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Una crítica a la teoría EBE de Bem - Joseph Nicolosi

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La teoría E.B.E. de Bem depende de dos ideas características de la cultura gay: que las diferencias de género son arbitrarias y están determinadas culturalmente y que la sociedad necesita relajar sus límites sexuales.

En "Lo Exótico se Convierte en Erótico: Una Teoría del Desarrollo de la Orientación Sexual," (Revisión Psicológica 1996, Vol. 103, #2, pp. 320-335) y su próximo libro, Daryl Bem explica la formación de la homosexualidad masculina en una secuencia de seis pasos de sucesos llamada la teoría de E.B.E.

Un antiguo profesor de filosofía que tuve  solía decir: "Para cada pregunta compleja existe una respuesta simple -y ésta suele ser errónea."

La teoría E.B.E. intenta responder a una cuestión compleja justo con este tipo de respuesta simple. Con su énfasis mecánico sobre el despertar autonómico, uno se pregunta por qué no se publicó entonces el documento en el Diario de Neuroanatomía. La teoría de Bem omite explícitamente cualquier explicación intrapsíquica e interpersonal de la homosexualidad, implicando que el desarrollo psicosexual normal no es más complejo o no tiene más sentido que un mecanismo de estímulo-respuesta.

Comienza con (a) "variables biológicas", que predeterminan (b) "el temperamento de la infancia", teniendo como consecuencia (c) "una conducta inapropiada de género", que produce que el chico (d) "se sienta diferente de los demás chicos de su mismo sexo", lo que crea dentro del chico (e) "el despertar autonómico no específico" hacia los otros chicos, que se experimenta eventualmente como (f) "atracciones eróticas/románticas", como sigue:

  • a. Variables Biológicas (por ejemplo, genes, hormonas prenatales)
  • b. Temperamentos de la Infancia (por ejemplo, agresión, nivel de actividad)
  • c. Actividad Típica/ Atípica sexual y Preferencias de Compañeros de Juego (Conformidad/No conformidad de Género)
  • d. Sentirse diferente. Semejantes de Mismo/Opuesto Sexo(distinto, no familarizado, exótico)
  • e. Despertar Autonómico No Específico a Compañeros del Mismo/Opuesto Sexo
  • f. Atracción Erótica/Romántica hacia Personas del Mismo/Opuesto Sexo (Orientación Sexual)

Así Bem remonta la orientación sexual adulta a las preferencias de la infancia por actividades y amistades típicas del sexo o atípicas del sexo. Los niños típicos -los que se conforman a la norma de su género crecen sintiéndose diferentes del sexo opuesto; de esta forma se sentirán atraídos por el sexo opuesto en la edad adulta. Por el contrario, los niños que crecen sintiéndose diferentes de los de su propio sexo en la infancia crecerán generalmente con tendencias homosexuales. Cita un estudio en el que el 75% de los chicos con problemas de identidad de género crecían siendo homosexuales o bisexuales.

El libro famoso del Dr. John Money, El Síndrome del Chico Afeminado, describe un escenario similar, como el Desorden de Identidad de Género de Zucker y Bradley y Problemas Psicosexuales en Niños y Adolescentes, revisado en el Boletín de NARTH de Agosto de 1996.

El núcleo de esta teoría, como explica Bem, es "la proposición de que los individuos llegan a sentirse atraídos erótica y románticamente por los que eran distintos o extraños a ellos en la infancia." Así, ve la homosexualidad como una predisposición biológica a la no conformidad de género, que conduce a un aumento del despertar fisiológico en respuesta a la extrañeza percibida del sexo opuesto.

He tratado a más de 400 hombres en mi trabajo como especialista clínico de la terapia reparativa de la homosexualidad y puedo dar fe de que la descripción de Bem de la secuencia de hechos de la infancia es correcta -al menos superficialmente. Su teoría concuerda con el principio principal de la terapia reparativa: nos sentimos eróticamente atraídos hacia aquellos con los que no nos sentimos identificados. De hecho, muchos hombres de orientación homosexual expresan el sentimiento de de no haber sido "uno de los chicos" y haber estado "mirando desde fuera" a las actividades masculinas a lo largo de la infancia y adolescencia. La mayoría de mis pacientes estaban todos demasiado unidos a sus madres pero nunca pudieron comprender a sus padres. Incluso cuando llegaban a la edad adulta, los hombres seguían siendo un misterio.

