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Propuestas y Estrategias de la Ideología de Género - Luis Alfredo Vedoya

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1. Las propuestas y estrategias del feminismo radical

1.1. Feminismo y feminismo radical

Cuando toca hablar del tema que hoy nos ocupa es inevitable referirse a la acción del feminismo; pero no del feminismo legítimo que reivindica los derechos de la mujer, sino de ese otro pseudo-feminismo que, lejos de defender la esencia de la femineidad, la niega, restando todo valor a esa especificidad femenina que constituye la modalidad específica de pertenencia de la mujer a la especie humana.

A ese feminismo radical no le interesa defender los derechos de la mujer ni los de la persona, pues considera a ésta sólo como un momento efímero en el desarrollo del inconsciente cósmico.

1.2. La estrategia del feminismo radical

Las organizaciones del movimiento feminista radical han tejido durante las últimas décadas redes y alianzas con agencias de desarrollo y de derechos humanos y con movimientos indigenistas, ecologistas y homosexuales, con el propósito de presionar sobre los gobiernos y los organismos internacionales. Su objetivo confeso consiste en reformular hacia el año 1999 la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU desde una nueva perspectiva, que denomina "de género" 1.

2. La "perspectiva de género"

El concepto género tiene como raíz histórica un trabajo de Margaret Mead: "Sexo y temperamento en las sociedades primitivas" (1965), y aparece por primera vez en los documentos internacionales en la Declaración y el Programa de Acción de Viena aprobado por la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, Viena 14-25 de julio de 1993.

Cuando el feminismo habla de un "sistema de género", entiende por él los moldes o estereotipos impuestos por la cultura dominante acerca de lo que es ser hombre o mujer, sobre los espacios sociales dentro de los cuales ellos pueden actuar y desarrollarse, sobre su moralidad, su vida psíquica y sus relaciones jerárquicas 2.

Según la dirigente feminista Marta Lamas, "la sociedad fabrica las ideas de lo que deben ser los hombres y las mujeres, de lo que es ‘propio de cada sexo' " 3.

El movimiento feminista promueve la instauración de un nuevo bloque social histórico a través de la educación, los medios de comunicación y la reformulación de los derechos humanos. Su método se reduce a la "desconstrucción de las prácticas, discursos y representaciones sociales que discriminan, oprimen o vulneran a las personas en función del género". Los fines consisten en "reformular, simbólica y políticamente, una nueva definición de qué es ser persona" 4.

2.1. El "género", un término sin significado propio

Cuando se intenta comprender el sentido del término "género" utilizado por el feminismo, resulta inútil buscar detrás de él concepto alguno, es decir, una noción que refleje esencias fijas o permanentes. Por el contrario, la "perspectiva de género" sólo hace referencia a un conjunto de relaciones y roles entre los varones y las mujeres en un "sistema" social. Esas relaciones o roles carecen de una permanencia que permita entenderlos como vinculados al sexo biológico o a la naturaleza de la persona. Por el contrario, la noción de género es puramente dinámica y mudable.

2.2. Orígenes filosóficos de la noción de "género"

La noción tuvo origen en una combinación de ideas marxistas con las estructuralistas de Claude Lévi-Strauss, Jacques Lacan y Michel Foucault, que cobraron auge hacia los años sesenta 5.

a) Los fundamentos marxistas:

El marxismo sostiene que la cultura constituye una superestructura destinada a consolidar el dominio de la clase opresora sobre la oprimida. Ella se presenta entonces como algo cambiante y subordinado al interés económico de la clase dominante.

Para Engels, la opresión de la mujer constituye la expresión por excelencia de la lucha de clases en su forma originaria, y aquélla se produce como consecuencia de la sumisión de la mujer a la maternidad reiterada y de su marginación social.

El feminismo radical propicia que la mujer realice la revolución que destruya las estructuras sociales que la someten, reapropiándose de su cuerpo y recuperando el control de su fecundidad mediante el empleo de las actuales técnicas biomédicas.

b) Los fundamentos estructuralistas:

El estructuralismo comparte principios comunes con otras teorías de tendencia relativista, evolucionista y freudiana, que intentan explicar la realidad en su conjunto como la afloración de un inconsciente "significante". Ese flujo -que es concebido como independiente de la realidad y de todo sujeto pensante-, habría ido engendrando estructuras de materia inerte o viva regidas por leyes científicas y, a cierta altura, construido también códigos culturales, igualmente sujetos a leyes de rigor científico. El hombre queda así entendido como una cosa más y su conducta se considera regida por las mismas determinaciones que ellas.

