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La homosexualidad a la luz de la genética - N. J. de la Barreda

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Introducción


El tema del posible determinismo genético de la homosexualidad, no puede desligarse del trasfondo moral que conlleva. La perspectiva moral de este rasgo del comportamiento humano sería muy distinta de tratarse de una opción voluntariamente aceptada, sin una base genética demostrada, que de tratarse de un comportamiento inevitable dependiente de un condicionamiento congénito. Si los comportamientos de gays y lesbianas se deben a una tendencia genética a la homosexualidad, la presión social o la discriminación en su contra estaría menos justificada. Por ello, es necesario comenzar diciendo que en este caso es más preciso aún, si cabe decirlo, un rigor en la demostración empírica de la existencia de una base hereditaria.


Pero inmediatamente hay que señalar que la base genética de este tipo de caracteres del comportamiento humano, como de cualquier otro de la personalidad y de la propia inteligencia son de los más difíciles de estudiar en Genética, por dos motivos fundamentales: por las dificultades propias de la metodología analítica de las dos ramas de la genética implicadas, la Genética del Comportamiento y la Genética Cuantitativa, y por la propia dificultad de los análisis genéticos en el hombre, especie en la que por obvias razones morales no puede llevarse a cabo un análisis formal mendeliano basado en cruzamientos dirigidos, ni un análisis de respuesta a una selección artificial, o la obtención de líneas puras, que suelen ser los métodos habituales que permiten desvelar el determinismo genético de cualquier carácter de conducta en las especies animales.


La Genética Cuantitativa, se encarga del análisis de los sistemas multigénicos o poligénicos, que consisten en sistemas de muchos genes, normalmente repartidos por el genoma y cuyos efectos individuales son muy pequeños, de modo que es la combinación aditiva de muchos de ellos la que contribuirá en mayor o menor medida a la manifestación del carácter. Pero además, por la propia naturaleza cuantitativa de estos caracteres en su manifestación influye de manera importante el ambiente, tanto el fisiológico interno, como el externo. De este modo supuesto un determinismo genético cuantitativo de un carácter a analizar, como podría ser el comportamiento homosexual, se trataría de desbrozar el carácter para desvelar que parte de la expresión fenotípica se debe a la componente genética, cual a la componente ambiental, y cual a una posible interacción genotipo-ambiente.


La casuística que en el caso de la homosexualidad interesaría conocer estaría relacionada con el conocimiento de la parte de variación fenotípica que se debe al genotipo, en distinción de la que se debe al ambiente, bien entendido que por el genotipo entenderíamos, no un gen o unos pocos genes, sino múltiples sistemas de pequeño efecto individual, salvo que se demuestre la existencia de un gen "mayor" decididamente implicado. Por su parte, por influencia del ambiente en un carácter de comportamiento humano nos estaríamos refiriendo a las complejas influencias positivas o negativas recibidas durante la educación, desde el nacimiento, y en particular durante las etapas infantil y adolescente.

Para que nos demos cuenta de las dificultades que encierra este tipo de análisis, baste decir que un mismo genotipo multigénico puede derivar hacia muy diferentes manifestaciones fenotípicas, dependiendo de las influencias ambientales durante las etapas críticas de manifestación del carácter. Pero también se podría llegar a dar un mismo aspecto fenotípico a partir de genotipos diferentes. Sencillamente los caracteres cuantitativos muestran una distribución binomial de manifestaciones fenotipicas, debido precisamente al efecto ambiental.


La otra rama de la Genética que tendría que ver con los aspectos de la personalidad es la Genética del Comportamiento, que se ocupa del análisis del control genético de las acciones de los organismos, entendiendo como acción cualquier reacción a cualquier estímulo. Esto incluye todo tipo de reacciones de conducta, que varían en su manifestación de unos organismos a otros, y que de los más sencillos a los más complejos serían los tropismos, taxias, reflejos, instintos, aprendizaje e inteligencia.

Los tropismos y taxias estarían entre las respuestas del más bajo nivel, como consecuencia de estimulos lumínicos, luz, gravedad o químicos, y se dan en plantas y animales. Los reflejos son formas sencillas de comportamiento observables en casi todos los animales dotados de sistema nervioso, en los que un cierto tipo de estímulo provoca casi invariablemente, con un retraso apenas perceptible, un tipo específico de respuesta. Los instintos suponen un conjunto elaborado de reflejos sucesivos que se producen como un todo en respuesta a ciertos estímulos. El aprendizaje, y en mayor medida la inteligencia son fenómenos específicamente inherentes a la especie humana, derivados de su capacidad de reflexión y del análisis racional de los estímulos o situaciones que plantea el mundo exterior de cada persona.

De este modo diríamos que una respuesta inteligente, como se supone deben ser las que normalmente determinan las conductas humanas, es la producto en cierta medida de la constitución genética propia de cada persona, a la que se añade de forma predominante la formación adquirida a través del ambiente familiar, social y cultural, como determinante del tipo de respuesta a adoptar libremente. En el caso humano las acciones razonadas predominan frente a las instintivas y reflejas. Por ello, es imperativo señalar que en su condición biológica, la evolución ha dotado a la especie humana de una singularidad que la diferencia de cualquier otra especie animal. La inteligencia humana permite el razonamiento abstracto, la categorización y el razonamiento lógico. Somos la única especie que se plantea su origen y su destino, que es capaz de modelar su entorno, crear sistemas lógicos, comunicar sus ideas por medio del lenguaje, decidir sobre sus actos, planificar su propio futuro, modificar el ambiente a su beneficio, explotar a las demás especies biológicas (microbios, plantas o animales), y enterrar a sus muertos.


También es importante tener en cuenta la ambigüedad de los caracteres del comportamiento a estudiar, la distancia entre el fenotipo (pauta de comportamiento) y el genotipo que lo determina, y la influencia del ambiente en la manifestación del comportamiento. Esto en el caso que nos ocupa es particularmente importante. No podemos ignorar el complejo ambiente fisiológico interno ni la influencia externa durante el desarrollo de la personalidad sí deseamos contestar a las preguntas ¿qué es la homosexualidad?, ¿qué influencia tienen los factores fisiológicos intermedios desde el gen a la manifestación del carácter? , ¿Cómo influye el ambiente?.

Al tratar el comportamiento homosexual se plantea la cuestión de si existe alguna base biológica o genética en el trasfondo de tal conducta. La cuestión es sí la conducta homosexual es innata o aprendida, o dicho de otra manera sí existe un determinismo genético de la homosexualidad, o ésta conducta es consecuencia de una influencia externa durante las etapas críticas del desarrollo de la personalidad.


Conviene indicar que la frecuencia de varones o mujeres homosexuales en las poblaciones humanas ha sido estimada en un 2% a un 5%, lo cual son valores significativos, aun cuando no existen estadísticas realmente rigurosas al respecto.

