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El rol del pediatra en el desarrollo pleno de la identidad sexual del niño - Christian Schnake S.

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Fundamentos Bioéticos de su Intervención.

ÍNDICE del LIBRO


I  PRESENTACIÓN DEL PROBLEMA
 
II  OBJETIVOS Y METODOLOGÍA  

III  MARCO TEÓRICO


 
1. Fundamentos filosófico–antropológicos

a. Situación de la familia en los comienzos del siglo XXI

b. Concepto de sexualidad a la luz del Personalismo  Ontológico

2. Definiciones Fundamentales

a. Identidad e Identidad Sexual

b. Homosexualidad

c. Desorden en la Identidad de Género

3. ¿Es Rol del Pediatra intervenir en el Desarrollo de la Identidad del Niño? Fundamentos Bioéticos y elementos a considerar en su  intervención 

IV DESARROLLO DEL PROGRAMA

1. Charla al Personal del Equipo de Salud Infantil: Desarrollo de la Identidad: Objetivo de Salud En Pediatría

2. Guías Anticipatorias del Desarrollo de la Identidad Sexual 


V      CONCLUSIONES
   

VI  CITAS BIBLIOGRÁFICAS              
       

VII  BIBLIOGRAFÍA
               
VIII  ANEXO:
Power point. Charla: “Desarrollo de la Identidad”

I PRESENTACIÓN DEL PROBLEMA


   A la luz de la creciente notoriedad que ha adquirido el tema de la sexualidad en el plano del debate público, a nivel educacional, familiar e incluso político, y cuando aparecen contradictorias versiones sobre su significado, sobre el rol que ella juega en la realización plena de la persona humana, sobre la condición de normalidad que representan una u otra forma de las desviaciones de los patrones reconocidos tradicionalmente, representa una necesidad y una obligación para los profesionales que trabajan en salud en el área de la pediatría-- donde   periódicamente  son consultados por los padres sobre los múltiples problemas a los que se ven enfrentados en el proceso de la crianza de los hijos--, el estar informados y tener una postura definida que derive en el beneficio de sus pacientes en un tema de tanta trascendencia para su pleno desarrollo como seres humanos.

  Durante siglos se consideró el tema de la sexualidad como un tabú, algo que no debía hablarse abiertamente y para lo cual no existía una norma definida más que lo que se iba transmitiendo de generación en generación con las variables aportadas por el estilo familiar de crianza dentro del contexto de una cultura dada. En nuestra civilización occidental, de raigambre judeo-cristiana,  los roles masculino y femenino han aparecido tradicionalmente como muy claramente definidos, con un acentuado predominio del rol masculino en el quehacer público y en la toma de decisiones familiares, dando lugar a una cultura claramente machista, mientras que de las puertas de la casa hacia adentro ha sido la mujer quien ha llevado sobre sus hombros la tarea de educar, fomentar los valores, dar el apoyo emocional y ser en el fondo la real organizadora de la trama familiar.

  En la educación de los hijos respecto de la sexualidad,  ha existido   mayoritariamente  un inmenso vacío,  que es demostrado reiteradamente hasta hoy en día por la tremenda falta de conocimiento no sólo de los jóvenes, sino de sus mismos padres del significado de la sexualidad, la que es  predominantemente vista y enseñada como mera genitalidad. Durante siglos, el primer contacto que tuvieron muchos jóvenes varones con este tema, al llegar a la pubertad, fue la llamada iniciación sexual, cuando eran llevados por sus propios padres a prostíbulos para que tuvieran su primera experiencia, mientras las señoritas eran mantenidas bajo siete llaves en sus casas en la más profunda  ignorancia del significado incluso de sus propios ciclos menstruales, que eran vividos con horror y sensación de culpabilidad. El encuentro conyugal posterior a sus matrimonios, no podía desembocar entonces para una gran cantidad de dichas parejas, más que en frustración, miedo y una relación en la cual la genitalidad se mantenía absolutamente distante del sentido de entrega amorosa que debiera tener.

  El siglo XX, especialmente en su segunda mitad, trajo en estos temas una verdadera revolución, que estuvo enmarcada por un hablar abiertamente del “tema sexual”, bajo el manto favorecedor de las políticas demográficas de las organizaciones internacionales, que veían como una amenaza para la prosperidad y estabilidad mundial el progresivo crecimiento de la población de los países del así llamado “Tercer Mundo”. De esta forma  se combinó una creciente liberalización de la vida sexual,-- que escapó del plano de la intimidad para pasar a convertirse en un tema central de la vida social, el cine, las diversiones, la música, la literatura, etc.--, con una política organizada de antinatalidad que favorecía la existencia de una corriente que separara la sexualidad de la vida familiar y de la reproducción, estimulando así el uso masivo de las más variadas formas de anticoncepción.

  Dentro de este mismo contexto desintegrador de la vida familiar y de la sexualidad como parte de ella, deviene en este período, una creciente irrupción del movimiento a favor de la homosexualidad, en el cual, como respuesta a muchos siglos de estigmatización, demonización y aislamiento social, hombres y mujeres con una condición de lesbianismo u homosexualidad, comenzaron a hacer pública esta situación y a luchar por la defensa de sus derechos personales que eran cercenados por la sociedad cuando su condición homosexual era descubierta. De la defensa de su condición de igualdad como personas y sujetos de los mismos derechos que quienes tenían una condición de heterosexualidad, se pasó, al mismo tiempo que lo hacía toda la sociedad a una etapa de absoluta desinhibición de la manifestación pública de su sexualidad, expresada también abierta y desenfrenadamente por los medios de comunicación social, el arte y las diversas expresiones de la cultura.