El estructuralismo pretendió dotar a las ciencias humanísticas de un método riguroso, igual al de las demás ciencias, que les permitiera elaborar teorías científicas verificables, exigencia ésta reclamada en el ambiente cultural moderno dominado por el cientificismo positivista. La mentalidad materialista influida por el pensamiento freudiano sentó así las bases para considerar a todas las manifestaciones de la vida cultural como expresiones de una estructura inconsciente, perreflexiva y colectiva, determinable según rigurosas leyes científicas. De esa manera, el pensamiento ya no es visto en relación a un pensador individual, sino en relación al colectivo superior de todos los individuos, que pasan a ser nada más que momentos efímeros del continuo representado por el sistema.

El método estructuralista tiende a transformarse en una explicación total de la realidad y a suministrar reglas universales, comunes a la cultura y a la naturaleza, que rigen el comportamiento del hombre en la misma forma que las leyes de la física rigen la materia inanimada.

Para Foucault, el discurso cultural es un "sistema significante" semejante al expresado en el lenguaje, en el cual los fonemas carecen de un significado propio ya que el que poseen les es dado por el sistema del que forman parte. El lenguaje es manifestación de un inconsciente impensado, vacío de contenidos reales y portador sólo de formas de decir que condicionan la vida mental.

La concepción estructuralista ha influido poderosamente en la ideología de género. Su premisa de que el sujeto no constituye más que una de las tantas posibilidades de la cadena significante inconsciente, lleva forzosamente a concluir que la masculinidad y la feminidad no son nada más que dos entre otros muchos significados posibles.

El estructuralismo se presenta como una verdadera parodia de la auténtica religión, pues presupone la actividad de una estructura psíquica y anímica del inconsciente, cuyo proceso evolutivo y dialéctico produce una constelación de estructuras de materia inanimada, biológicas y culturales en permanente cambio. Ese proceso se produciría merced a la perpetua necesidad de cada elemento de adecuarse a los cambios permanentes del sistema, que son a su vez efecto de los cambios de todos y cada uno de los elementos que lo integran.

Como las leyes naturales y culturales -como estructuras que son-, revisten también el carácter de elementos de ese sistema, se hallan comprendidas en el proceso de cambio dialéctico. Gaston Bachellard y Jacques Foucault consideran que la cultura está sostenida por una estructura mental o "episteme" determinada -que posibilita pero a la vez condiciona el conocimiento-, llamada a ser contradicha y reemplazada por otra "episteme" que, a su vez, también posibilitará y condicionará el conocimiento. Según ellos, esa contradicción se produciría al plantearse fenómenos que no encuadran satisfactoriamente en la "episteme" y que, al multiplicarse, demuestran la insuficiencia de ésta para explicar la realidad en su conjunto, lo que obliga a adoptar otro paradigma más apropiado para ello.

2.3. Género y Sexo

Esa integración de estructuralismo y marxismo concluye que la cultura y el sentido del discurso en cada época varían según las relaciones de producción y de poder vigentes. De allí su afirmación de que la heterosexualidad y la maternidad no son más que constructos sociales, esto es, estereotipos o modelos convencionales de conducta generados por la sociedad patriarcal.

La perspectiva de género que desea imponer la dictadura del lenguaje excluye la noción de sexo y distingue las diferencias sexuales inscriptas en la biología de los roles atribuidos por la sociedad. Cuestiona al "patriarcalismo sexista" por construir los roles masculino y femenino a partir del sexo biológico, estableciendo estereotipos de masculinidad, feminidad y familia que, desde una perspectiva de género, carecen de sentido.

La concepción de género, en cambio, admite tantos roles como el imaginario social lo determine, abriéndose a un continuo que cubre todas las gamas posibles de vida sexual, sin que las características genitales biológicas puedan presentarse como un obstáculo para ello.

