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Teología del Cuerpo en Juan Pablo II

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Teología del Cuerpo explicada

en forma simple

 

Traducción del libro: "The Theology of the body made simple" de Anthony Percy

           

Prefacio:

            "Teología del cuerpo" es un nombre bastante intrigante que fue dado a una serie de lecciones dadas por el Papa Juan Pablo II. Él fue elegido como papa el año 1978 y comenzó a presentar la Teología del cuerpo en 1979, finalizando en 1984.

            La intención de este libro es simplificar algo que muchas veces puede ser un tema muy difícil y complicado. Espero que pueda lograrlo. Ustedes son los jueces.

            No fue hasta hace muy poco que la gente comenzó a apreciar el significado de la Teología del cuerpo. Probablemente hay muchas razones para esto, pero no es necesario profundizar en ellas. Sólo es importante decir que muchas personas, especialmente las más jóvenes, han mostrado un interés considerable en esta nueva enseñanza de la Iglesia y han descubierto que es fascinante y desafiante.

            La Teología del cuerpo nos enseña sobre:

  • El cuerpo humano y la sexualidad humana
  • Las relaciones humanas
  • El matrimonio y el celibato (la vida como soltero)

 

La Teología del Cuerpo observa estas tres realidades como Dios las vería, es decir, a la luz de la fe. Por esta razón, yo diría que la Teología del Cuerpo es esencialmente sobre el significado y el sentido de la vida. Esto te quedará muy claro después de leer el primer capítulo.

La Teología del Cuerpo tiene mucho que decir sobre la sexualidad humana, pero es fundamentalmente una enseñanza sobre las relaciones humanas y cómo estas relaciones son un reflejo de Dios mismo. La sexualidad es una parte y una porción de nuestras vidas. Los seres humanos, hombres y mujeres, son creaturas sexuales. Sabemos, a partir de la experiencia, que el impulso sexual es poderoso. No necesitamos ni libros ni manuales para saber esto.

Pero de acuerdo a Juan Pablo II, somos más relacionales que sexuales. Veámoslo de esta forma: el deseo de amar y ser amado es mucho más profundo y fuerte que el deseo de tener relaciones sexuales. El Papa insiste muchísimo en este punto. El sexo es una realidad maravillosa. Pero al mismo tiempo, es un medio para llegar a un fin. El sexo está al servicio de relaciones duraderas y fructíferas y, por ende, está subordinado a realidades más valiosas como el matrimonio y el celibato.

Juan Pablo enseña que el cuerpo humano es profundamente relacional. Nosotros alcanzamos la perfección por medio de las relaciones. Estamos llamados a asociarnos con otros, a aceptar a otros, a sostener a otros, a entregarnos a otros, a perdonar a otros, etc. En definitiva, estamos llamados a amar y a recibir amor. Nosotros estamos llamados a desarrollar amistades largas e íntimas en la tierra; estas amistades son un reflejo de la verdadera y definitiva amistad que Jesucristo nos ofrece.

Sin embargo, esto no significa que todos estemos llamados a tener relaciones sexuales. Déjenme referirme a las palabras del Papa. Su Santidad dice que nuestros cuerpos y nuestra sexualidad no son exactamente la misma cosa. Aunque el cuerpo humano sea, por naturaleza, femenino o masculino; el hecho de que el hombre sea "cuerpo" pertenece a su estructura personal más profundamente que el hecho de que en su constitución sea también hombre o mujer.

            La sexualidad es esencial. Nadie puede negarlo. De hecho, Juan Pablo II acredita enfáticamente el sexo, quizás más que ningún otro Papa en la historia. Pero la sexualidad debe estar al servicio de una comunicación verdadera y permanente entre los hombres y las mujeres, entre marido y mujer. En efecto, el sexo debiese llevarnos a una verdadera y permanente comunicación con Dios. Esto, porque Dios es una comunión de personas. Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo viviendo una vida de amor; y nosotros somos imágenes de Dios.

            Así, el amor antecede la actividad sexual. Es por esto que la gente célibe y aquellos que tienen vocación al celibato encontrarán aliento y estímulo en la enseñanza del Papa. Luego del capítulo 2, espero que puedan ver que Dios nos ha creado con una visión de las relaciones entre nosotros y con Él.

            El capítulo tres se refiere a la sexualidad y a los actos sexuales. He intentado aplicar la enseñanza de Juan Pablo II a actividades sexuales específicas. No encontrarán variaciones de la enseñanza tradicional de la Iglesia sobre estos temas. Espero que puedan descubrir razones nuevas, más convincentes y más razonables para la misma enseñanza.

            La enseñanza sexual de la Iglesia puede desarrollarse y se ha desarrollado a través del tiempo. Pero no ha cambiado y no va a cambiar a través de los años. En su Teología del cuerpo, el Papa Juan Pablo II ha expandido la enseñanza de la Iglesia con respecto al matrimonio, el celibato y la sexualidad.  También ha traído nuevos puntos de vista en la forma en que comprendemos el misterio del cuerpo humano y de la sexualidad.

            De hecho, cuando el Papa Juan Pablo II presentó la Teología del cuerpo, estaba siguiendo los pasos del Papa Juan XXIII. En 1962, en el Concilio Vaticano II, él llamó a los obispos del mundo a profundizar su conocimiento de la naturaleza de la Iglesia y su relación con el mundo. Incluso allí, Juan XXIII comprendió que las verdades del cristianismo nunca cambian, pero la forma en que estas verdades son expresadas y presentadas pueden y deben cambiar.

            Así que, por un lado, la Iglesia debe permanecer fiel a Cristo y su enseñanza. ¿Qué pasaría si la Iglesia intentara cambiar o alterar la enseñanza de Jesús? ¿Qué tipo de Iglesia sería? La respuesta es: infiel. Por otro lado, la enseñanza debe ser expresada en un lenguaje que hombres y mujeres modernas puedan comprender. ¿Qué pasaría si la Iglesia usase un lenguaje ajeno a sus miembros y a la humanidad? ¿Qué tipo de Iglesia sería? La respuesta es: irrelevante.

            Por lo tanto, espero que, tras leer este libro, encuentres un estímulo para seguir la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad. Además, espero que este libro te de el lenguaje que te permitirá hablar con tus amigos sobre hechos más profundos de la vida. Mucha gente hoy en día está muy confundida sobre le significado de la vida, las relaciones humanas y la sexualidad. La Teología del Cuerpo puede ayudarlos y convertirse en piedra y cimiento para las futuras generaciones.

            Muchas personas me han ayudado con este libro. Quiero agradecerles por su generosidad. Especialmente al Padre John Riccardo de la Arquidiócesis de Detroit. Estudiamos juntos en el "John Paul II Institute for Studies in Marriage and Family" en Washington D.C. Allí pudimos tomarnos el tiempo para "digerir" los pensamientos del Papa. Sus sugerencias me han sido muy útiles.

