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Relación padre - hijo y desarrollo sexual masculino - Gregory Dickson

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Resumen

La relación entre la unión con el padre en la infancia y el desarrollo de la homosexualidad adulta masculina está documentada en la literatura de investigación. Utilizando los Cuestionarios de Relaciones Padre-Hijo (PCR II; Siegelman & Roe, 1979), 135 hombres divididos en tres grupos fueron entrevistados: homosexuales ego-sintónicos, homosexuales ego-distónicos y heterosexuales. Como se predecía en la hipótesis, los resultados mostraban diferencias significativas entre los grupos de heterosexuales y homosexuales sobre el amor del padre, el rechazo del padre y escalas de atención del padre del PCR-II. Contrario a la hipótesis, se encontró una diferencia significativa entre los homosexuales ego-sintónicos y los egodistónicos en la escala del rechazo del padre. Las conclusiones reconocen el significado clínico de las relaciones en la infancia  y sugieren otra investigación sobre las diferencias entre los homosexuales masculinos ego-sintónicos y ego-distónicos para comprender el papel de las relaciones familiares en el desarrollo de la sexualidad adulta masculina.

En Desarrollo Sexual en 1973, la homosexualidad fue suprimida como un desorden por la Asociación Psiquiátrica Americana de su lista oficial de desórdenes psiquiátricos (Diagnóstico y Estadística de Desórdenes Mentales, segunda edición; DSMII; Asociación Psiquiátrica Americana, 1973) después de un largo periodo de debate político y conflicto profesional (Bayer & Spitzer, 1982). Las estimaciones de predominio de la homosexualidad en los  Estados Unidos varían ampliamente. Kinsey, Pomeroy, y Gebhard (1948) y Michael, Gagnon, Laumann, y Kolata (1994) sugerían que el 10% de la población en general es homosexual. Sin embargo, las averiguaciones de otros estudios recientes difieren y dan un predominio de 1% (Bieber et al., 1962; Reisman & Eichel, 1990) a 2% (Smith, 1990). Un estudio del Centro de Investigación de Opinión Nacional (1990) encontró un 1.6% del índice de predominio de la homosexualidad entre la población general.

A pesar del hecho de que una porción significativa de la sociedad es de orientación homosexual y la confusión personal y social tremenda  sobre la materia no se ha debatido del todo todavía, la investigación empírica publicada relacionada con los factores etiológicos de la homosexualidad ha declinado significativamente desde el giro filosófico de la Asociación Psiquiátrica Americana (APA). El estudio de toda la conducta humana es importante por el único propósito de aumentar la consciencia y la perspicacia. El aumento de la comprensión de la conducta humana es esencial para posibilitar que los clínicos comprendan mejor cualquier experiencia de vida de los pacientes y no existe evidencia empírica para sugerir que la homosexualidad debería ser una excepción a esta premisa.

La investigación sobre las relaciones padre-hijo de hombres homosexuales y heterosexuales se documenta fuertemente en la literatura de investigación, y se ha propuesto un nexo entre la ausencia de unión suficiente con el padre del mismo sexo o modelos de rol y el desarrollo de la homosexualidad masculina adulta. Numerosos estudios han encontrado que los homosexuales varones tienden a afirmar no haber tenido un padre que los amase y sí un padre que los rechazaba en mayor proporción que sus semejantes heterosexuales (Bell, Weinberg, & Parks, 1981; Bieber et al., 1962; Braatan & Darling, 1965, Brown, 1963; Saghir & Robbins, 1973, Siegelman, 1974, Snortum, 1969; Socarides, 1978, West, 1959).

Bieber (1976) afirmaba:

Desde 1962 cuando nuestro volumen se publicó, he entrevistado alrededor de 1.000 hombres homosexuales y 50 parejas de homosexuales. El patrón clásico estaba presente en más del 90% de los casos. En toda mi experiencia, nunca he entrevistado a un hombre homosexual  soltero que tuviese un padre constructivo, que le amase. Un chico que tiene un padre que le ama y que lo respeta no se convierte en homosexual. He llegado a la conclusión de que existe una relación causal entre la influencia paterna y la opción sexual. (p. 368).

