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Suiza: Dignitas, una cámara de los horrores llamada “suicidio asistido”

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La empresa suiza del "turismo de la muerte" es sobre todo un formidable negocio.

REDACCION HO.- María Teresa Benítez de Lugo firma hoy en El Mundo un espeluznante reportaje sobre Dignitas, la empresa suiza especializada en "suicidar" a personas bajo la cobertura del llamado "suicidio asistido":

"La escena ocurre en Kusnacht, al amanecer. Envuelta en la bruma llega una gran camioneta blanca al borde del lago de Zurich, el vehículo se aparca y baja un anciano que se dirige rápidamente a la parte trasera.

Al abrir la puerta, 20 cajas alineadas. El hombre las coge una a una y tira su contenido al agua, sin pensar, dejando cenizas y pequeños restos de huesos a merced de la corriente.

El protagonista es Ludwig A. Minelli, 76 años, fundador de la asociación suiza de ayuda al suicidio Dignitas.

La narradora de la tenebrosa escena, su ex secretaria general y mano derecha durante más de tres años, la enfermera Soraya Wernli, 52 años. Cuenta también cómo fueron los vecinos quienes denunciaron las idas y venidas al lago de Minelli por sospechar que tenía algo que ver con los fragmentos de huesos desparramados por la orilla."

Como en los campos de concentración

El mito de la muerte "limpia", aséptica, y del servicio que Dignitas estaría prestando a sus clientes, se viene abajo con la declaración de una de las enfermeras de Ludwig A. Minelli, el fundador de este negocio siniestro:

"De acuerdo con los ideales de Minelli, el objetivo es acabar lo antes posible con el sufrimiento. La persona llega a Zurich y, tras una rápida visita médica y una charla con Minelli, se la declara apta para recostarse en una sencilla cama de hospital y tragarse unos gramos de pentobarbital de sodio disuelto en un poco de agua. Previamente, habrá firmado una atestación certificadora de que deja a Dignitas todo aquello que nadie vendrá a reclamar, incluidos sus restos mortales. Algo que con el tiempo terminó atormentando también a la enfermera Wernli.

«Unos días después de que comenzara mi trabajo, Minelli me pidió que vaciara unas bolsas de basura encima de una mesa larga. Eran enormes y, al abrirlas, me quedé horrorizada de su contenido: teléfonos móviles, bolsos, zapatos, ropa, monederos, carteras, joyas y dinero».

«Me di cuenta de que pertenecían a los fallecidos y me sentí asqueada ante todos estos objetos, como si estuviera ante las imágenes que se ven de los campos de concentración nazis», explica Wernli.

La enfermera, que entró en Dignitas porque su segundo marido era amigo de Minelli, estaba escandalizada porque la realidad era muy diferente a los ideales que tenía sobre una eutanasia digna, que la habían llevado a trabajar en esta asociación. Su desengaño fue tan brutal que, cuando llevaba dos años en su puesto, se confesó a la policía y aceptó cooperar con ellos.

«Durante mis últimos ocho meses en Dignitas denuncié a Minelli y estuve informando a la policía de todos sus movimientos. No sirvió de mucho, porque él conoce perfectamente la ley y es muy difícil probar que haya cometido una infracción», admitió tranquilamente Wernli, sentada en su salón en presencia de su marido Kurt.

«Finalmente, abandoné la asociación en 2005 y, desde entonces, no he dejado de atacar sus métodos, más cercanos al afán de enriquecimiento que a los ideales de un fin digno para los enfermos incurables. Dignitas se había convertido en una máquina de hacer dinero, los locales estaban sucios y desordenados porque Minelli no quería gastarse dinero en la limpieza»."

Máquinas expendedoras de suicidio

La enfermera Soraya Wernli revela el sueño del dueño de Dignitas: que el veneno utilizado en sus "suicidios" pudiera comprarse en máquinas expendedoras callejeras.

"«A veces había tanta demanda que no daba tiempo a sacar las cosas de los pacientes que habían fallecido, y el siguiente se encontraba con zapatos y ropa de otra persona por el suelo. Además, como había dificultad para conseguir las recetas de pentobarbital de sodio, se ahorraba en las dosis suministrándose menos de los 15 gramos requeridos para que la muerte fuera corta...

Los pacientes a veces tardaban muchas horas en morir, otros llegaban por la mañana y, después de haber visitado al médico, se tomaban el barbitúrico letal y morían a primeras horas de la tarde. Eran muertes demasiado expeditivas, de personas que no habían reflexionado lo suficiente y que, aunque graves, podían vivir aún muchos años con un tratamiento paliativo».

