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Género una nueva ideología peligrosa - Wlodzimier Redzioch habla con Dale O’Leary

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El siglo pasado fue un periodo de lucha justa de las mujeres contra los abusos, el tratamiento injusto y estereotipos humillantes. El resultado de esta lucha fueron los derechos que garantizaban a las mujeres un estatus de igualdad. Desafortunadamente, en los años 70 el movimiento feminista tuvo muchas influencias de las ideologías radicales, promoviendo una nueva visión revolucionaria del hombre. Estas ideologías produjeron que la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres se convirtiese en un pretexto para destruir la así llamada familia tradicional y la maternidad además de promover la disolución sexual. Por tanto, sucede que varias oficinas, que son establecidas por los gobiernos y que van a garantizar el estatus de igualdad para las mujeres y los hombres, sirven para promover las ideas feministas radicales más que para proteger los intereses reales de las mujeres y de la sociedad. Una de esas ideologías peligrosas es la ideología de ‘género’ promocionada de forma muy extensa. Le hice una entrevista sobre ese asunto a Dale O’Leary, especialista americana en estudios de género.

 

            Dale O’Leary, americana de Rhode Island, autora del libro ‘The Gender Agenda: Redefinig Equality’, madre de cuatro hijos y abuela de doce nietos, está editando la revista electrónica www.thefactis.org, que trata problemas de política social de los Estados Unidos y de todo el mundo. La revista la publica la fundación de la Cultura de la Vidas y el Instituto Católico de la Familia y de los Derechos Humanos.

 

            Wlodzimierz Redzioch:

 

            ¿Cuáles fueron los primeros objetivos de los movimientos feministas de Occidente?

 

            Dale O’Leary:

 

            Hablando en general, se puede decir que en la segunda mitad del siglo 20 las sociedades occidentales luchaban para combinar la igualdad del hombre y la mujer con sus obvias diferencias biológicas. En los años 60 las mujeres protestaban contra las leyes y las costumbres, que hacían que se les tratase de forma diferente que a los hombres. Como reacción a esas protestas los gobiernos introdujeron leyes, que garantizaban la igualdad para las mujeres. Las mujeres pudieron utilizarlas de forma muy rápida –aumentó el número de chicas estudiantes en las universidades, de mujeres empleadas y de las que tenían altos cargos de gobierno.

 

            ¿Por qué la lucha por la igualdad de derechos para las mujeres se convirtió en la lucha contra los hombres y la familia en un momento?

 

            En los años 70 los radicales, que consideraban a las mujeres como el prototipo de la ‘clase afligida’ y al matrimonio como “heterosexualidad obligatoria’ como herramientas de opresión, se unieron al movimiento feminista. Este movimiento filosófico procede de Friedrich Engels y su análisis del origen de la familia. En 1884 Engels escribió: ‘La familia monógama permanece siendo verdadera en su origen histórico y revela claramente el antagonismo que existe entre el hombre y la mujer y que se expresa en la supremacía exclusiva del hombre’. Shulamith Firestone en su libro ‘The Dialectic of Sex’, publicado en 1970, modificando la idea de la lucha de clases, llama a la revolución de clases – revolución sexual: ‘Con el fin de eliminar las clases sexuales, la clase inferior (las mujeres) debe rebelarse y tomar el control de la reproducción... Eso significa que el objetivo de la revolución feminista no es solamente suprimir los privilegios de los hombres, que era el objetivo del movimiento feminista, sino también eliminar la diferencia entre los sexos: Estas diferencias nunca tendrán significado’.

 

            Esto explica por qué este nuevo feminismo no sólo actuaba contra los hombres sino también contra la maternidad...

 

            Según Firestone, la esencia de la opresión de las mujeres es la maternidad y la crianza de los hijos. Los que apoyan esta idea creen que la demanda del aborto, la anticoncepción, la libertad sexual total, el empleo de las mujeres y mantener a los niños en guarderías, que subvenciona el estado, son las condiciones esenciales de la liberación de la mujer. Nancy Chodorow afirma en ‘The Reproduction of Mothering’ que hasta que las mujeres lleven a cabo las funciones de educación y crianza, los hijos crecerán viendo a la humanidad dividida, según ella, en dos clases diferentes y desiguales. Esta es la razón por la que se está tolerando la opresión de clases.

 

            ¿Significa eso que las feministas radicales quieren que los niños vivan sin familia?

 

            Sí. El nuevo feminismo quiere abolir la familia biológica. Alison Jagger en el manual para mujeres muestra cuál es el resultado que se espera de la revolución sexual. ‘Aboliendo la familia biológica se eliminará también la necesidad de la opresión sexual. La homosexualidad masculina y femenina y las relaciones sexuales extramaritales no se verán como opciones alternativas en la óptica liberal... La ‘institución’ de las relaciones sexuales, en la que el hombre y la mujer desempeñan roles definitivos, desaparecerá. Al final la humanidad volverá a su sexualidad natural, multiforme y poderosa.

