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Es posible el cambio

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La raiz de la homosexualidad no es sexual sino emocional - Jeffrey Satinover

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"....Hemos dicho que hay un consenso general en que el niño pre-homosexual comparte ciertas predisposiciones.

"..¿Y cuales son estas predisposiciones? Si pudiéramos estudiarlas libres del bloqueo ideológico que afecta al tema, muchas de ellas resultarían más ser dones que problemas: una mayor sensibilidad, un impulso creativo, un sentido estético del mundo....

Si lo examinamos de cerca, estos dones resultan ser la otra cara de esas mismas predisposiciones que en la infancia nos causaron ciertos problemas: por ej., una alta sensibilidad emocional nos hizo más intuitivos, pero nos predispuso a sufrir con mayor ansiedad ante estímulos que afectarían menos a otro joven menos sensible.

...Por distintos caminos y situaciones, el joven homosexual recuerda una dolorosa desilusión entre lo que él necesitaba y deseaba, y lo que su padre le ofreció. Tal vez la mayoría coincidirá en que su padre era distante e ineficaz; tal vez era sólo que sus propias necesidades eran lo suficientemente únicas que su padre, un hombre decente, nunca pudo encontrar la forma de sintonizar con él. O quizá a su padre realmente le disgustaba, y rechazaba la sensibilidad de su hijo. En cualquier caso, la ausencia de una cercanía e intimidad sana y afectuosa con su padre, llevó al niño mentalmente a retirarse de él decepcionado, de modo que para protegerse adoptó una "separación defensiva" del padre.

Desgraciadamente, este distanciamiento de su padre y del modelo de rol masculino que él necesitaba, le provocará mas tarde una menor habilidad para relacionarse con sus compañeros.

Podemos contrastar esto con el niño que sufre la muerte de un padre emocionalmente cercano: él será menos vulnerable a desarrollar mas tarde la homosexualidad pese a no contar con la figura paterna.

Esto es porque el problema común del niño prehomosexual no es la falta del padre, sino la separación emocional que el niño forma en contra de un padre persistentemente frustrante para él. El niño que no forma esta defensa (quizá porque existe otra figura paterna importante en su vida, o por su propio temperamento) tiene muchas menos posibilidades de ser homosexual.

Dinámicas complementarias incluyendo a una madre absorbente son comunes, ya que la gente que se casa tiende a escoger personas con "neurosis complementarias": el niño probablemente se hallará dentro de una problemática con ambos padres, en la llamada "familia con la tríada narcisista".

Pero pese a la separación defensiva de su padre, el niño aún carga en silencio con un deseo profundo de calidez, amor, y de unos brazos protectores de un padre que nunca pudo tener ni gozar.

Desde pequeño, desarrolló uniones intensas no sexuales con niños mayores que él admiraba -pero a distancia-, repitiendo con ellos la misma experiencia de deseo de cercanía pero sin poder alcanzarla.

Cuando la pubertad aparece, las urgencias sexuales -que pueden unirse a cualquier objeto, especialmente en el sexo masculino- salen a la superficie y se combinan con aquél deseo intenso acumulado de intimidad y calidez masculina que no ha podido realizar. El empieza a desarrollar deseos homosexuales. Mas tarde, él recordará: "mi primer deseo sexual fue dirigido hacia hombres; nunca me interesaron las mujeres".

La asesoría antes del despertar sexual puede ayudar al niño a que su amaneramiento prepuberal (explicado psicológicamente como su "negativa" a identificarse con un padre a quien rechaza) no sea algo que le aisle aún mas, pero sobretodo, a enseñar al padre - ¡si solo él pudiera entender!- cómo involucrarse afectivamente con su hijo.

Conforme el niño madura, y especialmente en estos tiempos de amplias libertades sexuales, el joven, ahora adolescente, empieza a experimentar con relaciones homosexuales. Sea cual fuere su posición anterior hacia la vida, sus deseos, ahora sexualizados, ya no pueden ser simplemente ignorados y pretender que no existen, por mucho que él ahora así lo quiera y luche con todas sus fuerzas contra ellos. Sería cruel llegados a este punto concluir que sus deseos sexuales son algo que él simplemente escogió.

