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El engaño gay - Joseph Nicolosi

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Quisiera tratar en este capítulo el proceso por el que una persona llega a identificarse como “gay”. Mi punto de vista se basa en el tratamiento clínico de más de 400 hombres con tendencias homosexuales durante los dieciocho años que llevo como psicoterapeuta. Mi visión es que la identidad “gay” es una identidad falsa. Esta identidad “gay” ha sido comercializada con brillantez por una gran minoría de personas que están siguiendo conscientemente un programa. Ha sido aceptada, con frecuencia sin ninguna crítica, por muchas de las instituciones más influyentes de la sociedad americana –la psicología y la psiquiatría profesional, las iglesias, la educación y los medios de comunicación social.

SER “GAY” NO ES LO MISMO QUE SER “HOMOSEXUAL”

 Es importante distinguir entre una persona “homosexual” y otra “gay”. Un “homosexual” es una persona que experimenta atracción sexual por personas de su mismo sexo. Sólo algunos “homosexuales” son “gays”. Los “homosexuales” que consideran su tendencia sexual como un desorden no son “gays” y no se definen como “gays”. El hombre que reconoce que tiene un problema de homosexualidad y lucha por superarlo, simplemente es “homosexual.”

 “Gay” es una identidad elegida por algunos homosexuales. La persona que se identifica como gay se identifica con la idea de que la conducta homosexual es tan normal y natural como la conducta homosexual. Por tanto, los “gays” son homosexuales que aprueban moralmente la actividad sexual con personas del mismo sexo y consideran su propia participación en esa actividad tan normal como deseable.

 ¿Qué quiero decir, entonces, cuando digo que la identidad “gay” es una identidad falsa? Quiero decir que “gay” es una identidad ficticia a la que se aferra una persona para solucionar los dolorosos desafíos emocionales. “Gay” –es decir, la auto-identificación como “gay” –es un intento con frecuencia sincero pero siempre mal encaminado de afrontar los problemas reales, aunque de forma trágica, negando aspectos significativos de la realidad humana. “Gay” es un escape, que comienza con frecuencia en la infancia.

 El desarrollo de una identidad “gay” tiene lugar por medio de tres pasos básicos en un proceso psico-social. Comienza, primero, con el niño pre-homosexual y sus desórdenes de género, seguido de su posterior asimilación en la contracultura “gay”, que fomenta esas mismas distorsiones sobre la identidad y sobre la vida. El paso final implica la expansión de la comunidad “gay” de su auto-engaño en el engaño mayor de una gran parte de la sociedad.

IDENTIDAD TEMPRANA DE GÉNERO

 En un periodo crítico del desarrollo llamado la fase de identidad de género, el niño descubre que el mundo se divide en varones y hembras. El niño se ve retado a asumir la masculinidad o la feminidad. “¿Soy un chico o soy una chica?

 Al presentársele la realidad de un mundo de género, masculino y femenino, y al verse forzado a hacer una elección, puede que el niño recurra primero a una estrategia de evitación –haciendo una regresión a una fase de androginia: “No tengo por qué renunciar a los beneficios de ambos sexos. Puedo ser tanto varón como hembra.” En términos psicoanalíticos, puede tener un pene y tener niños. Sin embargo, la realidad le empuja y ahora entra el lenguaje, oyendo “él” y “ella”.

 Tanto los chicos como las chicas se identifican primero con la madre, su “primer objeto de amor” –pero el niño tiene la tarea de desarrollo adicional de desembarazarse de la identidad de su madre e identificarse con el padre. (Aquí hablaremos principalmente de los chicos, porque la homosexualidad masculina es la forma predominante y más agresiva culturalmente de nuestra sociedad, y porque existen diferencias significativas en el camino hacia el lesbianismo). No se equivoquen con esto: La masculinidad, como dijo Robert Stoller, es un logro. El niño –especialmente el varón- tiene que trabajar no sólo en la adquisición de su identidad, sino en la adquisición del género. Toda cultura que ha sobrevivido comprende este asunto del logro del género y apoyará y ayudará al niño por medio de ritos de paso y de iniciación masculina.

