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La verguenza como avenida hacia el dolor profundo - Joseph Nicolosi

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El Trabajo del Dolor es una parte importante del proceso de la psicoterapia para un número considerable de clientes. Estos hombres se beneficiarán de volver a visitar -de vez en cuando- el lugar doloroso y de desesperación que existe en su interior. La mayoría de los clientes que veo* han experimentado una herida nuclear de la identidad de género. Cuando una persona ha experimentado una herida en el núcleo de su identidad, volver a experimentar la herida produce una desestabilización tan profunda que parece una especie de muerte.

Emocionalmente es angustioso y físicamente es incluso punzante. En la fase más temprana del Trabajo del Dolor, el cliente suele sorprenderse de la extensión y profundidad del enterramiento de su dolor. No es nada inusual oírle decir algo como: "¡No puedo creer que haya tanta tristeza en mí!" La tristeza puede extenderse en su vida diaria. Es muy común que le surja un llanto espontáneo durante la semana "sin ningún motivo". Sin embargo, los beneficios de volver a visitar el dolor son enormes. Un hombre lo explicaba:

El trabajo del dolor me está permitiendo generar mi verdadera tristeza profunda -sintiéndome herido y abandonado- toda la soledad que no pude explorar cuando era niño. Solía estar muy triste. Me sentía solo en medio de una gran familia y creía que no tenía derecho a  expresar mis verdaderos sentimientos de tristeza cuando se me hacía daño.

En el trabajo del dolor, puedo volver a vivir ese dolor y experimentarlo en un ambiente sano en vez de enterrarlo, negarlo y temerlo. Ahora lo estoy trabajando gradualmente de forma sana. Ahora sé que tenemos que sentir el dolor, no enterrarlo. Y cuando siento el dolor, entonces mi necesidad de utilizar la homosexualidad para taparlo es mucho menor"

TRABAJAR EL TRAUMA DEL ABANDONO -ANIQUILACIÓN.

Para  conseguir el objetivo de la terapia reparativa de resolver el déficit  de género es esencial el trabajar el trauma del Abandono -Aniquilación que ha producido esa herida nuclear. Puede que la herida haya comenzado con un vínculo inseguro con la madre. Esta herida se siente profundamente, una vez más, cuando los gestos del chico para desarrollar su ambición masculina no son respaldados por el padre. Cuando sigue el rechazo de los compañeros, esta herida se acentúa.

En cualquier momento que no se desarrolle un vínculo vital, la persona debe dirigir la vergüenza de no haberse sentido conocida y validada de forma auténtica. Cuando se hace adulto, debe reconocer y llorar esa pérdida. La solución del dolor le permite aliviar esos recuerdos mantenidos en el cuerpo, y en el proceso, llorar la pérdida.

            APRENDER A VIVIR CON AUTENTICIDAD EMOCIONAL

            La literatura sobre la psicología de la pérdida de un ser querido revela el legado patológico del dolor sin fin en la vida de cualquier persona: Particularmente, un temor continuo a la intimidad emocional y una restricción de la capacidad para la intimidad genuina. Esta evitación defensiva de emociones auténticas, que sirve para protegerse de la herida narcisista nuclear, se ve en la Postura de la Vergüenza (anteriormente llamada Exclusión Defensiva), que observamos de forma tan característica en los hombres que vienen a nuestra consulta con tendencias homosexuales (AMS).

            LA PÉRDIDA DEL VÍNCULO AMENAZA LA SUPERVIVENCIA

            Los investigadores del vínculo, de forma más notable John Bowlby, explican el proceso del vínculo infantil como enraizado en un instinto primario que, cuando se frustra, deja como su legado un sentido de pérdida que es casi equivalente a la muerte física. Las necesidades de vínculo humano están enraizadas en el instinto básico de supervivencia.  Por tanto, el hombre que ha sufrido una pérdida de vínculo volverá a experimentarla como una caída en un abismo sin fondo -realmente la muerte.

            Comprensiblemente, el terapeuta encontrará una resistencia significativa para tratar esta pérdida sin resolver. Viendo a su cliente luchar con esta experiencia de muerte puede sacar a colación su propio desconsuelo con dolor y quizás requiera que afronte sus propias pérdidas sin resolver. Además, debe tener la voluntad de volver con unos clientes una y otra vez -las necesarias- a ese mismo lugar de desconsuelo profundo. Como consecuencia, nunca se debe entrar al Trabajo del Dolor hasta que exista la suficiente transferencia positiva para responder a las defensas consolidadas. Sin embargo, cuando llevamos a cabo este trabajo doloroso en la Terapia Reparativa, vemos beneficios profundos y durables en el tratamiento.  Cuanto más pueda penetrar y resolver el cliente su pérdida de vínculo, menos impulsado se sentirá a la conducta homosexual como medio de reparación. El proceso es como sigue:

            Tarea 1: Aceptar la realidad de la pérdida -llegar a mirarla cara a cara.

            Tarea 2: Reconocer su sentido, enfrentarse a su significado, sentir el impacto emocional de la pérdida con el apoyo de "otro significativo" empático (en este caso, un terapeuta adaptado).

            Tarea 3: Admitir su irreversibilidad y aceptar la realidad de que no hay vuelta atrás para corregir la experiencia.

            DEFINICIÓN DEL DOLOR PATOLÓGICO

            El término Trabajo del Dolor lo dijo por primera vez Freud. Desde sus escritos más tempranos, Freud comprendió este proceso que implica ayudar al cliente a abandonar sus defensas para afrontar una pérdida profunda. Decía que el Trabajo del Dolor debe implicar "des-estimular la libido" de la representación mental del vínculo perdido, y cuando esto se conseguía con éxito, entonces la libido se recuperaría por medio de la re-estimulación en vínculos sanos subsiguientes.