Pero el problema reside en que Bem está intentando explicar la totalidad con una parte de la totalidad. Esto se llama reduccionismo o como vemos en la teoría E.B.E., deconstruccionismo. Bem reduce esencialmente la psicología del desarrollo a una visión deconstruccionista social del sexo, en la que las ideas de la normalidad de la heterosexualidad y de la normalidad de la identificación con el propio sexo se consideran meras construcciones sociales.

LA DESAPARICIÓN DEL "CÓMO"

Esencialmente, Bem saca todo el discurso de los principios establecidos de desarrollo psicosexual sobre el mecanismo neurológico de "excitación". Citando la "observación bien documentada de que la novedad y la falta de familiaridad elevan el despertar," asume que el despertar autonómico elimina todas las demás consideraciones.

No considera las auténticas necesidades del chico de aceptación, afecto y aprobación de los miembros del mismo sexo, particularmente de su padre y sus amigos varones, y de su genuina necesidad de experimentar que es un chico como los demás. En ningún lugar está el reconocimiento de la necesidad emocional natural del chico de vínculo e identificación. Para Bem, incluso el amor es reducido a despertar autonómico.

Evita la vista amplia de la investigación de los sistemas familiares, las historias de casos clínicos, el auto-relato de los homosexuales que han vivido la transición hacia la heterosexualidad y una comprensión del proceso de cambio psicoterapéutico. No dice nada de la comprensión psicodinámica bien establecida del proceso de identificación de género, especialmente a través de la relación con el padre del mismo sexo. (Bieber 1962; Hatterer, 1970; Kronemeyer, 1970; Mayerson y Lief, 1965); ignora los sistemas familiares y la teoría de relaciones objeto, y la teoría psicoanalítica/ de Edipo (Socarides, 1968); además de la pobre relación padre/hijo bien documentada del homosexual masculino (Bieber 1962). No hace referencia a la comprensión más profunda de van der Ardweg (1985, 1986) del significado de las relaciones con sus amigos del mismo sexo. Así, su modelo descarta tanto la experiencia subjetiva como el sentido personal.

Con este descarte, el modelo falla en la comprensión del sentido del desarrollo de los momentos críticos de la vida del chico prehomosexual. Un paciente de 35 años me describía unos de estos momentos:

"Recuerdo el momento exacto en que supe que era gay. Tenía 12 años y estábamos tomando un descanso entre clase y clase. Caminábamos por el gimnasio y por el vestuario, y un chico mayor salía de la ducha. Estaba mojado y desnudo y pensé: ¡Wow!"

Le pedí al paciente que me dijese de nuevo exactamente cuál fue su experiencia. Se puso muy pensativo. Luego respondió:

"El sentimiento era: ‘Wow, si yo fuera él'."

Cuando era un niño pequeño, este paciente había sido asmático y frágil físicamente. De forma muy clara, el "tipo mayor" que salía de la ducha era su yo idealizado -todo lo que él no era y que le habría gustado ser.

Las necesidades del desarrollo normal insatisfechas predisponen al chico a la experiencia "¡Wow!" y posteriormente, por medio de las influencias de una cultura progresivamente de afirmación gay, estos sentimientos son interpretados como "Por lo tanto debo ser gay". Este movimiento tiene lugar durante la fase de transición erótica crítica y los esfuerzos de identificación enraizados en el déficit emocional del mismo sexo comienzan a ser sexualizados. Cuando el paciente reconoce que realmente estas atracciones representan necesidades de identificación con el mismo sexo, comienza la curación de la homosexualidad.

Bem dice que omite la consideración del sentido del desarrollo más profundo de la experiencia porque la literatura no establece "una teoría del desarrollo de la orientación sexual coherente, basada en la experiencia". El problema, dice, reside en los intentos pasados de la psicología de "medir empíricamente la experiencia." (Enmendará esta carencia, dice, encontrando una medida para una concomitancia neurológica de la experiencia.)

