San Jorge, mártir
¡Paz y Bien! ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!
Para empezar quiero agradeceros de todo corazón vuestra cercanía espiritual y apoyo, expresado en vuestros cariñosos testimonios.
Me dirijo en primer lugar a todos los que estáis recorriendo este itinerario de la esperanza que se os propone desde EPE. Soy consciente de vuestro trabajo, de vuestro esfuerzo, de vuestro combate, que además implica a toda vuestra persona, a toda vuestra biografía, a toda vuestra vida, a todos vuestros dinamismos: físico, psíquico y espiritual. ¡Sabed que no estáis solos!
Ciertamente la batalla es desigual pero contáis ante todo con Dios Padre, con Cristo y con el Espíritu Santo; contáis con la Iglesia, Madre y Maestra; contáis con hijos de la Iglesia que se han puesto a vuestra disposición por amor a Dios y a vosotros: sacerdotes, orientadores, familias y profesionales de las diversas ramas del saber. ¡No temáis!, Dios ayuda a todos. Sed perseverantes, sabed que «si somos infieles, él permanece fiel, pues no puede negarse a sí mismo» (2 Tm 2, 13); así pues ¡levantaos si caéis! ¡Dios os ama infinitamente!
Acudid al trono de su misericordia que es el sacramento de la Penitencia y recorred con ánimo renovado el camino que se os propone desde EPE.
Ahora me dirijo a vosotros, sacerdotes, orientadores, familias y profesionales, que tan desinteresadamente ayudáis a este noble propósito: «a anunciar la buena nueva a los pobres (...), a vendar los corazones desgarrados; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los prisioneros la libertad; a pregonar el año de gracia del Señor» (Is 61, 1-2). Recordad que «la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad» (Beato Juan Pablo II, Fides et ratio); haced buen uso de ellas. No dudéis jamás del poder de Dios que lo abraza y comprende todo; a nadie hay que dar por perdido; recordad que «lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios» (Lc 18, 27).
A todos pongo bajo la protección de la Sagrada Familia: Jesús, María y José; que ellos intercedan por vosotros, os ayuden y os asistan en todos vuestros sufrimientos y trabajos y os colmen de bendiciones.
Gracias de nuevo. Rezad por mí y por mi ministerio pastoral.
Recibid mi bendición, con todo afecto, y un abrazo de pastor y padre.
+ Juan Antonio Reig Pla
Obispo Complutense
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