            Freud advertía que, sin embargo, el éxito se puede bloquear por el mantenimiento de sentimientos contradictorios hacia el amado. Por ejemplo, cuando la ira permanece sin resolverse, que se vuelve entonces contra el yo. Las formulaciones más tempranas de Freud con respecto al dolor siguen siendo centrales para nuestro trabajo, en el que comprendemos la homosexualidad y sus síntomas relacionados para representar comúnmente una defensa contra las pérdidas de vínculo que se experimentan en la infancia, con frecuencia en la familia Triádica -Narcisista.

            El dolor es un estado natural humano que debería tener no sólo un principio sino también un final. Sin embargo, existe mucha variabilidad personal en este proceso emocional. Dos personas no se duelen de la misma forma. Unas personas se quedan atrapadas en una reacción intensa y prolongada contra la pérdida de una figura emocionalmente importante. Otras, sin embargo, sienten poca necesidad de volver a entrar repetidamente en la pérdida.

            Pero hasta que no se solucione el dolor, todos los caminos emocionales conducirán al hombre de vuelta al trauma original de Aniquilación -Abandono. Quizás por una mayor preocupación, el duelo interminable tiene como consecuencia un estilo de vida de auto-protección narcisista.

            El duelo sano es una experiencia consciente y sentida totalmente que no implica un sufrimiento prolongado. Sin embargo, el dolor patológico está marcado por conductas auto-derrotistas, auto-destructivas e inadaptadas.

            De forma nada sorprendente, la persona con un problema de homosexualidad comparte rasgos característicos de personas con dolor patológico: dependencia excesiva de los demás para la auto-estima, depresión subclínica, conductas inadaptadas, ideas de suicidio, inestabilidad emocional, además de dificultades para tener relaciones íntimas de larga duración.

            Hemos observado que todos estos síntomas se dan con mucha frecuencia en nuestros clientes con orientación homosexual. En efecto, se ha demostrado, en estudios recientes, que se da en los hombres homosexuales como grupo un índice mucho más alto de la media de desórdenes psiquiátricos -no sólo dentro de poblaciones clínicas y no sólo en las culturas que son hostiles a las relaciones gays sino también en sociedades tolerantes con los gays.[1]

            En efecto, la extensión de las conductas inadaptadas de los hombres gays es tan amplia que denota de forma persuasiva la existencia de una herida temprana y profunda.

            Cuando el dolor sin resolver es una fuente base de deseos homosexuales, podemos comprender por qué debemos observar tantas conductas auto-derrotistas e inadaptadas. El homoerotismo enmascara la angustia de esta profunda pérdida y sirve como una distracción temporal, si al final es insatisfactoria, de la tragedia de una herida de vínculo nuclear.

            LA FAMILIA TRIÁDICA-NARCISISTA Y LA PÉRDIDA TRAUMÁTICA

            El género es intrínseco a la estructura del yo de la misma forma que las vigas de apoyo son intrínsecas a un edificio.

            Como hemos visto, dentro de la estructura de la familia Triádica Narcisista, los intentos que hace el chico por la individualización y la actualización de género no son respaldados de forma adecuada dentro de la familia. Las consecuencias pueden ser desastrosas para el niño de temperamento sensible, cuyos compañeros reforzarán rápidamente el mensaje implícito de que de alguna forma él es defectuoso.

            El chico pre-homosexual experimenta esta ruptura de vínculo de forma diferente con cada padre: Generalmente dice que se sintió ignorado / criticado por su padre y manipulado / sobre-comprometido por su madre. Puede que los dos padres hayan amado al niño dentro de las limitaciones de sus propias personalidades. Sin embargo, sus interacciones le comunicaban al niño sensible, en algún nivel, que quién era él en verdad, de alguna forma era inaceptable.

            Cuando se experimenta una pérdida de vínculo, el niño puede que no comparta su angustia y ni siquiera conceptualice con precisión la naturaleza de su pérdida. Sin embargo, sus necesidades insatisfechas persisten y la pérdida permanece guardada en la memoria de su cuerpo.

            Por tanto, la secuencia del desarrollo es la siguiente:

  • 1. Pérdida de vínculo nuclear.
  • 2. Déficit de identidad de género como consecuencia.
  • 3. Compensación por medio de la reparación homoerótica.

            Los actos homosexuales, para esos hombres, son una defensa narcisista contra el dolor real de la pérdida de un vínculo verdadero con uno o ambos padres. (Se podría decir que es irónico que "gay" sea la palabra utilizada para describir una defensa contra la profunda tristeza.) La condición homosexual, para estos hombres, puede comprenderse como un síntoma de dolor crónico y patológico.

            Cada vez que nosotros como terapeutas hacemos volver al paciente a su pérdida sin fin, se irá liberando progresivamente del dolor y de la vergüenza que han estado paralizando su aserción y empujándolo a una vida constreñida dentro del falso Yo.

            * Quizás el 80% de los clientes que vienen a la Clínica Psicológica  de Tomás de Aquino (Encino, CA) encajan en el modelo descrito (sugiriendo un déficit de identidad de género nuclear). Sobre el 20% de los casos que vemos tienen historias diferentes.



[1] Vea, por ejemplo,  Sandfort, T., R. Graaf, R. Bijl, P. Schnabel (2001) "Same-Sex Sexual Behavior and Psychiatric Disorders: Findings from the Netherlands Mental Health Survey and Incidence Study (NEMESIS)," Archives of General Psychiatry 58: 85-91. (http://www.narth.com/docs/studyconfirms.html)

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Actualizado ( Viernes, 16 de Enero de 2009 13:30 )  

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