 

Introducción:     

            La Teología del cuerpo es un nuevo acercamiento al cuerpo humano y a la moral sexual. La palabra Theos es de origen griego y significa "Dios" y logos significa "palabra" en griego. Por lo tanto, la palabra teología significa el estudio de Dios. La Teología también es el estudio de todas las cosas creadas. Dios es luz, dice San Juan. La luz de Dios brilla en nuestras mentes y en nuestros corazones, dándonos una visión clara de Dios mismo y de todo lo que Dios ha creado. Juan Pablo II estudió el cuerpo humano con el apoyo y el amparo de la luz que Dios nos otorga.

            Normalmente estamos acostumbrados a pensar en el estudio del cuerpo humano desde otros puntos de vista. Por ejemplo, podemos estudiar el cuerpo humano desde la perspectiva de la salud, la biología, la física, la química e incluso la economía. Todos estos puntos de vista son útiles. Pero cuando son estudiados en forma aislada, tienden a ser visiones incompletas. Estas perspectivas necesitan ser comprendidas en un contexto más amplio y generoso para que la verdad sobre el cuerpo humano sea revelada. El Papa hace esto estudiando el cuerpo humano desde el punto de vista de Dios.

 

Método y contenido

¿Cuál es el método y el contenido de esta nueva aproximación al cuerpo humano? Juan Pablo II tiene un método simple. El Papa comienza con la palabra de Dios. Se basa mucho en el libro del Génesis, el primer libro de la Biblia. Luego, introduce y utiliza la experiencia humana para desarrollar su enseñanza. Como podrán ver, la Biblia y la experiencia humana se complementan bien.

Primera parte:

Las palabras de Cristo

 

            Capítulo uno:

            Cristo apela al principio

            Capítulo dos:

            Cristo apela al corazón humano

            Capítulo tres:

            Cristo apela a la resurrección

 

Segunda parte:

El Sacramento

 

            Capítulo uno:

            La dimensión de la alianza y de la gracia

            Capítulo dos:

            La dimensión del signo

            Capítulo tres:

            Él les dio la ley de la vida como herencia

            Porque todo se desprende de esto, me voy a concentrar exclusivamente en el capítulo uno de la primera parte de la Teología del Cuerpo. En esta primera parte, el papa desarrolla cuatro cualidades del ser humano. Este es el contenido fundamental de la enseñanza de la Teología del Cuerpo, y es realmente extraordinaria. Un vez que comprendas el contenido del primer capítulo, podrás leer y comprender el resto de la enseñanza del Papa.

            Este libro tiene cuatro capítulos. El capítulo uno se refiere a las experiencias humanas originales. El segundo capítulo examina las cualidades del cuerpo humano. El capítulo tres discute acerca de la moral sexual y el capítulo cuatro habla sobre la misericordia y el perdón de Jesucristo. Leer los capítulos en orden te ayudará a entender mejor el tema.

 

¿Cuándo y dónde el Papa comenzó a enseñar sobre esto?

            El Papa enseño la Teología del cuerpo desde el 5 de Septiembre de 1979 hasta el 28 de Noviembre de 1984. La gente que va a Roma a visitar el Vaticano muchas veces quiere ver al Papa. Una forma de verlo es por medio de la "audiencia de los miércoles" en la plaza de San Pedro. La gente se reúne y el Papa sale a dar una pequeña charla, los bendice, les muestra su amor y los impulsa en sus vidas cristianas. El Papa utilizó estas ocasiones para enseñar acerca del significado del cuerpo humano y de la sexualidad.

¿Por qué esta nueva enseñanza y este nuevo enfoque?

            G.K. Chesterton, un famoso escritor católico, escribió en los años veinte que había más locura en Manhattan que en Moscú. En 1917 había comenzado la revolución rusa; pero una nueva revolución estaba surgiendo. Ésta era más sutil y, en cierto sentido, mucho más peligrosa. Chesterton se refería a la revolución sexual. Ésta comenzó su marcha en los años veinte, y Chesterton previó que iba a convertirse en un enorme desafío para la sociedad.

            ¿Se puede dudar de lo que predijo Chesterton? En Londres, un estudio reciente de nueve mil estudiantes con un promedio de catorce años de edad, descubrió que uno de cada catorce de los encuestados ya había tenido relaciones sexuales a los trece años. Además, el 36% de las niñas y el 32% de los niños afirmaron estar arrepentidos de haber perdido su virginidad.

            Si miramos a nuestro alrededor podremos presenciar el profundo dolor y sufrimiento provocado por fracasos matrimoniales y la promiscuidad sexual. No podemos dudar que tenemos un problema. Un padre de cuatro hijos adolescentes me dijo hace poco, "están sacando a nuestros hijos de la repisa, y no los ponen de vuelta":

            Por supuesto que estos problemas no son nuevos. La sexualidad es una paradoja. Es una realidad maravillosa pero difícil. Sin embargo, las dificultades y los problemas son buenos para nosotros. Los problemas representan un desafío y una oportunidad. Estamos, por lo tanto, viviendo en un tiempo favorable. Podemos intentar algo nuevo. Esto es lo que Juan Pablo II ha hecho con su Teología del cuerpo.

            En épocas pasadas, la Iglesia simplemente manifestaba sus enseñanzas sobre el sexo. Siempre enseñó que las relaciones prematrimoniales, la masturbación, el adulterio, la anticoncepción, las fantasías sexuales desviadas, etc. son actos pecaminosos y dañinos. Los papas, obispos, sacerdotes, monjas y padres hablaban la verdad sobre los temas sexuales. Simplemente, se les pedía a las personas que confiasen en la enseñanza que se les daba sin demasiadas explicaciones. Esto funcionó mientras prevaleció una atmósfera de confianza en la Iglesia y en la sociedad en general. Pero desde los años sesenta, con la etapa de la liberación, este enfoque demostró ser ineficaz. La gente ahora ve la mayoría de las instituciones, especialmente la Iglesia, con mucha desconfianza y suspicacia. Claramente, los tiempos piden nuevos enfoques y perspectivas.

             Conjuntamente, antes la enseñanza sexual de la Iglesia no siempre fue presentada en un sentido positivo. En muchas ocasiones, se convenía simplemente dar una serie de imperativos u órdenes con las palabras "no hagas esto". Las razones positivas de por qué las personas no deben tener relaciones sexuales antes del matrimonio o ver pornografía, por ejemplo, no eran siempre suficientes. La promoción del pecado sexual era la principal herramienta que la Iglesia tenía a su disposición. Hasta cierto punto, era eficiente, pero ahora este enfoque no tiene mucho peso.

            Juan Pablo II pone en el tapete estos temas decisivos por medio de la Teología del cuerpo. Él nos presenta una nueva comprensión del cuerpo humano y de la sexualidad. Su enfoque es positivo, razonable y conversacional.

 

El sexo es importante     

            El ayudar a la gente (especialmente a los adolescentes, adultos jóvenes y matrimonios jóvenes) a ver la verdad de la sexualidad es una prioridad. Ayudar a las personas a llegar vírgenes al matrimonio es importante. La Biblia dice que somos templos del Espíritu Santo; y el pecado, incluyendo el pecado sexual, ataca esa realidad. La sexualidad es un tema importante. La televisión, las películas y las revistas confirman esto. En cierto sentido, los medios de comunicación están obsesionados con el tema. El sexo es importante; es una dimensión importante de nuestras vidas. Nadie puede negarlo.

