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Desmoronamiento social

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«Una ciudad en ruinas»: así definía don Rafael Rubio de Urquía, catedrático de Teoría Económica de la Universidad CEU-San Pablo, los efectos de la ideología de género sobre la sociedad occidental y cristiana. Lo hacía durante la clausura de la I Jornada sobre Ideología de Género, que la Universidad Francisco de Vitoria celebró el pasado sábado. Pero la ruina «es el punto de partida para la reconstrucción»

En 1972 se presentó lo que parecía ser la prueba irrefutable de las tesis de la teoría de género: el caso de dos gemelos, uno de los cuales había perdido el pene en la circuncisión. El sexólogo John Money aconsejó a los padres que lo educaran como a una chica.

Al dar a conocer el caso, Money afirmó que el chico había asumido su identidad femenina, de la misma forma que su hermano había asumido la masculina, lo que supuestamente demostraba que no hay relación entre sexo biológico y lo que se definiría como género, el rol que cada sociedad y cultura atribuye a varones y mujeres.

Sin embargo, la prueba de Money resultó no ser tan irrefutable como imaginó. Otro investigador, Milton Diamond, hizo un seguimiento del caso y, en 1997, publicó que, en realidad, el niño no había logrado adaptarse al género femenino, lo que había llegado a provocarle tendencias suicidas. Al descubrir que era un chico, decidió vivir como tal y llegó a casarse con una mujer.

Esta historia, que la neuróloga doña María Gudín contó en la I Jornada sobre Ideología de Género, organizada por la Universidad Francisco de Vitoria, no es una anécdota más.

Es una de las muchas manipulaciones que han logrado, como afirmó doña María Lacalle, directora de la Jornada, que la ideología de género esté presente en todos los documentos internacionales desde la Conferencia Mundial de la Mujer de Pekín (1995), y empiece a estar en los nacionales, hasta el punto de que algunos ordenamientos urbanísticos tienen en cuenta la perspectiva de género.

La pregunta que flotaba en el aire era: ¿Cómo ha sido posible que los postulados de la ideología de género, que une el feminismo radical con el homosexualismo, se impusieran como normales?

Y es que de esa supuesta independencia absoluta entre sexo y rol surge la idea de la igualdad absoluta (no sólo en dignidad y derechos) entre el hombre y la mujer, y la también absoluta libertad de cada individuo de elegir entre cinco géneros (dos heterosexuales, dos homosexuales, y bisexual).

Esta postura, además, encierra una contradicción, entre la supuesta arbitrariedad de lo masculino y lo femenino y, por otro lado, el carácter innato de la homosexualidad, que muchos intentan demostrar con empeño.

El padre Luis Garza, Vicario General de la Legión de Cristo, desgranó algunas de las claves de que contradicciones de este tipo pasen desapercibidas y no enturbien el éxito de esta supuesta teoría que, al no estar demostrada empíricamente, no es más que ideología: la batalla del lenguaje, que ya han ganado al imponer un término, género, que hace referencia sólo a una convención gramatical; identificar igual dignidad con identidad total entre hombre y mujer, heterosexual y homosexual; adoptar una dialéctica de opresor (hombre, heterosexual) y oprimido (mujer, homosexual); afirmar que la mujer sólo puede realizarse mediante el enfrentamiento con el hombre; e imponer la idea de que la paternidad y, sobre todo, la maternidad son un pesado fardo.

Uno de los momentos clave de la extensión de la ideología de género fue cuando la Asociación Americana de Psiquiatras sacó la homosexualidad de su manual de diagnóstico en 1973. Como relató el médico y epidemiólogo don Jokin de Irala, tras una enorme presión de los lobbys homosexuales, la cuestión se sometió a un referéndum -algo inaudito- en el que sólo votaron un 25% de los socios.

Se aprobó la propuesta. Y, a pesar de que una encuesta al azar, cuatro años después, mostró que el 69% de los socios de la APA seguía creyendo que la homosexualidad es una adaptación patológica, ya se había dado el primer paso para su normalización oficial, antesala de la social, para la cual fueron contrataron los mejores especialistas de marketing de Harvard.

Los resultados no podían haber sido mejores. Quienes «quieren que la naturaleza se defina por sus deseos», como explicó la psicóloga doña Patricia Martínez, han encontrado un poderoso aliado en la concepción positivista del derecho, que «define la persona a golpe de ley o de lobby ».

Sin embargo, necesitan eliminar toda referencia a la naturaleza humana en sus dos modos de ser, hombre y mujer, y a la complementariedad natural entre ellos. De ahí los ataques contra la Iglesia y la familia.

En la clausura de la Jornada, don Rafael Rubio resumió la situación al afirmar que «cosas contrarias al orden natural se han instituido como algo positivo, mientras que lo positivo se ha sacado del marco de lo normal», en una sociedad «enferma, que ha perdido el sistema inmune» para defenderse de un ataque de estas características.

Pilares de la sociedad como el reconocimiento de la naturaleza humana, o la familia, se han ido desmontando hasta dejar una ciudad en ruinas. Y ni siquiera quienes se opongan van a poder escapar de esta realidad. «En esta sala -reflexionaba el padre Garza-, seguro que hay muchos homófobos ».

Así se llama hoy a quienes se oponen a la normalización de las conductas homosexuales, e incluso a los ex gays, víctimas del boicot del lobby homosexual, que quiere conseguir que la APA declare no ética la terapia de reorientación sexual, aunque la pida el propio homosexual.

A pesar de todo, en la Jornada no se cayó en el derrotismo. A las propuestas del padre Garza -promoción del feminismo de la diferencia, ayuda a las personas con tendencias homosexuales, promoción del matrimonio y la familia como la base de la sociedad, solidificar una cultura basada en los auténticos valores cristianos y humanos-, se sumaron muchas otras desde el público: oración, conversión, movilización social y compromiso en el ámbito familiar y laboral de cada persona que quiera reconstruir esta metafórica ciudad.

María Martínez López

www.alfayomega.es

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