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La paradoja de la Auto-Aceptación - Joseph Nicolosi

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11 de marzo de 2008. Los terapeutas de la terapia reparativa simplemente piden a sus pacientes que supriman, nieguen y rechacen sus sentimientos hacia el mismo sexo, según algunas críticas. Pero una observación mas cercana revela un enfoque muy diferente.

            Esta es la paradoja de la terapia reparativa: Tiene éxito solamente si el paciente primero afronta y acepta sus sentimientos no deseados. Cuanto más ve la persona dentro de sí mismo lo que rechaza, y lo ve a la luz de la verdad, más se desvanece. La tarea no consiste en ignorar estos sentimientos, sino en mirar a través de ellos.

            Cuando utilizamos el "Triangulo de Contención" en la terapia, al paciente se le pide que se concentre directamente en un pensamiento o una fantasía homosexual. Al mismo tiempo, el paciente debe prestar atención a sus sensaciones físicas. Mientras esto ocurre, se le pide que permanezca en contacto con su terapeuta. Cuando el paciente está manteniendo una imagen homoerótica, suele experimentar simultáneamente una estimulación física. (Algunos hombres lo describen como un impulso genital, un subidón o un "zap". Si puede aceptar su experiencia física homoerótica mientras permanece en comunicación con su terapeuta, el sentimiento sexual  pronto se transforma en algo diferente: el reconocimiento de una necesidad emocional profunda generada por el dolor, que no tiene nada que ver con la sexualidad.

            Algunos ministros ex - gays pueden rechazar la idea de afrontar y prestarle atención a la experiencia de los propios sentimientos homoeróticos deliberadamente. (Por ejemplo, en un pasaje de la Escritura dice que "el que mira con intenciones lujuriosas, ya ha pecado en su corazón."). Pero la diferencia aquí es la palabra "intenciones"; nosotros no apoyamos la intención de involucrarse en la conducta homosexual, sino que más bien motivamos a que el paciente sienta honestamente, sin ser juzgado, la vergüenza relacionada con la experiencia mientras se encuentra en contacto con un terapeuta de su mismo sexo.

            Volver a experimentar los sentimientos en presencia del terapeuta ayuda a eliminar la vergüenza. El paciente ahora se encuentra con mejor capacidad de ver su deseo por el mismo-sexo por lo que es. Un hombre describió su liberación de la vergüenza al mirar con más profundidad en la ilusión homoerótica. "Mirarla a la luz del día", dijo, "saca afuera la ‘lepra' de ella". Ningún hombre tiene por qué depender de la vergüenza para mantenerse en el camino apropiado. La vergüenza le dice: "No valgo nada y soy malo". En contraste, la culpa le dice: "Yo hice algo malo". La culpa puede ser apropiada, y expresa un mensaje que se necesita. Pero la culpa -que se siente en un nivel físico como un colapso interno y una erosión - degrada a la persona en su núcleo y destruye su valor y dignidad. Suprimir la culpa ayuda a descubrir el Verdadero Yo, y en la antropología Judeo-Cristiana, ese Verdadero Yo ha sido diseñado por su Creador para la heterosexualidad.

TRES EJEMPLOS

            Un paciente, un contador de 43 años casado, estaba recordando a otro hombre al que había visto en el aeropuerto mientras estaba en un viaje de negocios. Eso había despertado sus fantasías y sueños sexuales. Le pedí que se mantuviera en esa imagen e identificara sus sensaciones físicas mientras se mantenía en comunicación conmigo. Mientras lo hacía, sentía un intenso deseo sexual. Pero como había seguido esta fantasía a través de un escenario sexual imaginario, de forma  bastante inesperada, el paciente sintió un cambio encarnado hacia la tristeza, el deseo y el vacío. Llorando, habló de su sentido de profunda carencia de valor. "¡Me encantaría quererlo como un amigo! Es el tipo de hombre que siempre he querido que esté cerca de mí. Cuánto me gustaría ser amigo de un tipo como el." Movido por esta introspección, recordó momentos vividos de abusos de sus compañeros, de desprecio y de rechazo, y de soledad y alineación que habían convertido gran parte de su infancia en algo miserable. El hombre del aeropuerto representaba al otro tipo que estaba fuera de su alcance - el amigo potencial que "siempre estuvo fuera de mi alcance".

            Otro paciente, un estudiante de 22 años, fue ubicado en el triangulo de contingencia con una imagen de una película pornográfica que había visto recientemente de una figura masculina ideal fantaseada. Este joven no tuvo ninguna inhibición al detallar las variantes de conducta sexual que hubiera tenido con ese compañero mítico ultra-macho. Entró en un escenario describiendo toda actividad sexual que dos hombres son capaces de realizar. Al final, me miró - después de permanecer callado por un momento - me dijo con tristeza: "Aun así, quiero algo mas". Entonces procedió a hablarme de la esposa y la familia que siempre había deseado profundamente.

            Un tercer paciente, un profesor de mediana edad, identificó sus sensaciones físicas mientras se concentraba en una imagen de un estudiante de 15 años del que estaba obsesionado. Siguiendo una detallada descripción de lo que podrían hacer juntos, siguió describiendo algo más: el vacío y la hueca sensación en su pecho. Poniéndole palabras al sentimiento, habló de cuán profundamente quisiera ser realmente así de masculino y seguro de sí mismo como el adolescente.

            Cuando apartamos la culpa a un lado - afrontando las fantasías temidas directamente - vemos la naturaleza real de la atracción homoerótica, que es acerca de la pérdida de vínculos. La atracción homoerótica es diferente de la atracción heterosexual, ya que es impulsada por un déficit de vínculo emocional en la infancia. Por tanto, sus raíces se remontan, no hacia una búsqueda externa de alguien que es realmente "otro que no soy yo", sino hacia el dolor, la privación, la pérdida y el vacío.

El hombre en la terapia reparativa lucha sabiendo quién es realmente, incluso a pesar de repetitivas caídas. Aprende a no tomar estos retrocesos con valor real, sino a interiorizar sus significados. Esto le lleva a mirar a los símbolos masculinos cargados eróticamente del pasado -el icono de una parte perdida de su identidad - y a comenzar a satisfacer las necesidades de vínculo masculino que son sus deseos más profundos.

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