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Es posible el cambio

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Entrevista a Michael Glatze, ex activista gay - Joseph Nicolosi

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Un antiguo activista gay nos explica cómo dejó la homosexualidad

Michael Glatze decidió a los 13 años de edad que era gay y fundó Young Gay America, un proyecto de difusión a través de los medios de comunicación sin ánimo de lucro. Sin embargo, a través de una serie de incidentes, Glatze comenzó a darse cuenta poco a poco de que no era gay sino que todo estaba relacionado con miedos sobre su propia masculinidad. Desde entonces ha rechazado su identidad gay. Su entrevista con el Dr. Joseph Nicolosi describe su proceso espiritual y emocional.

 Dr. Joseph Nicolosi: Gracias, Michael, por tu deseo de hablar públicamente sobre tu vida. Antes has expuesto tu transformación religiosa y sabemos que las experiencias religiosas pueden tener un efecto profundo en el sentido de la  propia identidad de uno. Pero me gustaría hablar también de la dimensión psicológica. Particularmente, ¿qué viene a tu mente cuando recuerdas los momentos de transformación o momentos de introspección sobre ti mismo? 

 Michael Glatze: Bien, creo que quizás lo primero que me viene a la mente es que simplemente comencé a darme cuenta de la naturaleza de mis deseos y de que podía cambiarlos.

 J.N. Esa es una frase interesante: “La naturaleza del deseo.”

 M.G. Aunque cuando miro atrás a mi vida en la comunidad gay, siempre había una consigna de “No cuestionarte tu tendencia homosexual”.

 J.N. Sí. Esa es una regla de la comunidad gay.

 M.G. En efecto, es la regla número uno.

 J.N. Regla número uno: “No te preguntes por qué”. La gente “simplemente lo es.” No tienes por qué preguntarte por qué.

 M.G. Nada más unirte al club, esa es la primera regla. Puedes seguir y examinar la causa de cualquier otra cosa menos de la homosexualidad.

 J.N. Puedo explorar las causas de mi alcoholismo, de mi comer demasiado, de mi depresión –pero no de mi homosexualidad.

M.G. Así es. E irónicamente, incluso está bien que los heterosexuales cuestionen su heterosexualidad.

J.N. (asiente)

M.G. Así que cuando al fin me doy cuenta de que podía cuestionar mi homosexualidad, me vuelvo muy religioso. Cuando empecé a avanzar en el proceso de buscar la voluntad de Dios y de intentar comprender lo que significaba, esencialmente fui consiguiendo cada vez más conocimiento y básicamente empecé a dejar de lado ideas que había creído durante mucho tiempo. Había creído en ideas que no tenían sentido –no tenían base. Y descubrí que no tenía que seguir creyendo en ellas para tener un sentido de identidad.

J.N. Bien… Así que dices que, como comenzaste a seguir la voluntad de Dios, comenzaste a dejar algunas de las asunciones y creencias que iban de la mano con la idea de que la homosexualidad reflejaba “quien eres”, en el sentido más profundo.

M.G. Sí –Miraba cosas como las ideas políticas, ideas sociales y también cosas más interpersonales. Por ejemplo, la naturaleza del poder dinámico entre dos hombres es algo que acababa de ver con ingenuidad. Cuando no estaba de acuerdo con el hombre que era mi pareja en ese momento –antes de conseguir el sentido de mi propia conexión con Dios, o de mi conexión conmigo mismo, con autonomía de otra persona- se me hablaba de sumisión.

J.N. Por lo que debido a la profundización de tu relación con Dios, comenzaste a desarrollar una identidad separada y autónoma…

M.G. Exacto. Eso fue lo primero de lo que me di cuenta.

J.N. Pero ¿cómo entró Dios en tu vida?

M.G. Bien, (Dios) lo hizo. Mi padre murió de un súbito ataque al corazón y pensé que yo tenía lo mismo que lo mató a él. Tenía pánico –una reacción hipocondriaca. Durante alrededor de un mes mientras esperaba los resultados de las pruebas, pensé que iba a morir.

J.N. Así que te dieron como unos ataques de ansiedad. Pensabas que te iba a dar un ataque al corazón como a tu padre y eso te daba pánico.

M.G. Totalmente, porque mi padre murió mientras paseaba por la playa. Y luego hice una estupidez. Busqué en Internet e intenté diagnosticarme yo mismo por Internet.