Bieber (1976) desarrolló y clarificó sus averiguaciones anteriores diciendo:

Hemos dicho y escrito repetidamente que un chico cuyo padre se relaciona amablemente y de forma constructiva con él, no llegará a ser homosexual; sin embargo, uno no debe quedar atrapado por la falacia de lo converse, es decir, un padre destructivo siempre produce un hijo homosexual (p. 411).

Evans (1969) desarrolló la generalización de las averiguaciones de Bieber. Mientras Bieber et al. (1962) miraba a los pacientes que buscaban tratamiento psicoanalítico y sacaba conclusiones de la información proporcionada por terapeutas heating, Evans cogió los datos directamente de voluntarios homosexuales y heterosexuales que no habían buscado nunca psicoterapia. A pesar de la diferencia de los métodos y de los lugares geográficos, los resultados fueron remarcablemente similares a los expresados en el estudio de Bieber et al. "Los resultados sugieren fuertemente relaciones con el padre pobres durante la infancia para los homosexuales, al menos como lo ven de forma retrospectiva." (Evans, p. 133).

Koenig (1979) pidió a 23 hombres homosexuales y a 23 hombres heterosexuales que hicieran un dibujo de su familia con la asunción de que los dibujos resultantes le proporcionarían alguna indicación de cómo el sujeto recordaba a su familia y las relaciones entre ellos. El noventa y uno por ciento de los heterosexuales dibujaba la figura paterna más grande que la materna  en comparación con sólo el 52% del grupo homosexual, una diferencia estadísticamente significativa en el nivel p <. 01. Llegó a la conclusión de que la estructura familiar es importante en algunos tipos de homosexualidad.

Freund y Blanchard (1983) compararon a los ginéfilos  (hombres que sienten atracción sexual por mujeres maduras); andrófilos (hombres que sienten atracción sexual por hombres maduros) y dos grupos de pedófilos (hombres que sienten atracción sexual por niños). Averiguaron que los andrófilos eran el único grupo entre los comparados que exhiben un grado sensiblemente mayor de cruce de identidad de género en la infancia además de relaciones padre-hijo más pobres. También, dentro de la población androfílica, los individuos que afirmaban el mayor grado de conducta de cruce de género en la infancia tendían a expresar las peores relaciones con sus padres.

Tyson (1982) afirma que "el resultado final de un sentido amplio de la identidad de género de un chico, incluyendo la identidad de rol de género y la orientación de compañero sexual, es influenciado enormemente de ahora en adelante por la identificación del chico con su ego ideal" (p. 70). Thompsom, Schwartz, McCandless, y Edwards (1973) llegaron a la conclusión de que el papel jugado por los padres débiles y/o hostiles en el desarrollo de los homosexuales masculinos y femeninos es prominente en la etiología de la homosexualidad para ambos sexos.

Nicolosi (1991) escribió que la homosexualidad es un tema de desarrollo que es "casi siempre el resultado de problemas en las relaciones familiares, particularmente entre padre e hijo. Como consecuencia del fracaso de la unión con el padre, el hijo no interioriza completamente la identidad de género masculino y desarrolla la homosexualidad. Este es el modelo clínico que se ve generalmente" (p. 25). Harry (1989) describía la uniformidad de los relatos de la literatura de que los gays tenían relaciones más pobres con sus padres y llega a la conclusión de que "cada estudio afirmaba averiguaciones de que las relaciones con sus padres eran insatisfactorias. Las relaciones con el padre eran descritas de forma diversa como frías, de rechazo, indiferentes, hostiles o simplemente distantes" (p. 251). Moberly (1983) llegó a la conclusión de que las relaciones dañinas del homosexual con el padre tienen como consecuencia la exclusión defensiva, que es transferida a relaciones con otros hombres.  Con respecto a la exclusión defensiva, afirmaba, "Esta resistencia a la restauración del vínculo (en términos analíticos, contracatexis y no la mera renuncia de catexis) es lo que marca el defecto duradero en la capacidad relacional real de la persona, que dura más tiempo la ocasión inicial del trauma" (Moberly, p.6)...