SOBRE UNA BASE INESTABLE: BELL Y WEINBERG

Bem construye su modelo casi exclusivamente sobre el estudio de Bell, Weinberg y Hammersmith, Preferencia Sexual: Su Desarrollo en Hombres y Mujeres (1981), un estudio que clama "de una vez por todas" desprestigiar los factores de desarrollo y de la familia unidos a la homosexualidad. Este estudio analiza los datos recogidos de experiencias familiares por medio de un procedimiento estadístico llamado la senda del análisis. Diseñado originalmente para utilizar en las ciencias naturales, se ha considerado inapropiado su uso en las ciencias sociales (Brandstadter y Bernitzke, 1976).

Muchos escritores han criticado las conclusiones a las que llega el estudio de Bell (Gagnon, 1981; Reiss, 1982, DeLamater). En una revisión del estudio de Bell en Sociología Contemporánea, Ira Reiss comenta:

"Es duro ver cómo este estudio puede hacer caer nuestro pensamiento ‘de una ver por todas' ... la tendencia a presentar mal la importancia de las variables indicadoras, implicando así un fuerte rechazo a las teorías previas, es poderosa... existe una seria carencia de desarrollo teorético al manejar los datos... En general, el libro no convence como desarrollo de ideas teoréticas en preferencias sexuales sino como un intento de quitar importancia a aspectos de otras visiones antiguas, psicoanalíticas."

¿Por qué Bell et al. descarta de forma tan ensalzada los datos de la familia? Algunas fuentes ven un deseo de interpretar los datos con objetivos de defensa gay. En Desorden de Identidad de Género y Problemas Psicológicos en Niños y Adolescentes, afirma Zucker (1995):

"... deberíamos advertir que el estudio de Bell et al. tendrá que comprenderse al final en un contexto más amplio -que el de la política sexual de nuestro tiempo." (p. 240)"... Su interpretación de sus datos fue coloreada claramente por lo políticamente correcto... Si de hecho, aspectos de sus datos de interacción y relación de familia mostraban una salida de un ideal de funcionamiento óptimo en hombres homosexuales, Bell et al. (1981) ... (tendía) ... a minimizar los efectos significativos observados.

"Influidos por el zeitgeist... (ellos) eligieron interpretar sus datos mostrando que el vaso estaba medio vacío, no medio lleno" (p.241).

AMOR COMO FETICHE

Bem entonces va atrás en el tiempo para buscar otra evidencia de apoyo de su teoría E.B.E. a una referencia de 1887 que explica que "la emoción fuerte y vivida" llega a relacionarse con sentimientos de "amor". Cita una obra literaria en la que un hombre, intentando cortejar a una mujer, lo hizo matando sus palomas. Su estado de excitación tan intensa al ver las palomas que sufrían contribuyó a que se enamorase de su pretendiente.

Va todavía más atrás en el tiempo a un libro romano del primer siglo llamado "El Arte del Amor". En este manual, Ovidio advierte que cualquier hombre que esté interesado en la seducción sexual, debe llevar a la mujer a un torneo de gladiadores, donde sería seducida con pasión de forma más fácil.

Según este modelo de "excitación", tanto la homosexualidad como la heterosexualidad son reducidas a la psicología del fetiche. Miedo, ira, odio, sadismo, masoquismo, pasión romántica, amor perdurable -para Bem, todo brota de la misma fuente en el mecanismo.

Los fetiches, en efecto, no los ve como desórdenes sino como reflejos de prejuicios culturales arbitrarios. Los atributos físicos que no son considerados bonitos por una cultura (los pies, por ejemplo), cuando son erotizados por individuos dentro de esa cultura, producen que a esa persona (según la visión de Bem) se le moleste injustamente al llamársele fetichista. A él le parece que a los hombres heterosexuales de nuestra cultura a los que les encantan los senos de las mujeres se les debería considerar que tienen un fetiche. Pero el problema de esta visión deconstruccionista es que, como sabe cualquier clínico, el instinto irresistible y la cualidad compulsiva de la parafilia no es lo mismo que la atracción normal del hombre heterosexual a la anatomía femenina. Más allá, reduce toda la atracción sexual normal al nivel de un fetiche. Quizás para Bem, el mismo amor no es sino un simple fetiche.

