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Importancia de madurar la masculinidad en las relaciones heterosexuales

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IMPORTANCIA DE MADURAR LA MASCULINIDAD EN LAS RELACIONES HETEROSEXUALES


Negarlo o suprimirlo

Pretender que no hay nada disfuncional en nuestras vidas es como tener un tumor y tratar de ignorarlo. Negarnos a enfrentar nuestros problemas homosexuales es casi seguro que sólo contribuirá a engrandecerlos y multiplicarlos. Podemos resistirnos por un tiempo. Podemos mirar hacia la otra vereda. Pero eso solamente brindará a nuestros problemas tiempo para infectarse y agravarse. Nos podemos abstener de la conducta homosexual pero eso no resuelve nuestros sentimientos.

Usando el poder de la voluntad

Ciertamente que nosotros nunca hemos elegido de manera consciente sentirnos atraídos por personas de nuestro mismo género. Ni podríamos también del mismo modo escoger sentir atracción por las personas del sexo opuesto. Lo más que puede el poder de la voluntad es ayudarnos a resistir los deseos sexuales que nos puedan asaltar en un determinado momento. El poder de la voluntad —solamente— no podrá garantizarnos una sanidad duradera.

Por ello, mejor que trabajar con nuestra voluntad, o con nuestro control mental, encontramos que es mucho más efectivo trabajar sobre nuestro corazón, o sobre nuestras emociones y deseos espirituales.

Intentando forzar a Dios

Muchos de nosotros alguna vez ha tenido la esperanza y ha orado al Señor que de manera inmediata nos cambie, en la idea de que si lo hacemos con la suficiente fe, nos vamos a despertar una mañana con la sensación de que nuestros deseos homosexuales simplemente se han marchado para siempre. Cierto, hay quienes dan testimonio de tales milagros en sus vidas pero ciertamente no parecer ser la norma —y no ciertamente sin tener que pasar por la tortuosa, personal y espiritual labor que precede a toda revolución del alma.

En los hechos, muchos de nosotros hemos llegado a advertir que ¡hemos estado realizado una oración incorrecta por muchos años! Antes que pedirle al Señor que nos cambie, debemos pedirle a El que nos muestre que El desea que tomemos en dirección al cambio, y luego confiar en El lo suficiente como para dar los pasos que siempre hemos temido dar. En realidad lo que nosotros necesitamos es tener la humildad necesaria para aprender las lecciones que la cruenta guerra tiene diseñadas para enseñarnos, y luego de aprendidas ¡dirigirnos en esa dirección!

Como Ben escribe:

Como muchos otros, yo también una vez rogué a Dios que me cambie con el simple toque de su mano, en la misma forma como sanó al ciego de la Escrituras. Yo oraba y leía la Biblia con la esperanza de que ello me cambiaría, pero mientras tanto permanecía en la soledad y en la vergüenza. Sin embargo, recientemente he aprendido que intentar sanar mis heridas emocionales sola y exclusivamente por medio de la espiritualidad era como enyesar mis brazos mientras permanecía con gripe. Estaba enfrentando el problema equivocado. Estaba emocionalmente destruido y me sentía débil, pero en muchas maneras espiritualmente fuerte. El tratar de fortalecerme espiritualmente por mí mismo, solitariamente en mi habitación, no iba a sanar la soledad y el aislamiento que sentía en el mundo de los hombres. El cambio real comenzó a ocurrir en mi vida cuando ví al Señor como el Guía fiel que me conduciría a través de un viaje de sanidad si hacía las cosas tal como Él me indicaría, y no a mi manera.

Para la mayoría de nosotros, la oración y la resolución por iniciar una vida espiritualmente renovada ha llegado a convertirse en el combustible que da poder a nuestro viaje hacia la heterosexualidad y el mapa que guía nuestro camino; y no como inicialmente creíamos: para un viaje circunscrito a nuestro limitado mundo interior.

Siendo complacientes

Algunas vez muchos de nosotros llegamos a convencernos que siendo complacientes con nuestros deseos homosexuales era la única manera de satisfacerlos y quedar liberados de nuestro constante anhelo de atención y afecto masculino. En los hechos esta conducta nos daba alivio momentáneamente. Pero después que éramos complacientes con esos deseos a menudo descubríamos que cuando la excitación y las experiencias eróticas terminaban, nosotros nos quedábamos más solos y desesperados que antes. El “hueco” que se encontraba en el interior mismo de nuestras almas, y que nosotros constantemente tratábamos de llenar, se hacía más profundo y vacío que nunca, por lo que se iniciaba un círculo vicioso que nos impulsaba a buscar más y más satisfacciones. De allí nuestra facilidad para caer en las adicciones y en la dependencia.

Incluso muchos de nosotros que alguna vez encontramos una pareja y pensamos que él estaría siempre allí respondiendo a nuestras necesidades, descubrimos al mismo tiempo la incapacidad de esa persona para llenar el vacío de nuestras vidas. La verdadera necesidad enterrada en lo más profundo de nuestro interior estaba constituida por la existencia de un niño pequeño, necesitado del amor y de la aceptación de su padre y de otros niños que le permitan con total plenitud y orgullo abrazar su masculinidad. El sexo con otros hombres sólo era una fuente de alienación respecto de la verdadera solución a nuestras necesidades.