 En la actualidad estamos abandonando rápidamente el apoyo de la formación de la identidad masculina de nuestros hijos, especialmente el apoyo esencial para esa formación que procede de los padres. El padre es la persona más significativa del proceso de identificación. Si el padre es cálido, receptivo y atractivo, el chico no se identificará con la madre. En vez de eso se vinculará con su padre para desarrollar sus esfuerzos masculinos naturales. Si el padre es frío, desvinculado, duro o simplemente desinteresado, puede que el chico intente comunicarse con su padre. Pero, eventualmente, se sentirá herido y desanimado y abandonará sus esfuerzos masculinos naturales. Entonces volverá a su madre.

 Al mismo tiempo que no existe evidencia científica convincente de un “gen gay”, ciertos chicos parecen especialmente vulnerables al desarrollo homosexual. La experiencia médica nos dice que el chico que es sensible, pasivo, gentil y con tendencia a la estética, puede ser más susceptible de retirarse del desafío del desarrollo de identificarse con el género de su padre. Puede que un hijo más fuerte, más osado y más resistente pueda tener éxito en pasar una barrera emocional. Pero el hijo sensible piensa: “No puedo ser varón pero tampoco soy una chica, por lo que me quedaré en mi propio mundo andrógino, mi lugar secreto de fantasía”.

 Esta cualidad de fantasía andrógina es un rasgo fundamental de la cultura gay. Esta fantasía contiene en ella, no sólo el rechazo narcisista a identificarse con una cultura de género sino también el rechazo a identificarse con la realidad biológica humana sobre la que se basa nuestra sociedad de género. En efecto, el género –un rasgo nuclear de identidad personal- es nuclear para la forma en la que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Es también una forma nuclear por la que alcanzamos la madurez.

 Un conjunto de estudios confirma la correlación entre la inconformidad de género en la infancia, sugiriendo un desorden de identidad de género y la homosexualidad posterior. No toda la homosexualidad se desarrolla de esta forma pero esta es una forma común de desarrollo. Oímos ecos de este tema una y otra vez en la literatura gay –la historia repetida del chico pre-homosexual que se aísla y “se excluye” de los amigos varones, sintiéndose diferente, inseguro de su masculinidad y solo, desvinculado de su padre y volviendo a refugiarse en la madre.

 Como el género fue una fuente de dolor en la infancia, la aniquilación de las diferencias de género es, de forma nada sorprendente, un asunto central de la cultura gay. Los gays llaman con frecuencia a su actitud “indiferencia hacia el género”.  Un teórico famoso, él mismo gay, habló recientemente de su propia sociedad utópica como una “cultura no polarizadora de género” en la que todo el mundo puede ser potencialmente el amante de otra persona.   

EXCLUSIÓN DE SÍ MISMO Y DE LOS DEMÁS

 La persona que acepta la etiqueta gay en la adultez ha pasado generalmente la mayor parte de su infancia desconectado emocionalmente de la gente, particularmente de sus amigos varones y de su padre. Además probablemente asumió un rol falso y rígido de “niño bueno” en la familia.

 Uno de mis clientes decía: “Yo no tenía entidad. No tenía un lugar en el que sentirme yo mismo.” Otro hombre dijo: “Siempre hacía lo que los demás esperaban que hiciera. Era un actor en las obras de las demás personas.” Y otro cliente dijo: “Mis padres me veían crecer.” Oyendo esto, otro hombre añadió: “Yo me veía crecer”. Esa cualidad de exclusión de sí mismo es evidente en todas esas afirmaciones y todos mis clientes informan de ella. No es extraño que el chico pre-homosexual esté interesado con frecuencia en el teatro. La vida es teatro. Todos somos actores. La realidad es lo que queremos que sea.

 Esta exclusión entorpece el desarrollo de una identidad auténtica, basada en ajustes sanos a las realidades de una adquisición de género. El chico pre-homosexual comienza entonces a introducirse en el mundo “gay” reinventándose a sí mismo. Óscar Wilde (que probablemente fue la primera persona en dar imagen al “gay”), dijo: “Lo natural es simplemente otra posición”. Sin vínculos emocionales domésticos con los que fundamentarle en identidad orgánica, el hombre es plástico. Es el transformista, un Víctor-Victoria, o el personaje de “La Cage Aux Folles”. Es un pretendiente, un bromista –lo que el psicoanalista francés Chasseguet-Smirge llama “el impostor”.

