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Sobre el denominado derecho a la salud reproductiva - Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud

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Proponemos una reflexión y una puntualización de nuestro Pontificio Consejo para la Salud sobre el "denominado derecho a la salud reproductiva"

Introducción

 



En 1994 se celebró en El Cairo la Conferencia Mundial sobre "Población y Desarrollo". En este forum internacional la Santa Sede expresó las reservas de la Iglesia frente a la ideología de la "Salud Reproductiva" que se inspira en una concepción utilitarista y neomaltusiana. El 14 de setiembre del 2001 publicamos conjuntamente con los Pontificios Consejos para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes y de la Familia, una Nota dirigida a las Conferencias Episcopales con el fin de llamar su atención sobre la puesta en juego del Manual de Naciones Unidas sobre la "salud reproductiva" en los campos para refugiados, e indicamos elementos doctrinales y principios de la moral católica capaces de ayudar a los obispos a elaborar una adecuada pastoral para la misión de la Iglesia a favor de los refugiados.

Ahora, con ocasión de conmemorarse el décimo aniversario de la Conferencia de El Cairo y en el ámbito del programa dicasterial sobre el derecho universal a la tutela de la salud, proponemos una reflexión y una puntualización de nuestro Pontificio Consejo para la Salud sobre el "denominado derecho a la salud reproductiva".

I. Definición y ámbito

1. Mediante la expresión derecho a la salud reproductiva cierto lenguaje internacional trata de indicar el concepto de salud reproductiva real y verdadero junto a una serie de derechos conexos. Todo se configura forzadamente como un aspecto "nuevo" en el panorama de los derechos fundamentales y en particular en lo que se refiere a la dimensión de la salud humana y los derechos relacionados con ella. En efecto, en el contexto internacional la salud reproductiva está ligada a la procreación1, así como a los demás ámbitos en los que se debate con fuerza, como por ejemplo, el de la discriminación positiva por sexo (gender perspective) o de la orientación sexual (sexual orientation).

En el ámbito de la salud reproductiva intervienen conceptos particularmente controvertidos en cuanto conciernen dimensiones entre las más íntimas y privadas de la persona, como la sexualidad, las relaciones sexuales y la procreación (considerada cada vez más como reproducción); así como también las cuestiones que por su naturaleza son determinantes para las relaciones entre los miembros de la familia. En este sentido la salud reproductiva está vinculada con el perfil de la igualdad y de la desmarginalización de las mujeres, así como ligada a los aspectos educativos de los jóvenes y de los adolescentes acrecentando de elementos conflictuales las relaciones inter-generacionales (derecho/deber de los padres vs. derechos de los adolescentes).

En el plano exquisitamente de la teoría general de los derechos humanos, concurre también a la problematicidad de dicho ámbito el hecho que como concepto y derechos conexos, la salud reproductiva surge en el contexto de las políticas demográficas y no estrictamente de aquel de la producción jurídica (del derecho internacional de los derechos humanos).

2. Si deseamos captar la "evolución", el primer paso se dio por el reconocimiento de un derecho a la elección reproductiva, fundado en las afirmaciones de algunos documentos internacionales que proclaman el derecho fundamental de parejas e individuos a decidir libre y responsablemente en torno al número y a la cadencia de los nacimientos. Se hace referencia a la Resolución 2211 (XXII) de la Asamblea General de la ONU de 1966 sobre crecimiento de la población y desarrollo económico; al párrafo 16 de la Proclama de Teherán de 1968; al párrafo 14(f) del Plan de Acción de la Conferencia Mundial sobre Población de 1974. En cuanto a la obligatoriedad del derecho a la elección reproductiva, se puede considerar que ella se vuelve efectiva con el artículo 16(e) de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación hacia la mujer de 1979 2.

