una disfunción que debería ser recibida con respeto, asesoría médica y terapia, no con reportajes a cinco páginas en People e invitaciones a "Oprah".

Titulares al margen, no hay ningún "hombre embarazado". Sólo una mujer muy confusa e inestable que proclama que la cirugía, las hormonas y la ropa la convierten en un hombre, y que se aferra a esa ficción con decisión, pese a que el bebé que crece en su útero anuncia su condición de mujer al mundo.

Jeff Jacoby, columnista del Boston Globe.



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