La dirigente feminista Marta Lamas afirma que "la biología muestra que, aparentemente, los seres humanos se distinguen en dos sexos; sin embargo, son más las combinaciones que resultan de las cinco áreas fisiológicas de las cuales depende lo que, en términos generales y muy simples, se ha dado en llamar el "sexo biológico" de una persona: genes, hormonas, gónadas, órganos reproductivos internos y órganos reproductivos externos (genitales). Estas áreas controlan cinco tipos de procesos biológicos en un continuum, y no en una dicotomía de unidades, cuyos extremos son lo masculino y lo femenino. Por eso, para entender la realidad biológica de la sexualidad es necesario introducir la idea de intersexos. Dentro del continuum podemos encontrar una sorprendente variedad de posibilidades combinatorias de caracteres, cuyo punto medio es el hermafroditismo. 6

La feminista Judith Butler se pregunta incluso si la "naturalidad se constituye a través de actos culturales que producen reacciones en el cuerpo". 7

El proyecto de reformulación de los derechos humanos expresa al respecto que: "Todas las personas tienen derecho a su propia orientación sexual, lo que incluye la decisión de tomar o no un compañero emocional y/o sexual que pertenezca al mismo o diferente sexo". 8

2.4. Las implicancias totalitarias de esta mentalidad

Desde la perspectiva estructuralista el sujeto proviene de y se disuelve en las estructuras que se elaboran por procesos psíquicos desde el inconsciente, que se resuelven en mecanismos físicos, biológicos o cerebrales que reflejan combinaciones físico-químicas. De esa forma se consuma la resolución del hombre entero en la materia inerte; el espíritu pasa a ser una cosa más entre otras cosas, totalmente equiparable al mundo inorgánico y sujeto a las leyes deterministas que hacen de la libertad algo absurdo.

El hombre sólo es en la medida en que recibe un significado, lo que implica consagrar la primacía del sistema y subordinar la persona a la cultura totalitaria del que asigna los significados al lenguaje.

Pero, si el hombre carece de naturaleza propia y permanente, resulta también imposible considerarlo titular de derechos que le sean inherentes. El resultado será que este nuevo hombre ya no tendrá más derechos que los que determine la dictadura del lenguaje, la cual, mediante la reelaboración constante del concepto de género y de otros términos, asignará a los seres humanos los roles que deban cumplir en la sociedad de cada época. Y la élite dictatorial estará formada por quienes creen disponer del conocimiento científico que les permite entender las leyes y el sentido de la historia y los determinismos que la gobiernan.

Como para la perspectiva de género la comunidad internacional también constituye una estructura moldeada por el inconsciente colectivo, las leyes que expresen las regularidades científicas que la gobiernan deben condensarse en un "consenso". Pero, como para la visión "holística" de ciertos burócratas de la ONU ese consenso reside ya en el inconsciente colectivo de la humanidad genérica, no hace falta esperar que se forme a partir de un lento proceso de intercambio libre de opiniones, pues puede ser "ayudado" a nacer gracias a la labor mayéutica de ciertos iluminados que conocen de antemano las conveniencias de esa humanidad genérica y perciben sagazmente cuáles han de ser las fases de su evolución futura.

Pese a todo, quienes controlan ese proceso procuran hacer creer que ese consenso es formado por la libre concurrencia de opiniones, pues esa fachada democrática les resulta muy conveniente para encubrir las manipulaciones a que es sometida la voluntad de los países más débiles de la comunidad internacional. Ello llevó al Papa Juan Pablo II a declarar en su encíclica Evangelium Vitae que: "...en los mismos regímenes participativos la regulación de los intereses se produce con frecuencia en beneficio de los más fuertes, que tienen mayor capacidad para maniobrar no sólo las palancas del poder, sino incluso la formación del consenso. En una situación así, la democracia se convierte en una palabra vacía" (cfr. nº 70, in fine).

Algunas de las agencias de la ONU constituyen precisamente el crisol donde ese "consenso" -la ley del Nuevo Orden Mundial- es preparado pacientemente por la alquimia burocrática que armoniza los intereses de los grupos del poder económico o político internacional con los de las organizaciones feministas, ecologistas, homosexuales y seudo-indigenistas que subsisten financiadas por ellos.