            ¿Pero dónde calza el sexo en nuestras vidas? ¿Qué valores están asociados con él? ¿Es el sexo íntimo y sagrado? ¿O es un deporte que se hace "puertas adentro"? El Papa Juan Pablo II cree que el sexo es significativo. Pero el Papa no lo dice como una reacción a la revolución sexual. Por el contrario, el está dando una respuesta a esa revolución. Recuerda que esa revolución comenzó hace bastante tiempo, y la Iglesia es como cualquier otra persona: necesita tiempo para pensar las cosas y reflexionar en cuáles son las raíces del problema. Eso es lo que Juan Pablo II hizo.

 

Cómo comprender la enseñanza sexual de la Iglesia

            Este libro no es un manual o un libro de texto. Si estás buscando un manual puedes consultar los siguientes libros:

  • El catecismo de la Iglesia Católica

Disponible en:

http://www.vatican.va/archive/ccc/index_sp.htm

 

  • - Amor y Responsabilidad de Karol Wojtyla (Juan Pablo II)

 

  • - La encíclica Humanae Vitae del papa Pablo VI

Disponible en: http://www.vatican.va/holy_father/paul_vi/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae_sp.html

 

  • - Teología del cuerpo explicada de Christopher West

 

  • - La Teología del cuerpo de Juan Pablo II

Disponible en: http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/audiences/1979/index_sp.htm

 

Cabe mencionar el documento Humanae Vitae. El papa Pablo VI lo escribió en 1968 y causó mucha conmoción. Es bastante conocido por oponerse a los métodos anticonceptivos artificiales. Pero esta encíclica es sobre eso y mucho más. Es muy breve y fácil de leer, pero mucha gente que considera que la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad es difícil nunca ha tenido la oportunidad de leerla. Luego de leerla, muchos han experimentado un cambio de corazón. Trata de leerla.

Espero que estos recursos y este libro sean una buena introducción a la sexualidad. Además, una discusión con un grupo de amigos puede ser una buena forma de facilitar la comprensión.

 

Capítulo uno: La experiencia humana

            Algunas personas han llamado a la Teología del Cuerpo una revolución. George Weigel, el autor de Testigo de la esperanza, una biografía de Juan Pablo II, afirma que la Teología del cuerpo es una "bomba del tiempo teológica esperando a explotar". En este capítulo presentaré un esquema del método básico que el Papa utiliza en la Teología del cuerpo. Luego, voy a mostrar las cuatro experiencias originales que el Papa Juan Pablo II desarrolla. Probablemente ya conoces el pecado original, pero no has oído de las otras tres experiencias originales. Éstas constituyen parte de la "bomba de tiempo teológica".

            En el capítulo dos descubriremos las otras partes de esta "bomba de tiempo" cuando examinemos las características y cualidades del cuerpo humano. Ahora veamos cómo el Papa desarrolla su Teología del cuerpo y su metodología.

 

La Biblia y la experiencia humana

            En la Teología del cuerpo, el Papa hace uso extensivo de la Biblia y de la experiencia humana. Primero, usa la Biblia, que es la palabra de Dios. En realidad Dios nos habla de muchas formas. Sobretodo, nos habla por medio de su hijo, Jesucristo. Los cuatro Evangelios nos hablan sobre la vida de Jesús. Además, éstos hacen a Cristo presente con nosotros ahora, en el siglo XXI.

            Cuando leemos la Biblia, no sólo estamos leyendo un libro histórico. Estamos leyendo algo mucho más dinámico, algo que nos pone en contacto directo con Jesús. Por ejemplo, cuando leemos sobre la muerte de Jesús, estamos misteriosamente presentes en el momento en que esto sucedió. Por lo tanto, por medio de la Biblia, Dios nos habla hoy. Lee la Biblia de esta forma y cambiará tu vida. Si la lees como cualquier libro histórico, perderá todo su valor y su significado.

            Además, nosotros experimentamos a Dios en y por medio de los amigos, la familia, los profesores, los deportes, el trabajo, la naturaleza, etc. Si somos católicos, también experimentamos a Dios en la comunidad de la Iglesia y en los sacramentos. En la Eucaristía nosotros comemos su cuerpo y bebemos su sangre. Por medio de todas estas formas experimentamos al Cristo muerto y resucitado. La experiencia es importante para Juan Pablo II. Veremos esto en la medida en que leemos y descubrimos su Teología del Cuerpo.  

 

El principio

            Comencemos con la Biblia. Juan Pablo II comienza con este pasaje del Evangelio de San Mateo 19, 3-12.

Y se le acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: "¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?". Él respondió: "¿No habéis leído que el Creador; desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió que no lo separe el hombre". Dícenle: "pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?". Díceles: "Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer - no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio". Dícenle sus discípulos: "Si tal es la condición del hombre respecto a su mujer, no trae cuenta casarse". Pero él les dijo: "No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quiénes se les ha concedido".

            Cuando Jesús dijo estas palabras, el divorcio era común. Las palabras de Jesús sorprendieron a sus discípulos y también a nosotros. Recuerda que el matrimonio no era común en el Imperio Romano. La taza de matrimonios era tan baja que, en muchas ocasiones, los emperadores romanos declararon que los hombres debían casarse. Los hombres romanos preferían quedarse solteros y disfrutar la vida sin compromiso. Además, el aborto era común, además del infanticidio, la anticoncepción y la homosexualidad. El mundo del tiempo de Cristo no era tan diferente al nuestro.

            Pero Cristo no dudo en hablar sobre la verdad. De hecho, cuando Jesús responde la pregunta de los fariseos se pone a sí mismo en peligro. Él no sólo discute acerca del matrimonio; sino que también habla del celibato, algo nunca antes escuchado en el mundo antiguo. Incluso habla del éste como el acto de aceptar un regalo que se recibió. Algunas personas serán invitadas a vivir una vida célibe; ellos tendrán un llamado de Dios a dejarlo todo, seguirlo y estar totalmente libre para construir su Reino. Esto sorprendió a los discípulos y también nos sorprende a nosotros.

            He destacado la frase "el principio" en la respuesta de Jesús. ¿Qué es el principio? Éste está descrito en el primer libro de la Biblia, el libro del Génesis 1, 1 y 1, 27: "En el principio... hombre y mujer los creó". Por lo tanto, "el principio" significa la creación del hombre y de la mujer. Pero también significa mucho más.

            Jesús inmediatamente cita Génesis 2,24: "Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne". Dios creó a Adán y Eva con la intención de que ambos se convirtieran en una sola carne. Dios los creó con una visión de una unidad íntima por la cuál ellos iban a compartir sus vidas.