J.N. Lo que hizo que aumentase tu ansiedad, porque te encontrabas teniendo todo síntoma posible que imaginabas…

M.G. Exactamente. (Se ríe) Por lo que básicamente me figuraba que cada paso que daba era el último y esperaba el resultado, que finalmente dijo que no lo tenía.
J.N. (asintiendo con la cabeza) Suele decirse que lo que realmente nos conduce a Dios es el miedo a nuestra propia mortalidad… tener una experiencia cuando nos encontramos dudando de nuestra supervivencia.

M.G. Ahí vas. Así que supe que no tenía esa enfermedad y le di las gracias a Dios. Ese fue el primer momento de toda mi vida en el que literalmente todo concepto que mi mente había considerado- toda mi vida- era reevaluado completamente.

J.N. Así que, primero miedo, luego agradecimiento y posteriormente “metanoia”...un despertar de tu verdadera identidad.

M.G. Ese fue el momento. No hubo más dudas. Y en un nivel fundamental, fue el fin de una guerra intensa entre mí mismo y Dios.

J.N. ¿Encontraste la paz?

M.G. Fue una paz instantánea.

J.N. Estupendo. Absolutamente fantástico.

M.G. Y en esa experiencia, todo de repente, reuní todas las otras partes de humanidad con las que había estado luchando.

J.N. Reuniste la vida.

M.G. Sí, pero en ese tiempo, no lo comprendía del todo. Sólo sentía que había reunido algo muy primario. Eso me dio un sentido de autonomía tal que poco a poco pude comprender mejor lo que significaba todo esto.

J.N. Interrumpí y utilicé las palabras “Uniste la vida” pero ¿cuáles serían tus propias palabras? ¿Cómo describirías la experiencia? 

M.G. Lo primero que me vino fue un sentido de libertad, de autonomía personal. Luego, cuando empecé a leer los Evangelios y en particular las palabras de Jesús, fue cuando comencé a comprender lo que me estaba pasando realmente –la noción de una nueva vida. En los Evangelios, Jesús estaba dando su vida por mí –dándome una nueva vida y todos esos conceptos que nunca antes había escuchado.

J.N. ¿No fuiste educado en una familia religiosa?

M.G. Bien, fui educado en una familia cristiana pero en verdad todo era como un cuento de hadas. Mi padre no era cristiano. Minaba todas las verdades más divinas que intentaban enseñarnos. Las convertía en historias estúpidas y cosas bonitas que celebrar en Navidad.

J.N. ¿Tu madre era religiosa?

M.G. Sí. Era cristiana aconfesional. Nos llevaba a Iglesias de la Unidad en las que tenían Dios Padre, Dios madre y cosas así. Creo que era una mujer buena que también tenía necesidad de agradar a su esposo –un hombre muy agnóstico y hippy de Berkeley de los años sesenta.

J.N. Así que dime -¿Cuáles son tus comprensiones psicológicas de tu situación?

M.G. Bien, como dije, lo primero que me sucedió fue ese aumento del sentido de autonomía. Luego comencé a advertir cómo funcionan las dinámicas de poder en las relaciones gays.

J.N. Entre hombres.

M.G. Entre hombres –Me di cuenta de que siempre hay una diferencia de poder donde dos hombres no pueden llegar a ningún tipo de acuerdo mutuo sin que uno domine realmente al otro. Mi relación con mi pareja comenzó a llegar a su fin, porque literalmente llegábamos a un callejón sin salida cuando no estábamos de acuerdo. Él no sabía qué hacer cuando sucedió porque estaba acostumbrado a que yo me echase atrás.

J.N. ¿ Estabas cambiando?

M.G. Después de romper, comencé a desarrollar más autonomía. Pero no era sólo sobre la relación. Había también algo muy fundamental que iba mal. Por un tiempo, quería ver todo lo que pudiera ser –excepto la homosexualidad. Literalmente me senté allí, me eché a llorar y rezaba. Luego dije: “¿Qué es? No puedo comprenderlo -¿Qué es lo que todavía está mal?” Y casi era evidente. Escribí en mi ordenador: “Soy heterosexual”. Lo escribí, y cuando lo hice, no podía creerlo. Sentía como que estaba rompiendo la ley, ya sabes.

J.N. Un avance en la comprensión…

M.G. Sin embargo era tan terrible. Sentía que millones de personas se estaban riendo de mí, me estaban condenando, por escribir esas palabras.