Un día, finalmente él cede a sus ansias profundas de amor, y empieza a tener experiencias homosexuales voluntarias, encontrando -¡posiblemente para su horror! - que estos deseos, profundos, persistentes y dolorosos son por primera vez en su vida, saciados (al menos temporalmente). Y aunque al mismo tiempo pueda sentir un conflicto intenso, no puede dejar de admitir que la sensación de liberación es inmensa. Este sentimiento temporal de liberación es tan profundo -mucho mas intenso que el placer sexual que sentiría en una sexualidad menos accidentada-, que la experiencia es poderosamente reforzada. Por mucho que él luche, se halla a sí mismo poderosamente inclinado a repetir su experiencia. Y lo más que la repita, lo más que queda reforzado a repetirla de nuevo.

Un día descubre, como en todo el mundo, que el orgasmo es un poderoso calmante de todo tipo de ansiedades. Ahora ha cruzado uno de los límites críticos y más poderosos del tabú sexual. Ahora es fácil para él romper otros tabúes, especialmente el de la promiscuidad. Pronto las actividades homosexuales se convierten en el centro organizador de su vida, conforme adquiere y refuerza progresivamente el hábito de acudir a él regularmente, no sólo por su anhelo original de calidez y amor paterno, sino ahora para calmar ansiedades de cualquier tipo.

Y pasa el tiempo. La vida se va poniendo complicada. Con más frecuencia de lo que a él le gustaría, experimenta de los otros una fría falta de simpatía o aún abierta hostilidad. La vida no es tan bella como él soñó. La única gente que parece aceptarle realmente son otros gays, por lo que él refuerza aún más sus lazos con ellos, con "su ambiente".

Pero no es tan obvio, como dicen los activistas gay, que los demás sean todo el problema. Muchas complicaciones derivan de él mismo; de su mismo estilo de vida, de su vivir fragmentado, dividiendo su atención y su vida entre dos mundos opuestos, de los peligros y riesgos reales de lo subversivo, de la triste realidad del SIDA; de la incapacidad de vivir con integridad valores en los que pese a todo, aún cree. Y si es promiscuo, añadirá una dosis de culpa y vergüenza, que inevitablemente alimentará más su conducta compulsiva ó promiscua.

Y mas allá de que la vida gay le parezca fascinante, en su trato con mujeres no puede evitar la sensación de que él no puede relacionarse, de una manera neutralmente sana ó efectiva, con el sexo opuesto, y que es poco probable que tenga un día una familia (una pérdida psicológica que las campañas de activistas gays parecen no saber considerar).

La vida sigue, y cuando reflexiona con honestidad, ve que hay ciertas áreas de su vida emocional a las que no puede mirar honestamente y sentirse satisfecho. Y nadie -ni aún el más homofóbico, inseguro de su propia sexualidad- es tan duro en sus juicios hacia él mismo como él. Esos mensajes de auto rechazo contra los que él lucha diariamente son sólo reforzados por el panorama auto denigrante que, cual telón de fondo observa en el "ambiente" gay, del que ahora él ha pasado a ser parte. Los activistas a su lado le siguen diciendo que la culpa es de la sociedad opresiva, que es su "homofobia internalizada". Pero él sabe que hay algo más.

