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Los defensores de la eutanasia ganan terreno

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ROMA, domingo, 3 de mayo de 2009 (ZENIT.org).- Quienes proponen la legalización de la eutanasia siguen adelante con su campaña en algunos países, y con cierto éxito. 

En Gran Bretaña, el doctor Philip Nitschke, activista desde hace tiempo a favor de la eutanasia, promueve la venta de un kit casero para ayudar a la gente a suicidarse. Esta última medida de este famoso defensor de la eutanasia está atrayendo amplias críticas en el Reino Unido, según un artículo publicado en el periódico Australian el 20 de abril.

 En consecuencia, a Nitschke se le retiró la invitación para hablar en un debate el 14 de mayo que tendrá lugar en la Oxford Union. 

Sería ilegal vender el kit, que utiliza el poder de una droga, el Nembutal, en el país de origen de Nitschke, Australia, por lo que se ha lanzado en Gran Bretaña. Un libro que publicó en 2005, "The Peaceful Pill Handbook" (Manual de la Píldora Pacífica), también se ha prohibido en Australia. 

No es la primera vez que Nitschke causa líos en el Reino Unido, como explicaba el periódico Observer el 29 de marzo. El año pasado, su organización, Exit International, impartió una serie de talleres asesorando a la gente cómo suicidarse. Uno de ellos se canceló ante la oposición del consejo local de Bournemouth. 

La clínica suiza para el suicidio asistido, Dignitas, también ha acaparado recientemente titulares. Dignitas acepta clientes extranjeros que buscan poner fin a sus vidas por lo que ha atraído la atención. 

Según un reportaje en el Times del 3 de abril, el fundador de Dignitas, Ludwig Minelli, piensa ayudar a una mujer sanar a morir junto a su marido que es enfermo terminal. La esposa está sana, pero la pareja canadiense se comprometió a un pacto de suicidio para morir juntos. 

Según el artículo, Minelli describía el suicidio como una "maravillosa oportunidad" que no debería restringirse a las personas enfermas o discapacitadas. El Times también informaba de que la Clínica Universitaria de Zurich descubrió que más de una quinta parte de las personas que han muerto en Dignitas no tenían enfermedades terminales. 

Derecho a la privacidad 

En Estados Unidos la situación no es mejor. El año pasado, una jueza del estado de Montana dictaminó que una ley local que convierte en ilegal el suicidio asistido viola la constitución del estado. 

Según un artículo de la revista Weekly Standard del 29 de diciembre, la jueza Dorothy McCarter sostuvo que la prohibición contraviene el derecho a la privacidad recogido en la constitución del estado. Invocó, de igual forma, una cláusula de la constitución que respalda la dignidad humana, argumentando que los enfermos terminales tienen derecho a morir con dignidad. Su sentencia, no obstante, ha sido apelada. 

Las fuerzas pro eutanasia lograron una victoria en el estado de Washington el pasado noviembre cuando los votantes aprobaron en referéndum legalizar el suicidio asistido. Con este voto, Washington se une a Oregón como el segundo estado norteamericano en legalizar el suicidio asistido. 

Según reportaje el 5 de noviembre en el Seattle Times, la propuesta se modeló según la ley de Oregón y permite a los enfermos terminales, que deben ser adultos con capacidad mental, residentes en Washington y a los que se les haya pronosticado una esperanza de vida de seis meses o menos, solicitar para auto administrarse una medicación letal prescrita por un médico. 

Los paladines de la eutanasia gozaron de una fuerte ventaja económica, observaba el Seattle Times. Quienes apoyaban la iniciativa dispusieron de 4,9 millones de dólares en fondos, mientras que sus oponentes apenas tenían 1,9 millones. 

Problemas en Oregón 

Seguir el camino de Oregón puede llevar a desagradables sorpresas para quienes residan en el estado de Washington. El año pasado se informó de que las autoridades negaron tratamiento para su enfermedad a algunas personas enfermas terminales de Oregón y, por el contrario, se les ofreció el suicidio asistido. 

