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Origen y mecanismos del complejo homosexual - G. J.M. van den Aardweg

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            Algunas personas desarrollan un complejo de menosprecio, incomprensión; otras de ser un fracasado, incompetente, no querido, etc. La autoimagen de inferioridad "yo soy sólo..." va acompañada, invariable y estrictamente, de la autocompasión, del sentimiento de "¡pobre de mí!". Esto es típico del complejo homosexual, que se refiere al sentimiento de inferioridad en su identidad sexual. ¿Por qué algunas personas desarrollan un complejo homosexual en su juventud y otras un complejo de inferioridad no referido al sexo?

ORIGENES EN EL HOMBRE

            Un chico puede llegar a sentirse menos masculino, menos viril, cuando ha sido educado de una forma sobreprotectora y de ansiedad por una madre entrometida, cuando su padre ha prestado poca importancia a su educación1. En la mayoría de los casos, es la combinación de estos estilos paternales y maternales de formación la que predispone al desarrollo del complejo homosexual. Antes de continuar, debemos estudiar la cuestión de la culpabilidad2. Podríamos acusar a los padres, y a sus defectos de carácter, de ser los responsables; pero no es este el caso. En primer lugar, nuestra tarea es de tipo psicológica y no moral, lo que significa que tan sólo indicamos determinadas relaciones entre padres e hijos, o entre el comportamiento de los padres y el de sus hijos. En segundo lugar, los defectos y debilidades de la personalidad observados en ciertos padres de personas tendentes a la homosexualidad no les pueden ser imputados simplemente como culpa.

Estos padres actúan a menudo a partir de modelos de los que apenas son conscientes, y no ven claramente cómo sus modos de tratar a los hijos pueden afectarles. Además, ellos mismos son en parte producto de su propia infancia. Yo no juzgo su libre voluntad y, por tanto, su responsabilidad moral. Hay cierto grado de culpa, puesto que nadie puede ser completamente "programado" por su educación y las circunstancias en que ha vivido en su juventud. El alcance de la culpa paterna no puede ser evaluada, sin embargo, más allá de la culpa de cualquier padre que comete errores en la educación de sus hijos.

La naturaleza de nuestros defectos como padres puede diferir, pero todos tenemos hábitos egocéntricos y otras debilidades, seamos conscientes o no de ellos. Los padres de personas con tendencias homosexuales pueden tener su parte de culpa, pero en la mayoría de los casos no más que la del resto de padres.

            Las personas con tendencias neuróticas quejumbrosas mantienen a veces una actitud de reproche a la educación resida de sus padres. Debemos darnos cuenta de que esto es otro tipo de   queja. Además, estas quejas prolongadas acerca de los padres -en la que el hijo se ve a sí mismo como una víctima- están siempre basadas en una visión no realista de los padres. La perspectiva del niño que se lamenta de los padres es por definición una visión infantil, condicionada por sentimientos egocéntricos. Es necesario corregir esto para que la persona madure, pero los homosexuales neuróticos continuarán igualmente quejándose de las actitudes equivocadas de sus padres. De esta manera aumentan los vínculos infantiles no resueltos (apego o aversión), con sus madres o con sus padres.

            Para los cristianos, hay una razón adicional para desistir de una lamentación persistente acerca de las equivocaciones de sus padres, entienden que es necesario el perdón. Algunos casos de pacientes con tendencias homosexuales muestran claramente que el progreso terapéutico puede bloquearse debido a la incapacidad o a la poca disposición para perdonar a un padre.

            Otro efecto de la queja infantil hacia los padres es que impide asumir las propias responsabilidades. En otras palabras, el "niño quejumbroso" que hay en el neurótico no acepta ningún tipo de responsabilidad de su comportamiento e inclinaciones.