Este patrón continúa, teniendo como consecuencia un sentido más bajo de la autoestima y una disminución de la capacidad para desarrollar las relaciones significativas con los semejantes del mismo sexo. Posteriormente, y especialmente si ha existido cualquier forma del abuso sexual de la infancia, estas necesidades no resueltas de unión y amor se erotizan inconscientemente. La homosexualidad llega a ser una forma de conducción reparativa (Moberly, 1983, Nicolosi, 1991) en el que el chico busca una relación tierna con un varón para deshacer la represión y volver ganar el padre perdido.

Sipova y Brzek (1983) afirmaba que su grupo de control heterosexual narraba tener padres amables, cariñosos y al mismo tiempo, vigorosos dotados de autoridad. Los homosexuales afirmaban tener una visión de sus padres como más hostiles y menos dominantes que los padres de los heterosexuales del control. Como modelos de identificación, los homosexuales estimaban a sus padres dentro de un promedio de no muy deseable a altamente insatisfactorios. Sipova y Brzek razonan que los padres que se perciben como hostiles y menos dominantes llegan a ser menos deseables como modelos de identificación para el chico.

El desarrollo de un sentido de hostilidad parece estar unido a la exclusión defensiva advertida en varones que no eran capaces de unirse significativamente al padre del mismo sexo/modelo de rol. "La exclusión defensiva es sólo una parte de la naturaleza ambivalente de atracción del mismo sexo. La otra parte es la hostilidad y la desconfianza. Juntos forman la ambivalencia del mismo sexo, (Moberly, 1983, como es citado en Nicolosi, 1991, p. 105). Estos sentimientos opuestos hacia otros hombres funcionan para prevenir la total identificación masculina, dejando al individuo con un déficit emocional progresivo. Por lo tanto, el adulto varón se siente atraído sexualmente por personas de su mismo género mientras que al mismo tiempo se excluye defensivamente de los demás hombres.

Phelan (1993) dirigía un estudio explorador utilizando el Cuestionario de Relaciones Padre-Hijo de  Siegelman y Roe (1979) (PCR-II). Comparando a 30 varones homosexuales y 30 varones heterosexuales, se apoyó su hipótesis de que los varones homosexuales afirmarían tener significativamente padres menos amables, menos atentos y que mostraban más rechazo que los heterosexuales. No encontró diferencias significativas entre los dos grupos en los demás factores.

Literalmente ausente de la literatura son los estudios que comparan la relación padre-hijo como afirmada por los hombres  homosexuales cuya orientación sexual no causa angustia (ego-sintónico) con los que encuentran que su orientación sexual les causa estrés (ego-distónico) y con los que son heterosexuales.  Los estudios anteriores comparaban grupos de homosexuales con heterosexuales. Mientras la cultura pop y la retórica política sugieren que es la carencia de aceptación personal de una orientación sexual dada que llega a ser patológica para el homosexual ego-distónico, hasta la fecha, ningún estudio ha comparado la experiencia recuperada de padre-hijo de los dos grupos de homosexuales.

Como Evans (1969) creía que era importante determinar la generalización de las averiguaciones de Bieber a los pacientes no homosexuales, el estudio actual explorará la generalización de estas averiguaciones para determinar si existe una diferencia significativa en la forma en que los homosexuales adultos ego-sintónicos y ego-distónicos  recuerdan las relaciones con sus padres.