 

            ¿Cómo se originó el término ‘género’?

 

            El problema que los que promovían la revolución contra la familia tenían que afrontar era eliminar las clases sexuales, que estaban condicionadas por las diferencias sexuales entre los hombres y los mujeres. La solución de este dilema fueron las tesis del Dr. John Money, de la Universidad de Hopkins de Baltimore. Hasta los años 50 el término ‘género’ era un término gramatical e indicaba las formas masculina, femenina y neutra. El Dr. Money comenzó a utilizarlo en un nuevo contexto, introduciendo la ‘identidad de género para definir si una persona dada se siente hombre o mujer. Money pensaba que la identidad de género dependía de la forma en que era educado un niño y a veces era diferente del sexo biológico del niño.

 

            ¿Cómo utilizaron las feministas las teorías del Dr. Money?

 

            En su libro ‘Sexual Politics’, de 1969, Kate Millet escribió: “No hay diferencias entre los sexos en el momento del nacimiento. La personalidad psicosexual es algo que se aprende después del nacimiento”. Así, la idea de género como fenómeno social se introdujo en las teorías feministas. La ideología de género produjo que la prioridad del movimiento feminista dejase de ser la lucha contra la política que discriminaba a las mujeres sino que la prioridad fue la lucha contra las ideas que mostraban las diferencias entre mujeres y hombres y ponían énfasis en el rol fundamental de la mujer en la esfera de la educación y la crianza.

 

            Con mucha frecuencia las feministas utilizaron el forum de las Naciones Unidas para imponer sus ideas radicales en el mundo. ¿Fue también ese el caso del género?

 

            Hasta los años 90 los documentos de la ONU ponían énfasis en la necesidad de eliminar todas las formas de discriminación de las mujeres pero en 1990 el problema del género se convirtió en el más importante. En el folleto de la ONU, que fue realizado por la agencia INSTRAW y se titulaba ‘Conceptos de Género’, el término de ‘género’ se define como ‘sistema de roles y relaciones entre la mujer y el hombre, que no se determina biológicamente pero que depende del contexto social, político y económico. Mientras que el sexo biológico es dado, el género es un ‘producto’. Un gran problema es que a veces la gente que utiliza el término ‘género’ no es consciente de sus raíces ideológicas.

 

            Quizás podemos ver que lo mejor de algunas conferencias del mundo, durante las que los delegados de muchos países firmaron los documentos, en los que se utilizaba el término ‘género’, sin saber lo que significaba exactamente y sin saber la diferencia entre ‘género’ y ‘sexo’.

 

            Eso es verdad. Vale la pena hacer referencia a la Conferencia Mundial de Las Mujeres de Beijing en 1995. En su documento final ‘Plataforma para la Acción’ leíamos: ‘En muchos países, las diferencias entre los logros y actividades de los hombres y las mujeres no están reconocidas todavía como las consecuencias de los roles de género construidos socialmente más que las diferencias biológicas inmutables’.

 

            Es evidente que la diferencia entre los roles de los hombres y las mujeres es la consecuencia de diferencias biológicas naturales. Un hombre no puede quedarse embarazado, no puede amamantar...

 

            Es evidente, pero desde la perspectiva de la ideología de género no se  puede aceptar que una mujer pueda elegir la maternidad como su vocación más importante. Las palabras de Simone de Beauvoir lo confirman. Cuando Betty Friedan le preguntó si las mujeres deberían tener el derecho de elegir quedarse en casa y criar los hijos, la escritora respondió: ‘Las mujeres no deberían tener esa opción porque si realmente existiese esa posibilidad muchas mujeres harían uso de ella’.

 

            Esas son palabras con mucho sentido. Volvamos a la teoría del Dr. Money. ¿Ha sido confirmada científicamente?

 

            La ideología de género se hizo cada vez más popular mientras su motivación teorética era desintegrada. Las teorías del Dr. Money han sido desacreditadas por investigaciones concernientes al desarrollo del cerebro. Las investigaciones prenatales han demostrado que antes del nacimiento los cerebros de un chico y una chica no son diferentes, lo que influye entre otras cosas en su diferente percepción de movimientos, colores y formas. Por ejemplo, produce que exista la ‘preparación biológica del chico’ para utilizar muñecos masculinos y con las chicas para utilizar muñecas femeninas. Las mujeres, comenzando con la matriz de la madre, poseen una sensibilidad especial para las demás personas, que se necesita para desempeñar el rol de madre.