Un reportaje de Fox News el 28 de julio describía cómo a Randy Stoup, que sufría de un cáncer de próstata, se le negó ayuda económica del programa sanitario local del estado para quimioterapia, en orden a tratar su enfermedad. La Lane Individual Practice Association, que se encarga del programa sanitario, respondió a la petición de Stoup ofreciéndole pagar el coste del suicidio asistido. 

Según el reportaje, otros enfermos terminales de Oregón han recibido respuestas similares a sus peticiones de ayuda. 

Luego, un reportaje, publicado el 8 de octubre en la agencia de noticias HealthDay, daba detalles de un estudio de 46 personas en Oregón que requirieron el suicidio asistido en el 2007. 

Los investigadores de la Universidad Oregon Health and Sciences descubrieron que ninguno de los 46 fueron evaluados por un psicólogo o psiquiatra que determinase si sufrían de problemas como una depresión que pudiera empujarles a poner fin a sus vidas.

También comprobaron los expedientes de otros 58 pacientes que requirieron el suicidio asistido en el 2008. Resultó que 15 reunían los criterios de diagnóstico de depresión y 13 de ansiedad. Al final del estudio, tres de los que se sometieron a suicidio asistido reunían los criterios de diagnóstico para depresión. 

Los investigadores concluyeron que la forma en que se practica el régimen de suicidio asistido en Oregón "puede no proteger adecuadamente a los pacientes mentalmente enfermos". 

Manual para suicidarse 

Noticias más preocupantes tienen que ver con el reciente descubrimiento de que Nitschke no es el único en distribuir manuales para suicidarse. En Estados Unidos, la Final Exit Network tiene un detallado documento para instruir quienes asistan a personas a morir, informaba el 22 de abril Associated Press. 

La policía de Phoenix se hacía con el manual al investigar a Final Exit Network en relación con la muerte de una mujer de la ciudad. 

La policía está investigando en Georgia, donde tiene su sede la organización, sobre la conexión de esta red con algunas muertes. 

En febrero una investigación condujo a búsqueda de la policía en nueve estados y cuatro miembros fueron acusados, incluyendo a Thomas E. Goodwin, presidente de la organización. 

Un reportaje el 3 de marzo en Associated Press afirmaba que, según las autoridades de Georgia, la red puede haber ayudado a morir a unas 200 personas. Cuesta 50 dólares unirse al grupo y a los miembros se les asigna un guía para les ayude a suicidarse. 

¿"Derecho a morir"? 

Las presiones para legalizar el suicidio han recibido su contestación. La frase "derecho a morir" era descrita como "un absurdo de moda" por Dominic Lawson en un artículo de opinión para el Sunday Times del 14 de diciembre.

No estamos hablando del derecho a morir, aclaraba, sino del derecho a ser asesinado en un momento a elegir. Esto requiere que otros maten y, por esta razón, la mayoría de los médicos no quieren tener nada que ver con ello, argumentaba Lawson. 

Sus argumentos recibían el respaldo de los datos de una encuesta llevada a cabo por Clive Seale del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Queen Mary de Londres. Según Seale, sólo un tercio de los médicos está a favor del suicidio asistido, informaba el 24 de marzo el periódico Guardian.

Cerca de 4.000 médicos contestaron la encuesta envida por Seale y las respuestas fueron similares a las obtenidas en una encuesta del 2004 sobre el tema.

En un artículo de opinión en el periódico Telegraph del 21 de febrero, Wesley Smith, director adjunto de la International Task Force on Euthanasia and Assisted Suicide, advertía que un derecho a morir puede convertirse en un deber de morir. Wesley había venido a Gran Bretaña desde Norteamérica para participar en un encuentro anti eutanasia que tuvo lugar en la Cámara de los Comunes. 

"En realidad, toda la sociedad, a través de sus instituciones sanitarias y civiles, está llamada a respetar la vida y la dignidad del enfermo grave y del moribundo", afirmaba Benedicto XVI en un discurso, el 25 de febrero de 2008, a los participantes en un encuentro en el Vaticano sobre el cuidado a los moribundos.

El Papa pedía una mayor atención a las necesidades de los moribundos y de sus familias. Este respeto por la vida debe tomar forma en una solidaridad concreta, añadía. Una tarea que exige más que sólo matar al enfermo, pero que está más de acuerdo con la dignidad humana.

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