También conviene señalar que los movimientos homosexuales, siguiendo las pautas marcadas por Kinsey , considerado para muchos como el responsable de la revolución sexual en EE.UU., proponen sin fundamento el mito del 10%.


Muchos de los estudios biológicos de la homosexualidad están basados en la teoría de que casi todas las personas son o exclusivamente heterosexuales o casi exclusivamente homosexuales, que la bisexualidad no es cierta. De acuerdo con estas ideas la sexualidad sería parecida a la habilidad de cada persona para manejarse con la mano derecha o con la zurda, siendo raras las personas ambidextras. Esta teoría está basada en el informe Kinsey que hizo unas encuestas preguntando a la gente el grado de atracción a miembros del mismo o de distinto sexo. Este autor estableció una escala de siete puntos, y encontró que la mayor parte de la gente se agrupaba en el grado "0" (heterosexual) o en "6" (homosexual) y que había una escasa muestra en los grados intermedios de "3" o "4". Según Kinsey los comportamientos humanos en materia sexual se distribuyen de forma bimodal, en los dos extremos homo- o heterosexual, con escaso margen de ambigüedad. Los estudios genéticos que más adelante comentaremos se han basad en esta escala de clasificación, y casi siempre excluyen los individuos de grado intermedio. Sin embargo, los estudios de Kinsey no han sido repetidos nunca y podrían mostrar una distribución diferente ahora que cuando los datos fueron recogidos en 1940, un período en el que la gente era poco dada a declarar su comportamiento o sus tendencias en materia sexual.


La influencia externa, educación, cultura, amistades, etc., son sin duda muy determinantes de la personalidad de un individuo, desde su nacimiento, y en este contexto es donde debemos situar la emergencia de una condición homosexual.

Sigmund Freud (1905) creyó que la heterosexualidad se hacía (familia, cultura, sociedad) no nacía. Aunque este eminente psiquiatra idealizó la heterosexualidad como la más "madura" de las relaciones humanas, él creía que muchos de nosotros éramos bisexuales latentes a nivel psicológico. Muchos terapeutas todavía creen en esto, aunque se nieguen a tratar de convertir a los bisexuales y homosexuales en heterosexuales.


De acuerdo con la evolución cultural del hombre, que se sobreañade a la evolución biológica, y de acuerdo con las diferentes normas morales que se han desarrollado, la sociedad mantiene diferentes posturas frente a la homosexualidad, calificándola como "delito", "pecado", "enfermedad", "condición", "forma alternativa de comportamiento sexual", etc. Para muchos se trata de una condición irregular de la personalidad, de un trastorno mental, mientras que para otros no es más que una elección adoptada libremente, fruto de la libertad humana. El espíritu vanguardista de la sociedad americana, y las presiones de los grupos sociales interesados, indujo a que en 1980, la American Psychiatric Association decidiese sacar la homosexualidad del catálogo de enfermedades mentales, y del Manual de Diagnóstico y Estadísticas de Enfermedades Mentales, en los EE.UU.


En todo caso, volvemos a la pregunta inicial ¿de no tratarse de un comportamiento inevitable debido a una tendencia innata genéticamente condicionada, cuál sería la motivación de la orientación homosexual en una persona?. De acuerdo con la psiquiatría, los motivos hay que buscarlos en razones psicobiográficas: inadecuada educación por parte de los padres, soledad, tristeza, falta de autoestima y autoaceptación personal, rechazo de los compañeros de escuela, desconfianza, miedo, maltrato sexual en la infancia y en la adolescencia, narcisismo, fobia social, falta de identificación con el propio sexo, etc. Todos estos elementos causales afloran en los análisis psíquicos de las personas que padecen la homosexualidad. De aquí la gravedad del hecho de la eliminación de la homosexualidad del catálogo de enfermedades psíquicas, condenando al desamparo a las personas que lo padecen.


Parece obvio resaltar que la tolerancia o la aceptación moral de la conducta homosexual es muy dependiente de sí hay una tendencia congénita, y por tanto determinada genéticamente, o sí por el contrario, es una opción libremente aceptada como un modo de vida en cualquier caso irregular y desordenado. Pero debe entenderse que un análisis de la posible base genética debe abstraerse de todo juicio moral, presión social, intereses políticos, etc. También debe diferenciarse la "condición" de homosexual, del ejercicio o el "comportamiento" homosexual. Lo primero es lamentable, y puede suponer un auténtico calvario para muchos homosexuales que no se sienten orgullosos de serlo, pero encuentran serias dificultades para dejarlo. El comportamiento homosexual descalifica moralmente a quien lo practica.

Estudios neuro-anatómicos

Para entender los estudios genéticos relacionados con el tema conviene seguir un proceso histórico. A principios de los 90, los investigadores Laura S Allen y Roger Gorski , en la Universidad de California, en Los Angeles, publicaron una serie de trabajos sobre el dimorfismo sexual del área preóptica del cerebro, y más en particular del hipotálamo, y su relación con el comportamiento sexual. Estos trabajos parecían demostrar que el tamaño del tercer núcleo de la región preóptica media del hipotálamo de los varones, también llamada región intersticial del hipotálamo anterior (INAH-3), triplica al de las mujeres. Esto indujo al Dr Simon LeVay , un anatomo-neurólogo que desarrollaba su trabajo en el Salk Institute, en La Jolla (California), a abordar un estudio comparativo del tamaño de la región INAH-3 de varones heterosexuales y homosexuales. Sus estudios, a priori parecían demostrar que en efecto la región INAH-3 de 16 varones presumiblemente heterosexuales duplicaba con creces a la región equivalente de 19 varones homosexuales.


Los resultados de LeVay causaron bastante revuelo y controversia por sus implicaciones sociales y científicas. De este modo, la comunidad gay arguye que el trabajo de LeVay demostraba que la condición homosexual es congénita, y no adquirida como una opción libre. Los resultados de LeVay fueron sometidos a un análisis crítico muy fuerte dada su importancia y la repercusión que este tipo de estudios tienen como condicionante de la calificación moral de la homosexualidad.

 De ser cierto que hay diferencias anatómicas y neurólogicas entre personas heterosexuales y homosexuales habría que deducir que existe una base genética y una determinación biológica del comportamiento homosexual.


Una de las críticas más importantes a los trabajos de los autores anteriores, la llevó a cabo William Byne , director del laboratorio de neuro-anatomía del Centro Médico de enfermedades psíquicas Monte Sinai de Nueva York. Sus objeciones se refieren a que el estudio de LeVay se había realizado en autopsias de varones homosexuales que habían muerto a causa del SIDA, y que ello podría haber afectado al tamaño de los núcleos hipotalámicos estudiados. Sin embargo, en un estudio adicional, LeVay comparó en una "prueba ciega" el INAH-3 de un varón homosexual no fallecido por SIDA con los de otros varones heterosexuales de edad parecida, volviendo a encontrar que el volumen del INAH-3 de aquél era menos de la mitad que el de éstos. En la interpretación de los resultados LeVay se inclina por pensar que las diferencias estructurales de los cerebros están presentes desde el nacimiento o, incluso, antes, contribuyendo así a establecer la orientación sexual del varón.