            Para reflejar más esta idea de intención, piensa en muchas de nuestras actividades cotidianas. Una persona prende el computador y crea un nuevo archivo para escribir un currículum. O quizás el o ella está escribiendo un ensayo para el colegio o la universidad. La gente comienza a escribir con un propósito, con una intención. Esto es lo mismo que Dios hace con nosotros. En la Biblia esta intención o propósito es llamada "el principio".

            Dios nos crea con una intención en mente. En el pasaje bíblico citado, Jesús nos revela la intención de su Padre: hombres y mujeres son llamados o al matrimonio o al celibato. De cualquier forma, esa llamada es un regalo de Dios. La mayoría de las personas están llamadas a ser "una sola carne" con otra persona del sexo opuesto. Otros, unos pocos, son llamados al celibato. Pero en ambos casos, matrimonio o celibato, la llamada es un regalo de Dios.

            Ni el matrimonio ni el celibato son cosas inventadas por los seres humanos. Por el contrario, Dios nos da el matrimonio y el celibato como un regalo. Muchas personas hoy en día nunca han escuchado hablar de esto, o quizás lo han olvidado. En ambos casos, es nuestro privilegio mostrarles esta idea o recordárselas.

 

¡La bomba de tiempo teológica explota!

Antes de explicar las cuatro experiencias originales, detengámonos aquí para reconocer la "bomba de tiempo teológica" que contiene la Teología del cuerpo. Imagina que debemos completar esta frase: "_________ original". ¿Qué contestarías? Supongo que nosotros, la mayoría de las personas que recibimos una educación cristiana, contestaríamos: "pecado original".

Con la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II, la respuesta es diferente. La respuesta se convierte en:

 

  • Soledad original
  • Unidad original
  • Desnudez original
  • Pecado original

 

El Papa no quiere negar la verdad o la realidad del pecado original, eso sería absurdo. Él quiere que volvamos al "principio", a lo que Dios tenía intencionado. Juan Pablo II quiere llevarnos al periodo en que no existía el pecado original. Él quiere hacer esto precisamente porque Jesús nos llevo de regreso al "principio": sólo de esta forma podremos comprender el verdadero significado de la vida humana y de la sexualidad humana.

Por lo tanto, por medio del uso de los dos primeros capítulos del libro del Génesis, el Papa desarrolla tres experiencias humanas originales llamadas: soledad original, unidad original y desnudez original. Éstas suceden antes del pecado original. El punto importante a recordar es que nosotros también tenemos acceso a estas experiencias originales porque Cristo nos las otorga. Ya conocemos la experiencia del pecado original. Hemos tenido y seguiremos teniendo experiencias con el pecado y con el fracaso. Pero ahora, en la Teología del Cuerpo, el Papa deja claro que también podemos tener buenas experiencias de soledad, unidad y desnudez.

Cristo quiere que tengamos estas experiencias positivas. El quiere llevarnos de regreso al "principio" para que podamos descubrir el verdadero significado del cuerpo humano y de la sexualidad humana; el significado de la vida. Herein nos muestra la "bomba de tiempo teológica". Los cristianos conocen la realidad de pecado original pero no le han puesto atención a las experiencias que ocurrieron antes del pecado original. El Papa Juan Pablo II desea que, como Adán y Eva, tengamos experiencias de soledad, unidad y desnudez. Esto verdaderamente puede gatillar una revolución.

¿Qué sucedió entonces antes del pecado original? Encontramos dos capítulos en el Libro del Génesis en los cuáles Dios y la humanidad se encuentran en la intimidad. En otras palabras, nosotros experimentamos una inmensa paz con Dios y nuestra relación con el era íntima y real. Además, nosotros nos conocíamos a nosotros mismos íntimamente, y éramos seres íntegros. No estábamos rotos o partidos, éramos un todo. Por consiguiente, nuestras relaciones interpersonales también eran pacíficas e íntimas. Si regresamos al "principio" podremos ver lo que Dios quiso y había establecido al principio de los tiempos. Esto es lo que Juan Pablo II llama las cuatro experiencias originales.

Para desarrollar estas tres experiencias de soledad original, desnudez original y unidad original, Juan Pablo II se concentra en el pasaje de Génesis 2, 15-25. (Mira cuidadosamente las palabras en cursiva).

Tomó, pues; YAHVÉ Dios al hombre y lo dejó en el jardín del Edén, para que lo labrase y cuidase. Dios impuso al hombre este mandamiento: "Puedes comer de cualquier árbol en el jardín, pero no comerás del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que comieses de él morirás sin remedio".

Se dijo luego YAHVÉ Dios: "No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada". Y Yahvé Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera. El hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo., mas para el hombre no encontró una ayuda adecuada. Entonces YAHVÉ Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, que se durmió. Le quitó una de las costillas y rellenó el vacío con carne. De la costilla que YAHVÉ Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces éste exclamó

"Ésta vez si que es hueso de mis huesos

y carne de mi carne.

Ésta será llamada mujer;

porque del varón ha sido tomada".

Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne.

Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban el uno del otro.

 

La soledad original:

            La Biblia contiene dos relatos de la creación. El primero es de Génesis 1, 1-13. El segundo relato es de Génesis 2, 4-24 y comienza cuando el primer relato finaliza. Ambas versiones tienen diferentes perspectivas porque las escribieron personas distintas. Pero ambas enseñan la misma realidad: Dios creó el mundo y la humanidad a partir de la nada. Léelos para que veas las diferencias. Sin embargo, recuerda que no están escritas como hechos históricos. Después de todo, cuando Dios creó el mundo nadie estaba allí para verlo.

            Más que historia, en los primeros dos capítulos del Génesis encontramos escritos que tienen el mismo estilo narrativo que los Libros de la Sabiduría del Antiguo Testamento. Esta sabiduría nos es transmitida en formas literarias que son similares a la poesía. Después de muchos años de experimentar a Dios, las personas elegidas fueron capaces de reflexionar sobre el poder creador de Dios. Con el tiempo, ellos escribieron estas cosas iluminados e influenciados por el Espíritu Santo, que les enseñó esto en y por medio de su experiencia. Por lo tanto, los primeros dos capítulos del Génesis contienen verdades religiosas en forma de poesía que utiliza variadas técnicas para comunicar verdades profundas. Detengámonos y pensemos sobre esto. Con frecuencia usamos metáforas y comparaciones para narrar o explicar un hecho. Si alguien tiene vergüenza o se enoja por algo; al contar la historia alguien puede decir: "Debiesen haber visto a Juan, estaba rojo como un tomate". De algún modo, esta expresión comunica con más claridad la verdad que si simplemente dijésemos "Juan tenía vergüenza".  

            La Biblia también hace esto. Utiliza una gran variedad de técnicas y mecanismos literarios para comunicar la verdad de Dios y cómo Él se relaciona con nosotros. Algunos de estos libros del Antiguo Testamento son similares a libros históricos. Esto es verdad, por ejemplo, para la mayoría del Libro del Génesis, excluyendo los primeros tres capítulos. Algunos son libros proféticos, como Isaías y Daniel. Otros, como el Libro de Jonás, son sátiras. De esta manera, las Escrituras contienen muchos libros que están escritas en variadas y diferentes formas. Pero todos comunican la verdad. La incapacidad de reconocer esto nos convertiría en fundamentalistas y no podríamos comprender lo que Dios nos está tratando de decir.

