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Comprendiendo la homosexualidad - Jokin de Irala

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Índice

INTRODUCCIÓN

  • Reflexiones iniciales
  • ¿Por qué es importante saber más sobre la homosexualidad?
  • Definiciones

I- ¿QUÉ SABEMOS HOY DE LA HOMOSEXUALIDAD?

  • El papel de la biología
  • Una etiología multicausal
  • Homosexualidad y salud
  • ¿Se puede modificar la homosexualidad?

 

II- LA HOMOSEXUALIDAD EN EL DEBATE PÚBLICO

  • Una campaña bien preparada
  • El debate por las adopciones y para modificar la definición de matrimonio
  • La Iglesia ante la homosexualidad
  • Un resumen de la situación actual

 

III- ¿QUÉ PODEMOS HACER?

  • Conocer y difundir los antecedentes
  • El papel de la educación
  • La participación social

 

IV- CONCLUSIONES

V. DE INTERÉS

  • REFERENCIAS CONSULTADAS
  • PÁGINAS WEB DE INTERÉS
  • ¿QUIERES SABER MÁS SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD
  • MATERIAL DE DIVULGACIÓN

 

 

Contraportada

        Muchas personas sufren por su orientación homosexual o por la reacción de su entorno. Mientras parte de nuestra sociedad sigue dudando si clasificar o no lo homosexualidad como una alteración, otra parte acepta de buena fe los postulados de los grupos activistas homosexuales. Apoyan, incluso, leyes que asumen como cierto que la homosexualidad es simplemente una cuestión innata o de elección personal  equiparable a la heterosexualidad.

     Sin embargo se sigue opinando sobre la homosexualidad con demasiada frecuencia desde ideas preconcebidas y guiadas por la emotividad.

      Este libro pretende facilitar una reflexión serena. Se comentan aspectos científicos desconocidos por muchos y se analizan cuestiones como el origen de la homosexualidad, la equiparación de las uniones entre personas del mismo sexo con el matrimonio o las adopciones por estas parejas.

        El doctor Jokin de Irala es Licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Medicina por la Universidad de Navarra. Master en Salud Pública en la Universidad de Dundee (Escocia) y doctor en Salud Pública por la de Massachussets.

      En la actualidad es subdirector del departamento de Medicina preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina y Subdirector del Instituto de Ciencias para la familia de la Universidad de Navarra. Ejerce su actividad docente e investigadora en las asignaturas de Epidemiología General, Reproducción humana y Medicina Preventiva en la Facultad de Medicina.

      Entre sus contribuciones científicas se incluyen un centenar de ponencias en congresos nacionales e internacionales, 7 libros, 30 capítulos en libros colectivos... está casado y tiene 4 hijos

 

Introducción

REFLEXIONES INICIALES

      Antes de hablar de la homosexualidad, quiero hacer ciertas reflexiones acerca de las personas con actividad homosexual. No sería aventurado afirmar que probablemente todos conocemos a alguien que directa o indirectamente haya estado o esté relacionado con una persona con sentimientos homosexuales. Por esta razón, se puede decir que esta cuestión nos concierne o nos ha concernirlo a todos en algún momento. En la actualidad, las personas que aceptan y declaran su homosexualidad están más presentes en el cine y en los medios de comunicación: prensa, radio o televisión. Algunos consideran que esto corresponde a la necesaria representatividad de una parte real de nuestro entorno. Hay quienes piensan, por el contrario, que es una agresión deliberada y forzada con el objetivo de «normalizar» la homosexualidad en nuestra sociedad. Y otras muchas personas simplemente no tienen en cuenta el hecho de la homosexualidad, « apartando la mirada» como si no fuera con ellas esta cuestión.

      Otros, debido a su naturaleza violenta, a su falta de conocimiento o simplemente por falta de caridad se afanan en insultarles o agredirles. Pero, aunque no lo parezca, esta violencia inaceptable no es moderna: el triángulo rosa, símbolo de algunos movimientos de gays y lesbianas, se utilizó por primera vez en la época de dominio nazi, cuando obligaron a personas que etiquetadas como «homosexuales» a llevarlo como distintivo en sus sobre todo porque está ligada a la afectividad de las personas.