El segundo período lo podemos relacionar con el debate y las normas orientativas de la Conferencia sobre Población y Desarrollo (El Cairo 1994) y de la IV Conferencia sobre las Mujeres (Beijing 1995), en las que surgió una consideración directa de la salud reproductiva bajo el impulso de la OMS y de la FNUAP. Teniendo en cuenta las formulaciones del Programa de Acción de El Cairo, el concepto de salud reproductiva - parafraseando la definición de salud contenida en el Preámbulo de la Constitución de la OMS - debe entenderse como "el bienestar general, sea físico que mental y social, de la persona humana, en todo lo que concierne el aparato genital, sus funciones y su funcionamiento y no sólo la ausencia de enfermedades o de patologías.

Por tanto, esto presupone que una persona puede conducir una vida sexual satisfactoria y en total seguridad, que sea capaz de procrear y lo haga libremente, a menudo o no, según lo desee. Esta última condición implica que hombres y mujeres tienen el derecho de ser informados y de utilizar el método de planificación familiar que elijan, así como de otros métodos que elijan para la regulación de los nacimientos que no sean contrarios a la ley, métodos que deberán ser seguros, eficaces, disponibles y aceptables, así como el derecho de acceso a servicios sanitarios que permitan que las mujeres lleven a término el embarazo y el parto y proporcionen a las parejas todas las posibilidades de tener un niño en buena salud"3.

Según esta definición el derecho a la salud reproductiva es presentado con un acercamiento omnicomprensivo, que trata de comprender numerosos contextos, diferentes sujetos y una multiplicidad de situaciones jurídicas, pero evidentemente le falta aquella coherencia jurídica sustancial necesaria para ser inscrito en el derecho internacional de los derechos humanos. En efecto, se delinean situaciones referentes a la pareja, a la mujer, al niño que nacerá, pero comprendidas en un mismo ámbito, el del derecho a la salud reproductiva. En esta línea es emblemática la posición expresada por la OMS en agosto de 1994 antes de la Conferencia de El Cairo en la que manifestaba la necesidad de afirmar ese "derecho" dejando a una sucesiva praxis la tarea de definir los contenidos y los límites, esto es, el alcance jurídico4.

II. La salud como plena armonía y sano equilibrio y su inherente derecho a ser tutelada

3. En su Mensaje con ocasión de la Jornada Mundial del Enfermo del 11 de febrero de 2000, el Santo Padre Juan Pablo II, dio una visión de la salud que toma en cuenta todas las dimensiones de la persona humana, así como su vocación cristiana y el bien por realizar a favor de los demás. Dice el Papa: "Esta visión de la salud, fundada en una antropología respetuosa de la persona en su integridad, lejos de identificarse con la simple ausencia de enfermedades, se presenta como aspiración a una armonía más plena y a un sano equilibrio físico, psíquico, espiritual y social. Desde esta perspectiva la persona misma está llamada a movilizar todas las energías disponbles para realizar su propia vocación y el bien de los demás"5.

4. La procreación humana representa un grandísimo valor y dignidad, porque comunica la vida a un nuevo ser humano, es decir a una nueva persona. A partir de un acto interpersonal de amor, inseparablemente unitivo y procreativo, los cónyuges se convierten no sólo en padres, sino también y principalmente en cooperadores de Dios en la transmisión de la vida. Por tanto, la ideología de la salud reproductiva viola no sólo el derecho natural del niño que está por nacer, sino está en contraste también con la Revelación divina. El carácter moral del componer el amor conyugal con la transmisión responsable de la vida, no depende sólo de la sincera intención y de la valoración de los motivos, sino que se determina por criterios objetivos. Criterios que fienen su fundamento en la naturaleza misma de la persona humana y de sus actos y están destinados a mantener en un contexto de verdadero amor el sentido íntegro de la recíproca donación y de la procreación humana6.

5. La visión personalizada de la salud, es decir, la salud como tensión hacia una armonía más plena y un sano equilibrio está en contraste:

5.1 Con una visión reductiva de la salud y de la sexualidad
- propagandada por la ideología de la llamada "salud reproductiva" - que reduce la salud a la de los órganos sexuales y al goce del placer sexual. Esta reducción, sin reglas y sin compromiso, quita valor a la sexualidad humana y separa el acto procreativo de la intimidad conyugal y, por lo mismo, reduce e instrumentaliza los actos propios de la procreación.