            Así, hemos llegado a la culpabilidad del homosexual neurótico. ¿Es el responsable de su situación? o ¿es una víctima de su enfermedad, un enfermo? Nuestra respuesta debe evitar ambos extremos. El ho9mosexual neurótico es como cualquier otro neurótico, y como cualquier ser humano; no es completamente inocente. Todas las debilidades y hábitos emocionales del hombre medio, categoría a la que pertenecen los que tienen tendencias homosexuales, han sido formadas, en parte, gracias a que las hemos consentido. Esto es aplicable igualmente a la autocompasión, autoconmiseración, hábitos de autoafirmación infantil, al reclamo de atención, etc. Existe cierto grado de culpa si una persona de tendencia homosexual se entrega demasiado fácilmente a sus impulsos, masturbándose o buscando contactos, e incluso mucho más si justifica su actitud y la recomienda. Esto es todo lo que podemos decir sobre el tema. Es incuestionable que hay algo automático en un complejo neurótico, por lo que una persona no puede ser, al menos plenamente, responsable. Esto es cierto para cualquier deficiencia de carácter o personalidad (no tenemos en cuenta aquí a personas que son realmente enfermos mentales, como los esquizofrénicos).

RELACIONES CON LOS PADRES

            En el 60-70% de los casos, la madre, de una forma u otra, ha sido demasiado interesada: sobreprotectora, dominante, entrometida, mimosa, intrigante o proclive a viciar. Ha tratado a su hijo como un bebé, o como su favorito, su confidente. Estas influencias han hecho el chico dependiente y débil, han sofocado su espíritu emprendedor, su coraje y su autoconfianza. Este tipo de madres transmite su actitud temerosa de la vida hacia sus hijos; una madre que quiere decidirlo todo por su hijo anula su voluntad y su iniciativa. Los chicos criados así difieren bastante de la vitalidad infantil normal; son demasiado obedientes o inhibidos.

            Puede ocurrir también que un hijo esté demasiado apegado a su madre por culpa de un afecto sin moderación -esencialmente egocéntrico- o adoración de la madre hacia el chico, el cual se coloca en una situación especial. Él será luego incapaz de salir de la atmósfera de seguridad y de mimo de su madre, y vuelve a ella tan pronto como el mundo exterior no le responde placenteramente. Quien quiera un ejemplo sobre los perniciosos efectos de este amor enfermizo madre-hijo debe leer la vida del novelista francés Marcel Proust: escribía cartas de amor a su madre cuando era adolescente, ¡viviendo ambos en la misma casa!

            En algunos casos, el amor materno es al mismo tiempo algo vehemente. Por ejemplo: la madre amenaza con ataques de la histeria si el hijo no se comporta tal como ella desea. En otros casos, la madre se impone al hijo de un modo más amistoso, pero al fin y al cabo se impone igualmente.

            A pesar de las tentativas de militantes homosexuales y de reformadores sexuales liberales de minimizarlo, es indiscutible que las madres han ocupado un lugar demasiado principal en la niñez de numerosos hombres homófilos. La consecuencia es que el hijo depende demasiado de su madre, y preserva su actitud hacia ella sin modificar ese "niño que se compadece" que lleva dentro. Este "niño" tenderá a transmitir esta actitud hacia otras mujeres. Ha sido el "niño bonito de mamá", el "niño obediente y temeroso", el "chico dependiente" y, en algunos casos, "el chico reprimido y tiranizado". Estos lazos maternos son enfermizos y constituyen un gran obstáculo para que el niño se convierta en un hombre adulto.

            Después de muchas conversaciones con hombres angustiados por sus tendencias homosexuales, el investigador y terapeuta. Bieber afirmó que ninguno de sus pacientes había tenido una relación normal padre-hijo3. En la mayoría de los casos, el padre estaba "alejado", no se involucraba en los intereses y en la vida cotidiana de su hijo. Mi experiencia es la misma. Un análisis más detallado de una serie de factores psicológicos infantiles -llevado a cabo con un subgrupo de 120 de mis pacientes masculinos con este problema- dio como resultado que tan sólo dos o tres casos de relación padre-hijo podían ser considerados positivos. Incluso en aquellos casos la relación con el padre era una relación distante. Uno de los padres era ya anciano cuando su hijo era un chico; y el otro caso, el lazo afectivo entre el padre y el hijo me pareció demasiado frívolo. Podemos afirmar entonces que rara vez la relación padre-hijo es positiva: el hombre que desarrolla un complejo de inferioridad homosexual no ha tenido la oportunidad de conocer a su padre como un auténtico padre.