      Muchas veces se habla de estos temas fundamentalmente motivados por ideas preconcebidas y por emotividad. Esto nos puede llevar a un callejón sin salida, porque los sentimientos y las emociones pueden no ser objetivos, y no suelen arrojar mucha luz a la hora de comprender una cuestión tan compleja como la homosexualidad. Por ejemplo, querer mucho a un hijo con sentimientos homosexuales, pensar y reconocer que es una buena persona no nos ayuda necesariamente a entender la naturaleza de su homosexualidad y puede, más bien al contrario, cegarnos a la hora de valorarla con objetividad.

      La sociedad se encuentra claramente dividida por el debate sobre la clasificación o no de la homosexualidad como enfermedad. Hay cuestiones relacionadas con la salud que, efectivamente, son difíciles de designar o clasificar, pero no dejan por ello de ser "problemas relacionados con la salud". El mismo concepto de salud es difícil de definir. Tenemos todos la sensación de saber lo que es, hasta que la perdemos o la intentamos definir. La Organización Mundial de la Salud definió en 1946 la salud como: «... el completo estado de bienestar físico, psíquico y social y no sólo la ausencia de enfermedad o achaque». Cualquiera que observa esta definición se puede plantear que realmente no está sano porque puede percibir una carencia en alguno o varios de los aspectos de la definición.

      Ésta incluye además el término de «completo estado de bienestar», y no admite situaciones intermedias. Para remediar estas dificultades, el prominente especialista en Salud Pública, Milton Terris, utilizaba en 1980 un concepto más dinámico de la salud y de la enfermedad. Afirmaba que todos estamos en una zona más o menos neutra, en medio de un continuo salud-enfermedad, entre un extremo de salud positiva (óptimo estado de salud) y otro extremo de pérdida de salud (muerte).

      No debe sorprendernos, por ello, que en algunas situaciones nos perdamos en debates conceptuales. Sin embargo, lo importante es recordar que la dificultad para poner una etiqueta a una situación determinada no significa, de ninguna manera, que estemos ante la normalidad absoluta o ante la ausencia de un problema que precisa una solución.

      Por ejemplo, ¿diríamos que una persona excesivamente ansiosa o nerviosa está enferma?, ele diríamos a una persona con sobrepeso que está enferma? Probablemente, no sería un vocabulario aceptable por la población general, ni lo aceptarían con agrado las personas con ansiedad o con sobrepeso. Es posible que alguien afirme que el sobrepeso «no es una enfermedad». Sin embargo, entre quienes hacen dicha afirmación habrá quienes desconocen totalmente la naturaleza real del sobrepeso, y habrá expertos que sí la conocen pero simplemente no estén de acuerdo con etiquetarlo como «enfermedad». Estos últimos cometerían, en mi opinión, un error si a dicha afirmación no le añaden más matizaciones porque la población general estaría recibiendo el mensaje, erróneo y confuso, de que el sobrepeso «es normal o incluso tan saludable como tener el peso normal».

      Es bastante evidente que la ansiedad o el excesivo nerviosismo pueden deberse a un problema de afectividad o a un momento de estrés y que ambas situaciones pueden acarrear problemas de salud. Es evidente también que uno puede recibir ayuda, tanto psicológica como farmacológica, para solucionar esta ansiedad, y que se puede prevenir llevando una vida más relajada. En el caso del sobrepeso, son numerosas las evidencias científicas que lo asocian con un mayor riesgo de varias enfermedades graves como la diabetes. El sobrepeso puede deberse a elecciones libres, pero se debe también a alteraciones del metabolismo.