3. La conferencia sobre población y desarrollo de El Cairo

La ONU realizó entre los años 1992 y 1996 una serie de conferencias internacionales que comenzó con la ECO 92 de Río de Janeiro y siguió con las de Derechos Humanos, de Viena, en 1993; de Población, de El Cairo, en 1994; la Cumbre Social de Copenhague, y la de la Mujer de Beijing, en 1995, y terminó con la de Hábitat, en Estambul, en 1996.

Todas estas conferencias internacionales estuvieron asignadas por un elemento común: el intento de llevar a la práctica un proyecto tendiente a reducir la fecundidad humana en el Tercer Mundo.

Este proyecto, que reconoce un fundamento geopolítico y se origina en una preocupación de las potencias desarrolladas relacionada con la escasez de recursos naturales, tiene como instrumento fundamental la difusión de prácticas de control de natalidad, la incorporación masiva de la mujer a la fuerza laboral, la desjarerquización de la maternidad y la desintegración de la familia tradicional.

3.1. Población vs. desarrollo

La Conferencia de Población y Desarrollo de El Cairo fue precedida por las de Bucarest y México sobre el mismo tema. Si bien la temática a tratar comprendía tanto la población como el desarrollo, desde Bucarest se advirtió que los países desarrollados pugnarían por convertir a la superpoblación en el tema central de las deliberaciones y que los países del Tercer Mundo defenderían arduamente el derecho al desarrollo. En Bucarest se produjo un duro enfrentamiento entre ambos sectores y la Argentina lideró a los países en desarrollo; pero al llegarse a El Cairo, las fuerzas de éstos últimos se encontraban debilitadas por efecto de las presiones y compromisos políticos y económicos, y la batalla que allí se libró fue más desigual.

El contenido del proyecto del Plan de Acción a consensuar en El Cairo denotaba la influencia de la mentalidad partidaria del control demográfico, pues afirmaba que la pobreza y la polución del medio ambiente son resultado del crecimiento de la población (cfr. parágr. 1.2.) y dedicaba muy poca importancia al tema del desarrollo y en cambio mucha a los programas de anticoncepción.

La delegación argentina fue presidida por el Secretario de Población, Prof. Aldo Carreras, quien cumplió con gran habilidad y decisión las directivas de defender la vida y la familia impartidas por el presidente Menem.

3.2. La salud y los derechos reproductivos

La salud reproductiva fue la primera prioridad de la conferencia en la medida en que el nuevo paradigma de la salud de la OMS exige que ella sea concebida en función de la humanidad. Por eso, el concepto de salud reproductiva apuntaba a que las personas fueran capaces de llevar una vida sexual responsable, plena, satisfactoria y segura y a que su capacidad de reproducirse pudiera ejercitarse decidiendo tanto el momento como los medios para regularla. Pero esa responsabilidad individual y colectiva era concebida como una responsabilidad frente al cuerpo social en su conjunto y no frente al cónyuge o a los hijos, lo que evidenciaba la relación de la salud reproductiva con el tema demográfico y el enfoque estructuralista predominante.

El control de población mediante la regulación de la fecundidad se presentó enmascarado detrás de supuestos derechos reproductivos. Como se desconocía el sentido del término regulación de la fecundidad, debió consultarse al delegado de la Organización Mundial de la Salud, y el mismo aclaró que, en la jerga de la OMS, aquél comprendía el aborto.

3.3. El aborto

No bien comenzó la Conferencia quedó planteado el tema del aborto al tratarse el parágrafo 8.25. El documento contenía dos variantes de ese párrafo: la primera recomendaba a los gobiernos revisar las leyes y políticas sobre el aborto a fin de que concediesen a las mujeres un "acceso fácil a servicios... que les permitan terminar el embarazo en los casos en que está permitido por la ley...".

La segunda variante proponía reducir y eliminar "la necesidad del aborto" y, además, disponía que "en los casos en que el aborto es legal... ese aborto debe ser seguro". Hacia la mitad del texto establecía que "en ningún caso se debe promover el aborto como un método de planificación de la familia". Fue sobre esta versión que se trabajó pues, salvo la referencia al "aborto seguro", resultaba más aceptable.

La objeción de la Santa Sede se cifró en que lo expresado por el párrafo acerca de que "en los casos en que el aborto es legal... ese aborto debe ser seguro" implicaba reconocer carácter de "seguro" a un crimen.