            Con esto en mente, volvamos a la soledad original. Juan Pablo II se concentra en el segundo relato de la creación. Miremos ahora las secciones del texto que estaban en cursiva. Primero, fíjate que el pasaje nombra la palabra Dios seis veces. Esto indica que el hombre podía sentir a Dios y su presencia. Dios y el hombre eran amigos, podían conversar y escucharse el uno al otro; se conocían el uno al otro.

            En segundo lugar, el hombre es distinto al resto de las creaturas del Jardín del Edén. El hombre recibe una responsabilidad especial: Dios le lleva los distintos animales al hombre y le pide que los nombre. En la Biblia, ponerle el nombre a algo significa conocer a las creaturas y tener dominio sobre ellas; similar a  como Dios nos conoce a nosotros. Fíjate en lo que sucede en la escena. El hombre ve y nombra a todas las que Dios crea, pero ninguna de ellas es como él. El hombre no encuentra a ninguna creatura viviente que sea igual a sí mismo. El hombre se da cuenta y comienza a comprender que, a pesar de que él tiene un cuerpo al igual que todas las otras creaturas, su cuerpo era distinto.

            Veamos entonces qué significa la soledad original a partir de estas observaciones iniciales. Significa dos cosas. Primero, el hombre está solo con Dios y disfruta de una relación única con Dios. Por lo tanto, aunque Dios creó a todas las otras creaturas tal como creó al hombre, sólo el hombre podía hablar y escuchar a Dios. Dios habla con nosotros de una manera única. Somos distintos a los animales. Este es el primer significado de la soledad original. Estamos solos con Dios, nos ponemos frente a él, estamos en su presencia.

            Esto significa que, a diferencia de los animales, nosotros estamos relacionados directamente con Dios. Podemos mantener una conversación con Él. Tenemos un espíritu que nos permite hace esto, y por eso podemos conocer y amar a Dios, al mundo y a nosotros mismos. Esto no debería ser una sorpresa para nosotros. Como seres humanos podemos conocer y comprender las cosas. De cierta forma, también lo puede hacer otras creaturas. Por ejemplo, un perro puede conocer ciertas cosas, pero tiene un conocimiento muy limitado.

            En cambio, nosotros como seres humanos sabemos que sabemos. Somos concientes de que sabemos; podemos reflexionar sobre las cosas y sobre nuestro conocimiento de ellas. Una vez más, detengámonos a reflexionar sobre nuestra propia experiencia de vida, como el Papa quiere que hagamos. Trabajamos en nuestros respectivos trabajos, vamos al colegio o la universidad, tenemos diferentes hobbies, practicamos deporte, mantenemos relaciones con otros, y hacemos muchas otras cosas. En la medida en que hacemos estas cosas crecemos en nuestro conocimiento. Pero además, en muchas ocasiones, reflexionamos sobre nuestro comportamiento, sobre nuestras vidas. Nos hacemos concientes de nuestro conocimiento de las cosas y nos damos cuenta de cómo nos hemos ido desarrollando como personas. Esta es la soledad original. Esto es algo que sólo le sucede a los seres humanos. Pro medio de esta experiencia original y fundamental, comenzamos a comprender la peculiaridad de la vida humana. Nos damos cuenta de que podemos conocer a Dios, al mundo (especialmente otras personas) y a nosotros mismos. En otras palabras, comenzamos a darnos cuenta de nuestra identidad personal.

            La soledad original tiene un segundo significado. Cuando el hombre se da cuenta de su peculiaridad, se da cuenta de que algo anda mal. En realidad, ¡Dios se da cuenta primero! Dios dice: "no es bueno que el hombre esté solo". A pesar de conocer y nombrar a todos los animales, el hombre no encontró otro cuerpo como el suyo. Estaba solo. Este segundo significado de la soledad original es distinto al primero. El primero es más positivo. Por medio de la primera experiencia, el hombre comprende su lugar especial en la creación. La segunda experiencia es negativa. El hombre ve que no hay nadie a su alrededor como el, como si estuviese en una isla solitaria. Algo falta en su vida.

 

La unidad original

            Para remediar esta carencia, Dios se pone a trabajar. Adormece a Adán en un profundo sueño y Adán se despierta para descubrir a otro ser. Se da cuenta de que su cuerpo es como el suyo. Además, se da cuenta de su cuerpo, aunque similar, es distinto al suyo. Se da cuenta de que ella es una persona. Conjuntamente, el hombre decide ser uno con la mujer. Él deja su antigua vida atrás y se hace una sola carne con ella. Esto es la unidad original. Un hombre encuentra su perfección y su realización, no en una vida solitaria, sino que en una vida unida y en conjunto con una mujer. Adán hace un segundo descubrimiento. No sólo que él está solo con Dios, sino que ahora está solo con otro ser. Tiene una pareja y, juntos, están solos con Dios.

            Nuestra experiencia, también, alcanza esta verdad. ¿No te ha sucedido alguna vez en tu vida de que, a pesar de que nos está yendo bien en la vida (estudios, trabajo, carrera, etc.), has sentido que algo te falta? Esto que nos falta es estar con otros. Lo llamamos amistad, compañía e intimidad. La Biblia nos dice que la amistad es como el aire que respiramos. Sin la amistad, perecemos.

 

El amigo fiel es un apoyo seguro,

quien lo encuentra, ha encontrado un tesoro.

El amigo fiel no tiene precio,

su valor es incalculable.

El amigo fiel es un elíxir de vida,

los que temen al Señor lo encontrarán

(Si 6, 14-16)

 

            ¿Qué significan las experiencias de soledad original y de unidad original para nosotros? Significan que Dios nos creo para estar en relación con Él y con otros seres humanos. Fuimos creados para estar relacionados. ¿Por qué esto sería así? Porque Dios mismo es un ser relacionado.

            Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios es el Padre amando al Hijo y el Hijo amando al Padre. El amor entre ellos es tan intenso y real que este amor es, en realidad, otra persona: el Espíritu Santo. A pesar de ser tres personas distintas, Dios es una profunda unidad. Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son distintos pero inseparables.

            Somos creados a su imagen y semejanza. Los seres humanos son como Dios. Somos distintos, pero inseparables. Somos seres humanos relacionales. El juego se llama relación. De esto se trata la vida. Las experiencias de soledad original y de unidad original confirman esto.

            Ahora podemos ver lo que está sucediendo. Al regresar al "principio" comenzamos a vislumbrar le intención o el deseo de Dios para nosotros. Por medio de las palabras del primer libro de la Biblia podemos entender la verdad de quiénes somos como seres humanos, en otras palabras, al regresar al "principio" comprendemos el misterio y la verdad de quiénes somos.