 

            ¿Y qué supone eso? Algunas feministas no quieren reconocer el rol exclusivo de la mujer en la sociedad e ignoran las investigaciones, ¡que lo confirman!

 

            Este es un problema importante. Los científicos que examinan las etapas más tempranas del desarrollo de un niño y el desarrollo del cerebro humano, expresan sus preocupaciones por el hecho de que las investigaciones concernientes con el significado de la relación entre la madre y el hijo son ignoradas por los que querrían ver a la mujer únicamente como una fuerza de trabajo y ver a los niños solamente en la guardería.

 

            La ideología de género está a favor de una nueva definición de matrimonio, que también abarcaría a las parejas de personas del mismo sexo. En los años recientes ha habido muchas publicaciones que sugieren que no existe ninguna diferencia esencial entre los niños educados por las parejas del mismo sexo y los educados por los padres naturales. ¿Son fiables esos estudios?

 

            Los que han analizado esas investigaciones afirman que no tienen validez. Según la profesora Lynn Wardle, ‘La mayoría de las investigaciones que tienen que ver con la paternidad de los homosexuales se basan en la documentación inadecuada desde el punto de la cantidad además de la metodología, los análisis falsos (algo más que la cualidad anecdótica), y consecuentemente, la base empírica es demasiado pobre como para ser decisiva en lo que respecta a la política social’.

 

            Por otra parte, numerosas investigaciones confirman que la presencia del padre y de la madre incrementa el estado físico y mental de un niño. Patrick Fagan, de Heritage Foundation, reunió la evidencia de que tener una madre y un padre que viven juntos es muy importante para los hijos. Mientras que los niños que ‘son criados por las mujeres o cuyos padres están divorciados corren un riesgo mayor de experimentar la pobreza, abusos, además de problemas educativos y emocionales’. El futuro de la sociedad depende de los hijos y por lo tanto, nuestro deber es considerar el bien de los niños como nuestra prioridad.

 

            ¿Cuál es la actitud de la Iglesia Católica hacia la ideología de género?

 

            La Iglesia Católica no puede ser neutral cuando la familia, el matrimonio, la maternidad, la paternidad, la moralidad de las relaciones sexuales y los niños no nacidos son atacados en nombre del bienestar de las mujeres. La Iglesia condena fuertemente el tratamiento injusto de las mujeres en la familia pero luchar contra la misma familia no puede ser la respuesta a ese problema. Cuando la sociedad estimula el sexo extramarital, el aborto y el divorcio y propone la mentalidad anticonceptiva, las mujeres son las primeras víctimas.

 

La continua lucha de sexos no conduce a la liberación auténtica de la mujer. Esta falsa antropología, que niega las diferencias entre los sexos, deja a las mujeres en una situación en la que no nos gustaría encontrarnos. O intentan imitar la conducta de los hombres o pierden su energía en cambiar a los hombres en ‘pseudo-mujeres’. Enormes cantidades de dinero se pierden para luchar con el deseo natural de la mujer de ser madre. Es evidente que la ideología de género no conduce a ninguna parte.

 

            La solidaridad entre el esposo y la esposa en la familia, entre la mujer y el hombre en la sociedad, se necesita para obrar por el bien común. Una mujer, que es consciente de las diferencias entre los sexos, es libre y puede colaborar con los hombres sin el riesgo de perder su identidad personal. Apoyar el matrimonio y la familia, la paternidad y la maternidad no pone en peligro los derechos, la dignidad y la igualdad fundamental de las mujeres. Sin embargo, todavía es necesario proteger a las mujeres de los abusos y de la injusticia, diferenciar entre los sexos y los estereotipos que humillan a las mujeres y garantizar que los mujeres y los hombres tengan derecho a elegir trabajos atípicos.

 

            ¿Qué dice la Iglesia en este importante debate?

 

            Juan Pablo II repitió muchas veces que la solidaridad es una alternativa a la lucha de clases. Los que estén interesados en formar una sociedad pro mujeres encontrarán direcciones en el libro de Karol Wojtyla ‘Amor y Responsabilidad’. Juan Pablo II condenó la conducta que trata a la persona como un objeto, que atrae a las mujeres que son las primeras víctimas del utilitarismo sexual y económico. Una colaboración fructífera entre mujeres y hombres debe basarse en la verdad del ser humano. Dios creó a la mujer y al hombre, dos sexos, diferentes pero iguales, hizo la institución del matrimonio y de la familia y las leyes que regulan la moralidad y Dios no puede ser injusto. Por lo tanto, las mujeres no deberían tener miedo de la cultura que hace hincapié y respeta las diferencias entre las mujeres y los hombres.

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