Minelli se las apañaba, siempre según la contundente denuncia de la enfermera, para lograr médicos mayores «que no temían perder su licencia y que podían hacer los certificados médicos necesarios para confirmar la gravedad de la dolencia y recetar el pentobarbital de sodio. A veces eran especialistas que no tenían nada que ver con las enfermedades de los pacientes, ginecólogos o médicos de cabecera».

Procurarse el pentobarbital de sodio era tan difícil que Minelli decía a su ayudante que su sueño era poder instalar distribuidores públicos del fármaco en estaciones de tren y en los lugares públicos."

6.000 euros por suicida

Soraya Wernli, que está escribiendo un libro sobre las prácticas de Dignitas, revela las cuentas de la empresa y denuncia el ansia de dinero de su propietario:

"El hábil Minelli, ex periodista, abogado, ha explotado esta zona gris de la ley en su beneficio, ayudando a los extranjeros a morir dignamente «sin egoísmo alguno» y facturando, de paso, 6.152 euros por la acogida, visita médica, barbitúricos, acompañamiento, funeral, cremación etc. En Exit, el equivalente para ciudadanos helvéticos, los mismos servicios cuestan tres veces menos.

Además, Minelli ha subido recientemente a 150 euros la cotización que pagan los más de 6.000 adherentes que Dignitas tiene en todo el mundo para poder ser candidatos, si lo necesitan, a una muerte digna. Para facilitar los pagos de los numerosos demandantes alemanes, ha abierto una cuenta en la Commertzbank de Munich que no declara al fisco helvético, según sostiene la enfermera Wernli.

La ex secretaria general de Dignitas acusa a Minelli de querer enriquecerse a toda costa. Ostenta todos los cargos en Dignitas y apenas permite que alguien le asista. Todo es ahorro. Por eso tiraba él mismo las cenizas al lago.

Wernli llegó a presionar a las autoridades fiscales para que examinaran la contabilidad de Minelli, porque los enfermos le hacían donación de importantes sumas de dinero. «Recuerdo el caso de Martha Hauschildt, una mujer alemana que murió a la edad de 81 años en julio de 2003 y a la que vi entregarle 200.000 francos suizos».

«Aunque Minelli no hace una declaración fiscal detallada, también es muy difícil descubrir irregularidades en sus cuentas porque Dignitas está registrada como una asociación y no como una empresa comercial», afirmó a Crónica Jürg Vollenwaider, fiscal del distrito de Pfaeffikon, en Zurich, donde se encuentra domiciliada Dignitas.

Vollenwaider confirmó que «este año hay entre dos y tres suicidios semanales y que la mayoría de ellos son alemanes e ingleses, aunque también hubo un español entre los fallecidos». El fiscal explicó que, debido al secreto profesional, no podía entrar en más detalles."

Suicidios con bolsas de plástico

Soraya Wernli habla del número creciente de personas que requieren los servicios de la empresa de "suicidios" y de los problemas que ello plantea a su propietario, que ha llegado a utilizar bolsas de plástico rellenas de helio para matar a sus clientes:

"La afluencia de suicidas ha provocado problemas en los barrios donde Dignitas ha establecido sus locales, porque los vecinos se quejan de las idas y venidas de la policía y de las ambulancias. Actualmente, la cita con la muerte está fijada en Pfaeffikon, un barrio tranquilo a 15 kilómetros del centro de Zurich, en una casa de color azul cielo y aspecto poco siniestro que Minelli adquirió por unos 800.000 francos suizos a primeros de julio de este año.

Anteriormente se tuvieron que marchar del apartamento que alquilaban en el tercero izquierda del número 84 de la Gertudestrasse (al que acudió Crónica en 2002), porque los vecinos no podían soportar los cadáveres metidos en una bolsa y puestos de pie en el ascensor. Luego pasaron por un hangar, un hotel, el coche del propio Minelli y unos locales situados en Schwerzerbach, cerca del mayor burdel de Suiza.

Nada parece frenar a Minelli quien, ante la dificultad para procurarse el pentobarbital de sodio, llegó a usar helio suministrado en una bolsa plástica. Este método, utilizado el año pasado, levantó una oleada de críticas.

Pero Minelli, seguro de no infringir la ley, se limitó a filmar las muertes de cuatro pacientes gesticulando mientras se asfixiaban con el saco de plástico relleno con helio y se las envío al fiscal general de Zurich, Andreas Brunner. Junto a las bobinas de la película había un mensaje del director de Dignitas que decía «No se necesita prescripción médica para comprar el helio».