            Esta deficiente relación con el padre puede haber tenido varias causas. Un padre psicológicamente alejado puede prestar poca atención a su hijo porque éste sea uno de los más jóvenes entre los hermanos (en una familia numerosa). El interés paterno se concentra en los hijos mayores. En algunos casos, el padre consideraba al hijo como una obligación de la esposa (la existencia de un lazo exclusivo madre-hijo pudo condicionar esta actitud del padre).

            Un buen ejemplo de una situación similar fue la del novelista holandés Louis Couperus, que vivió a principios de este siglo. Desarrolló un complejo de inferioridad porque creía "ser un inepto". Esta autoimagen se originó porque se sentía dolido por la falta de aprecio de su padre. El padre había abandonado a su hijo pequeño, Louis, al cuidado de la madre y de sus hermanas mayores; no lo aceptó en su propio mundo, que  compartió con los hermanos mayores4.

            Algunos padres están demasiado ocupados para dedicar tiempo a su familia y, en particular, a uno de sus hijos. Otro grupo de padres forman las clásicas "personalidades débiles", poco masculinas, demasiado dependientes, temerosas y que, a veces, se apoyen demasiado en su esposa. Son flojos como modelos de virilidad, con lo que sus hijos tienen un patrón deficiente con el que identificarse. A padres relativamente ancianos les falta el dinamismo juvenil necesario para el desarrollo de sus hijos: no juegan con ellos ni les animan a desarrollar actividades masculinas. El resultado es que el comportamiento de los hijos se ve afectado, pareciéndose a un "pequeño viejecito".

            En cerca de una cuarta parte de mis casos y de la de otros investigadores, el hijo experimenta la figura del padre como algo inequívocamente negativo. Su padre le critica, no le da su aprobación, así que el hijo se siente rechazado por el hombre más importante de su mundo. El chico también se siente menos apreciado si el padre le compara continuamente con sus hermanos y hermanas. En cierto porcentaje de casos -probablemente alrededor de un 20%- experimentar el rechazo del padre parece ser el factor crucial del trauma psíquico, haciendo que el chico se sienta excluido del mundo masculino.

            Para un chico, su padre es el prototipo de hombre. Sentirse apreciado por el padre es esencial para su autoconfianza como hombre. Lo mismo sirve esta conducta para la chica en relación con su madre.

OTRAS INFLUENCIAS

            Por término medio, creo que pesa más el factor del padre que el de la madre. Sin embargo, hay mayor riesgo de desarrollo homosexual si está presente la influencia de ambos factores. Como norma, la homosexualidad masculina resulta de la combinación de defectos de ambos padres.

            A propósito de esto, debo apuntar que en la mayor parte de mismos casos existían graves problemas entre los padres de mis pacientes: a veces, la madre era evidentemente la personalidad más fuerte o dominante, obligando al padre a retirarse a un segundo plano; otras veces, la madre sufría a causa de la negligencia del padre, y esta insatisfacción le hacía apegarse a uno de sus hijos. En general, una mujer tiene la tendencia natural a hacer de un hombre de su entorno "su hombre"; si no tiene un lazo emocional con su marido, lo buscará con un hijo.