J.N. Era como: “¿Cómo te atreves a decir que eres heterosexual?”

M.G. Sí. Pero desde ese momento, me di cuenta de que era la verdad. Entonces tenía que precisar por qué tenía esos deseos y de dónde procedían.

J.N. En otras palabras, “Si soy heterosexual, ¿Por qué entonces siento esta atracción?

M.G. Así es.

J.N. Ese es exactamente el primer paso de la terapia de reorientación, la convicción de que “Soy heterosexual”.

M.G. Bien.

J.N.  Lo que estás diciendo es: “No eres homosexual. Eres heterosexual con un problema de homosexualidad”.

M.G. Exactamente. Y me da gusto oír que es el mismo enfoque que tú le das, porque evidentemente, esa es la verdad. Quiero decir, toda la identidad gay es una invención.

J.N. Una creación social. Y cuando lo ves así, comienzas a preguntarte: “¿Por qué tengo tendencias homosexuales?”

M.G. Así es. A mí me ayudó mucho la meditación. Me uní a una comunidad de aquí –no es una secta pero tienen vínculos con el budismo.

 J.N. ¿Qué tipo de meditación es esa?

 M.G. Es simple. Estás en posición vertical y te concentras en tu respiración.

 J.N. Y luego, miras a cualquier pensamiento que te venga.

 M.G. Exactamente. Y así todo lo que venga no es más que una idea y profundizas cada vez más en tu mente y adviertes ideas mayores y constructos mayores. Eventualmente, también desaparecen. Esto estaba claro, porque lo mismo comenzó a suceder con los deseos hacia el mismo sexo. Al mismo tiempo que estaba sucediendo eso, también leía tus artículos en los que hablabas del Falso Yo. Eso resonaba de verdad en mí, porque concordaba totalmente con lo que yo ya había reconocido como ser este auténtico y autónomo Ser con Dios.

 J.N. El Yo que fue inspirado por Dios y que se consigue a través de tu meditación.

 M.G. Exacto. Yo avanzaba hacia ese Verdadero Yo, reconociendo entonces al Falso Yo y viéndole caer.

 J.N. Muy interesante. Así que empezaste a ver todas esas construcciones de la Identidad con la perspectiva del Verdadero Yo.

 M.G. Cuando leí tu escrito sobre el Falso Yo y también cuando hablabas de la masculinidad y el deseo de masculinidad, tenía muy claro que eso era exactamente lo que me había sucedido a mí. Al mismo tiempo, Ya llevaba mucho tiempo leyendo y había intentado tener más conocimiento de todos los temas en los que creía, que ya no creía más en ellos, políticamente. Estaba empezando a comprender el tema más profundo de cómo nuestra cultura apagaba la masculinidad. Ya había estado examinando estas ideas sobre la masculinidad desde la perspectiva del liberalismo, del socialismo y de la psicología humanística. Comprendí que la masculinidad debía ser igual que la feminidad pero había adoptado ideas feministas. Por lo que cuando leí tu escrito, me dio un sentido perfecto de la masculinidad.

 Cuando miro atrás a mi padre, cómo tenía miedo de la masculinidad… me enseñó a tenerle miedo también. Como consecuencia, cuando tenía nueve años y mi madre lloraba por él, me convertí en su protector contra él y contra las “fuerzas malignas” de la masculinidad.

 J.N. Parece que, para ti, eso fue el origen de tu Falso Yo –un rechazo a afirmar la masculinidad dentro de ti. Eso es un patrón común en los hombres que veo. Tienen una imagen negativa de lo que significa ser un hombre, se alían con sus madres contra sus padres y, al hacer eso, nunca acogen completamente su propia identidad masculina.

 M.G. Totalmente. No quería relacionarme con nada que pudiera hacerle daño a una mujer como pensaba que le había sucedido a mi madre.

 J.N. Porque tu madre era tu figura de vínculo seguro.

 M.G. Así es.

 J.N. Y sin tu madre no eras nada.

 M.G. Exacto.

 J.N. Así, en un sentido, no es que simplemente estuvieses protegiendo a tu madre sino que también te estabas protegiendo a ti mismo de la aniquilación.

 M.G. Exacto, como decías en tu ensayo. Así es.

 J.N. Um.

