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Es posible el cambio

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Desorden de identidad de genero en los niños - Richard P. Fitzgibbons

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Una madre, preocupada durante algún tiempo por los amaneramientos afeminados de su hijo de 4 años, que carece de compañeros de juego masculinos y se interesa por las muñecas Barbie, decide finalmente preguntar al pediatra si esto es signo de un problema. Está particularmente preocupada porque su marido ha llegado a entristecerse y alienarse de su hijo progresivamente.

El pediatra reasegura: “Esto es sólo una fase por la que no hay que preocuparse. Madurará de ella.” Desafortunadamente, el pediatra está probablemente equivocado. Los problemas de identidad de género, incluyendo el travestismo, los juegos del otro género exclusivamente y la carencia de amigos del mismo sexo deberían tratarse como síntomas de que algo puede ir muy mal.

Los chicos que exhiben tales síntomas antes de entrar en el colegio tienen más probabilidad de ser infelices, solitarios y aislados en la escuela elemental; padecer ansiedad de separación, depresión y problemas de conducta; ser víctima de acosos y objetivo de pedófilos y experimentar la atracción hacia el mismo sexo en la adolescencia.

Si se comprometen en la actividad homosexual como adolescentes, tienen más probabilidad que los chicos que no lo hagan de implicarse en el abuso de drogas y de alcohol o de la prostitución; de intentar el suicidio; de contraer una enfermedad de transmisión sexual, como HIV/SIDA; o desarrollar un problema psicológico serio como adulto. Un pequeño número de estos chicos llegarán a ser travestís o transexuales.

La buena noticia es que si los problemas de identidad de género se identifican y se dirigen y si ambos padres colaboran en la solución, muchas de las consecuencias negativas se pueden prevenir. Según el Dr. Kenneth Zucker y Susan Bradley, expertos en el tratamiento de problemas de identidad de género en los niños, el tratamiento debería empezar tan pronto como sea posible.

“…En general estamos de acuerdo con los que piensan que mientras más pronto se comienza el tratamiento, mejor.

…Ha sido nuestra experiencia que un número considerable de niños y sus familias pueden lograr un enorme cambio. En estos casos, el desorden de identidad de género se soluciona completamente y nada en la conducta o fantasía de los niños sugiere que las inquietudes de identidad de género permanezcan siendo problemáticas…

Consideradas todas las cosas, sin embargo, tomamos la posición de que en tales casos los clínicos deberían ser optimistas, no nihilistas, sobre la posibilidad de ayudar a los niños a llegar a ser más seguros en su identidad de género.”

El afeminamiento en algunos chicos es tan pronunciado que los padres pueden asumir que el problema es genético y hormonal pero los expertos afirman que los niños de los que se asumió tener un problema biológico respondieron positivamente a la intervención terapéutica: Según Rekers, Lovaas y Low:

“Cuando lo vimos por primera vez, el grado de su identificación femenina era tan profundo (sus amaneramientos, gestos, fantasías, flirteos, etc., como mostraba en su “elegancia” alrededor de la casa y de la clínica, completamente vestido como una mujer con un gran vestido, una peluca, pintura de uñas, una voz altamente chillona, desaseada, ojos seductores) que sugerían determinantes neurológicos y bioquímicos irreversibles. Después de 26 meses de seguimiento, miraba y actuaba como cualquier otro chico. La gente que veía la película de vídeo en la que se mostraba a él antes y después del tratamiento hablan de él como “dos chicos diferentes.””***

Los niños necesitan sentirse bien sobre su identidad de género. El desarrollo psicológico sano requiere que un niño pequeño sea capaz de reconocer que hay dos sexos y que él es masculino, que es como los demás chicos y que crecerá hasta ser un hombre y posiblemente padre, no una mujer ni una madre. Además necesita sentirse bien sobre ser un chico y llegar a ser un hombre. Necesita creer que su madre y padre están contentos con que él sea un chico y esperan que llegue a ser un hombre y necesita sentirse aceptado como un chico por los demás chicos.*

Si un chico se siente inadecuado en su identidad masculina, se identifica con su madre en vez de con su padre, siente querría ser una chica, todo eso que le rodea no debería pasar esto como una conducta no estereotípica. Hay una razón por la que este chico no está desarrollando una identidad masculina sana y esa razón debería ser descubierta y dirigida.