            Además, están también todo tipo de tensiones matrimoniales. Tienen su origen en diferentes hábitos egocéntricos y en los modos de actuar y reaccionar infantiles que todos llevamos con nosotros en el matrimonio. La incidencia de relaciones matrimoniales satisfactorias es, sin embargo, estadísticamente más baja entre padres de personas con tendencias homosexuales que entre padres de personas que no han desarrollado este complejo. Esto nos ayuda a entender una vez más que la homosexualidad no es un fenómeno individual limitado a quien es afecto, sino también un síntoma de desequilibrio familiar y, no raramente, de discordia entre los padres.

            Al contrario, las personalidades de los padres, sus relaciones mutuas y con los hijos, y sus modos de educarlos no son los únicos factores que predisponen a la homosexualidad. Dentro del ámbito familiar, factores como los siguientes pueden contribuir al desarrollo del complejo homosexual: número que ocupa el hijo entre los hermanos, proporción de chicos respecto a chicas, rivalidad o bromas entre hermanos,... De acuerdo con algunos estudios, los hombres con inclinaciones homosexuales -en mucha mayor medida que los heterosexuales-, son los hijos más jóvenes de familias numerosas. Esto sugiere la existencia de una madre sobreprotectora y quizá un padre de edad avanzada y más distante. Algunos hombres con este complejo provienen de familias en las que predominan los chicos, situación que hace que la madre tienda a tratar a uno de sus hijos como si fuera una hija. Un chico puede también desarrollar el complejo si se ve a sí mismo como el más débil o el menos viril de los hermanos (resultado de compararse con ellos, o bien porque le gastan bromas o le ridiculizan). El factor "burla" ha sido extremadamente importante en un buen número de personas que he estudiado con este complejo. La comparación con un hermano en particular, que es visto como más fuerte, parece ser en otros casos el factor que desencadena el complejo.

            Finalmente, debo apuntar la influencia de otros factores que predisponen, tales como la auto-percepción de ser feo y débil físicamente. Un chico puede sufrir durante cierto tiempo a causa de ser flojo, enfermizo, asmático, demasiado bajo de estatura, demasiado flaco o demasiado gordo. Estas autoimágenes son asimiladas como variantes de ser poco fuerte y poco atractivo como varón.

            El resultado de lo dicho acerca de los padres y de otros factores puede ser una falta de masculinidad en el comportamiento e intereses y, más específicamente, una carencia de atrevimiento y autoconfianza en las actividades juveniles, como el pelear. El chico huye de estas actividades diciendo: "no son para mí...". Por ejemplo: los estudios revelan que la mayoría de los hombres con este complejo tuvieron una sincera aversión infantil hacia el fútbol u otros juegos de grupo. Tales juegos son, en mayor o menor medida, la personificación de la actividad de los chicos en nuestra cultura; requieren competir con los demás compañeros de juego y cierto espíritu de lucha, e indican el grado de conexión del individuo con el grupo5.

            El siguiente paso en el desarrollo del complejo homosexual es decisivo. Es la autocompasión del niño con compañeros de su misma edad y sexo. Si un chico, con influencias familiares desfavorables (como las que hemos descrito), cruza con éxito el umbral de las actividades masculinas y entra en el mundo de los chicos -animado por los demás, por ejemplo- se puede afirmar que el peligro de desarrollo homosexual se ha erradicado. A menudo, las cosas no toman este rumbo positivo y, en vez de conquistar por sí mismo una posición entre los otros chicos, el muchacho se desanima y se abandona a sentimientos de insuficiencia y autocompasión. Si tiene la ocasión de hacer un amigo, éste será un marginado como él: se siente solo y apartado. Frecuentemente, este tipo de chicos son objeto de burlas, ridiculizados por su falta de valor, les llaman "maricas" y cosas similares.

            Muchos pasan por un período preadolescente o adolescente de soledad y depresión. Entonces, comienza el tercer paso en el proceso de desarrollo. El chico sueña en ser como los demás y encontrar un amigo en su misma situación. El deseo homoerótico de consuelo y compasión va indisolublemente unido al inicio de la auto-dramatización.

