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La AMS es un tipo de neurosis - Gerard J.M. van den Aardweg

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EL NIÑO AUTOCOMPASIVO EN EL ADULTO

            Las expresiones de autocompasión (llorar, quejarse, búsqueda de comodidad y compasión) pueden aliviar y ayudar a digerir las experiencias causadas por el dolo (el trauma). Los niños y adolescentes que se sienten solos durante largos períodos de tiempo con sus sensaciones desagradables nos desnudan su alma ante una persona de confianza. Se avergüenzan porque creen que nadie es capaz de entenderles. Como resultado, siguen alimentando su autocompasión.

            Una vez empezado algo, los niños no suelen pararse tan fácilmente: esto es aplicable a muchas emociones y comportamientos, también a la autocompasión. Una vez que sienten lástima de sí mismos, tienden a perseverara en ello, incluso a desearlo, puesto que la autocompasión tiene un dulce efecto inherente a la lástima: el consuelo. Puede ser muy gratificante sentirse uno mismo como una pobre criatura, incomprendida, rechazada y abandonada. Bajo este aspecto hay algo totalmente ambivalente en la autocompasión en la autodramatización.

            Una reiterada autocompasión durante la niñez y adolescencia puede generar una dependencia de ésta. Con otras palabras, se convierte en un hábito autónomo de queja interior.

            Este estado emocional de la mente es descrito por la siguiente fórmula: "el niño (o el adolescente) autocompasivo en el adulto". La personalidad del "pobre de mí" de la niñez (o la adolescencia) sobrevive en la misma forma; la personalidad completa de niño está aún presente.

            Así que tenemos tres nociones casi coincidentes en la mayoría de los casos: el complejo de inferioridad, el niño que "habita" en el adulto y el hábito de la autocompasión (también llamado "enfermedad de la queja"). Son descripciones adecuadas de lo que ocurre en las mentes de los neuróticos en general, es decir, del que está afectado por dudas diversas, emociones obsesivas, sensaciones de inseguridad sin motivo y conflictos interiores.

            Los rasgos más importantes de la personalidad neurótica provienen de las características antes descritas:

             En primer lugar, observamos una continuidad de modelos pueriles o propios de niños.

          De cualquier modo, se permanece anclado en el niño o adolescente del pasado. Esto incluye los deseos específicos, sensaciones, luchas y modos de pensar del niño. No todo lo propio del niño, sin embargo, permanece en el adulto acomplejado. La madurez de la personalidad se interrumpe seriamente sólo en aquellas áreas donde operaron las frustraciones infantiles; en otras palabras, donde han tenido su origen la autocompasión y los sentimientos de inferioridad. En otras parcelas, la persona puede madurar psicológicamente. En los casos en los que existe un fuerte sentimiento de "niño que se queja", la personalidad entera es inmadura, "infantil". 

            La homosexualidad es un tipo de neurosis. La persona con este complejo abriga una autocompasión infantil específica. Por este motivo, Bergler pudo afirmar: "A sus 50 años, él (el hombre con tendencias homosexuales) está emocionalmente en los años de su adolescencia"2

            La tendencia a quejarse, tan perspicazmente descrita por Arndt, es un segundo rasgo neurótico manifestado usualmente, aunque en algunas personas se muestra más oculto.

            El neurótico grave manifiesta de modo más claro la necesidad de compadecerse; parece estar buscando continuamente, y encontrando, razones para compadecerse y quejarse; puede que se sienta crónicamente objeto de injusticia, o frustrado, o sufriendo siempre por algo. Sus quejas pueden basarse en cualquier aspecto negativo: sentimientos de decepción, de soledad, de incomprensión, de carencia, de afecto, de falta de amor, malestar físico, dolor, etc. Parece como si la mente neurótica no pudiera prescindir del sentimiento de autocompasión de autodramatización; por este motivo es como una "dependencia" o, lo que es lo mismo, una inclinación a la queja. El resultado es que la autoconfianza, la seguridad y la alegría de vivir están muy debilitadas en el neurótico.

            Otro rasgo propio del neurótico es un deseo infantil de llamar la atención, de obtener la aprobación y la simpatía de los demás y, a menudo, una excesiva urgencia de autoafirmación.

            El "niño interior" anhela aprecio y cordialidad de modo tan insaciable e imperioso como un niño de verdad. Este ego infantil puede intentar ser importante, interesante, atractivo a los demás o ser el centro de atención tanto en la vida real como en su imaginación.

            Es necesario mencionar como último rasgo el egocentrismo mental.

              Gran parte de la conciencia psíquica puede estar ocupada o enfocada hacia ese infantil "¡pobre de mí!". Para usar una comparación, el "niño compasivo en el adulto" mima y cuida de sí mismo como una niña cariñosa maneja una muñeca que trata como algo que merece compasión. Los sentimientos de amor hacia los demás, basados en un auténtico interés por ellos, están bloqueados por ese egocentrismo compulsivo neurótico, que ha surgido más o menos espontáneamente.

Este artículo es parte del Tema 5 del libro: Homosexualidad y esperanza. Terapia y curación en la experiencia de un psicólogo. Si quieres leerlo, pincha aquí.

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