            Dios nos está mostrando esto paso a paso. Fíjate como esto se difiere a otros campos de estudio. Si estudiamos la humanidad por medio de la biología, la química, la física, la medicina, la economía, etc. tendremos algunas respuestas. Pero sólo tendremos respuestas parciales. Si queremos la respuesta completa sobre la humanidad, entonces tenemos que poner atención a lo que Dios nos dice. Sólo él nos dirá la verdad sobre la humanidad. Luego podremos hacer calzar las otras ciencias con esta visión. Muchas personas no aprecian esto y terminan con visiones distorsionadas de la humanidad.

            En la segunda experiencia original, la unidad original, Adán despierta de su sueño para darse cuenta de que Dios había estado trabajando en confeccionar a Eva. Adán la ve y está realmente encantado. "Al fin", dice, "hueso de mis huesos y carne de mi carne". Adán se da cuenta de dos cosas de esta nueva creatura. Ella es igual, pero distinta. Ella es humana, pero se ve distinta. Ella es una mujer. Adán se siente atraído hacia ella inmediatamente. Se nos dice que de ahora en adelante el hombre dejará padre y madre para unirse a su mujer. El hombre y la mujer se convierten en una sola carne.

            ¿No hemos experimentado la misma realidad? Como niños y niñas pequeñas, nos damos cuenta de que nuestra atracción hacia el sexo opuesto no es fuerte. Pero repentinamente, en los años de la pubertad, nos sentimos más atraídos hacia el sexo opuesto. Un nuevo mundo se abre para nosotros. Si tú eres un hombre, el cuerpo de una mujer te deleita y te atrae. Su cuerpo es distinto. Los hombres dicen, al ver a una mujer, "¡Ella es hermosa!". Y las mujeres dicen, al ver a un hombre, "¡El es muy guapo!". Esta atracción es buena. Dios la desea y es perfectamente normal y santa.

            Todo esto nos permite ver la conexión profunda entre la soledad original y la unidad original. Por un lado, Adán experimenta que es único en la creación, está solo con Dios como ninguna otra creatura lo está. Por otro lado, su experiencia le dice que algo falta en su vida. Él sabe que, a pesar de estar solo con Dios, aún necesita algo más: una mujer. Se siente solo. Con la ayuda de Dios él busca esto otro. De hecho, en el texto bíblico dice que Dios mismo le presenta la mujer al hombre. En efecto, Dios dice "Esta es mi hija,  ¡cuídala y ámala!". Adán acepta a Eva. Él se hace uno con ella; ellos se convierten en una sola carne.

            Seamos más precisos. ¿Cuál es la esencia de la soledad original? Juan Pablo II dice que consiste en dos cosas: aceptar y dar. El hombre descubre a la mujer y la acepta por quién es. El hombre no trata de cambiarla ni controlarla. El hombre acepta que ella se complementa con él, que ella lo ayuda a ser humano.

            Recuerda que Dios dice en el libro del Génesis: "no es bueno que el hombre esté solo". La palabra "ayuda" se usa veintiún veces en el Antiguo Testamento. Diecinueve veces se refiere a la ayuda divina. La mujer, por ende, es una ayuda divina, no simplemente una ayudante (lo que puede sonar despectivo). La mujer eleva al hombre sobre sí mismo; lo ayuda a alcanzar la perfección. Esto es precisamente por qué la mujer complementa al hombre. Por supuesto, esto es viceversa también, el hombre ayuda a la mujer a alcanzar su perfección.

            Recuerda que el hombre y la mujer son lo mismo, pero también son distintos. Juan Pablo II dice que el hombre y la mujer son dos encarnaciones diferentes de la persona humana. Encarnación es una palabra que significa hecho carne. Por lo tanto, el hombre y la mujer son verdaderas personas humanas; aman, piensan y recuerdan, y hacen todo esto en y con sus cuerpos humanos.

            La persona tiene voluntad, intelecto y memoria. Estas son realidades espirituales. Pero estas realidades son expresadas en forma distinta en el hombre y en la mujer. Estas diferencias se manifiestan no sólo en cómo los hombres y las mujeres piensan, actúan y aman. La diferencia también se expresa en la forma en que se ven, en su apariencia corporal.

            La diferencia corporal nos parece obvia, pero algunos estudios han confirmado la profunda diferencia espiritual que existe también. Años atrás un libro llamado Brain Sex ("Sexo Cerebral") documentó algunas de estas diferencias. Aparentemente, si le preguntas a un niño pequeño o a una niña pequeña cómo ver una imagen, ambos notarán cosas totalmente distintas. Por ejemplo, la niña notará las personas y sus relaciones en la escena, mientras que el niño observará los objetos en la escena. Conjuntamente, las niñas pequeñas hablan con palabras aproximadamente el 100% del tiempo, mientras que los hombres utilizan palabras sólo el 70% del tiempo, el resto del tiempo usan sonidos para comunicarse.

            Las personas que han trabajado extensivamente en educación y asesoría matrimonial señalan que las mujeres tienden a ser más relacionales que los hombres. Los hombres tienden a ser más orientados hacia metas o tareas. Esta intuición se confirma y se observa. Estudios recientes han descubierto que, en promedio, los hombres dicen 10,000 palabras al día y las mujeres dicen alrededor de 25,000 palabras diarias.

            ¿Qué hacemos de estas diferencias? ¿Deberíamos aceptarlas o intentar cambiarlas? Sin duda algunos pequeños cambios deben hacerse. Por ejemplo, aquellos que trabajan con parejas casadas notan que la fortaleza de una mujer radica en su habilidad para relacionarse. Sin embargo, ella puede ser controladora en sus relaciones. La fortaleza del hombre, por otro lado, radica en su habilidad de liderazgo. Los hombres quieren alcanzar metas o resultados. En consecuencia, les gusta sentirse respetados. Pero los hombres pueden ser irresponsables y fácilmente abandonar sus responsabilidades.

            Todos podemos mejorar en la medida en que maduramos y nos desarrollamos. Esta parte es lo que nos hace humanos. Pero la mayoría del tiempo, las diferencias entre hombres y mujeres deberían ser respetadas, aceptadas y promovidas. Son realidades dadas por Dios y debiesen ser aceptadas  por lo que son: diferentes formas de ser un ser humano.

            Adam ve a Eva y no sólo se da cuenta de las diferencias físicas obvias, sino que también comienza a darse cuenta de sus profundas diferencias espirituales. Como consecuencia, el se siente atraído por ella. Porque ella se complementa con él, Adán se puede hacer una sola carne con Eva. Adán acepta a Eva. De hecho, Adán se regocija en Eva. Su belleza lo atrae con fuerza. Pero al mismo tiempo, Adán se da a sí mismo a Eva y los dos se convierten en una sola carne. Esta es la segunda dimensión de la unidad original. Adán se fascina con Eva, pero no está forzado a ser uno con ella. Sino que  Adán quiere ser uno con ella, por lo que se entrega a sí mismo a ella. Él usa su libertad y elije a Eva como su compañera de vida. Él se adhiere a ella. Él y su esposa han comenzado una nueva vida. Es una nueva vida en la que Adán se da a sí mismo a Eva y la acepta completamente. De la misma forma, Eva vive una nueva vida. Ésta también es de aceptación y entrega.