            Estadísticamente, la homosexualidad está generalmente unida a estos factores de "adaptación social", o "factor de igualdad", mucho más que a circunstancias relativas a los padres o a situaciones familiares6. El drama interior de estos hombres es que en su niñez o adolescencia no pudieron realmente sentirse parte de la comunidad de los chicos.

 

ORÍGENES EN LA MUJER

            La situación de la chica que se siente homosexualmente atraída por otras mujeres es, en más de un aspecto, exactamente igual a la del chico. Sin embargo, hay ciertas diferencias, pues los factores causantes en la mujer son a menudo más variados que en el hombre7.

            Muchas mujeres con tendencias lésbicas sintieron durante su infancia una falta de comprensión por parte de su madre. Esta sensación de distanciamiento de la madre tiene muchas variantes. Por ejemplo, tal como lo resume una mujer: "Mi madre hacía cualquier cosa por mí, pero yo apenas podía hablar con ella sobre mis asuntos personales y emocionales". Otras quejas son las siguientes: "Mi madre nunca tenía más contacto con mi hermana que conmigo", "Ella no me dejaba hacer nada y me ha seguido tratando como un niña pequeña", "estaba siempre enferma", "estuvo internada varias veces en una institución mental", "abandonó la familia cuando yo era todavía niña", etc.

            Algunas veces, la chica asume el papel de la madre para el resto de la familia, siendo la hija mayor; o en casos en que la madre no funciona como tal debe hacer de madre y esto hace que se sienta privada del calor de una madre que la comprenda.

            La madre puede haber sido inhibida en sus funciones como mujer, y, por tanto, no sentir su papel femenino en el hogar. Esto inspira en ella una actitud crítica hacia todo lo que vea como papel femenino, y transmite esa actitud a su hija. La hija tiende entonces a rechazar su lado femenino. Algunas lesbianas creen que su madre hubiera preferido un chico, así que estimulan un comportamiento masculino en vez del propio de una chica.

            En la autoconfianza de una chica en cuanto mujer contribuye en primer lugar su madre. Cuando una madre consigue que su hija se sienta apreciada como mujer, la chica se sentirá como en casa en el mundo de las mujeres y entre sus amigas de la misma edad. En mujeres con tendencias homosexuales, a menudo la relación con su madre no fue personal y confidencia; no existía una participación en los intereses femeninos, no hacían juntas actividades propiamente femeninas. Como consecuencia, la chica no se siente valorada como chica (lo que quiere decir: distinta de un chico, pero igualmente apreciada).

            Existen considerables variaciones también en los modelos de relaciones padre-hija. Algunas mujeres con tendencias lésbicas están demasiado apegadas a la figura del padre, "su amigo especial". Algunas veces, dicho apego es más o menos forzado, pues el padre les tiene asignado un papel específico: la relación entonces no es espontánea ni natural. En algunos cosos, el padre hubiera preferido que su hija fuese un chico, un camarada, y así estimula en ella ciertos intereses, papeles y metas masculinos. El padre, por ejemplo, da excesiva importancia a su rendimiento escolar, a sus logros deportivos y a que obtenga un efectivo reconocimiento social. Como consecuencia, la chica no se siente ni comprendida ni aceptada como realmente es.

            En otros casos, el padre ve en su hija una figura maternal de ayuda y consuelo. Tiene una actitud alabadora hacia ella, la coloca en una posición de privilegio. Con este comportamiento, lo que hace es comprar la dedicación de la hija hacia sí mismo. Hay otros padres, con personalidades débiles, que se apoyan demasiado en sus esposas. En todos estos casos, los lazos emocionales con el padre se mantienen fijos en "la entrañable niña del pasado" de toda lesbiana adulta.