 J.N. Así que tu familia era la que llamamos la Clásica Familia Triádica –dices que tuviste una madre que se implicaba demasiado y un padre distante y excluido.

 M.G. Sí. Y por supuesto, como describías, cuando llega la pubertad, el cuerpo se llena de energía sexual y ya, estoy anhelando la masculinidad, porque evidentemente necesito tenerla en mi interior. Pero al mismo tiempo, no la quiero porque me da miedo. Todo eso tiene un sentido enorme –y todavía el verdadero detonador aquí, cuando miro atrás, ha sido esta identidad gay inventada (ofrecida por la sociedad). Recuerdo claramente que cuando tenía 14 años, se me acercó un amigo mío y me explicó que yo era gay.

 J.N. La etiqueta responde a todo, ¿no?

 M.G. Exacto. Y ese es el problema.

 J.N. Es una respuesta rápida y fácil para un problema muy complicado.

 M.G. Así es. Y si seguimos alimentando esta identidad en la gente, nunca resolverán sus problemas.

 J.N. Porque el auto-etiquetarse como gay es como poner una capa sobre un aspecto desordenado de tu vida.

 M.G. Sí, es como una capa de azúcar. Y en verdad es insidioso, cuando te das cuenta de que en mi trabajo como editor de una revista gay para jóvenes, ¡le estaba haciendo eso a adolescentes! Eso es lo que hizo que lo dejase.

 J.N. Así que eras editor de una revista gay...

 M.G. Así es. Poco a poco estaba consiguiendo comprender mi identidad gay pero todavía no quería decir nada de ello en mi trabajo. Pero entonces, estaba leyendo historias de libros de afirmación gay que iban a colegios, por lo que me di cuenta de que no podía seguir. Evidentemente, sólo soy un hombre pero puede que diciendo esto ahora pueda ayudar a alguien.

 J.N. Exacto.

 M.G. Es insano. No lo comprendo. Te diré que cuando miré por primera vez la página web de NARTH, me sentí muy culpable. Por supuesto, ya la conocía –Era un activista y siempre los había catalogado a ustedes como gente de “extrema derecha.” Sabía quién eras porque tenía que mantenerme al tanto de la “gente que nos odiaba”. Honestamente, cuando llegué al punto de hacer clic en un artículo de NARTH,  sentía como que estaba rompiendo la ley, como que no debería siquiera leerlo. Sólo pude leer unas pocas palabras y luego tuve que parar.

 J.N. Leer los materiales de NARTH era como un tabú para ti.

 M.G. Era tan terrible. Era increíble –y me hace darme cuenta de lo sometido que estaba –y de cuánta gente lo está también.

 J.N. Sentir esa clase de control social es como estar en una secta, ¿no?

 M.G. Es como una secta. Quiero decir, ahora ves cómo hablan de mí como si hubiese muerto –eso es lo que dicen (los activistas gays). Había un titular en un periódico gay, “La Vida y las Muerte de un Gay Americano” –hablan de mí.

 J.N. Sí pero lo que es irónico es que realmente ¡has encontrado la vida!

 M.G. ¡Exactamente!

 J.N. Cuando lees los escritos de novelistas gays, existe un tema del último declive, en el que todo al final  se destruye –las cosas se degradan, desaparecen y mueren. Hay una búsqueda de la belleza de la juventud pero con una ausencia real de trascendencia. Si lees algo sobre las vida de Oscar Wilde, por ejemplo, verás este mismo tema pesimista. Hay un libro nuevo sobre Wilde escrito por un gay, de quien se pensaría que sería un aliado de Wilde pero, sin embargo, habla de lo rara y perversa que fue la vida de Wilde. Estoy seguro de que tú habrás visto más de esto que yo.

 M.G. He visto mucho de eso. Los hombres más viejos son arrastrados hacia la belleza del chico más joven e intentan capturarla... ya sea por lujuria o por intentar aparentar ser más jóvenes físicamente. Se trata de conseguir esa belleza y masculinidad de la que carecen.

 J.N. ¿Sientes atracciones hacia tu propio sexo ahora? ¿Qué haces cuando aparecen?

 M.G. En verdad, no aparecen con mucha frecuencia. Cuando estaba en un proceso de meditación, me venía un pensamiento o un deseo. Más que agarrarlo o anhelarlo, simplemente “dejaba que existiera”. Mi auténtico yo estaba creciendo y el Falso Yo y el ansia desaparecían.