Se tenía la hipótesis de que no existirían diferencias significativas entre las narraciones retrospectivas relacionadas con las relaciones padre-hijo de los dos subgrupos de hombres homosexuales: los ego-distónicos y los ego-sintónicos considerando su orientación homosexual. Se tenía la hipótesis también de que las averiguaciones consistentes con la literatura serían aparentes, en conjunto, de que los hombres homosexuales dirían haber tenido padres menos amables y que mostraban más rechazo que sus semejantes heterosexuales. 

Para los objetivos de este estudio, la homosexualidad ego-sintónica  se definió utilizando la definición publicada en el Diagnóstico y Manual Estadístico de Desórdenes Mentales, tercera edición, (DSMIII; Asociación Psiquiátrica Americana, 1980):

Los rasgos esenciales son. Un deseo de adquirir o de aumentar el despertar heterosexual para que se puedan iniciar o mantener las relaciones (sexuales) heterosexuales y un patrón sostenido de despertar homosexual abierto del que el individuo se queja es indeseada o fuente de angustia (p. 281).

En este estudio, los individuos que no expresan deseo de cambiar de orientación homosexual y que no expresan angustia con respecto a su orientación serán considerados ego-sintónicos. Los participantes heterosexuales serán aquellos que expresen orientación heterosexual exclusiva.

MÉTODO

Participantes

Un total de 135 participantes fueron divididos en tres grupos: Heterosexuales (H= 44), homosexuales egodistónicos AT= 34) y homosexuales ego-sintónicos (H= 57). Todos los grupos fueron establecidos sobre la base de la orientación sexual expresada y la autoaceptación  o rechazo expresado de su orientación sexual. Vea Tabla 1 y Tabla 2 para una comparación de información demográfica de los tres grupos. A cada participante se le pidió que leyese o firmase un texto del consentimiento informado. La confidencialidad estaba asegurada.

Procedimiento

Utilizando los mismos criterios que el estudio de Phelam (1993), la orientación homosexual era establecida por el hecho de si el sujeto busca pareja sexual del mismo sexo, deseo o fantasía siempre, a veces o nunca. Los que respondían nunca eran colocados en el grupo heterosexual. Todos los demás, incluyendo los que afirmaban sentir atracción sexual tanto por los hombres como por las mujeres, fueron colocados en el grupo homosexual. Como ninguno de los participantes heterosexuales indicaba insatisfacción o deseo de cambiar de la heterosexualidad, no hubo grupo heterosexual ego-distónico para compararlos. Los participantes fueron alistados de pacientes clínicos no hospitalizados y fuentes no clínicas y no criminales. No fueron seleccionados al azar, por lo que no se les puede considerar representativos de la población general.

Se hizo un intento de obtener grupos homosexuales y heterosexuales comparables. Los líderes de grupos y  organizaciones de apoyo a los homosexuales, grupos políticos e iglesias fueron contactados para pedirles permiso para presentar la entrevista a los miembros de su grupo. Se buscaron los voluntarios heterosexuales de la misma forma (grupos, asociaciones de hombres u organizaciones políticas y civiles de otros hombres). Se obtuvo el permiso para realizar la encuesta de los grupos apropiados y de los líderes de las organizaciones. Los voluntarios fueron alistados de entre miembros de grupos. El grupo y las administraciones individuales fueron dirigidos.

Además, se buscaron voluntarios por medio de anuncios colocados en Internet sobre varios tableros de usuario y nuevos servicios. A los entrevistados se les envió el cuestionario electrónicamente. Las entrevistas respondidas de esta forma fueron devueltas por medio de correo electrónico e impresos para que las copias duras pudieran mantenerse para referencia y análisis futuros.

Materiales

Todos los participantes completaron un cuestionario que les permitía ser categorizados en un número de variables clínicas y demográficas, incluyendo raza, edad, nivel educacional, lugar y orientación sexual, deseo de orientación sexual, estatus socioeconómico y experiencia terapéutica.