            Otras mujeres con este problema no son tanto la "niña de papá", sino más bien la niña no deseada y desaprobada. El padre la critica, y ella siente su desprecio o su falta de interés. Comportamientos o intereses masculinos excesivamente compensatorios son el resultado de esta actitud paternal de no aceptación. En consecuencia, la chica aprende a ver el papel masculino como algo superior e intenta alcanzarlo. De nuevo, la existencia de sentimientos negativos hacia el padre, junto con esfuerzos demasiado compensatorios por adaptarse a su estándar masculino y conseguir así su aprecio, confluyen en el complejo neurótico.

            En conclusión, una relación padre-hija positiva y normal es menos frecuente en las mujeres con tendencias homosexuales que en las que tienen tendencias heterosexuales.

 

OTRAS INFLUENCIAS

            En algunas mujeres, el complejo de fealdad (sentirse menos femenina o atractiva), tiene un importante papel como factor precipitante. En otros casos es la comparación con una hermana, considerada (por la misma chica o por su entorno) la más atractiva por su físico o por otros aspectos. Otras veces, la chica se siente inferior entre sus hermanos -"soy sólo una chica"-, y trata de emularles en su comportamiento. Durante la adolescencia, la atención que el sexo opuesto le preste puede ser su punto sensible: "los chicos me encuentran menos atractiva que a las demás chicas", "no quieren citarse conmigo", etc. Una chica que se sienta menospreciada por los chicos admirará la feminidad de otras chicas. Factores como los descritos anteriormente operan de modo conjunto y se refuerzan mutuamente, tanto en chicos como en chicas.

            Parte de las chicas que han desarrollado un complejo lésbico, de algún modo han tenido un comportamiento menos femenino que las niñas de su edad. Eso provoca en ellas un sentimiento de inseguridad en los femenino, posiblemente compensado por actitudes de descuido, indiferencia, mando o dominación, tratando de superar a los chicos en su masculinidad atreviéndose con todo, comportándose agresiva, grosera y duramente. Desarrollan, posiblemente, una manifiesta aversión a las costumbres, al modo de vestir y a las actividades domésticas femeninas. Sin embargo, esta autoafirmación hombruna compensatoria está marcada por una falta de natural dulzura. Es exagerada y se percibe bajo ella la tensión emocional.

            Esto no quiere decir que todas las mujeres con este complejo tiendan a comportarse "masculinamente", ni que las mujeres que tienden a afirmarse de tal manera tengan necesariamente inclinaciones lésbicas; pero existe una correlación entre ambos rasgos. No obstante, el comportamiento excesivamente masculino en mujeres es casi siempre signo de un complejo de inferioridad.

            El factor principal en el desarrollo de una orientación lésbica es la comparación que la hija hace con chicas de su misma edad o con ciertas mujeres adultas "ideales". Al igual que en el caso de los niños, el factor crucial es subjetivo: la percepción de la chica sobre sí misma. Por esta razón, algunas veces, aunque no a menudo, puede desarrollar tal complejo una chica cuyo comportamiento es objetivamente femenino del todo.

            Durante la adolescencia, la chica quiere tener amigas y ser una de ellas. Su soledad y su sentimiento de separación excitan su deseo de ser como las amigas admiradas o como algunas mujeres ideales. Si la chica se siente sin el afecto y compresión de la madre, puede idealizar a alguien que posea las características de la madre; por ejemplo: una profesora cariñosa o una chica mayor con actitudes maternales. La chica autocompasiva busca la atención exclusiva de su mujer idolatrada: "¡si tan sólo pudiera darme su amor...!"

            "El lamento de muchas lesbianas es que no tuvieron amigas verdaderas en su adolescencia", escriben los psicólogos estadounidenses Gundlach y Riess en su informe sobre 200 mujeres con este complejo, pero adaptadas normalmente8. Lo interior de la "chica quejumbrosa" sigue alimentándose de los mismos sentimientos que tuvieron en su juventud: inferioridad, soledad, autocompasión y un deseo insaciable.