 J.N. ¿Así que lo ves como una batalla entre el Yo Verdadero y el Falso?

 M.G. Sí.

 J.N. ¿Cuando aflora la atracción hacia el mismo sexo del Falso Yo...?

 M.G. Previamente, la agarraba y quería llamarme “gay” y todas esas cosas, incluyendo todos esos sentimientos, como ser sometido.

 J.N. En vez de ello, lo resistes.
 M.G. Realmente no la combates, porque –una vez más, puede que esto proceda del Budismo- combatirla produce una batalla.

 J.N. Bien. No la combates, te sientas con ella y la toleras.

 M.G. Te sientas con ella y ves por qué está.

 J.N. Bien.

 M.G. Y cuando lo haces, profundizas en ella.

 J.N. Bien.

 M.G. Porque esta atracción hacia el mismo sexo es en realidad una especie de humillación. Es superficial y te da miedo pensar que eso es lo que eres en verdad. Volví a darme cuenta hace un par de semanas. Por un momento estuve preso del pánico y decía: “Debes aceptar esto” pero sólo duró un segundo. No perdí el control ni me aferré a ese deseo por lo que lo dejé ir.

 J.N. Bien. ¿Lo hiciste en un estado de meditación?

 M.G. No, durante el día. Las técnicas de meditación se aplican a la vida cotidiana.

 J.N. Ya veo.

 M.G. Así que cuando la atracción hacia el mismo sexo vuelve a aparecer, la dejo estar y haciendo eso, me siento más como mi auténtico yo.

 J.N. ¿Con qué frecuencia meditas?

 M.G. No tengo un programa fijo. Algunos días me siento y medito durante una hora pero generalmente lo hago una vez cada tres o cuatro días. También he hecho cuatro o cinco programas de fin de semana.

 J.N. ¿Crees que esto te hará progresar hacia la heterosexualidad?

 M.G. Ya lo está haciendo.

 J.N. Está modelando tu vida.

 M.G. No sólo dejas atrás ese Falso Yo. Tienes que construir un Nuevo Yo a partir de la heterosexualidad.

 J.N. Exactamente. Estás diciendo muchas cosas que yo enseño en mis seminarios.

 M.G. Es verdad, porque cuando dejas que salgan tus sentimientos, poco a poco te vas haciendo más fuerte. Y cuando sucede eso, ni siquiera tienes que crear la heterosexualidad.

 J.N. Es espontánea, porque está latente…

 M.G. Ya está ahí.

 J.N. Está en tu naturaleza.

 M.G. Y es tan diferente de la homosexualidad.

 J.N. Por favor, explica cómo.

 M.G. Tú lo has descrito muy bien. La homosexualidad te introduce en un Falso Yo. Todo está en tu mente –y esto es algo en lo que evidentemente he estado muy concentrado- literalmente todo está en tu mente. La diferencia entre ella y la heterosexualidad es enorme pero no creo que los homosexuales vayan a reconocer esto porque están tan acostumbrados a esta vida de sexualidad producida en la mente que no reconocen la diferencia.

 J.N. Cuando tú dices “en la mente”, los gays dirán “Está en mi cuerpo. Cuando veo un hombre atractivo, esa no es mi mente. Lo siento en el cuerpo”.

 M.G. Bien, lo dirán. Sin embargo, lo que es eso es un mensaje de Dios de que quieres algo externo a ti que necesitas realmente para desarrollarlo dentro de ti.

 J.N. Ese es el elemento “reparativo”. La homosexualidad es un esfuerzo por reparar una parte integral de tu naturaleza buscando algo externo a ti que has perdido en tu interior.

 M.G. Exacto. Si viese algún atributo de masculinidad que me arrastrase hacia él, diría: “Bien. Aquí tengo dos opciones. Mi primera opción es ir a por él, agarrarlo y sentir esa masculinidad. O la segunda opción es: detente, haz una pausa, piénsalo y di ‘No, no lo necesito. Ya lo tengo’”.

 J.N. Estupendo.

 M.G. De hecho, es una especie de iluminación porque es un mensaje claro de que existe algo que puedes desarrollar en tu interior. Lo desarrollas y luego ya no lo ansías más.

 J.N. Y gran parte de este alivio de del ansia continua procede de la meditación.

 M.G. Como punto de referencia, al menos. Y funciona, sólo porque puedo saber cuál es el Verdadero Yo y no asustarme de él.