Todos los participantes respondieron al PC R-II (Siegelman & Roe, 1979), unas 100 preguntas, un cuestionario de auto-afirmación diseñado para evaluar la conducta anterior de los padres con sus hijos ahora adultos. Sobre el PC R-II, desarrollado en 1973 y registrado en 1979, los adultos que responden indican si cada declaración representa una conducta de sus madres o padres durante el momento en que los entrevistados estaban creciendo. Los autores indican que los ítems son puntuados específicamente hacia las conductas, no hacia las actitudes o sentimientos. Las formas separadas se proporcionan para valorar las relaciones madre-hija, padre-hija, madre-hijo y padre-hijo. Para los propósitos de este estudio sólo se examinó la relación padre-hijo. Mientras existe una considerable superposición, los ítems difieren entre formas pero siempre caen dentro de las dimensiones de amor, rechazo, casual, demanda y atención. Diez ítems se puntúan dentro de cada dimensión en cada forma.

Los ítems están en la forma de declaraciones, a los que los entrevistados indican de cada uno si es verdadera, si tiende a ser verdadera, si tiende a ser falsa o si es falsa. La puntuación  está sobre una base de 1 a 4, con los puntos asignados a respuestas individuales y evaluadas dentro de cada factor. Vea la tabla 3 para el ejemplo de ítems de PCR-II. Siegelman (1974) indicó que la formalidad que estima para el padre tenía un promedio de 0.75 a 0.91 para homosexuales. La formalidad para los heterosexuales tenía un promedio de 0.64 a 0.88 para el padre.

Resultados

Los resultados fueron analizados utilizando los análisis multivariados de variante o MANOVA. Como narraba en su hipótesis, los contrastes específicos de interés son los homosexuales ego-distónicos comparados con los homosexuales ego-sintónicos y los heterosexuales comparados con los homosexuales (grupos combinados). Además, para explorar otras posibles diferencias en los subgrupos homosexuales, cada uno era comparado individualmente con el grupo heterosexual.  Se utilizó un nivel Alfa de .05 para todos los tests estadísticos.

La distribución en la experiencia de la psicoterapia, región geográfica, raza, renta, educación y religión co-variaba significativamente con la distribución en sexualidad entre grupos. (Vea tabla 1 y tabla 2). Por lo tanto, estas variables eran controladas en la evaluación de las diferencias en cada uno de los factores medidos en los tres grupos.        

La escala de amor del padre (el punto más alto significa que es más amable; el punto máximo es igual a 40) no producía ninguna diferencia significativa en los puntos medios entre los grupos homosexuales ego-sintónicos y ego-distónicos, aunque se encontró un punto medio significativamente más alto (p<.0001) para el grupo heterosexual de 30.18 comparado con el 21.05 para los grupos homosexuales combinados. La media homosexual ego-sintónico de 22.32 era significativamente más baja (p<.0001) que la media heterosexual de 15.45. La media homosexual ego-distónica era significativamente más alta (p<.0001) que la media heterosexual. La media de 25.94 para el grupo combinado homosexual era también significativamente más alta (p<.0001) que la media del grupo heterosexual.

La escala de atención del padre (la puntuación más alta significa más atento; la puntuación máxima es 40) no producía ninguna diferencia significativa entre los grupos de homosexuales ego-sintónicos y ego-distónicos. La media del grupo homosexual ego-sintónico se encontró que era significativamente más baja (p<.01) que la media heterosexual. Del mismo modo, la media del grupo de homosexuales ego-distónicos era significativamente más baja  (p<.01) que el grupo homosexual.  La media del grupo homosexual combinado de 17.08 era significativamente menor (p=.01) que la media del grupo heterosexual de 21.00.

No se encontraron diferencias significativas entre los dos subgrupos  de homosexuales ni entre los grupos heterosexual y homosexuales en la puntuación de la escala de demanda del padre o en la puntuación de la escala del padre casual.