Sin embargo, admite que cualquier conclusión en este aspecto es todavía especulativa ya que la respuesta de cada cerebro a los andrógenos supone unos procesos moleculares complejos que implican la interacción de receptores y una serie de proteínas desconocidas codificadas por genes aún no identificados. No hay que olvidar el papel de las hormonas sexuales sobre el desarrollo del cerebro, mediadas en parte por los neurotransmisores, que a su vez pueden ser influidos tanto por la constitución genética como por el ambiente. Al final el desarrollo del cerebro es consecuencia de una suma de factores diversos, con la intervención interactiva de genes, hormonas, neurotransmisores y ambiente.


Desde un punto de vista genético, una muestra de un individuo, o dos docenas de individuos para un estudio de un carácter cuantitativo es inadmisible e incompatible con un mínimo de rigor en el análisis que se desee llevar a cabo.

Además, de por sí, la región del cerebro analizada, el núcleo de la región INAH-3, demostraba la existencia de una gran variación de tamaño. Por otra parte, como apunta Byne, mucha gente que padece el SIDA sufre una atrofia testicular antes de morir, y se sabe que las hormonas gonadales regulan el tamaño del núcleo del hipotálamo en muchos animales, por lo que no puede excluirse que sea esta la causa de la reducción apreciada en las escasas muestras analizadas por LeVay.


De cualquier forma estas investigaciones tienen interés y al menos se les puede conceder el valor de haber dado pié a otras posteriores con el fin de clarificar la cuestión de sí ¿existe o no una determinación genética de la homosexualidad? .


Hasta el momento, la mejor aproximación a un fondo biológico, aunque no necesariamente genético, para la homosexualidad viene de estudios con animales. De este modo, el propio William Byne, demostró que en machos de ratas a los que se había suministrado hormonas femeninas durante la gestación en el seno de su madre, o poco después de nacer, se desarrollaban comportamientos propios de hembras cuando se les aproximaba a otros machos (lordosis, espalda curvada). Naturalmente que en este caso existe un factor biológico causal, como lo es la administración de hormonas, pero esta no sería una causa natural, sino un agente inductor externo, cuya evidencia se manifiesta también en los casos de transexualidad mediada por hormonas. Pero tengamos en cuenta que transexualidad no es lo mismo que homosexualidad.

En este mismo caso, podríamos tal vez incluir algunos casos de homosexuales descendientes de madres con síndrome del triplo-X (44+XXX), cuyos hijos varones estarían expuestos a una proporción mayor de la normal, de hormonas femeninas durante la gestación. Estos niños podrían desarrollar tendencias afeminadas, aunque no necesariamente estarían condenados a la homosexualidad. Existen otros estudios con animales. De este modo, se han encontrado comportamientos de hembra durante el cortejo sexual por parte de machos de la especie Drosophila melanogaster, la mosca de la fruta (Gill, 1963) , y hay estudios parecidos con escarabajos del género Tribolium. La relevancia de estos estudios para el caso del comportamiento humano es en cualquier caso desconocida y de difícil extrapolación.



Los estudios genéticos

Como ya señalamos, una de las dificultades del análisis genético del comportamiento de cualquier tipo, se encuentra en poder discriminar entre el efecto de los genes y la influencia ambiental.


En general se admiten los siguientes criterios para dilucidar sobre la existencia de base genética en un carácter humano de compleja interpretación:

¿Cuándo un carácter tiene base genética? · Cuando el carácter se da con más frecuencia entre parientes relacionados genéticamente que con otros individuos de la población, · Cuando el carácter es poco frecuente en personas no relacionadas genéticamente, aun cuando vivan en el mismo ambiente, · Cuando el carácter aparece a una edad determinada, sin ninguna causa ambiental aparente que lo produzca,· Cuando el carácter se mantiene durante tiempo, y no revierte hacia una manifestación opuesta,· Cuando el carácter varía en frecuencia en diferentes poblaciones, · Cuando los gemelos monocigóticos (idénticos) compartan más a menudo el carácter que los gemelos dicigóticos (fraternos).


En consecuencia, la indagación sobre la base genética de la homosexualidad debe basarse en resultados de investigaciones rigurosas que demuestren los puntos anteriores. Lo que se ha hecho hasta el momento trata de demostrar algunos de estos puntos, Fundamentalmente se basa en dos tipos de planteamientos experimentales diferentes:

  • el análisis de gemelos y genealogías familiares
  • el análisis de ligamiento con marcadores moleculares en el ADN

A continuación explicaremos en qué consisten estos intentos de aproximación experimental, y cuales son las principales conclusiones de estos trabajos

Estudios con gemelos v genealogías familiares

Para el análisis genético de caracteres cuantitativos en general y los de comportamiento en particular, y de todos aquellos que estén sujetos a una posible influencia ambiental, resulta de enorme interés la utilización de gemelos. Los gemelos pueden ser de dos tipos: dicigóticos o fraternos (DZ) y monocigóticos o idénticos (MZ). Los primeros están producidos por una fecundación doble (dos espermatozoides fecundan a otros tantos óvulos o al óvulo y a un cuerpo polar), mientras que los segundos se originan por segmentación de un embrión único.

Los gemelos monocigóticos constituyen la única posibilidad real de que haya dos personas con la misma identidad genética. Los gemelos dicigóticos no tienen por qué parecerse entre sí más que otros dos hermanos cualesquiera, con la única diferencia de que puede tener su importancia para explicar algunos caracteres, de haber compartido un ambiente prenatal materno común.

El estudio de un rasgo del comportamiento humano exige hacer una clasificación que iría desde la ausencia de la manifestación, hasta la presencia, y en este caso hay que establecer escalas de menor a mayor grado de manifestación. En el caso de la homosexualidad se recurre a la comparación de los porcentajes de concordancia o discordancia observados entre pares de gemelos monocigóticos (CMZ) y dicigóticos (CDZ). De esta manera, se utilizan estos parámetros para interpretar la influencia del componente genético (elevada concordancia entre gemelos monocigóticos) sobre el ambiental (parecida concordancia de los gemelos idénticos y fraternos).

Los primeros estudios son de los años cincuenta, y dejan bastantes dudas por la finitud de las muestras analizadas y la falta de patrones de comparación adecuados. De esta manera, Kallman obtuvo los resultados que aparecen en la siguiente Tabla.