3.4. "Otras uniones"

Otro párrafo que suscitó una encendida discusión fue el 5.5. del capítulo sobre la familia, que aludía a "otras uniones", obvia referencia a las parejas de homosexuales que finalmente se excluyó del párrafo.

3.5. Respeto a valores religiosos, éticos y culturales

En la Comisión de Trabajo que trató la Declaración de Principios se estableció que la aplicación de las recomendaciones sobre población contenidas en el documento debían respetar los valores religiosos, éticos y culturales.

Al final de la Conferencia la delegación argentina efectuó reservas señalando que la vida existe desde el momento de la concepción; que familia es la unión entre varón y mujer de la cual se derivan los hijos, y rechazando el concepto de "salud reproductiva" por incluir el aborto.

 

4. La conferencia sobre la mujer de Beijing en 1995

Esta conferencia fue presidida por la Sra. Gertrude Mongella y la jefatura de la delegación argentina desempeñada en forma conjunta por la Secretaria de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores, embajadora Zelmira Mireya Regazzoli, y el embajador argentino en Beijing, Dr. Raúl Estrada Oyuela, quienes no satisficieron nuestras expectativas. Pese a todo, unas 15 personas de nuestra delegación defendieron coordinadamente la posición anunciada por el presidente Menem al comenzar la Conferencia.

Del total del Programa de Acción -que comprendía una Declaración preliminar de 38 parágrafos y una Plataforma de Acción de 345 parágrafos-, al llegar a Beijing un 30% se mantenía entre corchetes.

Durante la conferencia funcionaron, además del plenario y los dos comités principales, más de 30 grupos de trabajo o informales.

Las cuestiones más debatidas fueron: las de la "participación de los padres en la educación de los hijos", "religión y familia", "derechos sexuales de la mujer", "orientación sexual", "derechos humanos de la mujer" y "despenalización del aborto".

4.1 Los bloques de países

Los países se alinearon en bloques similares a los de El Cairo:

a) Uno fue el de la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, países caribeños, Africa no musulmana y otros alineados con esa posición.

b) La Santa Sede, Malta, Ecuador, Guatemala, Sudán, Libia, la Argentina, Filipinas, Paraguay, Eslovaquia y unos 30 países islámicos integraron otro bloque.

c) Un tercer bloque se integró con países neutrales de escasa participación en la Conferencia.

4.2. Rasgos generales

La tendencia manifiesta del documento de Beijing fue exaltar y anteponer los derechos específicos de la mujer (por ejemplo: los derechos "sexuales" y "reproductivos") a los derechos humanos genéricos y universales (por ejemplo: el derecho a la vida). Ello implicó una grave amenaza para los propios derechos de la mujer, pues éstos constituyen una modalidad que tiende a explicitar y afirmar los derechos humanos universales, sin los cuales aquéllos no se conciben.

Esa tendencia a subordinar los derechos universales fue congruente con lo expresado por Boutros Ghali en la Conferencia sobre Derechos Humanos de Viena (1993), acerca de que los derechos humanos "...tienen a la vez por objeto expresar mandatos inmutables y de anunciar un momento de la conciencia histórica. Ellos son, por consiguiente, simultáneamente absolutos y "situados"; como también que "...los derechos civiles y políticos, por una parte, y los derechos económicos, sociales y culturales, por la otra, se encuentran en un mismo plano de importancia y dignidad".

4.3 Familia y Religión

El texto definitivo del parágrafo 12 de la Declaración expresó que el derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión es inalienable y la religión y creencias pueden contribuir a satisfacer necesidades morales y éticas y a realizar el potencial de cada uno.

Al discutirse el parágrafo 30 (actual 29), que aludía a "la familia como unidad básica de la sociedad", se consensuó finalmente que "la mujer juega un rol crítico en la familia" y que "varias formas de familia existen en los diferentes sistemas culturales, políticos y sociales".

La Unión Europea y sus socios se opusieron tenazmente a que en el documento se hiciera referencia a la palabra "familia" en singular; estableciéndose finalmente que... "en los diferentes sistemas culturales, políticos y sociales existen varias formas de familia". Insistió también ese bloque con pertinacia en la insólita pretensión de excluir del documento toda alusión a la palabra "madre", objetivo que no logró.