Con frecuencia uno oye que a los chicos con problemas de identidad de género se les llama “afeminados”, pero si uno observa su conducta cuidadosamente, ve que no se parecen a las chicas sanas de la misma edad sino que imitan a las mujeres adultas. Por ejemplo, mientras que jugar a las muñecas para las chicas sanas incluye el juego madre/bebé y el juego de vestirse a la moda, los chicos con problemas de identidad de género se centran casi exclusivamente en disfrazarse a la moda. Algunas se pueden fijar en los personajes como los villanos de Disney –la malvada madrastra de Blanca Nieves o Cruella de Ville de 101 Dálmatas. Mientras que las chicas sanas combinan las actividades físicas del exterior con juegos más sedentarios, los chicos con problemas de identidad de género tienen miedo a menudo de forma irracional de la herida, evitan el juego duro y desordenado y no le gustan los deportes de equipo.

El travestismo y la fantasía del cruce de género en los chicos es con frecuencia pasado por la familia como una señal de que el chico es un “gran actor” o que tiene una “profunda imaginación”. Los miembros de la familia no caen en la cuenta de la comprensión de que un chico que nunca toma la parte del carácter masculino sino que siempre actúa como una chica está revelando una gran ambivalencia hacia su propia masculinidad. La terapia puede ayudar al chico y a su familia a comprender por qué se siente más confiado, cómodo y aceptado cuando fantasea que es una chica.

Hoy muchos adultos intentan no imponer de forma muy dura estereotipos sobre los niños pero este empuje hacia la apertura de género puede llevar a los padres a ignorar los síntomas de conflicto de identidad de género.

Los niños con problemas de identidad de género NO viven en un mundo de género neutral donde los niños y niñas juegan con los mismos juguetes. Estos niños problemáticos rechazan cierto tipo de juegos* y de ropa precisamente PORQUE se asocian con su propio género y adoptan actividades porque se asocian en su mente con el sexo opuesto. Los chicos con problemas serios de identidad de género pueden utilizar la ropa femenina para lograr la aceptación o aliviar la ansiedad de enfadarse y ponerse tristes cuando son privados de estos objetos.

Algunos padres pueden preguntar: “¿Qué tiene de malo que un chico juegue con muñecas?” La respuesta es que el problema reside tanto en lo que no hace –aprender cómo ser un chico entre chicos- como en lo que hace –escapar a un mundo femenino.

Los padres necesitan implicarse cuando un niño expresa abiertamente un desengaño con su sexo. Como cuando un chico dice: “Quiero ser una chica” o cuando una chica insiste en que es un chico. A un chico extremadamente afeminado, cuando se le preguntó: “¿Quieres ser como tu padre cuando crezcas?” respondió: “No quiero crecer”. Esas afirmaciones deberían tomarse como síntomas de que algo va mal. Aunque el chico pueda sentir o incluso pueda expresar el deseo de crecer como mujer, es un varón y crecerá como hombre.

Los niños no nacen sabiendo que son varones o hembras o lo que significa ser varón o hembra sino que nacen con una conducción para descubrir quiénes son e identificarse con los demás. Una vez que se identifican correctamente con su propio sexo, necesitan sentirse felices sobre quienes son. Y cuando esta tarea de desarrollo se completa con éxito, el niño es libre de elegir las actividades atípicas de género. Los chicos y chicas con problemas de identidad de género no experimentan libremente las actividades atípicas de género.* Incómodos por inseguridades y temores profundos y reaccionan contra la realidad de su propia identidad sexual. La terapia no está dirigida a forzar a que un chico sensible o artista se convierta en un macho fanático de los deportes sino a ayudar a que un chico crezca en confianza y a que sea feliz siendo un chico.

El afeminamiento, los juegos del género opuesto y el travestismo no son los únicos signos de que puede existir un problema. Algunos chicos padecen de un sentido crónico de ser inadecuados en su masculinidad pero no imitan la conducta femenina. Estos chicos pueden exhibir una reacción casi fóbica contra los juegos duros y desordenados y un intenso rechazo a los deportes de equipo debido a una pobre coordinación ojo-mano. Esta incapacidad de relacionarse con los demás chicos les lleva al aislamiento, a la profunda infelicidad y con frecuencia a la depresión.