Nº de parejas Concordancia(severidad 5-6)* Concordancia (severidad 1-4) Discordancia
MZ 44 31 13 0 CMZ=100%
DZ 51 2 11 38 CDZ=25%


*Grado de homosexualidad según la escala de Kinsey (Kinsey y col. , 1948)

Otros autores con posterioridad obtuvieron valores similares: CMZ=100% y CDZ=12% lo cual apoyaba la idea de la existencia de un cierto componente genético como base del comportamiento homosexual. Sin embargo, se suscitaron dudas razonables que impiden aceptar estos resultados como válidos. Las dudas se deben al posible sesgo que puede introducirse en los resultados, debido a la influencia o dependencia mutua que puede darse sobre todo en las parejas de gemelos idénticos, que comparten un mismo ambiente educativo, familiar, amistades comunes, etc., y prácticamente desde el mismo momento del nacimiento, sin olvidar la existencia del ambiente materno común durante la gestación previo al nacimiento.

Por ello en los estudios de gemelos es obligado incluir parejas que se hubieran criado en ambientes distintos, en lugares y en familias muy diferentes. Así como incluir también estudios de adopción. Por estos y otros motivos, la realidad es que los primeros estudios realizados con gemelos han sido muy cuestionados, dándoseles muy poco crédito.


Ya en la década de los noventa, y bajo el influjo de una cierta presión social, se reactivan este tipo de estudios. De esta manera se analizan los rasgos de comportamiento homosexual en gemelos tanto varones (Pillard y Weinrich 1986) como mujeres (Bailey y col., 1991, 1993) . Así, en un trabajo se analizaron 56 parejas de gemelos idénticos, 54 parejas de gemelos fraternos, 57 hermanos adoptados (genéticamente no emparentados) y 142 hermanos normales (genéticamente emparentados).

Las concordancias obtenidas, es decir, las probabilidades de que siendo homosexual un varón su hermano gemelo monocigótico, dicigótico, adoptado o normal lo fuese también, van en descenso, y son respectivamente del 52%, 22%, 11% y 9%. Téngase en cuenta que la probabilidad de homosexualidad masculina en la población se ha estimado entre e1 2% y el 5%, y que incluso en círculos gay se insiste en una proporción más elevada, de hasta el 10%. De ser tan frecuente como estos grupos interesados hacen constar, el factor ambiental, educación e influencias, podría explicar por sí solo la incidencia de la homosexualidad.

Por su parte, LeVay y Hamer resumen los resultados de las investigaciones con gemelos realizados por diferentes autores, y señalan, que

  • § en el caso de gemelos monocigóticos homosexuales la probabilidad de que sus otros hermanos gemelos sean también homosexuales es del 57%, mientras que en el caso de gemelos dicigóticos homosexuales es del 24% y del 13-14% el de hermanos no gemelos y adoptados, y
  • § los datos de homosexualidad en mujeres indican que los porcentajes de hermanas lesbianas son de un 48% para el caso de gemelas idénticas, de un 16% para el de gemelas fraternas, del 13% de hermanas no gemelas, y solo el 6% de las hermanas adoptadas

En el congreso Anual de la American Society of Human Genetics (ASHG), celebrado en octubre de 1996 en San Francisco, J. Michael Bailey de la Northwestern University, presentó un trabajo relacionado con un estudio del comportamiento del carácter en gemelos australianos, en el que se demostraba que la concordancia de la homosexualidad masculina en gemelos separados y adoptados en diferentes familias era de tan solo el 20%, siendo del 0% para gemelos dicigóticos.

La concordancia para mujeres según estos autores era del 24% para gemelos idénticos, y del 11% para gemelos dicigóticos. Bailey concluyó que había muy serias dudas sobre los antecedentes de este tipo de estudios y que sus propios datos daban unas concordancias muy bajas como para apoyar la hipótesis de una base genética de la homosexualidad. En el mismo congreso, George Ebers del Hospital Universitario de London, en Ontario (Canada), encontró una proporción de concordancia del 0% para la homosexualidad en una serie de estudios con gemelos idénticos. Del mismo modo, en un panel sobre el determinismo genético de la homosexualidad en el Congreso de la American Society of Human Genetics, los genéticos Neil Risch y Frank Greenberg previnieron contra la creencia en el "determinismo genético", en base a las informaciones fragmentarias y muchas veces contradictorias actuales.

En la siguiente Tabla vemos los resultados de la concordancia de diversos caracteres en parejas de gemelos monocigóticos (MZ) y dizigóticos (DZ):

Carácter Concordancia
MZ DZ
Grupos sanguíneosColor de los ojosRetraso mental Homosexualidad*Epilepsia ideopáticaEsquizofreniaDiabetesPresión sanguínea Alergia idénticaTuberculosisCáncer de mama 10099970-1007269656359576 6628370-25151018365233


*Mayor a menor grado de según la escala de Kinsey (Kinsey y col. , 1948)

Estos datos revelan varios hechos. En primer lugar la enorme diferencia de resultados obtenidos por diversos autores en cuanto a la concordancia del carácter homosexualidad entre gemelos monocigóticos y dicigóticos. En segundo lugar, si tomamos como válidos los resultados de mayor concordancia, se podría pensar que en efecto hay una componente genética, por la diferencia de los resultados de concordancia entre los MZ y DZ. Sin embargo, hay que tener en cuenta que de todos los factores incluidos en la tabla, la homosexualidad es el único referido a un rasgo del comportamiento, y por ello el único influenciable tras el nacimiento, sometible a la imitación de comportamiento, el mimetismo usual de los gemelos. Los resultados por tanto, no son concluyentes de lo que se pretende, sino más bien de todo lo contrario: se trata de un carácter adquirido, no innato. Los demás caracteres son rasgos físicos constitutivos de cada individuo, y por tanto no sometibles a aprendizaje.

También cabría preguntarse ¿por qué las proporciones de concordancia son tan diferentes en los diferentes estudios con gemelos?. Es necesario tener en cuenta el hecho de la ya de por sí baja proporción de homosexuales, a lo que se une la baja proporción del gemelismo. Muchos estudios están basados en una muestra de 40 a 60 parejas de gemelos como mucho. Aún en un famoso estudio de gemelos de Minnesota, que incluía una muestra de 8.000 parejas de gemelos nacidos entre el 1936 y 1955, sólo alrededor del 2-5% de los individuos eran homosexuales, incluyendo tanto varones como mujeres. Por otra parte, los gemelos criados en ambientes separados son casos aún más raros. Además, es bastante difícil, evaluar las diferencias o las similitudes culturales o educativas en los ambientes familiares en los que estos gemelos separados crecen. Sin embargo, sabemos que las agencias que se dedican a la adopción tienden a buscar ambientes semejantes para los gemelos que se van a adoptar por familias diferentes. A la vista de todo esto, dada la finitud de las muestras y la posible similitud de los ambientes de crianza de los gemelos adoptados por familias distintas no es de sorprender que los estudios con gemelos sean finalmente inconclusos y poco convincentes.

En Genética cuantitativa se utiliza también el parámetro heredabilidad, que es un indicativo de la proporción de variación fenotípica de un carácter observado en la población que es atribuible a la variación genotípica. Pues bien, LeVay y Hamer señalan lo siguiente:

  • §
    En conjunto, la heredabilidad del carácter "orientación sexual" resulta ser de un 53% (con un rango de variación del 31% al 74%) en varones y de un 52% (27- 76%) en mujeres.