            Estas dos realidades -aceptación y entrega- conforman la base de cualquier amistad verdadera. Juan Pablo II dice que esta experiencia de unidad es realmente significativa porque Adán y Eva obtienen un nuevo sentido de su propia dignidad. Ellos sienten y experimentan la vida de una manera nueva. Se experimentan el uno al otro en una forma nueva. Esta experiencia radial de entrega y aceptación los lleva a una nueva vida. Ahora son diferentes como resultado de la experiencia.

            Incluso quiénes no están casados probablemente han experimentado esto. Un amigo que hemos conocido por años, repentinamente parece distinto. ¿Cuál es la razón? ¡Es su nueva polola! De algún modo, su novia ha sido capaz de hacer salir de él las virtudes y cualidades que no parecían existir antes de que la conociese a ella. Nuestro amigo está viviendo una nueva vida y es maravillosa para él, para su polola y también para nosotros. Las cosas han cambiado para mejor.

            Una vez más, nuestra experiencia confirma lo que el papa dice respecto a la unidad original. Podemos recordar las veces en que alguien nos hirió. Fue una experiencia difícil. Por otro lado, podemos recodar los momentos de nuestra vida en que nos sentimos aceptados por otra persona. Estos momentos de aceptación quizás han sido los momentos más felices de nuestras vidas. También esos han sido los momentos en que realmente nos hemos entregado a otras personas. Con libertad y con amor hemos sacrificado nuestro propio beneficio y placer por el bien de otros, y con eso experimentamos un sentido profundo de satisfacción. Todo esto forma parte de la unidad original.

 

Desnudez Original

            La tercera experiencia es la desnudez original. ¿Dónde y cuando hemos experimentado la desnudez original? Quizás podemos recordar una experiencia de desnudez como, por ejemplo, correr alrededor de la casa desnudos cuando éramos niños. Sin embargo, la desnudez original es mucho más que esto; es un símbolo de la libertad para comunicarse. Claramente, la desnudez original es esencial para el perfeccionamiento de la unidad original. Para que el amor sea real, debe ser dado libremente y aceptado libremente. Adán y Eva fueron libres, libres de restricciones internas y externas. En otras palabras, Adán y Eva no experimentaron barreras o dificultades en su comunicación o en su vida juntos. Esto puede parecer un poco extraño, pero recuerda que estamos examinando las experiencias originales. Dios no creó las barreras en la comunicación o las dificultades para entablar amistades. Esas barreras vienen de otro origen: el pecado original.

            Para entender mejor a lo que Juan Pablo II comprende como desnudez original debemos considerar lo que el Libro del Génesis dice de Adán y Eva: "ambos estaban desnudos, pero no se avergonzaban el uno del otro". Eran totalmente libres. No tenían inhibiciones sobre sus propios cuerpos o sobre el cuerpo del otro. Como el niño que corre desnudo, los niños tienen esta experiencia de alguna manera. Ellos muestran un grado de libertad sobre sus cuerpos. Se sienten cómodos con quiénes son y con quiénes son los otros niños. Tienen confianza casi ilimitada en aquellos que los rodean y, por supuesto, aún no han alcanzado la edad del razonamiento.

            Así, la experiencia de la desnudez original va de la mano con la libertad, que es una realidad que sin duda hemos experimentado. Esta experiencia es particularmente fuerte cuando decidimos no seguir a la masa (lo que sería una falta de libertad), eligiendo actuar de otra forma. Este es significado de la libertad. Frecuentemente nos confundimos con el significado de la libertad. Podemos pensar que la libertad es simplemente "tomar decisiones". Pero como señala un especialista bíblico, Francis Martin, "la decisión es un síntoma de la libertad". Es decir que podemos elegir porque somos libres.

            Sin embargo, la libertad es mucho más profunda que sólo decidir. La esencia de la libertad es no tomar múltiples decisiones. Nosotros no somos libres justamente porque podemos llenar nuestros días con mil y un decisiones y elecciones. Muchas veces al final de días así nos sentimos exhaustos y totalmente vacíos. La libertad significa decidirse a rendirse al amor del otro. Aunque Por lo tanto, significa elegir ser una mejor persona al aceptar este amor y las decisiones que van con esa elección. La libertad implica madurez. Es una reflexión sobre el tipo de persona en la cual cada uno de nosotros se quiere convertir.

            Por ejemplo, si una persona roba, entonces esa persona se convierte en un ladrón. Un ladrón elige, por medio de la libertad, no sólo robar algo sino que también convertirse en un delincuente. O por ejemplo, una persona que decide hacer su trabajo bien todos los días. Con el uso de su libertad de esta forma, al trabajar en sus tareas de la mejor manera posible, esa persona se convierte en un buen trabajador y en una mejor persona. Esa persona se da cuenta de su libertad. Esto es a lo que nos referimos con perfección.

            San Ireneo, que era arzobispo de León en Francia y murió alrededor del 202 d.c., una vez dijo: "La Gloria de Dios es el hombre vivo". Por lo tanto, en la medida en que usamos nuestra libertad y nos hacemos más y más humanos, damos nuestra gloria a Dios. Por lo tanto, Dios no quiere aplastarnos. No tiene ninguna intención de inhibir nuestra libertad. Por el contrario, Dios quiere lo mejor para nosotros. Quiere que desarrollemos nuestros talentos y, al hacerlo, lo honremos. En este sentido podemos ver cómo el pecado es una ofensa contra Dios. Podemos ofender a Dios al ofendernos a nosotros mismos, esto es, al hacer cosas que van en contra de nuestra humanidad.

            Es importante que estemos convencido que la libertad es mucho más que elegir. Sí, tomamos decisiones y éstas son importantes. Sin embargo, la libertad es mucho más que esto. Es sobre nuestra voluntad de desprendernos de nuestras vidas. Por medio de la decisión podemos controlar las cosas a tal punto que no somos personas libres, sino que somos esclavos. Podemos convertirnos en personas obsesionadas con el control.

            Esto no es libertad, es una ilusión. El énfasis en la elección personal, en lo que "quiero hacer con mi vida", puede ahogar y sofocar nuestra libertad. Por el contrario, la libertad apunta a desprenderse, a "dejar ir", a soltar. Apunta a rendirnos a otros para encontrarnos con la madurez. Esta madurez en sí misma respira libertad. San Pablo habla de este tipo de libertad y madurez en su carta a los Efesios. Escribe a aquellos que están casados: "Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo: las mujeres a sus maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es la cabeza de la Iglesia, el salvador del cuerpo. Como la Iglesia está sumisa a Cristo, asó también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella" (Ef. 5, 21-25). Juan Pablo II dice que esto es la "mutua subordinación en Cristo": Ambos, marido y mujer, usan su libertad para someterse el uno al otro en Cristo. Ellos someten sus vidas el uno al otro y, al hacer esto, se convierten en seres humanos más libres y maduros. Ellos someten sus vidas al amor. Este punto es esencial. La libertad encuentra su expresión más plena y significativa cuando nos hacemos don y regalo para otros. Esto conllevará, en muchas ocasiones, hacer cosas que van en contra de nuestros propios deseos. De esta forma aceptamos a otros y nos entregamos a otros y, por consiguiente, alcanzamos la madurez y la libertad.