5.2 Con el empleo inmoral de los medios contraceptivos y abortivos, proclamado por el derecho a la salud reproductiva y ampliado por el pansexualismo dilagante. Este uso, cierra de hecho a un sano equilibrio de las dimensiones física, psíquica, espiritual y social de la salud de la persona y al verdadero amor que, precisamente, se armoniza cada vez más intensamente en el ámbito de la vida conyugal y familiar.

6. Hay que tener en cuenta que la salud y la vida son un don de Dios y, por tanto, propiamente hablando, no tenemos derecho a ellas. Sin embargo, es nuestro deber tutelarla y custodiarla, en el respeto de la dignidad del hombre y de la ley de Dios. "La vida y la salud física son bienes preciosos confiados por Dios. Debemos cuidar de ellos racionalmente teniendo en cuenta las necesidades de los demás y el bien común"7. De todos modos, la plena armonía de la salud se alcanza en definitiva en el misterio de la muerte y resurrección del Señor, "médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos, que quiso que su Iglesia continuase con la fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y de salvación"8.

Conclusión

Lo dicho, pone en evidencia el contraste jurídico entre la concepción holista de la salud y la concepción utilitarista de la salud reproductiva y, por tanto, de la sexualidad. La primera abraza a la persona humana en su unidad, armonía y equilibrio físico, psíquico, espiritual y social y, por consiguiente es capaz de favorecer no sólo una madurez en el plano de la sexualidad, sino también de caracterizar la procreación responsable como expresión del amor recíproco conyugal y de las relaciones de pareja conformes a auténticas normas morales y a profundos valores humanos. La salud reproductiva, en cambio, denota precisamente la tendencia, a extrapolar tanto estos valores como aquellas normas, ya que propone sin reservas no sólo la separación entre sexualidad y procreación, sino también el empleo de la "contracepción de emergencia" y el recurrir al aborto químico.

Se trata de una diferencia esencial en lo que se refiere a la dignidad de la persona humana, que es el principio de todo derecho, el fundamento, límite y fin: la salud holista está conforme con ella, la salud reproductiva es contraria. En cuanto lícita, la primera permite una regulación responsable de la transmisión de la vida, la segunda admite, aún siendo ilícito, un irresponsable control de los nacimientos9. De hecho, "Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la insigne misión de conservar la vida, misión que ha de llevarse a cabo de modo digno del hombre. Por tanto, la vida debe ser salvaguardada desde su concepción con el máximo cuidado. La índole sexual del hombre y la facultad generativa humana superan admirablemente lo que de esto existe en los grados inferiores de vida, por tanto, los mismos actos propios de la vida conyugal, ordenados según la genuina dignidad humana, deben ser respetados con gran reverencia"10.

Notas

1 Cfr. en este sentido UNITED NATIONS, Population and Human Rights, New York 1990, Doc. ST/ESA/SER. R/107, p. 10 y s.
2 Sobre esta cuestión hasta la Conferencia de El Cairo, ver N. Fincancioglu, Contraception, Family Planning and Human Rights, en UNITED NATIONS, Population and Human Rights, cit. p.87-103.
3 Programa de Acción, capítulo VII, pár. 7.2.
4 Cfr. El Summary del Position Paper de la OMS a la Conferencia de El Cairo: WHO, Health Population and Development, Ginebra 1994, Doc. WHO/FHE/94.2, p. 8 s.
5 Cfr. Juan Pablo II, "Mensaje con ocasión de la VIII Jornada Mundial del Enfermo", 11 de febrero de 2000, n. 13, en Dolentium Hominum 42 (1999) 9.
6 Cfr. Gaudium et spes, 51.
7 CIC, 2288.
8 CIC, 1421.
9 Cfr. Pablo VI, Humanae vitae, 12 y 13; Juan Pablo II, Familiaris consortio, 32; Evangelium vitae, 13.
10 Gaudium et spes, 51.

Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud

www.catholic.net

 

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Actualizado ( Miércoles, 04 de Febrero de 2009 15:21 )  

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