DISCUSIÓN

El estudio actual replicaba a las averiguaciones de que los homosexuales y los heterosexuales tienen significativamente diferentes recuerdos  de las relaciones padre-hijo de su infancia. Los homosexuales adultos recuerdan a sus padres como menos amables, con más rechazo y menos atentos que sus semejantes heterosexuales. También congruente con sus averiguaciones anteriores,  ninguna diferencia significativa se determinó entre los dos grupos con respecto a las demandas o a la naturaleza natural de la relación padre-hijo. Este resultado replica las averiguaciones de Siegelman (1974); y Phelam (1993) y es consistente con las teorías publicadas por Bieber et al. (1962), Socarides (1978), Moberly (1983) y Nicolosi (1991).

Como decía la hipótesis, este estudio no encontró diferencias significativas entre los dos grupos de homosexuales (ego-sintónicos y ego-distónicos) con respecto a las recuerdos de sus padres en los áreas de amor, atención, demanda y casualidad. Sin embargo, los homosexuales ego-distónicos afirman recuerdo de un padre que muestra significativamente más rechazo que los homosexuales ego-sintónicos.  Se necesita una investigación adicional para explorar esta diferencia aparente. Debido a que la muestra no fue al azar, es posible que las características idiosincrásicas de la muestra contribuyesen a estos resultados inconsistentes.

La averiguación de que los homosexuales adultos continúan afirmando haber experimentado a sus padres como menos amables, con más rechazo y menos atentos que sus semejantes heterosexuales ha sido demostrada de forma repetida a lo largo de la literatura durante muchas décadas. Mientras las averiguaciones no apoyan necesariamente una etiología de la homosexualidad de un simple factor, los asuntos del ambiente significativos se indican otra vez como importantes en el desarrollo de la orientación homosexual adulta. Como sugería Blankenhorn (1995), la relación padre-hijo es uno de los muchos elementos cruciales en el desarrollo de cualquier niño. Los déficits en esta área pueden dar lugar a efectos adversos para la identificación del niño (y más tarde del adulto) con sí mismo como adulto, y esta identificación se considera generalmente crucial para determinar la forma en que los niños y los adultos establecen relaciones con los demás.

Se sugiere la necesidad de investigación adicional, incluyendo estudios multivariables y longitudinales, con respecto al desarrollo y la experiencia de vida actual de los homosexuales adultos. Los estudios futuros deberían incluir los factores múltiples que han sido examinados individualmente en los estudios anteriores, incluyendo las relaciones padre-hijo (Bieber et al., 1962; Siegelman, 1974; Socarides, 1978), relaciones madre-hijo (Bailey, Millerman, & Parks, 1991; Buhrich & McConaghy, 1978; Gilbraith & Crow, 1976, Millic & Crowne, 1986; Siegelman, 1974, Stephan, 1973; Thompson et al., 1973), abuso sexual en la infancia e incesto (Briere, Evans, Ritz & Wall, 1988; Cameron & Cameron, 1995; Finkelhor, 1984; Finkelhor, Hotaling, Lewis & Smith, 1990; Hunter, 1991; Isley, 1992; Lew, 1988; Nelson, 1986).

Además, existe ausencia de estudios que podrían favorecer una comprensión más clara del impacto de varias experiencias de vida por el momento. Se necesitan también estudios diseñados para identificar y medir diferencias significativas entre homosexuales ego-sintónicos y ego-distónicos. Es necesario un examen continuo de diferencias entre homosexuales ego-sintónicos y ego-distónicos en un intento de comprender las diferentes experiencias de vida de estos dos grupos. Sin tener en cuenta la patología, cultura pop o retórica política, estos asuntos permanecen clínicamente significativos y, como todos los demás, deben ser dirigidos por el clínico que tiene la competencia que se puede derivar de investigación  minuciosa libre de tendencias políticas.          

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Actualizado ( Viernes, 09 de Enero de 2009 13:30 )  

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