Ruta: Home IDEOLOGIA DE GENERO Artículos 4. Deconstrucción del Matrimonio y de la Familia. Arrogancia judicial destruye el matrimonio - Dale O'Leary

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Arrogancia judicial destruye el matrimonio - Dale O'Leary

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El 14 de marzo, en otro ejemplo de arrogancia judicial, el juez del Tribunal Superior de Justicia de California Richard Kramer decretaba: “No existe ninguna base racional para negar el matrimonio a las parejas del mismo sexo”. Desde su decisión está claro que para Kramer ningún argumento que el Estado hubiese presentado habría sido suficiente. Para él, restringir el matrimonio a parejas de hombres/ mujeres es sólo una “tradición insustancial”, tan arbitraria como “el requerimiento de que todo el mundo conduzca su coche por la parte derecha de la carretera”.

Kramer descarta la afirmación de que “la procreación de los hijos bajo el campo y la sanción de la ley es un objetivo del matrimonio”, sobre la base de que no todos los matrimonios tienen hijos. Pero ese no es el punto. El punto es que todos los niños tienen un padre y una madre. Kramer necesita una táctica en los hechos de la vida. El matrimonio requiere consentimiento y consumación. La consumación trae consigo la procreación de los hijos. Dos personas del mismo sexo no pueden consumar un matrimonio. No pueden mantener un acto mutuo que cree un niño que sea de su descendencia biológica.

En una nota a pie de página, Kramer dice que “las parejas del mismo sexo pueden llegar a la procreación” ya sea por inseminación artificial o por algún acuerdo de alquiler de úteros. Y esa es precisamente la razón por la que a las parejas del mismo sexo no se les debería permitir llamar a sus relaciones matrimonios. Al mismo tiempo que puede ser imposible evitar la concepción artificial de los hijos por las parejas del mismo sexo, el Estado no debe estimular esa conducta.

La separación de los propios padres biológicos es una tragedia. Los adultos pueden reaccionar de forma heroica a las tragedias del divorcio, la muerte, la deserción o la separación involuntaria intentando crear una situación que sea tan cercana a la familia natural del niño lo máximo posible pero nadie debería dedicarse a producir tragedias. Las parejas del mismo sexo que “producen la procreación” están creando resueltamente niños sin padre o sin madre permanentemente. Están creando tragedias. Sin importar lo nobles que sean sus intenciones, esas parejas no sirven al mejor interés del niño y el Estado tiene un interés apremiante en promover lo mejor para los niños. El Estado no puede hacer que los adultos se comporten de forma responsable pero tiene una base racional para recompensar a los que lo hacen.

Con independencia de la cantidad de estudios falsos que producen los activistas gays, dos adultos del mismo sexo no son iguales a un padre y una madre. Ser criado por una pareja del mismo sexo no es lo mismo que ser criado por los padres biológicos que están unidos en un matrimonio fiel y estable. El niño sabe la diferencia. Los niños que viven esas situaciones saben que se les ha privado de algo esencial.

La primera generación de “gaybies” –niños concebidos por inseminación artificial para parejas del mismo sexo- está alcanzando la mayoría de edad. Según una mujer de 27 años, nacida de una mujer con una relación lésbica utilizando esperma de dos amigos varones: “Cuando iba creciendo, siempre tenía la impresión de ser algo innatural... No es algo que deba estampar un sello de aprobación. No se debe decir que es algo grande y maravilloso cuando luego tienes esos hijos que más tarde en la vida se dan la vuelta y se dan cuenta de que le han hecho trampas. Los adultos eligen tener ese estilo de vida y tener un hijo. Están satisfaciendo sus necesidades emocionales –quieren tener un hijo- y no tienen en cuenta cómo le va a ir al niño. Hay una clara diferencia entre tener padres del mismo sexo y una madre y un padre”.

El Estado tiene todas las razones para anteponer los intereses de los niños antes de los deseos de los adultos.

Los que piensan que pueden proteger el matrimonio entre un hombre y una mujer permitiendo que las parejas del mismo sexo formen “uniones civiles” o concediéndoles los mismos beneficios que al matrimonio deberían pensarlo de nuevo. Según Kramer, “la existencia de los mismos derechos del matrimonio sin matrimonio reduce el interés racional del gobierno en negar el matrimonio a las parejas del mismo sexo”.

La opinión de Kramer escupe en el ojo de los ciudadanos de California que votaron de forma abrumadora en el referéndum que definía el matrimonio como la unión formada por un hombre y una mujer.

Dada la extensión de la arrogancia judicial, está quedando claro que al mismo tiempo que la enmienda de la Constitución de los Estados Unidos nunca debería hacerse por razones ligeras o frívolas, puede ser la única forma de proteger el matrimonio.

 

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