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España: La gripe E(ducativa)

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A falta de una semana para el inicio del curso escolar en toda España, la mayoría de los medios de comunicación alertan sobre el peligro de que los alumnos se contagien de gripe A. Incluso se ha debatido sobre si era conveniente modificar el calendario lectivo, cómo y bajo qué supuestos pueden interrumpirse las clases, a lo largo del curso, o cuántos alumnos de baja hacen falta para cerrar un centro. Sin embargo, nuestro sistema educativo presenta elementos tan perniciosos (o más) que el peligroso virus, de consecuencias más devastadoras a largo plazo y para los que el Gobierno no sólo no tiene vacunas, sino que tiene incentivos: fracaso escolar, adoctrinamiento creciente, laicismo, violencia en las aulas... Es nuestra particular epidemia educativa.

Vaya por delante, para los hipersensibles, que Alfa y Omega no desprecia los riesgos que conlleva la gripe A. De hecho, suscribimos punto por punto las recomendaciones que las autoridades sanitarias realizan en este sentido, y rogamos a Dios para que los enfermos sanen pronto y los sanos no se contagien. Sin embargo, el inicio del curso escolar conlleva más peligros que la hasta hace no mucho llamada gripe porcina. Los expertos lamentan que los virus del adoctrinamiento, el fracaso escolar, la imposición del laicismo, o la falta de autoridad del profesorado siguen propalándose en nuestros centros escolares y, en según qué casos, de forma más virulenta que en años anteriores. ¿Y qué hacen las autoridades que velan por la salud de la educación española? Según parece, nada. O, lo que es peor, insistir en los mismos errores que hasta ahora.


Don José Manuel Lacasa, uno de los mayores especialistas españoles en análisis educativos, en particular de los relativos al informe PISA, lamenta que «la Administración se empeña en aplicar lo que sabe que no va a funcionar, sólo porque sus medidas tienen un cierto eco electoral en algunos votantes. Lo cierto, sin embargo, es que los índices de fracaso escolar no descienden ni aunque los maquillen. En España funcionamos con ideas felices, no con estudios serios. Y cuando se realizan estudios, no se hacen para comprobar si los modelos pedagógicos elegidos por las autoridades funcionan o no, sino para justificar que funcionan, aunque no lo hagan. Eso es lo que pasó con la LOGSE y lo que ha vuelto a pasar con la LOE». Y añade: «No sólo no corregimos lo que se hace mal, sino que insistimos en ello». Vamos, como si a un enfermo de gripe A no sólo nadie le receta medicamentos, sino que se le niega el diagnóstico y se le inoculan más virus en el organismo.



Bacterias de todo tipo



Las bacterias educativas que infectan nuestros centros escolares preocupan tanto a los padres como a los profesionales del sector. Y, por encima del resto, se distinguen dos: el fracaso escolar y el adoctrinamiento en la escuela, que se hace efectivo, sobre todo, a través de las polémicas asignaturas Educación para la ciudadanía y Ciencias para el mundo contemporáneo. La batalla de EpC viene de largo, y ha generado más de 53.000 objeciones de conciencia, cientos de Sentencias judiciales y recursos administrativos y casi 800 alumnos que el curso pasado no entraron en el aula mientras se impartía.
El Gobierno, sin embargo, no sólo no ha retirado la materia, sino que ha proseguido con el calendario trazado hace dos años: en este nuevo curso, EpC se impartirá en quinto y sexto de Educación Primaria, es decir, con alumnos de 10 a 12 años.


Don José Manuel Martínez Vega, Secretario General de la Confederación Católica de Padres de Alumnos (Concapa), asegura que «la presencia de esta materia en Primaria es un paso más en el adoctrinamiento social que supone esta asignatura. Aún más lamentable, si cabe, por alcanzar a alumnos con una escasa madurez personal y, por tanto, más manipulables». Por eso, lamenta que la Administración haya abocado a los padres a una labor cuasi policial: «A los padres les corresponde, en primer lugar, mantener con firmeza su derecho a objetar frente a una asignatura que pretende formar ética y moralmente a sus hijos, pero también una labor de vigilancia continúa sobre los textos escolares y sobre las acciones que puedan desarrollar algunos maestros».


¿Tan grave es lo que enseña esta asignatura? Juzgue el lector: las enseñanzas mínimas de la asignatura impuestas por el Ministerio, lejos de perseguir la mera difusión de contenidos teóricos, exigen «ser consciente de los valores del entorno, evaluarlos y reconstruirlos (sic) afectiva y racionalmente para crear progresivamente un sistema de valores propios», así como que «el aprendizaje de esta área va más allá de la adquisición de conocimientos, para centrarse en prácticas escolares (...) que faciliten la asimilación de valores», o que los planteamientos metodológicos deben «asegurar que el conocimiento de determinados principios y valores genere la adquisición de hábitos e influya en los comportamientos». Y Educación para la ciudadanía no es la única materia con este tipo de aspiraciones.