 Notas:

  1. Muchos estudios han confirmado este modelo. Se puede consultar en BIEBER, I et al. Homosexuality: A psychoanalityc Study, Basic Books, Nueva York 1962; EVANS, R.B., Childhood Parental Relationships of Homosexual Men, en "Journal of Consulting and Clinical Psychology", 33 (1969), pp. 129-135; SNORTUM, J.R. et al., Family Dynamics and Homosexuality, en "Psychological Reports" 24 (1969), pp 763-770; THOMSON, N.L. et al., Parent-Child Relationships and Sexual Identity in Male and Female Homosexuals and Heterosexuals, en "Journal of Consulting and Clinical Psychology", 41 (1975), pp. 120-127; STEPHAN, W.G., Parental Relationships and Early Social Experiences of Activist Male Homosexuals and Male Heterosexuals, en "Journal of Abnormal Psychology" 82 (1973), pp 506-513; SIEGELMAN, M., Parental Backgrounds of Male Homosexuals and Heterosexuals, en "Archives of Sexual Behavior", 3 (1974), pp. 3-18; VAN DEN AARDWEG, De factor "klaagziekte", neurose en homofilie, en "Psychologica Belgica", 13 (1973), pp 295-311.
  2. El autor trata con más detalle esta cuestión en VAN DEN AARDWEG, G.J.M., Parents of Homosexuals: Not Guilty?, en "American Journal of Psychotherapy", 38 (1984), pp 180-189.
  3. BIEBER, I y BIEBER, T. Male Homosexuality, en "Canadian Journal of Psychiatry", 24 (1979), pp. 409-422.
  4. VAN DEN AARDWEG, G.J.M., De neurose van Couperus, en "Nederlands Tijdschrift voor de Psychologie", 20 (1965), pp. 293-307.
  5. BIEBER et al., Homosexuality; EVANS, Childhood Parental Relationships; THOMSON et al., Parent-Child Relationships and Sexual Identity; STEPHAN, Parental Relationships; SBARDELINI, E. y SBARDELINI, E. T., Homossexualismo masculine e homossexualismo feminine: Neuroticísmo e fatóres psicológicos na infancia, inédito; Universidade Católica, Department of Psychology. Campinas, Sao Paulo 1977
  6. Se ha dicho que efectos como los descritos en las relaciones paterno-filiales de personas con tendencias homosexuales sólo suceden a aquellos que visitan el consultorio de psicólogo y del psiquiatra. Esto no es verdad. Como en el caso de los test de personalidad (ver las notas 19-22 del capítulo 4), se han recogido estadísticas y observaciones en todo tipo de grupos, incluyendo personas con tendencias homosexuales que están socialmente integradas.
  7. Algunos estudios sobre este tema: BENE, E., On the Genesis of Female Homosexuality, en "British Journal of Psychiatry", 111 (1965), pp. 815-821; KAYE, E. et al., Homosexuality in Women, en "Archives of General Psychiatry", 17 (1967), pp. 626-634; KENYON, F.E., Studies in Female Homosexuality: Psychological Test Results, en "Journal of Consulting and Clinical Psychology", 32 (1968), pp. 510-513; KREMER, M. W. Y RIFKIN, A.H., Early Development of Homosexuality: A Study of Adolescent Lesbians, en "American Journal of Psychiatry", 126 (1969), pp. 91-96; GUNDLACH, R.H. Y RIESS, B.F., Self and Sexual Identity in the Female: A Study of Female Homosexuals, en "New Directions in Mental Health", editado por B.F. RIESS, Grune&Stratton, Nueva York 1968; y SWANSON, D.W. et al., Clinical Features of the Female Homosexual Patient: A Comparison with the Heterosexual Patient, en "Journal of Nervous and Mental Disease" 155 (1972), pp. 119-124.
  8. GUNDLACH Y RIESS, Self and Sexual Identity.

 

 Este artículo es el Capítulo 6 del libro: "Homosexualidad y Esperanza. Terapia y Curación en la experiencia de un psicólogo". Si quieres leerlo, pincha aquí.

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