La última provocación llegó hace dos meses, cuando presentó una demanda al departamento de Salud de Zurich para poder administrar el pentobarbital de sodio a personas sanas. El objetivo era permitir la muerte de personas no enfermeras que quisieran suicidarse con sus parejas en fase terminal.

La demanda la hizo para satisfacer la solicitud de una pareja de canadienses, Betty y Georges Coumbias, de 72 y 73 años, quienes pidieron a Dignitas un suicidio asistido, aunque sólo uno de ellos está gravemente enfermo. Las autoridades médicas han rechazado esta solicitud, pero Minelli ha recurrido al Tribunal Federal y espera una repuesta para este otoño."

www.hazteoir.org

 

  22/07/2009
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Suiza intenta frenar el ‘turismo del suicidio’ con normas más estrictas

El Gobierno ha visto incrementarse desmesuradamente el número de extranjeros que van a morir al país alpino; el presidente de los médicos ingleses avisa sobre los riesgos del suicidio asistido

Los fiscales de la región de Zurich (Suiza) han establecido normas más estrictas destinadas a frenar el creciente problema del ‘turismo del suicidio’. Se cifran en muchos los casos de los extranjeros que los últimos años viajan al país alpino para suicidarse.

Suiza está empezando a observar como crece el comercio en su país del suicidio provocando la preocupación de funcionarios suizos que ven como su país se está viendo representado en el resto del mundo por la posibilidad de poder matarse a uno mismo en él.
 
A finales del año pasado, alrededor de 100 residentes en el Reino Unido se había suicidado con la ayuda del grupo suizo Dignitas, aunque numerosas personas de otros países también han utilizado los ‘servicios’ de esta empresa. Los fiscales suizos han informado que las nuevas normas propiciarán importantes restricciones en el proceso de obtención de ayudas de los grupos empresarios que cometen suicidios.
 
El nuevo reglamento llega después de que hace tres años los políticos reformaran la legislación existente sobre el tema para abordar el creciente problema. El ministro de Justicia, Christoph Blocar afirmó en junio de 2006 que “el gabinete ha llegado a la conclusión de que [la nueva legislación] no era necesaria”. Al mismo tiempo, el ministro admitía que se carecía de medios para vigilar la aplicación de la eutanasia en Dignitas y los otros grupos y lo justificaba explicando que se crearía demasiada “burocracia”.
 
El nuevo reglamento exigirá que los futuros ‘clientes’ vayan a una consejería habilitada para tal efecto para asesorarse a lo largo de un periodo que puede llegar a meses.
El reglamento también pone límites a los profesionales que se encargan de hacer efectivo el suicidio y regula cómo debe ser la inspección del médico al ‘paciente’.
 
El actual ministro de Justicia, Markus Notter, dijo en la presentación de la nueva norma que “los viajes para suicidarse en Suiza no van a ser prohibidos, pero habrá controles más estrictos para los llamados ‘suicidios rápidos’ que realizan extranjeros”.
 
Voces disidentes desde la medicina
 
El presidente del Colegio Real de Médicos Generales de Gran Bretaña, Steve Field, ha escrito recientemente un artículo en The Guardian en el que opinaba que no creía que “el suicidio tenga cabida en el Reino Unido”.
 
“Si los médicos asumen la función adicional de acabar con la vida al mismo tiempo que se trata al paciente y se protege su vida, se socavaría nuestra credibilidad, la confianza entre el paciente y el médico, y afectaría negativamente a esa relación mutua”, afirmaba el experto.
 
Field dice entender “los argumentos a favor del suicidio asistido”, pero, añade “después de haber escuchado esos argumentos, creo que todos los pacientes merecen tener acceso a cuidados paliativos de alta calidad y que, si existen, no habría razones para el suicidio asistido”.
 
El presidente de los médicos ingleses reconoce que los actuales servicios de cuidados socio-sanitarios en Inglaterra “están mal preparados y desprevenidos para satisfacer plenamente las necesidades de la mayoría de las personas que se hallan al final de su vida”, aunque también cree que “el suicidio asistido no es la respuesta a los males de nuestro sistema de salud”. Field concluye afirmando que su preocupación es “que el Servicio Nacional de Salud vea incentivos para negar el tratamiento a personas que considere demasiado costosas”.
 
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Actualizado ( Sábado, 15 de Agosto de 2009 21:10 )  

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