4.4. Discriminación y "orientación sexual"

Los proyectos de los parágrafos 48 (actual 46) y 226 (actual 225) expresaban que "muchas mujeres encuentran barreras basadas en la raza, edad, lenguaje, la cultura... (o la orientación sexual)". Esta parte entre corchetes originó una larga polémica, pues la Unión Europea alegaba que la "orientación sexual" (homosexualidad) era fuente de discriminaciones y "una de las barreras que enfrentan las mujeres para el pleno disfrute de sus derechos humanos". Hacia el final de la conferencia, teniendo en cuenta la fuerte oposición de varias delegaciones, la presidente decidió excluir esa referencia del texto de la Plataforma de Acción.

4.5. Los "derechos sexuales de la mujer"

La Sección "C" (Salud) del documento contenía una cuarta parte de los textos que estaban entre corchetes. Su análisis ocasionó largas polémicas relacionadas principalmente con el párrafo 97 (actual 96) sobre los "derechos sexuales". Este establecía que "[Los derechos sexuales incluyen los derechos individuales a tener control y decidir libremente en materias relacionadas con ellos o con la sexualidad, libres de coerción, discriminación y violencia...]". La Unión Europea defendió tenazmente el reconocimiento de ese párrafo y, cuando advirtió que su esfuerzo resultaba inútil, intentó trasladarlo al capítulo de derechos humanos para incluir a los derechos sexuales como "nuevos" derechos humanos. La incorporación de esos nuevos derechos apuntaba también al reconocimiento de "nuevos sujetos" de derecho, es decir, un nuevo status jurídico para los homosexuales, en este caso, las lesbianas.

Cuando se trató este tema, la delegación argentina sostuvo que la Conferencia de Beijing carecía de mandato para reconocer nuevos derechos o nuevos sujetos de derecho; pero el más duro traspié de los defensores de los "derechos sexuales" tuvo lugar cuando se le pidió a la Unión Europea una definición de ellos y no pudo brindarla. Luego de muchas discusiones y hacia el final de la Conferencia la referencia a los "derechos sexuales" fue eliminada.

4.6. La despenalización del aborto ilegal

Al discutirse la recomendación contenida en el párrafo 107-k de "revisar las leyes que contengan medidas punitivas contra la mujer que ha recurrido al aborto ilegal", Malta propuso reemplazarlo por el párrafo 8.25 de El Cairo, que establece que el aborto no puede ser promovido como un método de planificación familiar, pero no se llegó a un acuerdo al respecto. El embajador Estrada Oyuela obstaculizó a los miembros de nuestra delegación su cuestionamiento y luego, al definirse el tema, no formuló reparos al mismo.

4.7. El feticidio

Pese a que las instrucciones de la Cancillería establecían que el castigo del "feticidio femenino" debía mantenerse en el documento, los jefes de nuestra delegación no hicieron ningún intento por conseguirlo.

4.8. Derechos de los padres y privacidad de las niñas

Otro tema que provocó un largo debate fue la contraposición que planteaba el documento entre los "derechos y deberes de los padres" y el "derecho a la privacidad de las niñas en materia de información y servicios de salud sexual" que bregaba por la autonomía de las niñas para acceder a la información sexual y a los servicios de salud sexual (contracepción). La Unión Europea presentó la ingerencia de los padres (parental control) como una violación del derecho a la privacidad de las niñas. Finalmente, como resultado de un acuerdo, se mantuvo la ingerencia de los padres en la mitad de los párrafos y se excluyó en los restantes.

4.9. Las reservas

Los jefes de la delegación argentina, embajadores Regazzoli y Estrada Oyuela se mostraron reacios a efectuar reservas. Las consecuencias hubieran sido graves, pues habría caído la posición del país en las conferencias regionales y en El Cairo. No obstante, fue posible hacer llegar al presidente Menem el texto de las reservas que debían efectuarse y éste ordenó a la Cancillería que fueran enviadas a la Embajada argentina en Beijing.

4.10. Conclusiones

Si se tiene en cuenta que la política demográfica de los países del Primer Mundo apunta a deprimir la tasa de fecundidad del Tercer Mundo y que, para lograrlo, resulta indispensable disociar la idea de sexo de la de reproducción, puede afirmarse que las conferencias de El Cairo y Beijing fueron complementarias pues, mientras la primera estuvo dirigida a ampliar y fortalecer los "derechos reproductivos", redefiniendo la salud sexual y reproductiva con el propósito de reducir la fertilidad humana, la de Beijing estuvo orientada a banalizar el sexo y a consagrar, sin lograrlo, los nuevos derechos sexuales.