Un Bachillerato polémico



El catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos don Pablo Martínez de Anguita, director del Máster de la URJC sobre Bioética, asegura que la asignatura Ciencias para el mundo contemporáneo también puede suponer un riesgo. La materia, que se impartirá por primera vez en este curso, será obligatoria para todos los alumnos de primero de Bachillerato (17 años), y versará sobre cuestiones como el origen de la vida, la experimentación con células madre o la clonación. Martínez de Anguita afirma que «la asignatura es una oportunidad para que los alumnos se abran al asombro de la creación, y para que unan ciencia, razón y corazón; pero también se corre el peligro de que acepten de forma acrítica que todo avance científico está por encima de la moral y de la ética, y que asuman que todo aquello que no dice la ciencia (o su profesor) es relativo».


La inclusión de esta asignatura no es la única polémica que parece gangrenar a nuestros bachilleres. Además de tener el Bachillerato más corto de Europa, éste es el primer año en que se aplicará la reforma de este tramo educativo. Después de que los tribunales tumbasen la propuesta inicial del Ministerio, la situación queda como sigue: los alumnos de Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Extremadura, Galicia y País Vasco que tengan tres o cuatro suspensos podrán optar por repetir todo el curso, o cursar sólo las asignaturas pendientes. En el resto de Comunidades, los que tengan más de dos suspensos repetirán el curso entero. Las desigualdades entre los estudiantes, claro, están servidas.

Además de estos aspectos, una de las afecciones educativas que más preocupan a propios y extraños es la del fracaso escolar: frente al casi 15% de la media europea, España presenta un 31% de alumnos que no termina la enseñanza Secundaria. Sólo Portugal, con un 36%, va por delante de nosotros. Don José Manuel Lacasa asegura que «hay formas de detectar qué alumnos son carne de fracaso escolar desde los 6 años. Y, sin embargo, en lugar de ayudarles a superarse a sí mismos, se ha bajado el listón. En un capítulo de Los Simpson, Bart resume lo que ocurre en una clase compuesta por alumnos con peor nivel: Si vamos por detrás del resto de alumnos, y además vamos más lentos en lo que estudiamos, ¿cómo vamos a alcanzar su nivel?»



Becas..., ¡para los peores!



No parece que una de las medidas estrella del Gobierno para este año vaya a remediarlo: el Ministerio concederá becas, no a los alumnos que mejores notas saquen, sino a aquellos con peores resultados y que tengan riesgo de abandono escolar. Lacasa asegura que «los buenos alumnos verán que el dinero se lo dan a los que van peor. Los incentivos para los malos alumnos nunca deben conllevar medidas económicas, porque para eso ya hay ayudas. Existen situaciones muy concretas que requieren de medidas económicas, pero no se puede hacer un Plan General para las excepciones».

También el Secretario General de Concapa, Martínez Vega, lamenta que, «si la obligación de permanecer en las aulas a alumnos con nulo interés por el estudio, y la falta de autoridad con la que se ha dejado al profesorado, ha contribuido a un clima escolar que impide el progreso y el estudio, ahora, motivados por el dinero, los malos alumnos incentivarán la desidia del resto, que habrán de sufrir cómo su esfuerzo es despreciado en la misma medida en que se premia el desinterés. Eso sí, mientras esos alumnos pagados permanezcan escolarizados, las estadísticas del fracaso no empeorarán, que es de lo que se trata...»

Inyecciones de laicismo



Por si los virus educativos fuesen pocos, Martínez Vega recuerda una de las novedades que, según manifestaciones del ministro de Justicia, el Gobierno pretende inyectar en las aulas, recetada desde la anunciada Ley de Libertad Religiosa: la retirada de los crucifijos de las aulas, aunque los padres hayan elegido libremente un centro que los conserve desde hace años. «Vivimos una época extraña -lamenta Martínez Vega-, en la que unos pocos se han erigido en poseedores de la verdad, y están imponiendo, con la colaboración de algunos poderes del Estado, su visión de la sociedad. La cuestión de los crucifijos es una parte más de esta actuación. No cabe entender de otra forma que un símbolo de paz y liberación, con el que se identifica la mayoría de la sociedad, sea presentado como signo de agresión u ofensa. Cuando asumamos que la fortaleza de quienes lo atacan, mal educan y adoctrinan a nuestros hijos se la otorga nuestra dejadez podremos llevar las cosas a su justo término». Dicho de otro modo: la vacuna contra la gripe E(ducativa) está en nuestra mano..., si queremos.

José Antonio Méndez

www.alfayomega.es

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Actualizado ( Jueves, 10 de Septiembre de 2009 18:47 )  

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