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Dejar atrás el lesbianismo - Jeannette Howard

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FRAGMENTO DE LIBRO

 Out of Egypt es considerada un clásico en la literatura y ahora se encuentra disponible después de haber estado agotado durante algún tiempo. La autora describe su propia lucha y los principios que descubrió mientras asesoraba a las demás. El libro se escribió para una audiencia cristiana pero puede servir de ayuda también para mujeres de otras creencias o sin fe.


LA PSEUDO-MASCULINIDAD COMO AUTO-PROTECCIÓN


 Muchas mujeres… fueron educadas con pobres modelos de rol masculinos… Como reacción a un padre negligente o indiferente, y unido con una ambivalencia o desdén hacia su madre, la hija asume las funciones masculinas. Rechaza el modelo del rol basado en su idea de su madre y abraza todo lo que es masculino. La mujer se centra en lo que puede hacer más que en quien puede ser, y pone el énfasis en la auto-confianza, perfeccionismo y competición. La mujer se orienta hacia el comportamiento y tiene una tendencia a gastar sus energías en las causas o “derechos” en los que cree. Así con frecuencia este es un grito silencioso para el reconocimiento de su padre.

 En mi propio pasado, el problema reside en el hecho de que había estado viviendo del “modo masculino.” Tenía poco problema con la iniciación. Podía actuar y realizar muchas cosas. Pero era deplorablemente inepta para recibir de nadie…

 Caminar en la globalidad requiere un enfoque más equilibrado de la vida del que hemos estado experimentando. Requiere compatibilidad entre nuestras partes masculina y femenina, que creará armonía más que discordia.

 De forma similar, el equilibrio masculino/femenino ha sido molestado con frecuencia en una mujer que ha sufrido abuso. Sus pensamientos estimulan (que ella se comprometa en) una conducta controladora y manipuladora. ¡Nadie volverá a hacerme más daño! Así, mantiene a todos en la bahía o los controla por medio de la seducción.

EL MUNDO APLAUDE NUESTROS MECANISMOS DE DEFENSA


 Por cualquier razón, muchas mujeres adoptan la pseudo-masculinidad como una forma de auto-protección. Rechazan todo lo que es inherentemente femenino y se esfuerzan por obtener “igualdad” o superioridad sobre los hombres.

 La destrucción de esta postura pasa desapercibida porque el mundo aplaude nuestros mecanismos de defensa. Pero el coste de este aplauso es alto. Obteniendo la “igualdad” con los hombres, sepultamos nuestras cualidades gentiles, vulnerables y de confianza bajo apariencia de dureza, independencia y sospecha. No confiamos en nadie más que en nosotras mismas. Nuestras capas protectoras asfixian nuestros gritos del corazón de ser cuidadas, sostenidas y amadas.

 El otro fin del espectro de desequilibrio se manifiesta en las mujeres que derivan su sentido de identidad y seguridad de otras personas. Asumiendo el rol de una niña, estas mujeres dependen de los demás para definir y determinar sus vidas. En este caso, confunden pasividad con feminidad. Esta postura es tan desequilibrada como la mujer que se esfuerza por el reconocimiento a través de sus acciones. El continuo alcance de otras personas oscurece la comprensión de la identidad de la mujer. Sin una base firme de la que echar mano, sus relaciones con las demás son precarias.

 Como todas las familias residen en algún lugar en el espectro de la disfunción, así todas las mujeres residen en algún sitio en el espectro entre la aceptación y el rechazo de su género y de su identidad femenina.

 Por otra parte, puedes haber encontrado lesbianas que personifican todo lo que es femenino y no tienen problema en verse a sí mismas como tal. Por otra parte, te puedes haber encontrado mujeres que han negado su identidad de género y la feminidad  por lo que, excepto en las diferencias fisiológicas obvias, podrían ser confundidas con un hombre. Pero la mayoría de las que luchan con el lesbianismo caen en el terreno medio tenebroso.

 Varían también las actitudes y creencias sobre los hombres dependiendo de nuestro lugar en esta curva. Sin embargo, existe una actitud predominante que he encontrado en casi todas las lesbianas: sentirse superior a los hombres.


SUPERIORIDAD DE GÉNERO


Aunque me desvinculé emocionalmente de mi madre en una edad temprana, las mujeres dirigieron mi vida. Tenía padre y dos hermanos pero recuerdo tener muy poca interacción con ellos. Desde los cinco a los dieciocho años de edad, sólo tuve un profesor varón. En mi mente, era débil e inefectivo. Aunque hablaba ocho idiomas, era incapaz de mantener el orden en una clase de veinticinco niños vivos. Mi madre y yo le teníamos desprecio por igual.

No tuve que considerar a los hombres de nuevo durante muchos años. Atendiendo un colegio femenino donde la disciplina personal y la excelencia académica eran el orden del día, mi ya insegura feminidad se silenció mucho más. Me encapriché con algunas profesoras que derramaban positivamente su feminidad. Ahora me doy cuenta de que me sentía atraída por sus cualidades que yo sentía que no poseía en mí misma…


CONFIANZA –LA CLAVE PARA ABRAZAR LA FEMINIDAD REAL


Escaparse de algún lugar del espectro de la feminidad rota no es fácil. Muchas razones, usualmente heridas profundas, nos predispusieron a operar de la forma en que lo hacemos…

Mientras una mujer se va asegurando de su identidad de género, automáticamente abre la puerta a la feminidad.

Un buen punto de comienzo en conseguir la seguridad de género es hacerse preguntas pertinentes. ¿En qué consiste mi auto-charla? ¿Quién digo que soy?... Conscientemente rechazo todas las ideas que no están a la altura de la verdad…

Atravesar la puerta hacia la feminidad puede ser sobrecogedor. Se requiere ánimo y determinación para quitarse el antiguo concepto de sí misma y abrazar la identidad femenina emergente…

Apareció una revelación sorprendente cuando descubrí que las mujeres heterosexuales no se lanzaban a la vida en alas de gasa. Aunque no compartiesen mi confusión de género particular, muchas actuaban con un mayor sentido de ruptura femenina que yo. Esta comprensión me posibilitó poner mis luchas homosexuales en perspectiva. Pude discernir lo que era inherentemente un problema lésbico, lo que era inherentemente un problema femenino y lo que era intrínsecamente un problema de “persona.”

 

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