Al mismo tiempo que concede que no entiende lo específico de cómo precisamente lo exótico se vuelve erótico, se muestra bastante satisfecho en llegar a la conclusión:

Es suficiente saber que el despertar autonómico, a pesar de su fuente o tono afectivo, se puede experimentar subsiguientemente de forma cognitiva, emocional, y fisiológica como atracción erótica/romántica. En ese punto, es atracción erótica/romántica." (p. 326)

La teoría E.B.E. es un intento de contribuir a un modelo de desarrollo de orientación sexual "diferente pero igual", tratando la homosexualidad y la heterosexualidad como el mismo fenómeno.

Para acomodar su modelo neurológico simplista de la persona, Bem debe seguir con una comprensión simplista de la cultura. Juzga a la cultura como responsable de la elección de objeto sexual, debido a sus "constricciones sociales de género", y de forma repetida lamenta nuestra "cultura polarizante de género" -pero no ofrece cultura no polarizante de género como contraste.

Desde el punto de vista de la comunidad gay, el modelo de Bem hace una contribución importante en el hecho de describir un modelo de desarrollo homosexual que no es patológico. (Después de treinta años de matrimonio y dos hijos, recientemente "se declaró" gay.) "De hecho", dice, "la comunidad gay debería estar contenta con la teoría E.B.E. porque ve la heterosexualidad no más natural biológicamente que la homosexualidad." [1]

Pero viendo la homosexualidad como esencialmente el mismo fenómeno que la heterosexualidad y poniendo la orientación sexual y el amor romántico a par con los fetiches, descuida el mayor significado de las relaciones humanas. Rechazando dar por supuesto que la heterosexualidad es el resultado maduro del desarrollo psicosexual, contradice una simple -y creo que segura- definición de trabajo del término "normal": lo que funciona de acuerdo a su diseño.[2]

Para apoyar esta filosofía, cita a su (aparentemente anterior) esposa Sandra  cuando ella describe su aparente pansexualidad de forma bastante oscura:

"Ahora no soy -ni nunca he sido -‘heterosexual', pero tampoco he sido ‘lesbiana' o ‘bisexual'... la dimensión sexual de la pareja implícita en las tres categorías... me parece irrelevante según mi patrón particular de atracción erótica y experiencias sexuales.

"Aunque algunas de las (muy pocas) personas por las que me he sentido atraída... han sido hombres y algunas han sido mujeres, lo que estas personas tienen en común no tiene nada que ver ni con su sexo biológico ni con el mío- de lo que llego a la conclusión, no de que me siento atraída por ambos sexos sino de que mi sexualidad está organizada alrededor de otras dimensiones más que del sexo."

UNA SOCIEDAD EN LA QUE CUALQUIERA PUEDE SER EL AMANTE DEL OTRO

Trabajando sobre la revelación personal de su esposa, Daryl Bem procede a definir su propia sociedad utópica. Describe un mundo liderado a menudo por teóricos gays -en el que cualquiera podría ser el amante del otro y el género sería insignificante. Ve una...

"cultura no polarizante de género que no separa de forma sistemática a sus hijos ni del sexo opuesto ni de sus amigos del mismo sexo. Esos niños no crecerían siendo asexuales; más bien, sus preferencias eróticas y románticas cristalizarían simplemente alrededor de una variedad de atributos más diversa e idiosincrásica. Los caballeros todavía podrían preferirlas rubias pero algunos de estos caballeros (y algunas señoras) preferirían rubios de cualquier sexo. En la deconstrucción final, entonces, la teoría E.B.E. se reduce a un principio ‘esencial': Lo exótico se convierte en erótico" (p. 332).

Al final, Bem es llevado así por su propia teoría deconstruccionista radical que ve como lo único "dado" en el desarrollo de la orientación sexual. No hay nada más normal y necesario para el desarrollo sexual sano. Complacido por la elegancia de su modelo, concluye:

"Eso es. Todo lo demás es revestimiento cultural, incluyendo el mismo concepto de orientación sexual." (p. 331)

 


[1] Bem, D. Cornell Chronicle, August 29, 1996, p. 8.

[2] King, C. (1945). "The meaning of normal," Yale Journal of Biology and Medicine, 18, 493-501.

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