“Orgullo Gay” o “Reafirmación Gay”

Para muchos de nosotros hubo un tiempo en que la respuesta que realmente estábamos buscando era aceptar y abrazar nuestra supuesta innata identidad gay, “salir del closet” y mostrarnos abiertamente como homosexuales proclamado nuestro orgullo gay. En los hechos, todos aquellos que alguna vez actuamos de ese modo descubrimos que nos encontrábamos ante una experiencia llena de excitación y libertad…, pero temporal. No más seríamos paralizados por la duda y la vacilación. No más volveríamos a escondernos avergonzados. No más volveríamos a ser golpeados tanto por nuestra propia condenación como por la llamada homofobia. Por fin estábamos afuera y orgullosos de nuestra condición.

Pero no importaba cuán felices nos pudiéramos sentir de ser libres por fin de la vergüenza, el ridículo y la propia condenación; y no importaba cuán aliviados nos pudiéramos sentir por haber derribado las defensas que nos llevaron a tomar nuestra propia decisión; lo cierto es que la homosexualidad aún seguía siendo incorrecta para nosotros. Muchos de nosotros cerró los ojos ante esta realidad por mucho tiempo; pero la verdad es que no soportábamos más seguir engañándonos a nosotros mismos. Para nosotros, simplemente, esto era incorrecto. Intentando resolver nuestras luchas homosexuales a través del asesinato de nuestra conciencia, terminamos por reconocer que en realidad estábamos matando nuestras almas.

Sin temor a equivocarme todos nosotros nos sentimos apartados de Dios y de nuestras vidas espirituales. Nos colocamos fuera del ámbito de la consecuencia con nuestros más profundos valores y creencias que se hallaban anclados en nuestras vidas. Y nos sentíamos también más alejados que nunca del mundo de la masculinidad y de la hombría de bien.

Con tristeza constatamos que en el mundo gay las posibilidades de hallar sanación, aceptación y amor incondicional cada vez se encontraban más alejadas. Por el contrario, encontramos en el mundo gay un lugar cargado de promiscuidad, lujuria, obsesión por la juventud y la apariencia física, adicción al alcohol, al sexo y a la lujuria. Solo encontramos murmuración, mezquindad y ruindad. Aunque algunas veces hayamos podido encontrar momentos de sosiego, lo cierto es que esto no era sino el preludio de una mayor soledad emocional y espiritual.

Vergüenza y autocondenación

Todos aquellos que alguna vez “salimos del closet” y nos mostramos abiertamente homosexuales y proclamamos nuestro orgullo gay, descubrimos la inmensa libertad que da el poder liberarnos de la vergüenza y la autocondenación que por tanto tiempo había paralizado nuestras vidas. En verdad, alejarnos de estas emociones destructivas se constituyó en una parte vital de nuestra sanidad, pues pusimos punto final a aquello que nos mantenía atrapados impidiéndonos nuestro cambio real. Pero más temprano que tarde nos dimos cuenta que en realidad resultaba contraproducente abrazar una abierta identidad gay como un intento de liberarnos a nosotros mismos de la vergüenza y la autocondenación, pues ello implicaba suprimir nuestra conciencia y renunciar a nuestros valores. Con fruición descubrimos que finalmente es mejor salir del closet como un hombre que con coraje reclama su innata identidad masculinidad, su amor fraternal por otros hombres y su conexión espiritual con Dios.

Aislamiento y secretismo

Mientras mantengamos nuestro “vergonzoso secreto” en lo profundo y nos propongamos trabajar con él a solas y en secreto, lo cierto es que lograremos poco o ningún progreso. Pero no nos extrañemos. Los problemas que tienen una naturaleza social no se resuelven en el ámbito de la soledad, sin relacionarnos con otros. El temor a relacionarnos con otros nunca podrá ser superado sino asumimos el riesgo de confiar en los demás.

Es más, hemos descubierto que aquello que más deseamos —una vinculación masculina auténtica— es aquello a lo que más tememos. La intimidad emocional implica mucho más riesgo que la intimidad sexual. Por eso preferimos apelar a la lujuria y al sexo para darnos la ilusión de intimidad sin tener que correr el riesgo emocional de abrir nuestros corazones a otro hombre, especialmente a un hombre de verdad.

Intentar forzar la atracción hacia el sexo opuesto

Uno de los peores —aunque bien intencionados— consejos que hemos recibido ha sido resolver nuestros sentimientos homosexuales concertando citas con mujeres o mirando pornografía femenina para fomentar nuestro interés.

Nuestro problema no es con las mujeres y por lo tanto entre ellas no está la solución. Nuestro problema está con los hombres heterosexuales y con nuestra carencia de masculinidad. Nosotros necesitamos pasar mayor tiempo con hombres heterosexuales, no con mujeres. Antes de que nosotros podamos ser concientes de nuestra atracción hacia las mujeres necesitamos sentirnos como verdaderos hombres. Necesitamos crecer más firmemente en una identidad masculina y en el mundo de los hombres. Necesitamos, en fin, superar nuestra “heterofobia” hacia los hombres.


(www.peoplecanchange.com)

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Actualizado ( Jueves, 21 de Mayo de 2009 15:16 )  

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