      En cualquiera de estos casos, a ningún médico se le ocurriría decir a una persona con sobrepeso que «es una cuestión de elección tan normal como tener un peso normal» y que «no se debe hacer nada para prevenirlo». Por último, se puede, y es recomendable por el bien de estas personas, aconsejarles que reduzcan su peso. En este contexto se mueve en cierto modo la homosexualidad; de ahí la complejidad en poner de acuerdo a los especialistas en definiciones concretas. Pero lo importante es intentar superar estas dificultades de nomenclatura pare llegar al fondo de la cuestión y valorar si pedemos y debemos poner realmente al mismo nivel de «normalidad saludable» la orientación heterosexual y la homosexual.

      Pretendo, con la brevedad a la que obligan las líneas disponibles, aclarar los aspectos más fundamentales relacionados con la homosexualidad para que, al fine sea posible una mejor reflexión y una opinión más informada sobre esta cuestión que preocupa a muchos.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE SABER MÁS SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD?

      Es importante que todos tengamos una opinión informada sobre la homosexualidad. Nadie debería sentirse ajeno a este asunto. De que nuestra opinión sea bien informada dependerán cuestiones tan relevantes como el contenido de lo que se enseñe en los colegios o en la familia.

      Se tomarán decisiones importantes en la sociedad sobre el significado y los derechos y deberes del matrimonio, o sobre la adopción de los niños por personas del mismo sexo. Si se declara que no se trata de una alteración, ¿qué pasaría con el derecho de las numerosas personas con orientación homosexual que optan cada día por buscar ayuda para comprender o cambiar su orientación?; ¿lo debería y podría cubrir la Seguridad Social en nuestro país? Las respuestas a preguntas como éstas se ven ineludiblemente afectadas por la postura que tomemos ante la homosexualidad.

      Para ello es fundamental el mejor conocimiento, porque nos ayudará a comprender mejor a las personas con sentimientos homosexuales y a aliviar, en la medida de lo posible, a quienes sufren por esta cuestión.

      En este proceso es imprescindible distinguir entre el análisis de la actividad homosexual y los componentes afectivos y emocionales que la rodean. Esto nos permitirá compaginar el estudio de la actividad homosexual y sus determinantes, con el necesario e incondicional respeto por la persona con actividad homosexual. Es aconsejable, para lograr este objetivo, mantener una cierta «distancia afectiva» al estudiar y tratar la homosexualidad, si bien reconocemos, por las razones expuestas antes, que no es sencillo.

 

DEFINICIONES

Es importante hablar con gran precisión, al referirnos a la homosexualidad; por ejemplo, la «ambigüedad de la identidad sexual» consiste en una situación por la cual pasan algunos adolescentes y que se caracteriza por la presencia de ciertas dudas sobre su identidad sexual. Suele ser pasajera, y acaban sintiéndose heterosexuales al completarse su proceso de maduración. Esta situación no corresponde a una «homosexualidad».

      La «orientación homosexual» se define como la atracción que tiene como objeto de enamoramiento/sexualidad, predominante o exclusiva, a una persona del mismo sexo; suele conocerse también con el nombre de «homoerotismo». En esta situación no hay necesariamente una actividad o comportamiento homosexual.

      Algunos afirman que no existen «personas homosexuales», sino personas heterosexuales con un «problema de homosexualidad», con un «comportamiento o actividad sexual de tipo homosexual» o con un «sentimiento homosexual» porque no les parece correcto definir a una persona, su identidad entera, por un rasgo concreto como su actividad sexual. La ventaja de hablar de «personas homosexuales» es que recuerda que les debemos el mismo respeto que a cualquier otra persona, pero tiene la desventaja de equiparar un rasgo como la orientación o actividad sexual con su identidad personal.

      Se habla de «actividad o comportamiento homosexual» cuando una persona participa en actividades sexuales predominante o exclusivamente con miembros de su propio sexo. Por último, hay quienes utilizan el término de «identidad homosexual» como un paso más, que consiste en autodenominarse homosexual, y que se suele acompañar del etiquetado de «gay» o «lesbiana» y de la adopción de la cultura y del activismo de los colectivos de homosexuales en mayor o menor medida. Sin embargo es preciso recordar que no existen más que dos «identidades» propiamente dichas, la del varón y la de la mujer, determinados por su sexo biológico.

 

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