Se trata por tanto de una heredabilidad media-baja, lo que significa que de darse crédito a los resultados con gemelos estaríamos hablando de un carácter cuantitativo, que no se olvide tiene una importante componente ambiental.

Otro hecho de importancia, es el de la propia inconsistencia del carácter del comportamiento homosexual, muy demostrativo de la manifiesta influencia externa (amistades, ambiente social y cultural, carencia de una educación sexual adecuada, etc.). Un carácter genético en sí mismo es un carácter estable, que siempre dará un tipo de manifestación determinada, pero nunca la contraria. Un gen, o sistema genético, está activo y manifiesta su expresión en una dirección dada, de acuerdo con el "alelo" o "interacción alélica" que tenga un individuo. De este modo se mantendrá la expresión del carácter mientras dure su necesaria contribución a una fase del desarrollo, una especialización celular (gen de la insulina en las células del páncreas, gen de la mioglobina en el músculo, etc.). No se va a desviar hacia el efecto contrario, en todo caso se reprimirá su expresión, cuando se agote su papel en el desarrollo. Sin embargo los psicólogos y psiquiatras que tratan o han tratado a gays y lesbianas manifiestan que este comportamiento es muy inestable. El propio Simon LeVay manifiesta que "Una orientación sexual de una persona no es necesariamente un atributo fijado a largo plazo. La orientación sexual puede cambiar: por ejemplo, una mujer puede mantener una atracción por los hombres durante mucho tiempo, y quizás puede constituir un matrimonio feliz y tener hijos, y en un momento dado, hacia los treinta, cuarenta años, o más, empezarle a sobrevenir un cambio que puede ir incrementándose, en la dirección de sentir una atracción por personas de su mismo sexo. Esto no significa que esta persona haya tenido reprimida su homosexualidad durante el período inicial. Argüir que ella era homosexual todo el tiempo sería convertir la definición de orientación sexual en algo oscuro e inaccesible".


Existen evidencias de la posibilidad de reversión de la condición homosexual a heterosexual, de lo que los psiquiatras que han tratado muchos casos pueden dar sobrados testimonios. Si se asume un cambio tan radical del carácter, hay que asumir que este comportamiento no obedece a una tendencia innata o genética, sino en todo caso a la componente no hereditaria, fuertemente ambiental, mediando la voluntad de quien asume las influencias externas de carácter educacional o social.


Otro dato sobre la contradicción en que caen algunos de los que defienden la existencia de una base genética de la homosexualidad, la protagoniza Alfred Kinsey, considerado el promotor de los movimientos de gay en EE.UU., en los años cincuenta. Kinsey y sus colegas señalan que "si todas las personas con alguna sospecha de comportamiento homosexual, o declaradamente homosexuales, fuesen eliminadas de la población actual, no existen razones para creer que la incidencia de la homosexualidad en la siguiente generación fuese materialmente reducida", y añaden que "la homosexualidad ha formado parte desde siempre de la historia de la humanidad, porque forma parte de la expresión de las capacidades básicas del animal humano". Aparte de lo degradante que representa el hablar del animal humano, sorprendería a cualquier genético, y hasta al propio Darwin que de genética sabía poco, el dilema de conseguir que mediante un proceso de selección en contra de un carácter que se pretendiera que tiene base genética, no se consiguiese su reducción material en la siguiente generación. Una pretensión así haría sonrojar a cualquier conocedor de los más elementales principios de la Genética. Lo que Kinsey y sus colegas están diciendo es precisamente lo contrario de lo que desea oír la comunidad gay, que la homosexualidad no es genética, sino ambiental. Que rebrotaría en la siguiente generación, aun habiendo sido eliminados de la población todos los potenciales transmisores de los genes responsables de tal comportamiento, y con ellos los propios genes.

Estudios genealógicos

Un segundo método de análisis se basa en los estudios de herencia familiar.


De este modo, se ha constatado que los varones homosexuales tienen normalmente más hermanos gays que hermanas lesbianas, y que las mujeres homosexuales tienden a tener más hermanas lesbianas que hermanos gays, lo que parece indicar que los factores responsables del carácter homosexualidad deben ser diferentes en varones que en mujeres.


En 1993, el equipo de Dean H. Hamer, director de la Sección de Estructura y Función Génica, del National Cancer Institute, en La Jolla, estudió las genealogías de una muestra de varones homosexuales, obteniendo los resultados que se registran en la siguiente Tabla.


Parentesco Homosexual/ Total %
Probandos al azar ((n=76)*
Padre 0/75 0
Hijo 0/6 0
Hermano 14/104 13,5
Tio materno 7/96 7,3
Tio paterno 2/119 1,7
Primo materno, hijo de tia 4/52 7,7
Primo materno, hijo de tio 2/51 3,9
Primo paterno, hijo de tia 3/84 3,6
Primo paterno, hijo de tio 3/56 5,4
Probandos hermanos de homosexuales (n=38)**
Tio materno 6/58 10,3
Tio paterno 1/66 15
Primo materno, hijo de tia 8/62 12,9
Primo materno, hijo de tio 0/43 0
Primo paterno, hijo de tia 0/69 0
Primo paterno, hijo de tio 5/93 5,4


*Probandos homosexuales estudados sin conocimiento previo de la historia familiar de orientación sexual.

**Probandos homosexuales elegidos por tener un hermano homosexual y no haber indicación de transmisión de padres a hijos, y no tener más de una pariente lesbiana.


Se registró hasta donde se pudo conocer la conducta sexual de los parientes más próximos. Para la interpretación de los resultados, la clasificación como homosexual de cada persona se hizo con criterios restrictivos (severidad 5-6 de la escala de Kinsey). Por otra parte, se hizo una estimación de la frecuencia de varones homosexuales en la población, que resultó ser de un 2% (14 de 717). y se constató que los varones gay tenían más parientes gays entre los familiares por el lado materno (tios maternos: 7%; primos maternos hijos de tía: 8%; hermanos: 14%), que entre los del lado paterno.

De los datos de este estudio de Hamer se deducían las siguientes conclusiones:

  • Los hermanos de los 76 probandos homosexuales tendrían una probabilidad del orden de 6-7 veces mayor que la tasa de homosexualidad de la población analizada (2%),
  • Entre los parientes, los tíos maternos y los primos maternos hijos de tías, presentaban más tendencia a la homosexualidad,
  • Las tasas superiores de homosexualidad encontradas en los parientes por vía materna sugerían que puede haber una herencia genética ligada al cromosoma X.


Recordemos no obstante, que las estadísticas de homosexualidad en la población han sido cuestionadas y también, por motivos de falta de rigor, lo han sido estos resultados de grupo de Hamer.