Los problemas de identidad de género tienen lugar también entre las chicas, aunque el problema es menos común. En algunos casos un padre puede estar satisfecho con el éxito de su hija en atletismo e ignorar su reacción fóbica a vestidos o cualquier cosa femenina.* Las chicas con problemas de identidad de género pueden creer que siendo un chico las hará estar a salvo del abuso.

¿Qué deberían hacer los padres si piensan que podría haber un problema? Primero, deberían tomar cualquier conducta problemática repetida como un grito de ayuda. Si su pediatra ignora sus problemas, deberían encontrar un terapeuta que tenga práctica en el tratamiento de los problemas de identidad de género. Los padres pueden leer sobre la materia –libros como Identidad de Género y Problemas Psicosexuales en los Niños y Adolescentes de Zucker y Bradley, que ofrece una revisión completa del problema.

Las conductas consistentes de cruce de género son un signo de que el niño cree que él o ella estarían mejor siendo del sexo opuesto.

Según Bradley y Zucker, “esta solución de la fantasía proporciona alivio pero a un alto coste.”

Estos son niños infelices que están utilizando estas conductas como defensa para enfrentarse con su angustia.

Los padres a veces intentan por su propia cuenta detener la conducta abierta pero forzar a un niño asustado a comprometerse con conductas en las que se siente incómodo o temeroso no es la solución. El terapeuta puede trabajar con el niño y los padres para destapar la causa raíz de los conflictos emocionales, por lo que el problema puede ser dirigido y solucionado.

Es cierto que sin tratamiento ciertas manifestaciones de conflictos de identidad de género, como la fantasía de los juegos con las muñecas en niños o el travestismo abierto puede desaparecer a más tardar a los ocho o nueve años de edad pero estos mecanismos de defensa son con frecuencia sustituidos por otras expresiones menos abiertas de un problema subyacente de identidad de género. Una vez que el problema va “oculto” será más difícil de tratar.

Algunas personas pueden evitar el tratamiento porque creen que los problemas de identidad de género son un signo de que el niño “nació homosexual” y que los padres simplemente deberían aceptar este resultado como inevitable y animar al niño a aceptar la identidad homosexual. Dados los resultados positivos de intervención precoz, la infelicidad profunda de estos niños durante la escuela elemental y los problemas masivos que acompañan la atracción hacia el mismo sexo en adolescencia, los padres deberían hacer todo lo posible para ayudar a que su hijo resuelva los problemas menores de identidad de género.

Los padres católicos necesitan estar particularmente implicados. La enseñanza de la Iglesia sobre la actividad homosexual está afirmada claramente en el Catecismo de la Iglesia Católica: “Los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados… Bajo ninguna circunstancia pueden ser aprobados” (CCC 2357). Para que un católico intente ser obediente a Dios, las tentaciones de la actividad homosexual son una fuente de profundo dolor. El tratamiento de adolescentes o adultos es posible pero difícil y el resultado no está asegurado. Es bastante mejor prevenir el problema o tratarlo en la primera infancia. A los que les gustaría comprender más sobre las atracciones hacia el mismo sexo pueden encontrar información en la página web de la Asociación Médica Católica (www.cathmed.org) en un reportaje titulado Homosexualidad y Esperanza.

Si un chico crece feliz y confiado en su identidad masculina –con una madre que apoya su desarrollo masculino, una relación cercana de amor con su padre, amigos del mismo sexo en la infancia, y es protegido del acoso de los vicios y de depredadores sexuales –son mínimas las probabilidades de que experimente atracción hacia el mismo sexo en la adolescencia. Incluso si uno o dos ítems de la lista superior se pierdan, todavía son pequeñas las probabilidades de que el chico llegue a comprometerse homosexualmente en la adultez.

Generalmente, las historias de los hombres que se implican en conductas homosexuales revelan una historia de cúmulos de problemas: rechazo significativo de sus semejantes, baja autoestima, un padre distante, una madre sobreprotectora o controladora, haber sufrido acosos o abusos sexuales. Afortunadamente, estos problemas se pueden resolver y la identidad masculina se puede reforzar y luego abrazada.


Publicado y traducido de: www.narth.com

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Actualizado ( Martes, 30 de Diciembre de 2008 20:25 )  

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