 J.N. Eso es muy importante. Primero tienes que conseguir un sentido del Verdadero Yo antes de hacer la meditación…

 M.G. Así es.

 J.N. ¿Cuánto tiempo llevas haciendo esto? ¿Cuánto tiempo llevas experimentando esta transformación?

 M.G. Bien, si partimos de la primera vez que reconocí el verdadero yo - no sabría realmente si fue en el momento en que tuve la experiencia de Dios hace cuatro años. Realmente empecé a trabajar todos estos deseos hace casi un año y medio.

 J.N. Um.

 M.G. Y esa fue la primera vez en que fui a un centro budista y empecé a meditar y a aprender un nuevo lenguaje- un nuevo lenguaje global de cómo ver mi mente.

 J.N. Así que básicamente, entras en un estado de meditación y observas esos pensamientos mientras afloran.

 M.G. No se trata tanto de entrar en ese estado, porque no es diferente de mi estado regular de la mente. Existe esta percepción de que la meditación es un  estado pero en verdad esa es también una dualidad falsa. No hay diferencia en mí cuando estoy aquí ahora y cuando estoy sentado en meditación. Es esa meditación la que me proporciona el espacio para tranquilizar mis pensamientos y tener un  fuerte sentido para volver, para que cuando regrese a la vida diaria, tenga todavía ese punto de referencia.

 J.N. ¿Volver a qué?

 M.G. Volver a mí mismo.

 J.N. Ya veo.

 M.G. A  veces no lo necesito porque siento que soy bastante auténtico o bastante sólido.

 J.N. (asiente)

 M.G. Pero es interesante también cómo entrelaza con la religión, porque tuve muchas experiencias que incluían intentar centrar mi confusión sobre Jesús. Fue una experiencia muy visceral. Era como si fuese una presencia real- Uno que podía quitarme toda la confusión, o incluso mis deseos y transformarlos.

 J.N. Sí…

 M.G. Y los convertí en algo que era realmente mi Verdadero Yo.

 J.N. Totalmente. Es el poder de lo trascendente de transformarnos.

 M.G. Exactamente. Pero nunca le diría a alguien que puede sanar de la homosexualidad simplemente con la meditación, porque no es la verdad.

 J.N. Está bien.

 M.G. Hay muchos gays que hacen meditación y que dicen que todavía siguen siendo gays.

 J.N. Sí. No están meditando sobre la homosexualidad desde la perspectiva en que lo haces tú.

 M.G. Para mí la meditación fue un medio afortunado para no tener que pasar por la terapia, que habría sido casi imposible porque no tenía dinero. La meditación te da un lenguaje pero Dios te da la dirección y la motivación. Mi cambio no se habría dado en absoluto sin Dios ni Jesús. Conozco gente que lleva meditando durante muchos años y puede que con mucha más calma y sabiduría que yo- pero la dirección que tomaron es diferente y siguen siendo gays.

 J.N. Así que en tu situación, estás introduciendo esa verdad sobre el Falso Yo y la homosexualidad en la meditación contigo. Y cuando hablas de meditación, no es un estado diferente o alterado –es sólo “llegar a la verdad”. La meditación está creando la ocasión para detener las distracciones externas y “llegar a la verdad”, y esa verdad, para ti, es inspirada por Dios.

 M.G. Así es exactamente. Pero tengo que decir que la organización de la meditación me molestaba porque son anti-cristianos. Era algo con lo que tenía que tratar y rezaba mucho por ello. Sentía que Dios me decía: “No dejes esto. Esto es bueno para ti. Sólo coge lo que te hace bien”.

 No quiero que esto parezca como que se puede cambiar sin Dios, porque no creo que se pueda. No lo sé, quizás ustedes tienen éxito con gente que no tiene a Dios...

 J.N. Bien, tenemos éxito con gente que no es religiosa pero como católico, creo que el Espíritu Santo está trabajando en sus vidas también. Muchos hombres ser hacen más religiosos mientras hacen la terapia. No es mi rol como psicólogo introducir ideas religiosas pero los mismos clientes con frecuencia comenzarán a buscar poco a poco conocimiento de un creador mientras crecen en humildad y en transparencia. En efecto, la receptividad a una relación con Dios con frecuencia parece ser parte de un proceso de maduración emocional mayor.
 
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