Análisis de ligamiento con marcadores moleculares del cromosoma X


Antes de pasar a exponer los resultados de este tipo de análisis veamos a qué llamamos "marcador molecular". En primer lugar en genética se denomina marcador a un rasgo, un detalle en el genoma (normalmente una variación en una secuencia de ADN), que aunque sea de naturaleza distinto, aparece siempre asociado ó en unión con el carácter de que se trate. La ventaja de esta metodología es mayor cuando el carácter visible a estudiar es complejo, como lo es la homosexualidad, y el marcador que se aplica es de fácil observación analítica, como son muchos de los marcadores basados en detalles de secuencias del ADN. En efecto, a partir de los años setenta, aparecieron los llamados "marcadores moleculares", que consisten en sistemas polimórficos basados en la detección de pequeñas diferencias existentes en las secuencias del ADN.

Recordemos al efecto que todo gen tiene cifrado su mensaje en la secuencia de bases que codifican el carácter que lo caracteriza, y que la secuenciación de bases nucleotídicas del ADN es posible merced a unas técnicas desarrolladas a finales de los años setenta. La idea de los marcadores moleculares por tanto consiste en la búsqueda de los llamados "polimorfismos moleculares", por medio de la aplicación de una gama diversa de técnicas, incluida la secuenciación en su caso, para descubrir el detalle que diferencia un sistema funcional determinado de sus variantes. En otras palabras se trata de habilitar técnicas de laboratorio para indagar en el ADN de diferentes individuos, de modo que se distingan los "alelos moleculares". En el caso que nos ocupa, se trataría de aplicar técnicas moleculares para indagar en muestras de ADN de hombres y mujeres de variadas tendencies sexuales, la asociación de las mismas con detalles de la secuencia de ADN. Uno de los primeros experimentos fallidos en esta dirección fue hecho por Macke y col. (1993) . Estos autores mantuvieron la hipótesis de que el gen que codifica para los receptores de andrógenos podría presentar alguna variación en relación con la orientación sexual. Tomaron muestras de ADN de 200 personas entre homosexuales y heterosexuales e hicieron un análisis de variación en las secuencias del gen, que resultó fallido por cuanto no encontraron ninguna variación significativa. Las secuencias que determina los receptores de andrógenos eran idénticas en unos u otros individuos. Hoy en día, tras la culminación del Proyecto Genoma Humano, cuyo borrador fue publicado en el mes de Febrero de 2001, se ha abierto todo un mundo de posibilidades para el diagnóstico de todo tipo de caracteres, siendo del mayor interés la aplicación al diagnóstico de enfermedades, mediante la utilización del análisis del polimorfismo de las secuencias asociadas a las mismas. Nuestro genoma, es singular e invariable, desde la concepción hasta la muerte, de modo que salvo mutación somática, mantenemos en todas nuestras células las secuencias de ADN resultantes de la combinación de los genomas paterno y materno. De este modo, una variante genética heredada, estará ya en nuestras células desde la primera de ellas, el cigoto, y seguirá estando en todo el linaje de los millones de células sucesivas que se van originado a lo largo de la vida por sucesivas replicaciones y divisiones celulares, hasta la muerte. Es por ello que un análisis en el ADN tiene un extraordinario interés, ya que permitiría el diagnóstico de una enfermedad o variación hereditaria, incluso desde mucho antes de su manifestación Por ejemplo, la enfermedad de Huntington, que es una enfermedad mental grave, y que se desarrolla tardíamente a partir de la tercera década de la vida, se puede diagnosticar por marcadores moleculares desde el nacimiento o incluso antes, mediante el estudio de unas secuencias del ADN en una región del cromosoma 4 que presenta una expansión por la repetición de unos tripletes de bases CAG (=Citosina-Adenina-Guanina), que solo están presentes en las personas que padecen o son portadoras de esta alteración cerebral neuro-degenerativa. Es evidente, las implicaciones incluso éticas que se derivan de un diagnóstico de una enfermedad tan grave como ésta, especialmente si son irreversibles o de difícil tratamiento. Sin embargo, el diagnóstico es un hecho de gran interés sí la enfermedad es tratable con farmacoterapia, sí se puede atajar desde su aparición, o incluso evitar que se manifieste. El proyecto genoma humano, nos permite además indagar en las causas de muchos tipos de cánceres debidos a alteraciones de secuencias de ADN que intervienen en el control de la proliferación celular, y que a diferencia de las enfermedades hereditarias pueden surgir como consecuencia de una mutación somática a lo largo de la vida.


Antes de seguir conviene aclarar que el hallazgo de un marcador asociado a un carácter no implica la existencia de un gen, sino que se ha hecho una localización de una región del genoma que incluye al propio marcador y un presunto sistema genético implicado en el carácter que se investiga. Puede tratarse de un gen "mayor", o de una zona de especial acumulación de sistemas genéticos "menores" cuantitativos, o de un gen regulador de la expresión de otros genes externos a la región y que influyen en el carácter. Estaríamos por tanto, ante la localización de una región del genoma implicada aunque no se conozca el como afecta al carácter. No se debe por tanto hablar de la localización del gen, y menos aún del aislamiento del mismo. Si de cualquier forma se confirma el hallazgo de la región, habrá que explicar en qué medida confiere a su portador un riesgo superior a la media de desarrollar el comportamiento de que se trate. Hecha esta precisión, y como muy bien señala Bertrand Jordan en un ensayo sobre la impostura en la ciencia de la genética, debemos insistir en el hecho de que la simple localización es un dato frágil, ambiguo e insuficiente.

Ante la evidencia de que los varones homosexuales parecen tener más parientes homosexuales varones en la rama materna de la familia, Hamer y colaboradores se plantearon hacer una búsqueda de marcadores moleculares ligados al cromosoma X y específicos de los varones homosexuales. Si el cromosoma X tuviese un gen que aumentase la probabilidad de que un varón (XY) fuese homosexual, entonces los varones homosexuales que estuvieran genéticamente relacionados podrían compartir determinadas secuencias en algún lugar del cromosoma X que servirían a modo de "marcadores moleculares" ligados a dicho gen. Por el contrario, si tal gen no existiera, no se podría encontrar correlación alguna estadísticamente significativa entre la orientación sexual de la homosexualidad y los marcadores del cromosoma X

Hamer y su equipo desarrollaron un análisis de ligamiento para determinar sí había algún marcador del cromosoma X que se heredaba con una proporción superior al azar en asociación con la tendencia homosexual. En su trabajo investigaron 22 marcadores moleculares del tipo VNTR (secuencias cortas repetidas en tandem un número variable de veces) asociados al cromosoma X, y los aplicaron para el análisis en 40 pares de hermanos ambos homosexuales y pertenecientes a familias que no mostraban indicios de transmisión no materna.