5. El Estatuto de la Ciudad de Buenos Aires

Como todos sabemos, a raíz del nuevo status acordado en 1994 por la Constitución Nacional a la Ciudad de Buenos Aires, ésta se dio en 1996 un Estatuto, es decir, un instrumento jurídico donde se establecen los derechos individuales y colectivos (evito el término "reconocen") y se organiza el funcionamiento de los poderes públicos.

Puede considerarse a los estatuyentes que confeccionaron esta Carta suprema de la Ciudad como verdaderos pioneros, pues la dotaron de las últimas novedades en materia de derechos superando incluso los contenidos finales de los Programas de Acción de El Cairo y Beijing.

5.1. Diferentes pero iguales

Al establecer en su artículo 11 los derechos y garantías de las personas, luego de manifestar que todas ellas son iguales ante la ley, el Estatuto se ocupa de reconocer y garantizar como cuestión primerísima el "derecho a ser diferente", proscribiendo toda discriminación por razón de "...género u orientación sexual".

 

5.2. El "género"

En el anteúltimo párrafo de su artículo 24, el Estatuto adscribe a la Ciudad de Buenos Aires al estructuralismo, al expresar que ella "contempla la perspectiva de género".

En el artículo 38, el documento reitera ese criterio, declarando que la "Ciudad incorpora la perspectiva de género en el diseño y ejecución de sus políticas públicas..."; y agrega en el párrafo siguiente que aquélla "estimula la modificación de los patrones socioculturales estereotipados con el objeto de eliminar prácticas basadas en el prejuicio de superioridad de cualquiera de los géneros;...".

Debemos admitir que, al igual que el Programa de Acción de Beijing, el Estatuto de la Ciudad de Buenos Aires nos ha dejado en ayunas acerca de lo que se entiende por "género", concepto del cual no trae definición, ni jurídica ni de otro "género".

 

5.3. Los derechos reproductivos y sexuales

También han tenido acogida en el Estatuto, no sólo los derechos reproductivos introducidos por el Programa de Acción de El Cairo, sino también los derechos sexuales rechazados por las delegaciones que concurrieron a Beijing.

Los derechos reproductivos son consagrados por los artículos 21, inc. 4 y 37 del Estatuto, el segundo de los cuales también consagra los derechos sexuales, acordándoles el rango nada despreciable de "derechos humanos básicos", lo que autoriza a calificar a los estatuyentes de la Ciudad de Buenos Aires como precursores de la reformulación de los derechos universales del hombre desde una perspectiva de género.

 

Notas:

1) Población y derechos reproductivos. Perspectivas feministas desde el Sur. Mujeres por un desarrollo alternativo (MUDAR), agosto de 1994.

2) Lubertino, María José: "Una constitución para todos y todas".

3) Lamas, Marta: "Cuerpo: diferencia sexual y género", México.

4) Lamas, Marta: op. cit.

5) Lamas, Marta: op. cit.

6) Lamas, Marta: op. cit.

7) Butler, Judith: Variation of sex and gender.

8) Propuesta para una declaración de los derechos humanos desde una perspectiva de género, del Comité Latinoamericano para los Derechos de la Mujer (CLADEM).

Dr. Luis Alfredo Vedoya

Abogado (UBA). Autor y Coautor de numerosos artículos periodísticos y libros. Socio Fundador del Instituto de Ciencias Políticas del Fondo de Ayuda a la Educación. Presidente de Construir para la Vida y la Dignidad Humana. Ex coordinador para los países del Cono Sur del Consejo Latinoamericano por la Vida y la Familia, y ex miembro del Consejo Asesor del Banco Nacional de Datos Genéticos. Integró las delegaciones argentinas en las Conferencias de las Naciones Unidas sobre "Población y Desarrollo" de El Cairo, Egipto, en 1994; "La Mujer" de Beijing China, en 1995, y "Hábitat" de Estambul, Turquía, en 1996. Hasta Enero de 1997, Director de Asuntos Económicos en la Procuración del Tesoro de la Nación.

 

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