            El concepto de la vergüenza o el pudor sexual. El Papa Juan Pablo II tiene una visión muy positiva del pudor. Dice que ahora el pudor es bueno para nosotros porque nos protege nuestra pureza y nuestra castidad. Originalmente, el pudor no era parte del plan. Estábamos desnudos el uno frente al otro y no sentíamos vergüenza. Con la llegada del pecado original entró la vergüenza sexual.

            Roger Scruton, escritor y comentarista cultural, señala que existe un pudor moral y un pudor sexual. Ambos están interrelacionados pero deben distinguirse el uno del otro. Cuando hacemos algo mal y alguien descubre lo que hicimos, nos sentimos avergonzados. Podemos llamar esto pudor moral. El pudor moral se fundamenta en nuestra maldad y el hecho de que alguien nos está juzgando. Pero el pudor sexual es diferente. Si realizamos un acto sexual que es contrario a lo que nosotros consideramos correcto, entonces podemos experimentar pudor moral. El pudor sexual es una "emoción escudo" que nos protege del abuso. Scruton dice que el pudor sexual surge como "un pensamiento de que estamos siendo juzgados en nuestra corporalidad, como un mecanismo, como un objeto": Por ende, el pudor sexual es como un escudo que nos protege del abuso de otros y de nosotros mismos. De esta forma, la experiencia inicial negativa del pudor sexual se convierte en una protección para nosotros. Por el pudor sexual nos rehusamos a entrar en cosas que sabemos que son sexualmente incorrectas. El pudor se convierte en una protección y en un guardián de nuestra vida corporal y sexual.

 

Repaso de nuestras experiencias originales

            Antes de que consideremos brevemente la última experiencia original, debemos detenernos a considerar que ha sucedido con este nuevo enfoque desarrollado por Juan Pablo II. No hemos comenzado nuestras reflexiones sobre la persona humana o sobre el cuerpo humano con una discusión sobre el pecado, sino que hemos examinado la intención de Dios: su magnífica visión de nosotros. Juan Pablo II comienza con lo que la Biblia llama "el principio". Comienza allí porque allí es donde Jesús comenzó con los discípulos. Este punto de partida no es la humanidad o el mundo pecador; es la increíble visión que Dios tiene para nosotros.

            Antes de la enseñanza de Juan Pablo II, los cristianos sólo sabían del pecado original. No sabíamos de la soledad, la unidad y la desnudez original. Es verdad, quizás intuimos esas experiencias positivas y las experimentamos nosotros mismos, pero no las podríamos haber nombrado, estudiado y articulado para nosotros y para los demás. Estas realidades no eran parte de nuestro aprendizaje cristiano.

            Estas tras experiencias originales previas al pecado original están presentes en la Biblia. Pero han permanecido latentes y dormidas. Con la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II estas tres experiencias ahora ven la luz del día. El Papa Juan Pablo II ha hecho esto por medio de una lectura de la Biblia que combina la Escritura con la experiencia humana.

            El pecado original continúa siendo una experiencia válida. El pecado personal también sigue siendo parte de nuestras vidas. Todos necesitamos convertirnos. Pero ¿hacia qué nos vamos a convertir? La Teología del Cuerpo sugiere que debemos convertirnos a  la soledad, unidad y desnudez original. Nos convertimos a lo que Dios quiere para nosotros: felicidad y libertad en nuestras relaciones con Él y con los demás. La revelación que hay en estas tres experiencias previas al pecado original nos dan cuenta del verdadero sentido de la vida. Además, la conversión del corazón será más fácil porque podemos ver que será buena para nosotros como seres humanos.

            Juan Pablo II nos lleva de vuelta a nuestras raíces. Regresar "al principio" significa comprender que sólo al abrirnos a Dios, a su creación y a otros seres humanos, podemos madurar. Por eso, ahora cuando nos pidan que completemos la frase: "________ original", podrás decir soledad, desnudez y unidad original. Sólo después dirás pecado original. Esta es la verdadera revolución y le verdadera "bomba de tiempo":

 

Pecado Original

            Finalmente llegamos al pecado original, un acto de falta de confianza y de orgullo (Cf. Gen 3, 1-19). Como resultado del pecado de Adán, nos es difícil tomar decisiones correctas. Encontramos atracción en lo malo. Esto se llama concupiscencia. Es como una herida en la pierna; podemos caminar, pero con más dificultad. Luchamos para evadir las cosas malas y muchas veces nos cuesta hacer y buscar cosas buenas. Esto también es parte de nuestra experiencia original. Como pudimos ver en las tres experiencias originales anteriormente nombradas, Dios quiso que nosotros fuésemos siempre felices y libres. Pero las cosas funcionaron de otra forma. Ahora nos encontramos en un mundo que sigue siendo fundamentalmente bueno, pero menos bueno de lo que Dios quería. Encontramos personas que son básicamente buenas, pero tienen pecados, faltas y debilidades.

            También nos encontramos a nosotros mismos y es la misma historia. Somos básicamente buenos, pero caemos en tentación y en pecado. San Pablo escribe esta realidad maravillosamente en le Biblia en el capítulo siete de su carta a los Romanos. Busca un rato para leerla y luego lee el capítulo ocho, que habla sobre la vida en el Espíritu. Es bueno saber que uno de los más grandes teólogos también tuvo que enfrentar un camino difícil.

            El pecado original y la concupiscencia afectan las experiencias originales. Nos cuesta sentir a Dios en nuestras vidas. Algunas personas muestran grandes dudas e incluso no creen en Dios. Se dice que son agnósticos o ateos. La experiencia de la soledad original no es automática, sino que requiere de nuestro esfuerzo. Lo mismo sucede con la experiencia de la unidad original. A la gente le cuesta llevarse bien con los demás y aceptarse los unos a los otros tal cual son. Además, a la gente le cuesta ser generosa y entregarse a sí mismos. De la misma forma, el pecado nos quita nuestra experiencia de libertad: la desnudez original. Nos es más fácil hacer las cosas mal y nos es difícil hacer las cosas bien.

            Pero tenemos el Evangelio. Tenemos a Jesucristo, que nos salvó y nos redimió de estas dificultades. Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, reestableció el significado de la existencia humana. ¿Cómo hizo esto? Al ofrecer su cuerpo en la cruz como un acto de amor a nosotros.

            Con este pensamiento positivo, vamos al capítulo dos y examinemos las cuatro características del cuerpo humano, las cuáles se desprenden de las cuatro experiencias originales. De cierta forma, las cuatro experiencias originales son nuestra forma de comprender la visión que Dios tiene del cuerpo.

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