De esta manera se demostró que había cinco marcadores pertenecientes a la región Xq28 (región subtelomérica del brazo largo del cromosoma X) que en 33 de los 40 pares de hermanos analizados segregaban conjuntamente con la orientación homosexual. Los 17 marcadores restantes no mostraban ligamiento con el comportamiento homosexual. El análisis genético realizado indicaba- un nivel de significación estadístico de más del 99% de que al menos un tipo de comportamiento homosexual masculino estaría ligado a estos marcadores moleculares, y por lo tanto genéticamente condicionado. Sin embargo, la existencia de 7 pares de hermanos homosexuales en los que no se daba el ligamiento entre los marcadores de la región Xq28 y la orientación sexual ponía en entredicho las posibles conclusiones. Solo podría explicarse por la homocigosidad de las madres respectivas, lo cual es muy improbable dada la elevada variabilidad de los sistemas polimórficos utilizados. También se podría esgrimir la posible recombinación entre el marcador y el locus del gen responsable del comportamiento homosexual, pero 7/40 es una elevada tasa de recombinación para un sistema que se desee utilizar como marcador. Otras razones, como la heterogeneidad genética o causas no genéticas que producen variación en la orientación sexual, llevan la interpretación de los resultados al terreno de su propia inutilidad en aquello para lo que se pretendía demostrar.

¿Qué interpretación se puede dar a los resultados obtenidos?. Hay que resaltar la apariencia de prudencia con que Hamer interpreta sus propios datos, tanta prudencia que le lleva a plantear su repetición para ratificar las conclusiones. Por otra parte, es de señalar que la región Xq28 está constituida por unos cuatro millones de pares de bases, lo cual a la luz de lo que sabemos del Genoma Humano (unos 70.000 genes en 3.175 megabases de secuencias de ADN), podría traducirse en unas decenas de genes. La región Xq28 es de hecho una región donde se han encontrado genes implicados en diversas enfermedades (hemofilia, deficiencias para G6PDH, varios tipos de daltonismo, favismo, síndrome del fragil X, etc.). Es pues evidente, que se trata de una región muy importante en un conjunto diverso de manifestaciones fenotípicas. De los datos experimentales no se puede deducir aún la importancia cuantitativa de la información genética contenida en la región Xq28 en la manifestación de la orientación sexual de los varones.

No puede decirse -como difundieron de inmediato los medios de comunicación- que ya se haya detectado el "gen gay". En cualquier caso, sí hubiese alguna influencia de la región Xq28 en la orientación sexual, tal vez debía hablarse más de una región del genoma que estaría implicada en una predisposición a un amplio abanico de diversas alteraciones físicas y psíquicas, que a una determinación genética directa por un gen, en cualquier caso no demostrado. Tal predisposición, sería muy dependiente de otros factores de desarrollo, de tipo fisiológico interno, o de influencias familiares o sociales o culturales.

En la misma línea de resultados contradictorios, en relación con la posible transmisión materna por la vía del cromosoma X, está el trabajo de William J. Turner , un profesor de psiquiatría de la Universidad de Nuevo México. En su estudio analizó 256 familias de varones homosexuales y encontró que la madre de los homosexuales tenía más hermanas que hermanos en una proporción tal que el 50% de los varones concebidos en la generación de la madre no llegaban a término. Así por ejemplo, en la muestra analizada aparecían sólo 210 tíos frente a 320 tías, lejos por lo tanto de la proporción equitativa esperada. Entre los familiares de las madres de los varones gays investigados había más abortos en los familiares de los padres, muchos más suicidios, más infertilidad, y muchos más casos de personas que no alcanzaban la edad de 30 años, casos de ceguera para los colores, adrenoleucodistrofia, síndromes del frágil-X y otras alteraciones determinadas genéticamente y asociadas al Xq28. Para Turner, todos estos datos apuntan a un determinismo genético claro, de manifestaciones diversas incluida la orientación sexual. Turner, llega a proponer la existencia de un gen o genes sobre los cromosomas X e Y causantes de la heterosexualidad. Estos genes podrían estar desactivados por fenómenos de metilación dando lugar al comportamiento homosexual en una u otra dirección, masculino ó femenino. La hipótesis de Turner apunta hacia la existencia de repeticiones en tandem de tripletes de bases nucleotídicas (microsatélites) como condicionante de la desactivación de los genes normales de la heterosexualidad.

A mayor número de repeticiones en tandem, más acusada sería la metilación de la región génica en cuestión y como consecuencia mayor sería la inactivación del gen responsable de un comportamiento heterosexual. Si el número de repeticiones es demasiado elevado, entonces su efecto podría ser letal, lo cual explicaría el hecho de por qué muchos hermanos de las madres de homosexuales mueren antes de nacer.

De acuerdo con la hipótesis de Turner la homosexualidad se trasmitiría de madres a hijos e hijas, no por un exceso de sobreprotección, o alguna otra causa de lo que se ha dado en llamar la homosexualidad de crianza, sino como consecuencia de lo que el Dr. Turner denomina el "gen de la homosexualidad" (=gene for gender) con locus en la región Xq28. Es importante señalar que esta hipótesis no ha sido aun demostrada.

En contraposición con los trabajos de Hamer y Turner, en 1996, surgió un trabajo de unos neurólogos clínicos canadienses, desarrollado en muchos más grupos familiares que los estudios anteriores y que no demuestran ninguna relación entre el comportamiento homosexual y los pretendidos marcadores moleculares. En su estudio, los Dres. George Rice y George Ebers , profesores de neurología de la Universidad Oeste de Ontario, en Canadá, registraron familias con más de un miembro homosexual, referidas a más de 400 genealogías y concluyeron que no existe ningún soporte experimental que demuestre la idea de que la homosexualidad masculina se encuentre asociada a marcadores Xq28, del cromosoma X.

Los citados autores utilizaron métodos similares a los de Hamer, y encontraron que la probabilidad de compartir los marcadores Xq28 en los hermanos de personas homosexuales no era mayor de la esperada por azar, y que ni siquiera había indicios de lo que podría ser una predisposición. En palabras del Dr Rice "los resultados de Hamer no proveen un soporte fuerte a la idea del ligamiento", y la evidencia aportada "sugiere que si existiese algún ligamiento (entre los marcadores moleculares y la homosexualidad) es tan débil que no puede considerarse". Otra crítica importante que se hizo al trabajo de Hamer, es que éste carecía de un grupo control. Es decir de referencias obligadas en que apoyar por contrastación, los resultados cuantitativos obtenidos.

Además, la veracidad del trabajo del grupo del Dr. Hamer fue puesta en entredicho en un artículo de investigación periodística que apareció en el Chicago Tribune en junio de 1995, y en el que una investigadora anónima del equipo alegaba que en la presentación de los datos de la publicación se habían seleccionado los datos y ocultado algunos resultados. El hecho de que esta denuncia partiera de un miembro del grupo de investigación del propio Hamer, echa por tierra la credibilidad de su trabajo. El hecho tuvo trascendencia para la denunciante que vio cortada su beca post-doctoral en el laboratorio del Dr. Hamer.