  Ante esta situación, en que aparecen nuevos elementos a considerar por los padres, ya  tradicionalmente inmersos en una falta de  formación e información, tanto de su propia vida sexual, más aún en cómo educar a los hijos en dicha temática, pasan a ser muchas veces los medios de comunicación los grandes educadores de nuestra época respecto de temas valóricos fundamentales, trascendentes para el desarrollo integral de la persona humana. Como respuesta, surgen también a nivel de políticas públicas, directrices encaminadas a que este rol educativo recaiga sobre el sistema educacional público, sujeto por tanto a las ideologías de turno, con escasa o nula participación de los propios padres.

  La Psicología del Desarrollo ha aportado evidencia de la importancia que reviste para el desarrollo de la identidad sexual la presencia de un modelo de roles tanto del padre como de la madre, sobre cuya imagen pueda el niño ir construyendo su propia vivencia de sexualidad, la cual comienza a gestarse desde las primeras etapas de la infancia, para venir recién a hacerse estable hacia fines de la adolescencia. En todo este período, la experiencia de la relación que tenga el niño con sus padres, o quienes ejerzan sus roles, van a  marcar en forma indeleble sobre una personalidad que se está estructurando, los rasgos de su propia identidad, siendo de ellos uno de los más relevantes el de la identidad sexual.

   En la experiencia diaria de la consulta pediátrica, son muchas las veces en que el médico tiene la oportunidad de reconocer, ya sea por propia observación o ante la consulta directa de los padres, la gran carencia de formación que ellos tienen  frente a variados temas  relevantes en la formación del hijo. Es así como frecuentemente el pediatra termina siendo un consejero de la familia, en el cual muchas veces se apoyan para la toma de importantes decisiones que tienen que ver con aspectos tan variados como la decisión del colegio, la formación de diversos tipos de hábitos, las formas de relacionarse entre los propios padres y los hijos. Es por esto que resulta evidente que el pediatra se encuentra en una posición extremadamente importante por la gran influencia que sus acciones tienen sobre los padres, de donde emana por lo tanto  una extraordinaria responsabilidad por formarse en estos temas relevantes, y por investigar cuidadosa y delicadamente, en cada oportunidad que tenga, cuales son los puntos críticos del desarrollo por los que está pasando su pequeño paciente y de qué modo pudiera intervenir para favorecer que esta fase de su desarrollo se realice en las mejores condiciones posibles.

 A partir de los años 70 del siglo pasado se desarrolla con un creciente ímpetu, la preocupación por el punto de vista ético de la acción médica y científica en general, dando lugar al desarrollo de la Bioética. En esta disciplina, aparece como un eje central el respeto de la dignidad de la persona humana enfocándose por lo tanto en una profunda reflexión sobre la adecuación del acto médico. En este ámbito, adquieren una gran relevancia y hoy por hoy plena vigencia, temas como el determinar el momento del inicio de la vida humana, la calificación del status de persona humana, los derechos humanos, específicamente los derechos del paciente, etc. Es por ello que me llamara profundamente  la atención el hecho de que a través de los años de mi formación universitaria,  no haya percibido entre los profesionales de la Salud en el ámbito de la Pediatría, una preocupación manifiesta respecto de algo tan crucial como es el desarrollo de una adecuada identidad de los niños, inmersos en una realidad globalizante, y específicamente, que no se tenga mayormente en cuenta la importancia de que los niños desarrollen una identidad sexual de acuerdo con su género y naturaleza. Esta indiferencia ha dado el espacio para que quienes postulan a la homosexualidad como una condición de absoluta normalidad biológica y psicológica, no solo hayan logrado eliminarla de los diagnósticos psiquiátricos, sino que incluso, a través de notas editoriales de importantes órganos científicos como la Revista de la Academia Americana de Pediatría, se haga una defensa de dicha condición, promoviéndose la crianza  e incluso la adopción por parejas homosexuales.
 
 En los últimos años se ha puesto gran énfasis en  el fomento del apego entre la madre y el hijo, habiendo quedado tradicionalmente el padre, quizás como resabio de nuestro modelo de cultura familiar anteriormente citada, muy periférico en esta relación. Ante la evidencia de la importancia que tendría su vínculo con el hijo para el desarrollo de su identidad sexual, y la mínima relevancia que se le otorga a este hecho, por ignorancia o descuido de los profesionales de la salud, y a la vista del creciente mar de estímulos perturbadores para que este importantísimo elemento dentro de la formación de la personalidad se logre a plenitud, se plantea en el siguiente trabajo el entregar los elementos de juicio necesarios para entender el problema del desarrollo de la identidad sexual y asimismo crear algunos elementos de apoyo para la labor del pediatra, que le permitan acercarse a esta problemática, y ayudar a que los padres puedan asumir correctamente su rol, con el consiguiente beneficio de formar hijos más  felices, sanos y plenamente realizados.

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