Tras luchar con esa pena y culpa por un tiempo, ese niño, ahora ya adulto, llega a creer de forma por demás razonable (y debido a su negación, ahora necesita creer) que: "No puedo cambiar, aunque quisiera de todos modos mi condición es irreversible". Y si por un momento duda, inmediatamente se levanta una duda dolorosa, "¿Entonces porque no he...?" y regresa de inmediato a la antigua culpa y vergüenza

Así, para el momento en que ese niño se ha hecho un hombre, ha formado su propia conclusión: "Siempre fui diferente, nunca encajé en el mundo heterosexual. Desde niño y tan chico como puedo recordar siempre me sentí atraído hacia mi propio sexo; la primera vez que me enamoré fue de un hombre, no de una mujer. Yo no tengo ningún interés real en personas del sexo opuesto. Traté ¡vaya si traté de todas las formas posibles!, desesperadamente. Pero mis experiencias sexuales con niñas nunca fueron algo especial.

Y la primera vez que tuve sexo homosexual, supe que eso era lo que estaba buscando. Así que es perfectamente lógico para mi que la homosexualidad es mi destino. Yo traté, ¡Dios sabe cómo!, de cambiar, y no pude. No pude porque el cambio es imposible. Finalmente, dejé de martirizarme y me acepté como soy".

Es obvio que en una sociedad que normaliza la homosexualidad sin cuestionar su moralidad, apoya esta forma de pensar, y de forma más temprana. Quizá menos obvio pero igualmente cierto, es que una sociedad del ridículo, rechazo y la condena fría hacia él como persona, le han llevado con la misma -si no mayor- fuerza a la misma posición.

Si tal joven adulto mantiene su deseo de tener una familia tradicional, este hombre seguirá luchando contra su "segunda naturaleza". Dependiendo de a quien se halle en su camino, puede que siga atrapado entre la condena heterosexual y el activismo gay, o se hunda en el infierno de la doble vida, tanto en el plano secular o religioso.

El mensaje que más urgentemente necesita oír es:

"tu deseo homosexual tiene una raíz emocional, no sexual. No necesitas mas sexo, necesitas más profundidad emocional".

Si él decide continuar con su pareja o su forma de vida, ahora tiene una profundidad que le hará conocer mejor sus verdaderas necesidades y sus verdaderas formas de suplirlas.
Si él entra en el camino religioso, esto le dará una nuevo corazón para incluir a toda su grey, no solo a sus compañeros de necesidad.

Si él entra en el camino terapéutico del cambio, encontrará que el camino es largo y dificultoso, pero extraordinariamente gratificante. El tiempo y curso para la restauración de la heterosexualidad típicamente tarda más que la duración promedio del matrimonio americano (lo que es una llamada de atención a que tan dañadas van nuestras relaciones hoy día): dos años.

De las terapias seculares, él profundizará en la verdadera naturaleza de sus deseos, en que no son realmente acerca de sexo, de que él no está definido en base a sus apetitos sexuales. En esta situación, él muy probablemente aprenderá cómo relacionarse con otros hombres y obtener de ellos intimidad y camaradería masculina genuina no sexualizada, y cómo relacionarse sanamente con una mujer como amigo, amante, compañero de vida y Dios quiera, como la futura madre de sus hijos.

Por supuesto las viejas heridas no desaparecerán simplemente, y mas tarde, en tiempos de gran estrés los viejos patrones de escape reaparecerán. Conforme viva una vida de mayor y mayor honestidad y cultivando una genuina intimidad con la mujer de su corazón, los nuevos patrones crecerán mas y mas fuertes, y los antiguos patrones codificados en sus neuronas se harán mas y mas débiles.

Con el tiempo, sabiendo que esto tiene poco que ver con el sexo, el aprenderá a respetar y dar buen uso a lo que queda de sus antiguas urgencias. Serán para el una forma de "señales de alarma", una señal de que algo anda mal en la casa, de que algún viejo patrón de deseo o de rechazo está siendo activado. Y él hallará que entre mas rápido ponga la casa en orden estos viejos impulsos volverán a la calma. En su relación con los demás -como esposo, amigo, profesional - él tiene ahora un nuevo don. Lo que fue un día un lastre es ahora una bendición, para él mismo y para los demás

(Dr. Satinover M.D., 1995, "The complex interaction of genes and enviroment: A Model for Homosexuality")

Tomado de www.peoplecanchange.com

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