 Freud dijo: “El padre es el principio principal”. El padre representa la transición de la relación maravillosa de madre e hijo a la dura realidad. Pero el chico pre-homosexual se dice a sí mismo: “Si mi padre no me da importancia, yo tampoco se la daré a él”. Si me rechaza, yo le rechazaré a él y a todo lo que representa”. El chico dice: “Mi padre no tiene nada que enseñarme. Su poder para procrear e influir en el mundo no son nada en comparación con mi mundo de fantasía. Lo que se alcanza, puedo soñarlo. Los sueños y la realidad son lo mismo.”

 En vez de esforzarse por encontrar su propio poder masculino y procreador y salir hacia el mundo, el chico pre-homosexual elige permanecer en un mundo lleno de sueños de su propia imaginación. Siente que no forma parte de la vida de las demás personas y comienza a exhibir ese narcisismo y preocupación por sí mismo –rasgos observados generalmente en los homosexuales varones. El chico pre-homosexual se excluye, no sólo de su padre y de los demás chicos, sino de la masculinidad y de su propio cuerpo masculino, incluyendo el primer símbolo de masculinidad, su propio pene –un objeto extraño incluso para sí mismo. La conducta homosexual es la búsqueda de la identidad masculina perdida.

 No antes de los primeros años de la adolescencia, los impulsos inconscientes por llenar ese vacío emocional –querer conectar con su masculinidad- se sienten como deseos homo-eróticos. El siguiente paso será introducirse en el mundo gay. Luego, por primera vez en su vida, este joven solitario y alienado conoce (a través de novelas románticas gays de la biblioteca, personalidades de la televisión o salas de chat de Internet, por ejemplo) gente que comparte sus mismos sentimientos. Pero conseguirá algo más que empatía: Junto con la empatía viene todo un conjunto de nuevas ideas y nuevos conceptos sobre el sexo, el género, las relaciones humanas, las relaciones anatómicas y el destino personal.

 Luego experimenta ese rito de paso emocionante y eufórico llamado “salir del armario”. No es sino un rol más construido para distraerle del asunto más profundo y más doloroso de la auto-identidad. Así, la identidad “gay” no es “descubierta”, como si existiese a priori como un rasgo natural. Más bien, se trata de un proceso aprobado culturalmente de reinvención de la identidad por un grupo de personas con el fin de enmascarar sus heridas emocionales colectivas. Esta reivindicación de haber encontrado finalmente la verdadera identidad por medio de lo gay es quizás el más peligroso de todos los roles falsos que trata el joven que busca identidad y pertenencia. Uno de los beneficios de pertenecer a la subcultura gay es el apoyo y el respaldo que recibe para regresar al mundo de fantasía como método de solucionar el problema.

 ¡Qué beneficios alucinantes recibe el joven auto-etiquetándose como “gay”! Potencialmente, sexo sin límites. Amplio poder o dominio sobre los demás y su ambiente. ¿Por qué? Porque el refugio en un grupo de fantasía, que trae consigo una idea de pertenencia a una cultura que se encuentra fuera de la ley, libera al joven “gay” de sentimientos de inadecuación y de soledad que impregnaron su vida en la cultura “heterosexual”. Un mundo no a su gusto se elimina de su conciencia, sustituido por un mundo llamado precisamente a validar la solución “gay” de sus problemas. Además, le gusta la reivindicación de las heridas de la temprana infancia y, como plus añadido, llega a rechazar al padre que le rechazó. 

LA CÓSMICA “GAY” SE TRANSFORMA

 ¿Cómo ha logrado este grupo de chicos y chicas heridos –conocidos ahora en la adultez como la comunidad “gay”- promover su falsa liberación, no sólo a la cultura popular sino a los legisladores, los políticos, las universidades y las iglesias?

 Existen varias formas y explicaciones. De ellas, cuatro merecen una mención especial.

 La primera es la apropiación de la comunidad “gay” de la retórica de los movimientos por los derechos civiles, probablemente la fuerza más influyente para formar la conciencia colectiva de la sociedad americana de este siglo. Los apologetas gays han explotado los verdaderos asuntos de los derechos como una cuña para promover su redefinición de la sexualidad humana y, esencialmente, de la naturaleza humana. (Digo los “verdaderos asuntos de los derechos” porque, como enseña la Iglesia Católica, todas las personas, incluyendo la persona que se auto-engaña como gay, tienen los mismos derechos. La hostilidad irracional hacia esas personas ha conducido algunas veces a la negación de sus derechos.)