Finalmente, aparte de lo poco convincentes trabajos de neuroanatomía y genealógicos, ha habido otra serie de disparatados argumentos que pretenden demostrar la base biológica de la homosexualidad. Si los traigo a colación, a pesar de la debilidad o ausencia de un mínimo de rigor en el planeamiento empírico, es para que ustedes tengan una idea completa de que en este tema, probablemente más que en ninguno otro de la investigación biomédica, se ha fomentado un seudocientifismo argumentativo, con poca base empírica, escaso rigor en la búsqueda y estudio de las muestras y sesgo interpretativo al servicio de la causa "políticamente correcta", a favor de una presentación de los gays y lesbianas como un producto de su naturaleza biológica, y no como una desviación moral, o como fruto de una conducta intrínsecamente inmoral.

Por ejemplo, Lee Ellis publicó un estudio que indicaba que si una madre experimentada un fuerte estrés durante el segundo trimestre del embarazo, tendría una probabilidad más elevada de lo normal de tener varones que llegaría a ser homosexuales cuando alcanzaran la madurez. En otros estudios se ha pretendido ver una relación en la líneas de las huellas de la palma de la mano derecha, que en los homosexuales, se pretende son más parecidas a las de las mujeres que a las de los varones heterosexuales, etc.

Para terminar nos podríamos preguntar sobre el sentido biológico de la homosexualidad. En biología, y más en concreto en la rama llamada Genética Evolutiva, se conoce que la selección natural tiende a cribar las poblaciones y eliminar de ellas las variantes genéticas negativas o contrarias a la capacidad reproductiva, también conocida como eficacia biológica, lo que constituye la base de la teoría de la evolución de Darwin.

Parece lógico admitir que las personas homosexuales tienen menos descendencia que las heterosexuales. Es decir tendrían disminuida su eficacia biológica. ¿Como se habrían mantenido entonces los pretendidos genes de la homosexualidad en las poblaciones humanas, en el caso de existir?. La lógica darwiniana contradice una base genética de la homosexualidad. De todas formas podríamos pensar que hubiese habido una selección a favor de los heterocigotos. Un fenómeno que se da en biología para numerosos caracteres, y que se conoce con la terminología de superdominancia. Se trata de casos en que la heterocigosidad aumenta la supervivencia por el efecto compensado de dos alelos con efectos en cierta medida contrapuestos respecto a caracteres diferentes, como ocurre con los heterocigotos para el sistema genético que codifica para ciertos tipos de la globina b.

De este modo, existen variantes del gen que codifica esta proteína fundamental para el transporte de oxígeno en la sangre, de las que son bien conocidas las variantes codificadas por los alelos alternativos HbA y HbS. Los heterocigotos con genotipo HbAHbS, tienen mayor eficacia biológica que los homocigotos HbAHbA y HbSHbS , en regiones donde la malaria es endémica, dado que los dos genotipos homocigóticos plantean desventajas a sus portadores. Los HbSHbS , por conducir a un cuadro grave de anemia debido a la eficiencia del transporte de oxígeno de sus glóbulos rojos falciformes, y los HbAHbA, por su mayor susceptibilidad a la malaria. Pues bien, en el caso de la homosexualidad, el propio carácter atenta directamente a la capacidad reproductiva.

No hay ninguna demostración experimental de la ventaja adaptativa de los presuntos heterocigotos, y el sistema genético es cuantitativo, y por tanto más complejo que el ejemplo de los tipos de globina indicado anteriormente. No hay tampoco estadísticas demostrativas de que las poblaciones con mayor o menor índice de homosexualidad muestren mayor o menor resistencia o adaptación a algún factor limitante del desarrollo.

También se ha especulado con que se diera una selección familiar. De modo que en una sociedad humana primitiva los individuos homosexuales, al no tener hijos propios, podrían ayudar al cuidado y desarrollo de los hijos de sus parientes, de manera que se compensara el menor número de descendientes de los homosexuales con el aumento de la probabilidad de supervivencia de sus sobrinos, primos, etc.. de este modo, podría pensarse en una selección favorable de los presuntos genes que predispusieran la homosexualidad. De ser esto cierto, la evolución cultural, que se ha impuesto a la biológica habría terminado con la tendencia de una selección favorable.

Conclusiones

Son todavía muchas las incógnitas por resolver, pero desde un punto de vista genético podríamos mantener las siguientes conclusiones relativas al determinismo genético de la homosexualidad:

  • La singularidad humana hace que en nuestra conducta predominen las acciones razonadas frente a las instintivas o reflejas, y la conducta homosexual puede explicarse fundamentalmente por el componente ambiental que influye de forma muy decisiva en los caracteres cuantitativos, como lo son básicamente los de comportamiento. En el caso de factores de comportamientos humano, y de forma predominante, influye la formación adquirida a través del ambiente familiar, social y cultural.

  • La homosexualidad se trata de un carácter de comportamiento, complejo y de manifestación cuantitativa, con una heredabilidad media-baja, con una importante componente ambiental.

 

  • Aun cuando los rasgos genéticos y neuroanatómicos parecieran estar correlacionados con la orientación sexual, la relación causa-efecto no está ni mucho menos demostrada, los trabajos adolecen de claridad por la finitud de las muestras y por los dudosos efectos secundarios debidos a la procedencia de las mismas.

 

  • Los trabajos de localización de marcadores asociados a la homosexualidad en la región cromosómica Xq28, son poco rigurosos, escasos y adolecen de confirmación, y no implican la localización de un gen gay, No se han descubierto genes mayores ni se ha demostrado la existencia de una determinación genética por genes cualitativos.

 

Para finalizar, se podría afirmar que todos los intentos de demostración de un determinismo genético de este tipo de conducta, adolecen de seriedad y rigor, y no han aportado ningún tipo de evidencia convincente. Tras dos años de conocimiento del genoma, que se supone ha amplificado las posibilidades de tal empeño, la situación es la misma... No hay tal evidencia, y el carácter o la condición genética de la homosexualidad es más fruto de un deseo que de una realidad. Con la evidencia actual y sin perder de vista lo que pudiera surgir, hemos de mantener que el homosexual no nace, sino que se hace. De este modo, mientras continúan los esfuerzos por repetir los experimentos o diseñar otros nuevos, tenemos que resistir la tentación de tomar los resultados de lo que ya se ha hecho por algo más que meras aproximaciones. Como señala William Byne, en el trabajo citado anteriormente, quizá lo más importante es que nos preguntemos ¿por qué nos sentimos todos tan visceralmente involucrados en estas investigaciones?. ¿Influirá en la postura adoptada cómo nos percibimos a nosotros mismos o a los demás?, ¿cómo vivimos nuestras propias vidas y deseamos que los demás vivan las suyas?. Tal vez las respuestas a las preguntas más urgentes de este debate no residan tanto en la biología o en la genética, cuanto en las culturas o en las circunstancias que una construcción social bastante vacía de valores esta contribuyendo a crear.

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