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La sexualidad sin amor - Jokin de Irala

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La sexualidad sin amor auténtico es frecuentemente entre quienes inician relaciones sexuales prematuramente durante la juventud y tiene sus riesgos propios. Sin embargo, los efectos de la sexualidad sin amor también se pueden observar en adultos:

1) Pueden llevar más lejos de lo que uno espera y se pasa fácilmente de fracasos diversos a la búsqueda de “nuevas experiencia”

2) La sexualidad puede derivar en vínculos inesperados que nos condicionen la vida, como los embarazos inesperados, a pesar de la masificación de la anticoncepción. Hay estudios que demuestran que los embarazos en jóvenes ocurren antes entre quienes, en teoría mejor informados estaban respecto a la anticoncepción.

3) La infidelidad y la promiscuidad son frecuentes en el ámbito de la sexualidad sin amor y propician las enfermedades de transmisión sexual.

4) La sexualidad sin su significado pleno, deja de ser un lugar de encuentro entre dos personas, se acaba vulgarizando y se puede convertir, por el contrario, en mero instrumento de utilización mutua para obtener un placer personal. Si la perspectiva humanizante del amor está ausente, la relación puede incluso hacerse violenta. Cuando, en la relación sexual, se disocia la inteligencia y el corazón del cuerpo (utilizando solamente como objeto de placer), o la sexualidad en su sentido amplio se confunde con genitalidad, parte de esa persona puede sentirse decepcionada, vacía.

La sexualidad sin compromiso

Muchos adolescentes y adultos jóvenes que inician su vida sexual opinan que lo hacen por amor aunque, de momento, no quieren o no ven la necesidad del compromiso con la otra persona. Cabe plantearse si es factible hablar de auténtico amor sin compromiso. En cualquier caso, las relaciones sexuales con ese amor sin compromiso real, no están exentas, tampoco, de complicaciones que los jóvenes deben conocer antes de tomar una decisión tan importante:

1) Una relación con otra persona se puede ver inconscientemente acelerada porque la exigencia de una vida en común llega antes y porque, paradójicamente, se hace más difícil replantearse esa relación. Se crea un vínculo cuya ruptura hace tanto daño como cualquier fracaso de proyecto de pareja.

2) Las primeras relaciones sexuales siempre dejan cierta huella porque dejamos parte de nosotros mismos aunque sea de manera inconsciente.

3) Cuando no existe un compromiso formal y un proyecto de futuro concreto, los jóvenes se pueden encontrar con que lo único que tienen en común son sus relaciones sexuales. Pueden estar viviendo, por otra parte, vidas totalmente independientes. En estas circunstancias, es fácil caer en la monotonía y finalmente terminar para buscar “nuevos amores” que llenen más.

4) La ausencia de compromiso da inseguridad. La inseguridad del compromiso es uno de los anhelos más frecuentemente citados por las personas que se quieren aunque muchos olvidan el papel del sacrificio para mantener firme el compromiso ante los conflictos que siempre surgen.

5) Existe el peligro del bloqueo de la maduración de la persona hacia el amor adulto. Hay personas que necesitan cambiar frecuentemente de pareja porque “dejan de querer a la otra persona” en cuanto aparecen las primeras dificultades. Dado que es imposible evitar que aparezcan dificultades en cualquier relación humana, nunca encuentran a la persona “adecuada” y corren el riesgo de acabar en la tristeza de la soledad.

En cualquier caso, también es necesario informar a los jóvenes que existen estudios científicos que contradicen claramente la idea que tiene muchos de que las primeras relaciones sexuales en adolescentes y adultos jóvenes están motivados, de hecho, “por amor”. En un estudio publicado en el British Medical Journal, cuando se les preguntaba a un grupo representativo de adultos jóvenes sobre sus primeras relaciones sexuales, solamente un 13% (el 5% entre quienes eran menores de 15 años) afirmaban que la principal motivación de sus primera relación sexual fue el amor (Dickson N et al, 1998). La motivación más frecuentemente descrita fue la curiosidad (el 50% de los varones aseveraban que fue fruto de un arrebato) y otros motivos descritos fueron el dejarse llevar por el medio ambiente, el alcohol y el deseo de perder la virginidad. El 76% afirmaba que su primera relación tuvo lugar tras el primer encuentro con esa persona, con un encuentro “reciente” o con un apersona “conocida” pero no en el marco de una pareja mínimamente estable. El 61% de los varones afirmaban que dicha relación duró menos de 3 meses (en 40% de los varones solamente duró un encuentro). Al final, en el momento de realizar el estudio, la gran mayoría de estos jóvenes reconocía estar arrepentido por haber tenido esas primeras experiencias sexuales. Esta proporción era mayor, cuanto más joven era la edad de inicio de las relaciones sexuales. Una cosa es lo que opinan los jóvenes, en teoría, y otra es lo que ocurre en la realidad, a juzgar por la opinión de los jóvenes publicados en los estudios científicos. Respecto al “deseo de perder la virginidad”, notemos que esto se puede deber fundamentalmente a la falla de libertad que hay en la actualidad: uno no puede opinar que prefiere no tener relaciones sexuales hasta estar preparado para mantener un compromiso estable con una pareja sin ser juzgado negativamente o incluso ridiculizado en público. Esto es una coacción contra la cual es especialmente complicado defenderse en ciertos ambientes.

Como fruto de esta presión, muchos quieren “ser normales” cuanto antes y buscan perder la virginidad para ser como los demás aunque en el fondo no lo deseen. No hay que negar que pueda existir un cierto amor sinceramente afectivo en estas primeras relaciones sexuales. Sin embargo, nadie debería ser tan ingenuo como para no tener en cuenta el gran riesgo que existe en la realidad, de acabar, como mínimo, decepcionado porque ese “amor afectivo” no era aún lo suficientemente maduro, pues , al menos inconscientemente, no podría dar lugar a un compromiso real.

Finalmente, no debemos dejar de hacer hincapié en esa posibilidad real de que las relaciones sexuales resulten en un embarazo. Aunque muchos hayan salido adelante a pesar de haber nacido en circunstancias similares, no es menos cierto que no constituye, a priori, la mejor de las situaciones ni para el niño o niña ni para estos nuevos padres, probablemente insuficientemente preparados para afrontar esta situación que les sorprende. Cualquiera debería tener esta grave responsabilidad en mente antes de tomar la decisión de tener relaciones sexuales porque ni siquiera los anticonceptivos pueden dar la garantía total de que no se produzca un embarazo. Por otra parte, el aborto nunca será una solución ni aceptable ni humana aunque ellos perciban sinceramente que dejar nacer a su hijo/a les pueda, a una o a ambos, cambiar la vida y crean que no pueden asumir el cambio. Consiste, en definitiva, en interrumpir el desarrollo de un ser humano que no tiene ninguna culpa de la nueva situación de esta pareja.

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