 Una herramienta retórica poderosa utilizada una y otra vez por los “gays” es lo que llamo “La Historia de Salir del Armario”. Es la misma historia genérica que se ha repetido casi literalmente desde hace treinta años, desde las salas del comité de la Asociación Psiquiátrica Americana en 1973 al Show de Oprah Winfrey. “Encontrarse a sí mismo” y “ser lo que uno es realmente” son temas populares de los últimos años del siglo veinte que les parecen atractivos y heroicos. Ciertamente, la persona que cuenta la historia es sincera. Quiere decir lo que dice pero la audiencia mira con extrañeza más allá de sus palabras para comprender su “salida del armario” en un contexto mayor.

 Un segundo factor es que la misma sexualidad está en crisis, con cambios fundamentales que están teniendo lugar ahora en nuestra definición de la familia, la comunidad, la procreación, el matrimonio y el género. Todos estos cambios han tenido lugar en interés del derecho de la persona a conseguir el placer el sexual. El movimiento gay siguió históricamente a la sombra de los movimientos de los derechos civiles y adoptó gran parte de su retórica. Además, diseña el poder ideológico del movimiento de liberación sexual.

 Una tercera explicación del éxito del movimiento “gay” en la corriente principal de nuestra sociedad es comercial. Nuestra sociedad es una sociedad de consumo y los productos de consumo forman nuestra visión de nosotros mismos. Los estrategas del marketing están muy preparados para apuntar a los grupos de consumidores. A las parejas gays se les llama “DINKS” –dobles ingresos, sin hijos. Y eso significa ingresos prescindibles. Los comerciantes siempre han estado preparados para complacer a la clientela gay y los abogados mercantes han dado a la comunidad gay la expresión de la legitimidad. Hoy, casi toda empresa importante ofrece servicios especialmente confeccionados para homosexuales –empresas como AT&T, Hyatt House, Seagrams, Apple Computer, Time-Warner y American Express. El alcohol y los cigarrillos son populares artículos gays. Vemos que centros turísticos gays, cruceros para gays, teatro gay, festivales de cine gays, revistas, películas y ficción gay dan cara y tema a las personas cuyos problemas esenciales son la identidad y la pertenencia.

 Los artículos de lujo como joyas, la moda, los muebles y la cosmética están preparados para aliviar, halagar y gratificar a una minoría herida. Pero más allá de la garantía material, estos artículos de lujo igualan la identidad gay con el éxito económico: “La vida gay es la buena vida”.

 Finalmente, el movimiento “gay” es racionalizado con facilidad por los argumentos del deconstruccionismo, probablemente la ideología más de moda en el ambiente universitario americano. El fundador del movimiento del deconstruccionismo es Michel Foucalt, un “gay” cuyas ideas filosóficas emanaron de su propia lucha personal con la homosexualidad. Realmente Foucalt tuvo el escandaloso plan de destruir la distinción entre la vida y la muerte. En sus años posteriores, se obsesionó con la idea de experimentar simultáneamente la muerte y el orgasmo. Tuvo éxito eventualmente al menos destruyéndose a sí mismo. (Foucalt murió de SIDA en un hospital).

 El deconstruccionismo y la agenda gay son perfectamente compatibles. Ambos subsisten en el derribo de las distinciones tradicionales y en la destrucción de las diferencias basadas en la naturaleza –es decir, la metafísica. Y así, a través del deconstruccionismo vemos animales confundidos con humanos, lo sagrado confundido con lo profano, al adulto confundido con el niño, al hombre confundido con la mujer y la vida confundida con la muerte – todas estas, tradicionalmente las más profundas de las distinciones y separaciones, se encuentran sitiadas ahora por medio del deconstruccionismo moderno.

LA SALIDA

 Hemos visto que la identidad gay es una identidad a la que se aferra una persona y que ha sido respalda progresivamente por nuestra sociedad con el fin de solucionar conflictos emocionales. Es una ilusión colectiva. En verdad, “el engaño gay”. Pero he visto más hombres de los que pueda contar en el proceso de lucha, crecimiento y cambio. La lucha abrasa el alma, como debe ser, porque desafía una identidad enraizada en los años más tempranos de la vida.

 Cuando son adultos, estos luchadores se han introducido en el mundo gay y vuelven desilusionados con lo que han visto. Más que librar una guerra contra el orden natural de la sociedad, han elegido aceptar el desafío de una lucha interior. Esta es, estoy convencido, la única solución existencial verdadera a un problema de identidad histórico.

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